Chapter Text
Harry siempre vivió una vida que cualquiera llamaría normal, su padre era un auror de alto rango y trabajaba en horarios que Harry nunca se había tomado el tiempo de memorizar, más por falta de motivación que por dificultad para entenderlos. Su madre, por otro lado, tenía su propia tienda de pociones cosméticas, ella misma las creaba y tenía muchas pociones patentadas. Sus tíos trabajaban junto a su padre y venían a visitarlo seguido para jugar con él, y aunque Harry quería mucho a sus tíos Remus y Sirius, su padrino era su persona favorita, incluso sobre sus padres. Severus le enseñaba pociones y algunas otras cosas, como leer y runas, pero la mayoría de veces solo hacían pociones de dulces, un secreto entre ambos, pues nadie necesitaba saber que el temido profesor de Hogwarts tiene un punto dulce por su ahijado, y los padres de Harry no necesitaban saber que él comía tantos dulces.
Pero muchas cosas nunca terminaron de encajar realmente. Sus padres eran sobreprotectores con él en público, nunca permitían que extraños se acercaran a él aunque fuesen personas que se veían bien intencionadas. Si alguien se acercaba a darle un dulce, sus padres lo alejaban prácticamente a maldiciones, cuando alguien lo llamaba por su nombre o un sobrenombre raro (el niño… el niño que que? que comió? lo vieron robarse los chocolates de la última tienda?) Su padre se interponía entre él y la persona, y nunca más volvia a verlas. En casa cuando se reunían sus tíos y amigos de sus padres, si Harry llegaba a entrar a la habitación en la que estaban hablando, la conversación se detenía de pronto o cambiaban de tema. Había algo que le ocultaban, y por más que Harry lo intentara, no podía ni imaginarse que podría ser, por más que intentara curiosear nunca podía escuchar nada.
1° de Agosto de 1988
Todo cambió la noche después de su cumpleaños número 8, Harry se despertó por el sonido de un jarrón rompiéndose en alguna parte de la casa. El ojiverde salió de su cama abrazando su peluche de dragón para sentirse seguro, siguió lo que suponía que eran los gritos de sus padres hasta la sala de estar. Ahí, con lo que parecia un hechizo de silencio mal puesto, estaban Lily y James gritandose.
-Basta ya, James! ¡No podemos seguir ocultándoselo!- Harry se pegó a la pared, confundiéndose con las sombras del pasillo. El frío de la madera bajo sus pies descalzos era nada comparado con el hielo que comenzaba a recorrer sus venas, que le estaban ocultando? Y a quien?
-Tiene ocho años, por Merlín!- gritó James, y Harry casi podía ver su rostro congestionado, la mano pasándose por el cabello desordenado -quieres sentarlo y decirle que un mago lunático asesino lo marcó para una muerte temprana? Que su vida es una mentira construida para mantenerlo a salvo?-
-Es exactamente eso, una mentira! Y se está agrietando!- la voz de Lily no cedía, Harry la imaginaba de pie frente a su padre, con los puños apretados y esos ojos verdes que solo lo miraban con amor, ahora probablemente llenos de enojo -Crees que no nota cómo lo sobreprotegemos en público? Cómo los de la orden cambian de tema cada vez que él entra en la habitación? Es inteligente, James! Más de lo que tú y todos los demás quieren admitir!-
-Por eso mismo! Porque es inteligente!- El golpe de su padre contra la pared hizo que Harry brincara en su escondite -Comprenderá el peso, la carga! Dejará de ser nuestro hijo para convertirse en un arma!-
-Ya lo es- Lily soltó una risa que no tenía nada de diversión -lo ha sido desde aquella noche. "El Niño que Vivió", no es solo nuestro hijo, James, desde el momento que apareció la profecía es más que eso, Harry es de todo el mundo mágico, y ese mismo mundo nos lo puede arrebatar si no está preparado! Qué será de él si Voldemort regresa y él es el único que no sabe por qué lo persiguen, prefieres que ls muerte lo encuentre desprevenido?- hubo un silencio pesado, cargado de la respiración entrecortada de ambos. Harry apenas respiraba.
-La profecía…- la voz de James era ahora un susurro ronco, cargado de un terror que Harry nunca le había oído a su padre, al auror, el que peleaba con magos oscuros todo el tiempo, con criminales sin siquiera hacer una mueca -le contamos que está condenado a matar o a morir? A sus ocho años?-
-No le contamos el final- respondió Lily, con una frialdad repentina -Le contamos el principio, le contamos por qué tiene esta cicatriz. Lo armamos con la verdad, porque es lo único que tendrá cuando nosotros ya no estemos ahí-
La palabra "cuando" resonó en los oídos de Harry como un disparo. No fue un "si", era un "cuando". Harry dio un paso atrás, sintiendo cómo el mundo que conocía se desmoronaba, no con estruendo, sino con el silencio elocuente que siguió a las palabras de su madre. La última pieza del rompecabezas encajaba con un click que lo hizo temblar todo. No era un secreto. Era una sentencia de muerte. Y al día siguiente, durante el desayuno, su sonrisa fue tan impecable y tranquila que habría aterrado a sus padres si hubieran sabido que era la primera de sus armas, la primera vez que fingió ser el niño que vivió, la primera vez que finge que nada sucedía.
