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Sentía como su vientre abultado era acariciado por el tacto suave de Aresh, cuya mirada adquiría un hermoso brillo cada vez que lo tocaba, todavía parecía incrédulo de que un bebé estuviera creciendo en su interior, una nueva vida que había ayudado a crear. Seiichiro en un suspiro permitía sus caricias, no era como si tuviera opción a negarse, sabiendo como él era bastante insistente en sus cuidados aún antes del embarazo; como prueba de ello aprovechaba el descanso del almuerzo para masajear sobre su vientre una loción humectante, aunque intuía que este era solo un pretexto para tocarlo y percibir la acogedora presencia de su hijo a esa hora del día.
Según sus chequeos médicos y revisiones constantes mostraban un embarazo saludable de aproximadamente veinte semanas, su falta de resistencia a la magia de este mundo estaba controlada por Aresh todo el tiempo, así que no había problema al respecto. Se alegraba de que su pequeño, que habían confirmado que era un niño, estuviera creciendo bien a pesar de haber sido concebido dentro de un cuerpo masculino, un caso inusual incluso en este mundo de magia en el que había caído hace más de dos años. Aún podía recordar el momento en que recibieron la noticia del embarazo, fue una gran sorpresa para ambos pues no esperaban que en sus entregas llenas de amor y placer una vida se concibiera, esbozando una sonrisa traía a la mente la expresión de Aresh aquel día al enterarse de que sería padre, la que no era diferente a la que mostraba ahora.
— ¿Por qué sonríes y me miras así?
—Nada… —Desviando la mirada se negaba a responder con la verdad para no avergonzarlo por su gesto embelesado— Por cierto, esta tarde tenemos cita con el doctor, ¿crees que el bebé sigue bien?
—Si, nuestro bebé es fuerte y saludable, puedo sentir como se mueve.
—Sin duda es un bebé inquieto, no sé de quien heredó tal vitalidad.
—A ti, nunca te quedas quieto parece que siempre tienes algo que hacer.
El embarazado sonreía a sus palabras que podría considerar un halago, pues no creía que ser proactivo y diligente eran precisamente defectos, al contrario le alegraría si su pequeño heredara algunas de sus aparentes virtudes, era feliz con solo imaginar a su niño cumpliendo tareas con mucha diligencia al crecer. Aresh notando su gesto de felicidad sintió la fuerte necesidad de besar esos labios sonrientes, un beso que fue interrumpido por los colegas de trabajo de Seiichiro que llegaban al despacho, el lugar en que se refugiaban a esa hora para realizar este masaje después de almorzar.
—Aresh, no te enojes, es nuestra culpa por no fijarnos en la hora. —Le decía al notar su gesto malhumorado al ser interrumpido en uno de sus momentos favoritos del día. Seiichiro aun al mostrar con mucha dignidad su vientre abultado en la ropa holgada que usaba, le avergonzaba ser visto en una muestra de afecto con quien ahora figuraba como su esposo; aunque legalmente no podían casarse, eso no impidió que unieran sus vidas en matrimonio con una ceremonia simbólica de intercambio de votos y anillos, un compromiso que celebraron en privado meses atrás.
El embarazado por su naturaleza tímida se disculpaba con sus compañeros por la escena cariñosa que presenciaron mientras empujaba a su berrinchudo esposo que parecía insistir en querer darle un beso de despedida, atribuyendo que era normal en las parejas besarse y no era motivo de vergüenza. Los demás sonreían al ver a la enamorada pareja en su dinámica que reflejaba el gran amor que compartían, y con un pequeño en camino no dudaban que serían una adorable familia. Aquellas miradas emocionadas para Seiichiro eran frías puñaladas a su innata timidez en el ámbito amoroso, podía adivinar sus pensamientos sobre lo idílico de su amor, una unión marcada por el mismo destino y aunque quisiera negarlo ciertamente lo era, solo el destino pudo permitir que dos personas de mundos distintos coincidieran en el momento exacto para enamorarse. Esa tarde, tal como acordaron asistieron juntos a la cita con el médico a cargo de su embarazo, por supuesto tenía que ser alguien de confianza para ambos, así que llegaban al consultorio de Ciro Quellbas, quien felizmente los recibía como cada semana para su chequeo.
