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Language:
Español
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Published:
2026-05-13
Words:
1,365
Chapters:
1/1
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10
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46
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268

Tropiezo no es caída

Summary:

Salmo 63:7

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:


 

 

Solo en su habitación del hotel, Jude entierra el rostro entre las piernas y niega decepcionado cada vez que pasan una repetición del partido. No deja de molestarse por los errores cometidos, por sus errores cometidos. 

Se pasa las manos por el cabello húmedo luego de la ducha rápida, violenta y fría. Tira de ellos, como si así pudiera arrancar los malos pensamientos de su mente. 

 

 

El teléfono vibra una vez más, ya perdió la cuenta de cuántos mensajes ha recibido. Entre ellos, los de Franco pidiéndole reunirse, sin obtener respuestas.

Está siendo injusto otra vez, lo sabe. El rubio le pide al final de una mala pasada, que no se encierre, que no se castigue. Él le prometió que no lo haría, pero no es fácil deshacerse de un hábito que adoptó, y que Franco, con su llegada, está intentando reemplazar con amor, consejos y compañía.

 

 

Apaga el televisor (diminuto para su suerte, así no tiene que ver tan grande la derrota) y se recuesta boca arriba un momento. Algunos compañeros descansan, otros se distraen, o discuten por horas y horas, como si pudieran cambiar el resultado. Pero ahora la tensión, diferencias y peleas, no les permite expresarse como antes.

 

Él vuelve a optar por la reflexión en soledad, tal como en los viejos tiempos. 

 

 

Otra notificación, esta vez el guiño específico que tiene para el rubio. 

Suspira y se inclina para tomar el teléfono que aterrizó en algún lugar de la cama. 

No puede seguir ignorándolo. Él no es culpable. 

 

 

Nuevos mensajes: 

Mi Beatle🤍❤️

Estoy yendo


Más vale que me abras


 

 

A punto de responder que sí, que viniese porque lo necesita, oye pasos rápidos y tres golpecitos característicos. Abre la puerta, y Franco está ahí, vestido aún con la ropa del partido, la mochila colgando en su hombro, su rostro serio con aire de preocupación. 

 

– Vine hace rato y no abrías –entra con determinación, ya no voltea hacia los lados con miedo a que lo descubran entrando a la habitación ajena.

 

—Me estaba duchando, Fran. ¿Tú todavía no te bañas? —se hace a un lado y se sienta al borde de la cama. El rubio lo imita.

 

– Quería que nos duchemos juntos, como en casa. – le pide. Estira su mano para sentir la calidez habitual de su rostro. 

 

 

No la encuentra.

 

 

– Estás helado, Jude –baja la mirada hacia la costra cicatrizando en su labio – Mirá lo que te hizo ese hijo de puta –su voz baja pero con ira– Cuando lo cruce le rompo la cabeza.

 

—No vale la pena, Fran.

 

– Sí, qué no, y al árbitro de mierda también. ¿Hablaste con algunos de los chicos?

 

—Nadie tiene ganas de hablar.

 

– ¿Y a los golpes van a solucionar algo?

 

Jude no sabe qué responder.

 

Franco se anima a besarlo lentamente, midiendo la presión para no tocar la zona lastimada.

 

– Vamos a relajarnos bien, ¿querés?

 

Sin poder negarse, el rubio lo arrastra hacia el baño, enciende la tina y esta comienza a llenarse con agua caliente. Rebusca unos cajones y saca un frasco de sales aromáticas, cortesía del hotel. Vierte un puñado liberando vapor perfumado que impregna el cuarto.

 

Se para detrás de Jude, quien se analiza en el espejo– ¿Qué pasa? ¿Qué ves? –lo abraza esperando respuesta.

 

—A mí.

 

– Jude –reprocha. Los ojos verdes buscan los marrones en el espejo que comenzaba a empañarse – No es el fin del mundo.

 

—Lo sé, Fran —desvía la mirada— Lo sé, pero duele, y no perder solamente, sino ver cómo el equipo parece desconocerse, el entrenador con ganas de renunciar, y los hinchas… 

 

– Vos, solo, no podes hacerte cargo de todo. Todavía nosotros tenemos que entender que los que corren detrás de la pelota somos humanos, no máquinas. Bueno, por ahora… quién sabe si mañana nos reemplazan robots. 

 

—Al menos no tienen sentimientos que puedan herir. 

 

– Pero no se compara con la emoción, la adrenalina humana. La real, de carne y hueso. – Jude asiente, sonriendo pequeño y de lado contrario a la herida. 

 

El menor busca el apoyo del lavabo y se impulsa hasta quedar arriba, acomodando sus piernas con naturalidad para atraer el cuerpo, ahora templado del mayor. Ligeramente más alto, Franco observa cómo Jude ahora se ve forzado a levantar la vista.

