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You'd be a fool to stop this tide

Summary:

Nunew descubre que su arrogante compañero de trabajo de 40 años sigue siendo virgen. Naturalmente, eso despierta su interés.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

 

—¿Nunew? ¿Tienes los reportes de esta semana?

Nunew cerró la pestaña que tenía abierta en su computadora, aunque no lo suficientemente rápido como para que Zee no alcanzara a ver el logo de X/Twitter antes de que desapareciera. La expresión de juicio en su rostro fue afilada.

—Ya se los envié a Net —descartó Nunew, pero giró su silla para quedar frente a Zee, balanceándose sobre las ruedas. Sujetó el borde de su escritorio para impulsarse. Se meció de un lado a otro mientras jugaba con la tapa de su bolígrafo—. ¿No te los reenvió?

El ceño fruncido de Zee le cruzó el rostro. Lo hacía ver mayor, aunque Nunew no pensaba que eso fuera necesariamente algo malo, no cuando le quedaba tan bien. No había sabido la edad real de Zee hasta que la oficina le organizó una fiesta sorpresa unos meses atrás.

Zee había cumplido cuarenta, un número completamente inconcebible para Nunew considerando que ambos trabajaban en el mismo puesto por el mismo salario.

Pero, al mismo tiempo, era difícil ignorar las canas mezcladas en el cabello de Zee y las patas de gallo junto a sus ojos. Hasta entonces, Nunew lo había atribuido al estrés y al cigarro, dándole a Zee el beneficio de la duda respecto a su edad.

Aunque Zee definitivamente actuaba acorde a ella. Jugaba Solitaire durante sus descansos y tenía dificultades con Zoom de forma avergonzada desde que la oficina había comenzado a usarlo para reuniones.

No entendía la mayoría de las bromas del personal más joven, y cuando todos salían a beber, él pedía whisky en lugar de cócteles, si es que aceptaba ir.

—Preferiría tener las copias físicas —desvió Zee, y ah, otro de sus hábitos de viejo.

Nunew mordió el extremo de su bolígrafo, estirando las piernas frente a él.

—Ya no estamos haciendo copias físicas. Algo sobre ahorrar tinta, no sé. Todo está almacenado en línea.

—¿Quién lo dijo? —preguntó Zee como si Nunew estuviera mintiendo por alguna razón.

Nunew se encogió de hombros.

—El correo se lo reenviaron a todos.

—Imprímelos de todas formas, yo le avisaré a Net —descartó Zee. Se movió incómodo sobre sus pies, una señal de que quería huir de la conversación. Era seco con Nunew, pero siempre tenía esa expresión de venado atrapado por las luces que de alguna forma resultaba tierna.

—No voy a arriesgarme a que me llamen a la oficina porque no sabes usar una impresora —negó Nunew con la cabeza—. Solo haz clic en el documento y presiona imprimir. No diré nada, pero no voy a hacerlo yo.

La expresión de Zee fue de pura ofensa, aunque no intentó defenderse, lo que a Nunew le pareció divertido. Ayudaba a equilibrar lo irritante que podía llegar a ser, aunque sinceramente, simplemente le gustaba fastidiar a Zee.

A juzgar por su expresión, Nunew no se había equivocado al burlarse de sus habilidades con la impresora, lo cual era gracioso porque Zee llevaba trabajando en oficinas unos diez años, más o menos.

A pesar de lo arisco que era Zee, Nunew lo encontraba encantador a su manera. Aunque se comportaba como si tuviera un palo permanentemente metido por el culo, aun así se veía bien con esos trajes baratos de tienda de descuentos que usaba para trabajar.

Su cuerpo era lo bastante firme como para sugerir que se cuidaba, pero había suficiente edad reflejada en su rostro como para delatar que probablemente se tomaba uno o dos tragos después del trabajo cada noche.

No había cambiado la forma de peinarse en el año y medio que Nunew llevaba trabajando allí, lo cual era encantador a su manera y hacía que Nunew se preguntara cuánto tiempo le habría tomado decidir que ese era su estilo.

Le daba una cualidad atractiva y muy DILF, si Nunew quería expresarlo correctamente: peinado hacia atrás salvo por algunos mechones que le caían sobre el ojo, aunque Nunew sabía con certeza que no tenía hijos. Ni esposa, para el caso.

Naturalmente, la siguiente pregunta de Nunew habría sido si a Zee le gustaban los hombres, pero tras investigar un poco por la oficina descubrió que no. O al menos, si sí le gustaban, nunca había actuado en consecuencia. Lo cual era… bueno, lo que sea.

Las estadísticas sugerían que lo más probable era que no, y nunca había mirado a Nunew con nada que no fuera desprecio. Nunew nunca había intentado coquetearle, descartando a Zee como un snob adicto al trabajo que no valía la pena, aunque aun así se permitía apreciarlo.

Después de todo, era gratis.

Quizá le gustaban más las aventuras de una noche, aunque Nunew pensaba que Zee ya estaba un poco viejo para eso. Pero bueno, ¿quién era él para juzgar?

—Vuelve a enviarme el correo —decidió Zee. Se enderezó como si hubiera ganado cualquiera que fuese el intercambio que estaban teniendo. Nunew se encogió de hombros antes de asentir.

—Claro —aceptó. Luego, porque le gustaba ver a Zee incomodarse—. ¿Vas a venir a la cena del trabajo este fin de semana después del horario laboral?

Zee miró a Nunew como si le hubieran crecido tres cabezas.

—Poco probable.

¿Ni siquiera un por qué? Este tipo realmente era un idiota.

—¿Por qué no? —insistió Nunew—. Será divertido. Todo irá a la cuenta de la empresa. Habrá bebidas, karaoke, carne… Pareces alguien que disfrutaría una buena carne.

—No como carne roja —dijo Zee con brusquedad, tan rápido que Nunew llegó a preguntarse si era una mentira improvisada.

—Ofrecen otras cosas además de eso. ¿Muy ocupado recogiendo a los niños del fútbol o algo así?

La mirada de Zee fue fulminante. No dijo nada más antes de marcharse, aunque perdió intensidad porque su escritorio estaba apenas tres cubículos más allá.

Nunew siguió mirándolo durante otro minuto antes de finalmente volver a su computadora solo para hacer la interacción aún más incómoda para Zee. Si había algo en lo que podía ganar, era en eso.

Aunque Zee estuviera dispuesto a follar, probablemente sería insoportable en la cama.

Sin embargo, Nunew tenía que darle crédito a Zee, porque consiguió su venganza cuando Nunew recibió un correo pasivo-agresivo dirigido a toda la oficina una hora después, recordándoles a los empleados que debían abstenerse de “navegar en redes sociales durante el horario laboral”.

Idiota.

 

——— 

 

Zee cumplió su promesa de no asistir a la cena laboral después del horario de oficina, pero no logró escaparse de la fiesta de cumpleaños de otro compañero una semana después. Había pastel y vino, además de un puñado de decoraciones baratas de tienda de un dólar colgadas alrededor de la sala de descanso.

La Y de “Happy Birthday” empezaba a caerse, el plástico brillante agitándose cada vez que el ventilador giratorio apuntaba hacia ella.

Nunew estuvo más que feliz de tener una excusa para beber durante el horario laboral, sirviéndose un vaso plástico lleno de ponche con alcohol y una rebanada de pastel barato de supermercado. Se acercó a uno de sus compañeros mientras daba una mordida al glaseado arenoso. Demasiado dulce.

—Me sorprende que Zee siquiera haya venido —comentó Nunew, y First finalmente lo notó, siguiendo su mirada hacia donde Zee estaba parado solo en una esquina; decir que parecía incómodo sería quedarse corto.

Estaba picando unas almendras, y Nunew no las había visto en la mesa de snacks, así que seguramente las había traído de casa. Por supuesto.

—¿Qué iba a hacer? ¿Faltar al trabajo? —bromeó First, aunque Nunew pensó que Zee realmente lo consideraría—. No tiene más opción que venir, pero eso no significa que vaya a estar feliz por ello.

—No creo haberlo escuchado hablar con alguien aquí si no era para criticar —reflexionó Nunew, raspando un pegote de glaseado en forma de globo con el tenedor—. ¿Tiene amigos?

First se encogió de hombros.

—No lo creo. Creo que se lleva bastante bien con la secretaria, pero puede que sea unilateral. Ella está medio enamorada de él y Zee es demasiado despistado para darse cuenta.

—Está soltero, ¿no? —Nunew intentó no sonar demasiado curioso, pero First era exageradamente perceptivo y Nunew no era muy bueno siendo sutil.

—Ni se te ocurra —dijo First, dándole un empujón—. No está interesado, y creo que tiene problemas de cadera. Demasiado viejo para ti.

—Eso ya lo sé —respondió Nunew—. Me lo dejó bastante claro. Pero no hace daño curiosear. Quiero saber si necesito ponerme irracionalmente celoso.

—Que yo sepa, no —dijo First—. Nunca nadie le ha enviado flores ni regalos, aunque eso tampoco es tan raro para un hombre. Normalmente es al revés, así que… —hizo una pausa—. Honestamente, da la vibra de ser virgen.

Nunew soltó una risa, pero se puso serio cuando se dio cuenta de que First no estaba bromeando.

—Vamos, tiene cuarenta. No es virgen.

First levantó las manos en defensa.

—No mates al mensajero. Solo digo que actúa como uno. Como mínimo, no está cogiendo lo suficiente.

—¿Podemos no discutir la vida sexual de nuestros compañeros? —intervino una voz: su supervisor Tle, lo cual habría puesto nervioso a Nunew si no fueran amigos—. Déjenlo en paz.

—¿Es virgen? —preguntó Nunew como si Tle o cualquiera de ellos fuera a saberlo. Giró la cabeza al no obtener respuesta—. Están bromeando.

—Yo no dije nada —aclaró Tle.

—¿Cómo demonios sabes que es virgen?

Tle le hizo señas para que bajara la voz.

—Habla más bajo. No sé nada. Solo que… mira, una vez, en una conferencia de trabajo, me comentó estando borracho que nunca había salido realmente con nadie, y cuando le pregunté cuándo fue la última vez que se acostó con alguien se puso todo irritable y dijo que él no hacía esas cosas, así que no sé. Eso medio implica que es virgen, ¿no?

—No puede ser —susurró Nunew, mirando a Zee con una nueva luz.

No lo entendía porque, si Zee seguía siendo atractivo incluso ahora en su pequeña forma amargada, debía haber sido guapísimo en sus veinte a menos que hubiera tenido una transformación milagrosa en los últimos años.

Aunque eso tampoco parecía correcto, porque las facciones de Zee eran tan bonitas que incluso si jamás se hubiera cuidado seguiría sin tener problemas para acostarse con alguien. Debía tener una personalidad realmente horrible.

—Ni se te ocurra.

—Dios —gimió Nunew—. Eso es bastante sexy, ¿no? Díganme que no soy el único.

El silencio fue ensordecedor.

—¿Saben? Cuando enviaron esos módulos obligatorios sobre acoso sexual a todo el personal administrativo, no me prepararon para lidiar con situaciones como esta —dijo Tle—. ¿Puedes bajarle un poco? No tengo ganas de convertir esto en una conversación en mi oficina.

De cualquier otra persona, el comentario habría sido insultante, pero a Tle le había tomado muchísimo tiempo sentirse cómodo haciendo bromas así. A Nunew le gustaba el cambio.

—Es un virgen de cuarenta años —dijo Nunew, demasiado embobado para su propio bien—. Mierda, ahora lo necesito.

—Ni siquiera puede manejar que una mujer de su edad intente coquetearle descaradamente —dijo First, y Nunew sintió un poco de lástima por la secretaria divorciada dos veces que llevaba suspirando por Zee más tiempo del que Nunew había trabajado allí—. No va a saber qué hacer con un veinteañero atractivo intentando llevárselo a la cama. Cuando dijo que no tenía aventuras de una noche, me incliné a creerle.

Ese pensamiento también era agradable: un Zee nervioso y abrumado, sin saber cómo manejar los avances de Nunew.

—Sí —asintió Nunew, sin estar realmente escuchando. Tomó otro plato de papel con pastel de la mesa de snacks y se dirigió hacia Zee. Zee no lo soportaba, pero Nunew estaba bien con solo fantasear. No hacía daño coquetear un poco.

Zee se tensó antes incluso de que Nunew dijera algo, lo cual fue un poco desalentador, aunque no lo suficiente para apagarle el ánimo. Si las cosas se torcían, Nunew siempre podía redirigir la conversación para hacer parecer que solo había ido a molestarlo.

—¿No vas a comer pastel? —preguntó Nunew con total normalidad y sin segundas intenciones.

—Estoy reduciendo el azúcar —fue todo lo que dijo Zee. Mordió otra almendra, y el sonido crujiente hizo que Nunew hiciera una mueca.

—Vamos, está bueno —insistió Nunew. Realmente no lo estaba—. Se va a desperdiciar si no. Date un día de trampa.

La expresión de Zee fue de incredulidad, aunque bajó la mirada hacia la rebanada de pastel en la mano de Nunew. Quizá tenía un gusto secreto por lo dulce.

—¿Tampoco estás tomando? —insistió Nunew—. Tienen más cosas además de ponche.

—No me gusta beber en el trabajo —respondió Zee con sequedad.

Ah, este hombre sí que era difícil.

—Pero la jornada ya casi termina —replicó Nunew—. ¿Te preocupa hacer algo vergonzoso?

La mirada de Zee fue fulminante, pero no tuvo más remedio que tomar el trozo de pastel de las manos de Nunew porque prácticamente le estaba rozando el pecho. Sujetó el tenedor plástico con torpeza, como si no supiera qué hacer con él.

Debió decidir que comer le daba algo que hacer además de hablar con Nunew, porque tomó una mordida reacia.

—Gracias por delatarme por usar Twitter, por cierto —dijo Nunew. Se sentía atraído por Zee, pero eso no significaba que no fuera resentido—. Ahora la empresa está considerando instalar software para monitorear las páginas que visitamos durante el horario laboral.

—Las horas de trabajo deberían usarse para trabajar —se defendió Zee, aunque Nunew notó que estaba avergonzado por haber sido descubierto. Claramente no esperaba que sacara el tema.

—Si te preocupa cómo uso mi tiempo, puedes hablarlo conmigo directamente, P’ Zee —dijo Nunew.

Las mejillas de Zee se tiñeron de rosa ante el honorífico, evitando la mirada de Nunew.

—Intentemos ser amigos, al menos.

—Creo que soy demasiado viejo para que seamos amigos —dijo Zee, cortándolo de inmediato. Tomó otra pequeña mordida de pastel, con los hombros casi pegados a las orejas. El movimiento permitió que Nunew percibiera el aroma de su colonia: algo especiado y oscuro mezclado con su loción para después de afeitar.

Olía a hombre en el mejor sentido posible. Normalmente eso habría hecho pensar a Nunew en experiencia, el tipo de cosa que le debilitaba las rodillas porque le gustaba que cuidaran de él, pero la idea de que Zee fuera completamente inexperto resultaba sexy de una manera que Nunew no sabía que le gustaba hasta ahora.

—¿Qué tan viejo? —preguntó Nunew, no para ser un idiota sino simplemente porque quería escucharlo.

El rostro de Zee se ensombreció de todas formas.

—No te pongas a la defensiva. Te ves bien para tu edad —dijo Nunew despreocupadamente, y Zee pareció querer enterrarse bajo tierra. Debía ser un tema sensible—. Déjame traerte algo de beber.

No le dio tiempo a Zee para negarse antes de dirigirse hacia las bebidas y servirle una copa de vino. Nunew la llenó más de lo que debería.

Decidió que le gustaba cómo olía el alcohol en el aliento de Zee cuando aceptó el vino, relajándose ligeramente después de tomar un sorbo.

Claramente no le molestaba tanto beber en el trabajo porque siguió tomando pequeños sorbos junto a su pastel, mirando con anhelo a un grupo de compañeros conversando cerca del estéreo como si quisiera socializar, solo que no supiera cómo hacerlo.

—Deberías venir a hablar con nosotros —sugirió Nunew, dejando abierta la invitación.

Zee no mordió el anzuelo.

—Estoy bien así, Nunew.

Nunew se encogió de hombros y se rindió, aunque no dejó de notar cómo Zee fue por otra bebida, y luego una tercera durante la fiesta. Estaba demasiado compuesto como para mostrar señales de embriaguez, pero su piel adquirió un bonito rubor que no desapareció.

Su cabeza se llenó de fantasías sobre arrinconar a un Zee ligeramente borracho contra su escritorio y besarle el cuello, preguntándose si sus gemidos serían suaves y agudos o si seguirían siendo profundos como la voz que usaba en las reuniones.

Por ahora, esos pensamientos estaban destinados a quedarse entre él y su mano derecha porque Nunew no tuvo oportunidad de descubrir cuál de sus fantasías era cierta ese día. Aunque no había nada de malo en intentarlo.

 

——— 

 

Era como una visión salida de las fantasías más sucias de Nunew cuando entró a la oficina después del horario laboral y encontró a Zee todavía sentado en su escritorio, inclinado sobre una pila de papeles.

Nunew había terminado su parte la noche anterior, pero como Zee era menos hábil con la tecnología, le tomaba más tiempo cumplir con las fechas límite.

Zee debió escucharlo entrar, pero no levantó la vista, completamente concentrado en lo que escribía en su computadora. Nunew tarareó la canción que sonaba en sus audífonos para anunciar su presencia, quedándose detrás del escritorio de Zee.

—¿Todavía aquí? —señaló Nunew lo obvio, haciendo sonar las llaves en su mano. Se inclinó sobre el hombro de Zee y le quitó el mouse. Zee soltó un sonido de protesta. Tierno—. Ahí cometiste un error tipográfico. Solo digo.

Había subestimado lo irritable que estaba Zee a esas horas de la noche porque recibió un gruñido como respuesta.

—Nunew.

Eso no hizo nada para arruinar el buen humor de Nunew porque volvió a percibir el delicioso aroma de la colonia de Zee, aunque esta vez mezclado con sudor y café.

Zee estaba deliciosamente desarreglado, con sombra de barba cubriéndole el rostro y los dos primeros botones de la camisa desabrochados, el tipo de descuido que jamás mostraba frente a sus compañeros. Nunew se preguntó si se vería así en casa.

Quizá Zee tenía una pequeña oficina en su apartamento donde pasaba horas sentado en su escritorio. Nunew soñó con inclinarlo sobre él.

Por curiosidad, miró dentro de la taza de Zee y vio café negro. No le sorprendió descubrir que lo tomaba así.

—¿Cuánto tiempo llevas aquí? —preguntó Nunew—. ¿No tienes a alguien esperándote en casa?

—Necesito terminar esto —dijo Zee. Parecía prácticamente un zombi, con los ojos vacíos y enrojecidos, y realmente el agotamiento no debería verse tan sexy, pero Nunew tenía debilidad por los hombres patéticos.

—¿Necesitas ayuda? —ofreció Nunew. Solo había ido para dejar unos documentos que accidentalmente se había llevado a casa, sin intención de quedarse más de unos minutos. Pero eso era negociable—. Debes estar cansado.

Zee ciertamente parecía cansado. Entre todo el estrés por el proyecto, había descuidado afeitarse, y ahora una atractiva capa de barba comenzaba a cubrirle el mentón. Nunew se preguntó cómo se sentiría contra su piel si se besaban. Delicioso.

Las ojeras oscuras eran un poco menos sexys, pero solo añadían más a esa estética de hombre de mediana edad sobretrabajado y en crisis que tenía.

—Tengo algo que podría ayudar —propuso Nunew. Sacó una pequeña botella de su bolso y la agitó frente al rostro de Zee. Eso sí captó su atención.

—¿Trajiste alcohol al trabajo?

Por la forma en que lo preguntó, actuaba como si Nunew acabara de confesar un asesinato.

Nunew soltó una risa nasal.

—En realidad iba a usarlo para entrar en ambiente porque pensaba ir a un bar después de esto. Pero soy lo bastante amable para compartir.

