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La vida de Sunoo cambió de un día para el otro al igual que el color de su cabello; las flores de cerezo se abrían saludando al sol de una primavera suave y refrescante, rebotando en las hebras claras de su pelo y haciendo que la palidez de la base del maquillaje adquiriera calidez remarcando aún más el color característico de sus ojos. Sin embargo, su cabeza se encontraba tan nublada en ese momento que sus párpados tomaban el rol de persianas a medio bajar, impidiendo ver el brillo que era tan particular en ellos.
Desde hacía unos días, había sido así. No importaba mucho el contexto, llegaba un momento en donde la energía de Sunoo era absorbida repentinamente y, en su lugar, el silencio de sus labios sellados hacían que su expresión se tornase dura, casi sin vida.
La primera vez que lo notó fue mientras grababan un episodio de su show En-O’Clock. Ese día, particularmente, sus ojos reposan en las copas de los árboles por fuera de la ventana del vehículo en el que viaja con sus compañeros. Hacía poco que decoloró su cabello, retomando un color que prácticamente había llevado en otro tiempo pero con un leve cambio de tonalidad, sutil; se estaba preparando el regreso del grupo para dentro de unos meses, y aunque el cambio le había hecho sentir emoción en su momento inaugurando una nueva era, pronto desapareció como si no hubiese sido “la gran cosa”. Todavía quedaban conciertos de por medio hasta que la fecha de lanzamiento y promociones llegasen, haciendo que la alegría de muchos se mezclara con el cansancio de llevar una agenda cargada, pero no estaba del todo seguro que ese fuera su caso. A decir verdad, el cansancio nunca lo había llevado a sentir apatía por algún proyecto nuevo como lo estaba haciendo en ese momento. Sin embargo, esa sensación no era sino el resultado de la carga de emociones que se le acumulaban debido a su innata sensibilidad y que, en el caos de tantas capas de sentimientos que se mezclaban, las reducía a un amalgamiento que lo bloqueaba. El álbum con el que harían su comeback era genial, estaba seguro de ello. Incluso si faltaban cosas que hacer y pulir hasta llegar a la fecha prevista, era prometedor y un trabajo digno de ellos que les permitiría demostrar sus habilidades y crecimiento artístico. Pero el concepto del mismo… ese era otro tema. Por alguna razón, la propuesta que inicialmente le había caído en gracia como tantas otras poco a poco se desvaneció, aunque no se había dado cuenta de ello debido al poco espacio que tenía en el día como para poder procesarlo. En su lugar, ignoraba su propio estado divagando entre las cosas que le rodeaban y lo que tenía que hacer.
Sin dudas, el día prometía ser lindo, y muchos estaban seguros que la experiencia que les esperaba les haría sentir que, irónicamente siendo producto de una filmación, podían tomarlo al menos un momento de distracción del trabajo para divertirse entre ellos. La propuesta para el episodio era simple: pasar dos días y una noche en un alojamiento fuera de la ciudad a fin de afianzar su amistad a la vez que cumplían en paralelo con una misión de santa secreto. El formato del programa, desde el comienzo, se sintió libre y eso entusiasmaba a todos.