—No sé cómo hacía antes de ti, Fran. Tu llegada cambió muchos aspectos de mi vida, no imaginas cuánto –con calma, la rigidez de su cuerpo cede al contacto reconfortante, familiar.

 

– Gracias por dejarme ser parte entonces.

 

 

Franco intenta besarlo con tiento otra vez, pero Jude agarra su nuca y lo convierte en un choque de dientes y lenguas que sabe a desesperación.

 

Cuando se separan el mayor pregunta: 

 

—¿Quieres música de fondo?

 

– Sí, esta vez te dejo elegir. Poné algo que te guste, no importa si es inglés.

 

 

 

En tanto Jude ponía ambiente, el de ojos verdes comenzó a desvestirse. 

 

Se deslizó por la bañera con un suspiro de satisfacción. El agua caliente lo cubrió, relajando sus músculos, por un momento se imaginó en la tina de su departamento, esa donde el baño de inmersión junto al mayor era un ritual.

 

– Vení, gordo. El agua está buenísima. – 

 

Una melodía lenta suena, ni tan alta ni tan baja.

Jude aparece en el umbral y cierra la puerta, dejando que el vapor se escape lentamente por la pequeña rendija del techo. Se desnuda, consciente del par de ojos de cazador sobre él, los brazos y piernas todavía tensas y marcadas por el esfuerzo físico.

Franco se felicita internamente por tener a ese dios griego como amante.

 

Ya el mayor dentro, el rubio lo toma por los hombros antes que se acomode, obligándolo a recostarse en su pecho, entrelazando sus piernas bajo el agua – Te voy a lavar el pelo. 

Comenzó a masajear su cuero cabelludo. Jude se hundió hasta que el agua cubrió sus clavículas, cerrando los ojos y disfrutando. 

 

— Es demasiado, podría dormirme ahora. 

 

– Hacelo, gordito. Yo te cuido. 

 

Franco se entretiene en su misión de lavar los rizos cortos pero rebeldes con ternura y devoción. La espuma aumenta, le da forma de picos, crea falsas pelucas en el cabello de Jude, sin evitarlo suelta una carcajada.– Parecés un payaso.

 

Jude medio dormido levanta una ceja—¿Te burlas de mí, Franco? ¿En el estado que me encuentro? Sos malo. 

 

– Un payaso lindo, che. Te haces el pobre cuando te conviene. Dormite.

 

Pasa a los masajes más intensos, los que el fisioterapeuta recomendó para ayudar a los jugadores con sobrecarga muscular ‐los cuales Franco no iba a poner en práctica con ninguno, a menos que sea necesario, salvo con su pareja-

 

Se concentra en su tarea, recordando zonas claves: trapecios, lumbar, escápulas. Presiona suavemente, liberando la tensión acumulada. 

 

Un ronquido lo desconcierta

Yo gané —susurra casi inaudible.

 

– ¿Qué, gordito?

 

Y como respuesta: ronquidos más fuertes.

Franco bufa y revolea los ojos, pero feliz al notar la expresión de paz en el rostro del mayor.

 

Lo aprecia unos minutos que se sienten como horas. Con mucho pesar lo despierta– Hey, grandote –un suave tirón de oreja– El agua ya está fría y me estoy acalambrando. 

 

—Cinco minutos más. —gruñe 

 

– No, gordo. A la cama –el mayor se deja llevar, permitiendo que la fuerza de Franco, que a veces lo sorprendía, guiara el rumbo.

 

Salieron envueltos en batas, la piel con aroma fresco y un poco arrugada por la inmersión. Aunque Franco tenía su ropa de dormir en la mochila, prefirió tomar unas prendas de Jude.

 

– Me olvidé el mate en la pieza. Ya vuelvo, ¿sí? –

 

El mayor asintió con el último aliento. Se desplomó en la cama y se dejó envolver por las mantas de plumas. 

 

Cuando el rubio regresó, se encontró a Jude dormido. Apagó las luces y dejó el mate junto a la mesa de la ventana. Sonrió con ternura al ver que el mayor le dejó un espacio minúsculo. Se acomodó como pudo y se pegó buscando calor. 

 

—El premio más grande… —habló con el rostro pegado a la almohada. 

 

 

– ¿Qué tiene?

 

 

—Lo tengo a mi lado… —bostezó y cayó en los brazos de morfeo.

 

Franco sonrió en la oscuridad, cayó también en el mundo de los sueños, con la melodía de unos ronquidos suaves.

 

 

 

 

 

 

 

 

Isaías 40:30-31 

Notes:

No séee si me gustó, pero quiero hacer bulto para que el tag siga creciendo 😽