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El leve zumbido del aire acondicionado inundaba la sala de práctica. Ahora que la música estaba apagada y la habitación en silencio, Soobin podía escucharlo con claridad mientras permanecía recostado en el piso.
No había una razón para ello. Los demás acababan de salir para tomarse un breve descanso antes de continuar con sus prácticas y Soobin, que estaba demasiado cansado como para seguirle el ritmo a sus enérgicos miembros, decidio quedarse atrás. Ellos lo entendieron y, en lugar de insistir, le prometieron traerle algo de comer.
Eso había sucedido hacía aproximadamente 15 minutos. Soobin no se había movido del suelo desde entonces.
En algún momento, el sonido de la puerta abriéndose llamó su atención. Soobin, que tenía los ojos cerrados, casi a punto de quedarse dormido, volvió la mirada hacia donde provenía el sonido. Habría pensado que se trataba de algún miembro del personal, si no fuera por las risitas bajas que escucho antes de ver a Yeonjun de pie frente a la puerta con los brazos cruzados, mirándolo con una sonrisa en el rostro.
Soobin no intentó levantarse. Solo le devolvió la sonrisa, un poco más apagada por el cansancio, pero que fue señal suficiente para que Yeonjun se acercara rápidamente a él, como a un niño al que le ofrecen un dulce.
Yeonjun se agachó junto a Soobin. El mayor lo miraba como si fuera la primera vez, como si tratara de memorizarlo, como si Soobin fuera una especie de cuadro en un museo y no un desastre cansado y sudoroso. Lo hizo sentir un poco tímido.
—¿Estás bien? —preguntó Yeonjun.
—Sí —respondió Soobin y, porque la curiosidad pudo más que él, preguntó: —¿Dónde están los chicos?
Yeonjun le apartó unos mechones de cabello de la frente antes de responder. Sus dedos están fríos contra la piel cálida de Soobin.
—Todavía están discutiendo sobre lo que quieren comer —se quejó, aunque su mirada solo reflejaba cariño. —Es una lucha sin fin.
Soobin estaba de acuerdo. Siempre era toda una travesía salir de compras con los menores del grupo. De alguna forma, siempre terminan discutiendo por algo. Sus voces suben y bajan, llamando la atención a su alrededor y provocando un caos que, aunque vergonzoso, Soobin ha aprendido a amar con todo su corazon.
—¿Qué hay de ti? —dice Soobin mientras toma la mano de Yeonjun que antes estaba en su rostro y se la lleva al pecho, donde la sostiene sobre su corazón. —¿No quieres algo específico?
Yeonjun niega con la cabeza, apretando ligeramente el agarre en la mano de Soobin.
—Estoy bien con lo que sea que elijan. —dice Yeonjun, luego añade en voz más baja: —Sólo quería ver cómo estabas.
Yeonjun se mueve hasta quedar sentado con las piernas cruzadas a su lado. —Parecías a punto de dormirte cuando entré.
—Sí —admite Soobin, cerrando los ojos de nuevo. Oye reír a Yeonjun. Un sonido claro que, de alguna manera, consigue relajarlo aún más.
Hay una pausa, lo suficiente para que Soobin vuelva a concentrarse en el zumbido del aire acondicionado y el ligero aroma de la colonia de Yeonjun. Entonces Yeonjun habla de nuevo.
—Deberías dormir un poco si estás cansado. Me quedaré aquí contigo hasta que vuelvan los chicos.
Soobin se niega.
—En realidad tengo un poco de hambre. Y no quiero dormirme ahora o si no, no podré hacerlo más tarde.
Soobin abre un ojo y ve a Yeonjun mirándolo. La sinceridad y el cariño en su mirada son tan evidentes que el corazón de Soobin se acelera. —Además... si te quedas aquí, no podré dormir.
—¿Por qué?
—Porque no dejas de mirarme así.
La sonrisa de Yeonjun se profundiza, convirtiéndose en algo brillante y cegador. —¿Así como? —preguntó, ladeando la cabeza y fingiendo inocencia.
Soobin resopló suavemente, cerrando los ojos de nuevo como si eso pudiera ocultar el calor que le subía a las mejillas.
—Tú sabes como.
—Soobin-ah —dice Yeonjun, con un tono insistente y juguetón.
—No sé. Ya estoy dormido.
Cuando la habitación vuelve a quedar en silencio, más tiempo del que Soobin está acostumbrado cuando Yeonjun está con él, por un instante, se preocupa. Se pregunta si Yeonjun se molestó. No lo cree, porque Yeonjun no es de los que se enfadan fácilmente, pero nunca se puede estar verdaderamente seguro. El silencio se extiende y Soobin casi abre los ojos para comprobarlo.
Antes de que Soobin pueda decir algo, siente una cálida presión en sus labios. Dura apenas un segundo, tan rápido que Soobin cree haberlo imaginado. Pero sabe que no lo hizo. Abre los ojos y se tapa la boca rápidamente con la mano libre, la que no sujeta la de Yeonjun.
