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El Pecado de la Carne Blanca

Summary:

"Todavía puedes decir que pare... Porque una vez que empiece, no sé si el Rider me dejará soltarte".

Steven Grant pensó que estaba preparado para su primera vez, pero no contaba con que Johnny Blaze no solo quería su cuerpo, quería incendiar su alma. Una exploración de la primera intimidad entre el avatar de la luna y el espíritu de la venganza.

O Steven Grant tiene sexo por primera vez con su novio Johnny Blaze.

Notes:

Este fic nace de la necesidad de explorar ese balance entre la fragilidad de Steven y la intensidad volcánica de Johnny. Quería plasmar cómo la primera vez de Steven no es solo un acto físico, sino una entrega total ante alguien que lo ve como su posesión más preciada y, a la vez, como algo que teme romper. ¡Espero que disfruten del calor!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Era temprano, una noche joven, siendo invadida por la luz de una vela en el mostrador y el ruido suave de algún disco instrumental. Las sombras se proyectaban en el loft. Dos cuerpos existían en la misma habitación, pero el calor que inundaba el espacio no venía de las llamas de la cera. Venían del mismo Johnny Blaze.

 

El hombre, rubio, musculoso, con rostro duro que ahora se ablandaba. Entró como si el cuarto fuera de su pertenencia, relajado y confiado, una única toalla amarrada a la cintura mientras dejaba que las pocas gotas de agua restantes se evaporaran por sí solas en su piel ardiente. A cada paso que daba, su cuerpo iba emanando un calor diferente al que quemaba. Era uno que demostraba apetencia, un hambre que desde hace tiempo se había estado guardando en su interior entre chispas y hervor, tentado con salir a su piel humana por el deseo. Anhelaba quemar todo hasta los cimientos. Una pasión detrás de un hombre que pronto se volvería animal.

 

Steven podía sentirlo incluso antes de que sus pieles se rozaran; era una vibración diferente y constante, un imán que lo atraía y lo aterraba por partes iguales. Su corazón comenzaba a correr de anticipación. Tragando en seco al ver a su novio de esa forma tan expuesta ante él. Era una acción tan contradictoria viniendo de él, ya que había querido esto durante tanto tiempo. Que el día llegará, que fuera su turno. Por último, los libros y su contenido no le ayudaban a saber qué hacer en esa situación, porque una cosa era leerlo y otra hacerlo. Entonces se aferró a su entorno, repasando el suelo con nerviosismo, pasando por los muebles a distancia, subiendo por las paredes simplemente para acabar en el cuerpo ajeno. Repasando sus abdominales con calma hasta dar con la cara. La cercanía era poca, y el bochorno comenzó a impregnarse en su ser. Por un momento pensó, con esperanza, que ver a los ojos lo salvaría de su propio tormento personal. Pero al verlo, no pudo evitar sentir ese fuego en el interior ajeno. Uno que lo calentaba sin siquiera haberle puesto un dedo.

 

Lo hizo temblar.

 

Cuando el primer contacto se hizo realidad, su mundo se paralizó. La mano de Johnny lo empujó suavemente hacia atrás, dejando que Steven sintiera sus muslos chocar contra el borde del colchón. Su respiración se volvió superficial, un manojo de nerviosismo puro con tan poco, apoyando sus codos hacia atrás. Semi echado en la cama mientras veía al rubio arrodillarse entre sus piernas, deshaciendo el nudo de la bata que llevaba con una lentitud tortuosa. Sus ojos fijos en los de él como un depredador atento a cada reacción de su presa. El color rojo se le subió a la cara, haciendo que se relamiera los labios sin pensar.

 

—Todavía puedes decir que pare. —gruñó el más alto con sed, su voz siendo una vibración que atravesaba las piernas de Steven hasta pasearse por la boca del estómago. Una que se sentía tan bien. Recorriéndolo hasta subir por el resto de su torso, perdiéndose en la calentura de su rostro— Porque una vez que empiece… no sé si el Rider me dejará soltarte.

 

Steven volvió a tragar saliva como si necesitara mojar su garganta. Las palabras eran tan complicadas de soltar cuando se sentía tan pequeño entre sus palmas. Expuesto. Pero había un calor nuevo despertando en su propio sistema. Agarrándole los hombros con torpeza primeriza, apretando la carne cálida con una necesidad irreal.

 

El contrario comenzó a acariciar lentamente sus piernas por debajo de la seda, quemando cada pizca de curiosidad que tenía al ver sus reacciones tan nerviosas. Si así se ponía con lo mínimo… No quería imaginarse cuando lo tuviera temblando. Dejó que sus dedos cobraran vida por sí solos y fueron a explorar cada músculo tenso del ajeno, pasando como una brasa ligera por la dulce piel ajena. Avivando no solo la llama de la urgencia mutua, sino también excitándolo con una paciencia con la que el mismo Seth sembraba el caos en la Enéada. Pero, oh, Dios, sus toques hacían magia en el moreno, empezando a arrancarle sutiles jadeos entre leves sobresaltos.

