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Odiaba el frío.
Le recordaba a la soledad del castillo.
Aldo se encontraba regresando de dar algunas vueltas en Falco asegurando el perímetro, después de explotar la SIA y parte del norte parecía que media isla lo estaba buscando para matarlo, pero no le importaba por qué ellos se lo habían buscado al explotar su castillo. Le costó tanto construirlo como para que fácilmente vinieran y lo destruyeran en un abrir y cerrar de ojos.
No había regresado al norte desde aquel día.
En este punto no sentía nada, se sentía como una piedra sin emociones, había llorado el día que murió Juan, pero a partir de ahí por más que lo intentaba sus lágrimas no salían.
No recordaba cuando fue la última vez que se sintió feliz.
Coco y Mango lo habían ayudado a mantenerse un poco cuerdo, pero un día dejaron de presentarse.
Al parecer era común que lo abandonaran.
No los culpaba.
Todos se habían dado por vencidos con él menos Roier, pero tampoco lo había visto en algunas semanas.
Apagó a Falco, le puso el freno de mano y le quitó las llaves para que si alguien llegaba a encontrarlo no se lo pudieran llevar. Caminó con pesadez hacia la cueva que había convertido en su nuevo hogar, al llegar sintió el cambio en la temperatura de frío a cálido pues el horno se había quedado encendido con algunos pedazos de carne, su único compañero los últimos días había sido Eren, quien lo recibió con un graznido, aunque había tratado de liberarlo, el pequeño cuervo siempre regresaba trayéndole semillas o pedazos de fruta.
Acarició suavemente la cabeza del animal para después cerrar la puerta improvisada de piedra, Aldo comenzó a quitarse las chamarras extra que tenía puestas pues había logrado empacar algunas cosas rápidamente antes de fugarse.
La cueva no era muy grande, pero fácilmente podía caminar en ella, estaba iluminada con algunos faroles que habían sobrevivido a las explosiones, al fondo tenía un horno junto a dos cofres con candado, por un lado del horno se encontraba su saco de dormir para no pasar frío en las noches y en la pared cerca de la entrada tenía colgado el dibujo de Juan que recuperó de su cuerpo, no había mucho por describir, ya que todo lo demás era piedra.
“Hoy tampoco había nadie cerca Eren, seguimos a salvo” dijo suspirando cansado mientras se acercaba al horno para poner más pedazos de carne a cocinar.
Se recostó cansado sobre el saco de dormir, el piso era duro, pero ya se había acostumbrado un poco a esa sensación de incomodidad, por sorpresa sus ojos se cerraron rápidamente cayendo en un profundo sueño.
Algo sucedió, sintió como algo había cambiado, trató de abrir los ojos con rapidez, pero fue cegado por una luz brillante, ¿en dónde estaba?
“¿Estás bien Aldo?” Preguntó una voz conocida.
Parpadeó algunas veces para acostumbrar a su visión y cuando por fin sus ojos se recuperaron tomó con fuerza su espada en su cinturón, pero por alguna razón no podía sacarla, estaba sentado en el suelo y frente a él se encontraba agachado un chico con cabello largo y rubio, tenía algunos accesorios en el cabello, se veía bonito, le recordó a Roier.
“¿Aldo?” Volvió a preguntar el chico ahora más preocupado que antes.
“¿Qué me pasó?” Preguntó aturdido.
“Pues estábamos comprando algunos libros y pociones, pero empezaste a decir algunas cosas raras y te sentaste en el suelo, ¿te sientes bien?” Explicó el chico mirándolo un poco extrañado.
“No lo sé”
“¿Quieres que le llame a la monjita para que te sientas mejor?” Bromeó el muchacho
Sin poder controlarse, su cabeza se movió asintiendo rápidamente.
Al ver al chico irse se levantó del suelo y se sacudió la tierra del pantalón, miró a su alrededor, había muchos rostros que desconocía y otros que por más que tratara no lograba recordar donde los había visto.
Comenzó a caminar tratando de despejar su mente hasta que de un momento a otro como si se tratara de una película los recuerdos comenzaron a invadirlo, ya lo entendía, se encontraba en el pueblo, existía una crisis con el sulfuro, recordó a sus amigos y también a sus enemigos, ya había pasado una semana que habían llegado, pero, ¿por qué se había sentido de esta forma?
Lamentablemente cuando Gamster regresó no trajo a la monjita con él así que tuvieron que regresar a la casa que con mucho amor y poca imaginación habían hecho, ahí se encontraba el equipo completo que los estaban esperando para ir a completar algunas misiones juntos, hoy la misión más importante se encontraba en una cueva y tenían que estar atentos al camino pues los animales contagiados con sulfuro podían herirlos.
Todos conversaban acerca de cómo podían vencer a los demás equipos, no se preocupó mucho pues aunque tenía unos reflejos increíbles sabía que podía confiar en su equipo que siempre cubrirían las espaldas de los otros (menos Gamster), Aldo vio por el rabillo del ojo a alguien que parecía cerca de ellos, continuaron caminando hasta que notó que Coldi se quedaba cada vez más atrás, parece que habían visto lo mismo.