El suspiro de Zee sonó derrotado, aunque resultaba bastante sexy cuando intentaba comportarse como un adulto responsable con Nunew. Era como un instinto en hombres como él.

—Las cámaras te verán bebiendo. No puedes hacer eso aquí.

—Di que te presioné para hacerlo —sugirió Nunew. Arrastró una silla hasta quedar junto a Zee y se dejó caer en ella—. Ve a Recursos Humanos y haz un caso de ello. Vamos, te ves fatal.

Tomando la iniciativa, Nunew bebió primero de la botella antes de ofrecérsela a Zee. Hubo un momento de duda, pero Zee bebió. Sus ojos temblaron ligeramente mientras exhalaba con fuerza, y Nunew se dio cuenta de cuánto estrés debía estar cargando realmente.

Aun así, bebió como si fuera ácido, quizá porque pertenecía a Nunew, devolviéndosela rápidamente cuando terminó. Se limpió las manos en los costados del pantalón con nerviosismo, como en una escena de película de adolescentes, donde el protagonista cede a la presión social para beber.

—Vas a meterme en problemas —rió Zee suavemente, aunque sin verdadero humor. Aun así, una victoria era una victoria.

—¿Como tú me metiste en problemas a mí? —bromeó Nunew—. Llevas diez años aquí. Va a necesitarse algo más grande que eso para despedirte.

—No soy tan indispensable para la empresa —dijo Zee, peligrosamente cerca de sonar vulnerable. Hizo una mueca, posiblemente por el recordatorio de cuánto tiempo llevaba trabajando allí. Nunew intentó otra táctica para suavizarlo.

—¿En qué parte del proyecto estás? Probablemente pueda encontrar una forma más rápida de hacerlo en Excel —dijo Nunew. Se acercó hasta que sus piernas se tocaron, y Zee se apartó como si se hubiera quemado. Nunew intentó no dejar que eso le afectara.

—No necesito recordatorios de que eres mejor que yo en estas cosas —dijo Zee con amargura, limpiándose la boca con la manga. La camisa se le pegaba al estómago por cómo estaba sentado, y Nunew quedó maravillado por lo suave que parecía debajo de la dureza de sus hombros.

Su erección dio un pequeño tirón al pensar en verlo desnudo.

—No es tu culpa ser viejo.

Arrastró el teclado de Zee más cerca, adorando cómo olía el alcohol en el aliento de Zee cuando hablaba. Lo había puesto ligeramente ebrio en la fiesta, pero ahora se preguntaba si algún día podría emborracharlo de verdad.

No porque pensara hacer algo si eso ocurría. Solo tenía curiosidad.

—Es natural.

La boca de Zee se torció.

—¿Natural que sea malo en estas cosas?

Nunew asintió.

—Sí. ¿Y qué?

Cuando Zee exhaló, sonó tembloroso.

—No necesito tu ayuda, Nunew.

—Lo sé, pero la estoy ofreciendo.

Sus muslos volvieron a tocarse, y Nunew fue demasiado consciente del calor del cuerpo de Zee.

—Es parte de tener un ambiente laboral amistoso.

—Realmente no necesitamos intentar ser amigos.

Nunew recuperó la botella, un cosquilleo extendiéndose por su vientre cuando apoyó los labios en la boquilla de donde Zee acababa de beber. No sabía a nada, pero aun así lo excitaba imaginar el beso indirecto.

Zee parecía un poco aturdido cuando Nunew le ofreció otro trago.

—Quizá solo me gusta presumir. ¿Lo has pensado alguna vez? Deberías intentarlo tú también. Puede que Tle te reconozca por eso.

La expresión de Zee fue de shock, lo cual le quedaba muy bien. Buscó una respuesta, pero Nunew no le dio tiempo antes de interrumpirlo.

—Mira, puedo agregar un script aquí que automatice lo que llevas haciendo manualmente durante horas. Jesús, Zee, ¿no pensaste en buscar en Google si había una forma más fácil de hacer esto?

Zee se puso rígido.

—No habría tardado mucho más haciéndolo manualmente. Me gusta asegurarme de que no haya errores.

—Es mucho más probable que la cagues haciéndolo tú mismo —murmuró Nunew—. Así fue como terminaste cometiendo un error tipográfico.

—¿De verdad necesitas estar aquí a esta hora? —desvió Zee el tema.

—Ah, P’Zee —suspiró Nunew. Sentándose mejor, presionó el muslo más firmemente contra el de Zee. Era agradable—. No necesitas preocuparte por mí.

Zee se tragó la negación, probablemente dándose cuenta de que decir que no le preocupaba Nunew cruzaría una línea que ni siquiera él estaba dispuesto a atravesar. Eso lo obligó a dejar el tema ahí, removiéndose incómodo. Nunew tuvo la amabilidad de ocultar su diversión.

El trabajo no debía tomar más de una hora, aunque si Nunew no hubiera aparecido, no creía que Zee hubiera tenido tiempo de ir a casa y dormir siquiera. Sintió un poco de lástima al imaginarlo haciendo todo aquello manualmente.

Por más divertido que fuera burlarse de Zee por estar atrasado con las computadoras, el hombre trabajaba muchísimo más duro de lo necesario.

Zee empezó a verse desenfocado cuando Nunew ya estaba casi terminando, abandonando por completo su hoja de cálculo mientras dejaba que Nunew tomara el control.

Jugó con el borde de su cuello como si le apretara demasiado alrededor del cuello, respirando más fuerte. Tenía la boca entreabierta, pero no parecía darse cuenta.

Desabróchate un poco más la camisa, sugirió inútilmente la mente de Nunew.

—¿Ya cenaste? —preguntó Nunew, sus sentidos captando el cambio como un tiburón oliendo sangre. Realmente no pensaba intentar nada con Zee, no cuando estaba intoxicado, aunque fuera solo un poco. Pero sí pensaba presionar algunos botones.

Zee negó con la cabeza.

—Almorcé hace unas horas. Comeré cuando llegue a casa.

Otra vez, Nunew pensó que Zee parecía el tipo de persona que disfrutaría una buena carne. Le gustaría invitarlo a cenar algún día.

—Podrías haber pedido comida aquí. No tienes que morirte de hambre.

—¿Cómo habría hecho eso? —Zee pareció genuinamente confundido, y Nunew llegó a preguntarse si Zee siquiera sabía que existían las aplicaciones de delivery. Por mucho que bromeara sobre su edad, realmente no era tan viejo, así que esto era demasiado, incluso para él.

—Podríamos ir a comer algo después de esto —dijo Nunew, tanteando el terreno. Nunca había pensado realmente en invitar a Zee a una cita, pero empezaba a gustarle la idea—. Algo grasoso como recompensa. Conozco algunos lugares que abren hasta tarde.

Nunew se puso de pie, dejando que Zee recuperara el teclado y el mouse. Realmente no quedaba mucho por hacer. El código de Excel ya estaba funcionando solo.

Eso se lo dejó a Zee para que lo resolviera.

Aprovechando la distracción de Zee, Nunew se colocó detrás de su silla y apoyó las manos sobre sus hombros. Predeciblemente, Zee se tensó, pero no apartó a Nunew de encima.

—Eso sería inapropiado.

El tono mordaz de Zee sonó casi paternal, y a Nunew le gustó más de lo que debería. Con suavidad, hundió las palmas en los músculos tensos de sus hombros, comenzando a deshacer la rigidez.

La cabeza de Zee cayó hacia adelante, dejando expuesto su cuello cubierto de pequeñas gotas de sudor. Debía estar realmente agotado.

—No eres mi jefe —rió Nunew—. ¿Es inapropiado que dos compañeros de trabajo vayan a cenar?

Zee no respondió, pero permitió que Nunew continuara, soltando pequeñas respiraciones apenas audibles. Si la oficina no hubiera estado completamente vacía a esa hora, Nunew jamás habría podido escucharlas.

Y sinceramente, un gesto como ese no era nada sutil, así que Nunew lo atribuyó a que Zee nunca había sido coqueteado por otro hombre antes; de lo contrario, jamás habría ignorado las señales que Nunew le estaba enviando. De alguna manera, eso lo hacía aún más atractivo.

—En cuanto a nuestros puestos, somos iguales —señaló Nunew—. Así que deberías mostrarme un poco más de respeto. Tienes suerte de que no me moleste —bajó el rostro junto a la oreja de Zee, enfatizando sus palabras al presionar los dedos con más fuerza.

La recompensa fue un precioso gemido ahogado entre dientes apretados.

Nunew sabía por experiencia que el contacto físico se sentía increíblemente mejor después de unos tragos, así que Zee debía sentirse agradablemente aturdido a esas alturas.

Su cuerpo se movía con la fuerza del masaje de Nunew, que era un poco más agresivo de lo necesario. Aun así, no parecía hacerlo menos satisfactorio.

—¿Cuándo fue la última vez que saliste e hiciste algo divertido? —preguntó Nunew.

Deslizó la mano por la nuca de Zee, notando cómo los escalofríos seguían el recorrido de sus dedos. A Zee le gustaba.

Zee tarareó suavemente.

—Realmente no salgo mucho.

Nunew lo provocó.

—¿Ni citas?

—No tengo tiempo para citas.

—Si no es ahora, ¿cuándo será? —preguntó Nunew. Sus manos descendieron un poco más, colándose bajo el cuello de la camisa de Zee. Empezaba a creerle a Tle cuando decía que Zee era virgen.

Perdón, posiblemente virgen.

Zee estaba tan falto de contacto físico que resultaba alarmante.

—¿El próximo año? ¿Dentro de diez años? Si te ascienden, tendrás todavía menos tiempo del que tienes ahora.

—Ya basta —intentó decir Zee, aunque sonó más como un suspiro.

Cuando Nunew presionó exactamente sobre un nudo en su espalda, el siguiente sonido que salió de Zee fue más parecido a un gemido.

Oh.

Así que sus gemidos eran agudos.

Nunew guardó cuidadosamente esa información para futuras referencias.

Volviéndose más atrevido, movió la otra mano hacia el pecho de Zee, guiándolo hacia atrás contra su palma. A pesar de su resistencia inicial, Zee terminó relajándose y finalmente cerró los ojos.

—La empresa cubre un masaje gratis al año. Pensé que te gustaría saberlo —comentó Nunew. El cabello de Zee le rozó la mejilla cuando volvió a presionar sobre su columna para deshacer otro nudo—. Cuando envejeces, tienes que cuidar más tus músculos.

—No soy tan viejo —se quejó Zee, aunque el rubor avergonzado le quedaba precioso.

En otra vida, Nunew podía masajear a Zee después del trabajo todas las noches, cuidando de su sexy esposo de cabello sal y pimienta, sirviéndole una bebida y preguntándole cómo había ido su día.

Era un pensamiento agradable, aunque completamente irreal. Ya era suficientemente fantasioso imaginar follarlo.

—No me gusta que extraños me toquen —añadió Zee frunciendo el ceño. Abrió los ojos, aunque seguían entrecerrados, las largas pestañas proyectando sombras sobre sus mejillas—. Los efectos son psicológicos, no biológicos, de todas formas.

—¿La psicología no es una forma de biología? —cuestionó Nunew—. Si funciona, funciona.

Zee respondió con otro suspiro. Sus labios estaban húmedos por el alcohol, perfectos para ser besados, y entonces Nunew notó que ya había terminado casi toda la mini botella.

Dios, ¿qué tan miserable era este hombre?

Nunew sostuvo un lado del cuello de Zee, encontrando más sudor bajo sus dedos mientras acomodaba los pequeños cabellos erizados por el contacto. Resistió el impulso de hundir la nariz en su piel e inhalar porque eso sí sería raro.

Zee era deliciosamente firme por todas partes, el equilibrio perfecto entre suavidad y solidez. Estaba menos tenso ahora, aunque Nunew no sabía cuánto podía atribuirse al alcohol, pero le gustaba que Zee estuviera menos abiertamente hostil.

Zee parecía conforme con dejar que Nunew hiciera lo que quisiera.

—Mi oferta para cenar sigue en pie —le recordó Nunew, preguntándose cuáles serían las zonas erógenas de Zee. Seguía sin intentar llegar a nada con eso; sabía que Zee ni siquiera aceptaría la invitación para cenar pero estaba siendo indulgente consigo mismo, esperando que Zee alimentara su pequeña e inocente fantasía.

Detrás de las orejas siempre había sido un punto sensible para Nunew, así que lo probó con Zee rozando la piel de esa zona con los dedos. Fue recompensado de inmediato con un delicioso estremecimiento.

—No, gracias, Nunew. En serio.

Pero sonaba completamente ido.

Su espalda empezaba a arquearse contra la silla, y Nunew alcanzó a ver un destello de lengua húmeda.

—Está bien —cedió Nunew. Dejó de torturarlo y apartó las manos. Zee prácticamente se desplomó sobre el escritorio, completamente flácido—. Te dejaré terminar —omitió el hecho de que ya no quedaba nada por hacer. Zee podía descubrirlo por sí solo—. Buenas noches.

Se detuvo para tocar el nudo de la corbata de Zee, que empezaba a aflojarse, acomodándola para que volviera a quedar ajustada contra su cuello. Nunew no tuvo intención de tirar de ella, pero la presión debió despertar algo en Zee porque sus manos subieron rápidamente para rodear la muñeca de Nunew mientras tragaba saliva con dificultad.

Nunew tardó demasiado en soltarse, sintiendo cada segundo del movimiento.

Zee no respondió, y Nunew no se ofendió por ello mientras volvía a enroscar la tapa de la botella y la guardaba en el bolso. Lanzó la carpeta que había traído sobre el escritorio de Tle y giró sobre sus talones.

—Nos vemos mañana —dijo, cortando la voz de Zee cuando la puerta se cerró de golpe detrás de él.

 

——— 

 

—¿Puedes decirme por qué Zee ha estado caminando por la oficina como si hubiera visto un fantasma? —le preguntó Tle. Sonaba severo, pero principalmente escandalizado.

Nunew mordisqueó la punta de un regaliz, girándolo entre los dedos.

—¿Qué quieres decir?

—Le pregunté si habías pasado por la oficina y se puso nervioso. No podía mirarme a los ojos. —Tle bajó la voz—. ¿De verdad te acostaste con él?

Su expresión parecía dolorida.

Nunew consideró mentir solo para ver la reacción de Tle.

—No, solo lo ayudé con sus hojas de cálculo. ¿Por qué? ¿Se sonrojó?

—No, pero parecía querer enterrarse bajo tierra —dijo Tle—. ¿Esto cuenta como acoso sexual? ¿Necesito intervenir?

—Sí —suspiró Nunew—. Consígueme su número.

—Contrólate.

—Lo estoy intentando —insistió Nunew, aunque ni siquiera trataba de ocultar cómo miraba fijamente en dirección a Zee—. ¿Crees que sabe que hoy es San Valentín?

Tle hizo una pausa.

—Enviamos un correo recordando a la oficina qué tipo de regalos son apropiados, así que supongo que sí.

Nunew negó con la cabeza.

—No sabe abrir un correo.

—Te aseguro que sí sabe.

Zee todavía no estaba en su escritorio, sino junto a la máquina de café sosteniendo un sobre de azúcar como si estuviera evaluando los riesgos de echarlo en su bebida.

Era la cosa más estúpida del mundo por la cual sentirse inseguro, pero aun así tardó otro minuto antes de finalmente decidirse a vaciar el azúcar en la taza (sin crema, por supuesto) y regresar con ella a su escritorio.

Nunew agitó una bolsa de chocolates frente a Tle con una sonrisa descarada antes de levantarse y seguir a Zee hasta su cubículo. Lo único que recibió cuando Zee lo notó fue cautela.

—¿Harás algo por San Valentín, Zee? —preguntó Nunew, apoyándose contra el costado del cubículo.

—No —respondió Zee, siempre tan conversador.

Intentó parecer ocupado abriendo el portal de la oficina para marcar entrada. Nunew observó cómo escribía usando solo dos dedos.

—A Mavery le gustas —le recordó Nunew como si toda la oficina no lo supiera ya—. Le habrían gustado unos chocolates tuyos.

—¿La secretaria? Solo es amable —negó Zee, sonando desinteresado.

—Toma —dijo Nunew, extendiéndole la pequeña bolsa de chocolates.

Eso sí captó la atención de Zee.

Aun así, no los tomó, dejando a Nunew sosteniéndolos en el aire como un idiota.

—¿Qué es esto?

—Chocolate —respondió Nunew con sarcasmo.

Al ver que Zee no iba a hacerlo por sí mismo, abrió un pequeño agujero en la bolsa y sacó uno de los chocolates envueltos en papel metálico.

—Tómalo.

Las cejas de Zee se fruncieron. Para su crédito, parecía genuinamente confundido.

—¿Para Mavery?

—Sí, estoy haciendo de cupido dándote chocolates para que tú se los des a ella —respondió Nunew sarcásticamente—. No, son para ti. Tómalos, tómalos, tómalos.

—No estoy solo, Nunew —se defendió Zee, aunque Nunew realmente no le creyó. Se había visto bastante triste y miserable hace un momento junto a la máquina de café.

Las líneas junto a su boca parecían más marcadas hoy, y no tenía aspecto de haber dormido en absoluto. Necesitaba chocolate.

Nunew desenvolvió el chocolate por él, dejando caer el papel arrugado sobre el escritorio. Zee lo agarró enseguida y lo lanzó al basurero. Maniático del orden.

Nunew sostuvo el chocolate frente a la boca de Zee, esperando a que la abriera.

—Me estás avergonzando —suplicó Zee, mirando alrededor para comprobar si alguien los observaba. Al parecer, nadie lo hacía, pero Nunew sabía que Tle probablemente estaba ahorcándose a él mismo en su oficina—. Esto es inapropiado.

Era la frase favorita de Zee. Si fuera un personaje de Mortal Kombat, eso sería lo que diría al inicio de cada pelea.

Nunew puso los ojos en blanco.

—Es solo chocolate. ¿Nunca te habían regalado uno?

El silencio de Zee dijo absolutamente todo.

—Oh —susurró Nunew. Le gustaba la idea de ser el primero de Zee. Le gustaba muchísimo—. Me consideraré honrado.

Finalmente, Zee abrió la boca para dejar que Nunew le diera el chocolate, aunque no sin sonrojarse hasta el cuello.

Lo tomó suavemente entre los dientes, con delicadeza, como si no supiera qué hacer consigo mismo mientras jugueteaba nerviosamente con el borde de sus pantalones. Nunew tuvo una hermosa vista de sus pestañas y de las pequeñas pecas dispersas sobre sus mejillas.

Zee era tan torpe que resultaba imposible no encontrarlo encantador. Incluso convertía algo tan simple como comer chocolate en toda una odisea, claramente sobrepensando la forma en que masticaba y tragaba.

Qué absoluto sueño.

Nunew deseó poder alimentarlo todos los días.

—¿Ya terminaste? —espetó Zee, aunque sin verdadera agresividad.

Sus ojos se desviaron hacia la boca de Nunew antes de apartarse rápidamente. Y, como si quisiera tentarlo aún más sin darse cuenta, Zee se lamió los labios, dejándolos rosados y brillantes.

Nunew quiso besarlo tanto que sintió que podría morir.

—Sí —Nunew dejó el resto de los chocolates con Zee, intentando no pensar en lo cerca que sus dedos habían estado de sus labios—. Feliz San Valentín, P’Zee. Espero que puedas pasarlo con alguien especial hoy.

—Estás enfermo —susurró First a Nunew cuando pasó junto a su escritorio de camino a su cubículo.

—Le gustaron —se encogió de hombros Nunew, ofreciéndole una sonrisa inocente. Secretamente, estaba complacido.

Zee no levantó la vista de su escritorio durante el resto de la jornada. Y para alegría de Nunew, los chocolates habían desaparecido para cuando Zee abandonó la oficina.

 

——— 

 

—Cometiste un error con los números aquí —dijo Zee, acercándose al escritorio de Nunew. Pareció perder la confianza a mitad de camino; sus manos quedaron flotando torpemente a los costados antes de deslizar los papeles sobre el teclado de Nunew.