 

Sí… en definitiva, Johnny se preguntaba: ¿Cómo reaccionaría cuando lo estuviera abriendo desde adentro?

 

No te detengas. —fue un susurro tardío por parte del británico, su voz quebrándose por la bruma que el contrario le hacía vivir. Estimulándolo tan bien con sus gestos—Hazlo. Toma lo que es tuyo. —vibrando sutilmente bajo la mirada ajena— Tómame.

 

Ambas manos se quedaron marcando la entrepierna ajena, dando masajes en forma circular con una presión tan deliciosa solo para que algo en su condenada cabeza hiciera “clic” al escuchar esas palabras. El contrario había firmado su sentencia de muerte y ni lo había notado. Entonces fue cuando el rubio soltó un gruñido por lo bajo, tiró la toalla que llevaba en su cadera y se lanzó encima de él. Directo a atacar los labios entreabiertos de su pareja, con unas ganas que no eran humanas. Saboreando la sorpresa latente con más morbo del que deseaba. , aquel beso fue un choque total de impulsos y necesidad. Steven abriendo la boca en un gemido arrancado por el contacto entre ambos, permitiendo que Johnny no dudara en aprovechar aquella brecha para invadirlo. Reclamando aquella linda boquita con intensidad. Los sonidos lascivos en medio del intercambio fueron resonando por la habitación, mientras sus manos, imponentes y callosas, siguieron con su trabajo trazando el cuerpo del más bajo con una posesividad hasta dejarlo sin aliento. Subiendo los dígitos por las costillas, quemando con sutileza la piel hasta apretarlo con la fuerza justa. El dolor fue repentino, pero exquisito. Haciendo que su espalda se arqueara por instinto, dándole pase libre a que el otro tomara sus caderas por los costados. Adoraba poder pasar su ser por encima de él. Sintiendo entre caricias y tacto innecesario las marcas de misiones pasadas. Pero no era solo eso, oh no. Blaze sentía muy bien los nervios del británico, la ansiedad creada para cada cariño que dejaba y los espasmos que el cuerpo daba de manera incontrolable cada que lo rozaba. Dejándose llevar por la necesidad de poseerlo de una buena puta vez. Pero no quería perder la cordura. Sabía que el contrario tenía cero experiencias con la intimidad… Lo que hacía que la idea fuera más dulce y provocadora. Una cereza que amaría reventar en ese preciso instante si no fuera que se preocupaba por su pareja. Entonces luchó contra la tentación, ahogando sus ganas en ese beso profundo y duradero, despojándole de todo el aire que podía antes de separarse por mera piedad. ¿Qué podía decir? Le encantaba la imagen de su novio jadeante con la vista nublada debajo de sus palmas.

 

Oh, pobre Steven Grant. Este se iba a quemar por jugar con fuego… y lo estaba amando.

 

La espalda del ruloso se curvaba en busca de aire, escapándose de su ser un par de gimoteos patéticos por la sensación de las uñas ajenas hundiéndose en sus caderas. ¡Oh, Dios! Se apegó al pecho contrario, sintiéndose en “bandeja de plata”, como él mismo había temido tanto alguna vez, totalmente a su merced. Estando bajo el poder un hombre que podía incinerarlo con solo un pensamiento. Y la idea era embriagadora. Saber que era el motivo de locura del rubio solo con su mera existencia. Anhelo, por no decir lujuria pura. Era un nuevo sentimiento que estaba explorando por primera vez. Aceptando ser consumido por ese deseo que quemaba en su alma. Queriendo que lo calcinara desde adentro.

 

Blaze realmente estaba luchando con sus propios pecados en una guerra interna. Ver al moreno así; tan blando, tan tierno y listo para ser destruido. Hacían que la sangre corriera por su sistema, bombeando su corazón en un ritmo duro, avivando un pensamiento totalmente pecaminoso. Suspiró en un leve gruñido, relamiéndose los labios al ver al avatar de la luna misma como un platillo de primera clase; con los ojos empañados por la pasión abrumante y los labios separados que decían de manera tácita y firme: "Tómame, bésame, muérdeme. Úsame”. Apretando las sábanas de la cama al sentir el instinto de romperlo casi insoportable. No sabía si era el mismo Mefisto jodiendo con su cabeza, pero quería ver hasta dónde podía presionar a Steven, quería escuchar sus gritos de placer mezclados con el pánico de lo desconocido. Quería marcar cada centímetro de esa carne inexperta con el pecado y el hierro al rojo vivo de su posesión. Mierda, sí. Quería quebrarlo de tan mala manera. Prenderle en cenizas de fuego hasta que ambos se fusionen en una sola llama. Eso deseaba. Tenerlo solamente para él y gozar de esa pizca de inocencia que aún quedaba.

