Actions

Work Header

¡Hey Boss!

Summary:

Huening Kai knows exactly what he craves. He slips into the Devil’s office, leans in close and whispers a filthy “Hey, Boss” against Choi Soobin’s ear… before getting bent over that expensive desk and fucked senseless for hours like the boss’s eager little cumslut.

Kai lives for those late nights with “Boss Choi Soobin”. He loves walking out afterwards with shaky legs, cum dripping down his thighs, and that satisfied, fucked-out glow only his ruthless boss can give him.

Notes:

Holaaa 💕

Esta historia está escrita completamente en español.

This work is written entirely in Spanish.

Thank you for stopping by! I hope you enjoy this little office smut between boss Choi Soobin and Huening Kai.

Espero que disfruten mucho, es mi primera historia publicada aquí. Tengo más contenido en Wattpad bajo el mismo usuario jajaaj, gracias por todo 🥰

Work Text:

╔═══❖ 🥀 ❖═══╗ 

“Capítulo Único”

╚═══❖ 🥀 ❖═══╝ 

 

Caminaba tranquilo por la recepción después de haber terminado mi trabajo, está era una de las pocas veces en las que salía relativamente temprano, porque ya son pasadas las once de la noche.

Suelto un suspiro agitado por el día agitado, revolviendo mi cabello para agarrar mi mochila y colocarmela en el hombro.

Está semana no sucedió nada interesante en particular, lo más lamentable es que no pude ver a mi jefe, y claramente quería... Verlo.

Pienso en el hermoso abogado líder del equipo tres y no puedo evitar que se me escape una pequeña risa boba. Ah... debería escribirle para ver si está libre el fin de semana.

—¡Buenas noches, Kai! —me saluda con apuro un chico castaño pasando por mi lado, y detengo mis pasos enseguida.

Ese es Kang Taehyun, parte del equipo de tres, es decir, el de Soobin. ¿Qué hace con una caja de donas y un café en las manos a esta hora?

—Hola Tae. ¿Estás ocupado? —lo detengo tomándolo del brazo al alcanzarlo y señalo lo que lleva en las manos—. ¿Necesitas azúcar y café para un caso difícil? 

Pregunto en modo de broma, pero el niega cansado y casi que sin ánimo al dejar ir un quejido de dolor.

—Ojala fuera para mí. Sí estamos trabajando en un caso difícil, y el diablo de Choi me mandó a comprar esto en la cafetería que está a cuatro cuadras de aquí. ¡Ya quiero irme! No me pagan lo suficiente para esto.

Se queja más que frustrado mirando al piso, pero yo no puedo evitar sonreír queriendo ayudarlo y claro, aprovechar la situación.

—¿Ya te puedes ir a tu casa? —pregunto con suavidad y él asiente—. Yo puedo llevarle eso a tu jefe, no te preocupes.

Me ofrezco de buena manera, evitando que se note mi creciente emoción y espero que mi corazón no haga tanto ruido al acelerarse. Genuinamente sí quiero ayudar a Tae, entramos juntos a hacer las pasantías y es un buen chico.

No es como yo, ah... soy un demonio con cara de ángel, no puedo negarlo.

—¿Estás seguro? Ya te ibas y... 

—Estoy seguro, además, dejé unos papeles importantes en mi oficina, también puedo aprovechar de buscarlos. ¿Tienes tus cosas aquí? 

Él asiente ante mis preguntas y me entrega la caja de donas y el café. Mirándome con alivio.

—Muchas gracias, Kai. Prometo ayudarte en lo que necesites, tú solo...

—Sí, no te preocupes. Reunámonos el fin de semana y si te parece bien comprame la cena —río por la situación, pero Taehyun dice que no hay ningún problema. Él se va del edificio casi que corriendo con una sonrisa y gritándome que me debe una.

Camino con tranquilidad hacia el ascensor y presiono el botón de uno de los últimos pisos.

Hacia la oficina del “diablo”, Choi Soobin.

Trabajé con él como uno de sus internos, pero cuando terminé ese periodo de entrenamiento claramente no esperaba quedar fijo en esta firma de abogados.

