Chapter Text
Finalmente me había animado a pedírselo. Este finde viajamos al campo con Pilar. Sus viejos tienen una finca a las afueras y ella me había invitado a pasar unos días. Aproveché para prepararle la sorpresa. Últimamente estábamos peleando bastante y sin razón. Ella me hacía planteos al pedo que por alguna razón siempre arrancaban con lo mismo: Manuel.
A ella no le gustaba la relación que yo tenía con él. Siempre después de un stream venia el mismo planteo de siempre, diciéndome que todo Twitter hablaba de ella y que todos creían que yo estaba enamorado de Manuel. Siempre trataba de explicarle que son minas al pedo a las que les da morbo hacerse historias en la cabeza, pero ella siempre me decía que ahí hay algo más, por lo menos por parte de él.
El problema venía en que por más de que yo siempre me autoconvencía de que no pasaba nada y que era solo mi amigo... yo bien en el fondo sabía que alguna vez no fue solo eso, y que cada vez que lo miro se me forma una sonrisa boluda que no puedo disimular. Por eso pensé en sacarme y sacarle esas ideas locas de encima, formalizando de una vez por todas.
Le preparé una carta y le compré unos girasoles que sé que a ella le gustan. Mientras cenábamos un día en el jardín de la casa de campo, se lo pedí. Me costó mucho, realmente nunca había estado en esa situación y por más de que sabía que ella probablemente me iba a decir que sí, tenía miedo de arruinarlo poniéndome nervioso o haciendo algo para que se enoje porque me había mandado alguna.
Por suerte todo había salido bien, ella me dijo que si y terminamos la noche comiendo, riendo y bueno garchando también.
Y bueno, era eso también. No había drama. Era fácil. Con Pilar era fácil: ella decía lo que pensaba, yo asentía, después cogíamos y listo. No había que andar descifrando miradas tontas, ni bancarse la ansiedad de no saber qué carajo estábamos haciendo. Por eso estaba feliz.
Por lo menos eso es lo que me repetía a cada rato.
Apenas regresé a casa lo primero que hice fue decirle a Santi que quería hablar con él. Estaba en su cuarto jugando a la play, concentrado en el partido que estaba disputando. Me senté en su cama y suspiré. Estaba nervioso y las palabras me temblaban. No entendía bien ni porque, simplemente sabia que Santiago entendía cada que me pasaba algo, cuando estaba feliz y cuando no.
-Eeee...-titubeaba nervioso-te quería contar que-las palabras no me salían de la boca
-Tranqui amigo. Ya sé-interrumpió sacando la vista de la pantalla para mirarme tranquilo
-¿Cómo...?-Murmure confundido. El simplemente asintió dándome palmadas en el hombro
-¿Estas de novio no?-soltó de repente y yo abrí los ojos con confusión. ¿Cómo lo había descifrado tan rápido? si no le había contado nada.
-Y vos como sabes eso-le pregunte sin entender, seguía muy nervioso.
-Mosca soy tu mejor amigo-respondió riendo dejando el joystick a lado de la cama- no es muy difícil darse cuenta boludo
Me quedé unos segundos en silencio procesando para luego asentir y sonreír de costado con los labios cerrados.
-Si amigo, estoy de novio-confesé y a él se le formo una sonrisa automática en el rostro
-Mira vos che-se burló dando pequeños saltitos en el colchón emocionado-el tipo más virgen del país tiene novia
-Pelotudo-reí negando con la cabeza-además es mentira porque el tipo más virgen del país sos vos
-Por ahora eh-aclaro indignado dándome un empujón en el hombro.
Hubo unos segundos de risas y silencios. Finalmente Bauleti se puso algo más serio y me miro.
-Pero enserio boludo...¿estás feliz?-interrogó clavándome la mirada y yo tragué saliva nervioso
Tarde un tiempo en contestar y no porque no la amaba, sino porque realmente no sabía si a eso podía llamarlo felicidad o simple comodidad.
Empecé a sentir la garganta seca. La palabra "no" se coló automáticamente en mis pensamientos pero rápidamente la descarté. En su lugar intente buscar una respuesta más sencilla a la pregunta.
-S..sí-escupí entre dientes en un sonido casi inexistente.
Un nudo de mentira se me formo en la panza. Ese "sí" se sintió casi como una mentira física. Como si fuera algo guionado, más no sentido.
Sentí la mirada fija de Bauleti sobre mi. Sabia que no me había creído pero pude percibir como soltó un suspiro rendido. Me dio una palmada en la nuca y sonrió
-Bueno. Entonces yo estoy feliz por vos-sé sincero para luego hacer una leve pausa de unos segundos y continuar-Pero... se lo tenés que decir al Emo. Porque yo no sé mentir y tampoco quiero estar en el medio de ustedes como siempre-declaró firme
Manuel.
Con el mismo Manuel con el que no me dirijo la palabra hace días mas que para prender la camarita.
-Las cosas con Manuel no han estado muy bien últimamente Baulo y lo sabes-respondí bajando la cabeza
-Lo sé boludo pero sigue siendo tu amigo o no?-la palabra amigo me hizo doler el estomago pero asentí igual-además si se lo ocultas..va a ser peor y lo sabes
Las palabras de Santiago se repetían en mi cabeza una y otra vez. Porque tenia razón. Sabia que lo correcto era ir y contarle, pero simplemente sentía como una pared invisible en frente mío que me detenía a hacerlo. Eran tantas cosas juntas. Estos días casi ni nos habíamos visto. El pasaba afuera con su chica y yo en casa de Pilar. Si alguien de afuera nos viera, podría concluir que mas que mejores amigos somos simples compañeros de streaming que fingen ser unidos frente a una cámara. Y es que esos amigos que se conocieron y que prácticamente no se despegaban hace dos años en la casa de su madre...ya no existían.