Pararon en un área de descanso para unos bocadillos en distintos puestos de comida, permitiéndoles cargar energías antes de llegar a su destino. La brisa del otoño todavía se mantenía como un soplo de un recuerdo que iba perdiéndose bajo el calor de los rayos, y Sunoo iba caminando en busca de algo que le abriese el apetito, alejándose sin querer de los camarógrafos que se esforzaban por querer capturar todo de los siete chicos que rápidamente se habían disperso. Por un segundo, sintió el confort de hacer algo tan normal como pedir comida en un puesto llenarle el estómago sin siquiera haber dado un bocado de comida; sólo él caminando con total tranquilidad como si paseara, una experiencia que había tenido por última vez hacía años cuando todavía le quedaban centímetros que crecer. Cerca de él, el cuerpo de Sunghoon también deambulaba con los brazos cruzados sobre su pecho, signo de su indecisión: seguramente no sabía dónde acercarse… o, mejor dicho, cómo acercarse a Sunoo, así que iba a paso lento, muy lento, hasta terminar coincidiendo cerca suyo, casi a la par. El viento volvió a soplar como por cuarta vez en el día, haciéndole cosquillas a los árboles y a las flores de sus copas hasta dejar caer algunos pétalos que, antes de reposar en el suelo, acariciaron con ternura a los jóvenes dejando su rastro sobre el pelo de Sunoo que se había logrado mantener intacto hasta ese momento. La ternura rosada de aquellas flores se fusiona perfectamente con la suavidad que emana el menor en su rostro sereno, y Sunghoon no pudo apartar la mirada de ese detalle. Como si la belleza de la naturaleza quisiera aferrarse a una igual a ella, y aun así termina derrocada por la ligera sonrisa de aquel muchacho al encontrar un puesto con propuestas dulces.
—Sunoo yah—Su voz rompió con el susurro de las hojas moviéndose en los árboles a su alrededor y aprovechó el momento antes de que Sunoo siguiese caminando hacia el puesto donde ordenaría para tomar su muñeca, ubicándolo así frente a él. Ninguno de los dos emitió palabra en ese choque de miradas, y aunque temblaba por dentro, la mano de Sunghoon comenzó a quitar firmemente cada uno de los pétalos sobre el rubio cabello. Sus rostros estaban separados por no muchos centímetros de distancia, pero sus corazones estaban más cerca que nunca; ambos palpitaban con tal fuerza que Sunghoon temía que se escuchara por fuera de su cuerpo como una sirena que gritaba en auxilio.
—Mirate, ya quieres llamar la atención de los camarógrafos—Trató de destensar el ambiente el mayor, con temor de tirar el último pétalo que lo separaría de la cercanía con su opuesto.
Sunoo rió como siempre lo hacía. Era obvia su timidez cuando Sunghoon era el que manejaba la situación. Esa sensación… otra vez. Pero la aproximación de la cámara les hizo sombra, provocando una retracción en los músculos del mayor, a lo que Sunoo siguió caminando como lo venía haciendo previamente, receptor del foco de la lente sobre su rostro. Sunghoon se sintió nervioso por la repentina captura, con la adrenalina empujando su corazón de un lado al otro mientras caminaba tratando de enfriar su rostro. Se tranquilizó, de cualquier manera, él era el amigo secreto de Sunoo y cualquiera de sus actos amables, por fuera de lo habitual, estaba justificado, y lo mejor, podía dejarse llevar por la especial estima que le tenía. Sin embargo, vacilaba cada vez que deseaba hacer algo, sus acciones quedando congeladas ante los erráticos pensamientos que le producían el solo hecho de considerar gestos tan simples que podrían delatar su interés. Hubiese querido decirle a Sunoo más cumplidos mientras jugaban en esa ocasión. Hubiese querido darle una campera -aunque la única que tenía a mano era la suya- cuando notaba que el menor tenía frío mientras caía el atardecer entre juegos y misiones. Hubiese querido ayudarlo en muchas ocasiones, y sin embargo no hizo nada, porque más que perder en el juego al delatarse a sí mismo como amigo secreto, hubiese perdido al dejar al descubierto aquello que sentía bajo su piel y que desde hace tiempo venía esquivando con miedo a que sus sospechas fueran ciertas. Así que solo le quedaba observar, a escondidas y disimuladamente como si lo espiara, procurando no interferir en nada relacionado a él. Aunque sí se permitió sacarle una sonrisa en un momento, no solo por mero contenido para las cámaras, sino que, por un momento, se dejó llevar mostrando solo una minúscula parte de la estima que le tenía al prepararle al menor un plato tan dulce como la expresión de sus ojos al recibirlo; aún así, sentir aquella satisfacción que le producía ser culpable de esa expresión en el menor le hacía sentir ambicioso, si fuese por él, si tuviese el coraje, buscaría la forma de conseguir esos momentos a diario. Por su lado, Sunoo no se había dado cuenta del ruido que le traía el silencio de su estancia en ese lugar sumamente pacifico y acogedor. Esa calma, que era todo lo opuesto al ajetreo del trabajo con el que miraba al mundo, fueron las primeras gotas de nostalgia que habían empezado a teñir su corazón. Sobre todo cuando la noche cayó sobre sus cabezas y las chispas del fuego junto al que se habían reunido competían con el brillo de las estrellas, trayendo con cada parpadeo una nueva razón con la que sentirse sensible mientras observaba las llamas moverse. Se sentía feliz y agradecido por la estancia, los momentos divertidos con sus otros miembros, pero no podía negar que frente al calor de la fogata había un aire frío que lo rodeaba haciendo que su cuerpo se retrajera.
