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Obsesivo amor

Summary:

Okuto Nakamura sufre en silencio al ver como el gran amor de su vida tiene novia, así que inmerso en su propio sufrimiento un muy extraño consuelo le es ofrecido por ese chico tan guapo, como sospechoso. A pesar de presentir las perversas intenciones de Kosei Matsumura, acepta mantener la peculiar dinámica de imaginar que es con Hirose con quien comparte acercamientos que se vuelven más intensos e íntimos con el pasar de los días.

Notes:

Esta es mi primera historia de este ship, soy multi shipper así que puedo permitirme tener variedad
ヾ(^-^)ノ Espero que les guste esta historia, no será muy larga, solo tres capítulo o posiblemente cuatro.
De antemano muchas gracias por tener interés en esta historia, deseo que disfruten su lectura.
No creo que hayan muchos datos de Matsumura, así que algunos solo los inventé (•ˋ _ ˊ•)

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

Los días para Okuto Nakamura parecían haber perdido todo sentido, sumergido en un abismo de autodesprecio y desesperanza sentía que el tiempo transcurría lentamente alargando su agonía, sin dejar de lamentarse por la mayor desgracia que a su corta edad pudo haberle ocurrido sollozaba mientras se preparaba para ir a la escuela. Otro día en que debía afrontar la dolorosa realidad de su existencia, secándose las lágrimas se armaba de valor para ver a su amado Aiki Hirose en clases, todavía no podía creer que él estuviera enamorado de alguien más y para colmo de una chica, un hecho que mataba toda esperanza de que su amor fuera correspondido en algún momento.

Abatido con la cabeza pegada en la banca evitaba fijar su mirada donde Hirose estaba, esta que había sido su vista favorita desde el inicio del año escolar ahora veía obligado a olvidarla. Incluso mirarlo a lo lejos provocaba un dolor intenso que lo hacía desfallecer, si esto era morir de amor, estaba muerto y enterrado, era su pensamiento silencioso con absoluto dramatismo. Por momentos alucinaba con la idea de que Hirose viniera de repente para confesarle que al estar con su novia se dio cuenta que a quién realmente amaba era a él, entonces se unirían en un abrazo desesperado, se darían su primer beso de amor verdadero y vivirían felices para siempre.

Sin embargo, incluso sus alocadas alucinaciones perdieron su habitual vivacidad porque ahora se desvanecían volviéndose un cuadro devastadoramente oscuro, fue entonces que comprendió de la manera más cruel que así cómo la primera ilusión era maravillosa, la primera desilusión era con la misma intensidad devastadora. Esa era una realidad que se resignaba a aceptar con el tonto consuelo de que la felicidad de Hirose era suya también, aunque no se sentía nada feliz al tragarse su dolor para que nadie notara la tortura que era asistir a la escuela.

— ¿Y este mensaje? —Murmuró cuando el timbre del teléfono le notificaba un mensaje de texto a la hora del receso, estando alejado de todos en un rincón de la escuela intentaba comer algo de su almuerzo. Le parecía extraño recibir un mensaje a esa hora, aunque a cualquier hora del día era un hecho inusual así que por curiosidad no dudó en leerlo, al hacerlo frunció molesto el ceño y la ligera sensación de hambre que trataba de saciar desapareció, preso de este malestar decidió responderle al no tener más que hacer.

“ ¿Cómo conseguiste mi número? ¿Ahora eres un acosador?”

“Tengo mis fuentes”

“ ¿Qué quieres, acosador pervertido?”

“Qué grosero, me enteré de la lamentable noticia”

“No sé de qué hablas”

“Nakamura, no me hagas decirlo”

Nakamura esbozó una sonrisa al ver una secuencia de emoticones de caritas lloronas junto al último mensaje, en medio de su dolor le alegraba no ser el único que sufría con la relación amorosa de Hirose, ya podía imaginar esa cara bonita llena de lágrimas al otro lado del teléfono por esta traición, aunque no era una traición en realidad. Al darse cuenta que era la primera vez que sonreía en días se enojó consigo mismo, además no entendía por qué cada vez que su mente evocaba a ese Kosei Matsumura lo halagaba por su atractivo físico, en momentos como estos odiaba sus feroces instintos homosexuales.