Claro que me dolía y lo extrañaba cada día. Extrañaba quedarnos a ver cars juntos o cualquier pelicula después del stream. Extrañaba poder tocarlo sin sentir una descarga eléctrica que me recorriera el cuerpo cada vez que intentaba tocarlo. Extrañaba quedarme solo en una habitación con el y que no se escuchen nuestras propias respiraciones por la nube de silencio que se formaba. Extrañaba poder mirarlo sin sentir unas ganas de abrazarlo y de tenerlo solo para mi siempre. Extrañaba tantas cosas.
Ahora todo era simplemente distinto.
-Tenes razón amigo..-intente decir firme pero la voz me salió mas aguda de lo que pensé-hoy mismo hablo con el te lo prometo
-Bueno igual te felicito-murmuro riendo y me paso el otro mando para que arranquemos a jugar entre nosotros-aunque ya sabes lo que pienso de ustedes y de todo esto circo-declaró serio pero riendo
Santiago había sido participe de varias charlas donde le contaba mi confusión con Mernuel y mis raros sentimientos hacia el. Pero no solo eso. El vivía con nosotros. El más que nadie percibía y veía en carne propia los silencios incomodos y las miradas que nos tirábamos siempre. Si hay alguien que entendía mis sentimientos ocultos por Manuel, era el.
Lo mire mal al segundo rodando los ojos pero el simplemente levanto los hombros como diciéndome "pero si es verdad" , así que me resigne y decidí concentrarme en el juego.
-Nunca sabes cuando cerrar el orto no amigo?-objete negando con la cabeza intentando no ponernos a profundizar en el tema, no tenia ganas.
-Nop-sentencio y ninguno dijo nada más
Pasamos la tarde jugando varios partidos en el FIFA mientras el me contaba su ultima desgracia con una mina y como termino ghosteandolo. De algún modo sus anécdotas me servían para distraerme un rato y para no pensar tanto en Manuel y en toda la situación que se avecinaba.
Cuando el agua del mate se terminó me levanté, lo salude a Bauleti y finalmente me dirigí en camino a mi cuarto. En el camino pude observar la luz roja que se filtraba a través de la puerta de Manuel. Quise acercarme. Quise tocar la puerta, acostarme a su lado y quedarme dormido como antes. Pero sabia que eso ya no era posible así que simplemente seguí de largo hacia mi cuarto.
Apenas entre me tire en la cama boca arriba y cerré los ojos. Mi celular reposaba encima de mi pecho. De repente una notificación llego y la luz de la pantalla se encendió, avisándome que un nuevo mensaje había llegado. Por un segundo sentí la necesidad de que el nombre de Manuel sea el que sobresalga de la pantalla.
Pero no..
Era Pilar.
Mi novia.
"descansa mi amor, te amo mucho <3"
Debería sentirme bien por eso. Debería sonreír como pelotudo mirando el celular, contestar con un "te amo más" y dormirme pensando en ella.
Pero no.
En su lugar, tenia la mano sudando y los dedos temblando. Intentando animarme a escribir un simple mensaje al que se suponía que era mi mejor amigo.
Llevaba así cuarenta minutos. O tres horas. La verdad el tiempo se había vuelto monótono desde que Bauleti me dijo "se lo tenes que contar al Emo"
Gire la cabeza hacia la izquierda. La pared blanca que daba al cuarto de Manuel estaba a menos de dos metros. No había ruido. Podía escuchar mi propia respiración de lo callado que estaba todo. Se podía sentir una densidad en el aire, como si del otro lado de esa pared hubiera un pozo negro y sin fondo.
¿Estará durmiendo? ¿Estará despierto como yo, mirando su propio techo? ¿Estará pensando en ella?
La ultima pregunta hizo que mi estomago se revolviera.
No son celos me lo repetí a mi mismo. No pueden ser celos porque no hay nada de lo cual sentir celos.
Somos amigos.
Punto.
Pero entonces ¿Por que sentía que mi respiración se cortaba cuando pensaba en Manuel besando o abrazando a esa chica? ¿Por que sentía ese nudo en la panza que me generaban ganas de llorar cada vez que pensaba en el mirándola como siempre me había mirado a mi?
¿Ella lo mirara como yo lo hago?
Porque sí. Me doy cuenta de como lo he mirado siempre. Todos se daban cuenta. Y esa era la parte mas jodida. No era algo que decidía hacer. Me salía solo. Automático. Como si fuera una reflejo.
Finalmente largue un fuerte suspiro y decidí agarrar el teléfono. Giré y la luz de la pantalla me hizo cerrar los ojos un segundo por el impacto.
Abrí el chat con Manuel.
El ultimo mensaje era de el. Un "JAJAJA se" de hace cuatro días atrás. Cuatro días sin una conversación de verdad. Cuatro días viviendo en la misma casa evitando encontrarnos en la cocina, en el living, en el pasillo. Cuatro días donde la única vez que compartíamos un espacio juntos era para reírnos frente a una cámara fingiendo que todo estaba lo mas de bien y después apagar todo, desaparecer como si fuéramos simples desconocidos que compartían laburo.
"Che Manu" escribí
Borré
"Estamos bien?"
Borré. Demasiado directo. Lo iba a asustar.