Por eso, cuando Choi Soobin firmó mis pases y la aprobación de mi periodo de prueba, hice algo... que deseaba hacer desde hace tiempo.

Besar a ese maldito hombre rubio y sentarme a horcajadas en sus piernas para empezar a montar su polla y que me cogiera de una forma ruda y sin cuidado.

Mierda, no creí que ese hombre casado aceptaría con gusto mis acciones, pero cuando puse mis labios contra los suyos, su diestra se dirigió sin cuidado a mi trasero, dándome un fuerte azote.

Tuvimos sexo rudo. Me fuí jadeante, destrozado y contento de esa empresa con la satisfacción de que me cogió mi jefe, o para ese momento, ex-jefe.

No pensé que al tiempo me llegaría un mensaje, diciendo que fuera a firmar un contrato para ser un trabajador fijo, temblé de miedo cuando me encontré por los pasillos al “diablo”, Choi Soobin.

Por suerte no estaba en su equipo, pero eso no fue impedimento para que el rubio me buscara y me susurrara en el oído que tuviéramos otro encuentro... subido de tono, por supuesto.

Y así como ahora, tocaba la puerta de su oficina y esperaba el “pase”, para verme de nuevo con él.

—Hey boss... buenas noches —digo tranquilo y de buen humor, pero el rubio levanta la vista brevemente de su computadora con cara de pocos amigos—. Taehyun se veía cansado y me ofrecí en traerle esto a usted, espero que no se moleste.

Explico sencillo y él asiente con cuidado para volver a ver su computadora.

—Tenía que darle unas indicaciones, pero está bien... se las dejaré por mensaje.

Me dice sin relevancia, tomando su teléfono y yo me acerco para dejar la comida en su escritorio.

—¿Estarás aquí hasta tarde? ¿Por qué pediste esto? —pregunto confundido y él bufa cansado, creo que está estresado.

Su cuerpo que parece rígido y como frunce las cejas me lo deja en evidencia.

—Sí, salí tarde de una reunión, no he cenado y debo de ordenar un informe de un caso para el día de mañana, también tengo que redactar un contrato de división de bienes y...

—Estas tenso —me pongo detrás de él y empiezo a darle un masaje en sus hombros y cuello—. Relájate un poco, te va a doler la cabeza.

Comento preocupado por su estado, pero él ríe sin ganas, aunque no me aparta.

—Ya me duele la cabeza —afirma con voz neutra y agarra el café—. Para eso pedí un espresso.

Niego divertido por su costumbre de tomar café tan tarde y llevo mis manos hacia los botones de su saco para desabrocharlo.

—Quitate esto, por esa razón estás así.

Soobin se deja hacer, extiende sus brazos para que le quite esa parte de su traje y lo coloco en otra mesa del fondo.

Agarro la silla giratoria con fuerza y la muevo para que el rubio quede de frente a mí. Él me mira con duda aunque al mismo tiempo con una expresión divertida y de advertencia, mientras deja el vaso del café vacío sobre el escritorio.

—¿Qué haces? —pregunta con voz gruesa y siento que mi corazón se acelera y él calor en piel crece cada vez más—. HueningKai...

—Solo te ayudo un poco —respondo con vos suave, llevando mis manos al nudo de su corbata empezando a quitarsela y arrojándola a otro lugar—. Estás estresado, solo quiero ayudar a mi jefe.

Digo travieso, para meterme entre sus piernas y desabrocho su camisa con una tortuosa lentitud. Soobin parece respirar con fuerza, llevando sus grandes manos a mis nalgas masajeandolas sin estar apurado, casi perezoso en su toque.

—Estoy ocupado —su voz sale con autoridad y detengo todos mis movimientos sin saber si está molesto—. Además, no cerraste la puerta con seguro, ve a hacer eso primero.

Me ordena dándome una fuerte nalgada y yo cierro mis ojos por el ardor del azote para soltar un jadeo y besar al rubio con fuerza sin ningún miedo de que nos descubran.