 

Los besos volvieron a resurgir como una tormenta furiosa en pleno mar, subiendo de nivel con el pasar de los segundos, dejando que el tacto sea mayor. Las manos de Johnny apretando los muslos del contrario antes de abrirlos para acomodarse entre ellos. Posicionando su cuerpo perfectamente entre estos, antes de pensar en su siguiente movimiento. Era lo malo de tener una mente caliente: los pensamientos se borraban antes de poder actuar correctamente. Pero tal vez no quería hacer las cosas "correctamente". Anhelaba con la idea de contaminar a su pareja en un mundo lleno de calor pegajoso y embriagador. Y vaya que lo haría. Se lo haría muy jodidamente bien.

 

Por su lado, el británico estaba con los ojos cerrados, totalmente echado, tomando un puñado del cabello ajeno entre sus dedos mientras lo abrazaba del cuello en medio del beso. Su alma latía con tanta fuerza que el de ojos azules podría sentirlo por la cercanía. Nervios. La ansiedad, que se presentó sin dudar, lo atacó ante cada nueva sensación que su cuerpo registraba, ante cada roce íntimo, ante cada beso fogoso y profundo y ante cada mordida intensa. Ansias. En una instancia, ambas bocas se volvieron a separar por el aire, dejando al ruloso mirando al techo mientras le daba luz verde al rubio de arremeter contra su cuello. Sus dedos hundiéndose en su espalda, seguido de gemidos más agudos por la magia que desparramaba su lengua en aquella zona erógena tan sensible.

 

Besos, lamidas, mordidas y chupetones que dejarían huella de su encuentro por días. Oh, Dios, lo hizo apretarlo contra su cuerpo, sus piernas cerrándose con él ajeno en medio, creando un choque de pieles tan espontáneo que lo hizo estar presente. Johnny fue bajando y subiendo, desde el lóbulo de la oreja hasta la línea de la mandíbula, pasando por el cuello hasta terminar en la garganta, regalándole marcas rosadas y rojas intensas en su piel canela.

 

—Estás hirviendo, amor —le dijo en una risa sorda, burlesca y de antojo vivo. Dando un mordisco en la yugular ajena solo para arrancarle un gemido dulce que profesaba necesidad y exigía pertenencias— Steven… ¿Me puedes ayudar con algo, cariño? —la pregunta fue tan suave y cálida como el vapor de un volcán, calmando cualquier mal que cruzara su cabeza enredada, pero a la vez derramando una tentación acalorada. Subiendo su diestra a los labios ajenos, enseñándole tres dedos ante la leve afirmación del contrario— Chúpalos por mí.

 

El pelinegro entendió la orden como una plegaria que no dudaría en aceptar, la respiración entrecortándose por lo que este mismo había pedido tan abiertamente y sin delicadeza. Abriendo sutilmente sus labios antes de recibir los dígitos del ajeno dentro de él. Pasando una lamida tonta para comenzar, comenzando a remojar sus dedos con timidez en sus propias acciones, paseándose y dedicándole la atención necesaria a cada uno, dejando que su agarre en el cuerpo de su novio se derrumbara por un instante. Se sintió como en el desierto mismo en pleno golpe de calor. Chupándolo con una pasión que lo llevaba al límite de la razón, como si el hacerlo traería al mismo oasis a sus pies perdidos. Trazando con sus pequeñas uñas caminos por los hombros anchos y tensos del motociclista, con la necesidad de aferrarse a él. Había estado informándose sobre toda la situación, así que sabía muy bien para qué le pedía esto. Estremeciéndose con tan solo imaginar lo que su pareja le haría en unos breves momentos. Algo que él mismo había fantaseado tantas noches atrás, pero nunca se atrevió a rogarle en voz alta. Ahora era una súplica sorda, que esperaba ser escuchada.

 

Para sus deseos, a la brevedad Johnny sintió que era suficiente, alejándose del moreno, quien extrañó de inmediato el contacto con esa piel cálida encima de él. Elevando la mirada hacia sus ojos marrones y asustado. El rubio se estaba mordiendo el labio inferior con ganas, tantas malditas ganas. Así que, sin ser tan brusco, llevó su mano derecha al trasero de su novio británico. Tanteando un poco al apegar su piel con la piel expuesta del otro, provocando que este volviera a cerrarse con él en medio en un espasmo natural. Sin embargo, aquello no fue un problema para Johnny. Haciendo que con su zurda elevara una de sus piernas más cercanas. Obteniendo todo el espacio necesario antes de dejar que sus dedos vayan a jugar con su entrada. Pequeños círculos primero.