"Mañana tenemos que hablar"
Mire la frase. Sonaba a una frase de alguien que va a terminar una relación. Pero nosotros no tenemos una relación. Así que no aplicaba.
"te extraño" volví a escribir
Mis dedos se congelaron sobre la pantalla.
Te extraño.
Dos simples palabras que pesaban como dos bolsas de cemento. Porque no era una simple frase. Yo nunca extrañaba.
Pero a el si lo extrañaba.
Extrañaba su risa, sus abrazos, sus planteos, sus ojos mirándome fuera de cámara como si fuera su centro.
Y sentir eso no era de amigos. Porque con el único amigo con el que me pasaba eso era con el y eso me aterraba.
Y esque justamente eso era lo que me aterraba de contarle. Que todo haya sido producto de mi imaginación.
Y es que si Manuel se pone mal, celoso, o me responde un "¿estás seguro?", se abre la puerta a que lo que tenemos no haya sido siempre solo una amistad extraña. Y eso es peligroso porque ahí yo tendría que enfrentar el hecho de que también siento algo por el y no se bien que es.
Pero al mismo tiempo si Manuel se lo toma bien y me dice "qué bien loco, me alegro por vos", ahí me quedaría con la confirmación de que nunca hubo nada, que todo estaba en mi cabeza, y que el tiempo que "perdí" sintiendo cosas fue al pedo. Las dos opciones duelen. Por eso prefiero no contarle, o demorarlo. Con Bauleti era mas fácil porque con el cualquier respuesta que me de no me removía el piso.
Manuel sí.
Volví a dejar mi teléfono boca abajo.
-Soy un pelotudo-dije en voz alta, esperando creérmelo
No funcionó.
Me incorpore de golpe. Apoye la espalda contra la pared de la cama y enterré mi cara en mi almohada.
Frustrado.
Extrañaba el olor que solía colarse en esa misma luego de que nos quedábamos dormidos juntos en mi cama.
Ese olor a ese perfume que usaba el que a mi tanto me gustaba.
A la mierda, reaccione de repente. No puede ser que este extrañando el olor de mi mejor amigo, Eso es raro. Eso es...
No quise terminar la frase.
No entiendo que carajos me estaba pasando.
Debería estar feliz. Tengo amigos que me bancan, una novia que me ama, plata, una casa soñada, un trabajo que me divierte.
¿Entonces porque siento este vacío en el pecho que no me deja dormir?
La pregunta quedo resonando en el silencio del cuarto, No hubo respuesta. Solo el ruido de un auto a unos pocos metros de la casa que tapaba el silencio vacío que se formaba en la habitación.
Mi celular volvió a vibrar y la luz se volvió a encender.
Pilar de nuevo.
Agarre mi teléfono, abrí el chat con ella y escribí.
"dormí bien, hermosa"
No lo pensé tanto. Me salió automático. Como todo lo que hacia con ella.
Fácil.
Automático.
Volví a mirar el chat de Manuel y escribí
"Manu"
Borré de nuevo.
Finalmente me rendí. Deje el teléfono en la mesita de luz, apague la lampara y me tire de costado.
Mañana.
Mañana se lo digo. Cuando lo vea a la cara. Es mas fácil en persona. Pensé.
Sin embargo en el fondo yo sabia que no. Que en persona era peor. Porque en persona tenia que verlo a los ojos, ver su boca, ver la forma en que movía las manos y como se le tensaba la mandíbula cuando se enojaba. Y cuando lo viera, iba a querer decirle cualquier otra cosa. Iba a querer escupirle y preguntarle por que no podíamos quedarnos solos sin ponernos nerviosos, y porque me seguía mirando de esa forma.
Pero eso no lo iba a hacer.
Nunca.
Cerré los ojos, buscando conciliar el sueño.
Mañana iba a ser mas fácil.
Eso me repetí hasta que finalmente me quede dormido.
☆★
A la mañana siguiente no fue más fácil.
Fue peor.
Me lo cruce en el desayuno...nada.
Me lo cruce en el living...nada.
Me lo cruce en el stream...ni una palabra más, ni una menos de las necesarias.
Me fui a dormir con el mismo nudo en la panza. No tuve el coraje necesario para contarle nada. Cada vez que lo intentaba una oleada de pánico me atravesaba el cuerpo y le metía cualquier excusa tonta. Lo peor es que nuestra relación estaba tan rara últimamente que nisiquiera era una obligación hablarle o pasar tiempo con el porque directamente cada uno se quedaba en silencio o se iba a su cuarto.
Decidí irme a dormir y dejar todo el tema ahí.
Tal vez mañana iba a ser mejor...
☆★
El ruido de la cafetera fue lo primero que escuche cuando abrí los ojos. Un sonido cotidiano, normal, matutino, pero que ese día me cayo como si fuera una advertencia. Dos días habían pasado desde que me puse de novio. Hoy tenia que contarle. Me quede unos segundos mirando al techo, inmóvil, tratando de recordar cuando fue el momento exacto en el que había decidido que hoy iba a ser el día.
No lo había decidido.
Me había obligado a hacerlo.
Me levanté igual.
El aire del pasillo me golpeo con fuerza. Camine despacio, como si cada paso pudiera atrasar algo que era inevitable. Empecé a bajar las escaleras y desde lejos podía escuchar voces inentendibles que provenían de la cocina.
Cada vez las risas eran mas fuertes y claras. Santiago y Manuel estaban riéndose de alguna boludez que Bauleti había contado. El problema fue que apenas entré, el ambiente de la habitación cambio al instante. Manuel se puso mas serio al segundo en el que cruzamos miradas y la tensión se empezó a sentir en el aire, se notaba en las caras que pusimos los tres.
