Actions

Work Header

El sentido común de Rozemyne lo hace de nuevo

Summary:

Con unos días de casados, Rozemyne encuentra una supuesta carta de amor en la habitación secreta de Fernando. Obviamente, piensa que no tiene nada que ver con ella.

Chapter Text

Varios días después de la unión de estrellas, Ferdinand y Rozemyne se encuentran, con normalidad, en la habitación secreta, disfrutando de una sesión de creación de amuletos, felices de al fin poder volver a pasar tiempo a solas.

"No entiendo por qué el hermano Cornelius se sigue molestando de que pasemos tiempo a solas. ¡Ya estamos casados! Y ni siquiera estamos haciendo nada malo..." Digo, molesta y cansada de que me sigan tratando como a una niña.

"Ya se le pasará, pásame los ingredientes" contesta Ferdinand, completamente concentrado en la elaboración del nuevo amuleto que, según él, necesita, a pesar de que ya no tiene ni un solo lugar donde ponerse un amuleto más.

Comienzo a buscar los ingredientes que él me va enumerando.

Aunque Ferdinand es sin duda alguna mucho más ordenado que Hirshur, hay momentos en los que tengo que usar un banquillo para alcanzar algunos ingredientes. En medio de mi búsqueda, cuando al fin alcanzo uno de los estantes más altos, veo un par de hojas sueltas en el fondo de un estante.

¿Eh? ¿Será una carta secreta? ¡Ju, ju! ~ Ferdinand tiene secretos que no conozco, ¿Será una carta a un viejo amor?

"Rozemyne, los ingredientes" me apura, pero en vez de hacer caso, aprovecho la oportunidad y comienzo a leer en voz alta, feliz de encontrar algo con lo que vengarme después de que él estuviera todo este mes regañándome sobre cómo ser una buena Aub.

"... Un brote tan hermoso y puro..." Apenas llevaba unas líneas cuando Ferdinand vino y me arrebató las hojas, con sus orejas completamente rojas.

"¡Rozemyne!"

"¡¡¿Eh?!!" De la sorpresa, termino resbalando de la escalera.

Ferdinand me atrapa de inmediato, sin dudar, y terminamos ambos en el suelo, conmigo sobre él.

"Auch..." Apenas me quejo, Ferdinand me levanta y me jala de las mejillas.

"Tú... Gremlin... ¿¡Qué crees que haces!?"

Sí, definitivamente está furioso.

"¡¡Solo quería ver la carta del primer amor de Ferdinand!!" Suelto molesta. ¿Por qué mis mejillas siempre tienen que sufrir?

Ante mi declaración, Ferdinand parece entrar en cortocircuito, se queda un momento completamente inmóvil y, cuando al fin reacciona de nuevo, tiene todo el rostro rojo. "Tú... ¿Estás bien con eso?"

"¿Eh? Claro, sé que ahora somos esposos... ¡Pero no te preocupes! ¡No me voy a entrometer entre tú y tu primer amor! Je, je... Soy una buena y comprensiva esposa, sé que los hombres se enamoran cuando son jóvenes y nunca olvidan a su primer amor, no tienes de qué avergonzarte" dije rápidamente, temiendo que mi broma de leer sus cartas viejas haya ido muy lejos y le vaya a pasar factura a mis pobres mejillas.

"... ¿Qué?..." Ferdinand me miró como si me hubiera salido una segunda cabeza.

Hum, es en serio, ¿Acaso piensa que me voy a poner celosa por una chica de su pasado? "Está bien, solo somos un matrimonio político, no me voy a poner celosa por una chica de tu pasado" De todas formas, si a estas alturas no la he conocido, ya debe llevar mucho tiempo muerta, tal vez toqué una fibra sensible. "No volveré a tocar tus cosas"

"Tú..." Qué raro, aún parece estar procesando, no lo había visto así desde que le mostré mi primer libro impreso.

Poco a poco, su rostro pierde color y, por fin, comienza a moverse, cubriendo su rostro con sus manos, como resignado.

Sí... Definitivamente toqué una fibra sensible, ¿Será como el hermano Eckart con su esposa? ¿Habrá sido víctima también de Verónica? Mejor cambio de tema.

"Eh... Tenemos que terminar el amuleto, ¿no?" Intento levantarme, pero Ferdinand me jala hacia él.

"Rozemyne, ¿qué demonios estás pensando ahora?" Me mira con furia.

Mis mejillas no van a sobrevivir a esto.

"¿Puji...?" Intento desesperada, pero solo se molesta más.

"¿Y ahora me comparas con Silvester...?"

"Yo... ¡Perdón! ¡No debí tocar tus cartas de amor viejas!"

"¿De quién diablos estás hablando, Rozemyne?"

"¿Eh...? ¿No son cartas viejas de un amor de infancia?"

"¡Claro que no!" Su mirada da cada vez más miedo.

"¡¡¿EH?!! ¿¡Quieres decir que tienes una amante!?" Me sorprendo. "Apenas llevamos unos días de casados, sé que es un matrimonio político, ¿pero no es demasiado pronto para una amante? Aunque bueno... Los nobles insisten en que tengamos varios consortes para hacer crecer la familia archiducal, ¡pero aún así...!"

Ferdinand me calla directamente colocando su mano sobre mi boca. "Por favor... Solo... Detente..."

¿Tanto le avergüenza tener una amante? Bueno, sinceramente, no se siente nada bien enterarte de que tu esposo te es infiel a los pocos días de la boda.

"Rozemyne... No tengo ninguna amante. No he amado a nadie antes, eres mi única diosa, te lo dije en nuestra boda..." Su voz se escucha cansada, como si llevara un mes sin dormir.

Quito su mano y lo miro con curiosidad. "¿Entonces para quién era esa carta? ¿Acaso piensas escribir libros como los de mi madre?" Eso no sería mala idea, un libro de amor escrito por el mismísimo Rey Demonio se vendería como pan caliente.

Ante mis palabras, el último destello de vida pareció abandonar sus ojos. "Rozemyne..."

"Oh, bueno, si es difícil no tienes que contarme, como sea. ¡Guardaré tu secreto! Al menos, si no hay ninguna amante, no hay de qué preocuparse."