 

Mírame, Steven. —volvió a gruñir con más exigencia— No me quites la mirada. —ordenando con la severidad que tendría un mismo faraón imponiendo una ley nueva ante el pueblo. Dejando que su vista se clavara profundamente en su rostro mientras ingresaba el primer dedo dentro. Adorando con demasía la estrechez que sentía al ir metiéndose más y más dentro de él, devorando cada mueca de dolor que aparecía en el rostro de su novio con una necesidad enferma— Con calma… respira—iba lento, pero no estaba parando en ningún momento, moviéndose en su interior solo lo necesario. A veces retrocedía hasta dejar la punta solo para volverse a hundir de inmediato, haciendo ligeros círculos una vez estaba todo dentro para ir abriéndolo bien. Logrando arrancarle ligeros sollozos que amaba escuchar de una forma morbosa. Entonces, ingreso el segundo dígito.

 

Entonces le quitó un jadeo profundo, hizo que el moreno se aferrara a las sábanas, tensando sutilmente sus músculos hasta arquear sus pies por la nueva onda de dolor. Gimiendo sabrosamente por la agonía, hasta formar una capa de lágrimas en sus ojos idos. Tentando al de ojos azules a lamer cada lamento que iba resbalándose por sus mejillas.

 

—No cierres los ojos, mírame a mí, Steven. —jadeo en deseo— Mírame. —fue duro con su petición, matando cualquier tipo de palabras del otro en su lengua cuando empezó a abrir los dedos a manera de tijeras. Dejándolo sentir como un escalofrío lo golpeaba con fuerza, haciéndole estremecer hasta despegar la espalda de las sábanas y la comodidad de la cama. Su respiración comenzaba a ser pesada, y el aire denso, casi sólido, que sus pulmones no sabían cómo procesar. Por amor a Ra, todo era demasiado para él. Fue cuando una idea morbosa le ganó a Johnny, y metió el tercer dedo. Costó un poco más que los otros dos, viendo a su pareja retorcerse debajo de él mientras que el llanto entrecortado inundaba la habitación en cortos gimoteos lastimosos y jadeos agudos— Eso es… —la voz de Blaze era miel fogosa, espesa y tan dulce que envenenaba hasta quemar como un ácido blando— Respira, amor. —las indicaciones seguían mientras comenzaba a simular pequeñas estocadas con la mano tan hundida en él. Apretando la piel de la pierna ajena con una fuerza no consciente hasta dejarle marcas— Tómalo todo, Steven.

 

Ante eso, el menor no pudo evitar cerrar los ojos esta vez, soltando sollozos en seco, solo para arañar los hombros de su novio con nervios.

 

—Es demasiado… t-todo es demasiado… —jadeo, pero Johnny no se detuvo, sino lo contrario, profundizó hasta donde su mano podía, ganándose otro gemido patético y un chirrido de dolor— ¡Hmnf! ¡Johnny!

 

Era la adicción total de verlo tan doblegado ante él, la sumisión, la sensación de poder controlar ese cuerpo a su regalado gusto mientras aumentaba el ritmo de sus dígitos dentro de este. Grabando en su mente desquiciada cada mueca de sufrimiento y cada sonido de placer que salían de sus labios angustiados y urgidos. Una única imagen mental que será solo suya y estaría consigo para siempre. La experiencia de hacerlo suyo con sus manos para luego reclamarlo con su pene tan metido en él. Joder. El solo imaginarlo hizo que la presencia de otra voz apareciera en su cabeza. Gruñéndole en ambición y en un regaño riguroso, exigiéndole con fuerza: "Hazlo de una vez". Demandante y duro. "Devora su cuerpo y funde su alma el mismo fuego del averno. Haz que sea solamente tuyo".

 

Eso era lo último que necesitaba Blaze para actuar. Sacando sus dedos del interior ajeno para ir a atacar sus labios con un hambre renovado que lo calcinaba desde su pecho hasta su vientre bajo. Necesitaba probar cada reacción del hombre en su cama, cada grito, cada gemido y lágrima. Un festín únicamente hecho para él. Todo de él lo quería, todo lo que deseaba poseer. Convertirse en uno con su cuerpo hasta que este gritara que le pertenecía solamente a él. Que Steven Grant le pertenecía a Johnny Blaze. Entonces, mientras volvía a acariciar sus piernas, su mano izquierda lo iba ayudando a acomodarse en el bonito y totalmente preparado trasero de su novio. Rozando la punta goteante de presemen contra la tierna piel estirada de aquella zona.

 

El beso era una distracción amable para Steven, haciendo que se concentrara en sus labios y las caricias en los muslos mientras lo iba penetrando lentamente. Sin embargo, el choque lo hizo sentir como si su mundo se partiera en dos: lo estaban partiendo en dos literalmente. Una invasión de carne y fuerza que lo hacía arquear la espalda con lágrimas calientes escapando de sus ojos, empapando el rostro ajeno. Permitiendo que un grito ahogado y agudo se le escapara en medio del beso. Luchando contra la sensación del dolor mientras sus músculos se contraían en espasmos involuntarios, rechazando y aceptando al mismo tiempo esa presencia tan vasta dentro de él.