“Nakamura, se termina mi receso, ¿podemos vernos un día de estos? Quiero hablar contigo al respecto de ese asunto”

“No sé, me gusta sufrir solo”

“A mi igual, pero quiero saber quién es esa chica que nos robó a Hirose”

“Lo peor de todo, es que parece ser una chica linda y amable…”

“No esperaba menos de nuestro Hirose”

“¡Deja de decir que es nuestro! ¡Es mío, no tuyo!”

“No es mío, ni tampoco tuyo, es de ella”

“Idiota, voy a bloquearte…”

Con una siniestra sonrisa cumplía su advertencia de bloquearlo para que ya no molestara, no pudo evitar pensar en lo odioso que era ese chico para escribirle solo con la intención de burlarse de su sufrimiento, aunque sí él tenía los ánimos para burlarse. ¿Esta no era la forma de admitir que no estaba tan afectado? Y si no estaba sufriendo de la misma manera entonces no amaba tanto a Hirose, en conclusión esa obsesión enfermiza suya no se comparaba con su amor sincero. Sonriendo victorioso al creerse ganador de una batalla que posiblemente solo estaba en su mente seguía divagando olvidándose por un momento de su pesar, de un sobresalto se levantó al escuchar el timbre que anunciaba el final del receso, extrañamente un poco más animado se dirigía al salón de clases esa tarde.

Mientras tanto en una escuela de más prestigio un joven esbozaba una sonrisa al ver la conversación con el chico que lo acababa de bloquear, guardando su teléfono en el casillero se disponía a cambiar su uniforme habitual por el de educación física, que era la clase que le tocaba a esa hora. Antes de marcharse daba un último vistazo a una foto que guardaba entre su ropa, en medio de un suspiro se disculpaba con la imagen de Hirose para enfocar la mirada en el chico de gesto tímido que estaba a su lado, esta era la foto que Nakamura le regaló en su primer encuentro y la que había convertido en su mayor tesoro por el momento.

— ¡Matsumura, vamos se hace tarde!

—Si, gracias por esperarme.

Dijo con una amable sonrisa al compañero de clases que le llamó interrumpiendo sus pensamientos, mientras caminaba junto a otros de sus compañeros pensaba en como todos en la escuela y fuera de ella lo consideraban como una persona sensata y tranquila, sin que sospecharan que no era tan íntegro como aparentaba ser. Nadie en el mundo podía ser tan perfecto, pero él se esmeraba por ocultar bien sus pequeños defectos, o al menos esos detalles de su retorcida personalidad que los demás juzgarían con severidad.

Sin embargo, al haber hallado a alguien que era su igual de alguna manera lo hizo sentirse comprendido, incluso reconfortado consigo mismo, intrigado por Nakamura sentía que los pensamientos que antes eran solo dirigidos a Hirose eran compartidos con ese chico aparentemente tímido, pero que podía mostrar un fuerte ímpetu por lo que amaba, un ferviente amor que hacía ver su obsesión como una manía frívola y vacía. Posiblemente ese Okuto Nakamura era el único en el mundo que conocía ese lado oscuro de su ser, el que todos se negaban a ver tras su fachada de chico bueno, era el pensamiento que vacilante rondaba en su cabeza. Solo con él podía ser quien era, estallar en rabia, ser irracional y estúpido como cualquier otro chico de su edad, con Nakamura no tenía que esforzarse por ser normal.

Era muy consciente también de su tendencia a obsesionarse con algo o alguien, por mucho tiempo su fijación exagerada hacia Hirose le daba felicidad, vivía con este sentimiento cercano a un amor platónico que guardaba en su corazón, con la esperanza de estar juntos algún día. Aparentemente estaba enamorado, o ¿cómo más se explicaría su obsesión con un chico? Al cuestionarse aquello pensaba en como las chicas a su alrededor se embelesaban al verlo pasar y no le inquietaba ni un poco recibir ese tipo de atención femenina. Su orientación sexual estaba dirigida a los chicos por lo que deseaba enamorarse de uno, uno que no sólo le robara el corazón, sino que le sacudiera la vida entera para exponer este tipo de amor al mundo con valentía.