—Según la ecografía, el mini Aresh está bien, pero… —Comentó el médico mirando la imagen que la pantalla reflejaba, los padres que ilusionados veían a su bebé moverse se preocuparon enseguida y exigieron que terminara de hablar— Bueno, veo unos muy ligeros cambios en la placenta… No es malo, pero creo que hay que tomar precauciones para que no se complique el crecimiento del bebé.
—Pero qué quieres decir… Explícate mejor, no había ningún problema hace unos días.
—Tranquilo Aresh, solo noto una mínima delgadez en una parte de la placenta, siendo un caso inusual de embarazo el suyo, les advertí que podrían surgir algunos pequeños inconvenientes. ¿No fue por ello que acordamos tener estos chequeos constantes? Lo bueno es que lo detectamos a tiempo.
—Entiendo… Pero, ¿el bebé estará bien si me sigo cuidando?
—Si, por supuesto… Les dije su bebé está en perfectas condiciones, sin embargo, tendremos más precauciones a partir de ahora.
El gesto de Seiichiro reflejaba algo de frustración al oír la recomendación de reposo absoluto, es decir amaba a su bebé, pero no podía concebir la idea de quedarse todo el día en cama, Aresh a su lado lo miraba de reojo mientras repetía con énfasis la seria advertencia de “reposo absoluto”. Así un poco desanimados los padres primerizos salieron del consultorio, no eran del todo malas noticias porque el bebé estaba saludable, aún así para Seiichiro ser sometido a un estricto cuidado por otras largas semanas le abrumaba, no creía ser capaz de soportar la intensidad de Aresh en ese aspecto.
—Oye, puedo caminar si voy despacio… —Con algo de molestia decía al sentir como este lo llevaba entre los brazos al estilo de una damisela indefensa, lo más vergonzoso era que habían personas alrededor que comenzaron a murmurar al verlos— Él dijo que puedo caminar, no empieces a hostigarme así…
—No es hostigamiento, es precaución.
Con seriedad respondió a su reproche, Seiichiro dio un suspiro de resignación al darse cuenta que discutir con él no tenía sentido ya que al final no dejaría de hacerlo a pesar de sus quejas, era mejor relajarse y no perjudicar a su bebé por un tonto capricho. Realmente le preocupaba su actual condición, lo único que debía hacer era cuidarse mejor para no perder la pequeña y valiosa vida que crecía en sus entrañas, este trabajo tenía prioridad sobre cualquier otro, sabía que si algo malo le pasaba destrozaría a ambos, aún así no pretendía convertirse en un hombre adulto sin la libertad de hacer lo más básico, como caminar.
—Ya puedes bajarme, puedo caminar solo a la cama —Malhumorado Seiichiro le pedía al llegar a la habitación que compartían.
—Por fin me hablas. —Un poco resentido comentó Aresh llevándolo a la cama para que descanse mejor.
—Me siento un poco molesto, es normal, ¿no? Y tú…
— ¿Yo qué?
—Nada, quiero descansar. —Murmuró con los ojos que parecían llenarse de lágrimas, no le gustaba tampoco sentirse de esta manera, abrumado por la complicada situación y posiblemente desquitando su molestia con él. Era consciente que Aresh no tenía malas intenciones, el profundo amor que sentía le obligaba a ser tan sobreprotector, pero solo pensar en que estaría aún más detrás suyo no aliviaba nada su ansiedad por el futuro incierto. Sintiendo su abrazo se reconfortaba en la calidez de su regazo, también lo amaba incondicionalmente, empezando a llorar se aferraba a él con fuerza, ni siquiera sabía el motivo de su llanto, era todo un cúmulo de emociones que no podía entender.
—Seiichiro, lo lamento… Pero ustedes son lo que más amo y no quiero perderlos.
—Yo tampoco quiero perder al bebé, sé que tal vez no me he ganado toda tu confianza cuando he sido descuidado con mi propia salud antes, sin embargo, te pido que confíes en mí ahora, haré todo lo posible para mantener a salvo a nuestro hijo, lo prometo…
—No llores, confiaré en ti.
—No lo dices muy convencido.
