Work Text:
Okuto Nakamura observa por enésima vez a Aiki Hirose hablando con alguien. Pero esta vez, el “alguien” era Kosei Matsumura. Alto, con esa sonrisa confiada y el cabello negro cayéndole ligeramente sobre los ojos, Matsumura tenía una mano apoyada en la pared junto a Hirose, inclinándose hacia él como si el mundo entero les perteneciera.
—Hirose-kun, ¿vienes al karaoke después de clases? —preguntó Matsumura con voz suave, casi ronroneante. Nakamura sintió un nudo en el estómago. Otra vez él. Ese maldito acosador.
Desde que Matsumura apareció en sus vidas como el viejo amigo y asqueroso pervertido de Hirose, desde la secundaria, todo se había vuelto una competencia silenciosa y feroz por ver quién se quedaba con el amor de Hirose.
Nakamura era torpe, tímido, todo un desastre andante cuando se trataba de expresar sus sentimientos. Matsumura, en cambio, era directo, carismático y no dudaba en arrastrarse. Si era un buen tipo pero nada más, no olvidaría lo del centro comercial.
Hirose rio suavemente y negó con la cabeza.
—Lo siento, tengo que ayudar en casa hoy. Quizás otro día.
Cuando Hirose se alejó, Matsumura giró la cabeza y sus ojos se encontraron con los de Nakamura. Una sonrisa lenta, casi desafiante, curvó sus labios.—¿Qué miras, Nakamura? —murmuró acercándose.
—Nada que te importe. —respondió Okuto, cruzando los brazos para ocultar el temblor de sus manos. Matsumura siempre lo ponía nervioso, pero no solo por la rivalidad. Había algo en su forma de mirarlo que le aceleraba el pulso de una manera que no quería admitir.
Matsumura se acercó más, invadiendo su espacio personal. Olía a jabón fresco y a algo cítrico.—Sigues persiguiendo a Hirose como un cachorro perdido. ¿No te cansas?
- No, ¿y tú? ¿No te cansas de ser tan de insistente? — Replicó Nakamura, levantando la barbilla.
- No. - Matsumura soltó una risa baja y observó a su alrededor, el pasillo estaba casi vacío.
Antes de que Nakamura pudiera reaccionar, lo agarró por la muñeca y lo arrastró hacia el almacén de material al final del pasillo. —¡Oye! ¿Qué demonios…?
La puerta se cerró tras ellos. El lugar era pequeño, lleno de estantes con papeles y productos de limpieza. La luz entraba tenue por una ventana alta. Matsumura lo empujó contra la pared, apoyando una mano junto a su cabeza.
—Tal vez un poco si, a lo mejor los dos necesitamos dejar de perseguir lo mismo. —Dijo Matsumura, su voz más baja, más intensa.
— Hirose es genial y lindo, pero… tu también lo eres.
Nakamura tragó saliva. Su rostro ardía.—¿De qué hablas? Yo no…Matsumura se inclinó. Sus labios estaban a centímetros.
—Admítelo. Hay algo aquí. Esté descontento… no es solo por Hirose.
El primer beso fue torpe, casi un choque. Nakamura se quedó congelado, los ojos muy abiertos. Pero cuando Matsumura profundizó el beso, mordiendo suavemente su labio inferior, algo dentro de Okuto se desconectó. Respondió con torpeza al principio, luego con desesperación, agarrando la camisa del otro chico. Sus cuerpos se presionaron, el calor aumentando rápidamente en el espacio reducido.
—Eres… un pervertido acosador. —Jadeó Nakamura cuando se separaron para respirar.
—Igual que tú. — Replicó Matsumura, besando su cuello. Las manos de Matsumura bajaron por su cintura, atrayéndolo más cerca. Nakamura sintió la dureza contra su muslo y un gemido escapó de su garganta.
Nunca había estado así con nadie. Sus fantasías siempre habían sido con Hirose, pero esto… esto era real, crudo y electrizante.—Kosei… —Susurró, usando su nombre por primera vez. Matsumura se detuvo un segundo, sorprendido, y luego sonrió contra su piel.—Dilo otra vez.—Kosei… idiota.