El peso de la pila presionó la tecla E, llenando el documento de Nunew con cientos de letras antes de que pudiera detenerlo.

Nunew frunció el ceño, demasiado confundido por un instante como para soltar algún comentario sarcástico.

—¿Dónde?

—No cuadran —dijo Zee, negando con la cabeza.

—Sí cuadran —insistió Nunew, aunque de todas formas revisó la parte que Zee había marcado—. Ah, olvídalo, tienes razón.

—Si Tle viera eso estaría furioso.

—¿Desde cuándo te preocupa que me meta en problemas? —murmuró Nunew—. Estás irritable hoy. Ve a tomar un descanso para fumar. Te acompaño.

—No te vuelvas demasiado dependiente de los scripts para hacer todo tu trabajo —reprendió Zee.

Nunew notó que se veía atractivo cuando estaba molesto, aunque no tuviera la confianza suficiente para realmente regañarlo. Era más bien como si lo estuviera fastidiando, y a Nunew medio le gustaba eso.

—Por eso hacer las cosas a mano es mejor.

—Mi experiencia en Excel es parte de por qué me contrataron —replicó Nunew—. No está de moda ser anti tecnología. Además, hice estos números a mano. Tenía una calculadora y todo.

Zee no tuvo nada que responder a eso. Lo único que faltaba en la escena era que cruzara los brazos sobre el pecho para combinar con el sexy ceño fruncido que llevaba puesto. Para alguien que había recibido un masaje gratis de parte de Nunew, era bastante mal agradecido.

—¿Vas a ir a la cena del trabajo esta noche? —preguntó Nunew, cambiando el tono por uno más ligero y amistoso. Era su versión de una tregua.

—Tengo planes —dijo Zee—. No es obligatorio.

—¿Planes haciendo qué? —insistió Nunew, solo para atraparlo en la mentira. Había aprendido que Zee era un pésimo mentiroso y aprovechaba cada oportunidad para explotarlo.

—No creo que eso sea asunto tuyo.

—Por cierto, sí es obligatorio —añadió Nunew—. Si lo que te preocupa es la ira de Tle, quizá deberías venir a esta cena.

Zee consideró eso, probablemente evaluando si debía intentar descubrir si Nunew estaba mintiendo.

Nunew no mentía, pero Zee parecía pensar que todo lo que salía de su boca era para fastidiarlo.

—Estoy seguro de que tus planes son flexibles —dijo Nunew—. Siempre puedes ver la repetición de Jerry Springer cuando termine.

—Corrige los errores antes de que termine el día —espetó Zee, aunque salió huyendo con la cola entre las piernas. Nunew decidió tomar eso como una victoria, por pequeña que fuera.

Tierno.

 

——— 

 

Zee todavía conseguía verse rígido incluso arreglado para la cena. Para su crédito, estaba casi demasiado elegante, combinando un buen blazer con pantalones oscuros y un reloj dorado.

Nunew se preguntó cómo demonios había podido costearlo porque, con el sueldo que tenían, él seguía cenando sopa instantánea la mayoría de las noches. Quizá había sido un regalo.

Nunew encontró a Zee afuera del restaurante fumando un cigarrillo, con la otra mano metida en el bolsillo mientras miraba el suelo, perfectamente angustiado. No notó que Nunew se acercaba hasta que este le dio un pequeño golpe con el brazo.

—Vas a llegar tarde —dijo Nunew.

Era difícil concentrarse cuando Zee levantó la mirada hacia él, desprevenido por lo bonito que se veía cuando no estaba medio dormido entrando a la oficina con un termo de café.

Esa noche se veía maduro y distinguido, con apenas suficientes rastros de inseguridad como para seguir siendo patéticamente atractivo. Era como si Zee estuviera atrapado en un estado perpetuo de no saber nunca qué hacer consigo mismo, y Nunew podía trabajar con eso.

—Son las siete cincuenta y ocho —señaló Zee. Ni siquiera necesitó mirar el reloj, lo que le dijo a Nunew que había estado contando los minutos.

—Se necesitan dos minutos para sentarse y acomodarse en la mesa.

Zee no intentó ponerse terco esta vez, aunque era pésimo ocultando lo nervioso que estaba cuando se unió a Nunew en la mesa, saludando en voz baja a sus compañeros. Fue directo a la servilleta envuelta alrededor de los cubiertos y empezó a jugar con ella, el vicio favorito de la gente ansiosa.

Nunew no tenía interés alguno en la reunión en sí, y era evidente que Zee tampoco, aunque por razones distintas. Tle pasó rápidamente por su discurso sobre las ventas trimestrales, mucho más entusiasmado por pedir bebidas y entradas para la mesa, así que al menos ellos tenían eso en común.

Nunew comenzó a idear mentalmente una forma de arrastrar a Zee hasta el bar para poder hablar con él sin filtros porque no había forma alguna de que hablara delante de su jefe.

Era el tipo de trabajo donde nadie estaba ahí porque quisiera estar. El sueldo era una mierda, las horas eran una mierda y el único incentivo de todos era poder pagar el alquiler, incluso entre los supervisores. Tampoco había mucho espacio para ascender, lo que explicaba por qué Zee llevaba tanto tiempo estancado con el mismo salario que Nunew.

Era deprimente, aunque también eliminaba esa felicidad forzada que Nunew había visto en otros trabajos donde todos actuaban como si fuera un honor trabajar para la empresa.

Zee se replegó sobre sí mismo, hablando solo cuando alguien le dirigía la palabra y jugueteando con el reloj de su muñeca. Movía las rodillas hacia adentro y afuera (otro hábito nervioso), y luego volvía a pellizcar el borde de la servilleta entre sorbos de agua.

Cuando repartieron los menús, actuó como si tuviera miedo de tardar demasiado decidiendo qué quería, murmurando rápidamente el nombre de un vino tinto al camarero, aparentemente olvidando que también tenía que comer. Nunew fue lo bastante amable como para pedir una entrada extra por él.

Zee la aceptó, quizá sin darse cuenta de que la había pedido Nunew. Nunew pidió una pasta para sí mismo y estaba bien, aunque nada especial, así que centró su atención en la cerveza.

—Oye —susurró Nunew junto a la oreja de Zee cuando ya se cansó de verlo hundirse en silencio—. Voy a subir al bar. ¿Quieres venir conmigo?

—¿Por qué? —fue lo primero que salió de la boca de Zee, como si Nunew tuviera alguna intención terrible y secreta.

—Porque ahí está la iluminación bonita. Pero puedes quedarte aquí intentando hacer charla con los ejecutivos si eso prefieres.

Zee palideció un poco. Era como si estuviera eligiendo entre dos tipos distintos de muerte antes de decidir que una hora con Nunew era el mejor destino y empujar su silla para levantarse.

La pata quedó atrapada en la alfombra, haciéndolo tropezar, y Nunew aprovechó para agarrarlo del brazo. Solo para que no se cayera, obviamente.

—¿Ya estás borracho? —se burló Nunew—. Odio las cenas de empresa, pero no tanto.

—Ya basta —siseó Zee. Si no estuviera tan oscuro, Nunew estaba seguro de que lo vería sonrojarse.

—Está bien, todos terminan terriblemente borrachos en estas cosas —lo tranquilizó Nunew—. Yo también me emborracharé si tú lo haces.

—No estoy borracho, la silla se enganchó en la alfombra.

—Entonces quizá fue tu espalda molestándote otra vez.

Nunew pidió dos rondas de tequila antes de que Zee pudiera protestar, diciéndole al bartender que las cargara a la cuenta de la empresa.

No pidió ningún acompañamiento, pero Zee bebió el suyo sin demasiada vacilación, aunque la mueca que hizo dejó claro que definitivamente no tenía suficiente experiencia para semejante valentía.

—Whoa, ¿semana difícil? —preguntó Nunew, genuinamente preocupado ahora.

Zee asintió. Pasó al segundo shot, y si no tenía cuidado acabaría mareándose. O eso, o tenía más tolerancia de la que Nunew pensaba.

—No tienes idea.

—Quiero decir, trabajamos en la misma oficina y en los mismos proyectos.

—Eres joven, es diferente.

Oh. ¿Ya era momento de la charla sentimental de bar? Nunew había pensado que faltaba al menos una hora para llegar ahí.

Jugó con el borde de su vaso de shot. Las luces se veían hermosas sobre el rostro de Zee, quitándole diez años de encima. No es que hubiera mucho que quitar.

—¿Lo es? No es como si tuvieras una esposa infeliz y un par de niños demandantes esperándote en casa.

—Cuando te mudes de la casa de tus padres lo entenderás —dijo Zee.

Se tomó el tercer shot, la garganta moviéndose mientras tragaba. Se había afeitado la barba del mentón y Nunew lamentó la pérdida. Incluso consideró hacerle un pequeño funeral y todo.

Nunew soltó una risa.

—Me mudé hace años. No soy un niño, Zee, tengo veinticinco. Ahora dime quién está exagerando con la edad.

Zee resopló indignado.

—Pareces más joven.

—Lo tomaré como un cumplido —dijo Nunew, inclinándose sobre los codos y entrando poco a poco en el espacio personal de Zee. Estaba feliz de haber elegido sentarse en el bar. El ambiente era cálido e íntimo, y si Zee seguía bebiendo así terminaría abriéndose todavía más—. Te devolveré el cumplido. Te ves absurdamente bien para tu edad, al punto de que me resulta ligeramente irritante. ¿Cuál es tu rutina de skincare?

—No tengo ninguna —dijo Zee negando con la cabeza—. No sé nada de eso.

—¿No? —Nunew hizo saltar una gota de condensación de la barra. Zee se estremeció—. ¿Ninguna exnovia te regaló pasivo-agresivamente un set de skincare para Navidad?

—Nunca he tenido u… —Zee se detuvo a sí mismo. Sus mejillas adquirieron un precioso tono rojo oscuro antes de continuar—. No.

—¿Nunca has tenido una qué? —susurró Nunew, queriendo escuchar el final de esa frase.

Sabía perfectamente lo que Zee iba a decir.

Nunca había tenido una novia.

—Nunew.

—¿Entonces un novio? —preguntó Nunew con falsa inocencia, incluso pestañeando exageradamente.

—No —tosió Zee—. Nada de malo en eso, simplemente nunca me interesó.

Nunew sintió que si presionaba demasiado tan temprano en la noche, Zee se cerraría por completo.

Mientras tanto, terminó sus propios shots, dándole tiempo a Zee para empezar a sentir el efecto del alcohol antes de volver a intentarlo.

—Por cierto, no tiene nada de raro —añadió Nunew mirando de reojo el perfil de Zee. Zee se negaba rotundamente a hacer contacto visual—. Lo de no salir con nadie, digo. La vida se atraviesa, pasan cosas. Yo tampoco he tenido una relación seria realmente, aparte de algunos casi algo en la universidad. Es de las primeras cosas que dejamos de lado cuando todo empieza a ponerse difícil.

—No necesitas sentir lástima por mí —dijo Zee con amargura.

Miró el shot de Nunew como si lo quisiera, pero Nunew no estaba intentando emborracharlo hasta perder el sentido, así que no se lo ofreció. Un Zee ligeramente ebrio sería lindo. Uno completamente borracho probablemente no tanto. Además, todavía tenían trabajo al día siguiente.

—¿Quién dijo que siento lástima por ti? —rió Nunew, aunque amistosamente—. Claramente es una decisión que tomaste. Podrías haber tenido fácilmente a casi cualquiera… y no lo digo para inflarte el ego ni nada.

La postura de Zee se volvió fría, encogiéndose sobre sí mismo.

—No lo es.

Nunew parpadeó confundido.

—¿No es qué?

—No es… una decisión —dijo Zee, haciendo una mueca ante la confesión—. Me gustaría tener una relación, simplemente nunca ha funcionado con nadie.

Okay. El cerebro de Nunew empezó a buscar desesperadamente una manera de manejar aquella repentina vulnerabilidad.

—¿Cómo es eso posible? Mavery habría dicho que sí…

—He tenido citas —se corrigió Zee—. Pero la gente pierde el interés después de la primera o segunda. No soy muy sociable y no sé cómo iniciar o manejar la intimidad.

—Incluso los peores perdedores encuentran a alguien —dijo Nunew—. ¿Qué haces? ¿Te escapas sin pagar y luego los ghosteas?

—¿De verdad era necesario decir eso? —espetó Zee.

Ouch. Tema sensible, claramente.

Aunque seguía provocando algo dentro de Nunew ver a Zee así de deprimido y abierto. Los hombres miserables de mediana edad simplemente eran su debilidad, supuso.

—¿Entonces tus estándares son absurdamente altos?

Zee negó con la cabeza.

—No tengo suficiente experiencia como para tener un tipo, y ese es el problema: la falta de experiencia. A mi edad, no saber qué hacer me detiene. Cuando sales con mujeres, esperan que tengas alguna idea de lo que haces, pero yo no tengo la menor.

Conmigo no la necesitas, pensó Nunew mientras el corazón le latía más rápido. Estaba completamente enamorado.

—No a todo el mundo le molesta la inexperiencia —señaló Nunew—. A algunas personas les gusta.

—Creo que a estas alturas —dijo Zee, deteniéndose a mitad de la frase para pensar—, ya me desanimé un poco con todo eso, así que me he enfocado más en el trabajo. Dejé de pensar en ello en su mayor parte. Ya no es tan importante para mí.

—Dices que quieres una relación, pero luego dices que ya no es importante para ti. ¿Cuál de las dos?

Zee parecía un pañuelo mojado y arrugado.

—Ambas, supongo. Todavía me gustaría salir con alguien, pero es difícil lamentar algo que nunca has tenido, de cierta forma. Es fácil concentrarse en otras cosas.

Y cuando Nunew miró a Zee, miserable y despistado, pensó que sería más fácil de lo que imaginaba conquistarlo. Era casi deprimente verlo: encorvado y absorbido en su propia autocompasión.

Nunew decidió no insistir más. Volvió a invadir el espacio de Zee para tomar sus vasos vacíos, aunque no sin dejar caer una mano sobre su rodilla como si necesitara apoyarse, disfrutando el pequeño escalofrío que Zee intentó ocultar.

Puede que Zee no estuviera interesado específicamente en él, pero siempre reaccionaba al contacto físico. Para alguien que insistía en que aquello ya no era importante, era pésimo ocultando lo que le gustaba.

Nunew se desorientó un poco cuando Zee entrelazó los dedos y apoyó el costado de la cara sobre las manos para mirar a Nunew con ojos enormes.

Nunew no lo llamaría inocencia, pero sí era algo suave y puro de una manera que Zee casi nunca era cuando se trataba de él. Tenía un atractivo rubor provocado por el alcohol sobre las mejillas, lo bastante aturdido como para suavizar sus facciones.

A pesar de todas sus excusas sobre la inexperiencia, definitivamente era su tendencia a sabotearse a sí mismo lo que lo frenaba. Sin duda había habido personas interesadas en él incluso después de la segunda cita, pero Zee estaba demasiado atrapado en sus inseguridades para darse cuenta o actuar en consecuencia.

¿Por qué? Nunew no lo sabía. Tampoco creía que fuera algo relacionado con la sexualidad, porque Zee era igual de cerrado con él. Algunos hombres simplemente eran ermitaños.

Sin poder evitarlo, Nunew deslizó la mano hacia la cintura de Zee, justo donde el blazer se ajustaba.

Quizá sin darse cuenta, Zee cerró los ojos y exhaló.

—Deberías tener más confianza en ti mismo, Zee —dijo Nunew en voz baja—. Si fueras un poco más amable, quizá ya te habría invitado a salir.

Y no alcanzó a ver la reacción de Zee porque Nunew se levantó y se alejó del bar, dejándolo atrás.

 

——— 

 

—Tle, por favor.

—Es poco ético, no voy a hacerlo.

Nunew cayó de rodillas en una reverencia dramática, suplicando. La expresión de Tle era una mezcla entre asco y pánico mientras cerraba rápidamente la puerta de su oficina para ocultar el estado de Nunew.

Tuvo que inclinarse sobre él para hacerlo, quedando lo suficientemente cerca como para que Nunew pudiera aferrarse al borde de sus pantalones. Patético.

—Déjame hacer equipo con Zee en el próximo proyecto para tener una excusa para ir a su casa. Mi pene depende de ti.

—Creo que empezó a usar una colonia nueva —comentó Tle pensativo, ignorándolo por completo—. Quizá intenta llamar tu atención. O realmente le diste un boost de confianza. Probablemente lo segundo.

—Lo sé, lo noté —casi sollozó Nunew—. ¿Es poco ético ponernos juntos, pero está bien filtrar que es virgen a tu subordinado desesperado y solitario?

—Nunca dije que fuera virgen —se apresuró a responder Tle, aunque parecía culpable.

—Lo insinuaste, es prácticamente lo mismo —argumentó Nunew—. Vamos, trabajaremos bien juntos.

Tle lucía escéptico.

—No estoy del todo seguro de que eso sea cierto.

En el pasado, habría tenido razón. Eso fue antes de que Nunew empezara a tomar decisiones con el pene.

Un golpe en la puerta interrumpió las súplicas de Nunew, obligándolo a ponerse de pie de golpe, con polvo incriminatorio pegado a las rodillas. Incluso Tle parecía un poco tenso antes de decirles que pasaran.

Zee pareció darse cuenta de que había interrumpido algo porque dudó en la entrada, sosteniendo una pila de papeles contra el pecho. Era como ver un alienígena observarlo siendo cualquier cosa excepto hostil. Nunew se preguntó por qué él era la excepción.

Si Nunew tuviera un poco más de vergüenza, se lo tomaría a pecho.

—Lo siento, ¿es un mal momento? —preguntó Zee en una muestra perfecta de amabilidad que jamás reservaba para Nunew. Que se joda.

—No, entra. Justo iba a llamarte —dijo Tle, recuperando la compostura.

Zee asintió hacia Nunew a modo de saludo, aunque seguía viéndose inseguro. Un poco tímido.

—Hay un cliente que está pidiendo un desglose de su archivo —explicó Tle, evitando deliberadamente mirar a Nunew—. Dos personas podrían terminarlo en una noche, pero a menos que nos atrasemos con otros proyectos, no se hará.

—Puedo quedarme más tiempo en la oficina —ofreció Zee, siempre tan obediente. Antes eso irritaba a Nunew, pero ahora le veía potencial.

Tle negó con la cabeza, y en ese momento Nunew supo que realmente estaba intentando hacerle un favor. Quizá no era un completo imbécil.

—Quizá sería más cómodo hacerlo en casa o en una cafetería —sugirió Tle—. Tú y Nunew podrían terminarlo en una noche y además recibirían horas extra. Solo avísenme cuánto tardaron y yo las registraré.

Zee pareció atónito, y Nunew se preguntó si se daría cuenta de lo sospechoso que era aquello (y de cuántas reglas estaba rompiendo) o si estaría demasiado concentrado en que su compañero fuera Nunew como para notar que definitivamente era una trampa organizada por Tle.

De cualquier forma, no lo señaló.

Zee claramente quería protestar, aunque Nunew disfrutó del hecho de que no lo haría porque no tenía el valor suficiente para enfrentarse a Tle. Estaba atrapado con Nunew le gustara o no.

—Quizá te haga bien —dijo Tle ocultando una sonrisa tras una tos. Qué zorro tan astuto—. Salir un poco y pasar una noche con tu compañero de trabajo. Si dejo que Nunew lo haga con alguien más, pasará toda la noche hablando y no terminará nada.

El comentario era merecido, aunque eso no significaba que Tle no fuera a escucharlo después.

—Está bien —aceptó Zee inclinándose. Parecía haber olvidado lo que había ido a hacer allí, dejando los papeles sobre el escritorio de Tle antes de retroceder—. Gracias.

Me debes una, fue la amenaza silenciosa en el aire cuando Tle le dirigió una mirada a Nunew.

Y eso fue todo. Nunew no tenía ningún motivo laboral real para estar en la oficina de Tle. Salió detrás de Zee y, antes de que pudiera escapar, le atrapó la manga.

