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La música estrepitosa, sucumbía la sala de la casa de Arthur. Los cuerpos danzantes, pegados unos con otros, se dejaban guiar por los altos acordes de la canción de Steve Aoki, al mismo tiempo que las luces estridentes pintaban de mil colores los rostros de los presentes. Es ahí, cuando Louis, pudo notar al flaco y desgarbado Harry Styles, el capitán del equipo de fútbol y el chico más atractivo de la universidad. Jamás, lo había podido observar con detenimiento, descubrir cada detalle de él, como si leyera el atlas que describía cada punto clave del muchacho que lo hacía lucir tan bonito aún teñido de rojo, amarillo y verde.
Tomó un sorbo del vodka, que reposaba en su vaso durante unos diez minutos, y el amargo y fuerte sabor del licor, hizo que dejara de prestar atención a la larga figura del de ojos verdes, justo cuando estudiaba sus delgadas caderas y su trasero firme.
—Olvídalo, es hetero— dijo Liam, justo en el oído de Louis, debido a que la música imperante evitaba cualquier tipo de comunicación.
— ¿De qué hablas? — preguntó de manera inocente, provocando en el castaño, una risita irónica.
—Vamos, Lou, llevas observando al muchacho por mucho tiempo. Incluso un par de chicos se acercaron y los ignoraste olímpicamente.
—Ah no lo había notado— subió los hombros— Pero eso no prueba que esté mirando a Harry Styles, sólo estaba… pensando.
—Bueno, aun así. Es hetero y lleva de novio con Kendall por más de un año.
— ¿Por qué me dices eso?— le interrogó, fingiendo demencia.
—Porque te conozco…
— ¿Acaso estás desafiándome?
—Yo no…
— ¿Sabes?, sé que si me gustara, podría conseguirlo.
—Louis…— insistió, un poco aturdido.
—Te apuesto a que puedo lograrlo
—No quiero meterme en tus asuntos—se excusó—
Liam sabía que Louis hablaba enserio y no era tan estúpido, ni tan ingenuo, para aceptar una apuesta, que sabía, perdería, puesto que el de ojos azules tenía la fama de ser como un buitre que está en constante sigilo para acechar a su débil presa.
Había sido su amigo desde que eran pequeños, y ni bien Louis estuvo seguro de cuál era su sexualidad, este se dedicó a seducir a cualquier hombre que le atraía, y pues, ellos siempre, siempre, caían.
Recuerda a Leo quien era casado, con el que Louis salió por más de un mes, hasta que se aburrió de que este siempre lo tenga como segunda opción. Estuvo, también, Mr. Richards, el profesor de audio y video en último año, que curiosamente siempre lo quería ver después de clases. O ese hippie llamado, Tomas, que tenía una novia muy bonita, a la cual dejó ni bien Louis puso los ojos en él.
Eran tantos los hombres con los que Louis había salido que se autoproclamaban heterosexuales, que Liam bien sabía que Harry Styles no podía ser la excepción, y que tenga o no tenga novia no sería un impedimento para ser atrapado por las redes de Louis Tomlinson.
—Hay Li, ¿cuándo entenderás que la sexualidad sólo es algo que…?
—La sociedad nos impone— le interrumpió, puesto que esa frase se la tenía grabada en la memoria, debido a que esa era la excusa más reciclada por Louis para poder seducir a esos hombres que tenían la desdicha de llamar su atención y no ser juzgado por él.
En ese momento una chica alta, de cabello negro, y tan delgada como un palito chino, se acercó a Harry y comenzó a hablarle en el oído al mismo tiempo que el chico de rulos sonreía y ponía sus grandes manos alrededor de sus caderas.
—Es una linda chica— tomó otro sorbo de su amarga bebida, para ocultar de Liam, una risa maliciosa.
Ambos enamorados comenzaron a seguir el ritmo de la música mientras se carcajeaban de chistes internos. Y Louis quiso imitarlos al observar como el chico más alto trataba de bailar, siendo traicionado por sus propios pies.