 

—¡Ahhh! ¡Johnny! Uhh, J-johnny, ¡duele… quema! —gimió, su cuerpo sacudiéndose bajo el peso del motociclista. Cerrando sus manos en puño por encima del contrario hasta el punto de arañarlo con profundidad. Buscando un anclaje en medio de la tormenta sensorial. La fogosa sensación de ser consumido por primera vez.

 

Permitiendo que el loft desapareciera cuando el rubio se unió por completo con él. Dejando de por medio un calor abrasador; no solo físico, sino uno emocional también. Steven podía sentir cómo el alma de Johnny estaba derritiendo la suya hasta dejar que ambos se mezclaran en una sola brasa. Ambos se estaban fusionando en una combustión espontánea invisible, que era palpable en el aire que los dos compartían. Una sensación de ser reclamado tan perfecto y tan candente por una persona que podría comer toda su vida entera y Steven estaría totalmente bien y excitado con la idea.

 

—Mírame... Steven, mírame a mí. —volvió a exigir el rubio, su rostro a milímetros del suyo, el sudor brillando en su frente como gotas de oro bajo la luz de las velas— Ya pasó lo peor, amor. Relájate, cielo… Amóldate a mí.

 

Steven abrió los ojos, empapados por las lágrimas de la intensidad. Vio el destello naranja en las pupilas de Johnny, el hambre voraz de un depredador que acababa de encontrar su hogar. Johnny se movía con una fuerza lenta pero intensa, rítmica; cada embestida era una afirmación de dominio que Steven aceptaba con una sumisión que rayaba en lo devocional. Tan fiel y leal a la necesidad de sentir aquella carne devorándolo con pasión. Dejando que el dolor punzante se transformara en una presión sorda y luego en un calor eléctrico. Un chispazo de placer que recorría su columna desde su cadera a su nuca.

 

Steven nunca se había sentido tan jodidamente bien.

 

Eres... mío —jadeó Johnny, su voz rompiéndose mientras sus manos atrapaban las de Steven contra el colchón, entrelazando sus dedos con una fuerza que prometía no soltarlo jamás. Empujándose a sí mismo hasta que ambas pelvis estuvieran tocándose en una roce sobrenatural. Un sentimiento indescriptible que solo lo hacía desear por más.

 

El británico no podía hablar, apenas separaba los labios con el afán de soltar jadeos y los restos de lloriqueos que ahora eran de gozo mismo, que de dolor. Sus palabras murieron sin siquiera tocar el escaso aire en la habitación. Obligándolo a simplemente asentir con torpeza mientras el dolor se volvía un placer vivo. Una experiencia nueva a la cual le estaba agarrando una rápida adicción. El sentir cómo Johnny lo separaba tan bien, haciendo de su interior su propio espacio del cual abusar hasta fusionar la forma de su miembro entre sus entrañas. Retrocediendo con malicia hasta dejarse a la mitad solo para volverse a enterrar hasta dejarlo clavado en aquel colchón. Una y otra y otra vez, las embestidas no iban a parar. Una y otra y otra vez, las estocadas eran tan continuas que lo hacían desorientarse. Dejando que la vibración de ambas caderas resuene al encontrarse a medio camino. La carne golpeando contra la carne en un sonido húmedo y crudo de ambas pieles al frotarse y chocar con intensidad. El sudor, los jadeos y el contacto visual eran un plus que lo encendian demás. Dios, estaba en el paraíso mismo, y eso que de recién habían comenzado.

 

Soy tuyo. —soltó luego de un tiempo con esa voz entrecortada, ya no nerviosa ni tímida. Una totalmente lasciva. Como si caramelo mismo se desbordara de sus palabras— Soy todo tuyo, Johnny.

 

Intercalando sus suspiros con gemidos que iban subiendo y morían en jadeos ahogados, sintiendo perfectamente cómo el rubio aumentaba las estocadas ante lo dicho. ¿Y cómo no excitarse ante ello? Después de tanto tiempo, podía tener a ese hombre tierno y amable siendo sometido totalmente por él. Cada movimiento profundo que daba lo aturdía hasta marearlo, apretando sus dedos contra los suyos para traerlo de regreso. Dejando que se creara una melodía cruda del impacto de la piel del rubio contra el culo del moreno. Un poco lento, pero intenso. La posición era dulce; sin embargo, el ojiazul decidió levantar la otra pierna, acomodando ambas en sus hombros mientras se doblaba más contra el ajeno. Acorralándolo perfectamente en aquel lugar entre su cuerpo caliente y la cama desordenada. Así podía verlo mucho mejor a la cara, notando cómo sus lágrimas seguían recorriendo su rostro en una mueca entre el placer y el dolor latente. Sin mencionar cómo la nueva posición le permitía fundirse completamente en el ano ajeno, llegando hasta donde su ser se lo permitia para penetrarlo con más fuerza y eso se sentía jodidamente bien.