Suponía que no tardaría en hallar a su alma gemela, si es que no la había hallado ya, pues no se consideraba mala persona para no ser amado, solo era alguien con gustos excéntricos que dada su tímida naturaleza le avergonzaría que los demás conocieran. Sabía que Nakamura también era un buen chico, lo supo al convivir con él en ese segundo encuentro en aquel centro comercial antes de Navidad. A pesar de su supuesto amor por Hirose había convertido a Nakamura en el nuevo objetivo de su obsesión, una obsesión que no se limitaría en coleccionar cosas suyas, quería tenerlo directamente a él.

— ¿Qué haces aquí? —Cuestionó Nakamura al ver a ese muchacho de uniforme distinto al suyo merodear una calle cercana a la escuela— No me digas que estás acosando a Hirose, como no te conté nada de esa chica viniste a verla por ti mismo, ¡aléjate de aquí!

—Buenas tardes, Nakamura, ¿podrías dejar de gritar? No ves que estoy de incógnito.

—Lo sabía, ahora eres un acosador, deja de espiar a Hirose.

—En realidad, te esperaba a ti. Te dije que quería hablar contigo y me terminaste bloqueando. —Con un tono suave en su voz decía escondido tras un poste de la calle.

—Déjame en paz, no estoy de humor para tus tonterías ahora. —Enojado le advertía, no era el mejor momento para discutir con él, su corazón dolía porque apenas hace unos minutos vio a Hirose salir de la escuela tomado de la mano de su novia. Sentía que el corazón roto que trataba de recomponer no lograría sanarse si seguía siendo testigo de lo que más dolor le causaba, definitivamente no estaba de ánimos para una infantil pelea por él, ni siquiera tenía sentido cuando estaba con alguien más. Matsumura al notar su sincero gesto de aflicción y esa mirada que amenazaba con llorar confirmaba que él estaba realmente enamorado de Hirose, no pudo evitar sentirse un poco celoso, sin siquiera entender del todo sus propios sentimientos todavía.

Nakamura en su aflicción escuchó unos sollozos, entonces al levantar la mirada vio como ese chico se le llenaban los ojos de lágrimas, una vista patética en alguien tan bonito, pensó y no pudo evitar sonreír por lo ridículo que se veía. —No llores, solo yo puedo llorar por él.

—Veamos quien llora más por Hirose…

—No es justo, yo llevo llorándolo una semana, tú qué, ¿unas horas?

— ¿Acaso se te acabaron las lágrimas? Debilucho.

—Ahh, solo me hidrato y sigo llorando.

Ambos sonrieron por lo tonta que se había vuelto esta discusión, personas que pasaban por esa calle los miraban con extrañeza, dos chicos con los ojos llorosos en plena vía pública estaban sonriendo como idiotas. Nakamura avergonzado por el espectáculo que daba se alejaba con prisa de ese pervertido, quien lo hizo olvidar por un instante de su pena.

—Nakamura, hay una cafetería cerca, vamos a hablar allí y así te hidratas.

—Ya no es gracioso —Murmuró con seriedad mientras de reojo veía como lo seguía— Además Hirose podría estar allí con ella.

—Oye, espera.

—Suéltame, no me agarres del brazo así.

—Conozco un lugar que te hará sentir mejor.

—Nada me hará sentir mejor si voy contigo. —Le aclaró con enojo soltándose de su agarre bruscamente.

—Bueno, te iba a mostrar mi colección de cosas de Hirose en mi casa.

— ¿Tu casa? Aunque sea por las cosas de Hirose, ¿por qué iría a la casa de un pervertido?

—Porque podría darte algunas cosas, ¡y deja de decir que soy pervertido!

—Suenas como un verdadero pervertido ofreciendo cosas para que vayan a tu casa.

—Ah, bueno, tú te lo pierdes, solo quería mostrarle a alguien mi colección, ya que nadie más que tú la entendería…

Con seriedad advertía mientras emprendía su camino de regreso dejando atrás a Nakamura, quien empezó a dudar sobre su invitación, qué más tenía que perder cuando sentía haberlo perdido todo. Aunque se propuso alegrarse por la dicha que Hirose disfrutaba junto a su primer amor, estaba lejos de sentirse feliz, con el corazón destrozado seguía lamentando no ser esa persona especial. ¿Qué más podía hacer? ¿Caminar hasta su casa en medio de sollozos para terminar llorando en la cama de su habitación? Esta había sido su miserable rutina en los últimos días, una pena que se acentuaba al pensar que en ese preciso momento ellos estaban en una cita a solas en algún lugar sonriendo felices mientras él sufría sin consuelo, lo que encendía algo no muy agradable en su interior. Apretando los puños en un impulso aceleró sus pasos, en un efímero instante de lucidez se decidía por salir de este círculo vicioso de miseria al menos por un momento, aunque intuía algo perverso en las intenciones de ese chico decidió ignorar las advertencias de su instinto y alcanzarlo.

