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Lautaro era especial, eso decía Manuel cada que le preguntaban por él, y eso era verdad, pero dentro de sí mismo, sabía que era más que especial y las cosas del pasado que tuvo con él siempre volvían a su mente incluso si ya no estaban juntos, incluso si ya no eran los mismos que se sentaban frente a una cámara todas las noches. Lo extrañaba, claro que sí, pero su mente le guardaba un poco de resentimiento que había nacido de la distancia que poco a poco causó que se alejen uno del otro y aún así todavía guardaba un poquito de amor por él.
Era ese momento de Diciembre que siempre le hacían pensar en todo lo que fue antes de ser ahora, y no es que haya perdido todo, porque todavía tenía la compañía de Santiago y de sus amigas, pero en lo que en realidad pensaba Manuel era en que si Lautaro estaba bien o no, en que si estaría pensando en él también —lo cual era improbable, ya que habían perdido toda forma de comunicación—. Normalmente esos pensamientos solían dispersarse de forma rápida cuando estaba con su novia, no negaba que estar con Flor le hacía feliz y se sentía bien con ella pero el recuerdo persistía de forma fugaz.
Pero Santiago le había escrito algo que hizo que Manuel no pudiera dormir esa noche. “Moski viene mañana a visitar gordo, te aviso antes para que no te tome desprevenido.”
Al día siguiente se despertó con Flor y se disculpó con ella por tener que irse tan temprano, se excusó con que era algo importante y se fue. Cuando llegó a la casa que compartía con Santiago, lo vió. Vió que estaba en la entrada esperando como si nunca hubiese vivido con ellos, pero Manuel dejó la amargura interna y terminó por encontrarse con él en la puerta de su casa.
— Eh, hola Lautaro.
— Hola Manuel, ¿cómo estás? — cuando lo escuchó, Manuel se quería morir, pero tenía que disimular algo aunque el disimulo no fuera su mayor fortaleza.
— Bien, ¿vos? ¿Cómo estás?
— Bien, ya te abro. — Manuel le abrió la puerta y se hizo a un lado para que pasara, lo que Lautaro entendió y cuando ambos estaban dentro de la casa, Manuel buscó a Santiago y no lo encontró por toda la casa.
La puta madre, estaban solos. Probablemente Santiago hizo que estuviera solo con Lautaro, luego vería qué hacer con eso, ahora tenía que saber cómo hacer todo menos incómodo.
— Bueno, Santi no está, si querés nos sentamos en la sala y hablamos, ¿te parece? Igual si no querés yo entiendo. — Le dijo Manuel, tratando de sacar la incomodidad entre ellos dos.
— Sí, sí, obvio que quiero.
Cuando se sentaron en el sillón, Manuel se sentía extrañado, ¿cómo podría actuar tan normal después de todo lo que pasó? ¿Cómo puede Lautaro sentirse bien con él? No lo entendía, pero serían preguntas que luego se guardaría para sí mismo. Lautaro hizo que esos pensamientos se vayan, y terminaron hablando por horas de cómo habían cambiado algunas cosas, de cómo Lautaro parecía ser más “señorito” con su notoria —y pequeña— barba que le estaba creciendo y cómo Manuel ahora compartía casa con Santiago pero seguía yendo de vez en cuando a la casa de Flor. Ya se había hecho de noche cuando escucharon la puerta abrirse, era Santiago, quien no dudó en gritar desde que entró a la casa.
— ¡Bueeeeeenooouuuu! Qué dice la banda che, gran tarde la de ustedes me parece. — Dijo con una sonrisa cuando Lautaro se paró del sillón para abrazar a su amigo, sin embargo Manuel seguía viéndolos desde el sillón, pensando en todo lo que había sido. Probablemente esta sea una de las cosas que nunca había podido olvidar.
Siguió pasando la noche con ellos y alrededor de las 9 de la noche, se fue a la casa de Flor, dejando a su amigo con Lautaro. Llegó a la casa de su novia y lo recibió con el amor que siempre le tuvo, pero Manuel se sentía incómodo, sentía como si algo le incomodara de ese momento, porque, ¿cómo le iba a explicar a su novia que se había vuelto a ver con quien alguna vez fue antes que ella? ¿Cómo iba a ser capaz de estar con ella cuando hace unas horas se encontraba en compañía de quien fue su mejor amigo y amor de su vida? Odiaba sentirse incómodo con eso, así que sólo se disculpó con ella y se durmió.