18 de Agosto 1988
Severus hizo una pequeña mueca mientras realizaba los últimos pasos de la poción -quiero enseñarte acerca de la oclumancia y legeremancia- agitó su varita sobre el caldero con un movimiento final, apagó el fuego debajo del caldero y observó el líquido burbujeante comenzar a enfriarse, formando lentamente cristales de azúcar que brillaban como diminutos diamantes. Suspiró, limpiándose las manos en un trapo
Harry, sentado en un taburete, observaba el proceso con una fascinación que parecía completamente infantil. Sus grandes ojos verdes seguían el baile de los cristales -oclu… ocumancia, oculumancia?.. qué?- preguntó, inclinando la cabeza con una curiosidad genuina -es otra poción como esta o un hechizo como el de ayer que estabas haciendo volar mis peluches?-
-Oclumancia- su padrino lo repitió lentamente - Y no, mocoso glotón, no es más comida,, es el arte de proteger tu mente- explicó Severus, acercándose y pasándole una cuchara limpia
Harry tomó la cuchara con ambas manos, como si fuera un tesoro -protegerla de qué? De pesadillas?- preguntó, mientras metía la cuchara con cuidado y sacaba un cristal perfecto, llevándoselo a la boca con gusto, sonriendo mientras masticaba el dulce
-De algo peor- Severus se apoyó contra la mesa y estiró la mano para limpiar un poco de líquido que escurría por la comisura de los labios del menor -Hay personas… magos peligrosos… que pueden entrar en tu mente y ver tus planes, tus conocimientos y tus recuerdos más privados-
Harry dejó de masticar por un segundo, frunciendo el ceño ligeramente -¿Como… como tú, tío Sev?- preguntó, con una inocencia que podía derretir el corazón más duro, sus ojos se encontraron con los de Severus, limpios de cualquier cosa que no fuera inocencia -tú siempre sabes cuándo miento sobre si me lavé los dientes-
Una sonrisa casi imperceptible jugó en los labios de Severus -Sí, mocoso inquieto. Como yo. Por eso te enseñaré a construir muros en tu mente, fachadas para que los intrusos se pierdan-
Harry miró el caldero, la cuchara a medio camino, su expresión era de profunda concentración, la de un niño intentando resolver un acertijo, o la de un adulto considerando que decir después -Y… esas fachadas…?- preguntó, volviendo a mirar a su padrino con una esperanza tímida -Podría usarlas para… para poner recuerdos bonitos encima de los feos? ¿Como cuando me caí de la escoba y me rompí el brazo? Podría hacer una fachada de que en realidad aterricé suavemente y no me lastime?-
La pregunta tomó a Severus por sorpresa, parpadeó, estudiando el rostro abierto de Harry. No había nada ahí, solo el deseo de un niño de escapar de un recuerdo vergonzoso -No… no, Harry- dijo, y su voz sonó un poco más suave -no es posible alterar los recuerdos. Las fachadas son como… callejones sin salida en un laberinto. Sirven para confundir y ganar tiempo, no para reescribir el pasado. Puedes ocultar detrás de muros recuerdos privados, importantes, y mostrar solo los recuerdos comunes como qué desayunaste hoy-
-Ah…- Harry se encogió de hombros, una sonrisa un poco avergonzada asomando a sus labios -es una lástima. Como dijiste "fachadas", pensé que era como pintar una casa para que se vea diferente-
-La intención es buena, pero la magia no funciona así- Severus negó con la cabeza -te empezaré a enseñar pronto- Luego, con su habitual tono seco, añadió -Y deja de meter la cuchara toda babeada en el caldero, usa una nueva-
-Esta bien!- asintió Harry con un puchero, tomando otra cuchara limpia y sumergiéndola para obtener más cristales. Pero mientras saboreaba el dulce, su mente estaba en otras cosas, "calles sin salida… para ganar tiempo… no puedes alterar recuerdos", repitió mentalmente. Algo importante se acercaba, y él, sin que nadie lo sospechara, ya estaba empezando a construir sus defensas
25 de Junio 1990
Ese algo sucedió un año después, meses antes de que cumpliera 10 años, al parecer su padrino pensaba que ya había aprendido todo lo posible sobre cómo proteger su mente. Severus le pidió a Lily que dejara que durmiera esa noche en su casa, un estilo pijamada, la excusa era que su padrino pronto tendría que volver a clases y lo extrañaría inmensamente. Harry se vistió en silencio, obedientemente, mientras su padrino le ayudaba a abrochar la túnica de viaje, sus dedos largos tensos
-A dónde vamos, tío Sev?- preguntó Harry, con la voz aún adormecida, fingiendo una tranquilidad que ya no sentía