—Es difícil, no puedo evitarlo, es una costumbre que adquirí al estar contigo, nunca nadie me había importado tanto para cuidarlo de esta manera y ahora con el bebé siento una mayor responsabilidad. Y aún así creo que no es suficiente lo que hago, ojalá pudiera hacer más por ustedes…
Seiichiro sonreía entre lágrimas a sus palabras sinceras notando cierto brillo en su mirada, él no era un hombre que llorara, en el tiempo juntos no lo había visto derramar una lágrima en realidad, por lo que ver su mirada llorosa le conmovía porque reflejaba la belleza de sus sentimientos, no dudaba de su sincero amor. La intensidad en que solía expresar ese amor era su ligero inconveniente, él parecía olvidar que necesitaba también su espacio como individuo, aún si era un individuo con un embarazo algo complicado. Ya que estaban abriendo el corazón lo mejor era hablar como dos adultos sobre lo que harían a partir de ahora, especialmente poner límites a ciertas actitudes que podrían molestar al otro y así lo hicieron en la calma de su habitación. Aresh a regañadientes aceptó darle su espacio para no abrumarlo, lo que le resultaría difícil de cumplir, pero se esforzaría en hacerlo porque entendía que él no necesitaba crear más tensiones en su actual estado, pues esto también influiría negativamente en el bebé.
—Bueno, ahora tendrás el trabajo de cuidar aún más a nuestro hijo, así que traeré los papeles para ese anticipado permiso de embarazo en tu trabajo. —Acertó a decir haciendo que Seiichiro le lanzara inconscientemente una mirada siniestra, ¿acaso era necesario aclarar esto ahora? Ya se había resignado a firmar ese trámite unas semanas antes del parto, no creyó que lo haría tan pronto, pensaba en cómo se iba a aburrir terriblemente sin algo que hacer.
—No me mires así, tú eres estricto con los trámites por eso lo digo, pero sabes que el reposo absoluto incluye no ir a trabajar a la oficina…
—Lo sé, solo que apenas estaba asimilando la idea.
—Lo siento. —Notando su gesto afligido se disculpaba al enfrentarlo a esta realidad de forma abrupta, después de todo, así maniático por el trabajo lo había conocido y no podía cambiarlo, pensaba en como cualquier otra persona estaría gustosa de librarse del tedioso trabajo, pero él no— …Bien, esto haremos porque quiero que seas feliz.
— ¿Qué?
—No irás a la oficina, pero puedo traerte algo del trabajo para que realices aquí, no creo que le afecte al bebé que llenes papeles en la cama, ¿verdad?
— ¿Harías eso por mi?
—Haría lo que sea por ti, por ustedes, lo digo en serio, solo no quiero que te excedas…
—Entiendo, si tú te esforzarás en contener tu manía conmigo, yo haré lo mismo con mi manía al trabajo. —Extendiendo su mano pretendía que la estrechara para cerrar este acuerdo que le serviría para no enloquecer en esta nueva convivencia, sobre todo por el bienestar de su hermoso bebé que sutilmente sentía moverse. Aresh siendo impetuoso y apasionado no se conformaría con estrechar sus manos, por lo que besando sus labios cerraba este inusual trato.
Entre pequeños conflictos y desacuerdos con los que pudieron lidiar por el amor que los unía transcurrieron casi dos semanas, el nuevo ultrasonido reflejaba que la condición de la placenta se mantenía, no había empeorado y la mejor noticia era que el bebé estaba en excelentes condiciones, un motivo para celebrar con una cena especial en casa. Todos los sirvientes en la residencia estaban al tanto de la situación del complicado embarazo, así que procuraban cuidarlo también de forma directa e indirectamente por orden de su joven señor.
— ¿Qué haces? —Cuestionó Aresh cuando después de cenar llegaban a la habitación para descansar esa noche, no se imaginaba que Seiichiro sacaría unos papeles para revisar en la cama antes de dormir.
—Tengo que terminar este informe para que lo lleves mañana.
—Pensé que habías terminado todos tus pendientes, seguramente debe ser algún informe mal hecho por otro que tú estás rehaciendo. Debes dejar de hacer el trabajo de otros, ellos tienen que aprender a ser diligentes en lo que hacen.
—Deja de regañarme… Solo me tomará unos minutos, no es nada.
—Debes descansar.
—No estoy tan cansado.
—Ya no voy a traerte nada del trabajo entonces.
—No fue el acuerdo que hicimos.
— ¿Y quién empezó por incumplirlo? Esta hora es para que descanses, las horas de sueño son importantes para ti y el bebé.
