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Manuel tomó su vaso de vokda y lo vacio de un solo sorbo. Ya ni siquiea sentía el tipico ardor en la garganta de la bebida, era su culpa estar en este estado pero no sabia que más hacer.
Se estaba torturando a sí mismo por quedarse ahi haciendo como si nada pasara, emborrachandose para olvidarse de algo que estaba justo frente a sus ojos.
Lo estaba matando por dentro el saber que era su culpa, lo miraba desde lejos, deseando tocarlo y sabiendo que no podía porque el arruinó todo.
Fue él quién decidió terminar con Lautaro esta vez.
En ese momento creyó que era lo mejor, sabía que su relación y la de el rubio era complicada, esta era la tercera vez que terminaban. Y aunque Manuel era consciente de que amaba a Lautaro, también sabía que su relación no era nada sana.
Últimamente peleaban demasiado y no quería terminar mal esta vez, asi que el mismo decidió cortarle.
Realmente pensó que había sido una buena decisión, pero ahora, viendo a Lautaro disfrutar sin el, le hizo replantearse si realmente hizo lo correcto.
La situación empeoraba cuando recordaba que, a pesar de que el le terminó, Lautaro le había pedido volver más veces de las que él podía contar con una sola mano, y todas esas veces lo rechazó.
Asi que si, lo merecía.
Merecía estar mirándolo desde lejos, deseando posar sus manos en todo el cuerpo del rubio, bailar juntos como todas esas veces.
¿Y lo peor? Lo peor no era ver a Lautaro disfrutar sin el, lo peor era ver como todos disfrutaban de ver a Lautaro.
Era una tortura.
"Esto es tu culpa" le gritaba su consciencia, y Manuel no podía estar en desacuerdo con eso.
Siguió tomando de su botella de vodka, creyendo que, quizás con el alcohol podría olvidar los celos que le provocaba ver como todos miraban a Lautaro, a su Lautaro.
Porque si, a Manuel poco le importaba que su relación haya terminado, el rubio iba a ser suyo para toda la eternidad. Y sabía lo enfermo que sonaba eso, pero el era así, posesivo.
Pensó qué estaba funcionando cuando el mareo comenzó a aparecer en el nublandole la vista, pero todo se fue a la mierda cuando haciendo un esfuerzo enfocó su visión hacia donde estaba Lautaro, y lo vio con un hombre.
Un hombre alto, tatuado, sujetandolo de la cintura. Pegado totalmente a su chico, hablandole en el oído, coqueteandole.
Lo más terrible de la situación era que desde su posición podía ver claramente que Lautaro no hacía nada para apartarlo, es más, parecía totalmente contento con la presencia de otro hombre a su lado.
Lo que más irónico le pareció es que a Lautaro ni siquiera le gustaban los rubios, pero parecía encantando con este.
Manuel hirvio de los celos, y sintió que tenía que impedir lo que sea que estuvise pasando entre los rubios lo más rápido posible.
No sabe si fue el alcohol o sus celos los que le nublaron sus sentidos, pero tiró su botella de vodka al piso y avanzó hacia ellos.
No de manera sutil, lo hizo con toda la bronca que sintió en el cuerpo. Quería que el hombre que estaba con Lautaro entendiera que era suyo, suyo para toda la eternidad.
Lautii, perdón que te joda pero necesito que vengas urgente.- habló rápido, fingiendo que no había visto al hombre a su lado.
Ian el es Manuel, Manuel el es Ian.- dijo el rubio, y el ojiverde lo conocía lo suficiente a Lautaro para saber que estaba claramente enojado por su interrupción.
Hola Manuel, un gusto.- Cuando lo saludó ahí recién Manuel lo miró. Parecía que el destino estaba burlándose de el porque al estar cerca se dió cuenta de que el tipo que estaba con Lautaro era bastante lindo.
Aun así, fingió indiferencia y solo dijo: Uh disculpa loco ni te vi.
Era una mentira y los 3 lo sabían, pero nadie dijo nada al respecto.
Hasta que Lautaro habló.
¿Qué necesitas Manuel? estoy ocupado ahora.- La puta madre, pensó. Había ido por un impulso y ni siquiera tenía una excusa planeada.
Pero agradeció cuando su mente se iluminó y recordó que compartía el grupo de amigos con Lautaro, y decidió usar eso de excusa.
Es Santiago, está encerrado en el baño y me pidió que te llame.- Manuel ni siquiera sabía en donde estaba el castaño, lo único que quería era alejar a Lautaro del tipo con el que estaba.-¿Vamos?