Nuestros labios luchan por un segundo en que jadeo bajito al querer saborear su boca, él negándome ese acceso divino. Soobin rompe el beso al tomarme por el cuello, casi que ahorcándome alejándome de él. 

Llevo mis manos a la suya para hacer que me suelte, pero él simplemente ríe con esa sonrisa controlada de “obedeceme”.

—Te dije... que fueras a cerrar la puerta con llave, no estés tan necesitado —él me suelta empujándome un poco, provocando que me tambalee, indicando que le haga caso.

Soobin se gira en la silla y continúa escribiendo algo en la computadora esperando que yo... recupere un poco la compostura.

Lleno mis pulmones del aire frío de la oficina sin apartar mi vista de él, y cuando me recompongo camino de forma torpe hacia la puerta para ponerle seguro. 

—Y-ya está —comento con un hilo de voz y carraspeo para poder hablar—. Eres muy paranoico, ya no hay nadie aquí.

Digo volviendo hacia Soobin y me siento recargado de su escritorio, observandolo sin querer perderme ninguna de sus reacciones.

Es difícil descifrarlo, aunque tampoco es que mi prioridad sea conocer exactamente lo que piensa.

A veces... Me conformo con el simple hecho de meterme entre sus piernas, pero en ocasiones desearía poder aspirar a algo más con él.

Y sí, sé que eso es estúpido. Por eso, solo vengo por una buena cogida.

—Hay que ser precavidos, si nos descubren tú te llevaras la peor parte, siempre es así —comenta con voz más suave, pero no comprendo—. Dirán que te acostaste conmigo para obtener un cargo en la empresa. No deseo que digan eso, Kai.

Abro mis ojos con asombro y pienso detenidamente por un instante en lo que dice... Realmente es agradable que se preocupe por mí.

O quizás me miente y no quiere que lo descubran siendo infiel... Pero ah, por este momento creeré que sus palabras son genuinas.

—¿Fué así? Yo sí quería tener sexo contigo, pero no lo hice para que me dejaran trabajando fijo, más bien, supuse que no te vería más nunca en mi vida —comento riendo, recordando mi travesura que nos llevó al día de hoy.

—Claro que ibas a quedar trabajando aquí, haces bien tus labores —responde casi que con obviedad, y no pude evitar sonreír por su halago.

 Él es un abogado con una tasa de éxito elevada en todos sus casos, si piensa eso de mí, es reconfortante.

—Espero que no me digas eso, solo para poder tocar mi trasero —comento de forma acusatoria, pero él niega divertido y con esa mirada suya mostrando sus hoyuelos.

Es increíble que además de sexy, considere a Soobin muy tierno al mostrar sus preciosos hoyuelos, aunque nunca le he confesado eso.

—No, tu trasero lo toco sin necesidad de estar halagándote —se burla con naturalidad y cierra su computadora para verme con sus ojos oscuros reflejando deseo—. Podemos disfrutar por 60 minutos, quiero terminar lo que te dije, para irme a casa después.

Sonrío en su dirección para acercarme de forma peligrosa, inclinándome sobre él, sin dejar de estar sentado en su escritorio.

Tener su rostro así de cerca, acariciar su mejilla con lentitud sintiendo su calor corporal, atreviéndome a tocar su nariz con la mía, en serio adoro estos momentos con él.

Este precioso momento donde siento su respiración caliente y me preocupo en que él no escuche los latidos frenéticos de mi corazón desbocado.

—¿Tan poco tiempo? ¿Solo 60 minutos es lo que valgo para ti? —mi voz sale tan suave y aterciopelada como puedo, queriendo seducirlo, pero Soobin niega riendo, alejándose de mí—. Ah, es porque quieres ir a ver a tu esposa, por eso no me dedicas el tiempo necesario.

Hago un puchero pequeño y hablo de forma dolida hacia mi jefe, por recordar a su señora esposa.

Solo que Soobin empieza a desabrochar su camisa y parece odiarme al sacar ese tema.

—No me nombres a mi esposa, eso me hace molestar —su voz está envuelta en rabia, mientras tira su camisa a otro lugar y me sorprendo por su actitud.

