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Leo había aterrizado en Marsella hace apenas treinta minutos, el equipo regresaba de Brest con tres puntos en el bolsillo. Tenía unas cuantas horas para desarmar la valijita que solía llevar a los partidos de visitante y dejar preparada la valija grande. Aunque tampoco es que estuviera apurado, no había demasiado que necesitara. Lo único que realmente le importaba no olvidarse era el traje que tenía colgado en la parte de afuera del cartel, cubierto con su bolsa protectora. Y bueno, los botines, por supuesto.
Estaba enloquecido por la boda. En realidad, no con la boda en sí, sino con los novios, que son las personas más indecisas que conoció en toda su vida y eso es mucho decir habiendo ayudado en más de veinte bodas.
Mientras acomodaba la ropa y pensaba en todo lo que tenía que hacer cuando llegara a Argentina, su teléfono comenzó a sonar. Miró la pantalla y rodó los ojos con una sonrisa. Claramente era Enzo, no podía ser nadie más.
– Hola gordo, ¿qué pasó ahora?
– Leito de mi vidaaa, no pasa nada...
– No me boludees, deja de dar vueltas
– Bueno bueno che, que humor que tenemos hoy – Enzo largo una risita al hablar.
– Decime para qué me llaman, dale
– Estábamos pensando con Juli...
– Ay no, se va a acabar el mundo – se burló el puntano.
– Como te decíaaa, no nos convencerán las flores, queríamos ver si podemos cambiar el color
– No enzo – dijo firme – la boda es en nueve días , ya no se pueden cambiar esas cosas. A parte, todo va a salir bien, todo está perfecto. Tranquilícense un poco.
– Tenés razón, no te jodemos más leo.
– No me joden bola, entiendo la ansiedad. Pero piensen en lo lindo que va a ser ese día, en unos años en lo último que se van a acordar es el color de las flores – Leo sonriente al escuchar dos risas al otro lado.
– Está bien amigo, gracias. Ahora en cinco minutos nos subimos al avión, nos vemos allá.
– Dale, dale, los quiero.
– Te queremosss – dijeron Julián y Enzo al mismo tiempo. Otra pequeña risita se le escapó y cortó, sacudiendo la cabeza.
El defensor revoleó el teléfono a la cama y tomó la caja que se encontraba en lo más alto del cartel. Era de cartón rectangular, de color celeste, tenía los bordes ya desgastados por el paso del tiempo. Al abrirla no había nada que no hubiera visto con antelación, pero al parecer. Sonrió como siempre que recordaba a todas esas personas, todas esas historias de amor, historias que había visto suceder, él, de alguna manera, formaba parte de todas ellas. Al fondo de la caja estaban todas las invitaciones y arriba de ellas todas las corbatas que había usado, desde la primera hasta la última. Veintiséis corbatas.
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Geronimo empezó la mañana sentándose en el sillón dispuesto a comenzar y terminar una nota que le habían asignado. Se trataba específicamente sobre las bodas de los futbolistas, más que nada argentinos. No era el tema que más le gustaba, si pudiera elegir no lo haría, pero trabajo es trabajo, no tenía elección.
Se acomodó frente a la computadora y se puso a revisar perfiles de Instagram, videos de propuestas, de fiestas, entrevistas, streams. Todo el material que se encontró allí, al alcance de todo el mundo. Nada era realmente emocionante, todo era más de lo mismo, momentos clichés, lugares hermosos pero sobre utilizados. Aburrido.
Hasta que lo escuchó.
Una entrevista a Lautaro Martínez post casamiento, de hace como cuatro años. El periodista le preguntó cómo había salido todo, si él estuvo involucrado en la organización.
– Naa la verdad todo salió espectacular, fue un día perfecto. Sin Leo no hubiera salido tan bien, a Agustina la ayudó muchísimo. Estuvo en todos los detalles.
La conversación continuó. Gero tomó nota.
Leo.
Siguió buscando. Hasta que lo volvió a escuchar. Otra entrevista. Otro jugador. Nicolás Tagliafico.
– Y Leo me ayudó hasta con el traje, también estuvo en las pruebas del vestido de Caro. Siempre estuvo en todo realmente.
Y seguí buscando, porque nunca daban un nombre completo, todos parecían asumir que el mundo sabía de quién estaban hablando. Como si fuese algo obvio.
Llegó a una entrevista que dieron Leandro Paredes y Paulo Dybala por videollamada hace casi cinco años, estaban en plena luna de miel.
– El que se merece un premio es Leito – dice Leandro.
– La verdad que sí. Él dice que no porque disfruta de todo esto pero debe haber sido una pesadilla – acota Paulo, con una pequeña sonrisa en los labios.
– Nos salvó muchísimas veces
– Quince minutos antes de la ceremonia me di cuenta que mi camisa tenía una costura abierta y él, no sé de dónde sacó, pero llegó con una aguja e hilo y la cosió.
– Disculpen, ¿de quién estamos hablando? ¿es amigo de ustedes? – pregunta el periodista, claramente confundido.
– Sí, sí, es Leo Balerdi – dice Leandro.
– Ah mira, no lo tenía así ¿no es bastante chico para andar planeando bodas?
– Sabe lo que hace, parece que nació para esto – aseguró el rubio con una sonrisa.
– Está mal de la cabeza, en el buen sentido.
Y con esas últimas palabras se termina el vídeo, pero Gerónimo al fin tiene una respuesta.
Por fin, todo empezaba a encajar. Ya puedes ponerle un nombre completo a ese ayudante secreto.
Leonardo Balerdi.
Futbolista profesional a tiempo completo, supuestamente.
Gerónimo frunció el ceño, en su cabeza todo esto no tenía sentido. Un futbolista que en su tiempo libre organizaba los casamientos de sus amigos.
En este punto, bien entrada la tarde, la nota inicial ya no existía. Tenía que escribir sobre este hombre, tenía que indagar. Necesitaba hablar con él.
Pensó en mandarle un mensaje por instagram pero lo más seguro era que no lo viera.
Hasta que se acordó de Juan Foyth, él había sido su compañero en la secundaria y de vez en cuando seguían en contacto. No perdía nada en mandarle un mensaje y pedirle el número de Balerdi.
Gero: Juacitoooo holaaa, ¿cómo estás?
cómo anda la familia?
Juan: hola geroo, todo bien por suerte y vos?
Gero: todo bien che ando necesitando un favorcito
Juan: uh la puta madre
Gero: bueee no es la gran cosa
Juan: a ver dicime
Gero: ¿Me podrías pasar el número de Balerdi?
Juan: JAJAJAJA
que? te lo querrás levantar?
Gero: deja de hablar boludes querés
es para una nota
Juan: sisi
👤 Leito B.
¿contento?
Gero: gracias
Juan: avísame después si me tengo que comprar un traje
Gero: chau Juan.
En el instante que recibió el contacto del castaño, lo agendó y se dispuso a escribirle un mensaje.
"Hola Leo. Mi nombre es Geronimo Rulli, soy periodista. Me encuentro escribiendo una nota sobre bodas y quería hacerte unas preguntas. Voy a estar esperando tu respuesta pero si no aceptas lo entiendo perfectamente."
Estaba hecho, ahora solo le quedaba esperar.
