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Promesas cumplidas

Summary:

Sethos está nervioso. Después de meses sin verle, hoy es el día que por fin Wanderer regresa a Sumeru.

Sethoscara Week Day 7 - Matching Accesories

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Sethos jugaba con sus manos, entrelazando los dedos nervioso. Se encontraba esperando sentado entre dos ramas accesibles junto al Santuario Surasthana. Habían elegido ese sitio por su relativa tranquilidad; poca gente subía hasta allí, solo apenas algunos Matra vigilaban el acceso al Santuario y estaban demasiado inmersos en su tarea como para estar pendiente del muchacho que descansaba allí.

Era ya bien entrada la noche, la ciudad parecía reposar tranquila, pero él no estaba para nada tranquilo. ¿Cuántos meses habían pasado desde la tarde que Don Sombrero le había dicho que se marchaba de Sumeru? ¿Quizá casi un año? No estaba seguro, y le dolía el estómago solo de pensarlo.

Era cierto que no era como si no hubiese tenido contacto con él desde que se marchó; las cartas eran eventuales, conocía algunos detalles de lo que había pasado en Nod Krai, pero Don Sombrero había conseguido ponerse en contacto lo suficiente como para hacerle saber que estaba bien.

Aquel era el día en el que el el barco desde Nod Krai llegaba por fin a Sumeru con él. Sabía que había muchas cosas que tendría que tratar antes con la Arconte Dendro y mucha información que darle sobre lo que había ocurrido, por lo que no había querido ir a recibirle directamente al puerto. Esa misma tarde le hizo llegar una pequeña nota con el lugar y la hora de su encuentro, y Sethos estaba nervioso. Vaya si estaba nervioso.

Inhaló profundamente y exhaló despacio, tratando de calmar el traqueteo en su pecho, hasta le sudaban las manos. Por fin iba a poder verle de nuevo en persona, por fin iba a poder tocarle y escucharle, y no solo oir vestigios de su voz en su cabeza mientras leía cada una de las cartas.

Cerró los ojos, parecía que se había tranquilizado un poco, pero casi se le paró el corazón en el momento en el que sintió un peso sobre su cabeza.

Rápidamente abrió los ojos y alzó una mano para ubicar el origen de aquel peso. Pudo palpar un sombrero, un sombrero que conocía bien.

—¿Don Sombrero? —si su voz tembló no pudo evitarlo, y alzó más la cabeza para poder verle bajo el ala del sombrero, justo a tiempo para ver cómo se dejaba caer sentado a su lado con gesto suave en su rostro.

Era real, estaba ahí.

Su cuerpo reaccionó antes de que pudiera pensarlo, acortando el espacio que les separaba para poder abrazarle con fuerza, el sombrero casi cayéndosele de la cabeza y provocando un ruido de sorpresa en el contario. Podía sentir el tacto de la ropa bajo sus manos, su cuerpo firme contra el suyo, aquel suave olor a flores y madera que tanto había extrañado y tratado de evocar con cada carta.

—Te he echado tanto de menos. —murmuró Sethos, su voz ligeramente ahogada al tener el rostro hundido en el cuello ajeno. Wanderer lentamente alzó los brazos para corresponder con suavidad al abrazo, deslizando una de sus manos por la espalda del castaño. No lo dijo, pero él también le había echado de menos, y para Sethos no le hizo falta que lo verbalizara, ya que sus brazos rodeándole y la caricia de su mano le dijo todo lo que las palabras no hacían.

Sethos no quería separarse aún, y Wanderer no tenía ninguna prisa. Nod Krai había sido frío, hostil, peligroso. Volver a Sumeru se sentía como volver al hogar, donde un puñado de caras familiares y cercanas le recibirían con los brazos abiertos, metafórica y literalmente. Era una sensación extraña para él, una sensación nostálgica y dolorosa, pero que llenaba de calor su pecho después de tantos años. Recordaba la sensación de tener una familia, un sitio donde pertenecer; el recuerdo era agrio ahora. Y aquello que sentía era similar, pero en vez de sentirse agrio, era como si todo empezara a cobrar sentido de nuevo.

A veces sentía miedo, pero luego recordaba todo por lo que había pasado y se armaba de valor de nuevo. No iba a permitir que nada ni nadie le volviese a quitar aquello que le importaba.

—Te prometí que volvería. —respondió despacio— Y no suelo romper mis promesas.