Aunque claro, evito cambiar mi expresión y mantengo la compostura queriendo jugar con él.

—¿Enfadado? —interrogo sonriendo y él asiente—. Entonces libera tu estrés conmigo, dame todo lo que tienes, boss.

Paseo mis ojos por el abdomen marcado del rubio y siento como mi polla empieza a despertarse. Porque Soobin vuelve a sentarse en su silla, abriendo las piernas y masajea su creciente bulto por sobre la tela.

—Tengo ganas de follarte la boca —comenta contento, y siento que babeo con esa sola idea.

No necesita decir nada más, sabe que me arrodillaré para él, es un idiota.

—Si mi jefe lo pide... —me muerdo el labio inferior, arrodillándome ante él, para empezar a desabrochar su cinturón con cuidado.

Soobin se levanta para ayudarme a bajar sus pantalones y boxers, y mierda... su pene está poniéndose duro.

Ese gran trozo de carne tan apetitoso que se me hace agua en la boca. Carajo, voy a llorar de la felicidad en este momento.

Beso la punta de su miembro con cuidad, le doy una larga lamida en toda su extensión queriendo humedecerlo, agarro la base con delicadeza y empiezo a masajearlo para que termine de despertar.

Meto la primera parte en mi boca y empiezo a subir y bajar mi cabeza, en un movimiento lento para volver loco a Soobin.

Después trago todo lo que puedo de su pene para empezar a sacarlo y meterlo de mi boca, en eso siento un fuerte agarre en mi cabello y como soy obligado a quedarme quieto, mientras Soobin empieza a moverse con fuerza.

Está follandome la boca, ya no importa todo lo que haga, él simplemente está usándome.

Y mierda, que me encanta sentirme de esta manera, dominado y usado por él. Mi corazón golpea mi pecho con cada vez más fuerte, y me aprieta mi propio pantalón.

Siento arcadas cuando su pene casi llega a mi garganta y agarro con fuerza los muslos del rubio, e intento alejarme para poder respirar.

Mis pulmones comienzan a arder por falta de aire, y aunque lo adore, aún no deseo morir.

—¿Ya te cansaste? —pregunta con diversión, y yo niego mientras respiro profundamente, queriendo tomar aire.

—N-no... —niego sintiendo mis ojos irritados, y vuelvo a mi trabajo, masturbandolo con mi mano, en un movimiento lento para que se desespere.

—K-kai... —el contrario gruñe bajo, y yo sonrío feliz por escuchar su voz así—. Linda zorra, usa tu boca.

Mis piernas tiemblan y me acerco de nuevo, para está vez, a besar y lamer sus testículos a mi antojo.

Sí, sé muy bien que le fascina esto.

—M-mierda —mi jefe vuelve a decir entre jadeos, y yo en particular, llevo mi mano a mi miembro erecto para darle atención por sobre la tela de mi pantalón—. Mmh... Kai, sigue así.

Lo observo desde abajo con mis ojos llorosos, y mi cabello negro revuelto, sé que debo ser un desastre, lo peor es que el mayor sonríe... a él le gusta lo que ve.

La respiración de Soobin se vuelve pesada, y engullo de nuevo su palpitante miembro, para jugar con mi lengua. Siento de nuevo un tirón en mi cabello, y el golpe frenético de mi rostro con los muslos del rubio asfixiándome.

Llevo mi mano hacia mis pantalones para desabrocharlos, estimular a Soobin es genial, pero mierda, necesito tocarme porque siento que explotare.

Su calor me encanta, pero igualmente me siento ardiendo en fiebre y quiero que me toque.

 —A-ah... Kai, quédate quieto —Soobin empuja duro contra mi boca, y las arcadas que siento por el golpe de su miembro con mi garganta son demasiado fuertes, pero logro contenerlo, y el rubio ríe jalando mi cabello para alejarme un poco—. Si haces algo asqueroso, prepárate para las consecuencias, bebé.

Me advierte en una orden y siento que moriré por la magnitud del rubio, eso y que no estaba respirando para este momento, pero no me importa, no cuando...