—Una propuesta tentadora, ¿verdad? —Con una socarrona sonrisa decía al verlo caminar a su lado, este le dedicó una mirada siniestra en respuesta— Mi casa está un poco lejos todavía, ¿trajiste tu bicicleta?

—No, he querido caminar estos días. ¿Y cómo sabes que uso bicicleta para transportarme a diario?

—Pareces un chico de bicicleta.

—Qué sospechoso…

—En fin, ¿pedimos un taxi?

Sin esperar una respuesta de su parte Matsumura hizo detener un taxi que por allí pasaba y tomando la mano de Nakamura casi lo obligaba a subir, aunque tampoco este puso mucha resistencia. Sentados en el asiento trasero del taxi Nakamura lo miraba de reojo notando como con esa sonrisa de chico bueno le indicaba al taxista la dirección de su casa para que los llevara, una amabilidad que parecía fluir naturalmente.

— ¿De qué tanto quieres hablar? Si quieres saber de esa chica, ¿por qué no le preguntas a tus “fuentes”? —Nakamura cuestionó para empezar la charla entre ellos mientras avanzaban unas calles en el vehículo— Es más, tampoco sé mucho de ella, lo único que sé es que debe ser mejor que yo.

—No hay nada más triste que menospreciarse así por alguien que ni conoces, ni siquiera sabes si esa chica es una bruja.

— ¿Crees que hechizó a Hirose?

—Bueno, no me refería a esa clase de bruja, pero ¿tú crees que van en serio? Es decir, he visto chicos de nuestra edad siendo novios y terminan pronto porque es normal a esta edad experimentar esas cosas.

—No lo sé, pero lo que yo siento si es serio. —Con molestia aclaró en un murmullo al sentir que minimizaba sus afectos.

—No lo decía por ti… Y yo también siento algo serio, así que te entiendo.

Un incómodo silencio se formó entre ellos, Matsumura lo miraba de reojo notando su gesto malhumorado, era mejor verlo enojado que triste pensaba para sí mismo, así en unos minutos llegaron a su casa y bajaron del taxi. Nakamura se dio cuenta de que ese joven pagó sin reparo el taxi, aunque no era un gran costo era algo sofisticado que a su edad tuviera el dinero para ir y venir en taxis cuando quisiera. Sus sospechas de que era un niño adinerado se confirmaban por el barrio residencial en que vivía, incluso su casa era más grande que la suya.

—Vamos, pasa… —Le decía en la entrada— Mis padres no regresan hasta la noche ya que tienen mucho trabajo, tampoco tengo hermanos, así que estaremos solos.

—Eh, creo que recordé algo que tenía que hacer…

—Si vas a lloriquear, puedes hacerlo aquí. —Dijo ante su renuente respuesta, tomando su mano impedía que se marchara y lo obligaba a entrar— Vamos, no te voy a hacer nada, ni que fueras Hirose.

— ¡Cállate, pervertido!

—Tampoco estaremos tan solos, tengo un par de gatos, así que cálmate.

— ¿Gatos? Qué simple, yo tengo un pulpo.

— ¿Ah sí? Me gustaría conocerlo un día.

Frunciendo el ceño Nakamura lo seguía dentro de la elegante residencia a la vez que negaba la opción de invitarlo a su casa, sacándose los zapatos en la entrada como costumbre de cortesía empezaba su recorrido. Notaba a simple vista que su posición económica era muy buena al mirar la decoración y objetos valiosos a su alrededor dando un aire de sofisticación, debía suponer que sus padres tenían puestos importantes en alguna empresa, entonces era posible que él estuviera casi siempre solo en casa.

— ¿Quieres beber o comer algo? Tengo gaseosas… —Con amabilidad preguntó al llegar a la cocina.

— ¡Wow, qué cafetera tan grande…!

—Mis padres aman el café, no me digas que te gusta, ¿eh?

—Si, qué tiene de raro… Eso, eso me recuerda la cara de Hirose cuando supo que me gustaba el café, pensó que era muy maduro de mi parte.

