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Alicia y el conejo blanco

Summary:

Dónde Lysandro (Lysander) se encuentra fantaseado con Sucrette después de la obra escolar.

Suceden cosas en los vestidores

(Lysandro disfrazado del conejo blanco)

Notes:

Ok, básicamente escribí esto gracias a mis mutuals de Twitter! Gracias a la cuenta de Lysandristas que enviaron un mensaje anónimo pidiendo un fanfic así.
También use a una amiga y a mi novio como lectores beta, perdón si esto no es lo suficientemente bueno. Y trate de no describir el aspecto de Sucrette para que pudieran imaginarse a ustedes o algo así:)
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Work Text:

La obra había sido un verdadero éxito, había tenido sus fallos pero para ser una obra hecha por estudiantes consideraba que había salido bastante bien, todos los padres estaban contentos al igual que los maestros, tan pronto como terminó les dieron un intermedio para cambiarse

Pero aún no entendía cómo habían acabado en esta situación, con Lysandro encima de ella besándola apasionadamente mientras se frotaba desesperado contra su muslo.

Quizás si sabía el motivo.

Ella se veía tan hermosa, con ese vestido que le quedaba perfectamente, era como un ángel caído del cielo que lo llamaba y lo tentaba por completo, el vestido se ajusta a perfectamente a sus curvas, claro que eso era porque estaba hecho a la medida o quizás porque todo le quedaba bien a Sucrette, aún así resaltaba su figura, era como un cuadro de arte tan hermoso y etéreo. No podía evitar el hormigueo que surgió en su estómago cuando la vio por primera vez, como su pelo caía sobre sus hombros como domino, esos ojos tan preciosos brillando de emoción al decir sus líneas, el maquillaje solo hacía resaltar su belleza por completo. Cuando dijo sus diálogos a la perfección no pudo evitar sentirse cautivado, su corazón latía fuertemente mientras la sostenía más cerca de el, sin saber si era parte de la obra o solo un impulso que había tomado como excusa para poder tocarla.

No había pensando muy bien las cosas, solamente quería besar a Sucrette mientras ambos siguieran disfrazados, sobre todo porque ella se veía magnífica y no tendría otro momento para apreciarla de esta forma. Entonces la tomo de la mano guiándola hacia un escondite hasta que los demás salieran de los vestuarios y pudieran besarse sin miedo. Había cerrado aquel lugar con llave, solamente para tener mucha más privacidad. La habia acorralado contra uno de los casilleros y la había besado suavemente al principio, de forma tan pura y dulce.
Era su forma de felicitarla por su gran trabajo en la obra.

Lo que no espero fue la intensidad que surgió cuando comenzaron un nuevo beso, los labios de Sucrette moviéndose con más pasión mientras su lengua lamía su labio para pedir permiso e intensificar el beso, claro que lo permitió. Entonces un deseo primitivo se hizo presente, ya estaba ahí pero escondido porque era incorrecto desear eso tan pronto. Apenas se habían hecho novios y sin embargo Lysandro ya ansiaba poseerla, hacerla suya y brindarle tanto placer, quería complacerla de todas las formas que pudiera.

Escucho como gemía entre besos y le pedía que la tocara, esas súplicas tan dulces eran música para sus oídos y por un instante deseo que estuvieran en algún lugar más privado para hacerla gritar de puro placer. Lysandro sentía como su propia excitación comenzaba a aparecer con cada beso que compartían, sobre todo por los pensamientos pecaminosos que aparecían en su mente, una erección comenzó a hacerse evidente entre sus piernas. Inconscientemente comenzó a frotarse contra la chica, Sucrette pronto se dio cuenta de su erección y a pesar de las protestas de Lysandro, comenzó a tocarlo con cuidado mientras se besaban.

Sentía que estaba en el paraíso, los dedos de Sucrette eran tan delicados y lo tocaban de maravilla, no pudo evitar gemir mientras sentía como era acariciado, era tan maravillosa la sensación que se dejó llevar. Entonces la chica se separó de el, dejándolo excitado y necesitado, la miro con duda por aquel abrupto detenimiento y ella con una sonrisa coqueta y ojos llenos de deseo lo empujó sobre una de las bancas de los vestuarios, sentándose a ahorcadas de el.
El vestido estorbaba pero ninguno de los dos quería quitarlo del camino, eso no impedía que Sucrette se frotara sobre su erección de forma sensual y rápida. Ella gemía casi en susurros mientras se aferraba a los hombros de Lysandro, el la sostenía de la cintura ayudándola a moverse.

