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STAR COLLISION ᵛᵉᵍᵉᵗᵃ

Summary:

❝ El príncipe y la sacerdotisa. La mascota y el trofeo. Qué conmovedor. ❞

Ambos eran completamente diferentes, y a su vez eran iguales. Habían perdido sus mundos a manos del mismo monstruo, obligados a vivir una vida de esclavitud y a rememorar una y otra vez las mismas pesadillas. Pero él eligió la venganza, ella empezar de cero en un nuevo planeta. Sin embargo, ninguno de los dos sabía que sus caminos se entrelazarían de aquella forma.

Y todo comenzó por unas Esferas del Dragón.

Notes:

━ Star Collision es una historia independiente, por lo tanto, no está entrelazada con ninguna otra. El fic seguirá la línea de la saga de Dragon Ball Z (post-arco de los saiyajins, arco de Freezer, la brecha de tres años y los arcos de los androides y Cell), pero al ser un AU, muchas escenas y situaciones se cambiarán y/o añadirán para el desarrollo de la historia. De esta forma, y debido a ciertas decisiones que tomará Vegeta durante la historia (relacionado con sus acciones hacia los demás), dará lugar a que el arco de Majin Buu nunca suceda en el universo de esta historia.

━ Todos los personajes pertenecen a Akira Toriyama. Lo único que me pertenece es la historia y los personajes creados por mí (Reya y la raza anodita).

━ Este será un fanfic muy largo. Aunque se den indicios de la relación romántica de Vegeta y Reya (OC) durante su aventura en Namek, no será hasta la brecha de tres años donde se profundizará dicha relación. El romance será slow burn.

━ Siguiendo con la temática de los nombres relacionados en Dragon Ball, los nombres anoditas están basados, inspirados o son anagramas de las deidades de la mitología grecorromana. El nombre de Reya está basado en la titánide Rea (Rheia en griego antiguo), y el planeta Olympia en el Monte Olimpo. Como dato extra, el nombre "anodita" está sacado de la palabra anodino. Proviene del latín tardío anody̆nus, que a su vez deriva del griego anṓdynos. Como los nombres anoditas, tiene raíz en la cultura clásica. Significa 'que calma el dolor' o 'sin dolor', una fuerte referencia al efecto que tendrá Reya en Vegeta.

━ En el universo de esta historia, Trunks no será hijo de Vegeta.

━ Vegeta y el concepto de la raza saiyajin tendrán una faceta más "animal". Este dato puede resultar confuso ahora, pero se irá aclarando a medida que pasen los capítulos.

━ La historia contiene lenguaje soez, violencia explícita y contenido sexual.

━ Se prohíbe la copia o adaptación de este fic. Si encuentro mi historia en otro lugar, me veré obligada a denunciarlo.

Chapter 1: El comienzo de todo

Chapter Text

—Entonces... ¿tenemos un trato?

El trono flotante de Freezer se acercó aún más a la mujer que tenía enfrente. Ella se veía afligida, con los ojos abiertos por el miedo y los labios formando una línea recta. Congelador irritante. Adoraba la sensación de poder y superioridad que provocaba a las personas de su alrededor. Pero después de todo lo que había ocurrido, ¿qué esperaba ese ignorante que sucediera?

Los anoditas se negaron y se rebelaron, y aunque ganaron, tenían todas las de perder. Se podía ver claramente en las expresiones de todas las personas que habitaban la sala del trono. Oponerse a su mandato era algo que se pagaba con la muerte, y los soberbios anoditas creyeron que podrían con él.

Oh, qué equivocados estaban.

—¡No lo permitáis, mi jeddak! —protestó uno de los Altos Soldados. Se situaba muy cerca de la reina y era uno de los pocos que no temía a la presencia de Freezer—. ¡Entregarla sería violar la ley más sagrada para nosotros! ¿No es acaso traición para nuestros hermanos?

—¡Es verdad!

—¡Mi jeddak, no lo hagáis!

Los anoditas y su patética mentalidad de hermandad. Le resultaba de lo más repulsivo.

