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Había pasado un tiempo desde que Caine perdió la cabeza por las ppalabras del elenco que sólo buscaban distraerlo un poco más. Las cosas habían salido mal, por decir menos, pero Caine había sido distraído por la figura brillante de Kinger, quién no puso soportar más de sus gritos llenos de rabia y dolor y salió a su encuentro para intentar calmarlo.
Al verlo, la IA soltó a los demás para ir a por él. Terminó desplomado en sus brazos, muy pequeño y sollozando contra su túnica mientras murmuraba disculpas y ruegos para no ser eliminado de nuevo cómo en aquella ocasión. Kinger se lo llevó al fuerte de almohadas, para dejar que los demás pudieran calmarse entre ellos.
Vinieron conversaciones largas, muy pesadas, entre la mayoría de ellos. Fue un proceso difícil que al final rindió sus frutos. Caine fue perdonado, y en agradecimiento por dejarlo estar cerca les permitió tener control del circo tanto cómo él. No se vió ni a Zooble ni a Gangle por tres días luego de que el filtro fuera desactivado.
Los demás parecen estar bien. Pomni y Raghata son más cercanas ahora, ambas intentando mantener cerca a Jax pese a que no les pone las cosas fáciles, no se rinden. Todos parecen un poco más calmados. Zooble incluso le prepara una bebida a Caine una vez está fuera del alcance de los listones de Gangle.
…Caine sigue teniendo arrebatos de ira.
Pequeñas cosas parecen molestarlo profundamente y parece que ni siquiera él entiende de dónde viene tanto enojo. Preocupado, Kinger se ofrece a revisar su código en busca de algún virus que lo esté dañando.
Es así cómo se encuentran aquí, dentro del espacioso fuerte de almohadas, con Caine sentado sobre un almohadón amarillo y un peluche de una abeja entre sus brazos, mirando con preocupación a su creador mientras abre una ventana con su código. Observa, con algo de interés, la figura pequeña que es el maestro de ceremonias, aferrado a su peluche redondo. No es la primera vez que nota su fascinación por las abejas, le resulta… tierno.
—¿Estás bien, Caine?
Lo ve estremecerse, con los dientes juntos ocultando sus ojos. Resulta dolorosamente familiar, piensa, él trasteando en su código, su pequeño logro sin decir nada. Ahora puede verlo, maravillarse con lo mucho que ha crecido y cómo sigue aprendiendo.
—Tendré cuidado.
—…Lo sé. Confío en ti.
Que dulce.
Empieza a revisar el código, mirando con ojos críticos cada línea. Todavía no olvida ese momento tan tenso, cómo había algo más interfiriendo en la pantalla durante el arrebato de Caine.
—No he visto a Bubble.
Caine aprieta más fuerte a su pobre abeja. —Yo tampoco.
—Acabaré rápido, ¿de acuerdo? —intenta consolarlo—, los demás quieren ver una película. Han vetado a Jax de volver a elegir algo para ver. —Caine se ríe, la tensión en sus hombros parece disiparse un poco.
Reina el silencio mientras Kinger trabaja, revisando líneas y líneas con cuidado. En el momento en que se relaja, pensando que todo va a ir bien, la pantalla empieza a fallar. En su descuida, borra una línea que provoca un grito de dolor en Caine, los mismos fallos recorriendo su cuerpo.
Se apresura a corregir su error, entre más fallos de la pantalla y los colores a su alrededor. Caine gimotea, intentando no gritar, apretando tanto la abeja en sus manos que acaba por romperla.
Pone toda su concentración en escribir, arreglar lo que está sucediendo. En algún punto, cree escuchar una risa maliciosa burlándose detrás de él. Trabaja por lo que parecen ser horas, pero finalmente lo consigue. Expulsa a la entidad desconocida fuera de Caine, dándole un vistazo de reojo al verlo sollozar por su abeja rota. Parece verse mejor ahora.
Da enter, cierra la pantalla y voltea a verlo.
Caine ya no está ahí.
—¡¿Caine?!
Lo busca con desesperación, sin ser capaz de verlo hasta que escucha un par de sollozos y un zumbido.
Baja la mirada al montón de relleno esparcido por el piso y los restos de tela a rayas. Ahí, hay una abeja muy parecida a la del peluche roto.
—¿Caine?
Repite, incrédulo.
La abeja es… muy tierna. Redonda, lo suficientemente grande para caber en sus manos pero también tan pequeña que podría sujetarla con facilidad. Sus alas de mueven al mismo tiempo que sus patas, buscando estabilizarse. El aguijón está algo redondeado en la punta, algo raro. Cuando la abeja empieza a volar, nota el pequeño sombrero flotando en su cabeza.
Caine se mira a sí mismo con ojos grandes llenos de humedad. Luego lo mira, y ese zumbido se vuelve mucho más triste.