—¿Qué pasa, Nunew? —preguntó Zee, manteniéndose obstinadamente de espaldas. Incluso después de su pequeña charla sentimental seguía siendo imposible de quebrar. Ya debería rendirse.

—¿Quieres escaparte a fumar? —preguntó Nunew.

Zee no respondió que no inmediatamente, lo cual ya era una sorpresa.

—Está bien —cedió. Su tono tenía el mismo entusiasmo que alguien que acababa de pisar vidrio.

Salieron a escondidas por la puerta trasera y bajaron por la escalera de incendios, y Nunew se preguntó cuándo Zee había aprendido aquel hábito travieso.

Nunew quedó completamente enamorado cuando Zee sacó una cajetilla de Marlboro Reds, encendiendo rápidamente el encendedor y dando una calada antes incluso de apoyar la espalda contra el edificio. Nunew no creía ser tan estresante de tratar.

La marca hacía que Zee pareciera románticamente James Dean, y eso tocaba exactamente las fibras correctas dentro de Nunew. Sacó su propia cajetilla de mentol Virginia Slims, pidiéndole fuego a Zee aunque llevaba encendedor propio.

Nunew no le dio oportunidad de escapar del tema.

—¿Dónde quieres trabajar en el proyecto?

Zee parpadeó. No necesitó mucho tiempo para pensarlo.

—¿En tu casa?

Oh, Nunew no pensó que tendría tanta suerte. Creía que Zee se echaría atrás y organizaría el encuentro en un restaurante. Pero, otra vez, Zee no se desenvolvía bien alrededor de otras personas.

—Mi compañero de piso estará allí y es medio desagradable —mintió Nunew. No tenía compañero de piso; solo quería ver el departamento de Zee—. ¿Qué tal en el tuyo?

Era una apuesta arriesgada. Si Zee no lo dejaba entrar, entonces realmente tendrían que ir a un restaurante. Y las posibilidades de Nunew de conseguir algo se irían directamente al infierno.

—Está bien —aceptó Zee, extrañamente dócil.

—Todavía no lo revisé, pero no debería tomar más de tres horas —dijo Nunew.

Se deleitó contemplando la imagen de Zee fumando, tan absurdamente sexy. Esperaba que nunca descubriera qué era un vape.

Cuando la luz del sol alcanzó el costado de su rostro, Nunew pudo ver varios cabellos grises mezclados entre los demás. Nunew se preguntó si Zee se afeitaba algo más aparte de la cara, o si tendría una bonita línea de vello bajando por el abdomen para combinar con su rara barba.

Imaginó ambas cosas al mismo tiempo.

—Aunque necesitaré tu dirección —añadió Nunew, considerando pedirle también el número de teléfono—. Y tu walkie-talkie para avisarte cuando esté afuera.

—Tengo un iPhone —Zee realmente se rio con su chiste, negando con la cabeza.

Eso sorprendió a Nunew.

Aun así, no le dio su número. Ni siquiera le permitió sacar la aplicación de notas antes de murmurar la dirección entre dientes apretados.

—¿Tienes idea de qué quieres comer mientras trabajamos? —preguntó Nunew. No podían beber mientras trabajaban, aunque eso nunca lo había detenido antes. Aun así, realmente no quería quedarse trabajando demasiado tarde.

Zee lo cortó de inmediato.

—Estoy seguro de que podemos comer antes.

Bien. Nunew pediría por ambos.

—¿Las seis te parecen bien?

Zee negó con la cabeza.

—Tengo una cita médica. Hagámoslo a las ocho.

—Viejo —se burló Nunew—. ¿Dolor de espalda?

La mirada de Zee fue fulminante.

—Es la cita de mi madre, no la mía.

—Mierda, perdón —se disculpó rápidamente Nunew. Ahora sí se sentía terrible—. Espero que ella esté bien.

—Está bien. Solo es un chequeo general.

—Qué pena —dijo Nunew, antes de darse cuenta de cómo sonaba—. Que no fuera dolor de espalda. Podría haberte ayudado con eso.

—¿Cómo? —preguntó Zee genuinamente confundido. Ni modo.

Nunew terminó el resto de su cigarrillo. Él era más fumador social y no podía soportar algo tan fuerte como lo que fumaba Zee, pero simplemente estaba feliz de estar ahí.

Ya estaba listo para irse, satisfecho con su progreso, cuando Zee lo interrumpió.

—Uh —dijo rápidamente, moviéndose incómodo. Como siempre.

Nunew jamás desperdiciaría la oportunidad de seguir hablando un poco más.

—¿Sí?

—¿Hablabas en serio sobre eso?

—¿Sobre qué?

¿La oferta de una cita de la noche anterior? La posibilidad era demasiado buena para ser verdad. No había forma de que Zee realmente estuviera considerándolo.

El rostro de Zee se arrugó antes de oscurecerse.

—Nada. Nos vemos a las ocho.

—Mm, está bien, entonces no me lo digas —cedió Nunew. Era más que suficiente fantasear sobre lo que Zee podría haber querido decir. Ya lo molestaría con eso cuando estuvieran solos—. Nos vemos a las ocho.

Zee no pudo cerrar la puerta con suficiente fuerza detrás de sí.

Solo después Nunew se dio cuenta de que Zee se había asegurado deliberadamente de irse primero.

Qué drama queen.

 

——— 

 

Nunew no estaba seguro de qué esperaba del apartamento de Zee, pero aun así se sorprendió cuando introdujo una dirección que quedaba apenas a quince minutos de la suya: un edificio deteriorado donde las habitaciones estaban apiladas unas sobre otras, sin nada más grande que un estudio en el interior.

Nunew no tomó el ascensor porque Zee vivía en el nivel de basamento de la torre de apartamentos, donde el pasillo era estrecho incluso para lo que se consideraba barato en Bangkok. Podía escuchar a un bebé llorando detrás de una de las puertas; a una pareja discutiendo un par de habitaciones más allá.

Entendía que él y Zee ganaban el mismo salario, pero aun así resultaba impactante que realmente vivieran como personas que ganaban lo mismo. Estaba bien que Nunew viviera así, pero Zee merecía algo mejor a su edad. Yim probablemente diría algo sobre el capitalismo.

Nunew tocó la puerta, y Zee lució agotado, quizá, o simplemente ansioso cuando abrió. Su expresión implicó que no esperaba que Nunew apareciera en absoluto, así que cuando bajó la mirada hacia el bolso con archivos de trabajo fue como si estuviera viendo un alienígena.

Nunew simplemente se encogió de hombros y sonrió.

—Hola —dijo casual y amistoso, aunque empezaba a ponerse un poco irritable por todo el ruido de los apartamentos cercanos. Quería que Zee lo invitara a entrar de una vez—. ¿Estás listo?

—Uhm, sí —respiró Zee.

Miró por encima del hombro como si él fuera quien escondiera a un bebé llorando antes de dar un paso atrás. Nunew encontró adorable y divertido que todavía siguiera usando el traje. Él se había cambiado a pantalones deportivos y una camiseta. Sin oficina, sin código de vestimenta.

Nunew era naturalmente curioso, así que ni siquiera intentó ocultar cómo observaba el interior con descaro. Para crédito de Zee, había convertido aquel espacio pequeño en algo parecido a un hogar. Había estanterías llenas de libros, una televisión y una pequeña colección de estéreos de aspecto costoso detrás de puertas de vidrio.

Quizá, en lugar de pagar por un lugar mejor, Zee simplemente invertía en decoración.

Interesante estrategia.

El sofá definitivamente no era moderno, pero de una manera que sugería más muebles vintage de segunda mano cuidadosamente elegidos que pobreza.

En realidad, probablemente era un poco de ambas cosas, pero a Nunew le encantaba el hecho de que estuviera hecho de madera real. Eso contaba para algo.

Zee ya desconfiaba de Nunew incluso cuando todavía no había hecho nada. Parecía ansioso por alejarlo de cualquier cosa que pudiera invitarlo a sentarse, guiándolo lentamente hacia la pequeña cocina. A Nunew no le molestó.

—¿Quieres algo de beber?

Nunew observó un par de saleros con forma de gato, con bigotes negros pintados sobre la cerámica. Lindos.

—Bonito hogar. ¿Tienes cerveza?

—No —respondió Zee con sequedad. Como un auténtico hombre mayor, tenía una botella de vino enfriándose en la nevera y suficientes frutas y verduras como para abrir su propio mercado. Ni un solo snack a la vista—. ¿Qué tal agua con gas?

Asqueroso.

—Claro.

Zee pareció casi relajarse mientras le servía un vaso.

—Probablemente podamos terminar esto en una hora si no tomamos descansos.

—¿Y que nos paguen solo una hora en lugar de tres? —Nunew arqueó una ceja. Dios, Zee ya estaba planeando cómo sacarlo de su apartamento y ni siquiera habían empezado—. ¿Cuál es tu prisa?

Zee evitó mirarlo, recargándose contra la estufa.

Nunew no había mentido: la cocina realmente era adorable. Zee tenía una atención al detalle inesperadamente encantadora, desde las toallas rosadas a cuadros hasta la pared decorativa de azulejos amarillo pastel detrás del fregadero.

La mesa redonda de madera estaba llena de flores, revistas y pequeños cuencos azules decorados con flores que hacían juego con el cuadro junto al refrigerador. Evidentemente, amaba las chucherías; Nunew encontró incluso un grupo de cactus en macetas con forma de cáscaras de huevo rotas.

Zee, sin embargo, fue directo al trabajo. Pareció considerar que ofrecerle una bebida a Nunew era una cantidad suficiente de hospitalidad antes de comenzar a instalar el portátil frente al sofá.

Sus papeles ya estaban distribuidos, de alguna forma meticulosos incluso dentro del desorden, y había encendido un cigarrillo. Nunew consideró pedirle uno solo para verlo fruncir el ceño.

Si ya era agradable contemplar a Zee en el trabajo, verlo en la comodidad de su propia casa era todavía más indulgente, luciendo como algo misterioso y seductor salido de una película de David Lynch.

Zee definitivamente había decorado su hogar para encajar con esa imagen, apoyando la cabeza en una mano junto a una extraña lámpara estilo ochentero con pequeñas borlas doradas colgando de la pantalla.

Nunew lo necesitaba tanto que sentía que podría morir.

—Entonces, ¿qué haces en tu tiempo libre? —preguntó intentando mantener la conversación mientras Zee terminaba de acomodar el portátil.

—No tenemos que hacer charla casual —lo cortó Zee rápidamente.

—¿Y quedarnos en silencio todo el tiempo? Vamos, hemos trabajado juntos suficiente tiempo.

Nunew se dejó caer sobre el sofá, cruzando las piernas. Era bastante cómodo. Podía imaginarse teniendo sexo ahí.

—Construyo aviones a escala —dijo Zee después de un momento—. Y colecciono estéreos vintage.

—Estás bromeando. Eso es una actividad muy de viejo.

El rostro de Zee se torció. Sus dedos comenzaron a golpear el teclado con más agresividad.

—Lo hago desde adolescente, pero sí, soy viejo si eso marca alguna diferencia.

—No eres tan viejo —se corrigió Nunew, suavizando las burlas—. Creo que es genial. Diferente.

—¿Genial? —repitió Zee. Claramente no lo tomó como un cumplido.

—Sí —insistió Nunew—. Con estilo.

—Claro. Bueno, tú puedes encargarte de las hojas de cálculo ya que eres mejor ejecutando códigos. Yo haré las partes manuales.

Zee no era divertido.

—¿No quieres aprender a hacerlo tú mismo? Puedo enseñarte.

Nunew se acercó más, extendiendo la mano hacia la computadora. Zee apartó las manos rápidamente.

—¿De verdad este es el mejor momento para eso?

—No seas así —lo reprendió Nunew.

No estaba intentando coquetearle, así que se sorprendió deliciosamente cuando simplemente colocar la mano sobre la rodilla de Zee para llamar su atención provocó que este inhalara bruscamente. Sus piernas se tensaron, acercándose un poco más.

Bueno, en ese caso…

Motivado, Nunew avanzó un poco más, dejando el mentón suspendido sobre el hombro de Zee, apenas evitando el contacto real.

Zee siempre olía bien, y Nunew se permitió fantasear con la idea de que se hubiera esforzado especialmente en ducharse y arreglarse bien para su cita de trabajo.

Era increíble lo necesitado de contacto físico que estaba Zee. Nunew no pudo resistirse a explorarlo un poco más. Apenas rozó el brazo de Zee, deslizando los dedos hasta el codo fingiendo que había sido un accidente, y sintió cómo se tensaba, tragando saliva nerviosamente.

Un masaje de verdad probablemente le provocaría un infarto.

Dios, aunque le encantaría comprobarlo.

Finalmente, Nunew cedió y tomó control de su parte del proyecto. Era una lástima que realmente tuvieran que trabajar y que no pudiera simplemente colgarse encima de Zee esperando convencerlo de acostarse con él.

Se permitió deprimirse un poco por ello, permaneciendo en silencio, y Zee ni siquiera lo miró durante todo ese tiempo, aunque Nunew sabía que era extremadamente consciente de su presencia. No era muy bueno ocultándolo.

—Por cierto, todavía recuerdo nuestra conversación —dijo Nunew después de un rato.

Zee se encorvó sobre la mesa mientras sumaba números en un papel suelto.

—¿Cuál?

—La de la cena de la empresa, cuando estábamos sentados en el bar.

Como era de esperarse, Zee se tensó. Nunew no había estado seguro de sacar el tema, pero ahora que lo tenía solo y sabía que Zee podía volverse vulnerable cuando quería, ya no parecía tan mala idea.

—Crucé límites esa noche —se disculpó Zee, y parecía sinceramente arrepentido. No era eso lo que Nunew buscaba—. Lo siento por descargarte todo eso.

—No me molestó —aclaró Nunew, enfatizándolo de verdad.

No creía que la vulnerabilidad fuera aquello por lo que Zee debería disculparse. Su personalidad quizá sí, pero Nunew era bastante indulgente.

—De cualquier manera, no debería haberlo dicho.

La vergüenza prácticamente irradiaba de Zee como una nube oscura flotando sobre su cabeza.

—¿Por qué? —preguntó Nunew. No porque le importara la respuesta, sino porque genuinamente no entendía por qué Zee tenía que ser tan extraño respecto a ello.

Zee no respondió. Nunew imaginó que era porque ni siquiera tenía una razón real, y precisamente ese era el punto de Nunew.

—Lo que iba a decir —continuó— es que le das demasiado peso al hecho de haber estado soltero tanto tiempo. No es algo importante, pero tú lo convertiste en ello. Quizá no lo notes, pero te vuelve muy tenso.

—Gracias —respondió Zee con sarcasmo. Y habría resultado irritante si no se viera tan hermoso siendo sarcástico, con el cigarrillo ardiendo entre sus dedos largos y bonitos.

Atrevido.

Nunew se encogió de hombros. No iba a endulzarlo.

—Quiero decir, es tu propia elección, ¿no? O mejor dicho, eliges dejar que tus inseguridades te vuelvan amargado. ¿Cuál de las dos cosas crees que resulta más desagradable?

Sintiendo que Zee planeaba ignorarlo y volver al trabajo, Nunew le arrebató el papelito con números. Zee resopló frustrado.

Lindo.

—Creo que deberías simplemente sacártelo del sistema. Terminar con eso para dejar de agonizar por ello. No es tan importante como piensas.

—Creo que ya es suficiente —dijo Zee, sacudiendo la ceniza del cigarrillo—. Hemos hablado suficiente sobre mi vida sexual por una noche.

—¿Hemos? Más bien he hablado yo —argumentó Nunew.

—Con más razón deberíamos parar —Nunew odiaba que Zee lograra hacerlo reír con eso—. No soy muy bueno hablando con la gente, cosa que estoy seguro de que ya sabes —señaló Zee.

Su mandíbula se tensó de forma absurdamente atractiva. Nunew imaginó cómo sería Zee intentando disciplinarlo.

—¿Y dónde intentas hablar con la gente? ¿Apps de citas?

Zee dudó antes de asentir. Parecía preferir morirse antes que contarle todo aquello a Nunew.

—Las he probado, pero me parecieron incómodas y superficiales. ¿No es eso algo muy de viejo para decir? —se detuvo para reír suavemente, y Nunew se derritió—. Lo siento aún más cuando hablo con personas más jóvenes que yo. Hay una barrera que no logro superar.

—¿Qué tan jóvenes? —preguntó Nunew incapaz de resistirse.

Zee le dirigió una mirada.

—No soy un depredador.

—Qué manera de volver esto raro —lo reprendió Nunew—. Solo tengo curiosidad. Serías un imán para chicos más jóvenes.

Como yo, añadió mentalmente.

—Eso no me ayudará demasiado.

Pero no dijo absolutamente nada sobre la mención de chicos, y Nunew decidió tomarlo como una victoria. Quizá realmente tenía una oportunidad.

—La gente más joven puede ser atractiva para una primera vez —dijo Nunew—. Menos experiencia, menos expectativas… Claro, mentalmente eres mayor, pero si nunca experimentaste en tus veinte como todos los demás puede que busques a alguien de esa edad por la experiencia. Es solo sexo casual.

Nunew no podía ser más obvio.

Y Zee realmente se sonrojó.

Fue un rojo intenso que se extendió por sus mejillas hasta el cuello, y Nunew sintió un cosquilleo solo al verlo. No había nada más maravilloso que ver a Zee evitando desesperadamente el contacto visual mientras era tan descaradamente evidente.

—Tomaré eso como que lo has pensado. ¿Miraste chicos jóvenes en las apps de citas?

—En serio, Nunew —Zee negó con la cabeza.

—¿En serio qué? —rió Nunew—. No hay nada de qué avergonzarse. Mi límite de edad en las apps llega hasta los cincuenta.

Zee pareció un poco traumatizado, lo cual era justo. First había tenido exactamente la misma cara cuando Nunew se lo contó.

Era una revelación increíble descubrir que Zee sentía al menos algo de curiosidad por alguien más joven, ya fuera porque realmente había buscado o porque recién se le ocurría la idea ahora que Nunew lo mencionaba.

—No son exactamente las mujeres jóvenes lo que me interesa —dijo Zee cuidadosamente—. Pero no puedo evitar envidiar a hombres mucho más jóvenes que yo que son abiertos respecto a su sexualidad y su despreocupación, por falta de una palabra mejor. Parte de mí quiere preguntarles cómo lo hacen, pero una app de citas no parece el lugar adecuado para eso.

—¿Has buscado? —preguntó Nunew.

Zee asintió.

—Más bien por inspiración, porque no tengo a nadie a quien pedirle ayuda para crear un perfil. Hay algunos hombres a quienes pensé en escribirles, pero nunca reuní el valor. Incluso yo sé que sería extraño.

Nunew era un tiburón oliendo sangre.

—¿Y qué es exactamente lo que envidias de ellos? ¿Su apariencia? ¿La forma en que actúan?

—Creo que todo —respondió Zee cuidadosamente mientras fruncía el ceño pensando.

Nunew sonrió ampliamente.

—Sabes, acabas de hacer aquello que te daba miedo hacer: le contaste tus inseguridades a un chico joven y sexualmente llamativo.

—¿Quién dijo que te envidiaba a ti?

La respuesta salió demasiado rápido para gusto de Nunew.

Ouch.

—Podría mostrártelo si quisieras…

El rubor de Zee permaneció, y le quedaba tan bien. Nunew estaba enamorado. Era el propósito de su vida follarse a ese viejo.

—A mí me parece que estás interesado en que alguien como yo te enseñe —probó Nunew. Estaba tan excitado por Zee que le dolía.

—¿Interesado en qué?

La expresión confundida de Zee era dulce. Si tan solo pudiera verse como Nunew lo veía: ese hombre mayor hermoso con toda la inexperiencia e inocencia de alguien mucho más joven. En otro mundo, Nunew habría tenido hijos con él. Si tan solo.

La mirada de Nunew se desvió hacia el gabinete lleno de estéreos.

No respondió la pregunta de Zee.

—¿Todavía ves cintas VHS? —preguntó en cambio, sorprendido y enternecido.

Zee frunció el ceño.

