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Poco antes de que la reunión diera inicio, todo el mundo notó que Kyojuro estaba inusualmente llamado. No era natural en él guardar tanto silencio. Incluso cuando no decía nada, era normal que fuese atento. Aquel día en específico parecía estar nervioso. Su mirada se encontraba distraída y sus reacciones ante el estímulo eran exageradas. incluso quienes lo conocían de más cerca podían afirmar que aquel día actuaba de forma extraña, y todo el mundo tenía desde curiosidad, hasta vagas ideas de qué era aquello que podía estar ocurriendo en su mente, todos menos una persona.
Tengen era el único que no observaba a Kyojuro con curiosidad, sino con diversión. Gracias a su complejo de entrenamiento que le permite ocultar cualquier tipo de emoción, era capaz de ocultar la sonrisa de descaro que se hubiera mostrado en su rostro si la formalidad no lo exigiera así. Y vaya que disfrutaba de la incomodidad que sufría Kyojuro; no solo la disfrutaba, sino que sabía con perfecta exactitud que él era el responsable de dicha incomodidad. Aquello además de divertirlo, también lo alegraba, después de todo, significaba que Kyojuro pensaba en él, pero no solo pensaba en Uzui, sino que también rondaba en su mente aquel escenario ocurrido semanas atrás, escenario de aquello que hicieron Kyojuro y Tengen.
Tengen cerró los ojos por un momento para poder concentrarse en sus recuerdos por un solo momento. Imágenes borrosas y arrepentidas se proyectaron en su mente, donde él se unía a Kyojudo de una forma que nunca imaginó que podría ocurrir. No solo tomaba entre sus manos el cabello de su amigo, sino que el propio Kyojuro se aferraba a su ser entre más profunda y agresiva se volvía su conexión. Aunque las imágenes estaban alteradas por la distancia que suponía el tiempo transcurrido entre dichos hechos y su presente, sabía que esos recuerdos serían imposibles de olvidar para ambos. Por un momento se detuvo a pensar si recordar ese encuentro atormentaba a Kyojuro o su nerviosismo solo era producto de la imagen de sus cuerpos desnudos mientras la piel se rozaba contra la piel. Uzui disfrutaba de aquellos recuerdos.
En efecto, dichas imágenes se proyectaban en la mente Kyojuro con la sola mención del nombre de Tengen; Ver directamente era un tormento porque entonces no solo era capaz de recordar lo que hicieron, sino que también podía recordar el sabor de su piel, sus labios, su saliva y sus dedos. Incluso era capaz de recordar el olor y sabor del semen de su compañero. ¿¡Cómo no sentirte atormentado por un recuerdo así!? El mero hecho de ver el rostro de alguien más a lo lejos y que tu lengua sea capaz de revivir el sabor de uno de sus fluidos es tanto fascinante como indecente. Es natural sentirse avergonzado, además, incluso la vergüenza lo atormentaba, pues entre más trataba de ignorar los recuerdos que llegaban a su mente, más de ellos parecían llegar en masa, uno tras otros, los cuales dejaban de ser una serie de imágenes y se convertían en una proyección de su cuerpo tembloroso, hincado en el suelo, nervioso y dispuesto a hacer caer en la inmoralidad.
Semanas atrás, gracias a la bendita — maldita — casualidad, ambos lograron coincidir una noche lluviosa. Cada uno iba a una dirección propia, contraria a la del otro y ninguno de los dos parecía haber logrado descansar lo necesario en los días anteriores, así que tener a un buen amigo, una cama tibia y comida caliente por una noche no era una oportunidad para desperdiciar. Quizás el escenario era ideal hasta el punto de resultar fantasioso, pues el pequeño cuarto, apenas iluminado por una lámpara cuya llama bailaba con la brisa húmeda que se filtraba desde el exterior, hacía que todas las imágenes parecieran una ilusión, o tal vez una maravillosa fantasía. Uzui prefirió quitarse la mayor parte de su ropa sin ponerse nada nuevo, mientras esperaba a que se escurriera su uniforme. Se paró ante la puerta mientras observaba la lluvia en el exterior.
