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Sua me había invitado a un viaje por carretera con su familia y su novia el fin de semana, y aunque al principio estaba algo dudoso, terminé aceptando, ya que eran vacaciones y mis únicos planes eran estar en casa mientras escuchaba música. Además, era una buena oportunidad para ver a Ivan, el hermano mayor de Sua.
La madre de los pelinegros, con quién tenía el placer de decir que me llevaba de maravilla, me había dicho que estuviera en su casa para el desayuno, y así fué, a la hora de dicha comida yo ya estaba plantado en la puerta de su casa tocando el timbre mientras esperaba que la menor de los hermanos me abriera, por lo que mi sorpresa fue grande cuando en lugar de una chica esbelta y pequeña, me encontré su versión masculina mucho más alta y fornida. Era su hermano.
Jamás lo aceptaría en voz alta, pero era irritantemente hermoso, su perfecta mandíbula marcada, esa mirada indescriptible en sus ojos, el pequeño diente que se asoma de sus labios, sus cejas tupidas y esa sonrisa irritante que siempre estaba presente en su cara… A veces solo deseaba poder golpearlo para quitársela del rostro.
“¿Vas a pasar?”
Seguramente me quedé fantaseando mucho tiempo, pues su estúpida voz me sacó de mis pensamientos solo para encontrarme con esa expresión tan molesta con la que estaba tan familiarizado— una sonrisa que no podía terminar de descifrar y ojos que parecían querer devorarme mientras alzaba una de sus cejas en forma interrogativa —, fruncí el ceño de manera molesta, y aunque esto causó una pequeña risa en el más alto, también hizo que se moviera para poder darme acceso a su casa.
Tras encontrarme con Sua y el resto de su familia finalmente nos llamaron a desayunar. Todo transcurrió con naturalidad hasta que su madre dijo que saliéramos para poder subirnos al coche, fué ahí dónde empezaron los problemas.
“Van a tener que cargar a alguien,” Fué su madre quién habló, pues claramente ella iría en el puesto de copiloto para permitir que nosotros nos divertieramos en la parte trasera del coche. Éramos cuatro personas— sin contar a los padres de los mellizos — , mucho equipaje y tan solo tres lugares. Lo más lógico sería cargar a Mizi o Sua por su tamaño y peso, aunque ya que Sua e Ivan son hermanos, era obvio que él sería quién cargará a Sua mientras Mizi y yo ocupamos los otros dos asientos a su lado. “Yo puedo cargar a Till.” Sí, Ivan tiene razón, es lo más lógico.
…
¡¿Qué?!
Y antes de que pudiera protestar ya nos estábamos metiendo en el coche. Ivan fué el primero en entrar, conmigo detrás de él pues me había tomado del brazo, obligándome a sentarme en su regazo, quiero decir, ¿Dónde más me iba a sentar si no me dejaron elección alguna?
No nos tomó mucho tiempo llegar a una parte de la carretera que no estaba en las mejores condiciones, por no decir que estaba hecha mierda. Los baches estaban tan feos que ni siquiera intentando podríamos evitarlos, dando como resultado que durante todo el camino, el coche y todo dentro de él se moviera de manera brusca, nosotros incluidos.
Cada vez que pasábamos por encima de un hueco en el camino mi cuerpo daba un pequeño brinco y caía en el regazo de Ivan, rozando peligrosamente con su entrepierna, cosa a la que traté de no darle muchas vueltas, pero esto claramente comenzaba a afectarle, pues no pasó mucho hasta que sentí algo duro rozar con mi trasero. No le dí mucha importancia al pensar que simplemente era el teléfono del mayor, pero cuándo voltee a verlo para pedirle que lo moviera de lugar, movió su cabeza en dirección a la ventana cubriendo parte de su rostro con su mano, en un intento descuidado de cubrir su sonrojo. En ese momento caí en cuenta de la realidad.
No era su teléfono.