—Qué exagerado eres, solo son unos minutos, no me hará daño—Murmuró en voz baja con molestia, no sabía si era por las hormonas del embarazo, pero habían momentos en que se sentía en extremo vulnerable como ahora, así que explotó en furia— Solo te enojas porque no te prestaré atención por unos minutos, eres tan caprichoso como el niño mimado que eres, deberías madurar.
—Sabes que no es por eso… Está bien, haz lo que quieras, voy a salir un rato para no alterarte más.
Murmuró Aresh en medio de un suspiro antes de salir de la habitación, el otro lo vio marcharse, no se sentía complacido por el berrinche que hizo por unos papeles sin importancia, en parte él tenía razón, había todo un departamento de contabilidad que bien podría encargarse de este simple trabajo. Sintiéndose mal por su proceder inmaduro chasqueaba la lengua para sí mismo, porque no era el trato que Aresh se merecía después de haber sido tan atento todo el día, trayendo y llevando sus papeles de trabajo, pendiente de sus medicinas, comprando bocadillos especiales que tenía como antojo, los masajes en sus pies que tanto le relajaban, llevarlo a la consulta, la cena especial con la comida que le gustaba, ahora se sentía como un completo imbécil.
—Lo siento, tienes un padre cabeza dura a veces y no lo digo por él… Sé que debo ponerme límites también, tengo un trabajo más importante ahora que es cuidarte a ti y a él, porque tu padre es mi niño mimado también…
Hablaba con tono melancólico a su bebé mientras se acariciaba el vientre, suponía que no tenía más remedio que disculparse por su actitud inmadura cuando él volviera. Vistiendo su pijama se acomodaba en la cama para leer un libro mientras aguardaba el regreso de su resentido esposo, intuía que no tardaría en volver porque era hora de su masaje en el vientre, y tal como predijo este aparecía pocos minutos después.
—Estoy molesto contigo, no con el bebé, por eso volví pronto— Aclaró seriamente al acercarse con la loción que usaba para sus masajes, Seiichiro al desabrochar los botones de su camisa se armaba de valor para admitir su error y pedir una sincera disculpa.
—Lo siento, no debí enojarme así contigo y ciertamente yo incumplí mi parte del trato primero.
— ¿Solo lo dices para que no deje de traerte el trabajo a casa?
—¡No, no lo hago por eso…!
—No te alteres —Con una sutil sonrisa decía al ver su gesto de aparente ofensa por esa insinuación que hizo, que podía ser cierta por su manía al trabajo— Tal vez yo exageré un poco, no debí reaccionar así.
Ambos se dedicaron una mirada, parecía que no podían tomar en serio sus peleas teniendo en cuenta sus hábitos tan arraigados, estos arrebatos momentáneos de enojo no reflejaban el verdadero sentimiento que los unía, el amor mutuo que concibió al bebé que los necesitaba más que nunca juntos. Seiichiro besaba su boca de forma apasionada como una forma más sincera de pedir perdón, sintiendo como su cuerpo se inquietaba al contacto de sus manos que traviesas se deslizaron en su pecho, el masaje atrevido a sus inflamados pezones lo excitaba.
—No podemos… —Jadeante susurró recordando la advertencia de su médico al decir que la actividad sexual debía restringirse un poco, como pareja tenían que buscar tácticas para disfrutar del placer sin coito, porque la penetración estaba prohibida durante el embarazo. Aresh no le bajaba la mirada mientras seguía acariciando esa zona sensible de su cuerpo, amaba ver su gesto excitado, si podía ayudarle a alcanzar el clímax con un juego de besos, caricias y algo de masturbación se conformaba con tener este tipo de sexo, por nada del mundo arriesgaría la vida de su bebé por un momento de calentura.
Entonces se dispuso a hacerlo, agradecía que el cuerpo de Seiichiro estuviera sensible posiblemente por las hormonas liberadas en su estado, pensaba en lo complicado que era para él lidiar con estos cambios físicos y emocionales, por eso trataba de ser comprensivo. Minutos después un satisfecho embarazado sonrojado besaba la dulce boca del hombre que le dio placer con sus manos hábiles al estimular su miembro, pero no le gustaba deberle nada así que se dispuso a devolverle el favor, en un principio Aresh se resistió, pero permitió sus intenciones o de lo contrario este podría resentirse.