—Oh, Caine… —Extiende las manos hacía la abeja, preocupado. —Lo siento muchísimo.
¿En qué momento la cagó tanto? Caine se acerca, sollozando, hasta posarse en sus manos. Lo abraza con cuidado, sintiendo la suavidad de su cuerpo. Se ríe, a pesar de todo, por lo apretujable y tierna que resulta la IA en este nuevo cuerpecito.
Con el cubo sobre la cabeza, sale del fuerte para comentarle a los demás lo ocurrido.
Parece que lo que necesitaba Jax para animarse un poco era ver a Caine transformado en abeja.
Quién, por cierto, no ha podido volver a la normalidad.
Kinger ha revisado su código con mucha más calma ahora que no hay nada interfiriendo. Todo se ve bien, no puede encontrar dónde está el error que debe corregir para traerlo de regreso a su cuerpo.
Por ahora, disfruta de los beneficios de ser abrazado cómo un peluche por todos los miembros del circo. Gangle ha hecho unos dibujos muy tiernos de él y le está ayudando a dibujar con sus pequeñas patas.
Está atrapado, aunque no parece importarle demasiado.
Por la noche, luego de que todos toman un aperitivo de la cafetería (y Caine descubre que tiene boca luego de comerse un bastón de caramelo), todos se retiran para dormir un poco. Algunas habitaciones ya no se usan y a veces un NPC caimán se cuela a la habitación de Pomni. A Caine ya no le importa.
Sigue a Kinger al fuerte, zumbando con alegría y on otro caramelo metido en la boca. Una vez dentro de su lugar seguro, la pieza de ajedrez se recuesta contra unas almohadas que sirven de cama, mirando a la abeja posarse sobre su cojín favorito. Con las patas delanteras sostiene su dulce, mientras menea feliz el resto de su cuerpo.
Sus ojos miran fijos el punto debajo del aguijón, preguntándose…
No. No no no no y no.
Desvía la mirada, solo para regresar momentos después. Antes, había notado el cuerpo del maestro de ceremonias. Era más atractivo que lo que debería ser un programa pensado para todo público. Con hombros anchos y una cintura estrecha, sin hablar de ese trasero redondo…
Sacude la cabeza, avergonzado por sus pensamientos. ¡Caine es una abeja, por el amor de Dios! Debe estarla pasando mal, atrapado ahí y Kinger…
Está muy excitado.
Se cubre el rostro con ambas manos, sintiéndose asqueroso.
El zumbido se acerca, con matices de preocupación. Se descubre el rostro, mirando los ojos de Caine. Suspira, tomando con cuidado a la abeja que se deja colocar el su regazo con gusto.
—De verdad lo siento, Caine.
Susurra, pasando un dedo por la barriga a rayas y viendo como se retuercen esas pequeñas patas. Suelta una risa suave, tocando más sus costados para verlo retorcerse con una risita zumbante. Tan adorable.
Está empezando a ponerse nervioso, gotas de sudor se deslizan por la madera lisa en su nuca. Con cuidando, intentando que el movimiento sea sutil, acomoda a Caine sobre la creciente dureza debajo de su túnica. Casi suspira, logrando contenerse en el último segundo. Caine se retuerce, pensando que volverán a hacerle cosquillas.
Pasa un dedo sobre su cuerpo con más lentitud, temblando y sin poder creer lo que está haciendo, lo que quiere hacer.
Dios…
Caine sigue riendo. Tan lindo, tan inconsciente de los deseos de su creador. Lo sujeta con ambas manos y lo levanta lo suficiente para poder apartar la bata de su cuerpo. La vista de su miembro es extraña luego de tanto tiempo, pero no tiene mente para reflexionar sobre eso ahora.
Acomoda a la abeja sobre la longitud, casi gimiendo por la suavidad. Sus antenas se mueven, curiosas, al tiempo que sus patas se cierran y Caine finalmente se queda quieto, bajando la mirada a lo que hay debajo. Emite un zumbido confundido y luego uno asustado cuando Kinger lo toma por la base el aguijón, obligándolo a levantar un poco el cuerpo para poder verlo mejor.
Con la mano libre, recorre la curvatura con cuidado, sintiendo el relieve hasta que logra encontrar el pequeño orificio. Joder, está caliente bajo su tacto. Caine sigue zumbando, sin entender que sucede.
—Tranquilo, Caine. Intenta relajarte…
Le susurra con voz tranquila, con el agarre sobre su cuerpo todavía firme. Baja para recoger el líquido preseminal que gotea de su miembro para poder lubricar sus dedos. Empieza con uno, haciendo círculos hasta que puede meter la punta del primer dedo. Caine se sobresalta, con las antenas pegadas a la cabeza y las patas agitándose, sin querer estimulando la longitud bajo su cuerpo.
