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Rendición

Summary:

Después de perder demasiado y cargar con una culpa que amenaza con consumirlo, Matt Murdock busca a Frank Castle en un oscuro sótano de Hell’s Kitchen con una intención que ni siquiera quiere admitir: obtener permiso para cruzar la línea y acabar con Fisk de una vez por todas.

Frank ve a través de él desde el primer momento. Con palabras cruelmente honestas, obliga a Matt a enfrentar sus pecados, su rabia y el dolor que ha intentado esconder tras la máscara de héroe. Pero cuando Matt finalmente se derrumba bajo el peso de la culpa y la pérdida, Frank deja de ser solo el castigador implacable y recuerda al hombre que alguna vez fue: un esposo, un padre, alguien capaz de sostener a otro ser humano en medio del desastre.

Entre confesiones dolorosas, tensión contenida y emociones que llevan demasiado tiempo hirviendo bajo la superficie, ambos terminan cruzando una línea distinta: una donde la violencia y la vulnerabilidad se mezclan en un beso desesperado que ninguno de los dos puede detener.

Un one shot intenso y emocional sobre culpa, oscuridad y la peligrosa necesidad de ser comprendido por alguien que conoce perfectamente tus peores partes.

Notes:

Hola queridos lectores literalmente es mi primera vez en AO3 espero que les guste

Work Text:

Matt no sabía exactamente qué lo había llevado a terminar frente a Frank Castle, en aquel sótano oscuro y húmedo. En el fondo —más profundo de lo que estaba dispuesto a admitir— sabía la verdad: había ido allí buscando permiso. Permiso para acabar con Fisk de una vez por todas.

 

Frank no tuvo reparos en decírselo a la cara.
Directo. Brutal. Como siempre.

 

Y que fuera cierto no hacía que doliera menos.

 

Porque Frank podía verlo. Podía ver esas partes de él que Matt pasaba cada día intentando esconder bajo la culpa, la fe y la máscara del héroe. Las reconocía con una facilidad aterradora, como si siempre hubieran estado ahí, expuestas únicamente para él.

 

Eso debía asustarlo.
Y lo hacía.

 

Pero había algo peor que el miedo: el alivio.

 

El alivio insoportable de estar frente a alguien que veía la oscuridad dentro de él… y no apartaba la mirada.

Por eso Matt intentó escapar de Frank. Porque no soportaba sentirse tan expuesto frente a él, tan fácil de leer. Con cualquier otra persona todavía podía fingir, esconderse detrás de la voz tranquila de Matt Murdock o de la máscara del Diablo de Hell’s Kitchen. Pero con Frank… no había dónde ocultarse.

 

Y Frank, fiel a su terquedad brutal, no lo dejó escapar.

 

Lo sujetó con palabras antes que con las manos. Palabras ásperas, afiladas, que se clavaban una tras otra mientras le escupía en la cara todas sus fallas, todos sus pecados.

 

Le recordó cada vez que había dudado.
Cada vida que no había podido salvar.
A Foggy.

 

El nombre cayó sobre Matt como un golpe seco en el pecho.

 

Sintió el aire atorarse en sus pulmones y el enojo subirle por la garganta, violento, desesperado. Porque Frank no tenía derecho a mencionar a Foggy. No tenía derecho a arrastrarlo hacia aquella oscuridad que Matt apenas lograba contener.

 

Pero aun así escuchó.
Escuchó cada palabra.

 

Porque la peor parte era que una parte de él creía merecerlas.

Frank fue implacable.

 

No se detuvo hasta arrancarle a Matt cada excusa, cada mentira piadosa que se había contado a sí mismo para seguir adelante. Lo obligó a mirar de frente la rabia que llevaba pudriéndose dentro de él, la culpa, el deseo enfermizo de cruzar la línea de una vez por todas.

 

Y Matt dejó que lo hiciera.

 

Quizá porque estaba cansado.
Quizá porque, por primera vez en mucho tiempo, alguien estaba viendo el desastre que era realmente.