Así esta velada terminó con los dos profundamente dormidos en un abrazo bajo las sábanas, como estaban acostumbrados a pasar sus noches. A la mañana siguiente se veía a Aresh llevándose los papeles de su trabajo con la promesa de que traería otros documentos de vuelta en la hora del almuerzo, no tenía más opción que mantener feliz de esta manera a su obstinado esposo. Así otras semanas transcurrieron en esta peculiar dinámica, el cuidado especial en un embarazo complicado se reflejaba en un bebé que crecía normalmente, el vientre abultado de Seiichiro era más notorio, una imagen que embelesaba a su joven esposo, quien aprovechaba para abrazar su nada delgada cintura por detrás cada vez que lo veía desprevenido.
—No puedo creer que el bebé ya tenga treinta y dos semanas, falta poco para que nazca. —Era el comentario de Seiichiro con una sonrisa mientras acariciaba su vientre bastante crecido junto a las firmes manos del hombre que cariñoso besaba su cuello, a la vez que en un suspiro dejaba escapar esta mezcla de nervios e incertidumbre que se agolpaba en su pecho, pues el parto era la prueba final de todo este proceso y nadie podía prever los inconvenientes que surgieran entonces.
—No es momento para confiarse, debemos mantener el ritmo que hemos llevado hasta ahora.
—Si, lo sé, no pretendía descuidarme.
Con mala cara aclaró, después de todo, era el que estaba embarazado, quien albergaba en sus entrañas un bebé saludable hasta ahora, entonces sabía bien lo que hacía, en este nuevo trabajo se esmeraba por cumplirlo a cabalidad. Ignorando su casi regaño se prestaba a descansar en la cama, le era agotador incluso caminar un poco y lo había cansado esa visita al médico por la tarde. En este punto ya ni siquiera le importaba tanto su trabajo como contador, los últimos días se sentía exhausto de todas las maneras posibles, su trabajo prioritario era sobrellevar su embarazo y hacer que su niño naciera sano, el pequeño que anhelaba de corazón tener entre sus brazos.
—Aresh… —Le llamaba esa madrugada con la voz temblorosa al sentir una fuerte punzada que hizo tensar todo su cuerpo, nunca había experimentado este tipo de dolor tan profundo que le restó el aliento, tan terrible como si algo le fuera estrujado en sus entrañas— Me duele mucho…
— ¿Son contracciones? —Algo alterado de un sobresalto se levantó para ver como su esposo palidecido, sudando frío se agarraba el vientre, no sabía qué hacer al verlo sufrir así, a pesar de su estricto entrenamiento para actuar bajo presión, esta situación era muy distinta.
—Llévame al hospital y llama a Ciro… Oye… —Con el respirar agitado notaba su conmoción así que esbozando una forzada sonrisa acunaba con cariño su rostro entre las manos para calmarlo— Tranquilo, este bebé va a nacer y te necesito conmigo…
Aresh asintió con la cabeza tomando una gran bocanada de aire para prestarse a atenderlo, agarrándolo entre sus brazos con cuidado se dirigirían al hospital sin perder más tiempo, todos los sirvientes en la residencia se levantaron ante la alarma de su señor que pedía el transporte y cosas que Seiichiro pudiera necesitar. Enseguida partieron al hospital a esas horas de la fría madrugada.
—Aprieta mi brazo si te duele mucho.
—No quiero lastimarte…
—Puedo soportarlo, no te contengas.
Le advertía al ver como de repente en el interior del carruaje se retorcía de dolor en su regazo tras otra fuerte punzada, que parecía ser una contracción, el instinto de Seiichiro le decía que su bebé vendría al mundo esa madrugada, no le sorprendía lo determinado que pudiera ser su pequeño, pues sus dos padres lo eran a su manera. Ambos tenían presente que una de las posibilidades al ser un embarazo inusual era que no cumpliría las cuarenta semanas de gestación como era normal en el cuerpo de una mujer, aún así era sorpresivo este hecho y no podían evitar angustiarse un poco por lo prematuro del parto.