Sin notarlo unas lágrimas rodaban por sus mejillas al evocar tan dulce recuerdo, ¿cómo podía arrancarlo de su mente y corazón? Era tan difícil borrar su rostro hermoso, su presencia deslumbrante. Aún cuando no habían sido los mejores amigos atesoraba los pocos recuerdos que tenían juntos, aunque era posible que ni siquiera lo considerara un amigo porque lo más doloroso de todo es que Hirose parecía ignorarlo los últimos días, él se convirtió en alguien que al conseguir novia se olvidó que el resto del mundo existía, sintiendo enojo por su actitud odiaba amar a alguien tan cruel.

—Tienes alma de viejo, vamos sírvete lo que quieras, hay diferentes tipos de café.

—Ah, sí… —Murmuró volviendo a la realidad mientras se secaba las lágrimas, un poco emocionado se acercaba a esa magnífica cafetera pensando que jamás en su casa tendría una de estas. Matsumura con el disimulo de buscar una gaseosa lo miraba a unos pasos, viendo como se movía animado frente a la cafetera no pudo evitar sonreír y a la vez sentir algo de tristeza por esas lágrimas de antes.

— ¿¡Eh!?

De un sobresalto Nakamura exclamó al sentir su cuerpo detrás suyo, nervioso se movió a un costado para mirarlo con enojo por esa repentina cercanía, este con una sonrisa le ofrecía una bonita taza de porcelana con un diseño de gato, la que con molestia la aceptó sólo para que se alejara. Sonrojado se prestaba a prepararse ese café, sin dejar de estar atento a sus movimientos porque no quería que lo volviera a sorprender y mostrar otra reacción tan tonta como tímida.

—Hay un pedazo de pastel en la nevera, si quieres. Puedes servirte lo que gustes.

—Gra- gracias… El café está bien.

—Como me hubiera gustado que alguna vez Hirose me visitara.

— ¿Por qué no lo invitaste?

—Soy tímido, ¿no te lo dije? ¿Tú lo invitarías como si nada a tu casa?

—No, no, no… No sabría cómo pedírselo. Si él lo hubiera insinuado, sin duda lo habría invitado, pero nunca lo hizo.

—Tal vez en eso fallamos, ¿no?. Debimos ser más asertivos con Hirose, creo que de habernos querido acercar él no nos hubiera rechazado porque es tan lindo.

Nakamura lo escuchaba atento mientras el café de la máquina caía en la taza frente a él, odiaba admitirlo, pero ese idiota tenía razón, de haberse arriesgado más el vínculo de amistad se hubiera fortalecido entre ellos. Hirose no era complicado de entender, parecía impresionarse fácilmente y su naturaleza era amigable, él no hubiera rechazado cruelmente sus acercamientos, así en un suspiro se reprochaba su propia cobardía al parecer debió esforzarse un poco más en vencer su timidez. Matsumura le alertaba que su taza se había llenado y estaba a punto de rebosar, Nakamura embriagado por el delicioso aroma de café olvidaba ese pesimista pensamiento de antes, relamiendo sus labios casi podía saborearlo, parecía ser de buena calidad así que no dudó en probarlo, con un solo sorbo sus mejillas se encendieron y su gesto deslumbraba de felicidad.

— ¡Qué delicioso, creo que es el mejor café que he probado en mi vida!

Matsumura no decía nada solo esbozaba una sonrisa mientras bebía un sorbo de su lata de gaseosa y contemplaba discretamente su gesto emocionado, no dejaba de pensar que a su manera ese chico era adorable. —Vamos, te enseñaré esa escultura que hizo Hirose, la que guardo como un tesoro.

— ¿Está en tu habitación?

—Si, sería extraño tener algo así en la sala, ¿no crees?

Nakamura dudó por un instante, ir a la habitación de un chico en una casa que estaba solo para ellos era un poco comprometedor, es decir si no fuera gay sería normal ir, además sospechaba que ese Matsumura tenía también ese tipo de inclinación, cómo más se explicaría su rara obsesión con Hirose. Dos chicos gays solos en una habitación, era peligroso en una edad en que la curiosidad y las hormonas podrían hacerles una mala pasada, aún con ese extraño presentir lo seguía. Llegando a la habitación se impresionaba de lo grande que era, de lo ordenada y limpia que estaba también.