Freezer condujo sus malévolos ojos hacia la reina Seleni. Por lo que tenía entendido, había sido elegida un año atrás. A diferencia de su predecesor, Seleni era impulsiva y poco receptiva al diálogo, defectos dados a su juventud e inexperiencia. Por esa razón, ahora el planeta Olimpia se encontraba en aquella situación tan desventajosa.

Situación que por supuesto, él iba a aprovechar.

—¿Ooooh? El trato es de lo más sencillo, reina Seleni. Tú me entregas a la chica de pelo oscuro y yo a cambio dejo tu planeta en paz —razonó Freezer con una ternura poco creíble—. ¿En serio prefieres arriesgar una vida a la de millones? Es un concepto de lo más atípico... como estúpido.

Una serie de protestas intrincables resonaron por toda la sala del trono, pasando a ser un escandaloso barullo. La reina continuaba estática, tan quieta que daba la impresión de ser una estatua.

—Tic-tac, tic-tac... El tiempo se agota. Tú decides; la chica o un planeta entero.

Los Altos Soldados comenzaron a gritar en protesta, y sus gritos se volvieron indistinguibles. Pero Freezer no les prestó atención. Captó el temblor en las manos de la reina, y supo que había ganado.

Con una expresión gélida, la reina Seleni dio un paso en adelante y habló:

—Ya se ha derramado demasiada sangre inocente. No puedo permitir que más vidas perezcan en esta guerra sin sentido —levantó una mano y señaló a Freezer. Sus ojos ambarinos se cristalizaron, pero con firmeza retuvo las lágrimas—. Lord Freezer, te entrego a la más joven de los hijos del soldado Eneo y la sacerdotisa Cybele. Haz con ella lo que te plazca.

Una serie de jadeos resonaron fuertemente, y un silencio sepulcral inundó la gran sala. Ninguno de ellos daba crédito a lo que oían, ¿de verdad la reina iba a vender a la chica? Y lo más importante, ¿qué sería de ella?

Sin molestarse en ocultar su satisfacción (y una sonrisa descarada), Freezer realizó una sofisticada reverencia que provocó la indignación de todos los presentes. Más de un Alto Soldado hubiera deseado abalanzarse sobre ese lagarto y matarlo.

—Has tomado la decisión correcta, reina Seleni. Te prometo que no te arrepentirás.

Nadie sabía lo que en realidad ocultaban aquellas palabras.

 

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Cualquiera que viera a Reya pensaría que la situación le importaba muy poco. Pero los más cercanos a ella, los que de verdad la conocían, sabían lo aterrorizada que se sentía en esos momentos.

Después de que Freezer tuviera la tan esperada reunión con la reina, y ver cómo una serie de soldados aparecían frente a ella, supo que estaba condenada.

—¡Siéntete afortunada, chica! —le había dicho un monstruoso soldado rosado, que ahora sabía que se llamaba Dodoria—. Lord Freezer te ha elegido para que seas parte del gran proyecto de financiación de la Organización Interplanetaria de Comercio. Como agradecimiento por tu amabilidad de cooperar, Lord Freezer ha decidido perdonar a tu gente.

¿Amabilidad por cooperar? ¡Pero si ese homúnculo había obligado a la reina a venderla! ¿Se podía ser más miserable?

«Malditos cínicos.»

Reya sabía a la perfección lo que le depararía una vez llegara a la base central de Freezer. Sería subastada, condenada a una vida de prostitución para complacer a los afiliados de la organización ya los soldados, incluyendo al mismísimo Freezer. En el mundo regido por el ice-jin, eso era lo que les sucedía a las mujeres esclavizadas. Y aun así... Reya lo aceptó. Porque mientras ella vivía un infierno, su familia y su hermandad estarían a salvo, y con eso era más que suficiente.

Y ahora se encontraba en la nave consular del energúmeno, a la espera de su fatídico final. Dodoria le colocó unos pesados ​​grilletes alrededor de las muñecas. Luego la tomó toscamente del cuello y la obligó a girar la cabeza hacia la izquierda. Reya cómo observar a otro soldado le entregaba un diminuto dispositivo circular que desprendía una luz azulada.