Se alejó un poco yendo hacia el baño mientras vió que los rubios se despedían y decían algo de verse otro día, pero Manuel sabía que eso no iba a pasar. El se aseguraría de que no pase.
Apenas pusieron un pie en el baño, cuando Manuel, con toda la bronca acumulada que tenía , soltó: ¿Quien mierda es ese Lautaro?
El rubio frunció el ceño.
Que te importa Manuel, decime donde está Santiago y no me jodas.- Silencio.- Que pelotudo que soy, claramente es una mentira y no tenés ni idea de donde está Santiago,¿no?
Adivinaste, bebote.- dijo con una sonrisa.
Me voy.- Vió que el rubio dió la vuelta para irse, pero fue rápido y lo agarró del brazo.
Vos no te vas a ningún lado Lautaro.- Dijo tironeandolo hacía uno de los cubículos, encerrandolos a ambos ahí adentro.
¿Qué haces Manuel? estás re loco, dejame irme pelotudo.- notó lo roja que se puso su cara al decir esas palabras, estaba claramente enojado.
¿Por qué?¿ querés irte con ese boludo con el que estabas?-.
¿Y si quiero irme con el que te importa a vos?- dijo, desafiandolo.
Me importa- dijo acercandose.-mucho- acorraló al rubio contra la pared.- porque vos sos mío Lautaro, nadie que no sea yo puede tocarte, ni mirarte, ni siquiera respirar cerca tuyo.
Estás mal de la cabeza, Manuel- Lautaro lo miraba con bronca acumulada.- vos me terminaste y no quisiste volver conmigo.
Ya sé, fui un pelotudo y eso fue un error pero ahora lo voy a arreglar.- sentenció Manuel.
Pasó su lengua de manera lenta por su cuello, mientras que sus manos estaban aferradas a su cadera. Sabía que probablemente estaba ejerciendo demasiada fuerza y sus manos quedarían marcadas en la cintura del rubio, pero poco le importaba.
Manuel...-una de las manos de Lautaro estaba aferrada a la puerta, mientras que la otra se aferró al hombro ajeno.- Manuel -jadeó- No sigas...no quiero...-cerró sus ojos.
Lautaro sabía que si se dejaba llevar probablemente iban a terminar peor que antes. Pero era demasiado difícil oponerse si tenía a Manuel besandolo y tocandolo así.
¿No querés, mi amor?- con su rodilla, rozó la entrepierna ajena- mira la cara de necesitado que tenés, es obvio que si queres.- sonrió antes de lanzarse a sus labios, besándolo con fuerza.
Lautaro trató de resistirse lo más que pudo, pero termino cediendo ante el cuerpo de Manuel, sintiendo el olor de su perfume hipnotizarlo mientras se aferraba a sus hombros.
No registró cuánto tiempo estuvieron besándose, lo único que sabe es que al separarse, sentía sus piernas temblar y sus labios hormiguear.
Que hermosa boquita que tenés - dijo el ojiverde.- deberías usarla para algo útil.
Lautaro asintió, embobado. Y se puso de rodillas inmediatamente frente a Manuel, desabrochando el cierre de su jean bajo su mirada. Cuando por fin liberó su miembro, se quedo quieto solo mirando hacia Manuel.
Dale, Lautaro- acercó la pija a los labios del rubio.- chupa, putita- le golpeó uno de sus cachetes, haciéndolo jadear.
El rubio sonrió, tomándola con ambas manos para esparcir el presemen a lo largo y pasar lentamente su lengua por la punta.
Dió un respiro, abrió su boca y se metió dentro todo lo que pudo, sintiendo nada más que satisfacción al escuchar el gemido que Manuel intentó contener.
Comenzó a moverse lentamente, mientras que con sus manos sostenía lo que no entraba en su boca.
Los ojos se le empezaron a llenar de lágrimas mientras seguía complaciendo al ojiverde, que se hundía hasta el fondo de su garganta mirándolo con una sonrisa.
Te ves tan lindo así- dijo, acariciando su mejilla— Mírate...naciste para chuparme la pija —le tiró el pelo— sos una putita hermosa, ni siquiera te toqué y mira como estás —señaló su entrepierna. El interior de los muslos del rubio brillaba a través de su pantalón, a causa del presemen.
Lautaro tembló mientras se aferraba a sus piernas, separándose de a ratos sólo para tomar aire. El líquido preseminal mezclado con saliva caía por los costados de su boca, rodando por su mandíbula y aterrizando en toda su remera. Sus ojos seguían con lágrimas que le humedecían las mejillas y Manuel sintió que podía correrse solo con esa vista.