“Para ser bueno en el fútbol…”
—Louis, míralos. Son lindos juntos, la universidad los admira, ¿por qué entrometerse?— Liam parecía culparse internamente ya que creía haber alimentado las ganas de su pequeño amigo de conseguir a Harry Styles.
—Si ella nunca se entera…
A veces le sorprendía la confianza con la que Louis podía hablar, lo seguro que estaba de sí mismo, de lo que era y lo que podía ofrecer. Tanta era su seguridad, que no le importaba lo mucho que podía herir a los demás y a pesar de que Liam hiciera de todo para que el de ojos azules se diera cuenta, eso, a este parecía no importarle.
Los sentimientos de los demás para Louis, eran como un pequeño juego de cartas en el que tratabas de dejar de lado lo más posible y aquel que se quedaba con más era el que terminaba perdiendo.
—Bueno… no me metas en esto— terminó por decir, sabía que por más que quisiera que Louis dejara atrás todas esas ideas, no iba poder lograrlo, así que le quedaba darse por vencido.
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Louis sabía perfectamente cómo empezar a coquetear, así que inicio de forma sutil, sentándose estratégicamente adelante del chico de rulos, para así poder llamar su atención de manera intencional.
Tenían clase de antropología, juntos, así que cuando el profesor Fernández, entró por la puerta del salón, el chico de rulos dejó la charla que sostenía con sus amigos y mirar hacia el frente, hecho que el de ojos azules aprovechó para intentar conectar miradas. No obstante, el chico parecía ajeno a las orbes de Louis y a sus constantes arrebatos, cosa que hirió mucho el ego del más pequeño, sin embargo, sus ganas de hacerse notar eran mayores.
—Espero que lo que sea que estés viendo Louis, sea mucho más importante que prestar atención a mi clase— el profesor Fernández, lo observó de forma acusatoria provocando en Louis un saltito de sorpresa puesto que se había perdido en Harry, quién al notar que le estaban regañando le dedicó una mirada fugaz junto con una sonrisa, que no sabía si era dirigida a él.
—Lo siento— agachó la cabeza en señal de arrepentimiento, tratando de ocultar la emoción en su pecho debido a la conexión que tuvo con Harry segundos atrás.
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El hecho era que Louis sabía de la existencia de Harry, puesto que era popular en el campus, pero nunca le había llamado la atención observarlo de cerca, puesto que los chicos de su edad no eran de su completo interés, ya que siempre se sorprendía a si mismo buscando a algún hombre mayor que le pudiera ofrecer todo lo que él desee hasta aburrirse. Por ello, sentirse atraído por Harry Styles había sido una sorpresa incluso para él. Así que, el pequeño jovencito de ojos azules, estaba totalmente convencido que conquistar al capitán del equipo de fútbol iba a ser como rodar en un tobogán, rápido y divertido.
Harry en lugar de pasar de largo, le dirigió una mirada fugaz, justo antes de pasar por su lado para luego seguir con la conversación que sostenía con Kendall. Louis no pudo evitar reírse y morderse el labio, al saber que un mínimo esfuerzo había hecho que Harry note su presencia.
—Hetero, mis calzones— se rió.
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Habían sido dos semanas muy largas, Louis tenía tres exámenes que rendir y dos trabajos que entregar, así que se la pasaba en la biblioteca casi todo el día. Sin embargo, no todo era malo, Harry Styles, al parecer tenía exámenes y deberes que lo atosigaban y le obligaban a sucumbirse en páginas y páginas de libros; así que podía ver al capitán y lanzarle miradas cada vez que este estaba en su campo de visión.
Todo era grandioso, porque Harry también le correspondía. En ocasiones, se mordía el labio y no dejaba de observarlo hasta que el verde y el azul quedaban mezclados como en la paleta de colores de un artista frustrado.
Así que cuando terminó de dar el examen de comportamiento psicológico y pudo lanzar un aliento libre de estrés, producto de las tantas cosas que tuvo que hacer en la semana, se percató de que todo el equipo de fútbol salía de una de sus últimas prácticas antes del partido del lunes.