—Me voy a correr, carajo Kai, tragatelo todo como una buena perra —aleja un poco su miembro de mi paladar para dejar la punta sobre mi lengua y siento como mi boca se llena de su esencia. Como puedo, busco pasar todo por mi garganta, para hacer caso a la petición del rubio.

No es un sabor que adore, pero tampoco que me moleste.

Saco de mi boca su miembro palpitante y me agarro de los fuertes muslos de mi jefe para tomar aire como si hubiera corrido un maratón.

Soobin toma mi rostro con fuerza, me hace levantar la mirada para verlo, le regalo una expresión cansada y abro mi boca para que vea que aun conservo un poco de su semen ahí.

—Te dije que lo tragaras todo —regaña para levantarme por mi camisa y dejarme a su altura, mientras yo me sostengo de los reposa brazos de la silla—. No haces caso, Huening...

A pesar de su reprimienda, él estampa sus labios contra los míos, degustando su propio sabor en mi boca, suelto un gemido por tan repentino acto, las manos de mi jefe viajan a mis glúteos descubiertos, apretandolos a su gusto y placer.

Gimo feliz en medio del beso, lo empujo para separarnos un poco y logro tomar aire entre jadeos.

—Aun nos queda tiempo, boss... —gimo viendolo desde arriba, pero él parece interesado, cuando me agarra por la cadera paseando sus manos por mi piel descubierta al tener el pantalón abierto.

—Entonces tengo que joderte duro. ¿No crees? —su seguridad tan absurda me sorprende, pero no más cuando soy volteado de forma violenta y empujado con fuerza haciendo que mi pecho quede sobre el escritorio.

Mis piernas son separadas por el rubio que está atrás de mí, tomando con fuerza mi brazo izquierdo para inmovilizarme.

—S-soobin... ¡Así no! ¡¡A-AH!! —le advierto, pero un azote fuerte en mi glúteo me hace callar y cierro los ojos por la sensación de dolor mientras me quejo.

—Deberías hacer silencio, mi vida —mi cabello es jalado hacia atrás y levanto mi rostro para sentir como el pecho de Soobin se pega a mi espada—. Si gimes fuerte vas a hacer que no quiera terminar esto rápido, amor...

Susurra en mi oído para besar mi mejilla, bajando por mi cuello dejándome unos cuando chupones que se verán el día de mañana.

—B-boss... N-no, S-soobin no quiero que vean que...

—Kai, tu piel es muy blanca y perfecta, necesitas que algo la adorne —una de sus manos pasa por mis glúteos disfrutandolos, pero después siento como baja poco a poco quita mi pantalón con la ropa interior—. Mira ese enorme trasero, es todo mío.

Siento mi rostro arder por su halago, pero lo que me hace descolocar es escuchar como abre una gaveta de su escritorio, y observo como saca un pequeño frasco de lubricante.

—Odio que tengas eso ahí —volteo mi rostro sin querer verlo, dejando mi barbilla recargada en el escritorio de madera—. Soobin, ten cuidado, yo...

—¿No te tocaste antes de venir a verme? Pero mi amor, estabas tan desesperado por mí polla, ¿no querías que te cogiera duro?

Soobin abre mis piernas otro poco y yo me siento inevitablemente expuesto a él. ¿Está tan mal que me deje usar a su antojo? Yo creo que sí.

—¡S-soobin! Por favor, no... —gimo aguanto la respiración, porque algo frío se hace paso por mi entrada palpitante y comprendo que tengo dos dedos de mi jefe empezando a dilatarme—. S-soobin, S-soobin te lo pido, no...

—Pequeña zorra, ¿por qué sollozas? Sí te tocaste antes de venir aquí. Estás dilatado, conozco cuando no lo estás.

Muerdo mi lengua ante sus palabras, la estimulación del rubio. Con sus dígitos largos y fríos por el lubricante artificial arremetiendo contra mis paredes, Soobin que siempre me ha encantado, yo soñaba con estar así para él.

Mientras me dilata, o tortura a su placer, yo me agarro del escritorio sollozando, evitando a toda costa deshacerme en gemidos ruidosos. Sí, estamos solos en este piso del edificio, pero si alguien llega, en serio estaría en una mala situación.