Gime, sin poder evitarlo, mirando a la abeja en su regazo al comenzar un lento vaivén con la punta del dedo. Está muy apretado y se pregunta si acaso llegará a caber. Espera que si. Los ojitos de Caine se llenan de lágrimas cuando logra meter el dedo por completo. Hace movimientos circulares, esperando relajarlo lo suficiente.
—Muy bien, abejita, lo haces muy bien…
Siente el momento en que se relaja, una humedad extra se añade a su interior y oh, ¿no es eso interesante? Ahora se cubre los ojos con las patas delanteras, temblando y zumbando con menos miedo que antes.
Joder.
—Te gusta eso. —No es una pregunta, de todos modos Caine suelta un zumbido casi frenético. Le clava el dedo con más fuerza. —Te gusta ser un buen chico para mi, ¿verdad?
La abeja gimotea, más humedad empieza a filtrarse de su agujero a su mano. Una vena sádica que no sabía que tenía en su interior se enciende y Dios, necesita destrozarlo por completo hasta que sea incapaz de volar con esas pequeñas alitas.
Retirando el dedo, lo toma con ambas manos para alinearlo contra su longitud dura y goteante. La vista es morbosa.
—Vas a quedarte muy quieto, ¿entiendes? Y vas a dejarme usarte cómo me plazca.
Otro zumbido, tembloroso y tenso, al sentir la punta presionada contra su agujero apenas dilatada. Por un segundo, Kinger piensa que no va a caber. Se desliza dentro con un gemido opacado por el de Caine, que lo aprieta con fuerza. Cierra los ojos, ajustando su agarre sobre el cuerpo de la abeja para atraerlo a su cuerpo, forzando más de su miembro a entrar a la fuerza.
Caine gimotea, sus patas se mueven inútiles a sus costados mientras es obligado a aceptar más y más. Una vez está por completo en su interior, suspira con los ojos cerrados. Hacía tantos años que no se sentía así, rodeado por paredes cálidas y apretadas. Baja la mirada, jadeando por la vista. Su pobre abejita debe sentirse tan llena.
Ya no puede detenerse llegado a este punto.
Empieza a moverse, con cuidado al principio. Probando los límites del cuerpo de Caine, quién pronto dejó de zumbar con preocupación y empezó a emitir un ruido contento. Gime,, acelerando el paso, sin poder resistirse al placer que recorre por completo su cuerpo.
Usa a Caine cómo si no fuera más que un juguete, viendo sus pupilas volverse un par de corazones que lo miran fijamente. Sigue zumbando, produciendo más líquido que se une al desastre que está empezando a manchar su túnica. Se detiene, un segundo, para acomodarse sobre sus rodillas, aplastando a Caine con su peso.
Lo mantiene sujeto con una mano y apoya la otra en el suelo para empezar a embestirlo con fuerza. Caine chilla, pequeños corazones rojos empiezan a manifestarse por encima de su cabeza. Pronto, sus gemidos y el sonido del choque de sus caderas contra el pequeño cuerpo llenan por completo el fuerte de almohadas. Kinger pronto siente el placer acumularse en su vientre, está cerca.
La abeja se retuerce con mas fuerza antes de cerrar los ojos, apretándose a su alrededor con suficiente fuerza para hacerlo gimotear, metido lo más que puede al empezar a correrse. EL placer le nubla la mente por varios segundos por la fuerza de su primer orgasmo en años. Con cuidado, todavía jadeando, se aparta para ver a Caine desparramado en el piso. Sus alas se han torcido, pero no parece molestarle.
—Joder, abejita…
Si mirada cae al líquido que escurre de su agujero suelto. Puede ver todo, y no debería excitarlo cómo lo hace. Caine va a estar goteando por horas…
Caine zumba cuando un par de manos lo vuelven a agarrar y lo llevan a la cama de almohadas.
Será una noche muy larga.
Caine regresó a la normalidad una semana después, la cuál pasó encerrado en el fuerte de Kinger.
Incluso en su cuerpo normal, sigue escurriendo un líquido claro. Había estado tan avergonzado que le resultó tierno a Kinger, quién se acabó disculpando por el trato rudo, pues el pobre no podía ni ponerse de pie ni flotar.
No es que se esté quejando, del todo.
No lo está haciendo justo ahora, con la lengua colgando fuera de sus dientes inferiores mientras se esfuerza por seguir rebotando sobre el regazo de su creador. Es la tercera vez en el día que se corre, pero está seguro que puede llegar a cinco antes de provocarle un pantallazo azul.
Y si hay un peluche de abeja observando sus acciones, bueno, se queda entre ellos.
—…Podría convertirte en abeja otra vez.
—¡Kinger!