La segunda vez, fue mientras trabajaban en la producción visual del nuevo álbum: fotos conceptos que le hacían cambiar de estado con cada vestuario, escenas para el MV… todas cosas que encarnaban la estética del amor y sus distintos aspectos. Tenía que ser capaz de encarnar la alegría e ilusión a través de una leve sonrisa, una sugerente mirada, y luego mostrar lo contrario. Aquello, pese a ser superficial, lograba colarse en su inconsciente provocando cambios en su ánimo que no lograba poner en palabras pero pintaba el panorama dentro de su cabeza, extendiendo de a poco la nostalgia reprimida como manchas que escalaban coloreando todo de azul. Aquello no era un estado definitivo, pues eran momentos en donde se quedaba varado en el vacío del ensimismamiento, más que nada en situaciones monótonas como los viajes en autos, sobre todo cuando la noche los atrapaba como en ese momento. Ninguno de los presentes emitió palabra alguna, desplomándose dentro del vehículo apenas llegó, y muchos de ellos, antes de poder dar siquiera dar un vistazo a sus celulares, optaron por aprovechar los pocos minutos que tenían sin necesidad de moverse para dormir. En su lugar, Sunoo no cerró un ojo, tampoco estaba mirando su celular o escuchando música. Estaba callado, en una esquina dónde la oscuridad lo tragaba, sus ojos posados en la textura del asfalto que cambiaba con el correr del carro. De repente se sintió helado, una rafaga de viento soplaba jugando con todo su cabello. Sunghoon abrió la ventanilla, dejando entrar el aire nocturno de la carretera. Sin embargo, por el rabillo del ojo notó la reacción de Sunoo, deshaciéndose de su acción para volver a la pantalla de su celular.
—Oh, lo siento—Apenas miró a Sunoo esperando que la brisa deshiciera la apatía que cargaba en su rostro.
—No pasa nada
Y cada uno volvió a hacer como si nada, al igual que el resto que integraba el vehículo. Como siempre. Y como se había vuelto costumbre en el último tiempo, Sunghoon observaba de reojo el semblante de Sunoo. Había algo en su mirada que no lograba descifrar y se sentía curioso sobre ello. Pero el menor cerró sus ojos, cansado de dar vueltas en su cabeza al igual que lo había hecho durante todo el día cumpliendo con actividades en su agenda, y se dejó llevar por el sueño que le producía el ambiente silencioso.
La tercera vez lo tomó desprevenido. Esta vez, sin quererlo, la respuesta a su extrañeza se deslizó de sus labios de forma tan natural que no cayó en cuenta sino hasta luego de haber apagado la cámara. Estaba en medio de un live de Weverse cuando de repente, el feedback que estaba teniendo con las fans a través de comentarios se transformó en algo mucho más personal en el momento que comenzó a contar la vieja historia de una amistad que había enterrado desde hacía tiempo. Ni siquiera supo por qué, si solo había leído un simple comentario de anécdota de una fan, comenzó a divagar en voz alta sobre la particular situación de dejar de hablar con una amistad. “Esta es mi historia.Mi amigo sigue… Él no me buscó.”
