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Summary:

Un día agotador desata una discusión absurda entre Li Ming y Heart, quienes raras veces pelean.

Li Ming, empujado por el estrés, comete el error de girarse en medio de la pelea para salir a tomar aire, sin darse cuenta de que, para Heart, que la persona que es infinitamente amoroso con él y que ama le dé la espalda no es solo un gesto de enojo; es un gesto que lo aisla dolorosamente.

Notes:

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Work Text:

Había sido un día terrible. La presión de la universidad, el cansancio acumulado y un malentendido absurdo sobre el dinero para sus necesidades darías habían escalado de forma innecesaria. Li Ming, con los nervios de punta, había empezado a reclamar cosas sin pensar, y Heart, sintiéndose injustamente atacado, se había defendido con señas rápidas que cortaban el aire como cuchillos.

‹ ¡Es que parece que no entiendes que estoy haciendo todo lo que puedo! ›, gesticula con brusquedad Li Ming mientras sus palabras salen agrias de su boca, ‹ ¡Estoy harto por hoy, Heart! no quiero seguir con esto ›.

Li Ming, frustrado y sintiendo que las palabras se le atoraban en la garganta por las ganas de llorar, cometió el error más grave: se giró sobre sus talones y comenzó a caminar hacia la puerta para salir a tomar aire.

Para Heart, que Li Ming le dé la espalda significa que lo deja completamente a oscuras, ya que no puede leer sus labios ni sus señas. Ver su espalda alejándose era su peor pesadilla; reactivaba ese viejo miedo de la adolescencia de ser dejado atrás, de ser incomprendido. Era el aislamiento más doloroso que su amoroso novio, inconscientemente, le podía hacer.

El pánico se apoderó de Heart. Se impulsó hacia adelante y lo alcanzó justo antes de que tocara el picaporte. Lo tomó con firmeza por el antebrazo, obligándolo a girarse.

Aunque Heart podía usar su voz, en los momentos de vulnerabilidad o cuando sus emociones lo desbordaban por completo, su voz solía quedarse atrapada, víctima del desuso y de la abrumadora marea de emociones; por lo que su mente regresaba instintivamente a su segundo idioma: la lengua de señas. Era su forma de asegurarse de que no hubiera malentendidos, de que sus sentimientos llegaran sin filtros a la persona que amaba.

Con las manos temblando ligeramente por la urgencia, Heart levantó las manos frente al rostro de Li Ming, obligándolo a mirarlo. Sus movimientos eran casi dolorosos.

‹ No huyas de mí ›, firmó Heart, ‹ Puedes enojarte todo lo que quieras, pero nunca me des la espalda. Necesito verte para saber que sigues aquí ›.

Heart bajó lentamente las manos, y esta vez, su voz salió en un susurro áspero, reforzando lo que acababa de firmar:
—Por favor, Li Ming, no te vayas. Odio cuando te alejas de mí.

Li Ming se congeló, con el pecho subiendo y bajando con fuerza. Ver la desesperación en el rostro de Heart lo golpeó como un balde de agua fría, pero el orgullo y el enojo todavía estaban ahí, latiendo. Aún herido, Li Ming desvió la mirada hacia la ventana, negándose a mantener el contacto visual.

Pero ese simple gesto desató un recuerdo doloroso en la mente de Li Ming. Recordó aquella vieja pelea en Pattaya, cuando eran adolescentes, donde Heart, abrumado, simplemente había mirado hacia otra parte. Para Li Ming, que Heart mirara a otro lado era el equivalente exacto a que le colgaran el teléfono en la cara en medio de una llamada, ya que si Heart no lo miraba, Li Ming perdía toda capacidad de comunicarse con él; no importaba cuánto gritara o moviera sus manos, se volvía invisible.

Al darse cuenta de lo que estaba haciendo: al dar la espalda, estaba castigando a Heart de forma cruel, la rabia de Li Ming se disolvió instantáneamente, reemplazada por una profunda culpa.

Li Ming regresó la mirada hacia Heart. Sus ojos se encontraron, brillantes por las lágrimas contenidas.

‹ Lo siento... lo siento, Heart ›, Li Ming frunció su ceño en angustia, ‹ Lo siento. No me voy a ir ›.

Las manos de Heart tomaron las mejillas de Li Ming.

—Yo también lo siento —susurró Heart antes de besar su frente mientras Li Ming cerraba sus ojos disfrutando del beso— He estado de mal humor todo el día. No debí tratarte así.

Li Ming abrió sus ojos cuando se separaron.

‹ De verdad, lo siento mucho, Heart ›, firmó Li Ming, suspirando ‹ No es excusa para haberte tratado así ni para haber intentado irme. Es solo que... crecí viendo cómo se contaba cada bath para que no nos faltara nada. Cuando ví que nuestros gastos diarios eran más altos de lo que planeamos... entré en pánico. Lo siento tanto, perdóname ›.

Heart suavizó por completo la expresión de su rostro. Él entendía. Sabía que los traumas de la infancia no desaparecían solo por estar en la universidad o por vivir en un departamento más cómodo; el miedo a la escasez era el fantasma que siempre perseguía a Li Ming; y también, Heart sabía lo mucho que a Li Ming le costaba aceptar sus propias debilidades, y el hecho de que se estuviera disculpando con tanta vulnerabilidad borraba completamente cualquier rastro del enojo que había sentido minutos atrás.

‹ Entiendo tu miedo, pero ahora estamos juntos en esto. Si los gastos suben, lo resolvemos juntos. No estás solo ›, firmó Heart, ‹ Fue un mal día, mañana revisaremos los números de la tarjeta y haremos un presupuesto mejor con calma, ¿trato? ›.

Li Ming asintió, sorbiendo por la nariz mientras hacía un puchero.

Con una pequeña sonrisa, Heart se inclinó y presionó un beso sobre el puchero de Li Ming. Ese suave beso fue como un bálsamo que terminó de evaporar los residuos de hostilidad que quedaba en el aire. Li Ming dejó escapar un suspiro, sintiendo cómo sus hombros se relajaban.

Heart dejó caer su frente sobre el hombro de su novio para luego deslizar su rostro hasta hundirlo en el hueco del cuello de Li Ming, inspiró profundamente, llenándose los pulmones con su aroma, ese olor a casa que siempre le daba consuelo, mientras abrazaba la cintura de Li Ming.

Las manos de Li Ming subieron instintivamente para envolver a Heart. Una de ellas se hundió en el cabello de Heart, acariciando las hebras con suavidad, mientras la otra mano se aplanaba contra su espalda, acaricíandolo sobre la tela de su camiseta.

Heart lo apretó como si quisiera fusionar sus latidos. Sentir las caricias de Li Ming era como si le estuvieran devolviendo el aire que el pánico le había robado.

Se quedaron así, meciéndose apenas de un lado a otro, dejando que el silencio dejara de ser un arma de aislamiento para volver a ser su lenguaje favorito: el de la paz compartida.