Work Text:
—¡No me lo puedo creer! ¡Es imposible que seas tan malo en este juego! —protestó Juan, frustrado, mientras fingía cerrar una puerta invisible por quinta vez.
—Shut up! It's Charades, asshole. You're not supposed to talk ¡Cierra la boca! Es mímica, imbécil. ¡No puedes hablar! —replicó Foolish con una sonrisa burlona.
Como si tuviera derecho a criticarlo.
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El muy imbécil todavía no había acertado una sola palabra.
—Sí, sí, lo que digas —murmuró Juan, poniendo los ojos en blanco.
Volvió a tomar el pomo imaginario, giró la llave invisible y exageró el movimiento todo lo posible.
—¡Hammering! ¡Martillo! ! —gritó Tina de inmediato.
Juan cerró los ojos.
—¡Estás atornillando algo! —añadió Roier con la misma seguridad.
—Wait, what? Hammering? Espera, ¿qué? ¿Martillo? —preguntó Roier, girándose hacia Tina.
—Picking a lock! ¡Estás forzando una cerradura! —intentó Foolish.
Tal vez sí era horrible en este juego.
—You're definitely hammering something Seguro que estás clavando algo. —insistió Tina.
Juan sacudió la cabeza con desesperación y repitió el gesto una vez más.
—Te ves bien tonto, Juan —rió Roier.
—Twisting a nipple! ¡Le estás retorciendo un pezón a alguien! —propuso Foolish.
—¡Hammering a nail! ¡Clavando un clavo! —contraatacó Tina.
—¡Dios mío, Tina! ¿Cómo llegaste a eso? ¿Cómo se parece esto a martillar? ¡Son malísimos!
—Juan, shut up. We're not bad. Maybe you're just terrible at locking a door Juan, cállate. No es que seamos malos; tú eres pésimo cerrando una puerta con llave. —disparó Foolish.
Eso fue suficiente.
Ya no importaba lo atractivo que fuera.
Ya no importaban esos ojos.
Ni esa sonrisa.
Ni absolutamente nada.
Iba a patearle el trasero.
Entonces Juan se quedó inmóvil.
Sus ojos se iluminaron.
—¡Espera! ¡Tiene razón! ¡La respuesta es cerrar una puerta con llave!
Juan dejó escapar un gemido de alivio.
—Wow, Foolish! Good job! ¡Vaya, Foolish! ¡Lo adivinaste!
—I'M THE BEST! ¡Soy el mejor!
Foolish se señaló a sí mismo con una sonrisa triunfal.
—Toma, elige una —dijo Roier, acercándole el cuenco lleno de papeles.
Juan observó cómo Foolish metía la mano.
No hubo dramatismo.
Nada de cerrar los ojos.
Nada de remover los papeles para generar tensión.
Simplemente tomó el primero que encontró.
Lo abrió.
Y se rió.
Juan reconocería esa risa en cualquier parte.
Entre una multitud.
Al otro lado de la isla.
En medio de una tormenta.
Le gustaba mucho escucharla.
Demasiado, probablemente.
Foolish se levantó del sofá sin decir una palabra y levantó un dedo.
—¡Una palabra! —gritó Roier.
Foolish asintió.
Y luego señaló directamente a Juan.
—¡Mamón! —dijo Roier.
—¡Pendejo! —añadió Tina.
—¿Necesitan terapia o qué? —protestó Juan.
La sonrisa de Foolish se hizo más grande.
Seguía señalándolo.
—¡Enojón!
—¡Yo no me enojo! Mi curso de control de ira puede demostrarlo.
—Oh, oh... ¿está de la verga? —aventuró Tina.
Todos estallaron en carcajadas.
Todos excepto Juan.
—¿Perdón?
—¡Oye, era una posibilidad!
—Roier, si crees que fui malo antes...
Pero Foolish negó con la cabeza.
Luego hizo un gesto para que Juan se acercara.
—¿Que vaya? —preguntó Juan, apuntándose a sí mismo con un dedo.
—¡Ven aquí! —repitió Tina.
Foolish soltó una carcajada.
Claramente estaba disfrutando aquello.
—¿Ni siquiera has empezado? —resopló Juan mientras caminaba hacia él—. ¿Solo te estás divirtiendo viendo cómo me atacan?
—Exactly. Sí, tal cual.
La sonrisa suave que apareció en su rostro fue suficiente para apagar cualquier irritación que Juan hubiera sentido.
Era injusto.
Absolutamente injusto.
Foolish volvió a señalar a Tina y Roier.
—¡Una palabra! —gritó Roier—. ¡Aquí vamos!
Juan apenas lo escuchó.
Toda su atención estaba puesta en las manos de Foolish apoyándose sobre sus hombros.
Firmes.
Pesadas.
Cálidas.
Por alguna razón, la cercanía lo puso nervioso.
Podía oír a Tina y Roier lanzar hipótesis al azar entre palabras sueltas, exclamaciones y risas.
Pero todo sonaba lejano.
Porque Foolish lo estaba mirando directamente.
Y Juan conocía esos ojos.
Conocía ese brillo, la curva divertida de sus labios y la forma en que parecía contener una risa.
Entonces Foolish se inclinó hacia él, solo un poco.
Lo suficiente para que el corazón de Juan se detuviera.
Y, en un instante, lo entendió.
La palabra no era una acción.
No era un objeto.
No era algo que pudiera representarse fácilmente.
Era algo que Juan llevaba meses imaginando.
Algo que jamás admitiría en voz alta.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—¿Es "kiss It's Kiss "? —preguntó.
Foolish soltó una carcajada.
Le dio una ligera palmada en la mejilla.
Y negó con la cabeza.
—No. It was hammer No. Era martillo.