No pudo evitar reprimir un gemido de dolor al sentir cómo unas pequeñas tenazas se incrustaban dentro de su piel. Su respiración se entrecortó unos instantes antes de volver a girar la cabeza.

—Eso, preciosa, es un inhibidor de contención.

El cuerpo de Reya se puso rígido al oír la voz de Freezer. Él se acercó con su ridículo trono flotante, y para su horror, le agarró un mechón de pelo. Tiró de ella con dureza, obligándola a ponerse muy cerca de él.

—Es para evitar que cause problemas con esos... rayos oculares —explicó. Reya se negó a mirarlo, en muda señal de protesta—. Pero sé que serás una buena chica, ¿verdad?

Continuó en silencio, lo que provocó la risa de Freezer. Entonces la soltó, para su alivio, pero lo que vio a continuación despertó todas sus alarmas. Freezer ordenó abrir la puerta de embarque, haciendo que el sistema que protegía el oxígeno y la gravedad artificial se activara. La nave se encontraba flotando en la órbita de Olimpia, y gracias a las grandes ventanas, podía ver el colosal astro anaranjado con el anillo de asteroides a su alrededor.

Los latidos de Reya aumentaron dolorosamente de ritmo. ¿Por qué salía al espacio? ¿Qué planeaba Freezer?

La anodita tuvo un oscuro presentimiento, y aquello sólo empeoró cuando Freezer giró la cabeza hacia ella. La sonrisa que le dedicó fue la más espeluznante que Reya había visto en toda su vida.

—¿Sabes, preciosa? Creo que lo mejor, es que tu raza desaparece para siempre.

Tanto el alma como la sangre de Reya desaparecieron de su cuerpo.

—¿C-cómo?

—Tu gente ha causado innumerables bajas entre mis filas. Los costos para arreglarlo son demasiado altos, y eso es algo que no puedo permitirme —alegó Freezer con falsa pena—. Lo mejor para mi imperio y para el universo, es que tu raza desaparece.

Reya negó frenéticamente con la cabeza, y sus hermosos ojos ambarinos se llenaron de lágrimas. Hizo el amago de acercarse, pero Dodoria, que seguía su lado, la derribó al suelo.

—No..., no..., no..., por favor... —intentó levantarse, a lo que Dodoria ejerció más presión sobre ella, arrancándole un quejido—. Haré lo que quieras, ¡lo que quieras! Pero por favor... déjalos en paz.

Freezer chasqueó la lengua, negando dulcemente con el dedo alzado.

—Los anoditas sois demasiado peligrosos. Puede que ahora no lo entiendas, pero con el tiempo lo verás y me darás la razón.

La ira avivó en el interior de Reya con la intensidad de una supernova. Apretó la mandíbula con fuerza y ​​​​gruñó. ¡Maldito psicópata! ¡Les mintió a la cara!

¡En ningún momento tenía la intención de cumplir con su promesa!

—¡PROMETISTE QUE NO LES HARÍAS NADA!

Una sonrisa retorcida se forma en el rostro de Freezer.

—Bueno, un cambio de última hora.

Estalló a carcajadas, y los soldados lo imitaron con crueldad. Reya volvió a retorcerse, ganándose un puñetazo por parte de Dodoria. Dirigió la mirada a su planeta, y varias imágenes surcaron velozmente por su mente. Entre ellas, la última imagen de su familia; las sombrías miradas de sus hermanos, los ojos enrojecidos de su padre y el llanto de su madre.

Iban a morir, y lo peor de todo; no pudo despedirse de ellos.

Freezer nuevamente la miró, y sintió un placer muy excitante al verla de aquella manera. Tan frágil y delicada... perfecta para ser rota en pedazos.

De su dedo índice brotó una gigantesca esfera de energía que irradiaba un poder que Reya jamás había sentido. Apuntó al planeta y sonriendo con maldad.

—Di adiós, mi trofeo.

—¡NO!

Y con un estallido, el planeta Olimpia desapareció de la faz del universo.

