Actions

Work Header

Donde el mar se vuelve sombra

Summary:

«—¿Morderá a los monstruos? —había preguntado Percy con esperanza.
—Por supuesto, te defenderá pase lo que pase —le juró Dick».

Para Dick Grayson, los monstruos eran solo las pesadillas de su hermano pequeño de nueve años. Algo que se curaba con un peluche de tiburón y unas cosquillas. Pero los monstruos resultaron ser reales.

Ocho años después de haberlo dado por muerto en un incendio, Percy regresa a la Mansión Wayne. No hay risas, solo un cuerpo en silencio, cicatrices imposibles y una mirada rota que persigue fantasmas del Tártaro. Percy Jackson ha sobrevivido a un infierno que nadie en Gotham imagina, y la Batfamilia tendrá que aprender a sanar a un hijo y hermano que creían perdido para siempre.

Notes:

Esta es mi primera vez escribiendo un fanfic así que puede que tenga errores y sea malo pero espero que os guste

Chapter Text

Dolor.

Hacía rato que había perdido la cuenta del tiempo que llevaba aquí abajo. Los días parecían iguales. Solo era capaz de sentir dolor, las heridas que daban constancia de las batallas que había tenido que librar. Solo quería volver a casa.

Se pasaba el tiempo vagando desde que se separó de Annabeth en aquella batalla frente a las puertas del Tártaro. Los monstruos los rodearon, era imposible que ambos salieran de ahí con vida y antes de morir los dos Percy prefería sacrificarse por su novia. Sus lágrimas al darse cuenta del plan de Percy lo persiguen aún. Da igual, ella está viva, es lo importante.

Desde aquel momento fue perdiendo la esperanza de largarse del pozo cada día, lo único que le quedaba en esa oscuridad eran los recuerdos. Su pasatiempo favorito se había convertido en el recordar su infancia con su tío y sus primos. No había que malinterpretarlo, había sido una época complicada a veces con los silencios tensos de Bruce, las escapadas en la noche de sus primos, el frío de la mansión y la soledad. Pero hubo buenos momentos, se sintió seguro, una salvación. Todo empeoró con la muerte de Jason, quien se convirtió más en hermano que cualquiera. Nunca le quisieron decir que fue lo que ocurrió de verdad, lo alejaron como si él no sufriera también el vacío que había dejado. Bruce la verdad es que fue bastante práctico, en su espiral de dolor lo más fácil fue alejar a Percy lo más posible enviándolo a un internado.

Echando la vista atrás puede que fuera ese el punto de no retorno para él, fue en ese internado donde conoció a Grover, comenzando una nueva vida y alejándose de su familia al fingir su muerte. Su mundo se vio envuelto por Dioses, batallas, traiciones, guerra y muerte, pero a pesar de todo eso logró encontrar a otra familia, un nuevo hogar en el campamento. Y aun sabiendo que no los necesita, que tanto él como los Wayne han rehecho sus vidas, en este infierno en lo único que puede pensar es volver a su primer hogar.

El tiempo transcurre entre los recuerdos de la risa de Jason, los abrazos de Dick que te hacían sentir protegido, el olor de la colonia cara de Bruce y el sabor de las galletas recién hechas de Alfred. Habría hecho lo que fuera por volver a estar sentado en el sillón de la sala junto al fuego, arropado mientras se acurruca con Jason leyéndole con calma. Solo quiere volver con Bruce, con su padre.

Prácticamente arrastrándose llegó a una zona del Tártaro que nunca había visto. No se veían monstruos por ninguna parte y apenas se escuchaba nada en la lejanía. Sabía que no debía bajar la guardia, el pozo no es misericordioso, en cualquier momento podría salir una amenaza que quisiera arrancarle la cabeza, pero estaba tan cansado, solo quería tumbarse un rato.

Después de andar un largo trecho vio lo que parecía una cueva. Entró con la espada en alto mirando alrededor para asegurar de que no hubiera peligro. Como nada intentó matarlo en cuanto pisó la cueva supuso que era seguro así que se empujó al suelo apoyándose contra la pared.