-Buen día-saludé casi que por inercia y con una pequeña sonrisa de por medio
Manuel me saludo con una simple mirada cordial. Así era todo ahora, pura cordialidad entre nosotros.
-Buen día Mosca-me respondió Santi intentando suavizar el ambiente tenso que se había creado desde mi llegada al lugar
El silencio era insoportable. Si alguien de afuera llegara podría jurar que nos acabamos de conocer y no sabemos absolutamente nada del otro.
-Bueeenoo-empezó hablando Santiago que es una persona que no le gusta el silencio ni la incomodidad-¿Alguien va a decir algo? Esto parece un velorio che
Manuel que se encontraba concentrado comiendo una medialuna, levanto la vista un segundo y lo miro sin expresión.
-No hay mucho para contar-intervine yo con nerviosismo, apretando con fuerza la botella de agua que estaba sosteniendo entre las manos
-Y no-dijo Manuel tranquilo y en un susurro que casi no se pudo escuchar
Bauleti que se encontraba comiendo su pizza de lo mas feliz puso los ojos en blanco y rodó los ojos harto, lo conocía. Se limpio los dedos grasientos con una servilleta y se inclino hacia atras en la silla, cruzándose de brazos.
-Dale, loco. Parecen dos ex peleados. Hace días que no se puede ni estar en esta casa por la energía de mierda que se siente alrededor y la verdad esto-se quejo señalándonos a ambos con el dedo índice-me tiene las pelotas por el piso ya. O se agarran a trompadas de una vez o se dan un beso, pero esto de mirarse y no hablarse como si fueran desconocidos es de puto y ya me tiene bastante harto-sentenció cansado
-Santi...-lo corte al instante evitando cruzar miradas con Manuel
-¿Que? Dije lo que pienso y lo mantengo
Se escucho el ruido del tenedor de Manuel cayendo sobre el plato en un golpe seco. Se reclino en su silla y se cruzo de brazos también. Por un segundo lo mire directamente a los ojos.
Error.
Nuestras miradas chocaron y yo al instante sentí como poco a poco me iba haciendo chiquito. El tenia ese poder para hacerlo. Pude notar como su mandíbula se tensionaba y su mirada se dilataba al verme.
Regresó a ver a Santiago y pude observar como su cara volvía a la normalidad.
-¿Que decís Santiago?-protestó sin rastros de violencia en el rostro pero con frialdad-No pasa nada acá. Simplemente no hay nada para hablar o si?-insinuó y me miro de vuelta
Sentí como mis huesos se tensaban y mis manos empezaban a temblar un poco ante la pregunta.
-No..-respondí casi que por inercia
Manuel me miro dudoso. El conocía perfectamente cuando estaba nervioso y cuando no.
-Bueno por eso-confirmó con seguridad regresando su mirada hacia Santiago- no empeces a hablar pelotudeces que no estamos en stream
Bauleti soltó un suspiro largo y cansado.
-Siempre la liga la Bayita-negó ofendido y riendo-bueno si quieren seguir comportándose así de trolos es cosa suya, yo no vuelvo a decir nada-declaró levantando las manos rendido
Ambos ignoramos el comentario y cada uno siguió en lo suyo.
-Bueno y ¿Cuáles son los planes de la banda hoy?-cuestionó luego de unos segundos. Era imposible que Santiago se quedara callado. El siempre iba a intentar llenar los huecos de silencio.-vos Mosca te vas a ver con tu novi..
Se corto al segundo y se tapo la boca dándose cuenta de lo sucedido. Le salió así sin querer, tal vez pensando que Manuel ya lo sabia y al instante recordó que no.
Pero ya era tarde.
El corazón se me paralizó al instante. Mi vista se dirigió inmediatamente hacia Manuel, quien había dejado de golpe el tenedor sobre el plato y levanto la cabeza confundido.
-¿Con su que?-chisto despacio pero con una seriedad que me erizo la piel
-Yo...nada, una boludez. Era para joder nomas-titubeaba Santiago intentando corregir el error-olvídate Manu no me des bola...
-No me traten de pelotudo-interrumpió Manuel levantando la voz-se perfectamente lo que escuché-¿Novia?-preguntó mirándome directamente a los ojos pero sin moverse de su posición
-Manu escúchame..-empecé diciendo con la voz mas aguda de lo normal
-¿Hace cuánto?-interrumpió seco
Con la voz fría, sin rastros de expresión de molestia, de bronca, de nada.
Me miraba con esos ojos verdes que siempre solían mirarme con una suavidad enorme pero que ahora eran dos chispas encendidas que me quemaban con la mirada, atravesándome.
Me quede quieto en mi lugar, helado. No había ensayado esto. Estuve dos días dando vueltas con lo mismo, escribiendo y borrando mensajes, imaginándome mil escenarios, y ninguno empezaba así.
Con la noticia cayendo como un balde de agua fría que nisiquiera había salido de mi boca.
-Te juro que te lo iba a decir...
-No te pregunte eso-Manuel se enderezo en la silla como si me estuviera interrogando. Apoyó los antebrazos sobre la mesa y me volvió a mirar, esperando una respuesta que yo no sabia como formular-Te pregunté hace cuánto.
Respiré profundo y lo miré.
-Desde el viernes-musité sumamente despacio y con la voz casi inexistente
Manuel asintió. Una sola vez. Lento. Como si lo siguiera procesando. Como si la información que le acababa de llegar se moviera en cámara lenta por su mente.