“Lysandro, lo quiero…” Murmuró ella entre besos

“¿Si? ¿Qué es lo que quieres?” respondió, mordió levemente el labio de Sucrette y sintió como la chica temblaba

“Tu ya lo sabes”

“Si, pero quiero que lo digas” sonrió con diversión cuando un sonrojo se hizo presente en las mejillas de Sucrette.

“Me da vergüenza pedirlo…” dijo ella de forma tan tierna que provocó una ráfaga de excitación en él.

“Está bien, te daré lo que quieres” dijo el mientras dejaba un beso en su frente.

Entonces comenzó a besarle con más pasión, la haría suya en ese mismo instante sin importar el lugar.

“¿Estás segura?” Murmuró contra los labios de la joven, sus manos ya estaban subiendo la falda de su vestido, sin embargo quería asegurarse que ambos quisieran lo mismo.

Moriría antes de lastimar a su amada.

Ella lo miró, aquella mirada hambrienta que lo dejaba desarmado y temblando cada que la contemplaba. La vista era una provocación por sí sola, los ojos verdes brillando, esos labios rojos abiertos y húmedos mientras intentaba recuperar el aliento y el rubor pintando sus mejillas.

El solo era un hombre, un hombre débil.

“Me matarás sí paras” y esas palabras fueron suficientes para que el se abalanzara sobre ella, subiendo con cuidado el vestido para poder tocar la intimidad de la chica con mayor necesidad.
Sus manos recorrieron con cuidado las piernas de la chica, su piel era tan suave y delicada, quería besar todo su cuerpo, adorarlo y marcarlo como suyo.

Comenzó a avanzar hasta la intimidad aún cubierta, un gemido lastimero salió de sus propios labios al notar la humedad en la ropa interior de la chica, la sola idea de ser quien provocó aquel desastre lo dejo flotando y excitado, quería provocar más, no podría aguantar demasiado

Pero no quería ser brusco, quería tratarla con cuidado y hacerla sentir amada, este era un momento que se suponía íntimo (aún sí estaban en los vestidores de la escuela, al alcance de cualquier curioso que entrará)
Sus dedos se enroscaron alrededor de la ropa interior de la chica, bajándola con cuidado hasta que dejó de ser un estorbo para sus planes.

Sus dedos frotaron círculos alrededor de su centro, observando como se derretía ante sus caricias y los suspiros salían de sus labios, jugo un poco más con ella antes de adentrar uno de sus dedos a su interior lentamente, con cuidado de no hacerlo brusco, sintiendo la humedad y el calor que lo envolvía. Cada minuto sentía que su autocontrol se derrumbaba por completo.

Sucrette gimió su nombre, de forma tan exquisita que fue un deleite para sus oídos. El la beso mientras movía su dedo con cuidado, agregando un segundo cuando sintió que estaba lo suficientemente lista para aceptar otro, quería relajarla lo suficiente para que todo fuera mucho mas placentero para los dos. Ella se frotaba contra el, sus gemidos ahogados entre besos húmedos, suplicando más placer cada vez más y más ¿Quién era Lysandro para negarse?

“Lys, cariño, te necesito..” murmuró suavemente contra sus labios, sus ojos llenos de deseo. Trago saliva mientras asentía, dejo un dulce beso en su mejilla mientras retiraba sus dedos con cuidado.

Con rapidez bajo sus pantalones y ropa interior, dejando expuesto su miembro ya erecto. Con cuidado coloco el condón que mágicamente había aparecido en su bolsillo, podía notar la mirada hambrienta de su novia y eso solo podía ponerlo más animado. Lo bombeo un poco, solamente para sentir ese placer crecer.

“¿Estás lista?”

“Más que lista”

Sonrió mientras se alineaba con su entrada, exhalando con fuerza al sentir como esas paredes calientes y aterciopeladas se apretaban a su alrededor, era tan divino la sensación de estar adentro de aquella chica tan hermosa, se sentía como volar en el cielo. Ni siquiera podía describir el placer que estaban experimentando, juraba que todo su cuerpo temblaba por la emoción. Entonces dio una embestida experimental, sintiendo como la chica se apretaba aún más alrededor de su falo mientras soltaba un gemido.

“Te sientes tan bien, cariño” susurro mientras recuperaba el aliento.