Nada perdía, acercándose a las canchas para echar un vistazo y ver si Harry Styles se encontraba aún ahí.
Se apresuró para no perder el tiempo, imaginándose miles de escenarios en los que podía encontrar a Harry, quizás podía entrar a las duchas justo cuando el vapor de estas imperara en el lugar para luego descubrir al chico de rulos, explorando su cuerpo, con el resbaloso jabón, sin el menor pudor, mientras pequeños suspiros escapan de la delgada línea que conformaba su boca, o podía encontrar a un Harry con los risos empapados de sudor al igual que todo su cuerpo, con el torso desnudo descubriendo todos sus tatuajes. Louis, tuvo que carraspear y golpearse a sí mismo, para no dejar que su mente fuera demasiado lejos como para despertar a su inquieto amigo.
En el momento, en que pisó el gimnasio, se vio decepcionado al notar que los últimos chicos, miembros del equipo, desalojaban el área. Ninguna de sus fantasías había sido cubierta y eso lo frustraba de sobre manera. Así que, decidió girarse con el propósito de regresar por donde vino y quizás tomar una siesta para poder recuperar las horas de sueño que los deberes acumulados no le dejaban cubrir. No obstante, sus orbes fueron atraídas por el cuerpo alto y delgado de Harry, quién caminaba con el uniforme de fútbol intacto, incluso traía el sweater del equipo.
— ¿No se supone que la práctica ya terminó?— preguntó para qué Harry se diera cuenta de que a parte de él, había alguien más. El de rulos, quien se acomodaba las mangas de su sweater, levantó la mirada para encontrarse con el rostro de Louis.
—Llegue tarde— respondió con una sonrisa de lado.
—No das un buen ejemplo a tu equipo— habló, acercándose lentamente, contorneando sus anchas caderas, hecho que Harry notó de inmediato.
—Me quedaré más tiempo—aclaró, carraspeando para que la saliva no saliera de manera involuntaria de su boca.
— ¿Necesitas que alguien te ayude a practicar?— preguntó ya demasiado cerca del semblante de Harry, quién se debatía nervioso, con las mejillas rosadas.
—No vas a lograrlo
—Soy muy bueno— habló lentamente casi como si estuviera deletreando cada vocablo que de su boca salía, con la intención de que su aliento choque de lleno con el de Harry.
Harry se sentía nervioso, había captado todas las señales de Louis desde hace varios días y era divertido seguirle la corriente, pero ahora que lo tenía tan cerca, que podía oler perfectamente la menta y el almizcle, sus piernas comenzaban a flaquear y su corazón a latir de forma muy acelerada. La verdad, no sabía qué hacer ni cómo reaccionar ante esta situación, nunca había tenido la intención de coquetear con ningún hombre en toda su vida. Sin embargo, desde que vio al pequeño y bien dotado chico de ojos azules, le era difícil concentrarse y no poner escenarios muy comprometedores, que los involucraba a ambos.
—Se lo que dicen de ti
— ¿De qué hablas?— fingió demencia, y Harry tuvo que morderse muy fuerte el labio para resistirse al rostro compungido e inocente que Louis estaba haciendo en ese momento, era tan bonito.
—Que seduces hombres, sin importar qué—respondió torpemente, sus caras estaban muy juntas, a tal punto que sus narices se chocaban de a ratos.
Louis era más bajo, y Harry quiso agarrar su cintura y sostenerlo cuando lo vio de puntitas para estar a su altura.
—Yo no quiero seducirte, yo sólo quiero jugar— su voz era como la de un niño, chillona pero a la vez tan dulce.
— ¿Crees que no me he dado cuenta de todas las miradas que me lanzabas? ¿Qué pretendes?
—Nada— subió los hombros, y fingiendo inocencia le arrebató la pelota que Harry cargaba entre sus manos— Te reto, doble o nada.
— ¿Y qué apuestas?
—Si yo gano me quedaré con tu suéter— jaló la basta de la camiseta del equipo, que Harry traía puesto.
—Esto te va a quedar muy grande, a parte lleva mi nombre.
— ¿Temes perder?