—Las compré hace años y todavía funcionan bien. No uso Netflix.

—Eres tan viejo —suspiró Nunew soñadoramente.

Sin verse afectado por la actitud defensiva de Zee, gateó hacia él ignorando cada señal de advertencia en su lenguaje corporal.

—¿Escuchabas casetes cuando eras joven?

—Los casetes no son tan antiguos. Todavía los hacen para algunos cantantes.

Nunew necesitaba follarse a este hombre. Necesitaba quitarle la virginidad esa misma noche. A la mierda esperar.

—Si tú lo dices, P’Zee —aceptó Nunew.

Ya ni siquiera estaba pensando cuando deslizó una mano alrededor de la cintura de Zee, invadiendo completamente su espacio. Zee apoyó las manos sobre el hombro de Nunew para mantener el equilibrio, atrapado contra el sofá.

—¿Qué estás haciendo? —se atragantó Zee, escandalizado.

Era tan bonito cuando lo tomaban por sorpresa, todo enredado entre extremidades y pantalones elegantes sin saber qué hacer consigo mismo. Estaba bien. Nunew sí sabía qué hacer con él.

—Cuéntame más sobre esos estéreos polvorientos que coleccionas. Quiero saberlo todo —suspiró Nunew.

—¿Te produce placer burlarte de mí? ¿Mi vida sexual también es un chiste para ti?

Era tan ajeno a todo. Con razón seguía siendo virgen.

Zee fue interrumpido cuando Nunew lo besó con fuerza en la boca. Se derritió contra el brazo del sofá, aplastado bajo el peso de Nunew.

—Te deseo —murmuró Nunew, sosteniéndole la mandíbula.

Ya no podía ver la barba de Zee porque se había afeitado, pero sí podía sentirla. Era muchísimo mejor de lo que había imaginado.

—¿Qué? —fue todo lo que Zee logró decir.

Tenía las pupilas dilatadas y, por una vez, no tenía ningún comentario mordaz preparado.

—Cuidaría muy bien de ti —prometió Nunew—. Déjame tener tu virginidad. Haré que valga la pena.

—¿Es una especie de broma enferma?

—Sí, estoy enfermo —respiró Nunew. Hundió la nariz en el cuello de Zee, arrancándole un suave gemido—. Me vuelves loco.

—Las relaciones entre compañeros de trabajo son—

—Tle y First están follando —lo interrumpió Nunew—. No me importa. No se lo diré a nadie. He estado medio duro durante las últimas dos semanas por tu culpa.

Zee pareció querer protestar, pero cerró los ojos cuando Nunew volvió a besarlo. Era dolorosamente dulce.

—No me importa si eres malo en el sexo o si es incómodo —continuó Nunew—. Solo te quiero a ti. Vamos. ¿Sí?

—Soy un poco mayor para ti, Nunew —argumentó Zee, como siempre.

Eso no le impidió inclinar la cabeza para dejar que Nunew besara el rincón donde el cuello se unía con la mandíbula. Nunew había olvidado lo sensible que sería debido a su inexperiencia.

Supó que Zee estaba perdido cuando bajó la mirada y vio el bulto en sus pantalones. Tan fácil. Le costó todo su autocontrol no tocarlo y hacer que se corriera en los pantalones como un adolescente.

—Pero eso me gusta. De verdad —insistió Nunew.

—No estoy seguro de esto —dijo Zee, y Nunew puso los ojos en blanco antes de finalmente apartarse de él. Zee quedó aturdido cuando se sentó de nuevo, balanceándose ligeramente, y Nunew pensó que volvería a besarlo de inmediato si él daba el primer paso—. Esto… no es una buena idea.

—¿Por qué no?

Zee respiraba agitadamente.

—Tenemos el proyecto de trabajo que terminar y es tarde. Apenas nos llevamos bien, Nunew. No estoy tan desesperado por perder mi virginidad como para perder mi moral.

—Está bien —aceptó Nunew, ignorando completamente el comentario sobre la moral—. ¿Qué tal si lo hacemos de todos modos?

Atrapó el extremo de la corbata de Zee entre los dedos y lo acercó de nuevo. Zee parecía una polilla atraída por la llama, demasiado aturdido para saber qué hacer.

Era evidente que nadie se había lanzado sobre Zee de una forma tan intensa antes, y Nunew adoraba eso. Sería tan fácil una vez estuviera en la cama.

—Vamos a tu cama ahora mismo —suspiró Nunew, deslizando la mano por la nuca de Zee—. Y podemos follar. Tómate un shot antes para calmar los nervios. Ni siquiera tienes que desvestirte, yo lo haré por ti. Solo recuéstate y déjate llevar. Tú estás duro, yo estoy duro. Por favor.

Zee no dijo que sí, pero tampoco dijo que no. Parecía no saber qué pensar en absoluto. Y a Nunew le encantaba verlo así.

—Todo de ti me excita —continuó diciendo Nunew—. No me importa si te corres demasiado rápido o si ni siquiera puedes correrte. Si simplemente te quedas ahí sin darme nada a cambio. Si te pasas todo el tiempo quejándote de mí como en la oficina. No me importa, P’Zee. ¿Puedo llamarte Hia? —sonrió Nunew—. No tienes nada de qué sentirte inseguro. Mientras más incómodo sea, mejor.

—Eres el peor —siseó Zee, avergonzado e indignado, aunque dejó que Nunew se acomodara entre sus piernas.

Nunew desabrochó otro botón de su camisa.

—Quizá —aceptó—. ¿Qué dices?

 

——— 

 

Zee no estaba pensando con claridad, Nunew podía notarlo. Estaba demasiado concentrado en las sensaciones de ser tocado de verdad como para detenerse a pensar en lo que significaba estar tan cerca de acostarse con su compañero de trabajo, y a Nunew le encantaba cómo se veía esa clase de distracción en él.

Era un poco patético y extremadamente excitado, algo con lo que Nunew podía trabajar perfectamente.

Resultó demasiado fácil convencer a un Zee hambriento de contacto y desesperado para que aceptara otro beso. Apenas fue un roce de labios, pero debía haber pasado tanto tiempo desde la última vez que alguien besó a Zee de verdad que parecía que Nunew le hubiera tocado la polla por cómo se estremeció.

—Nunca he… —Zee dejó la frase inconclusa.

Parpadeó lentamente. Se veía tan bonito cuando estaba aturdido, con esas pestañas largas y los ojos marrones. Si Bambi fuera una persona, sería Zee.

—Sí, eso ya quedó establecido —respondió Nunew con sarcasmo.

Con una mano en cada hombro de Zee, lo empujó suavemente contra el sofá, sorprendiéndose de lo fácil que cedía.

Nunew no podía esperar para descubrir hasta dónde podría llegar con él. Zee era todo lo que había soñado.

—Deberías llevarme a tu habitación.

Los labios de Zee se separaron apenas. En cualquier otra situación, Nunew se habría burlado de él por eso, pero su erección anuló cualquier impulso de molestarlo. Probablemente estaba mirando a Zee con ojos de corazón en ese momento.

—Está bien —respiró Zee.

Nunew lo tenía completamente atrapado.

Se apartó lo suficiente como para dejar que Zee se pusiera de pie, y adoró cómo tropezó apenas, mirándolo con un rubor que se extendía bajo el cuello de la camisa.

Zee estaba tan alterado que era increíble, y Nunew no podía creer que nadie hubiera visto su potencial hasta ahora. Esa imagen por sí sola valía el esfuerzo de soportar la personalidad de Zee.

Intentó no parecer demasiado emocionado mientras rodeaba la cintura de Zee con un brazo ahora que tenía una excusa; ahora que sabía que Zee no lo apartaría. Zee seguía siendo lo bastante virginal como para actuar tímido respecto a ello, demasiado tímido para tocar a Nunew de vuelta.

Y Nunew se lo estaba devorando.

La habitación de Zee era pequeña y adorable; una cama tamaño queen ocupaba la mayor parte del espacio. Estaba abarrotada de estanterías y decoración, aunque honestamente Nunew no estaba prestando atención.

En cuanto Zee cerró la puerta, Nunew cayó sobre él, empujándolo contra la pared mientras prácticamente le arrancaba el cuello de la camisa, manteniendo los labios apenas a distancia suficiente para provocarlo.

—No sé qué hacer —admitió Zee. No correspondía en absoluto, rígido e inseguro, pero a Nunew no le importó. Estaba dispuesto a hacer todo el trabajo.

—No me importa —murmuró. Deslizó el pulgar sobre la clavícula de Zee antes de besar la base de su cuello. Eso provocó un precioso estremecimiento, y Zee dejó caer la cabeza contra la pared con un golpe sordo, completamente sin fuerzas. Los vírgenes eran tan fáciles—. Te enseñaré.

Normalmente, alguien tan rígido como Zee habría hecho que Nunew dudara, pero sabía que aquello nacía simplemente de no saber qué hacer, y eso le resultaba increíblemente sexy. Nunca habría imaginado cuánto le gustaría alguien tan inexperto.

Todo el sufrimiento que Zee le había hecho pasar valía la pena solo por ver esa expresión deshecha en él. Ese hombre estoico y malhumorado, casi el doble de mayor que él, mirándolo con los ojos muy abiertos esperando guía.

Incluso con las pequeñas patas de gallo junto a sus ojos y los destellos grises que Nunew solo podía notar cuando la luz golpeaba de cierta forma, Zee quería que Nunew lo guiara. Quería que Nunew tomara el control.

¿Cómo podría negarse?

Un poco tarde, Nunew se dio cuenta de que nunca había preguntado si Zee era heterosexual, aunque suponía que ya era demasiado tarde para eso. Y honestamente, tampoco parecía importar demasiado. Al menos no para Zee. Nunew se sentía honrado de que Zee quisiera darle su primera vez.

—¿Cómo quieres que te toque? —preguntó, recordando sus modales—. ¿Qué quieres que haga primero?

Lo único que recibió a cambio fue la expresión perdida y confundida de Zee.

Dios, era un desastre.

Por mucho que le gustara besarlo contra la pared así, Nunew quería tener a Zee debajo de él todavía más. Suavemente, guió a un Zee desorientado y embriagado por las sensaciones hasta la cama, ayudándolo a recostarse boca arriba.

Para ser virgen, tenía gusto por el romance: la cama estaba cubierta de sábanas de seda y almohadas suaves. Zee abrió las piernas para él antes siquiera de que Nunew tuviera que pedirlo, viéndose precioso todavía vestido con ropa de oficina.

Nunew se preguntó si sería demasiado pedir follárselo con la corbata puesta.

Quizá habría sido mejor ser más brusco, sujetándolo contra el colchón solo para demostrar que podía hacerlo. Probablemente a Zee le habría gustado.

Pero también era agradable simplemente admirarlo así, extendido bajo él. A Nunew todavía le parecía increíble finalmente poder tenerlo. Una parte más suave de él realmente quería que esto fuera bueno para Zee, incluso dejando de lado sus motivos egoístas.

—¿Alguna vez has besado con lengua? —preguntó Nunew mientras deslizaba los dedos por el flequillo de Zee ahora que tenía permiso.

Los ojos de Zee revolotearon.

—No —confesó después de una pausa. No añadió nada más. Bien.

—¿Quieres que te enseñe? —insistió Nunew. Le encantaba cómo bastaba con rozarle el rostro con los dedos para distraerlo. Los ojos de Zee siguieron el movimiento.

—Está bien —exhaló Zee, inclinando el mentón hacia arriba anticipando el beso.

Realmente su cara no era tan pequeña, pero Nunew sentía que podría cubrirla entera con una sola mano por lo suave que se veía en ese momento.

Tuvo que contener una sonrisa.

—Ya que lo pediste tan amablemente.

Fue casi como robarle el primer beso de verdad cuando Nunew se inclinó sobre él, colocando una mano a cada lado de su rostro. ¿Podía Zee decir realmente que había besado a alguien antes si jamás había usado la lengua? Nunew no lograba imaginarlo.

Los ojos de Zee se cerraron lentamente, labios entreabiertos. Esperó a que Nunew hiciera el primer movimiento, pero Nunew solo quería contemplarlo primero. Se veía etéreo cuando estaba así de dócil, una palabra que Nunew jamás creyó usar en serio. Pero era verdad. Zee era etéreo.

Le levantó suavemente el mentón, dejando que su respiración chocara contra los labios de Zee. Eran suaves y rosados, ligeramente húmedos por todas las veces que Zee se los había lamido nerviosamente. Sus manos se aferraban a las mantas, evitando cuidadosamente tocar el cuerpo de Nunew, pero Nunew no se lo tomó personal.

Sabía que no debía abusar de su suerte cuando ya estaba obteniendo tanto.

Nunew tuvo el privilegio de sentir el jadeo entrecortado de Zee en el momento exacto en que sus labios se tocaron. Podía sentir el corazón de Zee latiendo frenéticamente bajo sus dedos, tan rápido como el suyo.

Instantáneamente, Zee se derritió debajo de él, levantando las manos con nerviosismo para agarrarse al cuello de la camisa de Nunew. Parecía un beso de secundaria: lleno de nervios e inexperiencia.

Al principio Zee no abrió la boca para él, conformándose con el lento y perezoso roce de labios. Era dulce y cuidadoso, tan distinto a la suciedad típica de los encuentros casuales que Nunew esperaba.

El corazón de Nunew dio un vuelco cuando Zee suspiró, separando aún más las piernas para dejarle espacio entre ellas. No podía ver la expresión de Zee con los ojos cerrados, pero había una timidez innegable en ella que Nunew encontraba adorable.

Zee dudaba de sí mismo incluso cuando su cuerpo sabía instintivamente qué hacer, y honestamente Nunew casi había esperado que besara mal solo para tener excusa de molestarlo, pero no era así.

Quizá existía un romántico escondido dentro de Zee que Nunew nunca había visto, porque Zee besaba bien, incluso sin experiencia con besos más profundos.

—Déjame entrar —susurró Nunew, presionando los dedos con más firmeza contra la mandíbula de Zee para hacer que abriera la boca.

Zee cedió inmediatamente, aunque no hizo nada más. Simplemente separó los labios y esperó pacientemente a que Nunew le mostrara qué hacer.

Dios, era tan dulce.

Resultaba increíble lo agradable que era Zee cuando no estaba haciéndole la vida imposible. Nunew lo recompensó atrapando el labio inferior de Zee entre sus labios, besándolo una vez, dos veces, antes de dejar un beso sobre su mejilla solo para sentir la suavidad de su piel.

Había fantaseado demasiadas veces con la barba de Zee, pero ahora desarrolló una nueva fascinación por el suave vello que el rastrillo no alcanzaba a afeitar, tan perfecto junto al rubor que aparecía en sus mejillas cada vez que Nunew lo provocaba a propósito.

Aprovechando finalmente la oportunidad de complacerse, deslizó la mano hasta la cintura de Zee, apretando la suave curva de su cuerpo.

La camisa era demasiado holgada para hacer justicia a su figura, y volvía loco a Nunew que Zee se viera así, fornido.

Ante el primer roce de lenguas, Zee dio un pequeño salto, apenas perceptible antes de recordar quedarse quieto. El beso era húmedo y sucio, justo como a Nunew le gustaba, y Zee parecía completamente abrumado por todo aquello.

Nunew se preguntó si las fantasías de Zee alguna vez habían incluido algo así o si, siendo virgen, jamás había pensado más allá del objetivo final del sexo.

No le sorprendió que Zee tardara en corresponder el beso, conforme con dejar que Nunew guiara todo. La saliva se acumuló torpemente entre ambos mientras Zee olvidaba tragar, deliciosamente desordenado.

Para arrancarle una reacción, Nunew se presionó más fuerte contra él, cubriéndole la boca hasta obligarlo a recordar que tenía que respirar por la nariz.

—Bésame de vuelta —dijo Nunew apartándose apenas para limpiar la boca de Zee con el pulgar. Un hilo de saliva los conectó.

No le dio tiempo de responder antes de volver a besarlo, estremeciéndose cuando los muslos de Zee se cerraron alrededor de sus caderas. Normalmente la falta de palabras lo habría frustrado, pero los pequeños suspiros ahogados y temblorosos de Zee compensaban todo.

Finalmente, Zee cedió, causando que un calor líquido se extendiera por el vientre de Nunew. Siempre le había gustado besar, pero la realidad de que Zee lo quisiera (de que quisiera besar precisamente a Nunew), hacía que todo pareciera irreal.

Era cruel saber que Zee no sería capaz de seguirle el ritmo cuando Nunew chupó suavemente su lengua y profundizó el beso, pero aun así era satisfactorio verlo intentarlo, jadeando y sin aliento entre beso y beso.

Nunew le estaba haciendo eso.

—Nunew —gimió Zee, rozando casi un jadeo.

Nunew no debería sorprenderse de que solo eso bastara para llevar a Zee al límite, pero aun así resultaba peligrosísimo para su ego.

Sonrió mientras descendía para besar el costado del cuello de Zee simplemente porque podía. Lamiendo el sudor de su piel, mordisqueó la unión entre garganta y hombro. El corazón de Zee tropezó bajo su lengua.

—¿Qué necesitas?

—Deberíamos… —Zee hizo una pausa para tragar saliva, aferrándose a la parte trasera del cabello de Nunew. Quizá pretendía apartarlo, pero el toque fue demasiado suave. Finalmente desistió—. Deberíamos dejar de besarnos un momento.

Nunew arqueó una ceja. La sonrisa descarada en su rostro hizo que Zee recuperara algo de compostura suficiente como para fruncirle el ceño.

Así estaba mejor.

—¿Por qué? —Zee no respondió, aunque Nunew realmente no necesitaba explicación. Astutamente, deslizó la mano entre las piernas de Zee, acariciando el bulto marcado bajo los pantalones—. ¿Vas a correrte si seguimos besándonos? ¿Es eso?

—Cállate —siseó Zee, aunque dejó caer la cabeza contra las sábanas, permitiendo que Nunew hiciera lo que quisiera con él.

—Tengo curiosidad —reflexionó Nunew. Deslizó la uña suavemente sobre el cierre del pantalón de Zee, desabrochando el botón superior—. Si hiciera que te corrieras ahora mismo, ¿podrías volver a ponerte duro después? ¿O tu edad cancela el hecho de que seas un virgen calenturiento?

La expresión indignada de Zee resultó divertida, aunque ni siquiera intentó defenderse.

—Es un rito de iniciación, ¿sabes? —continuó provocándolo Nunew, moviendo las caderas contra él  una vez más solo para ser un idiota. Los ojos de Zee se fueron hacia atrás mientras se estremecía—. Correrse en los pantalones antes siquiera de tener la oportunidad de follar. Es vergonzoso, pero les pasa hasta a los mejores.

—Nunew… —gimió Zee.

Aun así, levantó las caderas buscando las de Nunew, estremeciéndose de placer. Ni siquiera iba a intentar proteger su dignidad, ¿verdad?

Y honestamente, era bastante excitante imaginar hacer que un hombre de la edad de Zee se corriera sin siquiera quitarle la ropa. Por cómo se veía, Zee ya estaba peligrosamente cerca.

—¿Te gusta? —preguntó Nunew, repitiendo el movimiento.

Mierda, si no tenía cuidado terminaría corriéndose él primero.

Zee suspiró, aferrándose al brazo de Nunew con suficiente fuerza como para dejar marcas mientras Nunew seguía balanceando lentamente sus caderas contra las de él. Era un ritmo lento y sensual, demasiado lento para satisfacer de verdad a Nunew, pero estaba haciendo maravillas con Zee.

Quizá secretamente le gustaba el edging.

Quién lo habría imaginado.

—¿Ves porno? —preguntó Nunew junto a la oreja de Zee.

—¿Qué clase de pregunta es esa? —dijo Zee, aunque su voz ya no tenía el mismo filo. Intentó atraparlo en otro beso, quizá para distraerlo. Nunew no pudo resistirse y volvió a unir sus lenguas.

—Solo tengo curiosidad —respondió Nunew.

Guardó la fantasía para más tarde: la imagen de Zee tocándose después de un largo día de trabajo era demasiado buena para desperdiciarla. Quizá se masturbaba con más fuerza los días en que peleaban en la oficina.