Se despegó un poco del grupo y se escabulló por los árboles siguiendo el rastro de Coldi y ahí se dio cuenta de que quien los seguía era una chica.
“¿Quién eres y por qué nos sigues?” Preguntó Coldi tranquilamente sacando su espada.
La chica al escucharlo se asustó y con sus brazos cubrió ligeramente su cabeza.
“No me mates, soy buena persona” dijo la chica asustada
“Te hice una pregunta”
“Mi nombre es Tina, soy buena persona” explicó
Aldo se dio cuenta de que aunque a Coldi le dio un poco de pena aún así iba a matarla, nuevamente su cuerpo se movió por si solo y se puso frente a ella, ahora estaba como escudo entre la tal Tina y la espada de Coldi.
“¿Aldo?” preguntó Coldi extrañado
“No tiene caso perder tiempo en ella, tenemos que completar la misión lo más rápido que podamos” contestó un poco nervioso.
“Nos estaba siguiendo, no sabemos si está vinculada con el equipo ese” explicó Coldi
“Si, pero mírala, no parece un enemigo muy dificil, capaz de dos espadazos puedes matarla”
Como si fuera coincidencia justo en ese momento se anunció por todo el pueblo que se desactivaba el PVP.
“Bien, regresemos con el equipo” dijo Coldi guardando su espada nuevamente en su cinturón, comenzó a adelantarse, Aldo le dio una última mirada a la chica y comenzó a caminar detrás de él sin entender que había hecho, ¿por qué había defendido a una persona que no conocía?
Pasaron un rato en silencio mientras le seguían el paso al grupo, Gamster y Luco estaban bromeando sobre videos que habían visto.
“¿La conocías?” Preguntó Coldi
“No”
“Pensé que si, te viste muy preocupado cuando saqué mi espada”
Aldo solo levantó los hombros.
“Siendo honesto no me he sentido bien, mi cuerpo a veces se mueve por sí solo y a veces cuando estoy haciendo las misiones, siento un hueco en mi pecho, pero no estoy triste, no sé qué me pasa” admitió cansado
Coldi lo escuchaba atentamente mientras continuaban caminando detrás del grupo.
“No sé por qué te cuento esto, creo que el sulfuro está empezando a afectarme en el cerebro” se burló un poco.
“Entiendo como te sientes, creo que lo más cercano a esa sensación es la culpa, me ha pasado algunas veces” contestó Coldi con su voz relajada.
¿Culpa?
Coldi pareció ver la cara de confusión de Aldo, “Tal vez ese sentimiento no viene de tu cuerpo, si no de tu alma” explicó
“Mi alma?” Dijo confundido tocando su pecho con una mano.
Antes de que Coldi pudiera responder James les avisó a todos que ya habían llegado a su destino.
Los siguientes días habían sido borrosos, perdía corazones o moría, el calor del pueblo lo desesperaba por ratos, pero lo ignoraba porque estaba junto a sus amigos, siempre se reía mucho con Gamster, Coldi y Miau los ayudaban a entrenar, James tenía ideas grandiosas, Lucowsky y Ejzar contaban historias increíbles de otro pueblo donde vivían antes, podían sentir presión, pero al menos se tenían los unos a otros, había dejado de sentir esa sensación en su pecho aunque por momentos una voz resonaba en su cabeza.
“Morirás solo”
Hoy fue un día diferente, el pvp fue activado en casi todos lados y nadie se quedaba a salvo de los espadazos de aquel equipo, murieron muchos inocentes, Aldo sabía que esconderse no era algo que deseara hacer, debía pelear, siempre pelear hasta vencer o morir.
“Te dije que te quedarás en un lugar seguro” le gritó Coldi a Aldo frente a todo el equipo, llegaron a la base derrotados y golpeados, habían tenido dos muertes en el team y una de ellas era de Aldo.
“¿Cómo me voy a quedar en un lugar seguro si esos cabrones siempre me encuentran?” Gritó de vuelta Aldo.
“Huir siempre es una opción”
“¿Huir? Estaban golpeando a Gamster frente a mí, no soy un cobarde para abandonar a mi familia de esa manera” dijo ofendido Aldo.
“Chicos, chicos, vamos a calmarnos un poco” James se puso en medio de los dos empujándolos en direcciones opuestas tratando de apaciguar un poco la discusión, pues nadie más del equipo se había atrevido a intervenir en la pelea.
“Es más cobarde que nos dejes cargar con el peso de tu muerte” dijo Coldi para después salir por la puerta.
Aldo solo pudo agachar la cabeza.
No sabía que se había apoderado de él, pero le había dolido esa insinuación, por un momento volvió a recordar las palabras del mismo Coldi acerca de su alma, no creía en esos sentimentalismos, pero parecía mucha coincidencia en este punto.
Sin decir nada vio a su equipo, curándose las heridas y cabizbajos, entendió que Coldi tenía un poco de razón, decidió salir de la base para tratar de hablar con él, pero no había nadie, se quedó afuera en la oscuridad de la noche matando algunos mobs mientras reflexionaba.