-Ah-chistó.
Solo eso.
Una letra.
No me puteo.
Sentí como el nudo que tenia en el estomago iba creciendo, junto con un vacío que se formaba en mi pecho y que no me dejaba respirar bien. No me había gritado. No se había enojado. No me había reclamado nada.
Y eso era peor.
El silencio de Manuel lo sentía como un juicio silencioso que no necesitaba de palabras.
-Manu...-intenté hablar
-No pasa nada-me cortó al segundo y me sonrió. Esa sonrisa fingida cuando trataba de no mostrarse vulnerable. Lo conocía bien.-Esta todo bien. Me alegro por vos amigo.
Y esa ultima palabra me dolió como un puñal clavándose en mi pecho.
Amigo...
-Yo...-susurro y pude notar como su mirada se entristecía- m..me voy a mi cuarto que tengo que terminar de editar un video-y sentí como su voz se cortó apenas un poco.
Se levanto. Llevo su plato al lavaplatos y tiro los restos de comida en el tacho.
Empezó a caminar sin decir ni una palabra por mi lado para luego ir con pasos lentos a la puerta de la cocina, como reflexionando si decir algo mas o simplemente irse.
Lo que me dolió fue que nisiquiera me miro. Era como si su enojo estaría retenido y decidiera castigarme sin verme, sin hablarme, sin tocarme, y ese era el peor castigo.
-Manu-hable sin siquiera saber que decir. Era mas como una forma de que no se fuera, de que se quedara y me gritara al menos. Su indiferencia me mataba más de lo que alguna vez llegué a creer y me dolía.
-¿Que?-se detuvo en seco en el marco de la puerta pero no se giró. Simplemente preguntó. Su voz sonó rota, más grave.
Y no sabia que decir. Porque lo único que quería en ese momento era acercarme, gritarle que me viera, abrazarlo para dejar de sentir esa culpa recorriéndome el cuerpo, pero no.
-Nada-es lo único que salió de mi boca
Asintió. Y se fue.
Me quedé quieto. Sin saber que hacer. Como reaccionar. Ahí es cuando sentí una mano que se posaba en mi hombro.
Era Santiago.
Me había olvidado completamente que seguía ahí, reaccione como saliendo de mis miles de pensamientos y levante la vista.
-Perdoname boludo. La cagué.-se sincero con una voz que emanaba culpa y arrepentimiento. Fue sin querer.. te lo juro.
-Yo sé-fueron las únicas palabras que pude acomodar para hablar-no es tu culpa
-Sabes que se le va a pasar-intentó animarme pero yo no reaccioné
-No sé..-finalice diciendo con la voz temblando
☆★
...
Empecé a caminar hacia mi cuarto con una sensación rara en el pecho. Sentía rabia, bronca, ganas de golpear algo.
Pero a la vez tenia un sentimiento de tristeza que se me plantó en la garganta y que me daban ganas de llorar hasta que salga por completo de mi cuerpo.
Entré a mi habitación y me tiré directamente a la cama. Apoyé mis codos sobre las rodillas y simplemente me quede ahí.
¿Por que Lauti me había ocultado esto? ¿Por que ya no confiaba más en mi?
Pero más importante por que tenia la sensación de que lo había perdido...y no solo como amigo.
Sentía como si mi cuerpo me pesara más que antes. Sentía un nudo que me atravesaba el estómago que nisiquiera me permitía llorar. Tampoco quería.
¿Llorar por que? Me repetía a mi mismo una y otra vez intentando ocultar las lagrimas que amenazaban con salir de mis ojos.
Es Lautaro.
Mi amigo Lautaro.
En eso escuché tres toques en la puerta que me sobresaltaron. Y lo escuché. Escuché su voz tierna y suave del otro lado de la puerta, esperando para entrar.
-Manu…puedo pasar?-murmuró despacio
Tardé unos segundos en reaccionar. Sabía la conversación que nos debíamos y eso sinceramente me aterraba.
Porque el que tenga novia era un límite. Era ponerle fin a algo que nunca empezó. Era poner un límite entre nosotros que nunca se traspasó pero tampoco se le había puesto un freno.
-pasá-masculle casi en un susurro y mi voz salió más grave de lo que pensé
Lautaro entró despacio. Como si tuviera miedo de lo que se iba a encontrar o de lo que estaba por venir.
Yo no moví mi mirada del suelo. No quería levantar la vista y verlo. No podía. Porque sabía que iba a ver sus ojos almendrados que tanto me gustaban mirar, me iba a doler saber que esos mismos ojos ya no iban a estar mirándome a mi.
-Manu…-susurró el sentándose en la cama
-Mm-chiste con la lengua y aun con la cabeza gacha
-No quería que te enteraras así-se sinceró con una voz rota-perdoname por no habértelo dicho
Por primera vez levanté la cabeza y lo miré. Tenía la cabeza gacha y jugaba con sus manos buscando distraerse, nervioso.
-¿Por que no quisiste decírmelo?-cuestioné pero no como un reclamo sino como una duda que no me dejaba respirar con normalidad
-No sé-fue lo único que dijo como respuesta
-¿Ya no confías en mi? ¿Te doy miedo?- le pregunté y sentí como mi voz empezaba a sonar más débil con cada palabra que salía de mi boca
El al instante me miro y se acercó un poco más. Como si fuera algo cotidiano estar tan cerca el uno del otro.