 

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Reya trastabilló mientras era arrastrada por Zarbón a través del largo pasillo. No sentí nada, absolutamente nada. Ni siquiera la sangrienta herida que Freezer le había hecho momentos atrás con su látigo de ki. Era una herida espantosa, larga y en diagonal, justo en el costado izquierdo.

Congelador no tenía alma. Después de obligarla a ser testigo de la destrucción de su hogar, la marcó como un animal. Más concretamente, de su propiedad.

Su familia, su hermandad, su mundo, su vida... Ahora estaba sola, completamente sola.

Y se horrorizó al pensar que ese era el menor de sus problemas.

Se detuvo delante de una puerta de metal, pero Reya no se molestó en mirarla. Permaneció con la vista clavada en el frío suelo, con los ojos desorbitados por el shock. Con la cabeza totalmente en blanco, su mente se negaba a aceptar lo que había ocurrido.

Zarbon introdujo un código en el panel, y la puerta se abrió a los pocos segundos. Una negra invadía la celda de forma aterradora, pero para sorpresa de Reya, Zarbon no la metió dentro, sino que la tomó del rostro y la acercó más a él.

—Cuando llegues a la base nos lo vamos a pasar muy bien, tú y yo —soltó ladinamente, lamiendo los labios. Recorrió con su depravada vista el cuerpo de la anodita—. Te prometo que será generoso, aunque no te aseguro de que no te dolerá.

La luz volvió al rostro catatónico de Reya. Una mueca de profundo asco deformó sus bellas facciones. Con sólo sentir el aliento del soldado sobre ella, le entraron unas intensas ganas de vomitar. Como también de arrancarse la piel que él estaba tocando.

—Vete a la mierda.

Zarbón enarcó las cejas, y un perverso brillo cruzó por sus ojos.

—Aún tienes agallas, ¿eh? Eso me gusta —la empujó bruscamente en el interior de la celda, cayendo de bruces contra el suelo. El cuerpo de Reya convulsionó momentáneamente por la grave herida de su costado—. Veremos si sigues siendo igual de valiente cuando tengas a cien hombres encima de ti. Y yo voy a ser uno de ellos.

Se reincorporó con dificultad mientras la estridente risa de Zarbón resonaba a sus espaldas. Cerró la puerta, y Reya fue invadida abruptamente por la oscuridad. Con el brillo bioluminiscente de sus ojos como única luz, su respiración se tornó inestable.

¿Eso era lo que el Universo había preparado para ella? ¿Ver la extinción de su mundo y ser violada por un panda de asesinos durante toda su vida?

"No..."

¿Para eso había nacido?

"No."

¿Para ser un vulgar trofeo?

"¡No!"

Un desgarrador grito brotó de su garganta. Un grito que se oyó por todo el pasillo y que dictaminó una sentencia. Entonces tomó una decisión.

No iba a ser esclava de nadie, no se sometería ningún hombre, y sobre todo, no sería un mero trofeo de guerra. No se rendiría, y si moría, lo haría luchando por su libertad. Y lo primero que tenía que hacer era arrancarse ese condenado inhibidor.

Oh, que el Universo la oyera.

Reduciría la nave a cenizas.

 

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Tres meses después.

La cabeza le daba vueltas, muchas vueltas, y sentía un dolor palpitante en el frente. Notó que estaba tumbada sobre una mesa de examen y que hacía un calor que la abrumó notablemente. Al abrir los ojos, lo vio todo borroso y desdibujado, pero logró diferenciar a tres figuras de apariencia anodinoide.

Sin recuperarse, se apartó repentinamente del toque de aquellas misteriosas personas como si de fuego se tratase. Estuvo a punto de caerse de la mesa si no fuera porque otra persona (quizás la misma, Reya no estaba segura) la sostuvo con una delicia increíble.

Fue ahí cuando sus sentidos volvieron a aclararse, junto con una voz aguda que le provocó un fuerte dolor de cabeza.

—¡Suéltala, gran idiota! ¿No ves que la estás asustando?