No pude evitar querer molestarlo un poco más, pues era muy raro verlo sin su fachada de chico perfecto. No estaría mal ser quién juegue con él para variar, era hora de darle un poco de su propia medicina. Sonreí maliciosamente mientras lo miraba para luego volver a mi posición anterior, interactuando con su familia y asegurándome de que al caer en el próximo agujero mi trasero cayera en su creciente erección
“Cada vez se hace más grande.” Comenté con tranquilidad a la par que movía discretamente mis caderas, sintiendo como el bulto se sentía más duro, al igual que el rubor en el rostro del pelinegro se hacía más notorio. “¿Cómo dices, cariño?” Su madre volteó a vernos con una sonrisa, ignorando el color rojizo en la cara de su primogénito. “Los baches, digo, parece que cada vez se hacen más grandes ¿No? Jajaja.”
Después de ese comentario la conversación siguió de manera amena en el coche hasta que hicimos una parada para reponer energías, gasolina y claro, comida.
Todos habían salido del carro, dejándonos únicamente a Ivan y a mí en los asientos traseros “Ya puedes bajar.” Su voz sonaba más grave de lo normal, me atrevería a decir que incluso algo rasposa y lo había notado desde hace un tiempo, pero esa voz me prendía más de lo que la situación actual podría “¿Por qué? Estás tan duro que pensé que te gustaba.” Sonreí mientras giraba mi cuello para verlo, mis caderas no se quedaron atrás, pues también se movían, aunque esta vez menos discretas. Ya nadie podía vernos, así que no importaba.
“No estaría así si dejarás de mover el trasero por un momento.” Sonaba algo irritado mientras sus manos rápidamente se posicionaron a los lados de mis caderas con fuerza, obligándome a detener el movimiento en ellas. La fuerza con la que me sostenía seguramente dejaría marca, y no es que me quejara, al contrario, lo disfrutaba. Cosa que Ivan probablemente también notó pues lo siguiente que hizo fué acercar su boca a mi oído y susurrar en el “¿Quién diría que eres un pequeño pervertido…?” Ahí estaba otra vez ese tono odioso en su voz, sonaba tan feliz y sonriente que solo quería hacer que se callara.
Voltee mi ahora sonrojado rostro para verlo. Claro que tenía razón, tenía esa estúpida sonrisa en el rostro, ansiaba tanto quitársela que solo encontré una manera de hacerlo.
Besándolo.
Lo tomé por sorpresa, eso estaba claro, todavía pude ver cómo abría los ojos antes de cerrarlos para disfrutar el momento, aunque la unión no duró mucho, pues incluso si no lo dicen muy seguido, besarse desde ese ángulo hace que el cuello te duela como el infierno después de un rato. Al separarnos noté como pasaba su lengua por los labios propios, una imágen encantadora si me lo preguntan. Tal vez demasiado, pues hizo que comenzara a sentir calor en mi vientre, calor que logró desplazarse hasta mi entrepierna. No quería que lo notara, por lo que apenas pude me bajé del coche en dirección a los baños ignorando los llamados de Ivan.
Sin prestar mucha atención a nada en el mundo, me metí a un cubículo y comencé a masturbarme sin darle muchas vueltas al asunto, ¿Podría haberme bajado la erección de otras formas? Si, pero esto era mucho más divertido y menos frustrante.
Procuré ser silencioso para no llamar la atención de la familia de Sua, pero tal vez había sido un poco descuidado, pues lo siguiente que escuché fué un golpe en la puerta. Asustado me levanté del asiento de baño y subí mis pantalones tan rápido como pude, jalando la palanca del baño para disimular antes de abrir la puerta. Ya podrán imaginarse mi sorpresa cuando al abrir ví a aquel joven pelinegro parado frente a mí, aún con esa sonrisa engreída en su rostro, pero ahora había algo más en su mirada… algo que no terminaba de entender. Aunque no fué necesario entender nada para lo que pasó después “¿Qué…?” Ni siquiera pude terminar mi pregunta antes de que Ivan se abalanzara a besarme. Era un beso hambriento y necesitado, cómo si se hubiera estado reteniendo por un largo tiempo.
