Work Text:
—Che, Enzo, ¿cuál es tu color preferido?—fue Otamendi quién hizo la pregunta.
Estaban en una pausa de hidratación en medio de uno de los varios entrenamientos que tenían de cara a los amistosos previos al Mundial.
—Pero mira las boludeces que preguntas vos también, encima justo a este que es más gallina que Labruna. Es obvio que el rojo y el blanco.— respondió a modo de broma Palacios que estaba en la mini ronda que habían formado entre los tres.
Hacía mucho tiempo no le hacían esa pregunta, generalmente son dudas que van surgiendo cuando uno es chico o al momento de conocer a una persona, pero inesperadamente se la hicieron en ese raro contexto.
Inmediatamente después miró hacia su izquierda, donde a unos metros más alejados de donde estaban se encontraba un grupo reducido de jugadores que estaban entrenando de manera diferenciada por distintas cuestiones físicas, entre los cuales se encontraba Julián.
Desde que se conocieron en los inferiores de River, el cordobés ocupó la mayor parte de sus pensamientos y más aún ahora que estaban todo el día juntos.
Es por eso que esa pregunta lo hizo pensar automáticamente en Julián y sus colores :
El rosa, que aparece en sus mejillas cuando le dice, mínimo una vez por día, lo lindo que está.
El blanco, que destaca en su sonrisa en uno de esos momentos en que ambos no pueden parar de reír.
El azul, que ciñe sus muslos y su cola prominente cada vez que usa el nuevo short de entrenamiento de la selección.
El rojo, que sus labios adoptan después de una sesión de besos que comparten en la intimidad de su habitación.
El dorado, que se asoma tímidamente en sus rulos cuando el sol le pega de lleno.
Pero había un color en particular del cordobés que le gustaba más que todos los demás.
El de sus ojos, marrones oscuros, que se aclaraban debido al brillo que estos emitían cada vez que la mirada de Julián se posaba en la suya.
Lo que adoraba aun mas de este color, es que solamente él podía apreciarlo, porque no aparecía con nadie más.
Ese color le transmite confianza, seguridad, paz, tranquilidad y la esperanza de que, en algún futuro no tan lejano, podría apreciarlo todos los días de su vida.
Y qué afortunado se sentía de eso.