Esa noche Nunew estaba siendo lo suficientemente amable como para hacerlo por él.

—¿Alguna vez te hicieron una mamada?

—Sabes que no —espetó Zee, y ah, ahí estaba.

Se hundió contra la almohada cuando notó que Nunew dejaba de besarlo para deslizarse entre sus piernas.

Las abrió para él sin esfuerzo.

Nunew se consideraba un amante generoso, pero pensó que con Zee podría obsesionarse tanto con hacer que su primera vez fuera buena que realmente no le importaba cuánto sacara él de aquello.

Porque ninguna fantasía que hubiera tenido sobre Zee se comparaba con tener a ese hombre absurdamente atractivo debajo de él, aferrándose nerviosamente a la parte trasera de su cabello porque todavía no reunía el valor para empujar las caderas hacia su boca.

Hermoso, alto, musculoso y completamente perdido.

Nunew no podía pedir nada mejor. Quizá estaba un poco enamorado, incluso.

—Tan duro —murmuró Nunew.

Y solo porque podía, frotó la nariz contra la erección de Zee a través del pantalón. Obtuvo el resoplido indignado que esperaba, aunque Zee claramente no estaba tan molesto si el movimiento de su erección significaba algo.

Sujetándolo por los muslos, Nunew lo acercó todavía más solo para sentir el calor de sus piernas rodeándole las orejas.

¿Sería demasiado pedirle a Zee que se sentara sobre su cara?

Guardó el pensamiento para después.

—Por cierto, no tengo reflejo —añadió Nunew, levantando la vista. Y se sintió satisfecho al ver a Zee mirándolo con absoluto asombro. Sabía perfectamente que se veía bien desde ese ángulo.

La imagen de chuparle la polla a un Zee sonrojado debajo del escritorio de la oficina lo golpeó de repente; tapándole la boca por si alguien los escuchaba.

—Así que puedes hacer lo que quieras.

—¿Siempre hablas tanto? —preguntó Zee, sorprendiéndolo al darle un pequeño tirón de advertencia en el cabello.

Los ojos de Nunew casi se fueron hacia atrás por el pequeño latigazo de dolor.

—Sí —sonrió—. Me han dicho que mi voz es sexy.

—Por favor, simplemente sigue.

—Oh —alargó Nunew la vocal—. Está bien, lo haré, ya que soy tan amable.

Deshacer el cinturón de Zee fue como abrir un regalo; el sonido del cuero deslizándose por la hebilla metálica fue música para los oídos de Nunew.

Y porque estaba siendo amable, no lo provocó demasiado, apretando el bulto en sus pantalones mientras mordisqueaba la parte interna de sus muslos, dándose cuenta de que Zee no se había afeitado.

El concepto le parecía una locura. Nunew ni siquiera recordaba la última vez que no se había afeitado antes de verse con alguien, incluso cuando no esperaba acostarse con nadie.

Se habría ofendido si no fuera tan sexy. ¿Zee realmente nunca había fantaseado con él? Definitivamente era demasiado inseguro para que el vello fuera intencional.

Quizá fue un poco cruel por parte de Nunew morder justo las zonas más sensibles, las partes de las que sabía que obtendría los sonidos más bonitos.

Ahora que sabía cómo sonaba Zee excitado, no podía cansarse de escucharlo.

Nunew había intentado no prestar demasiada atención al tamaño de la erección de Zee, pero podía sentirla, y eso por sí solo lo dejó sin aliento.

¿Quién habría pensado que sería más grande que él?

Nunew no se consideraba un adicto a las pollas, pero haría una excepción por Zee.

Por un momento pensó en preguntarle cuánto sabía sobre sexo entre hombres y preparación, pero cuando vio que Zee finalmente empezaba a disfrutar de verdad, descartó la idea. Si Zee nunca se había tocado con su dedos siquiera, Nunew simplemente le enseñaría.

Y honestamente, eso era bastante excitante. Quería que sus dedos fueran los primeros dentro de Zee.

Sin embargo, Zee pareció un poco reacio a dejar que Nunew terminara de desvestirlo, deteniendo sus manos con una protesta entrecortada. Nunew hizo un sonido interrogante, buscando explicación en su rostro, pero Zee evitó mirarlo.

—Es solo… lo que sea. Sigue —decidió Zee, dejando caer los hombros.

Eso no era sexy.

—¿Qué pasa? —insistió Nunew.

La mandíbula de Zee se tensó.

—Solo estoy nervioso, eso es todo. Nadie me ha visto desnudo antes.

Zee literalmente era un sueño húmedo caminando. No tenía idea del efecto que las cosas que decía tenían sobre Nunew.

—¿Quieres verme desnudo primero? —ofreció Nunew, resistiendo el impulso de lanzarse sobre él en ese mismo instante.

Sabía que no debía esperar una respuesta, así que simplemente se apartó y se quitó la camiseta por la cabeza. Nunew sabía que se veía bien, sabía que a los hombres les gustaban su figura y la forma en que su abdomen se tensaban cuando follaba.

—Mira.

Y Zee miró.

Mantuvo la expresión neutral, pero la forma en que sus ojos recorrieron lentamente el torso de Nunew fue imposible de ocultar. Tragó saliva. Era la primera señal evidente de atracción, y Nunew disfrutó cada segundo.

Sonrió ampliamente, feliz de exhibirse.

—¿Quieres que me quite más?

—Solo no seas raro —frunció el ceño Zee—. No me veo tan bien como tú.

—¿Desde cuándo los hombres mayores son menos sexys? —preguntó Nunew—. Tienes de las mejores figuras que he visto.

Zee simplemente cerró los ojos y apartó las manos, permitiendo que Nunew terminara de desvestirlo.

Nunew agradeció haber esperado para verlo bien, porque cuando enganchó los dedos en la cintura de sus bóxers y los bajó por sus muslos, Zee era jodidamente grande.

Se quedó mirándolo fijamente, preguntándose cómo alguien tan sexualmente inepto podía tener una polla tan larga y gruesa entre esos hermosos muslos lechosos.

Era casi irónico.

Y Zee ni siquiera sabía qué hacer con ella.

(Aunque Nunew sí podía pensar en varias cosas para enseñarle).

—Me encanta tu polla —dijo Nunew sin rodeos, sujetándolo desde la base mientras la punta golpeaba suavemente contra su boca. Besó la cabeza con demasiado cariño—. Quizá estaría dispuesto a dejar que me destroces la garganta con ella de lo bonita que es.

—No tienes que decir cosas así —siseó Zee, aunque su polla lo traicionó latiendo en la mano de Nunew.

Probablemente era la primera vez que alguien que no fuera él mismo lo tocaba así.

Como recompensa, Nunew deslizó los dedos suavemente por la vena, rodeando la punta. Zee estaba tan caliente que casi quemaba.

—¿Crees que lo digo solo para ser amable? —preguntó Nunew arqueando una ceja—. No soy conocido por mi altruismo. Si realmente fuera amable, te ofrecería follarme para tu primera vez.

Pero Zee no parecía tener ningún problema con la posición en la que estaba.

Ya tenía suficiente dificultad solo intentando decidir qué hacer con las manos, y Nunew no estaba ayudando demasiado. Estaba demasiado distraído viendo cómo el líquido transparente aparecía en la punta antes de deslizarse sobre sus dedos.

Nunew rozó la humedad con la nariz, inhalando, antes de pasar la lengua desde sus bolas hasta arriba por toda la longitud. Zee no tenía suficiente experiencia como para darse cuenta de lo obsceno que estaba siendo Nunew.

Y como ya estaba ahí, decidió complacerse por completo, tomando una de sus bolas en la boca mientras hundía los pulgares en la suavidad de sus nalgas simplemente porque podía. Le encantaba el sabor natural de la piel: húmedo, intenso y mezclado con restos de la colonia de Zee.

Era increíble cuánto calor desprendía Zee ahí abajo, y cuando Nunew sintió otro tirón involuntario y fuerte en su cabello, supo que realmente se estaba sintiendo bien.

Su orgullo se disparó.

—¿Alguna vez has jugado con tus bolas? —preguntó por curiosidad—. Deberías probarlo algún día.

El gemido de Zee sonó exasperado. Nunew ya estaba cansado de fingir que no disfrutaba todo aquello tanto como realmente lo hacía.

—Cariño —suspiró, enterrando el rostro entre sus piernas. Deseó que Zee le presionara la cabeza para asfixiarlo ahí mismo. Sería la mejor forma de morir—. Voy a chuparte la polla tan bien, te lo prometo. Te va a encantar.

Los labios de Nunew ya estaban húmedos antes siquiera de que la polla de Zee tuviera oportunidad de hacerlo. Prácticamente estaba babeando cuando finalmente metió la punta en su boca. El líquido pre-seminal usualmente no sabía bien, pero porque era el de Zee, le mandó una corriente de calor directo a la polla de Nunew.

Tomó a Zee por completo, sintiendo cómo la garganta se cerraba alrededor de su pene hasta que su nariz terminó contra el vello bajo el ombligo de Zee. Fue casi demasiado de golpe, pero valió completamente la pena por el precioso gemido ahogado que obtuvo como recompensa.

Mierda —maldijo Zee, grave y completamente deshecho.

Nunew nunca había pensado realmente en las implicaciones de follarse a un compañero de trabajo al que tendría que seguir viendo todos los días, y tenía suficiente vergüenza como para sentirse algo descarado por lo desesperado que estaba actuando.

Pero no podía evitarlo.

Siempre había tenido debilidad por las pollas grandes (literal y figurativamente) y no podía creer que un virgen de cuarenta años tuviera posiblemente la polla más grande que había tenido el placer de meterse en la boca. La vida no era justa.

—Zee —gimió Nunew, rodeando la base con la mano donde no alcanzaba con la boca—. Eres increíble.

Aunque “increíble” realmente se quedaba corto.

Zee murmuró una maldición, aferrándose a las sábanas antes de volver a sujetar el cabello de Nunew con mano temblorosa. Seguía siendo dolorosamente suave, y eso estaba volviendo loco a Nunew.

Para alguien que adoraba pelear con él, en la cama parecía tener miedo de mostrar la misma intensidad.

—No tienes que ser suave conmigo, me gusta cuando los hombres son un poco bruscos —comentó Nunew casualmente antes de volver a metérselo en la boca, gimiendo cuando golpeó el fondo de su garganta. Esperaba que dejara marcas. Sería mejor que un chupetón.

Zee no aceptó el reto, aunque mantuvo los dedos entre el cabello de Nunew, teniendo la decencia de apartarle el flequillo de la frente para que no le molestara en los ojos. Qué dulce.

Quizá anticipando la falta de experiencia de Zee, Nunew terminó ahogándose cuando las caderas de Zee se sacudieron de repente al sentir la lengua rozando la parte inferior de su polla, empujando completamente dentro de su garganta.

Nunew gimió por el ardor. Incluso sin intentarlo, Zee era lo bastante grande como para dejarlo sin aire, usando su garganta como un agujero para su polla.

No debería comportarse tan descaradamente durante la primera vez de Zee, pero simplemente no podía evitarlo.

—¿Cuántos…? —dijo Zee entre dientes—. ¿Con cuántos hombres has hecho esto?

Nunew tarareó, dejando que las vibraciones recorrieran toda la polla de Zee. Volvió a apretarle las bolas mientras los dedos se acercaban peligrosamente a su entrada antes de apartarse otra vez.

No podía hablar con la boca llena, así que comenzó a masturbar la polla con la mano, usando un agarre húmedo y desordenado. A Nunew le gustaban las mamadas sucias.

—¿Por qué?

—Solo quiero saber, eso es todo.

Pero la expresión de Zee sugería claramente que en realidad no quería saberlo. ¿Qué tan promiscuo pensaba que era Nunew?

Nunew se encogió de hombros, fingiendo contar mentalmente. Se demoró más de lo necesario.

—No lo sé. No llevo la cuenta.

Y realmente no habían sido tantos como Zee seguramente imaginaba. Aunque quizá para Zee incluso una cantidad de un solo dígito ya resultaba escandalosa.

—Jesús —dijo Zee. Nunew deseó saber exactamente qué estaba pensando, aunque quizá era mejor no descubrirlo—. Está bien.

—No vas a contagiarte de nada conmigo —lo tranquilizó Nunew, aunque sabía perfectamente que esa no era la preocupación real de Zee.

Quizá Zee tenía una pequeña vena celosa, pero a Nunew no le importó. Lo único que quería era volver a meterse esa polla en la boca.

Bastó con que aplastara la lengua contra la punta para que más líquido salado y caliente resbalara hacia su garganta. Se preguntó qué tan mojado estaría Zee cuando lo follara.

—Mierda, eso se siente bien —respiró Zee. Su suspiro sonó prácticamente eufórico—. Hace cosquillas… me gusta.

—¿Estás listo para que te meta los dedos? —preguntó Nunew levantando la vista. Le encantaba cuando sus encuentros casuales le prestaban toda la atención mientras les chupaba la polla, pero Zee parecía decidido a mirar a cualquier parte excepto a él.

Zee hizo una mueca, que no era exactamente la reacción que Nunew esperaba.

—¿Va a doler?

Nunew volvió a encogerse de hombros, no podía evitarlo.

—No de una forma que no te vaya a gustar. No cuando lo haga yo.

Zee tiró suavemente de la cabeza de Nunew hacia atrás, y dios, se sentía tan bien tener esos dedos largos llenos de anillos enredados en su cabello. Las callosidades rasparon el cuero cabelludo de Nunew, tan ásperas y masculinas. Nunew estaba desesperado por eso.

—Se va a sentir muy bien —prometió Nunew.

Estaba delirando de deseo cuando se inclinó para besar a Zee otra vez, sujetándole la mandíbula solo para sentir más de sus vellos recién nacidos.

Le daba envidia lo bien que Zee podía dejarse crecer el vello facial solo para luego afeitarlo. Dios realmente tenía favoritos.

—Vas a entender por qué la gente se vuelve tan loca por esto.

—¿Eso es verdad o simplemente tienes muchas ganas de follarme?

—¿No pueden ser ambas? —preguntó Nunew. Jugó con el cuello de la camisa de Zee—. Te deseo muchísimo, pero no lo suficiente como para mentirte.

—¿Qué vas a usar? —preguntó Zee, tropezando con sus propias palabras—. Ya sabes… para hacerlo más fácil.

Era tan lindo que Nunew quería morirse.

—Ojalá pudiera decir que traje lubricante conmigo, pero no tenía tanta confianza en meterme en tus pantalones. ¿Alguna vez compraste antes? ¿Para juguetes?

—No para juguetes —dijo Zee, dudando al principio—. Para mí mismo.

Los ojos de Nunew se abrieron, bajando la mirada entre las piernas de Zee. Zee intentó cerrarlas, pero eso solo hizo que apretara más la cintura de Nunew.

—…¿Dentro?

—No dentro.

—Muéstrame.

Zee alcanzó el cajón de la mesa de noche sin ninguna delicadeza, evitando la mirada de Nunew mientras sacaba una pequeña botella. Se la lanzó como si quisiera quitársela de las manos cuanto antes.

Nunew estaba demasiado distraído por la curva de su cintura como para atraparla antes de que rebotara sobre las sábanas.

—Me la regaló un amigo como broma y la usé una vez, pero se sintió raro.

¿Zee tenía amigos? No era una pregunta que Nunew fuera a hacer en voz alta.

Nunew destapó la botella de lubricante, acomodando cuidadosamente los muslos de Zee para tener mejor ángulo. No pretendía quedarse mirando, pero debió bajar demasiado la vista porque Zee soltó un sonido de protesta.

—No mires —sonó casi caprichoso.

—¿Hm? —preguntó Nunew divertido—. ¿Cómo se supone que voy a meterte dedos si no miro?

—Solo… no lo mires así. No me afeité.

—Sería un hipócrita si tuviera tu polla en la boca y luego decidiera que un poco de vello me parece demasiado asqueroso —bromeó Nunew, intentando aliviar el ambiente. Funcionó solo un poco—. Vamos, deja de estar tan nervioso conmigo. Estoy completamente obsesionado contigo a estas alturas, ¿no es obvio? Actúas como si te estuviera haciendo un favor. Realmente no soy tan desinteresado.

Zee cedió y Nunew calentó sus dedos antes de deslizarlos entre sus piernas. Nunew esperaba a medias que cambiara de opinión y lo echara del apartamento, pero no pasó.

Zee seguía tenso, así que Nunew usó la otra mano para apretarle el muslo de forma tranquilizadora, intentando masajear parte de la rigidez fuera de él. No tenía gracia si Zee no lo estaba disfrutando, pero Nunew recordaba lo nervioso que había estado cuando perdió su virginidad.

Era increíble ser el primero dentro de alguien, pero era irreal ser el primero dentro de un hombre atractivo, reprimido sexualmente y de mediana edad que probablemente jamás esperó verse en esa posición, acostado boca arriba para un chico más joven y más pequeño, en vez de teniendo sexo incómodo con una chica que conoció en un bar.

Ante el primer roce de su dedo contra la entrada de Zee, Zee se estremeció un poco. Nunew deslizó una mano por su rodilla de forma reconfortante, moviendo el dedo en pequeños círculos alrededor de él.

Obtuvo la reacción que quería: Zee soltó un escalofrío de cuerpo entero, girando la mejilla contra la almohada.

—¿No está frío? —preguntó Nunew.

Zee negó lentamente con la cabeza. Su cuerpo se estremeció alrededor del dedo de Nunew.

—No demasiado frío.

Nunew tarareó.

La polla de Zee se había suavizado un poco entre la mamada y el momento en que Nunew se colocó entre sus piernas, pero empezaba a endurecerse otra vez con cada roce provocador de Nunew, sin presionar lo suficiente como para entrar todavía.

—Hace cosquillas —dijo Zee, arrugando la nariz. Separó los labios, humedeciéndolos.

—¿Sí? —la voz de Nunew iba y venía en sus oídos. No podía esperar para enterrarse dentro de Zee, su cuerpo apretándose incluso antes de que Nunew hubiera empezado realmente a meterle dedos. Era tan marcado, lleno y suave en todas partes: suave en el estómago, los muslos y el trasero—. ¿Listo?

Zee asintió, mordiéndose el labio antes de darse cuenta de lo que hacía y soltarlo. Sus dientes dejaron una marca rojiza donde la sangre subió a la superficie. Tan virginal y lindo.

Incluso con los dedos cubiertos de lubricante, Zee estaba apretado. Prácticamente absorbía a Nunew aunque él intentaba ir despacio.

Nunew había querido molestarlo diciendo que solo metería la punta, pero no tenía sentido cuando logró entrar hasta el nudillo sin esfuerzo, incluso con Zee apretándose tan fuerte a su alrededor.

—¿Estás intentando matarme? —bromeó Nunew—. Relájate. No aprietes tanto.

Zee soltó un gemido, menos sexy y más incómodo.

Nunew se detuvo inmediatamente.

—¿Te duele?

Eso solo hizo que Zee se removiera más.

—No —suspiró. Su cuerpo tembló alrededor del dedo de Nunew—. Solo se siente diferente. Wow, realmente estás dentro de mí. Okay.

—Estoy completamente dentro —dijo Nunew, curvando los labios. Era realmente difícil no encontrar adorable a Zee—. ¿Está bien si me muevo?

Cuando Zee volvió a asentir, Nunew curvó el dedo, empezando lentamente a moverlo dentro y fuera. Aún no intentaba encontrar el punto sensible de Zee, pero el simple roce debía estar haciéndole algo porque soltó un pequeño sonido, la polla goteando sobre su estómago.

Nunew ni siquiera tuvo que insistirle para que se relajara porque Zee empezó a hacerlo solo, aflojándose lentamente mientras Nunew seguía dentro de él.

Nunew no dejó pasar el hecho de que esta era la primera vez que Zee se daba placer con algo que no fuera su propia mano alrededor de su polla. Nunew iba a ser quien le enseñara a Zee lo bien que podía sentirse este tipo de placer. Nunca había estado más agradecido por nada.