No pasó mucho tiempo cuando Manuel sintió que estaba a punto de correrse, así que salió de la boca de Lautaro y lo levantó de la remera.
Me vas a volver loco- jadeó- yo sé que te encanta gritar como gata en celo pero más te vale que seas silencioso- lo atrajo hacia el para darle un beso, mientras amasaba su culo con demasiada fuerza.
Antes de que Lautaro pudiera responder, Manuel ya lo había dado vuelta, dejando su pecho apoyado contra la pared fría del baño, bajándole el pantalón y el bóxer de un solo tirón.
Chupa- el rubio abrió la boca inmediatamente, chupando los 3 dedos de Manuel como si su vida dependiese de ello.
Ah Manuel —intentó aferrarse a la pared cuando Manuel lo agarró fuerte de la cintura, para dejarle el culo hacia atrás y acto seguido, meterle dos dedos-Manu...
Te dije que seas silencioso- dijo Manuel, a la vez, comenzó a mover sus dedos rápidamente dentro del apretado agujero del rubio, mientras con su otra mano empezaba a pajearlo.
— Dios... Manuel... —tembló cuando sintió un tercer dedo entrar en el— Por favor.
— ¿Qué querés, mi amor? —le susurro en la oreja, pegando su pecho a la espalda para después besarle la nuca.
Metemela ya, por favor- rogó el rubio- no aguanto más.
Que putita desesperada que sos, yo queria jugar un poquito más, pero bueno si me lo pedis asi.- Dijo Manuel en un tono de burla.
Con una mano agarró su cintura y con la otra acomodó su pene en el agujero del más bajito, empezando a moverse hacia adelante lo más lento que podía, solo para fastidiar a Lautaro. Manuel nunca había estado en el paraíso pero estaba seguro que no podía ser mejor que estar dentro de Lautaro.
Manuel por favor...- vió como el rubio intentó agarrar su cuerpo para que se mueva.- Movete- jadeó.
¿Pero no me dijiste que no querías esto, mi amor?- dijo moviéndose lentamente.- Me parece que no vamos a poder seguir...- acarició su espalda.
Manuel si no me coges ahora- jadeó- me voy a ir a que me coja cualquier otro...-
¿Vos pensas que yo voy a dejar que otro te toque?- preguntó saliendo completamente de su interior.- sos mío Lautaro, solo mío...- sonrió, antes de entrar en el de golpe.
Dios...- su pecho quedó aún más pegado a la pared, mientras que Manuel le agarraba las muñecas para ponerlas detrás de su espalda.- Manu...
Antes de que Lautaro pudiera decir cualquier cosa, Manuel empezó a embistirlo con rapidez y brusquedad, viendo como el culo de Lautaro succionaba su pija.
Había dejado de escuchar de fondo la música del boliche, estaba más concentrado en los gemidos que el rubio intentaba reprimir y el sonido de sus pieles chocando.
Lautaro sentía como estaba cada vez más pegado a la pared, aunque creía que eso era imposible.
Sintió su labios sangrar al morderlos por los gemidos que intentó contener.
Manu...necesito- gimió- correrme- Apenas y pudo formular esas palabras, se sentía totalmente ido por la forma en que el otro estaba embistiendolo.
Manuel notó que Lautaro realmente estaba llegando a su límite por la manera en que interior empezó a apretar aún mas su pija, abrumandolo de una manera placentera.
Elevó sus caderas bruscamente, presionando la piel de la cintura y las manos de Lautaro con mucha firmeza.
El rubio empezó a moverse también, haciendo las embestidas mucho más profundas.
Hacelo, bebote- le susurró.- correte para mi como la putita desesperada que sos.
Lautaro no necesitó que se lo diga dos veces, apenas esas palabras salieron de la boca de Manuel, sintió como todo su cuerpo se contrajo y se vino en un gemido demasiado alto para el lugar en el que estaban.
Al sentir cómo el rubio le apretaba la pija, a Manuel solo le bastaron un par de embestidas más para venirse adentro de Lautaro con un gruñido.
Manuel, aún sin salir de Lautaro, le dijo en un ruego: Volve conmigo, por favor, te juro que no voy a cagarla más.
Es la última oportunidad que te doy Manuel, si la cagas no pienso perdonarte otra vez.- sentenció.
Los dos sabían que eso era una mentira, que probablemente Manuel volvería a aaruinarlo con alguno de los arranques que le daban, y que Lautaro lo perdonaría siempre.
Pero esta vez, Manuel realmente quería esforzarse por hacer las cosas bien.
Te amo, mi amor- dijo besandolo.- te prometo que voy a hacer las cosas bien.
Yo también te amo, Manu.-sonrió.