-Si confío-empezó diciendo- no es eso te lo juro
-¿Y entonces?-insistí sintiéndome mas desesperado que antes
-Esto..-empezó y me miro-no..nosotros-dijo con dificultad y nos señaló con el dedo a mi y a él
-¿Que pasa con nosotros?-pregunté aunque sabia perfectamente a lo que se estaba refiriendo. Necesitaba oírlo de su boca. Necesitaba entender que todo lo que había pasado entre nosotros no era un simple producto de mi imaginación.
-No me hagas decirlo-murmuró con la voz más chillona que antes. Sabia que estaba nervioso pero necesitaba tener claro lo que pasaba porque sino no iba a poder seguir adelante y el tampoco-por favor...
-Lau-lo agarre del mentón para que me mirara fijamente a los ojos-necesito que me lo digas de frente-respiré y continúe-¿por que no me lo pudiste decir?
Sentí como tragó saliva nervioso. Sus ojos se clavaron en algún punto de la pared, incapaz de sostenerme la mirada.
-porque tengo miedo de que todo cambie-soltó de repente como si fuera una verdad que venia reteniendo hace mucho
Me quede unos segundos intentando entender lo que quiso decir.
Aunque en el fondo sabia.
-ya cambió..-mencione en un susurro casi inexistente
Sentí de inmediato como sus ojos volvían a los míos otra vez.
-yo sé-confirmó lo que previamente había dicho-pero no tiene porque hacerlo
Lo mire con cierta incredulidad. Si tenia porque hacerlo. Nuestra relación nunca tuvo un nombre como tal, pero sabíamos que tampoco era una amistad común. No después de tantos roces inconscientes, no después de dormir en cucharita por tantas noches, no después de habernos dicho tantas cosas que no son comunes en una amistad, pero que tampoco nos atrevíamos a ponerle un nombre.
No podía volver a ser todo como antes.
Porque en ese entonces no habían terceros. Éramos el y yo. No necesitábamos buscarle explicaciones a nada.
Ahora era distinto.
-sabes que sí-lo contradije bajito
-no quiero perderte-susurró casi como si estuviera esperando a que no lo escuchara
Sentí un dolor extraño invadiéndome el pecho porque la idea de perderlo de nuevo era algo que no podía permitir.
Me sentía sensible, vulnerable, reprimiendo todas las emociones de tristeza que amenazaban a cada segundo con querer salir.
-y...yo tampoco gordo-y ahí sentí el quiebre. Mi voz salió aguda. Se sintió cortada con cada palabra que salió de mi boca
No podía permitirme llorar. No había razón valida para hacerlo. Pero necesitaba deshacerme de ese nudo en el medio del pecho que no me dejaba respirar.
Cada respiración empezaba a salir cada vez más erratica. Mis ojos empezaban a pesar. No podía contener más las ganas absurdas que tenia de soltar toda la tristeza y bronca contenida.
Pero quedaría mal. Lautaro pensaría que estoy loco, porque se supone que somos amigos y nada más.
-pero creo que-empezó a hablar el-esto no nos esta haciendo bien a ninguno
-no te entiendo-respondí con un esfuerzo enorme para no quebrarme
-A que hay que parar con...-hizo una pausa pensando en las palabras exactas-esto.-soltó firme-y sabes muy bien a lo que me refiero Manu
Claro que lo entendía. Pero no quería entender.
Pensé en mis próximas palabras. Pero necesitaba dejárselo todo claro. Aunque sea necesitaba que lo sepa antes de ponerle fin a algo que jamás existió.
-capaz si en algún momento...no habría sido tan cagón-murmuré con miedo a cada reacción que tuviera. Lo mire directo a los ojos y decidí continuar-tal vez vos y yo capa...
Me interrumpió acariciando mi mejilla con una suavidad sobrehumana.
-No sigas-sus ojos me miraron buscando algo. Como si realmente intentara fotografiarlos para no olvidarlos-no tiene sentido. Las cosas pasaron así y...así tienen que terminar
Y ahí pasó.
No sé si fue por cómo me dijo "así tienen que terminar", con esa voz tan segura, tan definitiva, como si ya lo hubiera pensado mil veces antes de decírmelo. No sé si fue por la forma en que sus dedos se retiraron de mi mejilla, dejándome invadir por un frio helado por la falta de su caricia. O si fue por todo junto: el cansancio, la novia, los meses de distancia, lo que lo extrañaba, la bronca de no saber que sentía por el y sobre todo la jodida sensación de que lo estaba perdiendo sin haberlo tenido nunca.
Pero en ese instante sentí cómo algo se rompía adentro mío.
No en el pecho. Más arriba. En la garganta. Como si hubiera estado conteniendo un alambre de púas y de repente alguien lo soltara. El aire se me hizo nudo. Los ojos me ardieron. Y las lágrimas que tanto intente retener se me escaparon sin pedirme permiso.
Con fuerza.
Una tras otra.
No lo podía controlar. Estaba sacando todo lo que vine reteniendo desde hace tiempo. Meses extrañando nuestra relación, extrañándolo a el para ahora saber que nunca iba a volver a ser igual. Que ese mínimo destello de ilusión no existía entre los dos. Nos quedaba solo una amistad fingida que ya no se sentía igual. Una amistad que parecería que estaba destinada a romperse y a durar menos de lo que yo creía.
Mi primera reacción fue taparme la cara con la mano y ocultarme ahí. Esquivando la mirada de Lautaro. Lo que menos quería ahora es que me venga a tener lastima.
No duró mucho porque a los segundos sentí como un brazo rodeaba mi cabeza y me apegaba a el. Acortando la distancia entre los dos y aferrándose fuerte con sus brazos a un abrazo.