Consideró advertirle antes de añadir un segundo dedo, pero cuando apoyó el índice y el medio contra Zee, lo único que obtuvo fue un suspiro apagado. Bastó un poco de presión para que ambos dedos se hundieran dentro del calor húmedo y ardiente.

Bueno, Nunew no iba a luchar contra eso.

Ah… —se atragantó Zee, cerrando los dedos en el aire—. De repente se sintió más, no sé. ¿Hiciste algo?

—¿Más en el buen sentido o en el malo?

—En el bueno, solo se siente lleno. Mierda, okay —murmuró Zee.

Para un tipo que no hablaba mucho en la oficina, parecía disfrutar divagar durante el sexo, y Nunew podía adaptarse perfectamente a eso. Le gustaban las personas ruidosas en la cama.

Cuando Nunew curvó las puntas de sus dedos hacia arriba, obtuvo otro sonido precioso como recompensa. Aún no era suficiente para estimular completamente a Zee, pero sabía que el simple estiramiento ya se sentía bien.

Lo preparó lento y constante hasta que Zee estuvo relajado, moviendo las caderas hacia adelante al ritmo de sus dedos porque empezaba a desesperarse por sentir algo más por sí mismo.

A Zee pareció no molestarle; sus mejillas se sonrojaron ante el movimiento de Nunew. Nunew no tenía suficiente vergüenza como para importarle.

El tercer dedo hizo que Zee hiciera una mueca, pero quizá tenía más gusto por el dolor de lo que Nunew había imaginado porque no le pidió que se detuviera, solo tembló durante la sensación hasta que el ardor volvió a convertirse en placer.

Nunew apenas rozó el punto sensible de Zee por accidente, pero fue suficiente para arrancarle un gemido ahogado.

—Dios, lo que sea que acabas de hacer, me gustó —tembló Zee, empujándose contra los dedos de Nunew.

—Avísame cuando me quieras a mí —dijo Nunew.

Sintiendo una pequeña vena sádica, no volvió a darle esa sensación otra vez.

Si Zee había tenido dudas sobre dejarse llevar, definitivamente ya las había superado, y Nunew no podía creer la suerte que tenía de conseguir que un hombre mayor y tan sexy abriera las piernas para él de esa forma tan hermosa. Con su grande polla húmeda palpitando ante cada sensación nueva de placer que le provocaba.

—¿Tienes un condón? —preguntó Zee, casi más exhalándolo que diciéndolo.

Se quejó suavemente cuando Nunew sacó los dedos, y Nunew estuvo a punto de ceder y simplemente seguir tocándolo hasta hacerlo correrse. Parecía necesitarlo incluso más que él ahora mismo.

Si Nunew hubiera tenido un poco menos de autocontrol, ya estaría encima de Zee en ese momento, sujetándole las muñecas sobre la cabeza y deslizándose dentro de él con un gemido, pero tenía demasiado orgullo como para verse como un veinteañero desesperadamente caliente frente a Zee. Le tomó una cantidad vergonzosa de fuerza de voluntad.

—¿Por qué tendría condones? —rió Nunew—. ¿De verdad crees que soy un pervertido?

Lo había sido en la universidad, pero esos días ya habían quedado atrás.

—¿Se supone que debo pensar lo contrario?

Ouch.

—Dame un poco de crédito —dijo Nunew, aunque tampoco estaba tan ofendido. Solo un poco.

—Creo que tengo algunos en la mesa de noche —murmuró Zee.

—Hm —dijo Nunew, sorprendido.

Efectivamente, había algunos condones sueltos enterrados bajo un antifaz para dormir y una bolsa térmica. Viejo.

—¿Esperando tener suerte?

—Como precaución —corrigió Zee—. He tenido citas antes.

Era lindo imaginar a Zee arruinando tan mal todas esas citas que los condones nunca salieron de la mesa de noche.

—Yo soy mejor —descartó Nunew. Desenrolló el condón sobre su polla, haciendo una mueca por la sensibilidad exagerada. Dios, necesitaba a Zee—. Ponte en la posición que te resulte más cómoda.

Zee parecía no saber qué hacer, pero Nunew observó feliz su lucha durante un momento antes de tomar la iniciativa de sujetarle las piernas y arrastrarlo hacia adelante sobre el colchón hasta que sus caderas quedaron pegadas.

Tomó a Zee por sorpresa y jadeó, quizá por la impresión, quizá por la fuerza de Nunew. Cuando hicieron contacto visual, la mirada de Zee estaba borrosa.

—¿Te gusta eso, bebé? —sonrió Nunew. Apoyándose con una mano, usó la otra para apartar el flequillo de Zee, húmedo de sudor. Sus ojos estaban aturdidos cuando volvieron a mirarse, desenfocados y nublados—. Voy a meterla.

Aun así, no estaban lo suficientemente cerca, así que Nunew levantó los muslos de Zee, presionando la punta de su polla contra él solo para provocarlo. Nunew iba a morir si perdía ese calor, por mucho que ardiera tener los tobillos de Zee alrededor de su cintura.

—Voy a cuidar muy bien de ti, phi —prometió Nunew, aunque no sin una sonrisa descarada mientras penetraba superficialmente, deslizando la punta de su polla entre sus nalgas.

Nunca le había gustado acostarse con gente que odiaba, pero a esas alturas ya era unilateral, y no podía negar lo bien que se sentía que Zee ya no tuviera ningún comentario mordaz que devolverle. Perdió ese derecho cuando Nunew tuvo la polla metida en su garganta.

—Solo… sé gentil —dijo Zee entre dientes, aunque con un toque de vulnerabilidad.

Eso tomó a Nunew por sorpresa porque esperaba que Zee siguiera lanzándole comentarios secos durante todo aquello para proteger su orgullo.

Sus ojos brillaban, mirándolo con una mezcla de nervios y confianza. Nunew no supo qué hacer con eso, así que simplemente dejó de funcionar por un segundo. Realmente le golpeó lo importante que era aquello para Zee.

Era fácil bromear sobre cuánto lo odiaba Zee, pero Nunew supuso que gran parte de eso debía ser un mecanismo de defensa para sus inseguridades porque alguien como Zee no simplemente aceptaba tener sexo porque alguien se lo ofreciera. De alguna manera, Nunew era especial.

Y la idea sonaba bien en los oídos de Nunew. Le gustaba sentirse especial. Además, siempre le habían gustado las personas difíciles, tsunderes. Seguía esperando conocer el lado más cálido de Zee.

—Voy a tener cuidado —prometió Nunew después de un momento, dejando de lado la arrogancia para besar a Zee de forma tranquilizadora, un escalofrío feliz recorriéndole la espalda cuando Zee respondió el beso con timidez. Esta vez sí sabía besar con lengua. Aprendía rápido.

Ojalá fuera igual de bueno aprendiendo a programar excel en el trabajo.

Era una pena tener que usar condón, pero tampoco podía esperar demasiada confianza de Zee. Aun así, la presión seguía siendo increíble (abrumadora) cuando Nunew empezó a entrar.

Intentó con todas sus fuerzas no perderse demasiado en esa sensación, observando la expresión de Zee por si aparecía dolor, pero era difícil. Había deseado esto tanto.

—Dime cómo se siente —gimió Nunew, intentando no dejar marcas en los muslos de Zee de lo fuerte que los sujetaba.

Zee estaba tan apretado que era ridículo. La fricción era casi insoportable completamente dentro, pero a Nunew no le importaba sufrir por lo que le gustaba.

Nunew no estaba acostumbrado a acostarse con gente que no se preparaba antes para él, y honestamente, Zee había estado demasiado necesitado como para dejarle hacerlo bien.

—Mierda, te sientes increíble.

—¿Vas a correrte rápido? —preguntó Zee, obviamente intentando burlarse, aunque su voz salió tensa.

—No empieces —tembló Nunew—. Wow, si pensaba que tu polla era bonita, tu culo es incluso mejor. Eres perfecto en todas partes.

Era su mejor intento de un cumplido sincero.

—No seas idiota —dijo Zee, intentando poner los ojos en blanco, aunque terminaron yéndose hacia atrás cuando Nunew empujó más fuerte, entrando un poco más profundo. Tanto por ignorar el cumplido.

—¿Qué fue eso? —se burló Nunew—. No me excita tanto el sexo con odio, ¿sabes? Estaba intentando ser amable.

—¿Sabes siquiera lo que eso significa? —preguntó Zee, y Nunew se preguntó si Zee realmente creía que él siempre estaba intentando fastidiarlo. Ojalá escogiera otro mecanismo de defensa. Al menos durante el sexo.

—Claro que sí —se defendió Nunew, un poco ofendido. Pasó las manos por las caderas de Zee, asegurándose de que estuviera cómodo. Cuando no recibió ninguna queja, decidió tomarlo como una buena señal—. No estaría aquí si no me gustaras. Eres raro y poco accesible, pero me gusta eso. Es lo que te hace encantador.

El rostro de Zee se arrugó como si hubiera probado algo agrio, aunque pareció relajarse un poco, aunque también avergonzado por la sinceridad de Nunew. Nunew empezó a preguntarse cuál sería su lenguaje del amor porque claramente los cumplidos no funcionaban demasiado con él.

Nunew comenzó a mover lentamente las caderas, siseando por la fricción caliente y apretada alrededor de su polla. Zee no le daba demasiado con qué trabajar, conteniendo obstinadamente sus gemidos, pero eso solo motivó a Nunew a esforzarse más, a follarlo mejor.

—¿Qué tipo de sexo crees que te gustaría? —preguntó Nunew, su voz saliendo más grave por el esfuerzo. 

Suspiró, deslizando los dedos por el centro del pecho enrojecido de Zee. Incluso sin demasiado movimiento, aquello se sentía más íntimo que cualquier cosa que Nunew hubiera tenido en meses.

El simple hecho de tener que preocuparse por alguien hacía que aquello fuera diferente a todo lo que conocía. Nunew pensó que le gustaba.

—¿Alguien que te guíe o te gusta que te follen como si siguieras en la universidad? Puedo darte la experiencia completa si quieres. Aunque quizá te resulte decepcionante.

—No lo sé —suspiró Zee.

Se quejó cuando Nunew volvió a empujar dentro de él, finalmente aprendiendo a relajarse y simplemente dejarse llevar.

Zee estaba tan privado de intimidad que prácticamente era inconsciente la manera en que hacía que el sexo se sintiera torpe y rígido, pero Nunew creía que podría quitárselo poco a poco. Y si no, simplemente se sumaría a esa pretenciosidad de hombre de mediana edad que tenía.

Eso no significaba que Nunew no fuera a avergonzarlo un poco, sonriendo cuando el movimiento de sus caderas hizo que la cabecera golpeara la pared. El sonido obsceno hizo sonrojarse a Zee, sus gemidos mezclándose con el crujido del colchón.

—¿O te gusta un poco de ambas cosas? —preguntó Nunew, rozando sus labios por la mandíbula de Zee—. ¿Alguien que te guíe y cuide de ti, pero que también sea un poco sucio y carnal?

Zee le ofreció la mejilla, pero Nunew, sin molestarse, simplemente la besó. El movimiento de sus caderas se volvió más fuerte y rápido, obscenamente húmedo por todo el lubricante deslizándose.

A-ah, Nunew —suspiró Zee entrecortadamente.

Era casi ridículo que siguiera usando la camisa, pero para Nunew solo era otro regalo más.

Imaginó follándose a Zee sobre el escritorio de la oficina, después de una reunión, cuando llegara a casa tras recoger a los niños, cansado mientras se servía una copa de brandy.

Demasiado lejos. Nunew obligó a sus pensamientos a retroceder.

Aunque… ¿sería tan malo? se preguntó mientras embestía fuerte, cumpliendo fielmente su promesa de hacerlo sentir bien para Zee. Lo follaba lento pero profundo, asegurándose de que sintiera cada parte de su polla incluso a través del condón.

Que esperara Zee a descubrir lo bien que se sentía sin él.

En un sueño lejano, Nunew llegaba a casa con un hombre mayor y dulce y le masajeaba el cansancio de los hombros. Podría cocinarle la cena y prepararle un baño mientras Zee se quejaba del dolor en los pies.

Nunew molestaba mucho a Zee por su edad, pero honestamente, realmente le gustaba. Estar con Zee era un tipo distinto de intimidad al que tenía con hombres de su edad. Quizá era porque Zee se sentía real.

El sexo también era diferente. Puede que Zee nunca hubiera estado con nadie antes de Nunew, pero no había nada de la calentura apresurada y descuidada a la que Nunew estaba acostumbrado en los encuentros casuales. Nunca había sido fanático del sexo romántico, aunque “romántico” tampoco era exactamente la palabra que usaría para aquello.

Era más bien que Zee simplemente se tomaba las cosas con más calma a su edad. No tanto físicamente, sino en el sentido de que le importaba más hacer que las cosas duraran. Que significaran algo.

Se notaba en cómo cerraba los ojos, nada de gemidos falsos y pornográficos como los que Nunew estaba acostumbrado a escuchar. Zee se conformaba con suspirar, dejando escapar de vez en cuando algún gemido suave. Nunca aprendió a actuar a través de otras personas, así que simplemente hacía lo que le nacía naturalmente.

Y a Nunew le gustaba eso.

—¿Quieres que vaya más rápido? —preguntó Nunew, tragando saliva entre respiraciones.

Sentía un impulso extraño de demostrarse, de mostrarle a Zee que Nunew valía la pena y que podía ser todavía mejor si Zee quería que lo fuera. Todo lo que tenía que hacer era pedirlo.

—Mm —tarareó Zee, aferrándose al bíceps de Nunew para mantenerse centrado. Sus dedos largos se veían tan bien alrededor de los brazos de Nunew—. Me gusta como lo estás haciendo.

—¿Quieres que toque tu polla? —ofreció Nunew, extendiendo su amabilidad. Era lo mínimo que podía hacer. Zee no era un pasivo tan quisquilloso como había esperado.

Ah —gimió Zee, arqueando el cuello hermosamente. Una de sus extrañas lámparas vintage atrapó la sombra de barba en su mentón, y el corazón de Nunew cantó—. Creo que puedo finalizar sin eso.

Por supuesto que decía “finalizar” como un viejo. Mejor que “eyacular”, suponía Nunew.

—¿Sí? —preguntó Nunew, animándose—. ¿Alguna vez jugaste contigo mismo y te corriste sin tocarte la polla?

Los ojos de Zee se abrieron lentamente, y había tanto deseo en ellos que Nunew sintió que podía incendiarse ahí mismo. No estaba preparado para eso.

—¿Vas a burlarte de mí si digo que sí puedo?

Nunew negó con la cabeza, el flequillo cayéndole frente a la vista.

—No, pero quizá te pediría matrimonio.

—Ah, deja eso —protestó Zee, aunque dejó que Nunew lo besara otra vez, húmedo y profundo. Hacía mucho tiempo que Nunew no besaba tanto a alguien, pero le gustaba lo mucho que Zee estaba metido en ello.

Se sintió aún mejor cuando Zee rodeó el cuello de Nunew con los brazos para atraerlo más cerca. Podía sentir la polla de Zee contra su estómago y la fricción de sus muslos contra su cintura. Era crudo, sucio y perfecto.

Zee hacía unos sonidos tan necesitados y quejumbrosos, gimiendo cuando Nunew iba demasiado lento o no lo embestía lo bastante fuerte. Estaba completamente sonrojado, toda esa actitud arrogante y superior desaparecida.

A Nunew le encantaba verlo desmoronarse, especialmente cuando Zee se volvía lo bastante atrevido como para clavarle las uñas en la espalda con suficiente fuerza para romper la piel.

Era la mejor medicina para el ego de Nunew. Él era quien podía quitarle la virginidad a Zee, su compañero de trabajo frío y cerrado que rechazaba todos los avances. Tenía todo de ese hombre para sí mismo, al menos por esa noche.

¿Y qué tan maravilloso era que a Zee le gustara? Le gustaba cómo Nunew lo hacía sentir, temblando con cada respiración entrecortada. Su estómago flexionado cuando Nunew bajó la mano para sujetarle la cintura, marcando sus abdominales, esperando follarlo lo bastante bien como para que tuviera que ocultar una cojera en el trabajo frente a su jefe. Quería que Zee llevara consigo restos de esa noche cuando finalmente echara a Nunew de su apartamento y el tiempo entre ellos terminara.

Después de todo, ¿no merecía ver a Zee retorcerse un poco después de aguantar sus comentarios mordaces durante meses? Nunew se inclinó, y Zee lo confundió con un beso, levantando el mentón para encontrarse con él a mitad de camino.

Pero Nunew evitó su boca, desviándose para besarle el cuello, dulce de sudor.

Zee no se quejó, gimiendo contra los labios cerrados, aunque el sonido se convirtió en un pequeño sollozo cuando Nunew succionó fuerte con intención de marcarlo, manteniendo la piel entre los dientes hasta estar seguro de haber dejado la huella.

Nunew se apartó para ver un precioso tono rojo y morado empezar a florecer. Zee iba a pasar un infierno intentando cubrirlo.

Bonito.

Era increíble cómo, en la cama, Zee no intentaba tomar el control en absoluto. En cualquier otra situación, estaría chocando con Nunew por autoridad. Ese era el único lugar donde buscaba guía en Nunew, y Nunew estaba delirando de poder.

—Te ves tan bien ahora mismo —dijo Nunew, sin pensar demasiado antes de hablar. Simplemente parecía correcto decirlo porque era exactamente lo que estaba pensando y estaba vergonzosamente cerca de correrse. Los orgasmos siempre sacaban el lado romántico de Nunew.

—¿Hm? —preguntó Zee, abriendo los ojos lentamente. Sus manos descansaban contra el pecho de Nunew, y Nunew deseó que tuviera el valor suficiente para que jugara con sus pezones. Siempre le había gustado eso.

Nunew puso los ojos en blanco.

—Te ves sexy. ¿Seguro que no quieres que toque tu polla?

Zee logró negar con la cabeza a pesar del movimiento de las caderas de Nunew. Ya estaba completamente perdido, la polla hinchada y goteando sobre su estómago.

Temblaba cada vez que Nunew rozaba ese punto sensible; la única señal de que realmente lo estaba alcanzando porque Zee era demasiado terco para gemir correctamente. Realmente no iba a alimentar el ego de Nunew ni siquiera ahí.

—Eres increíble —murmuró Nunew, dejando caer la cabeza hacia atrás cuando Zee se apretó alrededor de él. Y ni siquiera lo hacía para ser amable.

—Más —suspiró Zee, las uñas arrastrándose otra vez por la espalda de Nunew—. Ngh, Nunew.

—¿Vas a gemir para mí? —preguntó Nunew emocionado.

—Tú… ah. Ves demasiado porno.

Las palabras ni siquiera se registraron. Nunew estaba demasiado ocupado preguntándose si Zee usaría gafas en casa; parecía el tipo de persona que sí lo haría. Nunew pensó que se verían increíblemente sexys empañadas durante el sexo.

Esperaba que Zee se corriera pronto porque honestamente no le quedaban demasiadas embestidas. Nunew se enorgullecía de su resistencia, pero seguía siendo un hombre joven y caliente. Solo podía durar cierto tiempo dentro de alguien tan atractivo como Zee.

Ahora fue el turno de Nunew de quejarse.

—Déjame tocar tu polla, no quiero correrme primero.

Zee no lo apartó esta vez, y ambos gimieron cuando Nunew envolvió la mano alrededor de su polla. Para Nunew fue por lo grueso que era Zee, su mano apenas alcanzando a rodearlo. No podía creer que hubiera tenido casi todo eso dentro de su boca.

Nunew no tuvo fuerzas para preocuparse cuando sus estómagos se rozaron, sabiendo que el orgasmo de Zee terminaría sobre él. Quería el orgasmo de Zee en su piel, en su boca, sobre su cara.

Con las bolas tensándose, pudo sentir el orgasmo acumulándose en el fondo de su estómago, una sensación cálida y eléctrica extendiéndose por su polla. Todo era una explosión de endorfinas, la acumulación dejándolo sin aliento.