—Mira, aquí está… —Muy orgulloso mostraba ese robot hecho por un pequeño Hirose años atrás, Nakamura lo miraba mal por su actitud jactanciosa, además que raro era al tener algo así tan a la vista de todos. Enseguida este lo llevó a un armario donde en un cajón le presumía fotos, borradores y lápices gastados, garabatos en hojas de papel que parecían haber sido arrugados antes, seguramente los había recogido del bote de basura o algo así, eso era bastante patético incluso para él.

—Eres un pervertido.

—No soy un pervertido, dime, si tú hubieras conocido a Hirose en esa época, ¿no habrías hecho lo mismo que yo?

—No…

Un poco dudoso murmuró, evocando en su mente las fotos que vio del Hirose de ese entonces, esa ternura sin duda lo habría hecho perder la cabeza también, aun así jamás admitiría que estaban al mismo nivel, su amor era puro y sincero, eso quería creer, pero era muy probable que hubiera hecho lo mismo al conseguir cada cosa suya y guardarlas como un tesoro. Sin embargo, al observar esa retorcida colección sentía que no le provocaba tanta emoción, no era que dejó de amarlo, solo que el dolor parecía ser más intenso que el amor por ahora. ¿Por qué debía seguir amando a alguien que jamás correspondería su afecto? Era absurdo, él nunca sería suyo y ni siquiera parecía quererlo como amigo tampoco, ¿así de insignificante era para él? Tal vez estos oscuros pensamientos eran el reflejo de su corazón herido, de su resentimiento y celos, sentimientos que lo agobiaban y hacían relucir lo peor de él. Unas lágrimas rodaban por sus mejillas al enfrentar esta realidad, Matsumura al verlo se acercaba y tomaba la taza de café en sus manos para dejarla en el escritorio.

— ¿Qué haces? —Murmuró aturdido al sentir sus manos suaves limpiar sus lágrimas, las que no dejaban de caer por más que trataba de contenerlas. Trató de apartarse, pero su cuerpo se quedó inmóvil, tal vez por instinto natural quería ser reconfortado de esta manera, era agradable liberarse un poco de este dolor que guardaba para sí mismo sin compartirlo con nadie— Tú, ¿eres gay…?

—Si, me gustan los chicos, supongo que lo intuías. —Susurró con las mejillas sonrojadas.

— Entonces, ¿también estás enamorado de Hirose?

—Si, desde hace mucho, mucho antes que tú.

— ¿Y por qué haces esto? ¿Por qué me tratas así?

—Porque sé bien lo que es reprimirse y sufrir solo…

—Déjame, esto no está bien…

—No estoy haciendo nada malo, solo seco tus lágrimas porque te ves patético. —Respondió sin dejar de tocar suavemente sus mejillas humedecidas, entonces entre los dos un extraño silencio se formó mientras miraban sus rostros sonrojados. Nakamura entrando en razón se apartaba, porque su tacto realmente era agradable y sentía que debía huir de sus propios impulsos.

—Debo irme, no puedo hacerle esto a Hirose.

— ¿Hacerle qué? Hirose podría estar besándola, tocándola, abrazándola ahora mismo…

—¡Cállate, eso lo sé, por eso duele tanto! ¡Quiero ser ella! ¡Quiero estar en su lugar! ¡Yo lo amo más, como nadie en el mundo, quiero estar con él! —Le gritó con todo el sentimiento amargo que había contenido en esos días, uno que desgarraba su ser entero. ¿Con quién más podía descargar esta pena que le agobiaba el alma y rompía el corazón? De alguna forma sintió como el nudo en su garganta se desató provocando un alivio que le devolvió el aliento permitiéndole respirar de nuevo. Mirando a Matsumura como se acercaba intimidante retrocedía sus pasos hasta quedar acorralado a una pared.

—Cierra los ojos. —Le ordenó seriamente Matsumura.

— ¿Qué?

—Cierra los ojos y… —Susurró cerca de su rostro igual de sonrojado, teniendo cerca el interruptor de la luz la apagaba dejando a oscuras la habitación— Si Hirose estuviera frente a ti, ¿qué harías?

—No sé, tú no eres él.

—Piensa que lo soy.

—No puedo, él es más bajito.