-Manu no llores...por favor-dijo y sentí como la voz le salió frágil, sin fuerzas.
-per..perdón-sollocé como pude lo único que me salió en el momento
-perdoname vos a mi-murmuró y me acerco mas a su cuerpo, rodeando con una mano mi cintura mientras que con la otra le proporcionaba pequeñas caricias a mi cabeza
Por primera vez a su lado me sentí chiquito y no solamente porque me aferré como un nene a su cuerpo, sino porque en medio del llanto entendí lo que había perdido.
Lo había perdido.
Y entender eso me genero un dolor en el pecho similar a cuando se fue meses atrás a Dubái. Cuando pensé que lo iba a perder para siempre. Cuando esa perdida o el extrañarlo tanto me hizo entender lo que sentía por el. Me hizo entender que intentaba llenar ese enorme vacío con miles de mujeres acostándome con ellas, porque no me animaba a darme cuenta que el único que podía llenar ese sentimiento de vacío era el.
Lautaro.
Y ahí lo escuché.
Escuché a Lautaro sollozando, reprimiendo las lagrimas y luchando contra el mismo para que no salieran. Claramente iba perdiendo esa guerra porque segundos después pude sentir como me abrazaba más fuerte y se daba por vencido derramando todas las lagrimas que venia reteniendo con un llanto desconsolado que lo acompañaba.
Yo que seguía llorando a su lado simplemente lo apegué más a mi. Me incorporé un poco en la cama y lo abracé con todas las fuerzas de mi cuerpo, ambos lo hicimos. Porque por mas de que no lo estuviéramos diciendo con palabras. Ahí los dos, en ese momento, nos estábamos despidiendo. No sabíamos de que, era algo a lo que no podíamos ponerle un nombre, pero que ahí estaba.
Nos despedíamos de las noches durmiendo juntos.
Nos despedíamos de las miles de veces que vimos cars abrazados haciendo cucharita.
Nos despedíamos de los toques inconscientes.
Nos despedíamos de las miradas eternas que nos brindábamos cuando estábamos solos admirándonos y sonriéndonos.
Nos despedíamos de los roces de labios que nunca llegaron a más pero que lo fueron todo.
Nos despedíamos de todo lo que no hacían dos simples amigos.
De lo que nunca fue, pero pudo llegar a ser.
Por cagones.
No.
Por cagón.
Porque sí. El que no le había dado su lugar era yo. El se había venido solo, desde España, sin nadie, para stremear conmigo. Éramos solo el y yo. Me esperaba siempre para ver una peli juntos o para simplemente charlar. Y pasó eso. Por meses. Hasta que empecé a mirarlo distinto, con un deseo que se me desbordaba del cuerpo. Como unas ganas de abrazarlo y apapacharlo porque no podía creer que ese ángel estuviera viviendo conmigo, esperándome siempre.
Me había asustado. Ese sentimiento me dio miedo. No era normal sentir eso por mi amigo y menos por Moski. Lo iba a arruinar todo. Por eso empecé a salir. No volvía nunca y casi que nos veíamos solo para stremear. Por eso luego llegué a perderlo. El se fue porque no soportaba el estar solo. Se sentía dejado, abandonado, usado. Eso el me lo perdonó y por eso volvió. Pero yo nunca iba a poder hacerlo. Porque le había borrado la sonrisa a la persona que más me importaba en el mundo. Y cuando quise hablarlo, cuando quise decirle lo que me pasaba apenas regresó, ya era tarde. Él se había cansado, y ahora estaba con alguien que si le había dado el lugar que el sintió que yo le había quitado.
Había veces que me quedaba pensando en que es lo que verdaderamente sentía yo por Moski. No lo sabia con certeza. Simplemente sabia que cuando lo perdí realmente había sentido que me moría por dentro, que me arrancaban un pedazo de mí.
Amigos.
Esa palabra que supuestamente definía lo que siempre fuimos.
Pero nunca fue ese el nombre que definía nuestro vinculo. Nunca lo hubo. Tampoco podía darle uno. Es un tipo de amor que no se asemejaba para nada a lo que siento por Bauleti o por cualquiera de mis otros amigos.
No porque a mis amigos los quisiera menos, sino porque simplemente con el me pasaba distinto. Eran como unas ganas constantes de cercanía. Lo extrañaba cuando no lo tenía. Verlo sonreír era lo único que necesitaba para cambiar mi humor o para ponerme feliz. A veces mi plan favorito en el mundo era simplemente quedarme admirándolo por horas y horas. Como si fuera un cuadro perfecto que si lo dejaba de mirar se fuera a destruir o se lo fueran a robar y alejarlo de mí.
Cosa que terminó pasando.
Tal vez lo más cercano a definir el amor que siento por él es lo que había dicho una vez en una entrevista. Una frase que me repetí en loop por horas y horas.
“Un vinculo de amor que nunca había sentido”
Todavía me acuerdo de escuchar la entrevista completa en mi cuarto y emocionarme hasta las lagrimas por las cosas tan lindas que había dicho. Nunca nadie se había referido a mi con esas palabras. Con esa honestidad y con esa sonrisa en la cara.
Y si, al instante me identifique con lo que dijo. Tal vez hasta me parecía limitante comparado al amor que yo sentía que le tenía.
Mientras pensaba sentí como Lautaro se removió un poco de mi agarre. Como avisando que ya era hora de alejarnos. Ya lo habíamos alargado demasiado. Ya estaba. Su respiración se fue regulando poco a poco. Yo aún seguía llorando, no podía parar.