Había un amigo con el que dejé de hablar después de empezar con mis años de trainee”
“Pero era un amigo con personalidad T. Siempre que le contaba mis problemas, simplemente los pasaba”
Cada palabra que pronunciaba se sentía más pesada que la anterior, por lo que le costaba conectarlas bien para articular una oración y, mientras arrastraba sus más profundos pensamientos por fuera de donde residían, tocaba su oreja en un intento se autorregularse; pero todas esas palabras juntas se comportan como piezas de lego que por fin estaban dando forma a aquellas emociones que Sunoo no había podido dilucidar hasta ese momento.
“Pero ahora que tengo 20 años, extraño a ese amigo y esas cosas”
Entonces comprendió que esa marea de nostalgia en la que caminaba había traído a flote el viejo recuerdo de una amistad que había soltado hace tiempo, pero que aún vagaba en los rincones de su pecho, lugar donde residía su mundo emocional. Claro que aquel recuerdo de gusto amargo podía ser la historia de una de las tantas amistades que se pierden con el tiempo, más no era sino la marca del dolor de un tipo de amor que sobrepasaba la amistad. Que lo había sobrepasado a él. Era una pequeña parte de su historia, un pequeño lapso de tiempo comparado al resto de su vida, pero con una importancia que, incluso años más tarde, se sintiera igual de fuerte que cuando lo vivió.
Aquello claro que no había sido el fin del mundo como parecía; había sido el fin de un mundo que él mismo construyó en base a ilusiones, y cuando su amigo le dió una patada al reflejo de la imagen que él había imaginado sobre ambos, distorsionando aquella como si se tratase de un espejo de agua, se dió cuenta de lo frágil que era. Pero ahora que ponía sus sentimientos en voz alta… se sentía quebrado, aliviado de poder romper la tensión con la que estaba viviendo en el último tiempo, pero con la sensación de haber hecho arder aquella herida nuevamente. Desde que debutó, siempre cantó canciones con el amor como tema de por medio, sin ninguna dificultad; este álbum, en cambio, era puramente sobre amor, pero un amor que comprendía tan bien que por eso le jugaba en contra: un amor que nunca fue contado. Eso le hacía sentir extraño, ajeno a su propio grupo que, a diferencia de él, parecían desbordar una emoción que los unía a todos menos a él; pero ¿Acaso podía asegurar ser el único sintiéndose así de frustrado? Si pudiese ver más allá de la apariencia, quizás podría saber que no era el único con el corazón temblando entre sus manos.
Sin embargo, siguió como si nada con el directo con la idea de que, una vez más, tendría que dejar pasar un poco de tiempo hasta que aquellos pensamientos y emociones se apaguen lentamente o fuesen reemplazadas por algo más grande. Y siguió como si nada en los días que le siguieron a ese, hasta que el fantasma que lo atormentaba en su cabeza se volvió realidad frente a sus ojos haciéndole creer que se trataba de una fantasía, más ese tono de voz que algunas veces hacía eco en los rincones de su memoria resonó en sus oídos como un golpe seco que le tomaba de imprevisto.
—¿Sunoo? ¿Te acuerdas de mí?
Sunoo tragó fuerte cuando aquellos ojos negros a los que había dado la espalda lo tomaron por sorpresa. Claro que se acordaba, porque desde hacía meses no había podido sacarlo de su cabeza. Ni siquiera ahora que recién acababa de trabajar y se encontraba acompañado de dos de sus compañeros; pero, como si lo hubiese manifestado, su imagen se presentó entre tantos rostros a su alrededor.
Algo cambió en el rostro de Sunoo en el momento que se encontró con el rostro de ese chico y Sunghoon lo notó fácilmente. Sin embargo, no se explicaba por qué eso le provocaba tanto disgusto ¿Por qué la mirada de Sunoo tenía un brillo distinto al usual?