 

¡H-hmnf! ¡Ahng! ¡Johnny! ¡J-Johnny! ¡Hmngh!

 

A los segundos, el ritmo cambió totalmente. Blaze se estaba dejando llevar, perdiendo contra esa exigencia de ir más rápido en él, de saciar sus ganas de follar a su novio hasta la médula. Hasta que no pudiera pensar en nadie ni nada más que él. Sí, estaba siendo posesivo con el pobre hombre, ¿pero lo podían culpar? Cuando el pelinegro se retorcía contra las sábanas al sentir cómo se hundían profundamente en él, al ver cómo sus piernas se tensaban hasta el punto de temblar en sus hombros deliciosamente. Cuando el desgraciado gemía su nombre tan pornográficamente que le carcomía las ansias de correrse tan dentro de su ser y reclamarlo por una maldita vez. ¡Dios! Las estocadas pasaron a tener una cadencia más bruta, animal. Dejando que los dientes del rubio fueran a probar la piel tierna de su amado. Lo estaba tomando duramente de las caderas, moviéndolo contra su propia velocidad para crear embestidas más toscas y violentas.

 

Los sollozos inundaron totalmente la habitación, creando ese ambiente de lujuria viva que quemaba con tan solo respirar de ella. Era salvaje y sin piedad, pero a Steven le estaba gustando eso. Mientras seguía lanzando patéticos lloriqueos, entrecerrando los ojos y mordiendo su propia lengua o labios, se aferró a la espalda del ajeno. Su cuello a un costado, vulnerable y expuesto para su pareja, quien no dudó en marcarlo como un lienzo en blanco con tintes de morado y rojo. Johnny lo estaba lamiendo, chupando y mordiendo. Dejando evidencia de aquella noche en esa tersa piel que tanto adoraba cuidar, ahora estaba adorando destrozar. Pero ese acto grosero se veía tan caliente cuando el hombre debajo de sus manos se estremecía de placer. Arañando su espalda con la fuerza necesaria como para dejar sus propias “marcas de guerra”, unas que sin duda alguna amaría exponer en frente de todos para que supieran que tenía un dueño en su corazón y alma. Uno al que iba a seguir cogiendo inhumanamente hasta que lo llenara de su propio semen.

 

¡Hmng! Ah, ¡Johnny! ¡Oh, Dios mío!

 

Aquel grito fue muy particular, haciendo que el rubio se relamiera los labios con una lascividad renovada antes de volver a dar una cruel estocada. Sintiendo cómo se tensaba deliciosamente alrededor de él, apretando su miembro con ese culo estrecho en una contracción exquisita. Logrando sacarle un jadeo entrecortado. En serio, podría joderlo toda la santa noche si seguía así.

 

¡HmNghr! ¡Johnny!

 

Y, sí, en definitiva. Johnny Blaze había encontrado ese punto especial en su pareja… y planeaba abusar de él.

 

Sin previo aviso, el rubio se alejó del moreno, siendo rápido y habilidoso al tomarlo entre sus manos como si fuera un muñeco de trapo. Cambiando la posición a una más cómoda. Steven con la boca hacia abajo y el culo levantado. No le dio tiempo ni de hablar ni de procesar lo que acababa de pasar; el pelinegro apenas había tenido esa vaga sensación de nostalgia al extrañar la cercanía intensa de su novio cuando este volvió a sumergirse totalmente en sus entrañas. El grito que pegó fue más agudo y gutural de lo que hubiera deseado sacar. Haciendo puños contra la almohada más cercana antes de que el rubio volviera a su ritmo animal.

 

Esta vez fueron más gruñidos y gemidos que se escapaban de sus labios sin su consentimiento. Dejando que la fuerza ajena lo moviera en un vaivén obsceno de atrás hacia adelante. Logrando estremecerlo al golpear seguidamente en esa zona recién descubierta.

 

¡Ah-ahh! ¡Johnny! ¡A-ah! ¡Dios- Ahmn!

 

A este punto, Johnny Blaze estaba seguro de que podía morir en ese instante y se iría sin arrepentimientos y estúpidamente contento. Tenía ambas manos en las caderas ajenas, guiándolo contra las suyas en arrimones agudos y concretos. Tosco y violento. Disfrutando con exceso el cómo se estrechaba su interior cada que lo embestía duro. Haciendo que clavara sus dedos justo por encima del hueso de sus caderas a manera acaparadora, solo para soltarle dos palmadas firmes contra aquel culo que parecía rebotar contra su propio cuerpo. Lo amaba.