Desde la esquina en que Kyojuro se encontraba sentado, mientras limpiaba su espada, pudo ver de reojo el asombroso cuerpo de su compañero. Aunque apenas estuviera iluminado, la poca luz que llegaba desde afuera y la poca que tenían en la habitación era suficiente para poder admirar los músculos de Tengen. Su gran espalda era símbolo de resistencia y dedicación, mientras que sus gruesos brazos solo podía representar la fuerza brutal que requería para poder manejar sus espadas. Y sus nalgas… bueno, tenía nalgas firmes y lindas. Sin duda todos los típicos alardes que usualmente Tengen hacía de su propia persona estaban justificados; después de todo, Tengen estaba casado con tres mujeres y Kyojuro no sabía que ninguna de ellas se quejara de él; aunque en su opinión, tres esposas eran demasiado.
La vida de Kyojuro se volvía cada vez más agitada, entre más pasaban los días. No solo debía de cumplir con su deber como cazador y pilar, sino que debía mantenerse firme para que su hermano no se derrumbase ante la actitud de su padre. También, escuchaba las palabras, que nadie decía de frente, pero que estaban implícitas y que se murmuraban entre los pasillos acerca de su futuro cercano y el cómo no actuaba de forma correcta ni se preocupaba al respecto. Para muchos era imprescindible que se casara lo más pronto y que tuviese muchos hijos que lo pudieran suceder cuando él estuviese ausente. Sin embargo, su interés romántico por las mujeres cada día era menor, mientras que el interés que sentía por los hombres tampoco crecía de forma significativa. Sí, se fijaba en ellos, pero tampoco deseaba formar un vínculo especial con ellos. Aunque, como dije, su vida tenía demasiadas cuestiones para mantenerlo distraído, que apenas le prestaba atención a este detalle, o al menos así fue hasta aquel día.
Siempre se ha dicho, muchas veces a través de rumores, que existen personas con habilidades excepcionales, habilidades que no provienen del entrenamiento o del esfuerzo. Algunos tienen un gran sentido del olfato o del oído, otros pueden dislocar todos sus huesos sin sufrir consecuencia alguna. Muchos afirman que la rapidez y la fuerza de Tengen es parte de este talento natural sobrehumano, pero aquella noche Kyojuro descubrió que el verdadero talento de Tengen es saber cuándo alguien cercano piensa en él. Y no solo eso, él incluso, con una mirada, puede crear una hipótesis la cual casi siempre es acertada, sobre lo que tratan dichos pensamientos.
La mirada fija que Tengen puso sobre Kyojuro al momento de dar media vuelta, e inclinarse sobre el marco de la puerta, provocó dos reacciones contradictorias en su cuerpo. Lo primero fue que se erizó toda la piel de su cuerpo, lo segundo fue provocarle una erección la cual no sabía si era debido a lo atractivo y sensual que resultaba Tengen en ese momento o si se debía al miedo que le provocó la sonrisa más cruel que le hubiese visto jamás.
En ese momento le invadió una vergüenza, pero al mismo tiempo fue capaz de comprender que algo ocurriría entre ellos, incluso sin el uso de palabras, sin diálogo alguno previo o sin preguntas respecto al consentimiento. Por primera vez sentía en su cuerpo como sus instintos despiertan para indicarle cómo actuar, de una manera diferente a como lo hacía en el campo de batalla. ¿Era posible que supiera qué hacer en ese momento? Incluso cuando no estaba del todo seguro de lo que estaba a punto de hacer.
No podía cuestionar si sus movimientos eran los correctos o incluso si lo que hacían no atenta contra la moral. La distancia anterior que separaba sus cuerpos se vio reducida de forma repentina. Frente a su rostro estaba la entrepierna Tengen, desde donde se apreciaba la erección que su compañero apenas comenzaba a despertar.
Sus ojos se sintieron hipnotizados por la visión frente a él. Le era muy difícil actuar en ese momento, pues también se sentía abrumado por el olor que inundaba su nariz. Era un olor fuerte, masculino, el cual aceleró su sangre e hizo despertar sus otros sentidos. Hubiese permanecido así por más tiempo, si un relámpago no lo hubiera despertado de su ensoñación. Con aquel destello de luz sus ojos y los ojos de Tengen se cruzaron por al menos un par de segundos, y con ese tiempo fue suficiente para que este último le indicará a proseguir con aquellas intenciones que se notaban en su mirada.