Harry puso sus manos en su cintura, y se concentró en aquellos ojos azules que podían imperar muy dentro de él y hacer que poco a poco pierda la cordura.
— ¿Y si yo gano?
—Podrás pedirme lo que quieras— se acercó demasiado al rostro del más alto, hasta el punto de desordenar los pensamientos de Harry y hacer que todo se convierta en un flujo incoherente, gracias a la cercanía de sus labios.
—Hecho— habló, más lento de lo normal, debido al aturdimiento de tenerlo piel contra piel.
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Louis al parecer era más ágil de lo Harry imaginaba, debido a que, sabía cómo mover el balón y no parecía que hiciera mucho esfuerzo. No obstante, pese a dar una buena pelea en la cancha, la destreza de Harry era mucho mejor. Por algo era el capitán del equipo e iba a ser realmente humillante para su ego que un amateur le ganara a la primera contienda.
Quedaron dos a uno, puesto que Harry tuvo una distracción muy rápida cuando Louis comenzó a agitar sus caderas aún más. Sin embargo, con el último gol, Harry se llevó la victoria.
—Esto no puede ser posible
—Eres bueno deberías ingresar al equipo— habló Harry con convicción.
—No pienso sacrificar más mis horas de sueño por un deporte que no me apasiona del todo— palmeó sus hombros amistosamente— No soy como tú, ricitos.
Louis se puso frente al muchacho, al mismo tiempo que su pecho subía y bajaba debido al esfuerzo que hace mucho no hacía, puesto que se le pasaba sentado en clases o durmiendo en su pequeño apartamento.
—Bueno ganaste ¿qué quieres que yo haga por ti?
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Las lunas empañadas diluían la vista del exterior que poco les importaba a Louis y a Harry quienes estaban sucumbidos en el deseo pasional de un buen sexo.
Louis había echado el suéter de Harry a la parte de adelante del coche donde no estorbara, mientras ambos suspiraban tratando de respirar el aire acondicionado de la camioneta que no era suficiente para ninguno de los dos.
Jadeando, y con los labios ligeramente abiertos para tratar de respirar, Louis se quitó su camiseta y con ayuda de Harry, logró pasar por su cabeza para finalmente arrojarla a un lado.
Harry se acercó y comenzó a trazar sonoros besos en toda la piel de Louis, quién se mordía los labios para no gemir por placer de tener la boca caliente de este, presionando su delicada piel.
Los besos de Harry fueron repartidos de abajo hacia arriba, lamiendo y mordiendo las zonas sensibles, como el ombligo o los pezones de Louis, quien gritó al sentir la presión de los dientes de Harry sobre estos, para luego pasar su lengua una y otra vez por el redondo contorno.
—Harry— gimió por la sensación abrumadora, y cogiendo una mata de sus rizos lo dirigió hasta su boca para darle un beso, que a Harry lo tomó desprevenido, hasta que pudo acostumbrarse.
Nunca había besado a un hombre, y esta fue una experiencia que le hizo revolver el estómago puesto que la percepción era completamente distinta. Sus labios no eran tan suaves como los de una chica, pero tampoco eran ásperos como imaginaba, sino que era una combinación placentera, de ambas cosas.
El beso era también excitante, porque ambos querían guiarlo y eso lo hacía más desordenado y con la sensación resbaladiza de las dos lenguas sucumbiendo la cavidad bocal.
Harry estaba en el paraíso, ese beso no se comparaba con ningún otro, puesto que jamás se había sentido tan hambriento y con esas ganas carcomiendo su alma hasta despertar su instinto más bajo.
Definitivamente jamás se perdonaría el hecho de no haber experimentado esto antes.
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Harry yacía desnudo con todo el cuerpo estirado a lo largo del asiento trasero de su “Range Rover”, observando el trasero de Louis, quien con sus piernas a los lados de las suyas, buscaba la ropa que habían arrojado adelante, a la hora de desvestirse.
Louis logró encontrar el suéter de Harry agarrándolo entre sus delgados dedos para luego acomodarse frente al muchacho. El de ojos verdes, tuvo la intención de cogerlo ya que era suyo, mas Louis no lo dejó hacerlo, apartándolo de su vista.