Matsumura esbozó una sonrisa tomando esa respuesta como una afirmación de que quería seguir este juego, el que surgió improvisado pues no era lo que precisamente había planeado, llevándolo a la cama lo hacía sentarse al borde de esta mientras se arrodillaba para parecer de menor estatura. Nakamura no entendía su propio accionar al permitirse esto, sin duda alguna un corazón enamorado era incomprensible y un corazón roto era impredecible, ¿sería capaz de hacer lo necesario para calmar este dolor? Avergonzado por lo que suponía que pasaría entre ellos cerraba los ojos aunque la habitación seguía oscura.

— ¿Crees que ellos se besen desde su primera cita? ¿Se besarán cada vez que se ven? ¿A ella le gustará el sabor de su boca?

—Basta… —En un murmullo pedía al dar respuesta en su mente a sus perversas preguntas, pensaba en que obviamente a ella le gustaría besarlo porque su boca debía tener un sabor exquisito, imaginar que ella podía hacer lo que él nunca haría lo llenaba de frustración. Sintiendo su aliento fresco muy cerca rozar sus labios en su mente evocaba la imagen de Hirose, uno con su rostro encendido en rubor por esta cercanía, al estar a punto de dar el que sería su primer beso, ese ósculo sagrado que tanto había soñado compartir con él. En silencio Matsumura se acercaba sintiendo su respirar agitado, en un impulso empezó a rozar con firmeza esos labios tensos con ligero sabor a café, experimentando lo que supuso era la dulzura propia del primer beso, suponía que era el primero de ambos por los nervios evidentes en el temblor ligero de sus cuerpos.

Nakamura temblaba por esta cálida presión sobre sus labios en un sutil movimiento, la imagen de Hirose junto al eco de su voz llamándolo resonaba en su mente, mientras unas lágrimas rodaban de nuevo por sus mejillas encendidas, dejándose llevar por esta sensación abrumadora se acoplaba al ritmo de sus labios rozando entre sí, no pensó que se sentiría tan reconfortante el besar, no podía detenerse ahora.

—Hirose… —Susurró por un instante cuando sus labios se apartaron sutilmente, Matsumura no se resentía por ser llamado con el apellido de alguien más sí solo así podía seguir besándolo, esos besos con sabor a café eran lo más exquisito que su boca habían percibido. Callado para no romper su fantasía movía los labios con más intensidad, aferrándose a su cuerpo en un abrazo profundizaba ese beso con el pasar de los segundos. Nakamura correspondía ansioso su beso y abrazo, cuanto había anhelado sentir la sensación de afecto que lo hiciera olvidar todo, que lo trajera a la vida y volteara su mundo de cabeza. Una vez que se separaron al quedarse sin aliento por su inexperiencia de no tomar aire correctamente podían oír sus leves jadeos en el silencio de la habitación, Nakamura abriendo despacio los ojos se desprendía de su fantasía al notar como esa silueta arrodillada frente a él, no era Hirose.

—Espera, te vas a tropezar con la alfombra. —Decía Matsumura cuando vio como el otro se levantó de la cama para salir corriendo alterado, como si aquello bastara para huir de lo que había hecho y negara el disfrute que sintió al besarlo con pasión— Te lo dije.

Murmuró al ver como él se quejaba en el suelo al haber tropezado y caído, un chico que avergonzado lloraba boca abajo en la alfombra, probablemente sintiendo que había traicionado a Hirose, cuando en su mente fue él quien lo traicionó primero. Matsumura se acercó y acariciaba su espalda para calmarlo, Nakamura al sentir su tacto solo quería levantarse y salir de allí de una vez, ese tipo sin duda era demasiado peligroso porque un primer encuentro a solas bastó para que le robara un beso, aunque no lo consideraría un robo cuando lo permitió. Lo que sí podía asegurar es que cayó en su malicioso juego manipulador, se había aprovechado de su estado vulnerable para besarlo, pensaba tratando de excusar su propio exabrupto, con el sabor de su boca en la suya no se atrevía a mirarlo a la cara cuando este encendió las luces de la habitación.

— ¿Quieres que apague la luz?

—Si, no quiero verte.

—Oh, vamos, no estuvo tan mal.

—Cállate. —Entre sollozos decía todavía tirado en la alfombra, al menos era humillado en un lugar suave, pensó.

—Nakamura, puedo ser Hirose en la oscuridad cuando tú quieras y tú serás el mío, ¿qué te parece esa tregua entre nosotros?