Parpadeó un par de veces para enfocar su vista, percatándose de que se hallaba en una sala médica. Entrecerró los ojos y observó a los individuos que tenía delante: una mujer joven, posiblemente de su edad, de ojos celestes y pelo turquesa. A su lado residían dos hombres fornidos; uno de piel bronceada y cabello negro, el otro de piel verde y... ¿antenas? Finalmente, la vista de Reya volvió a la normalidad y lo vigilaron detenidamente. ¿Acaso era un namekiano?

Al menos, agradeció que hablaran el Idioma Galáctico Estándar.

—Lo siento, Bulma. Esa no era mi intención —respondió el tipo que vestía con un gi naranja. Se frotó la nuca y nuevamente la miró, con destellos de preocupación bailando por sus ojos negros━. Oye, ¿te encuentras bien?

Se sentó en la mesa de examen, pero fue golpeada por un doloroso pinchazo en el lado derecho de su cuello. Se percató de las vendas que envolvían dicha zona, y de golpe lo recordó todo.

El inhibidor roto, los gritos, la explosión, algo impactando contra su cápsula, y el aterrizaje forzoso en aquel planeta verde y azul.

—¿D-dónde estoy? ¿Qué planeta es este? —preguntó con voz rasposa. La chica de pelo turquesa recibió una mirada del tipo moreno, diciéndole en silencio algo que Reya entendió como un "te lo dije". El namekiano, por su parte, no dejó de mirarla atentamente, como si la estuviera evaluando en silencio.

No ayudaba tampoco la cara de pocos amigos que traía consigo.

—Estás en la Tierra —dijo el hombre de naranja. Su expresión se transformó en una de alegría—. Gracias a tu ki, Piccolo y yo te encontramos inconsciente. ¡El golpe que tuviste fue bestial! Te trajimos a casa de Bulma para que pudiera curarte. Ah, y lo siento por tu nave, pero quedó hecha trizas —miró a la otra chica con entusiasmo—. ¿Ves, Bulma? ¡Tenía razón! ¡Es una alienígena! Su nave no se parecía en nada a la que tú y tu padre construisteis.

Reya procesó lo dicho por él. ¿La Tierra? No le sonaba, seguramente se encontró en alguno de los brazos más apartados de la galaxia. ¿Ki? Como Freezer y su escoria, debía de manejar aquel poder tan raro.

La chica de nombre Bulma se acercó a ella con renovada curiosidad.

—¿De qué planeta vienes? ¿Cómo es que te has estrellado...?

—¿Qué motivos te traen a la Tierra?

Reya dirigió su atención al namekiano. La miraba de forma amenazante, con una postura recta y de brazos cruzados. Cualquiera se sentiría intimidado, pero la susodicha, después de todo lo que había vivido, ya nada la asustaba. Bueno, a no ser que estuviera relacionado con cierto homúnculo.

Frunció el ceño. No le gustó nada de su tono empleado. ¿Qué pensaba? ¿Que invadiría el planeta y mataría a los nativos?

—No te alteres, namekiano. Si te preocupa que le haga daño a la gente de este planeta, quítatelo de la cabeza. No he venido aquí a matar gente.

El namekiano no varió su dura expresión.

—¿Entonces por qué has venido hasta aquí? —preguntó.

La firmeza de Reya flaqueó, algo que no pasó inadvertido para el trío. La confusión, así como la preocupación, bañaron sus rostros al ver cómo la alienígena rompía a llorar.

Bulma se posicionó a su lado, pasando un brazo sobre sus hombros a modo de consuelo. Se estremeció terriblemente al sentir su piel congelada. ¿De qué estaba hecha? ¿De hielo?

—Tranquila, tranquila. Sea lo que sea lo que te haya pasado, aquí estás a salvo. Puedes confiar en nosotros.

La sonrisa que le dio Bulma fue tranquilizadora, como la del tipo de naranja.

—Si quieres podemos ayudarte a reconstruir tu nave. Podrás volver a tu planeta —propuso Goku alegremente. Miró al namekiano y molesto—. ¿Ves, Piccolo? Ya puedes estar tranquilo, es buena persona. ¡No hay por qué alarmarse!

Sin embargo, ante las palabras del hombre, Reya rompió a llorar con más fuerza. ¿Planeta? ¿A qué planeta iba a regresar y más siendo ahora una fugitiva?

