Chapter Text
La azotea de la escuela parecía el lugar perfecto para un encuentro romántico. Tendrían el atardecer para una atmósfera cálida y tranquila, estarían solos; sin la necesidad de que sus amigos o los profesores los interrumpan y podrían disfrutar las sobras de su almuerzo, que guardaron para este momento.
Sin embargo, ninguno se esperaba que el clima no esté a su favor. Poco después de su llegada, el viento fresco robó la calidez del escenario, arruinando un poco la atmósfera ideal. Pero los muchachos decidieron quedarse.
Usarían el frío de su alrededor como excusa para estar más cerca y darse calor corporal.
El viento fresco sopla fuerte, despeinado los cabellos de ambos jóvenes. El más alto apoya la mano en su flequillo, tratando de evitar que se desarme. El más bajo se ríe al ver esto.
—¿Qué pasa? —pregunta el peli-negro, mirando con una sonrisa al castaño.
—Nada. Solo me da risa lo que estás haciendo —dice para después sonreír.
El viento se detiene. Nakamura suspira y aleja la mano de su flequillo, pero segundos después el viento vuelve a soplar, con más fuerza que antes, y él regresa a poner su mano. Suspira con molestia y Hirose vuelve a reírse.
Okuto pone una sonrisa y retira su mano, dejándose vencer por el clima.
—Está bien, me quedaré así, ¿Te gusta?
El castaño detiene su risa para asentir con la cabeza. —Si, así puedo ver tus ojos.
Nakamura se sonroja un poco y evade la mirada, girando su cabeza hacia otro lado.
—Dijiste que te lo ibas a cortar.
—Si, pero mí barbero está de vacaciones. No me arriesgaré a ir con otro y que me hagan un desastre... Otra vez…
En eso ambos recuerdan la última vez que Okuto fue con un barbero al azar, pero que cobrara barato, donde la experiencia no fue la mejor. Le cortaron demás el cabello. Tanto que había quedado casi irreconocible.
—Tuviste suerte de que te creció rápido, hahaha.
—Lo sentí como una eternidad. No volveré a arriesgarme así.
Hirose sonríe y acerca su mano al flequillo de Nakamura, jugando un poco con él. El peli-negro vuelve a sonrojarse un poco, permaneciendo inmóvil.
—¿Qué te parece si voy a tu casa y te lo corto yo?
—¿E-eres bueno con las tijeras?
—No… ¡Pero me haré responsable de cualquier daño! A no ser que después quieras vengarte.
—Mmm… Lo pensaré.
Hirose vuelve a reírse y Nakamura sonríe de costado.
Ambos quedan en silencio y el viento poco a poco se convierte en una brisca fresca, pero que cada cierto tiempo vuelve a sacudirse con fuerza para luego disminuir.
Aiki sonríe ante la expresión derrotada de Okuto.
—Déjame arreglar esto.
El castaño mete la mano en uno de los bolsillos de su pantalón, sacando una pequeña liga para el cabello. Estira sus brazos para tocar el flequillo del más alto y él agacha un poco la cabeza para facilitar el proceso.
Cuando termina, Hirose aprovecha la situación para dejar un beso rápido en la frente descubierta de su novio.
Nakamura abre los ojos de par en par debido a la impresión, sintiendo un aumento de temperatura corporal en sus mejillas.
—Perdón, pero te ves tan bonito no me pude desaprovechar la oportunidad, haha.
Okuto sacude su cabeza lado a lado de forma rápida para volver a la realidad.
Mira a Hirose con una sonrisa y con unos movimientos rápido lo sujeta por las mejillas para darle un beso en la punta de la nariz.
El castaño se sorprende, sintiendo sus mejillas calentándose.
Okuto deja escapar una sonrisa de satisfacción. Se queda inmóvil unos segundos para después acercar sus labios a la frente del castaño, donde deja un beso largo antes de finalmente soltarlo.
Aiki acaricia su frente con una sonrisa y sus mejillas más sonrojadas que antes.
—Bueno, ¿Ya podemos comer? No quiero que se nos acabe el tiempo
—Por supuesto. Tenemos que aprovechar esos últimos minutos.
Ambos se sientan en una banca y desenvuelven los furoshikis de sus bentos. El peli-negro es el primero en agarrar un bocadillo con los palillos para dárselo de comer a su novio. Hirose mastica y sonríe de satisfacción al probar la comida.
—¡Está delicioso! ¿Cambiaste algo en la receta? Sabe mucho mejor que la otra vez.
—Digamos que esta vez lo preparé con más amor para esta ocasión especial.
Ahora fue el turno de Hirose en agarrar un bocadillo para llevarlo a la boca de su novio.
—Esta vez me demoré un poco y le tuve que pedir ayudar a mí hermana —confiesa Hirose cuando nota que su novio terminó de comer.
—Hablando de tu hermana, ¿Esto es de ella? —pregunta señalando la liga de su cabello.
—Si, pero no le digas que se la robé, ¿De acuerdo?
—Lo haré, pero me gustaría saber si siempre tienes una en tu bolsillo o solo fue coincidencia.
Él se ríe un poco antes de contestar— Me gustaría decir que estaba preparado, pero la verdad es que siempre traigo una conmigo. Puede que alguien en algún momento necesite una con urgencia y no tenga una a mano, pero ahí estaría yo para salvar el día.
—Siempre preocupándote por los demás.
Se encoje de hombros— Así soy yo.
—Así me gustas tú.
Ambos se sonríen con las mejillas sonrojadas mientras hacen contacto visual. El peli-negro apoya su dedo índice y pulgar sobre la mejilla del más bajo, acariciándola brevemente para después dejar un beso en ese lugar.
—Te amo, Aiki.
—Yo también, Okuto.
.
.
.
.
.
.
.
.
*RING RING RING*
El despertador suena, marcando las 7:30 A.M. despertando al castaño de forma abrupta. Él, de manera automática, golpea el despertador hasta apagarlo, pero cuando lo logra, no se detiene hasta escuchar como cae al suelo.
Hirose observa el despertador en el piso. Por suerte no se rompió con el impacto, pero eso no le importaba ahora.
Se queda mirando el aparato unos segundos antes de mirar a su alrededor. Está en su habitación, a oscuras, solo.
Permanece unos segundos en silencio, procesando su realidad, hasta que luego de unos segundos comienza a gimotear.
Se deja caer a espaldas sobre la cama, llevando sus manos a sus ojos para obstruir las recientes lágrimas que luchaban por salir.
Aiki estaba tan concentrado en su dolor que no notó cuando la puerta fue abierta; solo reaccionó cuando escuchó el interruptor de la luz siendo encendida y pudo ver a su hermana de pie, en el marco de la puerta.
Ambos se miran en silencio brevemente, hasta que el menor decide romper el silencio.
—¡Nee-chan…! —exclama el menor, extendiendo sus brazos.
Su hermana no tarda en acercarse para abrazarlo una vez que se sienta en el borde de la cama. Deja que él la envuelva con fuerza y esconda el rostro en su cuerpo, comenzando a soltar más lágrimas que antes.
La mayor acaricia la espalda ajena con suavidad en busca de consuelo, añadiendo un par de pequeñas palmadas de vez en cuando.
—V-vol…Volvió… Y-Yo-
—Shhhhhhh… Ahora no pienses en eso, Aiki.
Y nuevamente, el llanto aumentó.
A este punto, esto ya era parte de la rutina de ambos.