Se besaron de nuevo, más hambrientos. Las manos exploraron debajo de las camisas del uniforme. La piel de Matsumura era caliente, suave sobre músculos firmes. Nakamura temblaba cuando dedos hábiles bajaron la cremallera de su pantalón.—Espera… aquí no… —protestó débilmente.—Nadie vendrá —murmuró Matsumura, arrodillándose. El placer fue abrumador.
La boca de Kosei era experta, cálida y húmeda. Nakamura mordió su propio puño para no gemir demasiado alto, sus caderas moviéndose involuntariamente. Sus dedos se enredaron en el cabello negro de Matsumura, tirando suavemente. Cuando se levantó, Kosei tenía los labios hinchados y los ojos oscuros de deseo.—Tu turno —dijo, guiando la mano de Nakamura hacia él. Okuto era torpe, nervioso, pero Matsumura le enseñó con paciencia sorprendente, susurrando instrucciones entre besos. Se movieron juntos, frotándose, besándose, hasta que ambos llegaron al límite.
El clímax los golpeó casi al mismo tiempo, manchando uniformes y pieles. Se quedaron abrazados un momento, respiraciones agitadas.—Esto no cambia nada. —Dijo Nakamura finalmente, limpiándose con un pañuelo que encontró en el bolsillo—. Sigo queriendo a Hirose.
Matsumura rio, besando su frente.— No por mucho tiempo. Pero podemos hacernos compañía.
Pasaron las semanas. La rivalidad no desapareció, pero se transformó. Se seguían lanzándose miradas asesinas cada vez que coincidían o cuando uno de ellos se acercaba demasiado a Hirose. Pero después de clases, en el almacén, en el parque abandonado detrás de la escuela o en la habitación de Nakamura, cuando sus padres no estaban, se devoraban mutuamente.
Una tarde de lluvia, en la casa de Kosei, las cosas fueron demasiado lejos. Estaban en la cama, solo con los pantalones del uniforme. Nakamura yacía de espaldas, Matsumura estaba sobre él, besando su cuello. —¿Estás seguro? —preguntó Kosei, su voz ronca mientras preparaba los dedos con lubricante.
Nakamura asintió, mordiéndose el labio.—Quiero… sentirte.
Fue lento, cuidadoso. Matsumura entró centímetro a centímetro, susurrando palabras sucias y dulces al oído de Okuto. El dolor inicial dio paso a un placer intenso que hizo que Nakamura arqueara la espalda y clavara las uñas en los hombros de su rival.—Kosei… más… —suplicó.
Se movieron en sincronía, la lluvia golpeando la ventana. Matsumura lo penetraba profundo, una mano masturbándolo al ritmo. Sus gemidos se mezclaban, cuerpos sudorosos deslizándose.—Eres mío. —Gruñó Kosei antes de morder su cuello, dejando una marca.
Nakamura llegó primero, gritando su nombre. Matsumura lo siguió poco después, colapsando sobre él.
Después, mientras yacían enredados, Nakamura trazó patrones en el pecho de Kosei.—Hirose nunca sabrá esto, ¿verdad?
Matsumura sonrió. —Eso puede ser negociable.
Tiempo después, Hirose empezó a salir con una una chica dulce y divertida llamada Hana. La competencia terminó oficialmente. Los dos habían perdido.
Pero Nakamura y Matsumura siguieron viéndose. Ya no era solo sexo fortuito, habían mensajes tontos en el celular y una comprensión profunda que ninguno esperaba.
En una salida que tuvieron en el acuario admirado pulpos, Nakamura se apoyó en el hombro de Matsumura.—Creo que… me gustas más que Hirose, ahora.
Kosei rio suavemente y le dió un codazo. —Era obvio, tonto. Yo me enamoré un poco de ti el día en el centro comercial. Puedo asegurarte que hoy estoy igual o más obsesionado de ti que cuando lo estuve de Hirose.
-Idiota, voy a llamar a la policía.