—Hey eso es mío—protestó Harry apretando la piel de la cintura de Louis quien se quejó, vociferando un chillido.
Louis luego lo ignoró y se lo puso sin importarle, la mirada acusatoria de Harry, quién se mordió el labio al ver la manera en la que le quedaba, pues Louis era demasiado pequeño y el suéter muy grande, prácticamente se perdía en él, a tal punto de esconder por completo sus manos debido al largo de las mangas. No obstante, se veía adorable, provocando en Harry un salto en su pecho, que recorrió toda su espina dorsal en un calambre que lo obligó a cerrar los ojos por unos segundos.
—No ganaste la apuesta— le recordó, ya que el trato era que Louis se podía quedar con el suéter siempre y cuando, lo superara en el partido de dos, que habían jugado horas atrás.
—No, pero me gusta. Además es otoño y esto me mantiene caliente— frotó la prenda, abrazándose a sí mismo, oliendo ese aroma a menta y almizcle del perfume de Harry, que le resultaba fascinante.
—Te lo tienes que quitar— retrucó.
—Pero me gusta— Louis hizo un puchero demasiado irresistible y puso la voz más aguda.
— ¿Y qué me pondré yo?
—Podrías salir desnudo, tienes un abdomen envidiable— respondió pasando sus manos por todo el pecho de Harry, erizando sus bellos sensibles, para luego embestir su pene con la tela de sus calzoncillos `puesta.
—Ah, Louis— gritó— Te lo puedes quedar— dijo rindiéndose, observando como las comisuras de los labios de Louis se curvaban hacia arriba en una hermosa sonrisa.
—Gracias.
—Pero con una condición— Louis hizo un gesto de confusión y Harry quiso hundirse en él, sin importarle que tan rápido o que tan lento avanzaran las manijas del reloj— Que te lo quite yo, luego.
Louis se acercó, sujetando el rostro del chico de rulos con sus pequeñas manos, combinando el azul con el verde junto con una alegoría en una desordenada paleta.
—Eso quiere decir que quieres, que repitamos— repartió besos babosos por todo el semblante de Harry, restregando sus labios en su piel para poder sentir el suave toque de estos.
—Todas las veces que sea posible. Quiero hacértelo en cada rincón de mi departamento— dijo Harry jadeando mientras que sujetaba la cabeza de Louis para besarlo con desespero iniciando una batalla de lenguas y dientes.
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Y así fue, cada que tenían la oportunidad de follar, lo hacían, en cada espacio, en donde el deseo les permitía llegar.
Louis siempre se llevaba un suéter de Harry con la excusa de que eran más cómodos y lo podían mantener caliente en las noches frías. Siempre era uno que Harry haya usado, ya que conservaba su olor y a Louis lo volvía loco la combinación de aquellos aromas varoniles que sucumbían sus fosas nasales.
Y Harry, a pesar de que sabía que Kendall podía enterarse de su aventura, ya que Louis no era nada precavido y usaba sus suéteres en clase. Nunca le decía que no, porque con su suéter, que le quedaba grande tal como un vestido, lucía sumamente sexy. Aparte, era un pequeño recordatorio de que de alguna manera Louis le pertenecía a Harry, y a nadie más.
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En una ocasión, Louis le había enviado, en su día libre, una foto de él de espaldas, con su suéter del equipo puesto, y con el trasero completamente al aire. Y Harry, quien estaba en la clase de “Derecho deportivo”, se tuvo que morder el labio y pegarse más a la silla para no dejar que su erección crezca hasta volverse incómodo.
Recuerda que lo había ido a visitar a su cuarto, con el corazón en la boca y la respiración agitada, a tal punto de tener que desabrocharse tres botones de la camisa ya que se sentía todo pegajoso por el sudor.
Lamentablemente, no pudieron hacer nada ahí porque Liam, estudiaba para una prueba. Así que, se tuvieron que esperar hasta llegar al departamento de Harry.