Mentiría si dijera que no disfruté cada parte, tanto que no supe en qué momento la puerta se había cerrado otra vez y mucho menos cuando me había puesto contra una de las paredes del cubículo, sosteniéndome gracias a que mis piernas estaban entrelazadas alrededor de la cintura ajena y con las manos del pelinegro debajo de mis muslos, no solo sosteniéndome, sino también jugando con ellos, cada vez que sentía su toque volverse más firme mi cuerpo temblaba en anticipación, únicamente logrando que mi erección no liberada creciera cada vez más, incluso comenzaba a doler “Ba- ah… bájame…” Dije entre jadeos, casi suplicando.
Para mí sorpresa el pelinegro acató la orden y me bajó aún besándome. Me aparté un momento para tomar aire, pero cuándo lo ví agitado, con el rostro sonrojado, probablemente por el calor; cabello desordenado y con esa mirada que parecía rogar por más, no me pude contener.
Lo obligué a sentarse en el asiento de baño con un empujón en el pecho, seguido de eso me arrodillé frente a él, bajando la cremallera de su pantalón, dejando a la vista un bulto prominente debajo de su ropa interior. Al mirar su rostro pude ver que estaba ansioso, quería liberarse pronto y yo no lo dejaría, por lo que rápidamente tomé el bulto aún debajo de la tela con la boca, únicamente con el propósito de jugar con él. Parecía funcionar pues escuchaba como pese a intentar esconderlo su respiración se volvía cada vez más acelerada. Esa fué mi señal para finalmente detenerme.
“¿Por qué…?” La confusión en su rostro era algo por lo que pagaría por ver más seguido. Aunque no duró mucho, pues se convirtió en deseo en el momento en que vió como me levantaba del suelo para deshacerme de mi pantalón y ropa interior con urgencia, realmente necesitaba desahogarme y mi pene goteante de líquido preseminal era la viva prueba de ello.
Lo siguiente que hice fué subirme a su regazo mirándolo antes de comenzar a besarlo nuevamente, odiaba admitirlo pero la sensación de su lengua invadiendo mi boca era malditamente adictiva.
El bulto en la ropa interior del mayor no tardó en comenzar a golpear contra mi trasero con ansías, sabía que estaba tan ansioso como yo y por mucho que me gustara la idea de jugar con él, sabía que no teníamos mucho tiempo y realmente quería desahogarme, por lo que con una mano bajé el boxer ajeno solo lo suficiente para permitirle a su miembro salir y chocar entre mis cachetes vigorosamente. Pronto sentí las manos de Ivan querer tocar mi entrada, pero fuí rápido al tomarlo de la muñeca con fuerza para indicarle que se detuviera “No puedes tocar ahí.”
Seguramente eso lo tomó desprevenido pues su expresión fué una de genuina confusión, me atrevería a decir que incluso se le podría considerar algo tierna, aunque no duró mucho, pues “Sé honesto, Till… sabes que eso quieres.” Dios, ya no lo soportaba, ahí estaba otra vez ese maldito tono de superioridad y no podía faltar su maldita sonrisa ¡Actuando como si lo supiera todo! “¡Cállate de una vez! Déjame follarte en paz.” Definitivamente quería golpearlo, no sé qué le parecía tan gracioso, nunca podía sacarle esa maldita sonrisa de la cara.
Ya veremos si puede mantener esa cara de engreído cuándo esté saltando sobre él.
Así fué como sin preparación alguna alineé el miembro ajeno en mi entrada y en un solo movimiento doloroso entró en mi interior completamente, dolía cómo el demonio, pero no iba a negar que fuera excitante, siempre hubo algo en el dolor que hacía todo más emocionante. Decidí distraerme besando bruscamente al mayor, algo que realmente ayudó a ignorar el dolor en mi parte baja.