Pero no importa mucho cuando agrega otro dedo y me hace abrir los ojos sobresaltado, ¿o sí?

—M-mierda... A-ah —gimo bajo y cierro los ojos negando, para respirar fuerte sintiendo que aprieto los dedos de los pies. Mi vientre se contrae y desearía algo más grande en mi interior.

Algo duro que arremeta contra mí, que me haga ver las estrellas mientras soporto su magnitud, lo quiero tanto.

—Ya estabas preparado. ¿Te tocaste antes de venir conmigo? ¿Este era tu plan? —pregunta contento, y yo niego con cuidado, derramando unas cuantas lágrimas.

—Y-yo m-me toqué... pero no pensé terminar hoy aquí contigo —me propina otra fuerte nalgada, y solo me queda sollozar en silencio cubriendo mi boca.

—Que bueno que te divertiste solo, así me facilitas las cosas —ríe extasiado, mientras toma mi miembro con una de sus manos para masturbarme, sacando sus dígitos de mi interior, dejándome extrañamente vacío.

—Jefe... Por favor, yo te quiero a ti —giro mi cabeza un poco, encontrándome con Soobin que empieza a enderezarse y suelta mi pene para empezar a masturbarse él mismo.

—No grites tan fuerte. No es el lugar apropiado para eso —yo asiento mordiendo mi labio inferior, dejando de observarlo preparándome para la intromisión.

La longitud generosa de Soobin empieza a abrirse paso por mi entrada húmeda, y yo jadeo bajo y sin aire al momento que se abre paso en mí. Tan bueno que es recibirlo y sentirme lleno de mi sexy jefe.

De este hombre casado y cuidadoso que no aparentar la maldad que tiene. Soobin es tan astuto que incluso llegaría a asustar.

Pero aquí y ahora, él besa mi nuca con paciencia, me llena de chupones por dónde pasan sus labios, pidiéndome que lo soporte bien.

Porque en cuanto mueve su cadera hacia adelante, siento enseguida llegar al cielo o quizas al más bajo infierno. Pero la sensación placentera y electrizante de tenerlo adentro de mí es jodidamente increíble.

—A-así... a-así, Soobin... —gimo bajo, perdiendo la cabeza, y me concentro en el movimiento de su cuerpo empujando al mío, uno que es suave pero firme, aunque con su agarre fuerte en mi cadera, sé que no durará mucho su amabilidad—. ¡Más! S-soobin...

—No me gusta que te toques, tú solo —comenta molesto, para dar una fuerte estocada en mi interior, haciendo que se me escape un gemido alto—. Tienes prohibido eso, mi vida. Nunca sin mí...

—¡¡A-AH!! Boss... —gimo sin querer, pero mi cabello es agarrado con fuerza y volteo mi rostro, para unir mis labios con los de Soobin.

Un beso fuerte y hambriento, necesitado, uno que me hace saber lo emocionado que está mi jefe y lo loco que está por dejar mi piernas como gelatina.

Porque Soobin se hace dueño de mi cuerpo, de mi intimidad, de mi boca y me reclama con fuerza hasta incrementar el movimiento de sus caderas.

En serio quiere matarme.

—Dimelo de nuevo... demuéstrame que tan obediente eres con tu jefe...

Soobin me reta con su miras oscurecida, y aunque me guste complacerlo, no puedo evitar retomar el aire, cerrando mis ojos evitando que me vea tan destruido.

Todo lloroso y débil ante él. Porque en serio aunque odie que sea tan evidente que haría cualquier estupidez que me ordene.

—E-estas muy gracioso, S-soobin... ¿Por qué piensas que te haría caso? ¿Te excita cuando te hablo en inglés? —me burlo dejando de observarlo, pero de inmediato su miembro sale de mi interior y me siento vacío...

»M-MHM, ¡¡A-AH!! S-SOOBIN-N!!—su mano tapa mi boca de inmediato, y siento que está pegajosa.

Es la misma con la que me masturbaba, ya empezaba a soltar líquido preseminal, mierda, me correré dentro de poco.