—Esa es… Esa es una tregua muy rara y patética.

— ¿Para quién es rara y patética? Nadie tiene que saberlo, solo quedaría entre nosotros que entendemos este sentir. ¿O acaso crees qué es raro que un chico haga esto con otro?

—No, pero sí que lo haga pensando en alguien más.

— ¿Acaso no te gustó besarme pensando que era él?

Nakamura prefirió no responder, le había gustado demasiado, esto iba más allá de una fantasía y era muy confuso. Si en algún momento puso en duda su propia homosexualidad, ahora confirmaba que el contacto físico con alguien de su propio sexo era lo que despertaba el fuego escondido en su ser. Levantándose del suelo daba un suspiro para tratar de calmarse en medio de esa habitación oscura, todavía podía sentir la humedad de sus labios en los suyos, el latir apresurado de su corazón, su rostro que ardía, su piel estremecida, todo un cúmulo de sensaciones que le incitaban la urgente necesidad de salir huyendo para no volver a caer.

—Pensaré en eso, me voy.

—Entiendo, llamaré un taxi.

—No, quiero caminar.

—Estás muy lejos de tu casa, te va a agarrar la noche. Solo será un momento, termina de beber tu café.

—No importa, solo quiero caminar —Murmuró dando un último vistazo a la taza en el escritorio antes de salir con prisa de esa habitación. Matsumura no trató de detenerlo, pensó que era mejor no presionarlo si quería conseguir algo, asomándose por la puerta principal lo veía caminar apresurado por la calle. Pensaba que era lindo a su peculiar manera de ser, pronto su figura que se escabullía por la calle desapareció de su vista, rozando con un dedo sobre sus labios todavía podía percibir la sensación de ese dulce beso, deseando sinceramente que no fuera el primero y el último entre ellos.

Cuando la noche había caído Nakamura llegaba a su casa, pasando de largo subía las escaleras mientras ignoraba el regaño de su madre por llegar tarde. Encerrándose en su habitación se lanzaba a la cama, boca abajo en ella trataba de ordenar los pensamientos en su mente alborotada, ¿qué debía hacer con esa propuesta?. Dándose cuenta que llevaba un buen rato sin sentir el dolor que su desamor provocaba, no sabía si alegrarse o lamentarse, se sentía mejor. Mientras tanto Matsumura más calmado después de realizar sus tareas esa noche se prestaba a dormir, había sido un día largo y a la vez excitante, algo preocupado por la forma en que Nakamura se había marchado trataba de comunicarse con él para saber si llegó bien a su casa, pero al estar bloqueado sus mensajes no le llegaban. Estando en su cama una vez más lo intentó, esbozando una animada sonrisa notaba como ese último emoticón le llegó, al parecer lo había desbloqueado cerca de las diez de esa noche.

“Hola Nakamura, supongo que llegaste bien”

“Si, ya voy a dormir, no molestes”

“Esto significa, lo que creo que significa…”

“No me hagas bloquearte de nuevo”

“Está bien, descansa, nos vemos de nuevo cuando tú quieras”

“Ok”

Esa respuesta bastaba para afirmar que tenían un acuerdo, por supuesto que era un poco humillante dejarse usar por Nakamura de esa manera, permitirle tener contacto del tipo romántico pensando que era Hirose el que estaba con él en la oscuridad para aliviar la pena de su corazón enamorado, era triste. Sin embargo, su intención no era la misma como pretendió hacerle saber a Nakamura, su anhelo era estar con él, conocerlo mejor y ser más cercanos, sabía que no era correcto aprovecharse de su vulnerabilidad al tener el corazón roto, así que era realista al suponer que su relación estaba destinada al fracaso por esta táctica engañosa, pero sí podía disfrutar este tiempo juntos, no desaprovecharía ni un segundo, solo quería saciar esta reciente obsesión por tenerlo cerca.

Notes:

Me alegra que llegarán al final de este primer capítulo, si, habrá contenido explícito... Y romance de estos dos, tengo algunas escenas bonitas, yo creo que Matsumura más allá de ser obsesivo puede ser un novio atento, tal vez demasiado (˵ ͡° ͜ʖ ͡°˵) Muchas gracias por su atención, espero actualizar pronto ♡*( ͡˘̴ ͜ ʖ̫ ͡˘̴ )*♡