-A conocer a alguien- respondió Severus, evitando su mirada -alguien muy peligroso- tomó la mano de Harry con una fuerza inusual y el mundo se comprimió en la oscuridad asfixiante de la aparición. El bosque era húmedo, olía a tierra y magia antigua, Harry se aferró a la mano de su padrino, tropezando con las raíces cada pocos segundos, pero su mente estaba alerta, grabando cada detalle. Al detenerse frente a la imponente y oscura mansión, Severus se agachó hasta quedar a su altura -escúchame, Harry- su voz era un susurro nervioso y volvía a acomodar la túnica que ya estaba perfecta -dentro, te comportarás con respeto, no muestres miedo, él no… no te hará daño físico, pero no seas insolente, entendido?-
Harry asintió, sus grandes ojos verdes reflejando la luz tenue como los de un animalito asustado. Por dentro, sin embargo, la curiosidad vencía al miedo. La mansión Malfoy exhalaba frío y opulencia, Harry se aferró a la mano de Severus mientras avanzaban por pasillos interminables, llenos de figuras silenciosas con máscaras extrañas que reflejaban su propia imagen, pequeña, vulnerable y distorsionada. Finalmente, las grandes puertas del salón se abrieron, y ahí, en un trono improvisado, estaba Él. Era más alto y pálido de lo que Harry había pensado que alguien podía ser, era humano, pero las facciones eran de una serpiente, pero sus ojos, de un rojo incandescente fueron los que le heló la sangre. Una sonrisa delgada y cruel se dibujó en su rostro al verlos llegar.
-Así que este es el niño que debía morir esa noche- la voz de Voldemort era un susurro sedoso que se movía por la estancia y se enroscaba en el pecho de Harry
-Mi Señor- la voz de Severus era tensa -él es Harry Potter-
Voldemort deslizó su mirada sobre Harry con una lentitud deliberada, desde sus zapatos sucios hasta su despeinado cabello -qué interesante… Acércate, niño, no muerdo… por ahora- añadió con un tono que pretendía ser divertido, pero que solo consiguió que Severus apretara la mandíbula. Harry, recordando las instrucciones de su padrino, dio unos pasos con miedo, el aire alrededor de Voldemort era estático y olía a ceniza -no tienes miedo?- preguntó Voldemort cuando Harry estuvo frente a él, inclinándose ligeramente. Su aliento era frío contra el rostro de Harry
-Mi padrino dijo que no me harías daño- respondió Harry con una voz más débil de lo que le hubiera gustado
-Tu padrino tiene razón, el daño físico es… vulgar- dijo Voldemort, y alargó una mano de dedos largos y pálidos. Con una delicadeza perturbadora, apartó el flequillo de Harry para revelar la cicatriz, sus yemas de los dedos se posaron sobre la piel marcada, y el contacto, aunque frío, hizo que un extraño escalofrío recorriera la espina dorsal de Harry. La mano no se retiró; en cambio, comenzó a acariciar suavemente la mejilla del niño, un movimiento casi paternal que, sin embargo, se sentía profundamente incorrecto, con otra intención detrás. Harry se sonrojó, confundido por la intimidad del gesto -sabes, tenemos una historia tú y yo- murmuró Voldemort, su pulgar trazando círculos en la piel de Harry -una conexión, te han contado alguna vez lo que sucedió esa fatídica noche?-
Harry negó con la cabeza, incapaz de apartar la mirada de esos ojos rojos que parecían absorber toda la luz de la habitación. La mano de Voldemort se movió para enredarse suavemente en su cabello, tirando con una presión casi imperceptible para que Harry mirara directamente hacia él.
-Es una historia fascinante, de vida y muerte… de poder- su voz era hipnótica -te gustaría que te la contara? Que te explique por qué eres… especial para mí?-
Harry sintió una oleada de emoción, finalmente alguien iba a darle respuestas. Las advertencias de su padrino se desvanecieron ante la promesa de la verdad, este poderoso señor, que lo tocaba con tanta atención, no podía ser malo, por qué mentiría? -Sí, por favor- susurró Harry, con una fe ciega y peligrosa iluminando sus ojos verdes.
Una luz de triunfo y algo más, algo oscuro y posesivo, brilló en la mirada carmesí de Voldemort -Excelente- con un movimiento fluido, lo guió para que se sentara en el brazo de su propio sillón, manteniendo un brazo alrededor de los hombros de Harry, una posesión evidente. Su mano descansó sobre el pequeño hombro, el pulgar acariciando la base de su cuello de manera constante. Severus, desde su posición, observaba con un nudo en el estómago de horror. La escena era grotesca, la mirada de su Señor no era solo la de un depredador evaluando a su presa, con hambre por el pequeño ciervo que tenia enfrente; era la de un coleccionista que había encontrado la pieza central de su vitrina. Y Harry, el ingenuo Harry, se dejaba envolver por la falsa calidez, creyendo cada palabra, confiando en cada caricia que sellaba su destino
