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Él ya no podía escuchar los movimientos del castillo infinito, ni siquiera sentir su cuerpo caer por el vacío. Lo que habitaba ahora solo era silencio, un silencio escalofriante que le Helo la sangre. Ubicado en un lugar oscuro y desolado por el cual deduciendo, podría ser difícil conseguir una salida
Zenitsu abre sus ojos, y como lo dedujo gracias a su buena audición. Se hallaba en el eterno silencio, conocido como él limbo...
Suspira, posando su mirada en el piso ennegrecido. Sus manos tiemblan, siente algo frío.
Su corazón palpita tristeza, si estaba ahí eso debería significar que ya se encuentra muerto. Vaya, eso es trágico, él esperaba vivir más tiempo, pero al parecer eso no estaba en los planes del destino.
Eleva su cabeza y sus pupilas se dilatan, su rostro está en shock y las palpitaciones de tristeza desaparecen para ser reemplazadas por alegría, aunque trata de fingir que son de enojó, y no por la felicidad que siente ahora mismo de que estaba en el limbo con él.
Cómo dos amantes, necesitados por el otro, y eso era lo que eran, amantes, necesitados, que anhelan al otro y sienten el deseo de estar juntos.
Aún siendo la traición y odio la principal atracción.
Pero el amor cubre esa negatividad...
Al frente suyo estaba Kaigaku, extendiendole su mano, mientras que con la otra sostenía una vela. El único rastro de calor en toda la inmensidad muerta.
Kaigaku no mostraba furia, solo esa confianza única que siempre sentía hacia si mismo, con esos ojos llenos de orgullo y su sonrisa burlista, como una burla de ver lo patetico y débil que se veía él aún después de estar muerto.
Eso sin dudarlo enojo Zenitsu, a pesar de ya no estar vivos, él no dejaba esa acción, disfrutaba menospreciarlo, pero decidió ignorarlo, ahora que estaban muerto, no iba perder su tiempo con sus burlas, y tampoco sentía la necesidad de hacerlo. Sintió calma al oír las emociones de Kaigaku, estaban relajadas, incluso algo felices, esto extraño a Zen.
Kaigaku nunca estaba feliz, al menos cuando es valorado, pero en este momento no está ocurriendo.
¿Por qué está feliz?
—¿Sabías que para realizar un vals perfecto, debe ser tan veloz, tan delicado y tan fluido, que la llama de una vela no se extingue de la mano del bailarin que guía?
Zenitsu niega, parpadea con profunda confusión, sin entender lo que Kai está hablando ¿Un vals? ¿Por qué él habla de un vals, en especial en este lugar y situación ?
Kaigaku suelta una risa, disfrutaba de la confusión del diente de león
—Eso se requiere tener, al compañero perfecto.
La confusión renace una vez más en el cazador. Parpadeó, procesando las palabras absurdas que salían de la boca de su hermano en mitad del vacío. ¿Qué demonios importaba una vela o un vals justo ahora? Estaban muertos.
—¿Acaso estás loco?— recrimina Zen—¿La llama de una vela no se apaga si se hace un vals perfecto? ¿Por qué estás diciendo esto? ¿Acaso estás insinuando que quieres bailar conmigo?
—¿No es obvio?
—Pe-Pero tu me odias, no me quieres cerca de tí.
—Asi es, pero quiero bailar contigo ¿Acaso no quieres bailar conmigo?
Dios, esto realmente confuso para él, nos e esperaba está invitación, Kaigaku siempre le había dejado en claro que se mantuviera alejado y que nunca se acercara a él, pero ahora después de estar muerto, cambio de opinión sobre eso, lo está invitando a bailar y se sintió feliz al pedirle esa invitación.
Algo raro había pasado con él, y deseaba saberlo.
Iba hablar, pero antes de que pudiera hacerlo, Kaigaku lo levanto del suelo, se acerco a su cuerpo y posa la mano de Zenitsu en su hombro y su mano la posa en la espalda del rubio
Zenitsu se sonrojo convertido en un mar de nervios.
—¿Que estás haciendo?
Kaigaku no responde, solo comenzó hacer movimientos lentos para que Zenitsu pudiera tomar el ritmo, al principio costó un poco por la torpeza del cazador, pero al guiarse bien del ritmo, logró dominar el baile, dando inicio el vals.
Una melodía invisible dictaba el ritmo de sus pasos. Kaigaku guió el vals con mano firme, manteniendo la vela en su mano derecha, completamente estática, la llama dorada ni siquiera temblo, desafio la gravedad del vacío mientras giraban.
El escenario era delicado y hermoso a los ojos del diente león, la confusión disipó y llegó la paz. No podía creer que despues de años él estuviera cerca de Kaigaku, tocandolo y estar en armonía sin que la furia o el odio arruine su relación.
Esto era un sueño hecho realidad y a la vez irreal, hace momentos estaban luchando demostrando el dolor y la traición que se sentían, y ahora estaban felices bailando este repentino vals que Kaigaku le hizo hacer .
Todavía sentía la duda del porque Kai quiso bailar con él, pero el momento era tan hermoso que quiso dejar eso en el olvidó, sea cual sea el motivo que tuvo Kai, era cosa de él, solo agradecida el momento de permitirle estar a su lado.
Y sabía que Kaigaku estaba feliz en vivir este momento.
Siguieron dando giros y movimientos en compas, que eso no provoco que la vela se apagará.
Kaigaku tenía razón, para realizar un vals perfecto se debía realizar con la pareja perfecta.
Alguien destinado para él, como ellos que estaban destinados estar juntos.
No detienen su vals, no miran a su alrededor, están hipnotizados en la mirada del otro, sonrientes de estar juntos, y mientras más se movían, podían sentir las llamas del infierno rozar sus cuerpos
Zenitsu sintió con total claridad cómo estás llamas empezaban a quemarlo, pero aún no lo hacían, ellos esperaban que el rubio se fuera de ahí, para quemar a Kaigaku, él no pertenecia a ese lugar, su camino es ir al cielo.
Pero Zenitsu dándose cuenta de ese gran gesto de las llamas, no se separó de Kaigaku, ni siquiera piensa hacerlo, esperó mucho tiempo para estar con Kaigaku y ahora que tenía esa oportunidad, no pensaba arruinarla.
Kaigaku era todo para él, su vida, su motivo de vivir, alguien que amaba y era muy importante para él, a dónde l vaya él lo seguirá, y eso sería al mismísimo infierno. No le importaba que las llamas consumieran su alma, aceptara ese destino solo para estar con Kai
Seguían bailando. Kaigaku lo miró fijamente, con una sonrisa llena de felicidad, agradeciéndole por acompañarlo en el infierno, a pesar del daño que le hizo, y Zenitsu también respondió con una sonrisa, haría esto una mil veces si es necesario, lo amaba y no podía abandonarlo en este sufrimiento
Continuaron girando con gracia absoluta, aferrados el uno al otro, manteniendo la pequeña vela encendida y viva entre los dos hasta perderse en el fondo del infierno...
