Work Text:
Lautaro Moschini trabajaba en la florería que le dejó su abuelo, amaba estar allí, sentía que el aura en aquél lugar era mágico, cada cliente que llegaba, volvía, amaban como trataba a la gente y lo hermosas que eran las flores que vendía.
Hasta que un día llegó un chico de pelo rojizo y ojos verdes, el cual irradiaba una belleza que no había visto antes en ningún pibe.
- Buenas tardes, ¿Qué necesitas?
- Buenas tardes, em, quería un... ¿ramillete?
- ¿Querías alguna flor en específico?
- Te digo la posta, no entiendo nada de plantas.
- Rascó su nuca riendo avergonzado.
- Son para mi novia, así que ni idea.
- Perfecto.
Lautaro sonrió, esa sonrisa medio torcida que solo se le escapaba cuando estaba genuinamente a gusto. Le armó un ramillete sencillo, con girasoles, azucenas y lavandas. Cuando se lo entregó, notó que los dedos largos de aquél chico rozaron los suyos apenas un segundo más de lo necesario.
Pasaron días y semanas, y ese chico (cuyo nombre todavía se desconocía) venía solamente los miércoles.
- Esta vez quiero que escribas una mini carta, mi letra es horrenda.
- ¿A nombre de quién?
- Manuel.
Así que el nombre del hermoso chico era Manuel...
Siempre hay flores en el mundo para quien lleva un jardín en el alma.
- Manu.
Terminó de armar el ramo y se lo entregó.
- Wow, ni a mí se me hubiese ocurrido algo tan lindo. Muchas gracias Lauti.
Lauti... Su nombre sonaba tan melódico desde su voz.
- Denada, disfruten su día.
Hasta que llegó un día que no eran los miércoles habituales, Lautaro lo notó apenas el ojiverde cruzó la puerta: ya no traía esa energía chispeante de siempre. Los ojos claros parecían nublados, como si hubieran perdido brillo. Caminó despacio hasta el mostrador y apoyó las manos sobre el vidrio.
- Hoy no quiero flores. - Su voz sonaba triste.
Lautaro lo observó en silencio. Sabía leer flores, pero también miradas, y esa estaba marchita.
-¿Qué pasó? - Preguntó con suavidad.
- A la chica que le regalaba estas hermosas flores, la ví anoche encamada con mi mejor amigo. - Respondió con bronca.
- Tranquilo, a veces el amor de tu vida llega después del error de tu vida. - Terminó la frase con una linda sonrisa.
El chico de ojos color bosque lo miró, no sabía qué responder a tal frase poética. Suspiró. - La verdad que tenés razón. - Rió apenas mirándolo fijamente a los ojos, ahora tenía un brillo que no había visto ni siquiera en la flor más bella. - Y la posta espero encontrarlo pronto.
- ¿Querías algo? ¿O por qué estás acá si no querías flores? - Preguntó el rubio sin dejar de mirarlo.
- Necesito una cita con vos. - Respondió claro y conciso, esa respuesta lo dejó anonadado, no esperaba que le dijera eso, aunque muy en el fondo de su corazón, esperaba que algún día pudieran entablar una conversación más allá de empleado a cliente.
- ¿Cuándo y dónde? - Habló mordiéndose el labio.
- Cuando cierres y en la cafetería que está acá a la vuelta. - Sacó un papelito y lo deslizó hacia el rubio. - Te dejo mi número para que sepa cuando estés ahí.
Se fué tirándole un beso y guiñándole el ojo.
- Que atrevido... — Dijo completamente sonrojado y una sonrisa enorme.
A las dos horas y media ya había cerrado el local, esperaba con ansias al morocho que cerró más temprano de lo normal.
Sentía algo de vergüenza en escribirle, nunca nadie se había interesado en él y mucho menos nunca había tenido una cita.
Manu <3
Hola Manu, ¿ya llegaste?
Hola precioso, sí, te estoy esperando ;)
Ahora sentía los nervios reales, cada vez que daba un paso más hacia donde lo esperaba, su corazón se iba acelerando, no entendía el por qué realmente, si ellos no eran nada y ya habían hablado bastante.
Claramente no iba a llegar con las manos vacías, así que preparó un ramo con margaritas, tulipanes, crisantemos y lirios.
Cuando llegó al lugar y abrió la puerta, automáticamente buscó al pelirrojo con la mirada, y cuando lo pudo localizar, sus ojos brillaron.
- Hola, te traje esto, no podía venir con las manos vacías y menos a una cita. - Se saludaron y se sentó en frente de él.
- ¿En serio esto es para mí? Nunca me habían regalado flores, siempre soy yo el que las regala - Sonriente agarró el ramo y lo olió. - Gracias.
- Tiene una notita que escribí para vos. - Habló con algo de nervios.
Te mereces todas las flores del mundo y quiero ser yo quién te las dé
Con amor, Lauti ✿