Todo el aire a su alrededor era caliente y lleno de deseo, sentía el éxtasis en cada respiro que tomaba y podía jurar que era como un afrodisíaco que nublaba su vista más y más.

“Lys” gimió Sucrette mientras movía sus caderas buscando fricción, un gemido ronco salió de su boca al sentir aquello y respondió con el mismo movimiento pero más fuerte.

Ella soltó un grito y por miedo a ser descubiertos tapo su boca con el dorso de su mano, cubriendo aquellos gemidos lascivos qué salían de esos labios tan seductores, la miro pidiendo disculpas por su acción pero solo encontró una mirada llena de sorpresa y placer que le suplicaba; le suplicaba que siguiera moviéndose y Lysandro solo era un hombre débil, claro que aceptaría esa súplica.

“Voy a… voy a moverme, ¿Está bien?” Pregunto, ella solamente pudo asentir pues Lysandro no había retirado la mano de su boca.

Comenzó a moverse a un ritmo tímido, intento ser suave al principio pero solo quería más y más, no era suficiente el suave balanceo de sus caderas, necesitaba hacerlo más fuerte, necesitaba más. Era codicioso pero eso no parecía molestarle a Sucrette, quien seguía gimiendo en su mano con cada movimiento, así que comenzó a marcar un ritmo más rápido.
Los sonidos de choque de piel se hicieron presentes, húmedos, pesados, fuertes, escucharlos era como una melodía tan extasiante.

Mantenía su mano sobre la boca de la joven, no quería que nadie más escuchará los sonidos tan dulces que salían de esos labios de azúcar, quería conservarlos solamente para el y que nadie más tuviera la dicha de presenciarlos y más allá de eso, no quería que los encontraran en una situación como está, no cuando los padres de todos estaban por ahí vagando en el instituto. Le habría gustado poder escucharlos con más claridad pero eso lo haría cuando ambos estuvieran en un lugar más privado.

Lysandro comenzó a moverse con más rapidez, sintiendo aquel revoloteó en su vientre que indicada que estaba a punto de alcanzar el clímax, sentía que el cabello se le pegaba a su frente por el sudor y el traje comenzaba a ser molesto pero de todas formas se lo iba a quitar en un rato, también creía que el bello vestido de Sucrette era un estorbo pero se veía tan dulce en el que quería que se mantuviera con el.

Una de sus manos bajo hasta la intimidad de la chica, frotando círculos alrededor de su centro para hacerla alcanzar un bello orgasmo, sintió que la palma de su mano se llenaba de saliva y los gemidos resonaban contra ella, las caderas de Sucrette comenzaron a bailar desenfrenadamente y eso fue el indicador para Lysandro. Continuo moviéndose mas rápido, aparto su mano de la boca de Sucrette y devoro cada uno de sus dulces suspiros mientras la besaba con pasión. Al llegar a su tan ansiado clímax, Sucrette se apretaba a su alrededor de forma obscena, movió sus caderas ahora con un golpeteo irregular y más errático, esto provocó que Lysandro entrara en un estado de euforia pura y sin aguantar mucho más se derramó alcanzando su propio orgasmo.

Soltó un pequeño gemido mientras cabalgaba su propio clímax, prolongado esa sensación tan placentera. Sucrette soltó un par de gemidos ante esto, la sobre estimulación la hacía temblar por completo, el solamente la beso suavemente en los labios mientras se retiraba con cuidado.

“Perdón, princesa” murmuró depositando un dulce beso en su frente. Se había dejado llevar por los deseo carnales, sentía un poco apenado pero esa sonrisa cálida lo ánimo.

Ella lo miró, esos grandes ojos de cierva lo invitaban nuevamente a cometer actos pecaminosos pero tuvo que contenerse ¿Qué le pasaba? ¿Por qué pedía el control en presencia de esta bella dama? Tenía que ser un caballero, pero no podía evitar el deseo que burbujeaba bajo su piel cada vez que tenía a Sucrette cerca de el.

“Eso, me gustó mucho” susurro ella mientras rodeaba su cuello con sus brazos y lo atraía cerca dándole besos en sus mejillas.

“A mí también me gustó…” Dijo el con una nueva vergüenza que se apoderaba de su ser.

“Deberíamos cambiarnos o alguien sospechara lo que hicimos” el soltó una risa, probablemente alguien ya lo sospechaba pero le daba igual.

“Si, tienes razón”