«¿A dónde voy a ir ahora?»

Bulma se angustió, así que se sentó con ella en la mesa de examen. Sujetó su mano entre las suyas. Luego asesinó con la vista a Goku, que se encogió ante su mirada mordaz.

—Yo... ya no tengo planeta al que ir —murmuró Reya con un hilo de voz.

El corazón de Bulma se rompió ante aquellas palabras.

—¿Por qué? ¿Qué pasó? —deseó saber a Goku.

—Es... es una historia muy larga —respondió Reya ahogadamente, y se sorbió la nariz—. En resumen, huí de la persona que destruyó mi planeta.

—Tenemos tiempo para la versión extendida —dijo ahora Piccolo. Le importaba muy poco lo que dijera Goku. Se aseguraría personalmente de que la alienígena no fuera una amenaza para la Tierra. ¿Y si estaba terminando? No podía correr ese riesgo. El ki increíblemente alto que poseía le hacía sospechar.

—Puedes quedarte aquí conmigo, en la Corporación Cápsula —ofreció Bulma, muy animada.

Reya se sintió repentinamente acongojada.

—N-no quiero molestar.

—¡Para nada, si tenemos sitio de sobra! Mis padres estarán encantados de tenerte —aseguró y le guiñó un ojo—. Pero lo primero es lo primero. Yo soy Bulma Brief, la mujer más hermosa e inteligente de la Tierra —alardeó con aires de grandeza, provocando una suave risa a la anodita—. Y ellos son Goku y Piccolo.

—¡Hola! —saludó Goku de manera infantil, a lo que Piccolo puso los ojos en blanco—. Mucho gusto, eh...

Por primera vez desde hacía tres meses, Reya compuso una sonrisa. Una de verdad.

Se llevó la mano derecha al pecho y realizó una reverencia.

—Reya de Olympia.

 

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En ese momento, a cientos de años luz de distancia, un príncipe observaba la inmensidad del espacio desde una de las estaciones espaciales de Freezer. Contemplaba las estrellas sin prestarles realmente atención, pues su mente únicamente se centraba en una cosa: su deseo de venganza.

No había día que no fantaseara con la idea de acabar con Freezer y reclamar lo que era suyo de nacimiento. Se vengaría por todo lo que le había hecho y lo que le había obligado a hacer. Algún día, se decía, algún día se desharía del lagarto y proclamaría su poder al universo. Serie libre. Pero por mucho que detestara reconocerlo, aún no era el momento para cumplir con su cometido.

Necesitaba ser más fuerte, más poderoso.

Con ese juramento en mente, dio media vuelta para encontrarse con Nappa y Raditz.



¡Holiii! <3

Estoy muy emocionada por publicar Star Collision en AO3. Esta historia fue termina hace dos años en Wattpad, y luego de muchas revisiones y correcciones, por fin me animo a compartirla aquí. Así que darle mucho amor y apoyo, y por supuesto... ¡comentad! Anuncio desde ahora que esta historia es una montaña rusa de emociones; habrá muchas cosas que os harán enfadar y odiar, pero TODO lo que aparece es importante para la trama y el desarrollo de Vegeta. Aunque es un fanfic de Dragon Ball Z –ubicado en un Universo Alternativo–, es una lectura madura que toca temas bastante sensibles, concretamente para +18. Como fan incondicional de Vegeta, la historia se centra principalmente en su desarrollo emocional, algo que en el canon no ocurre. La protagonista femenina, Reya (OC), fue creada en base a un análisis psicológico que le hice a Vegeta para que darle mayor química y fluidez a lo largo del fanfic. Yo soy española, así que la historia está escrita en español de España.

Para quien esté interesado, hay una lista de reproducción en Spotify con el nombre de STAR COLLISION - PLAYLIST. El nombre de la cuenta es el mismo que el de aquí. En mi perfil están los enlaces de Wattpad y de Pinterest, donde podréis encontrar contenido de Vegeta y Reya.

Si hay algún lector de Wattpad, le ruego que no diga spoilers para no fastidiar a los nuevos lectores. Además, os doy nuevamente la bienvenida (^3^)