Cuando lo hicieron, al momento de cerrar la puerta, el de ojos verdes no pensó en las consecuencias, no pensó en que estaban muy cerca de la entrada como para que alguien los escuche. Simplemente empotró a Louis contra el pórtico, y desvistiéndolo por completo, lo cargó hasta que este enredara sus piernas en sus caderas y lo embistió.
—Harry— Louis gimió, sintiendo el miembro de Harry entrar una y otra vez por su apretado agujero, tan fuerte, que podía escuchar el sonido de su espalda golpear con la puerta repetidas veces.
Al momento que Louis tuvo que irse, sin decir nada Harry le tendió uno de sus suéteres para luego darle un beso de despedida, que Louis aceptó con gusto.
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Puede que el deseo por Louis lo haya cegado por completo, puesto que más temprano, que tarde. Kendall notó que el chico gay de su clase de sociología, usaba con mucho orgullo los suéteres de Harry. Porque una vez pudo haber sido coincidencia, pero dos, tres, cuatro veces ya era algo preocupante. Así que, una tarde cuando se encontraban recostados en el sofá, la incomodidad no la dejó tranquila y justo antes de que Hugh Gran buscara a su secretaria para confesarle su amor en Love actually, apagó la televisión, ganándose un quejido por parte de Harry, quien amaba esa película.
—Oh vamos has visto esa película un millón de veces.
—Pues hubiera querido, que me dejaras verla un millón y uno— reclamó tratando de alcanzar el control remoto. Sin embargo, Kendall se adelantó y lo escondió detrás de ella—No estoy de humor para jugar ahora.
—Yo tampoco, pero necesito hablar contigo.
Harry frunció el ceño y soltando un suspiro se acomodó en el sillón.
— ¿Qué pasa?
— ¿Por qué Louis Tomlison, está usando tu ropa?
Harry abrió los ojos como dos platos, muy redondos de color verde puesto que el pánico de pronto tal como una gran ola en la marea baja, lo había sorprendido de inmediato. De todas las cosas que Kendall había podido preguntar no se imaginaba que fuera justamente esa.
Y vamos que Harry sabía muy bien que Kendall no era tonta, como él, que dejaba que Louis usara sus suéteres para abrigarse del ligero frío del otoño y caminara campante por todo el campus. Sin embargo, como todas las personas infieles, creía que lo tenía todo fríamente calculado, que ella jamás se enteraría de su aventura, si es que limpiaba todas las huellas del delito antes de que llegara a su casa.
—Estamos haciendo un trabajo juntos, y pues cada que viene a mi casa, terminamos muy tarde. Así que, le he prestado alguno de mis suéteres— habló y habló sin escuchar sus propias palabras debido al nerviosismo que azotaba las palmas de sus manos hasta imperar en sus dedos.
—Pero tiene muchos— no parecía muy convencida, y Harry estaba entrando más en pánico.
Si Kendall, se daba cuenta puede que por puro despecho le cuente a todo el campus que se estaba acostando con Louis. Y el a pesar de amar tener sexo con el de ojos azules, no podía arriesgar esa reputación que tanto trabajo le había costado construir.
—Lo sé, cariño. ¿Qué es lo que te preocupa?
A Harry le deberían, dar el premio al mejor actor, puesto que al dejarse guiar por sus actitudes notaba en el rostro de Kendall que la preocupación se iba mermando.
—He oído muchas cosas sobre él.
Harry se rió fingiendo haberse sentido ofendido—Cariño, ¿tú en verdad crees que yo me estoy acostando con Louis, un hombre?
—Es que… por un momento pensé…
Harry la interrumpió sujetando con delicadeza su mejilla para que la muchacha lo mirara a los ojos, y con una falsa sinceridad le sonrió.
—Yo te amo, jamás te engañaría y mucho menos con un chico. Tengo todo lo que quiero contigo— mintió.
Kendall lo abrazó disculpándose, Harry le correspondió, pero con ella ahí, alumbrados por la tenue luz de una lámpara, deseaba con toda su alma que fuera Louis quién estuviera a su lado.