 

—¿Hmn? ¿Qué pasa, cielo? —preguntó entre jadeos sin disminuir el ritmo en ningún puto momento. Volvió a darle otra nalgada— ¿Todo bien, amor? ¿Cómo te estás sintiendo? ¿Te está gustando? —había un interés perverso en sus palabras, un líquido inflamable que se escurría fácilmente entre sus labios y su sonrisa enferma— ¿Te está gustando cómo te follo, corazón? —otra nalgada volvía a resonar seguido de un grito gutural— Tu culo apretado me lo hace saber, cariño. Oh, cielo. Te encanta que te haga mío, ¿no es así, Steven?

 

Pero claro que no estaba para conseguir respuestas del británico, oh no, solo jugaba un poco. Comenzando a dar más y más palmadas hasta el punto de ver enrojecido ese trasero apretado. Era estimulante verlo desde atrás. Lo hacía suspirar de mala manera. Ver cómo su propio pene se salía casi por completo para volverse a arrimar con facilidad en su interior. Ver cómo se estiraba solamente para él, cómo lo estaba tomando tan bien sin rechazarlo ni oponerse a él. Sumisión completa. Bajo sus manos, bajo su boca y bajo su mismo pene que lo iba jodiendo duramente. Era suyo.

 

El gruñido que lanzó el rubio fue del otro mundo. Escuchar sus propios pensamientos provocativos y escuchar aquellos lamentos idos lo estaban llevando a hacer locuras. De lo que estaba detrás de él, se inclinó encima de su espalda arqueada, una mano al costado de su cuerpo y la otra fielmente agarrada a su cintura. Estaba lo suficientemente cerca de su cuello y hombros como para darle más escalofríos exquisitos.

 

Te encanta tanto. —le susurró, su voz bajando un octavo mientras mordía y magullaba su nuca— Que te la esté metiendo tan adentro y no puedas hacer nada más que recibirlo por completo. Eso te gusta, ¿no? Que te use como un vertedero de semen y te coga tan fuerte como a una cualquiera. Eso te encanta demasiado, ¿no, cielo? —logrando que sus palabras más las estocadas se juntaran en un combo sobreestimulante para el moreno que solo rodaba los ojos hacia atrás a este punto. Temblando de gozo puro mientras asentía torpemente con la cabeza— ¿Qué pasa, amor? ¿Acaso no puedes hablar? —y el rubio maldito se burló de ello con una condescendencia ruda— ¿Acaso el que te llene todo el vientre de mi pene no te deja hablar, tesoro? Oww, qué pena que no voy a parar hasta rellenarte de mi semen, Steven. No voy a parar. Hasta verte temblar por eso, y dejarte tan abierto que extrañes tenerme enterrado en tu culo por siempre.

 

Steven nunca en su vida pensó disfrutar demasiado esa clase de charlas, tan sucias... tan denigrantes que lo hacían sentir como un objeto de placer. Pero, mierda. Eso lo excitaba. Era tan jodidamente abrumador que entumecía sus sentidos hasta el punto de hacerlo gotear bruscamente entre ambos cuerpos. Demasiado que sentir. Demasiado que no podía pensar ni oír. Estaba reducido a un manojo de gritos y sonidos eróticos que eran el platillo de alta gama para su novio. Y este lo estaba adorando. Su cuerpo estaba al tope, con la sangre corriendo demasiado rápido entre su cabeza y su miembro desatendido, que empezaba a dolerle por lo duro que su pareja le hacía sentir al cogérselo como este quería. Fuerte y duro.

 

El moreno estaba totalmente sumido en un mar de placer y urgencia, comiéndose esas burlas que lo avergonzaban más y más. Trayendo una nueva ola de calor que surcó su cuerpo en totalidad, cohibiéndose al escuchar su propia voz distorsionada por la experiencia que lo estaba haciendo sentir. Atrapado entre el cielo mismo y las flamas del infierno.

 

—J-Jhonny u-uh. —suplicó en un hilo de voz, a penas claro y desesperado por su respiración pesada— Y-yo quiero… —cerró los ojos, su rostro cubriéndose de un rojo caliente que lo hizo bajar la mirada— Yo n-necesito--.

 

Era complejo pedirlo, porque jamás en su vida le había dicho esa clase de cosas antes, pero era obvio lo que deseaba.

 

—¿Hmn? ¿Qué cosa, amor? Dime. —volvió a ser demandante, con esa severidad que iba acompañada de un par de palmadas directas en su culo— Usa tus palabras, Lunita. Si no, no te voy a poder dar lo que tanto quieres.

 

Otro lloriqueo débil y patético salió del ruloso, obligándole a abrir los ojos y la boca para soltar un jadeo ahogado. Mirando por un segundo al rubio bien acomodado encima de su espalda. Bien metido en su carne blanda.