Cuándo el dolor era más soportable comencé a mover mis caderas de arriba a abajo, aún dolía, pero era un dolor adictivo. Al parecer no era el único que lo disfrutaba, pues logré escuchar los gemidos que Ivan se esforzaba por retener para evitar llamar la atención, cosa que no hizo más que excitarme aún más. Necesitaba liberar la presión en mi cuerpo pronto, por lo que comencé a mover mis caderas aún más rápido, estaba tan perdido intentando liberarme que me sorprendí al sentir dolor en uno de mis glúteos “¡¿Huh?!” Miré al pelinegro con un sentimiento entre confusión y enojo. Ivan me acababa de dar una nalgada
“¡¿Qué te pasa?!” Pregunté, deteniéndome a mirar su rostro, el cuál todavía tenía esa sonrisa que parecía decir “gané” en el rostro y antes de poder decir algo sentí el mismo dolor otra vez. Ni siquiera se dignó a decir nada, eso era lo más frustrante, estaba tan agitado como yo, pero aún mantenía esa misma expresión de superioridad, como si todo estuviera pasando tal cuál lo había imaginado “¿Por qué siempre tienes esa maldita expresión? ¡Es irritante!” Otra vez. Su mano volvió a golpear contra mí y su cara no mostraba indicios de querer responderme.
Su mano se estrelló contra mi trasero irritado una y otra vez, no me daba ni un descanso y hasta cierto punto, debía admitir que yo tampoco lo quería, pues era un dolor placentero. Llegó un momento en el que me rendí, era imposible ocultar que esto me traía placer, por lo que simplemente volví a mover mis caderas mientras las nalgadas persistían, estaba tan cerca que sin importar cuánto trataba de callarlos dejé salir algunos gemidos, cosa que pareció excitar al mayor pues no tardó en hablar “No sabía que fueras de ese tipo” Incluso en esta situación sonaba como si lo hubiera planeado todo, como si los demás fuéramos estúpidos, Dios, a veces solo quisiera… “¿Till? ¡Ngh!” Su sonrisa pareció ensancharse ¿Cómo era eso posible? ¡Incluso cuándo lo estoy ahorcando parece como sí él hubiera ganado!
Había actuado por mero impulso, pero al ver cómo su característica sonrisa no desapareció y al contrario, se volvió aún más grande, apreté con más fuerza alrededor de su cuello, no sé qué esperaba de hacer eso, pero les diré que definitivamente no esperaba que comenzara a gemir mientras parecía intentar mover sus caderas “¿Y me llamabas pervertido a mi? Tú eres el que se excita cuando lo ahorcan, maldito degenerado.” Sonreí victorioso al saber esto y solté mi agarré en su garganta tan solo unos segundos, lo suficiente para que tomara aire y cuándo lo hizo volví a apretar mi agarre, esta vez mientras saltaba sobre su regazo. Sabía que ambos estábamos al borde del límite pues cada vez los movimientos en ambas caderas eran más erráticos, parecían moverse únicamente por instinto.
No pasó mucho tiempo hasta que manchara ambos abdómenes con semen, cayendo agotado sobre el hombro ajeno. Aún podía sentir la erección de Ivan dentro de mí, pero eso no era mi problema. Al menos no lo fué hasta que el mencionado comenzó a mover sus caderas buscando la propia liberación “¡Detente! Me acabo de correr.” Mis protestas fueron en vano pues sus caderas seguían moviéndose a la par que sus manos alzaban y bajaban mi cuerpo a su merced. Era obvio que no iba a soportar mucho tiempo siendo que aún estaba sensible por la estimulación anterior y la brusquedad de esta. “¡Till!” Logró gemir en un gruñido mientras llenaba mi interior, sensación que hizo inevitablemente que mi propia semilla manchara nuevamente ambos cuerpos.
“¡Ivan! Papá ya terminó de cargar gasolina.” .Mi cuerpo se estremeció ante la idea de ser atrapados en esta situación, por lo que decidí quedarme callado, tal vez fingir que no había nadie era lo mejor “¡Ya vamos!” Lo miré con algo que rozaba entre la vergüenza y el enfado, pero aparté la mirada, avergonzado cuándo ví por primera vez lo que parecía ser una sonrisa genuina de su parte.
Tal vez no era tan idiota como parecía.