Era vergonzoso. Seguramente Lautaro se piense que soy un pelotudo.
Nos fuimos alejando de a poco. Lautaro se reincorporo un poco en la cama, con la mirada aun mirando hacia el piso. Yo lo mire. Fije mi mirada en su pelo rubio y luego la baje por inercia a sus labios. Esos pequeños labios finitos que en este momento formaban un puchero de tristeza.
Levantó su mirada y sus ojos cafés fueron directamente hacia los míos. De repente no estábamos tan lejos como antes. Nos estaban separando unos centímetros de distancia y una respiración errática que se escuchaba en la habitación por parte de ambos. Sentencié mi fin apenas mi mirada conectó con la suya. Su mirada se veía apagada. Sus ojitos almendrados y achinados reflejaban una tristeza que me generó una especie de bronca e impotencia por no poder borrársela. Por reflejo incline mis dos brazos hacia arriba y posicione mis manos en sus mejillas. Intentando borrar con mis pulgares las lágrimas que se habían quedado impregnadas en él. Lo acaricie, casi como un mensaje de que nunca más lo iba a dejar solo. Por más de que ya no íbamos a ser igual que antes.
Lautaro para mi siempre iba a ir primero en mi vida.
Sentí un impulso repentino por darle un beso. Por más de que al inicio lo dude, me acerque a el y plante un pequeño beso en su mejilla izquierda. Suave, dulce, con miedo a romperlo. Al separarme junté mi frente con la de él. Necesitaba mirar sus ojos y asegurarme de que esa tristeza se había curado un poco o si definitivamente la había empeorado. Pero lo encontré con su mirada clavada inconscientemente en mis labios. Buscando algo. Y yo no pude contener las ganas de hacer lo mismo. Con descaro y casi que por inercia me mordí el labio inferior, intentando demostrar, aunque sea un poco, ese deseo que me carcomía por dentro de sentirlo.
Mi cabeza ladeo un poco hacia el costado y sin quitar mi mano de su mejilla mi cuerpo se fue inclinando de a poco hacia su rostro. Sin dejar de mirarnos ni un segundo. Con una sonrisa inocente que apareció en mi cara por el simple hecho de tenerlo así de cerca. Podía escuchar claramente su respiración chocando con la mía.
Pesada y nerviosa.
Con mi otra mano aproveché para acariciar lentamente su pierna. Toques suaves y lentos que para ambos hacían todo más tortuoso. Con una lentitud casi que inhumana ambos nos fuimos acercando cada vez más hacia el otro. Por reflejo cerré los ojos esperando sentir de una vez por todas esos labios pequeños y tentadores.
Un mínimo roce invadió mis labios. Lo sentí como una caricia o como un pequeño cosquilleo que me recorrió todo el cuerpo por un milisegundo, haciéndome sentir lleno por un instante.
Porque un segundo después sentí de nuevo ese vacío y ese frio que recorrió mi cuerpo. Lautaro se había alejado abruptamente de mí y se había levantado de la cama nervioso, o hasta podría decir que paniqueado.
-No Manuel...-sentenció con una mezcla de angustia, pero también con algo de bronca-esto no está bien. No podes venir a decirme toda esta mierda y a casi darme un beso. No ahora
Bajé la cabeza. No sabía que decir.
-Sabes cuantas veces yo soñé con esto? -exclamo casi que gritando-Con este momento? Yo te esperé hijo de puta….yo estuve...-se cortó de golpe y su voz sonó más grave, más entrecortada otra vez-ahora ya es tarde
-Lauti..-intenté hablar con un hilo de voz
-No Manu. Ya está. Yo estoy con Pilar y vos estas con alguien también. Esto no esta bien. Lo mejor es simplemente alejarnos y seguir como si nada, esto no nos está haciendo bien a ninguno ya te lo dije…por favor-rogó mirándome con esos ojos tiernos que ponía cuando realmente estaba intentando que yo le hiciera caso.
El famoso elefante que llamaban en redes sociales entró en la habitación para llenarla con su silencio.
Habían pasado varios segundos hasta que decidí hablar.
-te quiero bebote...sábelo siempre-fue lo único que se me ocurrió decir, necesitaba que lo supiera
-yo también…muchísimo-chisto en un susurro, bajito-pero todo va a estar bien ya vas a ver. Los dos vamos a aprender a ser felices…
-No se si nunca llegue a ser tan feliz como lo fui con vos-le dije con mucha seguridad, necesitaba que me creyera.
El se quedo en silencio y apartó la mirada.
-Chau Manu-volvió su mirada a la mía con un tono de voz suave pero cansado
No respondí.
No pude.
Simplemente lo vi irse de mi cuarto.
Lo más irónico de todo era que vivíamos en la misma casa, lo tenia que ver más tarde para el stream. Pero ambos sabíamos, que apenas cruzara esa puerta, teníamos que limitarnos a no sentir, a no mirarnos, a no estar solos demás, a ser simples compañeros que comparten laburo y que viven juntos.
Nada más.
Nada menos.
A eso habíamos llegado por no arriesgarnos. Por no saber comunicarnos cuando era necesario. Alguien me había quitado el lugar que en el fondo yo tanto soñaba con ocupar, todo por no aceptar lo innegable.
Estaba enamorado de él. Ese enamoramiento no sexual que alguna vez jure sentir por él pensando que era una simple estrategia para el stream, resultó ser real.
Amaba a Lautaro.
Y no como mi mejor amigo.