No estaba enojado, lo entendía, de alguna manera lograba empatizar con el sentimiento de ser el más fuerte y que nadie te escuchara, que por más que querías protegerlos ellos hicieran lo que quisieran hiriéndose en el proceso.
La realidad es que Aldo tenía miedo a morir, no lo externaba como los demás porque no quería verse vulnerable, morir significaba dejarlo todo atrás y algo en su corazón no quería dejar este lugar.
“Te vas a resfriar si te quedas aquí” escuchó la voz de Coldi a sus espaldas.
“No me voy a resfriar en pleno junio” se burló, Coldi le correspondió con una risa ligera.
Los dos se quedaron quietos un momento mirando el cielo y las estrellas.
“Me da miedo mirarte” rompió el silencio Coldi, “Te queda solo un corazón, eso significa que en cualquier momento podría perderte”
“No soy una pieza importante para el equipo, solo soy la carnada” admitió derrotado Aldo.
“Tal vez no para el equipo, pero si para mí, si tú murieras tendría que matar a todos en este pueblo para vengarte”
Aldo no supo que responder, eran pocas las veces que se quedaba callado, pero por alguna razón esas palabras le llegaron directo al corazón.
“Aldo…”
“Todos nos separamos cuando hay enfrentamientos, las caras que siempre veo antes de morir son de mis enemigos, no quiero morir solo” admitió Aldo, no sabía por qué le estaba externando sus sentimientos a Coldi, pero sentía que podía decirle esto sin quedar como una persona débil, ya no era el más fuerte.
“No te dejaré morir”
“Sé que moriré, en algún punto todos lo haremos Coldi, no puedes protegernos a todos para siempre” Aldo lo sabía, la muerte era algo inevitable, pero, ¿por qué había vuelto a sentir esto en su pecho?
“No los dejaré morir a manos del enemigo, ese es mi deber” le aseguró Coldi.
Muy dentro de él, Aldo esperaba que fuera cierto.
Al siguiente día todo cambió, el pvp se volvió a activar en la zona segura, los enemigos fueron directamente en contra de Aldo pues era el eslabón más débil, el team ya tenía esto previsto pues llegaron rápidamente al enfrentamiento.
Coldi y Miau estaban luchando arduamente contra algunos mientras que los demás se encargaban de defenderlos para que no lograran hacerles tanto daño.
Solo costó un mal movimiento y Gamster quedó vulnerable, Aldo en su intento de protegerlo fue atravesado por una espada.
“ALDO!” Gritó Gamster viendo como su amigo caía al suelo.
Lucowsky rápidamente agarró a Aldo y comenzó a arrastrarlo dentro del pueblo dejando atrás un camino de sangre, lo llevó hasta una casa donde Ejzar se encontraba resguardado con botiquines, Aldo tocó en donde lo habían herido, comenzó a toser y se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo.
“Estoy haciendo lo mejor que puedo Aldo, perdona” le dijo Ejzar nervioso, sus manos estaban llenas de sangre y se movían rápido sobre la herida.
No pasó mucho tiempo para que Coldi y Gamster llegaran.
“La espada lo atravesó completamente, está perdiendo demasiada sangre que es imposible detenerla” comenzó a explicar Ejzar.
“Aldo, tienes que resistir, Miau está haciendo lo posible, pero le ganan en número” le suplicó Coldi tomando su mano.
“Este es el final, es el único camino que me queda” respondió Aldo con voz débil.
“Ejzar, haz algo por favor” escuchó la voz de Gamster al fondo.
Empezaron a discutir, pero Aldo realmente no podía prestar atención, sentía como se quedaba cada vez más débil, su visión comenzaba a ponerse borrosa y tenía ganas de vomitar, pero por primera vez en su vida, ya no tenía miedo, pues estaba rodeado de sus amigos, su familia.
“Gracias, amigos” alcanzó a decir con su último aliento antes de que todo se pusiera completamente en negro.
Se sentía en paz.
Abrió los ojos y comenzó a mirar confundido a su alrededor, ¿En dónde estaba?.
“¿Coldi? Gams?” Preguntó extrañado, se sentó en el mismo lugar donde previamente estaba recostado, le dolía el cuerpo y hacía mucho frío, de pronto extrañó el calor del pueblo, no tardó en darse cuenta de que había estado soñando.
Un sueño.
Fue solo eso.
Levantó la mirada y vio el cuadro de Juan, su ligera sonrisa parecía burlarse, el hueco en su pecho había regresado, ahora era un dolor más insoportable, encogió su cuerpo abrazando sus rodillas contra su pecho, el ligero viento que se escabullía en las grietas de la cueva comenzó a darle en la cara, golpeándolo ligeramente, sintió una ligera molestia, algo comenzaba a congelarle la cara, se dio cuenta de que eran sus propias lágrimas que lo estaban congelando.
“Soy patético” dijo burlándose de sí mismo, pero las lágrimas no dejaban de salir.
Se sentía pequeño otra vez, escondió su rostro en sus brazos cruzados sobre sus rodillas y comenzó a sollozar desconsoladamente.
“Ojalá estuvieran aquí”