La pareja llegó al hospital en cuestión de minutos, siendo recibida por el médico y enfermeras de turno, era el lugar donde tenían anticipada la fecha para la cesárea, que sería en unas semanas, por lo que tenían conocimiento de su peculiar caso. Tomaron una ecografía de emergencia para verificar los signos vitales del bebé, quien al parecer estaba normal por ahora dada las condiciones de su embarazo. Su médico de confianza y amigo llegó casi detrás de ellos, no dudó en recomendar el realizar la cesárea de inmediato, antes de que el estado de la placenta fallara por las contracciones del órgano que hacía de útero en su cuerpo, si eso ocurría el oxígeno no podría llegar al bebé y arriesgaría su vida, la mejor opción era sacarlo antes de que todo se complicara.
—Estaré bien… Estaremos bien… Lo prometo. —Decía Seiichiro una vez que lo prepararon para la cirugía y lo llevaban a la sala de operaciones, más tranquilo porque las contracciones se calmaron al tomar una medicina para ello sonreía dulcemente al ver el gesto angustiado de su esposo, quien apretaba su mano con fuerza, no pareciendo querer soltarlo, reflejando el miedo de su corazón ante la idea de perderlos— Dame un beso de hasta luego porque no pienso dejarte.
La pareja unió sus labios en un dulce beso sellando así la promesa de seguir juntos en esta vida, Seiichiro no tenía intención de morir todavía, después de tantos meses esforzándose en este embarazo, ¿cómo podría no disfrutar criando a su hijo junto al hombre que amaba? Ese era el pago por todo su trabajo, así que no pretendía irse de este mundo sin cobrar lo que le correspondía, pensaba para sí mismo con una sonrisa, mientras tanto Aresh notando su determinación confiaría en su fortaleza, una de las virtudes que amaba de él.
—Ahh, me duele todo el cuerpo… — Era la queja murmurada de Seiichiro horas después cuando el efecto de la anestesia especial que le colocaron perdía su efecto, postrado en la cama en esa habitación de hospital bien iluminada no tenía intención de moverse, tal vez era exagerado, pero incluso respirar le dolía. La maternidad era bastante dolorosa, pensaba, por un instante evocó en su mente la imagen de su querida madre, a quien extrañaba más que nunca y realmente le hubiera gustado tenerla cerca ahora, un nostálgico pensamiento que fue interrumpido por la voz de Aresh que lo llamaba insistente.
—Aresh… El bebé, ¿está bien? —Algo aturdido cuestionó abriendo lentamente los ojos, su cuerpo tiritando por el frío buscaba escabullirse con una sábana, su esposo al verlo temblar no dudó en brindar su calidez al abrazarlo, sintiéndose feliz y aliviado de que reaccionara después de la complicada cirugía.
—Está bien, es un bebé fuerte, a pesar de haber nacido antes de tiempo su desarrollo es perfecto, aún así lo tendrán en observación por un par de días.
—Es como tú, tú eres fuerte.
—No conozco a nadie más fuerte que tú, mi Seiichiro. —Con cariño susurró sobre sus labios en ese abrazo y no mentía al decir tal halago después de que él superara tantas complicaciones estos meses— Además es muy lindo, se parece a ti.
—Si es lindo se parece a ti entonces, quiero verlo.
—Lo verás pronto, ahora debes procurar restablecerte para que puedas cargarlo cuando lo traiga más tarde. Sé que él también quiere abrazarte.
—Te dije que no iba a dejarte, cumplí mi promesa…
—Me alegra que así sea, bienvenido a tu hogar una vez más… Ahora somos tres.
Con sinceridad declaraba acariciando su rostro con mucho cariño, agradecía al destino haber conocido a este hombre que tanta dicha le daba y le seguiría dando. Unas horas después se veía a Seiichiro sentado al espaldar de la cama con su bebé en brazos, sentía que todo dolor desapareció al tenerlo cerca, no podía creer que había creado una pequeña vida tan perfecta. Entre lágrimas de genuina alegría no podía dejar de verlo, sus rasgos eran muy parecidos a los de Aresh, así que no tenía duda que sería un niño bonito, pensaba sin dejar de sonreír a la vez que miraba de reojo a su esposo, quien sentado a su lado estaba también embelesado contemplando esta pequeña belleza que crearon juntos. Inmerso en este cálido abrazo prometía en silencio que sería un buen padre, porque su trabajo paternal seguiría siendo su mayor prioridad en la vida, un trabajo a tiempo completo que cumpliría con la mayor diligencia como era su costumbre, y el único pago que aceptaría a cambio era ver la felicidad de su ahora familia.