Por su parte, Yeonjun sonríe ampliamente. Parece tan complacido consigo mismo, engreído, de esa manera que hace que todo su rostro brille, que Soobin lo golpearía si no estuviera tan avergonzado. Para lo que ya no debería tener razón. Se trata de Yeonjun, su muy cariñoso novio que disfruta de atacar a Soobin con muestras de afecto repentinas. Ya debería estar acostumbrado.
Solo que no está acostumbrado. Ni un poco.
—¿Qué fue eso?
—Un beso de buenas noches. Dijiste que estabas dormido, ¿verdad?
—Hyung —Soobin hace una pausa, mordiéndose el interior de la mejilla. No sabe qué quiere decir. Su pulso sigue acelerado y siente el calor de su rostro extendiéndose por su cuello. —Los chicos podrían regresar en cualquier momento.
Suena como una excusa débil, incluso para sí mismo. Su relación con Yeonjun no es un secreto para los demás; Soobin solo está avergonzado y los está usando como excusa. Pero a Yeonjun no parece importarle, solo asiente, con una sonrisa inocente en sus labios pero un inconfundible brillo travieso en su mirada, mientras desliza su mano libre detrás del cuello de Soobin con cuidado.
—Lo sé. Pero ellos no han vuelto todavía.
Entonces, antes de que Soobin pueda pensar en protestar, Yeonjun se inclina nuevamente. Esta vez Soobin lo espera. El beso es diferente, no es un solo roce rápido. Es un beso lento, deliberado y tan suave que hace que Soobin suspire contra los labios de Yeonjun. Yeonjun sabe ligeramente al americano helado que había estado bebiendo antes, ligeramente amargo y dulce a la vez.
Cuando se separan, los dos están respirando un poco más rápido. Yeonjun apoya su frente contra la de Soobin, manteniendo sus narices juntas. Soobin suelta una pequeña risita ante la cercanía. Le gustaría poder regañar a Yeonjun por esto, pero se encuentra demasiado feliz y satisfecho como para hacerlo. En cambio, cierra los ojos, saboreando el momento.
—¿Qué pasa? —susurra Yeonjun, sin alejarse. —¿Estás muy cansado?
La actitud juguetona de antes se ha ido. Soobin se da cuenta por la forma en la que Yeonjun murmura cada palabra: suave y cálido, como si lo arrullara. Sus dedos siguen acariciando distraídamente la nuca de Soobin, el toque ligero y constante.
Soobin no responde, pero asiente honestamente, porque en realidad no tiene caso mentir. Yeonjun ya lo sabe.
Está cansado, todavía les quedan un par de horas de práctica y tiene hambre. No debería ponerse tan cómodo, pero la presencia de Yeonjun junto a él, las caricias y la atención no hacen más que hacer que Soobin se relaje poco a poco.
Yeonjun no dice nada por un instante. El calor de la mano de Yeonjun en su nuca desaparece mientras Soobin lo siente alejarse, pero no alcanza a sentir la pérdida cuando, de repente, Soobin es levantado del piso como si fuera un muñeco de trapo, hasta que su cabeza termina apoyada sobre el regazo de Yeonjun.
—Entonces descansa —dice Yeonjun, dejando caricias sobre el cabello de Soobin. Sus dedos recorren los mechones lentamente, desenredando los nudos que se habían formado. —Te despertaré cuando los chicos regresen.
Yeonjun repite sus palabras de antes, pero esta vez, Soobin no se niega, tampoco evita sonreír. No tiene que abrir los ojos para saber que la mirada de Yeonjun está sobre él. Puede sentirlo. La imagen ya está grabada en sus párpados: la profunda adoración que siempre está presente brillando en los ojos de Yeonjun, el ligero rubor que le cubre las mejillas, la sonrisa suave y honesta que curva sus labios... Soobin puede verlo todo en su cabeza con mucha claridad.
—Gracias, hyung —murmura, y esta vez no hay timidez ni vergüenza en su voz. Solo gratitud sincera y amor.
Todo lo que recibe como respuesta es el roce de labios contra su frente. Los labios de Yeonjun se quedan ahí por un momento más de lo necesario, y Soobin siente la forma de una sonrisa presionada en su piel.
A su alrededor, el aire acondicionado sigue zumbando, las luces de la sala brillan lo suficiente como para que Soobin note el destello a través de sus párpados cerrados. Puede que solo le queden unos cinco minutos antes de que Kai, Beomgyu y Taehyun finalmente dejen de pelear y regresen, pero Soobin los aprovechará de todas formas. Con su cabeza en el regazo de Yeonjun, siendo mimado por él, siente que podría dormir durante días sin interrupciones.
—Descansa, Soobin-ah —dice Yeonjun, su voz es un susurro que envuelve a Soobin como una manta cálida.
Y eso es exactamente lo que Soobin hace. Se acurruca hacia el calor de las manos de Yeonjun en su cabello y se deja llevar.
Cuando la puerta se abre de golpe más tarde, seguida de voces altas y risas medio descontroladas, Soobin no se despierta de inmediato. Todavía siente las manos de Yeonjun en su cabello; lo escucha callando a los demás con esa manera firme pero gentil suya. Las voces pronto se convierten en susurros. Incluso alguien le pone una chaqueta encima.
Soobin, todavía medio perdido en sueños, sonríe.