—Boss... me vas a decir así, “Boss”, de la forma lasciva y necesitada que pueda tu mente nublada de perra, así como me lo dijiste hace un rato, eres mi puta Huening.

Decreta volviendo a tomar mi cabello en un puño para obligarme a verlo, y yo sonrío sintiéndome... Extrañamente feliz.

—M-maldito fetichista, seguro que a tu esposa no le dices eso de... 

—¡No nombres a esa infeliz! Solo estamos tú y yo aquí, no ella, ni ninguna otra persona —escupe con furia, para estampar de nuevo su boca contra la mía, en una lucha con un ganador establecido.

Y ese no era yo, para nada, el que me estaba comiendo la boca con hambre y sed, es Soobin. Cómo si fuera un perro hambriento que acaba de ver un plato enorme de comida.

Respiro con fuerza y de forma entrecortada cuando me suelta, yo no puedo seguirle el ritmo y llega el momento donde necesito aire, pero él me agarra por la nuca no dejándome ir.

Me desespero y llevo mis manos a su pecho empujándolo como puedo sin éxito. Porque continúa con nuestro beso. ¿Él no necesita aire? 

Mierda, va a matarme

—A-así... son mejores los besos —comenta al separamos, pero yo apoyo mi frente en su hombro y agarro aire, mis pulmones lo necesitan.

—I-imbecil... —susurro con mi voz apagada y tengo la sensación de querer caer desmayado—. Te cabrea que nombre a tu perfecta, esposa, ¿no? 

Digo cansado tragando de mi saliva, pero está vez Soobin me toma con fuerza por los muslos subiendome al escritorio. Empujándome hacia atrás, y el sonido sordo e mi espalda contra la madera e lo que se escucha acompañado de mi jadeo de sorpresa.

Mi trasero queda a su disposición y siento como se mete en mi interior con fuerza, dando una estocada certera.

—¡SOOBIN! —gimo fuerte por la sorpresa, sintiendo mis piernas temblar y como la respiración me falta. 

Soobin gime ronco besando y lamiendo mi cuello, dejándome un chupon nuevo, moviendo su cadera con fuerza y brutalidad, disfrutando de joder mi cuerpo. 

Sus manos viajan a mis pezones mientras los maltrata sin cuidado, y yo siento mi vientre apretarse y como estoy a nada de correrme con fuerza.

—K-kai... —Soobin habla bajo, acercando su rostro al mío empezando a besarme lento y su movimiento de caderas ahora es frenético—. Mi perfecta zorra, solo mío.

Va a matarme por el contraste de ritmos.

Su mano viaja a mi miembro, me masturba él mismo con su mano caliente y grande que no se compara a la mía.

—M-me v-voy a... ¡BOSS, carajo! —advierto, pero soy callado de nuevo con sus labios y con otras embestidas fuertes, libero mi semen arqueando mi espalda en un sollozo satisfecho que no reprimo, así caigo rendido en el escritorio.

Soobin gruñe al verme desde arriba y con embestidas brutales suyas que ni me dan tregua, siento como su semen caliente escurre por mis glúteos en el momento en que él sale de mi interior.

—Siempre es bueno follarte ese trasero grande, Kai —mi jefe, alias, “Diablo” Choi Soobin, sonríe con sorna y acaria mi cabello con cuidado, mientras yo intento recomponerme—. Eres una perra que aguanta bien.

—Ah... no me sale la voz —digo con un susurro cansado y cierro mis ojos mareado, estoy agotado.

Que me jodan así en un escritorio duro no es algo a lo que ya estoy acostumbrado, es incómodo.

—Ya vete a descansar, te llamo un taxi —me dice con una sonrisa satisfecha y yo me incorporo con cuidado con su ayuda, para así asentir.

Como quisiera que no me doliera el hecho de irme después de tener sexo con mi jefe.

Como desearía que no solo fuera mi jefe... tal vez, ser algo más y eso jamás sucederá, solo soy su perra de paso.

Seguro debe de tener más, chicos o chicas a quien se folla en su rato libre.