Aunque Kyojuro dudaba acerca de lo que estaba a punto de hacer, no solo porque fuese la primera vez, no solo porque se trataba de algo inmoral, no sólo porque sentía algo de miedo ante lo desconocido de esa nueva experiencia, sino porque también estaba a punto de hacer aquello con Tengen, quien era algo más que su querido amigo. Temía que un error, o que el acto mismo pudiera significar una ruptura en su relación tan cercana. Sin embargo, su cuerpo pedía por algo más, así que cerró los ojos y abrió la boca para solo saborear el miembro de su amigo a través de la tela.
Se trataba de un gusto que mezclaba lo salado con lo amargo. No podía asegurar que aquel fuese su verdadero sabor o si era debido a la barrera de tela que le impedía saborearlo por completo; aunque también debía ser honesto consigo mismo y admitir que despertaba cierto interés en él, interés por probar más de lo que tenía en su boca; probarlo en su totalidad y sin ninguna clase de impedimento.
Fue entonces que su cuerpo comenzó a tomar el control de sus acciones. Le quitó el resto de la ropa a Tengen y sin detenerse siquiera, sin verificar si el pedazo de tela había sido apartado del todo, procedió a chupar todo el miembro con gran entusiasmo. Estaba tan emocionado como excitado, incluso sentía la humedad en su propia erección, misma que requería atender de inmediato, por lo que procedió a frotar dicha erección con su mano, por sobre la ropa.
Tengen por otro lado procedió a aferrar sus manos al cabello de Kyojuro, a la vez que trataba de resistir el impulso de dejar escapar un gemido. Los relámpagos comenzaron a llegar acompañados con estruendos ensordecedores, así que cada vez que uno de ellos iluminaba el cielo, Tengen se daba el gusto de gemir.
El cielo se volvía furioso cada vez más. Parecía que estuviera enojado. Kyojuro por un momento se preguntó si los dioses estaban enojados por lo que ambos hacían sin una gota de vergüenza. ¿Era posible que los espíritus en el viento, la lluvia y el agua les enviaran señales para que detuvieran las atrocidades que realizaban? pero entre más firme eran las manos de Tengen sobre su cabeza y más rápidos sus movimientos, menos importancia le daba a la opinión que pudieran tener los dioses de ellos. Incluso descubrió que aquella podría ser la oportunidad que tanto buscaba, pues con ambas manos, finalmente pudo tocar las nalgas de su amigo, para descubrir que en efecto eran tan suaves y firmes como había imaginado; tal vez, eran incluso mejor que lo que su mente le hizo suponer. Además de ello, no podía ignorar como estas se volvían más firmes cada vez que el cuerpo entero de Tengen se tensaba debido a la forma en que Kyojuro movía su boca alrededor de su miembro.
Tengen terminó por correrse dentro de su boca, al mismo tiempo que un relámpago particularmente grande se manifestó en el cielo. Con la boca llena de líquido espeso y salado, pero sin saber que hacer al respecto, Kyojuro optó por tragarse aquello con algo de dificultad. Al verlo, Tengen sonrió e hizo un comentario que no logró escuchar, pero que por su expresión era fácil suponer que tenía un tono sarcástico.
No sobra decir que aquella noche no ocurrió nada más, ni siquiera se tomaron el tiempo de conversar acerca de lo ocurrido o algún tema diferente. Aunque se tratara de un encuentro que ninguno debía de recordar, por supuesto, sería difícil de recordar y por ende, complicado de ignorar.
Aquel encuentro afectó bastante a Kyojuro, quien no podía evitar sentir la llegada de aquel recuerdo en los momentos más inoportunos. Además, en ocasiones se sorprendía a sí mismo añorando poder experimentar lo mismo una vez más, aun mejor; tal vez experimentar con algo más complejo.
Al finalizar la reunión, lo único que pudieron hacer fue verse desde lejos, sin decir o hacer nada más. Kyojuro aún recordaba aquello con vergüenza, mientras que Tengen presentía que algo cambiaría pronto. Mientras observaba a Kyojuro partir, no pudo evitar pensar que solo era cuestión de tiempo para que volvieran a estar juntos.