 

Las palabras de Frank siguieron golpeándolo hasta que no pareció quedar absolutamente nada que salvar de él. Nada más que un hombre roto, temblando bajo el peso de todos sus pecados.

 

Pero Frank olvidaba algo.

 

Antes de convertirse en el Punisher, antes de la guerra, antes de la sangre y la violencia… Frank Castle había sido un esposo amoroso. Un padre. Un hombre que sabía cómo sostener a las personas cuando se estaban cayendo a pedazos.

 

Por eso, cuando Matt finalmente se quebró, Frank no dudó.

 

Lo sostuvo antes de que sus piernas cedieran por completo, sujetándolo con firmeza contra él mientras la culpa terminaba de desmoronarlo desde dentro. Y aunque sus manos eran ásperas y su voz seguía siendo dura, había algo inesperadamente cuidadoso en la manera en que lo mantenía de pie, como si entendiera demasiado bien lo que era cargar con un dolor imposible de soportar solo.

Matt no supo en qué momento todo se volvió demasiado.

 

Tal vez había sido la vulnerabilidad brutal que Frank le había arrancado a golpes de honestidad. Tal vez era aquella tensión constante que siempre parecía crecer entre ellos, pesada y eléctrica, cada vez que compartían el mismo espacio.

 

O quizá llevaba demasiado tiempo conteniéndolo.

 

Fuera cual fuera la razón, terminó inclinándose hacia él antes de poder pensarlo demasiado.

 

El beso fue inmediato. Violento en su necesidad.

 

Frank apenas tuvo un segundo de sorpresa antes de responderle con la misma intensidad, como si ambos hubieran estado empujando aquel momento al borde del abismo desde hacía mucho tiempo. No fue un beso suave ni cuidadoso; fue una auténtica lucha de voluntades, de rabia, culpa y algo mucho más peligroso latiendo debajo de todo eso.

 

Matt podía sentir la tensión en cada respiración compartida, en la manera en que Frank lo sujetaba con firmeza, casi como si temiera que fuera a romperse otra vez. Y aun así no se apartó. Ninguno de los dos lo hizo.

 

Porque, por un instante, aquel beso se sintió menos como una decisión… y más como una rendición.

Matt podía sentir el aliento de Frank rozándole la mejilla, cálido y constante, contrastando con el frío húmedo del sótano. También sentía sus propias lágrimas descender lentamente por su rostro, tibias, perdiéndose después contra el suelo bajo sus pies.

 

En ese momento, lo único que lo mantenía en pie eran las manos de Frank aferradas a su cintura. Firmes. Reales.

 

Todo era demasiado.
La culpa, el agotamiento, el dolor que llevaba acumulando durante tanto tiempo que ya no sabía cómo cargarlo sin romperse.

 

Y Frank seguía ahí.

 

Matt no recordaba la última vez que alguien lo había sostenido de esa manera, sin exigirle ser fuerte, sin esperar que se recompusiera de inmediato. Por eso terminó aferrándose también a él, casi desesperadamente, escondiendo el rostro contra su hombro mientras intentaba recuperar el aire entre respiraciones temblorosas.

 

Por un instante fugaz, enterrado entre el ruido de su mente y el peso de sus pecados, Matt solo quiso quedarse ahí. Desaparecer entre los brazos de Frank y olvidar, aunque fuera por unos segundos, todo lo demás.

El hecho de que Frank no lo dejara caer significaba más de lo que Matt sería capaz de admitir en voz alta.

 

Porque, pese a todo lo que Frank representaba, pese a la sangre en sus manos y la violencia que lo seguía como una sombra, Matt sabía que podía confiar en él cuando la oscuridad amenazaba con devorarlo por completo.

 

Frank era terrible y brutal, sí, pero también era alguien que entendía el monstruo que Matt llevaba dentro. Y, de alguna forma retorcida, parecía dispuesto a cargar con él para que Matt no tuviera que hacerlo solo.

 

Eso era lo verdaderamente peligroso.

 

La certeza de que, si Matt daba un paso demasiado lejos, Frank lo seguiría sin dudar. Que tomaría toda esa rabia, toda esa necesidad de venganza, y la convertiría en algo tangible. Definitivo.