Una vez que alcanzó ese punto, Nunew tuvo que seguir hasta el final. Sus caderas se volvieron erráticas mientras follaba desordenadamente a Zee, gimiendo cuando empezó a correrse dentro del condón. Nunew trabajó la polla de Zee hasta escucharlo gemir, agudo y dulce, liberándose por fin.

Fue un desastre entre los dedos de Nunew, caliente y pegajoso mientras se derramaba sobre su piel desnuda.

—Mierda —gimió Nunew, enterrando la cabeza en el hombro de Zee. Hacía demasiado calor, pero no le importaba. Necesitaba el contacto piel con piel.

—Eso es… —Zee inhaló bruscamente. Su polla se sacudió donde la mano de Nunew seguía apretándola—. Sí, mierda.

Muy elocuente.

Nunew siguió masturbando a Zee durante su orgasmo, disminuyendo el ritmo cuando Zee empezó a estremecerse por la sobreestimulación. Exhausto, Nunew se dejó caer sin fuerzas, rezando para que Zee no lo empujara antes de que pudiera recomponerse.

Para su alivio, Zee estaba demasiado ido como para recordar cuánto odiaba a Nunew. Su mano encontró el cabello de Nunew, acariciándolo suavemente aunque estaba empapado en sudor. Debía sentirse asqueroso, pero todo sobre el sexo era un poco asqueroso.

—¿Qué se sintió perder tu virginidad? —preguntó finalmente Nunew, aclarándose la garganta. Mataría por un cigarro en ese momento.

—Lo hiciste bien —dijo Zee, y Nunew se sorprendió por la honestidad—. Ahora por favor saca tu polla de mi culo.

Nunew no esperaba elogios, pero estaba más que feliz de aceptarlos.

Resopló suavemente, apoyándose en sus muñecas temblorosas antes de salir con cuidado. El lubricante goteó de la entrada de Zee ahora vacía. Nunew no pudo evitar observar cómo se contraía, pero la mirada oscura de Zee lo hizo apartar los ojos rápidamente. Maldición, todo por consentirse demasiado.

—Ugh —hizo una mueca Nunew mientras se quitaba el condón. Lo sostuvo entre los dedos—. ¿Dónde tiro esto?

Zee puso cara de disgusto.

—Hay un basurero en el baño.

—No sé dónde está tu baño.

—Justo frente a esta habitación. La puerta debería estar abierta.

Nunew hizo un sonido de comprensión y se levantó para tirarlo. En realidad quería quedarse un poco más y consentir a Zee, pero no estaba seguro de cuánto de eso Zee aceptaría.

El baño le dio a Nunew unos minutos para recuperar el equilibrio. Tiró el condón en la basura y se limpió el rostro y el cuello con una toalla, pensando que era bastante gracioso estar haciendo eso completamente desnudo.

Ni siquiera se había detenido a comprobar si las persianas de la sala de Zee estaban abiertas. Bueno.

Después del sexo siempre era incómodo para Nunew. Normalmente se escapaba del apartamento sin decir mucho, y aún menos dejando su número de teléfono. Pero no era como si pudiera simplemente abandonar a Zee. Literalmente trabajaban juntos.

Tomó una toalla limpia extra para Zee y entonces notó un par de lentes dobladas al borde del lavabo.

Así que sí las usaba.

Nunew las tomó también sin pensar demasiado.

—No me dijiste que usabas estas —acusó Nunew cuando volvió a la habitación. Zee ya había empezado a abotonarse la camisa mientras buscaba sus pantalones en el suelo—. ¿Por qué te estás vistiendo? Vamos a ducharnos juntos.

—¿Mis lentes? —preguntó Zee, frunciendo el ceño como si creyera que Nunew iba a burlarse de él—. Uso lentes de contacto en el trabajo. ¿Por qué?

—Póntelos. Apostaría a que te verías sexy.

—Vamos, ya basta con eso —dijo Zee, y había un tono cortante en su voz.

Nunew frunció el ceño.

—¿Qué? Lo digo en serio. ¿No puedo querer ver a mi viejo sexy con sus lentes sexys de viejo?

Cuando Zee no respondió, Nunew se movió hasta quedar frente a él y acomodó cuidadosamente las gafas sobre su rostro.

Zee cerró los ojos mientras Nunew le arreglaba el cabello, apartándole el flequillo de la cara. El brillo post-sexo que tenía era una locura. El corazón de Nunew dio un salto.

—Me gusta —decidió Nunew. Tocó la marca en el cuello de Zee donde había dejado el chupón, satisfecho con lo mucho que se había oscurecido—. Deberíamos ducharnos juntos.

Zee se veía incómodo, acercando más las rodillas hacia sí mismo.

—¿No deberías irte a casa pronto?

Zee ya estaba intentando deshacerse de él. El semen sobre su pecho seguía caliente, por el amor de Dios.

—¿No puedo quedarme esta noche?

—Se vería mal si llegáramos juntos a la oficina mañana.

—¿Y a quién le importa? —no había nada que Zee pudiera decir para romperle el ánimo a Nunew—. Creo que deberíamos ducharnos juntos. Deberías dejarme pasar la noche.

Zee evitó mirarlo, dándole a Nunew una vista perfecta de sus pestañas largas y hermosas cuando parpadeó. Siempre indulgente, Nunew rodeó suavemente la muñeca de Zee con la mano y tiró de él en dirección al baño.

Si Nunew hubiera estado un poco más desesperado, probablemente ya estaría haciéndole ojos de cachorro.

—No es bueno quedarse solo después del sexo —intentó Nunew—. Es mejor cuando la otra persona se queda.

Zee terminó cediendo sin fuerzas, dejándose arrastrar a medias hacia el baño. Si Nunew no supiera más, por la expresión de Zee pensaría que estaba caminando hacia su propia ejecución.

—Va a ser incómodo —se quejó Zee, en un último intento por escapar de aquello.

—No, no lo será —negó Nunew. Al menos, no de una forma que no valiera la pena.

El espacio era demasiado pequeño para los dos; el tipo de condiciones estrechas y miserables demasiado familiares para Nunew por su propio apartamento. Zee nunca terminó de abotonarse la camisa, así que fue fácil hacer que cayera alrededor de sus tobillos. Aun así, no dejó que Nunew se acercara a su cinturón.

—¿Te duchas con los lentes puestos? —preguntó Nunew, notando cómo Zee no se las quitó una vez desnudo, con los muslos todavía sonrojados donde Nunew le había apretado con suficiente fuerza para dejar marcas.

Se veían tan suaves y cálidos que Nunew no pudo resistirse a apretarlos, arrancándole un pequeño salto sorprendido a Zee.

—¿Y cómo más se supone que voy a ver? —replicó Zee, aunque tocó las monturas con inseguridad, como si estuviera a punto de quitárselas.

No era eso lo que Nunew quería.

—Déjalas puestas —insistió Nunew, bajándole los brazos otra vez a los costados. Aun así, tuvo que apartarse para dejar que Zee abriera la ducha. Se sentía frío cuando no estaba cerca de Zee…

Era increíble lo poco interesado que Zee parecía en su propio cuerpo desnudo, y Nunew estaba un poco maravillado por ello. Aunque Zee no se equivocaba; iba a ser difícil para ambos meterse en aquella ducha diminuta.

Zee parecía decidido a no dejar que Nunew lo tocara, lo cual era adorable porque Nunew inmediatamente le rodeó la cintura con un brazo. Aunque Zee no compartiera el sentimiento, a Nunew le encantaba la presión de la piel desnuda bajo el agua cayendo.

—Mierda —siseó Nunew cuando un chorro de agua helada le golpeó el cuello—. ¿No la dejas calentarse primero? ¿Por qué tu calentador tarda tanto?

Naturalmente, Zee no se inmutó.

—No es muy bueno en este edificio.

El frío le dio a Nunew una excusa para hundir la cara en el cuello de Zee. Abrazándolo más fuerte contra él, enterró la nariz en su hombro y su beso casto quedó ahogado por el sonido del agua. Ambos se estremecieron.

Cuando el agua empezó a calentarse, las gafas de Zee se empañaron por el vapor y Nunew sintió un cariño ridículo por eso.

—¿Quieres que te lave el cabello? —ofreció Nunew muy desinteresadamente.

Para su decepción, Zee salió de sus brazos. Negando con la cabeza, le pasó una botella.

—Solo lavémonos y vayamos a dormir.

—¿Por qué? —casi se quejó Nunew. Quería volver a ponerle las manos encima a Zee—. Se sentiría bien.

—Estoy cansado —suspiró Zee.

Aun así, no se resistió cuando Nunew hizo espuma con el shampoo entre las manos y las deslizó por su cabello. Por suerte para Zee, Nunew era un excelente masajista.

—Si estás cansado, siempre podrías tomarte un Viagra.

Zee respondió algo sarcástico, pero Nunew no llegó a escucharlo porque estaba demasiado distraído por una gota de agua aferrada a sus labios.

Nunew quería entender la ciencia detrás de por qué todo se veía más sexy cuando estaba mojado, porque creía desear a Zee incluso más ahora que cuando estaba jadeando y pidiéndolo en la cama.

Sin pensar, Nunew lo besó, y los lentes de Zee chocaron torpemente contra su rostro cuando sus labios se encontraron. Lindo.

Nunew lamió el agua de la boca de Zee, hundiendo los dientes en su labio inferior solo para escucharlo jadear.

Así de rápido, Nunew volvió a estar caliente y listo otra vez. Fingió sorpresa mientras miraba entre sus piernas su media erección, como si no supiera que bastaba mirar a Zee para excitarse otra vez.

Quizá sin darse cuenta, la rodilla de Zee subió por el costado del muslo de Nunew, y Nunew aprovechó la invitación para guiarlo hasta dejarlo pegado contra la pared. Cuando sus caderas chocaron, ambos gimieron.

—¿Quieres hacer esto ahora? —preguntó Zee incrédulo. Sus manos encontraron los hombros de Nunew—. No puedo otra vez tan rápido.

—¿Quieres hacerlo otra vez conmigo? —fue lo único que Nunew escuchó de todo eso.

Besó la mejilla de Zee.

—Quiero ducharme e irme a dormir. Ambos trabajamos mañana…

—Yo te limpiaré —prometió Nunew. El agua ya había quitado casi todo el shampoo del cabello de Zee; lo poco que quedaba seguía aferrado a las hendiduras de su pecho—. Date la vuelta.

—No puedo, me tienes atrapado contra la pared.

Nunew cedió, aunque no sin poner los ojos en blanco, dándole apenas suficiente espacio para moverse. Solo un beso había bastado para dejar a Zee jadeando, aunque su polla seguía blanda entre sus piernas.

Zee no había mentido sobre no poder hacerlo otra vez tan rápido. Nunew no sabía por qué eso le parecía tan sexy. Quizá tenía algo que ver con sentirse desesperadamente atraído por hombres que lo rechazaban. Le gustaba esforzarse.

Apoyando la palma contra la espalda de Zee, Nunew lo empujó suavemente hacia adelante, disfrutando de la vista de Zee hermosamente inclinado.

—¿No vas a pedir una esponja? —preguntó Zee. Ni siquiera levantó la cabeza, avergonzado.

—¿No prefieres mis manos? —Nunew hundió los dedos en la parte baja de su espalda, viendo cómo las pequeñas burbujas desaparecían bajo la presión—. Son más cálidas.

Sin decir palabra, Zee le entregó una esponja y una barra de jabón, arruinando cualquier intento de Nunew por crear ambiente entre ellos. Para su propio mérito, Nunew las usó, lavando obedientemente el sudor de los hombros y la espalda de Zee.

Sabía mejor que esperar el mismo trato a cambio, pero era suficiente tener una excusa para tocarlo, sabiendo que en cada lugar donde Nunew ponía las manos, era el primero.

Aunque Zee no pudiera volver a endurecerse, Nunew definitivamente sí podía. Era casi una tortura dejar su polla medio dura y goteando, cada respiración entrecortada de Zee haciéndolo sentir cálido y sensible entre las piernas.

Era prácticamente una invitación para que Zee lo insultara; aunque a Nunew ya no le importaba. Casi resultaba erótico por sí mismo ser el receptor de la decepción de Zee, lo que sea que eso significara sobre Nunew.

Solo para aliviar un poco la tensión, guió las caderas de Zee hacia atrás contra su polla, suspirando cuando el calor aterciopelado de su culo prácticamente lo envolvió.

—Nunew —murmuró Zee, bajando la cabeza.

Nunew se preguntó si le dejaría follarse sus muslos. Cuando apretó instintivamente sus caderas al pensarlo, Zee se contrajo, y fue entonces cuando Nunew sintió algo cálido y pegajoso deslizarse sobre su polla.

Zee iba a ser su muerte.

—Oh —respiró Nunew—. Sigues mojado por dentro.

Por puro instinto, movió las caderas buscando más de ese calor húmedo. Sabía que Zee no estaría completamente limpio ahí abajo, pero prácticamente estaba goteando.

—Déjame limpiarte —dijo Nunew (rogó), intentando conseguir permiso besándole otra vez el cuello.

—Me duele —protestó Zee, estremeciéndose otra vez. Su aliento era caliente contra la mejilla de Nunew. Probablemente podría robarle otro beso si quisiera.

—Seré suave. Siempre lo soy.

—Dios, ¿así son todos los hombres jóvenes? —se quejó Zee. Nunew tarareó, manteniendo una mano en su cadera para que no se apartara accidentalmente—. ¿Sexo constantemente?

—No, solo yo.

La idea de Zee saliendo con cualquier chico joven que lo mirara hizo que Nunew viera rojo.

Con curiosidad, presionó los dedos contra la entrada de Zee, maravillándose de lo suave y abierto que él seguía. Podría deslizarse dentro tan fácilmente…

—¿Por favor? —intentó otra vez, deslizando los dedos por la espalda de Zee. No tenía mucho con qué sobornarlo, así que recurrió a suplicar—. Solo un poco.

—El agua se va a enfriar —señaló Zee.

—Entonces deberíamos apurarnos —aceptó Nunew—. Es más fácil si lo hago yo…

Zee solo negó con la cabeza, pero de alguna manera eso se tradujo en permiso porque se acomodó para darle un mejor ángulo. Nunew vio estrellas.

Por suerte para Zee, a Nunew le gustaba casi tanto el edging como la degradación. Era satisfactorio simplemente tener la polla atrapada entre los muslos de Zee, conteniendo gemidos por la fricción cada vez que Zee apretaba las piernas.

Era evidente que Zee se sentía tímido al respecto, pero eso solo le gustaba más a Nunew. Zee apenas se inclinó para él; aunque Nunew no necesitaba ver su entrada para sentir lo fácilmente que aceptaba sus dedos.

El agua era un lubricante horrible, pero Zee ya no lo necesitaba, no después de lo anterior. A diferencia de cuando Nunew lo había preparado en la cama, meterle dedos ahora era húmedo y sin esfuerzo.

—Imagínate el desastre si no hubiera usado condón —rió Nunew.

Movió las caderas una vez, dos veces, antes de deslizar también el dedo medio dentro de Zee. Admitidamente, estaba haciendo un pésimo trabajo limpiándolo.

El lubricante goteó alrededor de sus dedos, bajando hasta los nudillos. Nunew lo frotó sobre la piel de la entrada de Zee, solo un poco decepcionado cuando el agua terminó arrastrándolo.

A veces se gana, a veces se pierde.

—No demasiado —suspiró Zee. Gimió quizá era una palabra mejor.

Nunew hundió los dientes en el hombro de Zee.

—No demasiado —prometió mientras follaba lentamente dos dedos dentro de él.

Al bajar la mirada, la polla de Zee seguía blanda. Realmente no había mentido sobre su resistencia.

Cuando la fricción empezó a arrastrarse incómodamente sobre sus dedos, Nunew salió con desgana, aunque seguía palpitando y listo para una segunda ronda.

Estaba prácticamente sin aliento mientras observaba a Zee terminar de enjuagarse el jabón, lanzándole miradas confusas como si no entendiera cuál era exactamente el problema de Nunew.

Tuvo que llegar Zee para desbloquear en Nunew un kink desesperado por anhelar a alguien que lo rechazaba. Se arrodillaría y suplicaría si Zee se lo pidiera.

—¿Me dejarás quedarme? —preguntó Nunew otra vez, todavía invadiendo el espacio de Zee. No podía dejar de tocarlo, apretándole los brazos y la cintura mientras apagaba la ducha. No quería abandonar el calor todavía. Esa ducha podría haber sido mucho más sexy de lo que terminó siendo.

Nunew aún no perdía toda la esperanza.

—¿No puedes pagar un taxi a tu casa?

Nunew se quejó indignado. Zee era tan cruel con él.

—Tu cama es más cálida que la mía…

Zee le sostuvo la mirada durante un largo momento. El silencio entre ellos era tan tenso que Nunew realmente esperó que finalmente lo mandara a la mierda de una vez por todas. Y entonces sí tendría que volver a casa con la cola entre las piernas.

Pero, sorprendentemente, Zee asintió.

—Está bien.

—¿Puedo quedarme? —preguntó Nunew incrédulo. Quizá Zee sí le tenía algo de cariño después de todo—. ¿Quieres que te caliente la cama?

—Tengo una manta extra que puedes usar —lo ignoró Zee.

Le pasó una toalla antes de envolverse otra alrededor del cuerpo. Nunew lamentó la pérdida de la piel desnuda.

Tuvo medio impulso de preguntar si Zee esperaba que volviera a ponerse la ropa sucia, pero dudaba que estuviera de humor para prestarle la suya.

—Pero tendrás que irte antes de las seis. No quiero que mis vecinos te vean salir de mi apartamento.

—¿Las seis de la mañana? —se quejó Nunew. No entendía por qué Zee parecía tan avergonzado de él—. Pero no tenemos que estar en el trabajo hasta las nueve.

Pero era evidente que Zee no iba a ceder, así que Nunew no insistió. Aunque todavía seguía algo sin aliento, estaba ansioso por ayudar a Zee a vestirse, insistiendo en abotonarle la camisa sobre la piel aún húmeda.

Con cuidado, Nunew acomodó su cuello, atrapando las pequeñas gotas de agua en las puntas del cabello de Zee antes de que empaparan la tela. No sabía por qué, pero sentía una necesidad abrumadora de cuidarlo.

Zee no era frágil, pero era agradable consentirlo un poco.

Y entonces, solo porque seguía excitado y completamente encaprichado, Nunew lo besó, rodeando suavemente la nuca de Zee con los dedos. Fue un beso corto que duró demasiado tiempo; sin la lengua de antes, pero de alguna forma más pesado. Más suave.

Para alguien dolorosamente inexperto, Zee sabía besar. Quizá era su honestidad lo que tanto le gustaba a Nunew. Zee no besaba como si estuviera intentando demostrar algo.

—Te ves bien con lentes —dijo Nunew, limpiando con el pulgar el resto de condensación acumulada en los lentes de Zee.

Nunew seguía desnudo, y no dejó pasar cómo los ojos de Zee bajaron brevemente hacia su polla, todavía medio dura.

Sinceramente, ese probablemente era el estado permanente de Nunew cuando estaba cerca de Zee.

—Solo quería decir eso.

Zee parecía un poco aturdido. Un poco avergonzado. A Nunew le encantaba cómo le quedaba el rubor.

—Gracias —susurró Zee—. ¿No eres un encanto?

Nunew tragó saliva. Ahora era su turno de sonrojarse.

—Si quieres que lo sea.

Zee fue lo bastante amable como para cerrar la puerta detrás de sí al dejar a Nunew solo terminando de vestirse, atrapando el resto del aire caliente dentro de la habitación.

En los términos de Zee, eso era toda la muestra de afecto que Nunew podía esperar.

Notes:

hola! si piensan que ese final no se siente como un final... es porque no lo es. la verdad es muy poco probable que lo termine pero tengo esto guardado en mis docs hace dos años que dije: a la mierda, lo publico como está.

si algún día puedo terminarlo, no dudaré en publicarlo; pero mientras tanto, disfruten lo que pude sacar y la primera vez de este zee ♡ gracias por leer!