Me visto con cuidado, con Soobin imitando mi acción, pero antes de levantarme y ponerme los pantalones él me toma por los hombros y me dice que espere un momento mientras busca algo para limpiarme.

Que busque en mi propio bolso unas toallas húmedas me hace reír, siempre las llevo. Él lo sabe.

Que me limpie como si nada, que ahora sus ojos negros no estén llenos de lujuria hacia mí... Es raro, supongo que a pesar de solo ser su amante, él quizás me tiene consideración.

Mierda, a mí no me movía el piso Soobin. Solo quería sexo y la satisfacción de que me cogiera, pero ahora admito que me empieza a gustar más de lo permitido.

Después de estar libre de nuestros fluidos, me pongo mi pantalón bajo la ayuda de Soobin que me acomoda la camisa y aprieta mi correa al finalizar.

—Nadie sabrá lo que hicimos, no te preocupes... no nos descubrirán —lo tranquilizo un poco y él asiente con seguridad.

—Lo sé, eres muy cuidadoso —confirma y me sonríe dejando ver sus hoyuelos—. También mientes muy bien, puedo estar tranquilo contigo a mi lado, eres astuto.

Me río sin ganas por sus palabras y niego lentamente.

—¿Es bueno que sepa mentir? —pregunto y él asiente—. Somos abogados, nos enseñan eso... supongo que al ser tu amante es una buena cualidad... nos vemos, Boss.

Me despido guiñando un ojo, pero de nuevo, Soobin evita que me levante y yo lo veo a los ojos con mucha duda por sus acciones.

—Kai... no nos deben descubrir porque me voy a divorciar y mi esposa me está investigando, me di cuenta de eso hace unas semanas, yo...

—Entiendo —lo interrumpo y río suave para que no se note mi tristeza—. Sé que si descubren que le eres infiel, vas a perder tus bienes. Tranquilo, no nos veremos más si quieres, hasta que...

—No es eso —tapa mi boca con su mano, y no me deja hablar—. Escúchame, después de mi divorcio quiero invitarte a salir, ya no más hoteles para solo tener sexo.

Sus palabras se escuchan como un sueño, y mierda... quizás lo imaginé.

—¿Esto es verdad? —pregunto cuando él deja libre mi boca, pero su agarre en mi cintura solo me afianza y me acerca más a su cuerpo.

—Lo es... Así que consideralo, sé que no te gusta ser mi amante, a mí tampoco me gusta esta estupidez de andar preocupado de su te cogo o no —sonríe mientras me da caricias en la cintura y yo río bajito.

—Eres una caja de sorpresas, boss... aunque yo dije que jamás saldría de forma oficial con ninguno de mis amantes —hablo riendo evitando que mi corazón salga desbocado, pero Soobin rueda los ojos para tomarme por mi nuca y darme un beso.

—Eso podemos negociarlo, Huening... —responde con esa seguridad propia de él, y se aleja de mí buscando su silla—. Hablaremos de nuestro acuerdo mañana ¿Qué tal? 

Bromea, y yo niego sin creerme esto.

—El esposo siempre dice que va a divorciarse y nunca lo hace... esperaré a ver con qué me sorprendes, boss...

Me alejo de su lado y tomo mi mochila del piso para irme, salgo de la oficina del “Diablo” Choi Soobin, y por fin... me voy de la firma de abogados.

Nada como ser el amante de mi jefe, pero si él de verdad llega a tomar en serio nuestra relación en el futuro... eso me haría feliz.

No puedo creer que mi travesura de seducir a mi jefe, terminara en esto, pero... no me arrepiento.

No cuando cada vez que puedo, solo tengo que decir “Hey, boss” para empezar con nuestra travesura de amantes. 

Y sí, esto es jodidamente divertido.

╔═══❖ 🥀 ❖═══╗ 

The End

╚═══❖ 🥀 ❖═══╝ 

 

Gracias por leer el fic, es mi primera vez aquí en AO3 ajajaj, espero subir más contenido pronto, los amo, gracias por la oportunidad, cuidense mucho ❤️ 

~Los tkm, Rossie.