—A veces el volver o no volver no depende solo de ti, ¿lo sabes? —farfulló Sethos con un mohín, y Wanderer se apartó despacio para poder mirarle a la cara., apenas había podido verle bien hasta ese momento. Sus hermosos ojos verdes estaban enrojecidos en un intento de no llorar. Le colocó bien el sombrero.

—Puede ser, pero tenía una palabra por cumplir y alguien a quien volver a ver. —escuchó a Sethos sollozar, posiblemente ante lo que acababa de decir.— ¿Cómo ha ido todo por la Sumeru?

—Bien… Nada que destacar, realmente. Ha estado todo muy tranquilo, demasiado tranquilo, tan tranquilo que acabé apuntándome a la Akademiya. —explicó el ojiverde mientras se quitaba el sombrero de la cabeza y lo colocaba sobre su regazo para recorrerlo distraídamente pero con cuidado con los dedos.

Wanderer le miró con sorpresa. ¿Se había apuntado también a las clases?

—¿El trabajo como líder del Templo del Silencio no te daba suficientes comederos de cabeza o qué?

— Digamos que sí, y a la vez no… Hablé con la Reina Menor Kusanali, me dijo que me concederían excedencias especiales si requería hacerme cargo del Templo o si surgía alguna urgencia, así que no hay problema. Además, quería pasar más tiempo contigo ahora que has vuelto. —esbozó una pequeña sonrisa, la primera que le había visto el Wanderer esa noche.

De pronto ató cabos.

—No me digas que… ¿No te habrás inscrito en el darshan de Vahumana?

La risita que dejó salir Sethos fue toda la respuesta que necesitó. Suspiró, pero después se le escapó una sonrisita a él también. Tenía que haberse imaginado que eso pasaría en algún momento.

—Tendré que aprovechar que estás de vuelta para estar contigo antes de que vuelvas a irte a algún otro sitio misterioso, ¿no?

—No voy a volver a irme, abejita. Te lo prometo.

Justo después Wanderer le hizo un gesto para que esperase, parecía haberse acordado de algo. Sin decir una palabra metió una de sus manos dentro del cinturón del hakama y sacó un par de bolsitas de seda, atadas entre si para evitar que alguna se perdiese. Sethos observó con curiosidad.

—¿Qué es eso?

Wanderer deshizo los nudos con una facilidad que ruborizó levemente a Sethos, pero se le pasó rápido cuando el contrario dejó caer el contenido de las bolsitas en una de sus manos.

Eran dos broches que llamaron la atención del castaño nada más verlos. No eran para nada del estilo de Sumeru, el diseño se veía enrevesado y a la vez delicado, como eslabones enganchados entre si. Eran muy del estilo del norte, el tono plateado se difuminaba en ciertas partes a un color más oscuro, dándole una apariencia metálica y robusta.

—No podía volver después de un año con las manos vacías, ¿no? Es un regalo. —cogió uno de los broches y se lo colocó a Sethos en la ropa, después se puso él el suyo enganchado al hakama, cerca de donde descansaba su Visión.

Cerca de su corazón, pensó Sethos.

Sethos sonrió felizmente viendo el accesorio. — Gracias. —respondió. Era tan de Nod Krai que le dolía y a la vez le consolaba. Le recordaría al tiempo que estuvo sin él, pero también sería la prueba física de que estaba allí de vuelta y que había cumplido su promesa.

"¿Ahora vamos con accesorios a juego? Seremos la comidilla de toda la Akademiya" pensó el castaño a la vez que notaba su rostro ruborizarse ante la idea de tener algo a juego con Don Sombrero. No quiso verbalizar su pensamiento en voz alta por miedo a que el pelinegro cambiase de idea. Le miró de reojo.

Wanderer no dijo nada más, sino que dobló ambas piernas, abrazándose las rodillas con un brazo mientras el otro descansaba sobre el tronco a su derecha. El ojiazul miraba ahora hacia el horizonte, perdiéndose en aquellas vistas que Sethos, mientras tomaba aquella suave mano y entrelazaba sus dedos juntos, sabía que tanto había extrañado.

"Bienvenido a casa."

Notes:

Tenía que terminar la Sethoscara week como bien se merecen y tenía MUCHAS ganas de hacer un fanfic del reencuentro tras la vuelta del Wanderer de Nod Krai.

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