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Decisiones

Summary:

—¿Preferirías ser el mejor de los peores o el peor de los mejores?

Estoy perdiendo a mi muchacho dorado, y no puedo hacer nada para impedirlo...

O una conversación nocturna entre Aquiles y Patroclo antes de partir hacia Troya.

Notes:

Si encuentran algún error o tienen sugerencias para mejorar la traducción, los comentarios son bienvenidos.

Gracias!!

Work Text:

Fue el destino lo que nos unió; de eso estoy seguro. Un líquido rojo sangre rezumando y tiñendo la hierba de escarlata; una punzada que enlazó el principio y el final. Y, de alguna manera, fueron los momentos entre ambos los que más atesoramos.

Ahora es de noche. La luna brilla tenuemente en el cielo. Las olas del océano rompen contra la costa; las mareas avanzan y retroceden en un flujo constante. Han pasado años desde que llegué aquí; no puedo recordar un antes. Tampoco quiero pensar en un después.

La luz de la luna atraviesa la ventana agrietada y dibuja una silueta sobre su rostro. Me inclino para verla mejor. Es una silueta, sí, pero hecha de luz, porque ¿quién podría apagar al sol?

Nunca consigo dormir. Sostengo momentos como este entre mis dedos, porque algún día podría despertar y descubrir que se han desvanecido. Lo observo dormir, esperando ver cómo sus párpados tiemblan como lo hacen en el umbral del despertar, aunque sea ya entrada la noche. Es como contemplar una flor abrirse, y yo soy la abeja atraída por ella.

Una vez más.

Y otra.

Y otra.

Me muevo ligeramente y escucho cómo su respiración se entrecorta. El colchón se hunde bajo su peso al girarse, y una cascada de cabello dorado se derrama a mi lado.

Antes veía charcos de rojo bajo cráneos fracturados, pero ahora solo puedo ver seda dorada.

Aquiles respira hondo y emite un murmullo afirmativo. Me relajo, apartándome de una tensión que se ha arraigado en mí últimamente. Sospecho que jamás me abandonará.

Aquiles suspira.

—¿En qué estás pensando?

No puedo decírselo. Pienso demasiado. En esto, y esto, y esto.

Lleva una mano hasta mi barbilla y me obliga suavemente a encontrarme con sus ojos. Resplandecen, esmeraldas verdes enmarcadas por una piel pálida.

—¿En qué estás pensando? —repite.

Algo, desde algún rincón de mi conciencia, aprovecha esa grieta para escapar.

Mi voz se quiebra cuando hablo.

—¿Preferirías ser el mejor de los peores o el peor de los mejores?

Aquiles suelta una risa baja.

—Nunca te tomé por filósofo, Patroclo.

Pa-tro-clo.

—Nunca dije que lo fuera.

Lo escucho aspirar aire entre los dientes, una costumbre habitual cuando está pensando. Son esas pequeñas cosas las que voy a extrañar. Recibe cada palabra como si fuera nueva, y es precisamente a esta versión de Aquiles a la que temo perder.

Aquiles tararea pensativo antes de responder.

—Yo sería el mejor de los mejores.

Niego con la cabeza.

—Pero esa no es una opción.

Aquiles se recuesta boca arriba y estira los brazos hacia el cielo, como si quisiera alcanzar las estrellas. En ese instante, si alguien pudiera tocarlas, sería el muchacho que estuvo tan cerca de ser un dios. Levanto mi mano y entrelazo mis dedos con los suyos en el aire.

Aquiles exhala.

—No tenemos elección, ¿verdad?

Esta vez me toca sonreír.

—Y si la tuviéramos, ¿qué elegirías?

—No lo sé. Pero no es necesario, ¿no?

Su pregunta permanece suspendida en el silencio, y detesto esa curiosidad vaga que siempre lo acompaña. Aun así, me acerco un poco más, fingiendo dormir.

Estoy perdiendo a mi muchacho dorado, y no puedo hacer nada para impedirlo.


Aprendo su respuesta más tarde, pero ya no estoy allí para escucharla, porque para entonces estoy hecho de recuerdos.

Elegiría aquello que me permitiera estar contigo.

Todos nos arrepentimos de muchas cosas, ¿no es así?

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