Por más que lo intentaba no lograba regular su respiración, tenía hambre y le dolía todo el cuerpo. Tal vez lo mejor era morir en esa cueva, que todo acabará por fin para reunirse con sus seres queridos en el más allá. Se lo había ganado. Que se jodan los Dioses. Las fuerzas lo abandonaron cuando divisó un pequeño destello de reojo que venía del fondo de la cueva. La miró embobado un rato sin decidirse si valía la pena investigarlo, sería más fácil seguir ahí tirado, de todas formas lo más seguro es que solo fuera alguna otra cosa peligrosa a la que tendría que enfrentarse. Maldiciendo toda su existencia se levantó a duras penas, avanzando lentamente para adentrarse en la profundidad de la cueva.

La cueva resulta ser más profunda de lo que aparentaba, pero al cabo de un rato el brillo se estaba haciendo más grande. Entrecerrando los ojos siguió avanzando ahora más confundido, ya no era solo la luz sino un aroma que cada vez se hacia notar más, se le hacía conocido, pero no lograba identificar de que. El ruido fue lo que hizo que la esperanza volviera a él, fuera lo que fuera eso parecía una salida y Percy la iba a cruzar costara lo que costara.

El cambio brusco en el aire lo mareó, salió dando traspiés tropezando tontamente al final. Cayó sobre asfalto. Asfalto. Un callejón. No se lo podía creer, eso significaba que estaba fuera del tártaro, era libre. Rio como un loco mientras se levantaba, no podía creerse su suerte, porque no solo había logrado sobrevivir, sino que de alguna forma había llegado a Gotham, ese olor a contaminación era inconfundible.

Cojeando salió del callejón para intentar ubicarse, hacía mucho tiempo que no pisaba esta ciudad, pero había cosas que no se olvidan, estaba seguro que podría volver a casa desde cualquier punto.

Caminaba muy lento, el dolor de las heridas se empezaba a hacer notar dificultando su paso. El frío no ayudaba. Sentía sus huesos helados, su cuerpo roto tratando de mantenerse unido un poco más, unos minutos más. Quería el calor del hogar. Llevaba un rato vagando y la visión se le empezaba a nublar cuando por fin vio la mansión a lo lejos. Estaba regresando a casa. Con dificultad subió los escalones que lo separaban de la puerta, temblando como una hoja cuando llamó a la puerta. Le pareció una eternidad cuando al final escuchó ruido tras la puerta.

Alfred apareció en la puerta con su rostro sereno como Percy lo recordaba. Los años se le notaban en la cara, tenía más arrugas alrededor de los ojos y en la comisura de la boca, también su pelo empezaba a canear, pero se le veía tan vivo, tan sereno como lo recordaba que se relajo automáticamente.

-Alfred…-cuando logró pronunciar algo le salió como un simple susurro ronco.

El mayordomo quedó paralizado, la imagen que tenía delante era desgarradora. El chico del porche estaba lleno de tanta mugre que apenas se le veía la piel, su ropa rasgada se oscurecía en distintas partes donde se le pegaba a la piel. La pierna tenía un corte profundo, que aún sangraba considerablemente junto con más heridas que tenía alrededor de los brazos. Pero lo que más hundió al hombre fueron los ojos del adolescente. Ese verde agua tan profunda que lo miraba fijamente transmitía mucho dolor, pero lo peor de todo es que lo reconocía. Ni en mil vidas podría olvidar esos ojos, pero en su memoria están ligados a un niño risueño y travieso que lo perseguía por la cocina pidiendo galletas azules. Lo que tenía delante era un hombre.

—¿Percy? —preguntó atónito.— ¿Cómo es posible?

—Lo siento, lo siento, solo quería volver a casa —balbuceó.

Solo hizo falta ese reconocimiento para que Percy se derrumbara. Lo reconozco. Las fuerzas empezaron a abandonarle a pesar de que él quería seguir en pie, necesitaba dar una explicación para que le permitieran volver. Boqueaba como un pez, pero no lograba emitir ningún sonido coherente, era patético, solo ver a ese hombre había sido suficiente para que su cuerpo empezara a rendirse.

Ya no podía aguantar su propio peso, se inclinó hacia delante y Alfred lo atrapó en el acto abrazándolo fuerte. No se podía creer lo que estaba pasando, tenía a su niño perdido hacia tanto tiempo entre sus brazos.