 

—Johny, por favor. —rogó con esos ojos idos, con esa cara cubierta por una fina capa de sudor y lágrimas. Con esa boquita entreabierta que pedía a gritos que lo mordiera, que lo cogiera, que lo consumiera. Que lo llenará hasta la médula. Cualquier cosa que Steven quisiera, Johnny se lo daría— Por favor. —volvió a pedir, achinando los ojos en una desesperación tácita— Te necesito.

 

Y aunque a Blaze le hubiera gustado seguir torturando a su bello novio alargando su primera sesión de sexo, no se aguantaba las ganas de hacerlo sentir bien. Llevando la mano que tenía al costado de su cuerpo directo a su entrepierna, tomando el miembro del británico con una emoción nueva para empezar a masturbarlo con rapidez mientras su mano sólida en su cintura lo anclaba a la cama. Steven estaba cerca y quería que Johnny fuera el culpable de hacerlo correrse con fuerza en su propia cama. Anhelaba sentirse destruido.

 

¡U-uh, Johnny, Jhonny! Oh, Dios, J-johnny. ¡¡Johnny!! ¡H-hgmn! ¡¡Ah!!

 

Las estocadas se juntaron perfectamente en una unión de emociones intensas y lujuriosas. Toda la excitación erótica del momento lo estaba empujando duramente al límite. Y no podría aguantarlo más. Steven ya había hecho un gran esfuerzo en soportar todo el calor ardiente y sobrecogedor de Blaze; estaba saturado a este punto, con el cuerpo a nada de colapsar y el corazón corriendo una maratón.

 

Bastó un par de segundos más de aquella mano estable y sus caricias constantes para que llegara a su clímax. Se retorció contra la cama, apretando al ajeno con una fuerza sobrehumana que lo hizo gruñir en su oreja. Sus movimientos de este se tornaron erráticos, dejando que el británico los aceptara todos y cada uno de ellos, aun aturdido en su propio orgasmo divino. Abriendo los ojos de dolor por la sensación de agobio en un momento de sobrecarga sensorial. Jadeó con fuerza, volviendo a permitir que unas cuantas lágrimas recorrieran sus pestañas antes de ver estrellas en un golpe delirante.

 

Su mundo pareció detenerse por un gran y largo silencio. Solo podía escuchar sus propios latidos y respiración frenética en una capa de agobio desbordante. Lo último que pudo sentir antes de que todo se volviera negro era cómo su interior se iba colmando de un calor profundo. Uno que sellaba una clara pertenencia de su misma alma.

 

Al principio, Johnny no se había dado cuenta, perdido entre sus jadeos y en cabalgar un poco más lo último de su venida en el interior tan acogedor y ajustado de Steven. Dejando que un par de chorros tibios se escurrieran por sus bellos y magullados muslos cuando salió de este.

 

Ah… ¿Estás bien, cariño? —preguntó pasando un par de caricias por su cuerpo tembloroso— Steven, cielo. ¿Estás bien? —aunque ante la falta de respuesta no pudo evitar sentirse un poco tenso— ¿Steven?

 

El ajeno simplemente soltó un sonido en automático, totalmente perdido. Con el cuerpo agotado y dando ligeras contracciones involuntarias. Totalmente extasiado.

 

Y aunque a Johnny le hubiera encantado seguir observando aquel cuerpo desgastado, supo que su novio necesitaba descansar con urgencia. Regalándole unas cuantas caricias por aquel hermoso rostro, seguido de un beso casto en esos labios aún húmedos y jadeantes. Un beso que estaba cargado de amor y afecto. Pues, si Blaze fue el culpable de dejarlo en ese estado, también sería él el responsable de cuidarlo hasta que estuviera en su conciencia. Yendo por un poco de papel para limpiarlo y secarlo, acomodándolo entre sábanas nuevas y la suavidad de la cama. Abrazando al hombre cansado contra su pecho mientras jugueteaba con sus mechones hechos una maraña. Ahora si, se estaba dando el lujo de dejar que el ambiente se enfriara mientras intercambiaba suaves besos con palabras de adoración que le soltaba: “Lo hiciste muy bien”; “Me encantas, cariño”; "Te amo, Luna mía”; “Descansa, cielo bonito”. Sucumbiendo ante los brazos de Morfeo luego de unos minutos de mimos en silencio, pues el agotamiento también lo había golpeado, permitiendo que ambos hombres pudieran cerrar los ojos mientras sus corazones latían uno al costado del otro en un abrazo sosegado.

 

En definitiva, había sido una increíble primera vez.

Notes:

Realmente no hay mucho que decir, soy Roleplayer y manejo a Moon Knight, entonces me tope con este Ghost Rider que alimento ideas en mi cabeza y ahora este es el resultado. ¡Espero que les haya gustado! Pronto estaré haciendo más contenido del sistema Moon Knight. Si tienes ideas o sugerencias, escríbelas. ¡Las leeré todas!