 

Porque si Matt se lo pidiera… si realmente pronunciara las palabras… Frank no vacilaría en ponerle una bala en la frente a Wilson Fisk.

 

Y una parte de Matt odiaba lo mucho que deseaba decir que sí.

El hecho de que Frank no lo dejara caer significaba más de lo que Matt sería capaz de admitir en voz alta.

 

Porque, pese a todo lo que Frank representaba, pese a la sangre en sus manos y la violencia que lo seguía como una sombra, Matt sabía que podía confiar en él cuando la oscuridad amenazaba con devorarlo por completo.

 

Frank era terrible y brutal, sí, pero también era alguien que entendía el monstruo que Matt llevaba dentro. Y, de alguna forma retorcida, parecía dispuesto a cargar con él para que Matt no tuviera que hacerlo solo.

 

Eso era lo verdaderamente peligroso.

 

La certeza de que, si Matt daba un paso demasiado lejos, Frank lo seguiría sin dudar. Que tomaría toda esa rabia, toda esa necesidad de venganza, y la convertiría en algo tangible. Definitivo.

 

Porque si Matt se lo pidiera… si realmente pronunciara las palabras… Frank no vacilaría en ponerle una bala en la frente a Wilson Fisk.

 

Y una parte de Matt odiaba lo mucho que deseaba decir que sí.

Pero no lo haría.

 

No podía hacerlo.

 

Matt se negaba a convertirse en otra razón para manchar las manos de Frank con más sangre. Frank ya cargaba demasiado sobre los hombros, demasiados fantasmas, demasiadas muertes persiguiéndolo en silencio. Matt no permitiría que Wilson Fisk se convirtiera en una más.

 

Aunque una parte de él lo deseara con una desesperación casi dolorosa.

 

Después de lo que pareció una eternidad suspendida entre respiraciones agitadas y silencios pesados, Matt finalmente dio un paso atrás. Se apartó lentamente de Frank, rompiendo el contacto entre ellos.

 

La distancia le provocó un escalofrío inmediato.

 

Era absurdo; apenas había retrocedido unos centímetros, pero se sintió como si de pronto estuvieran separados por kilómetros enteros. Como si el calor que lo había mantenido unido unos segundos antes hubiera desaparecido de golpe.

 

Frank no intentó detenerlo esta vez.

 

Solo lo observó en silencio, con esa intensidad sofocante que siempre parecía atravesarlo por completo. Y aunque Matt no podía verlo, podía sentirlo en la manera en que Frank permanecía inmóvil frente a él, atento, esperando.

 

Esperando la orden.

 

Esperando que Matt pronunciara las palabras y le diera permiso para actuar. Para terminar todo. Para acabar con Fisk de una vez por todas.

 

Y eso fue exactamente lo que hizo que Matt negara lentamente con la cabeza. Porque si había algo más aterrador que la oscuridad dentro de él, era saber que Frank la seguiría hasta el final sin cuestionarlo.

Por eso no dijo nada.

 

El silencio fue su única respuesta.

 

Matt simplemente giró sobre sus talones y le dio la espalda al refugio de Frank. No hubo despedida, ni explicación, ni una última mirada que pudiera delatarlo más de lo que ya estaba.

 

Solo se fue.

 

Sus pasos resonaron en el sótano húmedo con una calma engañosa, como si cada uno de ellos le costara una decisión distinta. Como si alejarse fuera una forma de sobrevivir.

 

Porque sabía la verdad.

 

Si se quedaba un segundo más, si permitía que aquel silencio entre ellos se alargara demasiado, Frank terminaría tomando la decisión por él. No por crueldad, sino por esa lógica implacable que lo definía: eliminar el problema antes de que se volviera irreversible.

 

Y Matt no podía permitirlo.

 

No podía dejar que Frank se convirtiera en la ejecución de su propio límite.

 

Así que siguió caminando, aunque cada parte de él le gritara que quedarse era más fácil. Más humano. Más peligroso.

 

Detrás de él, Frank no lo llamó. No lo detuvo.

 

Solo lo dejó ir.