Chapter Text
Lo habían logrado. Después de todo el sufrimiento, de cada batalla y de la amargura de la derrota inminente, todos habían logrado destruir al Prototipo. Sin embargo, en el proceso, perdieron a un miembro importante de su equipo.
Poppy, en su último aliento, dio su vida para que los demás obtuvieran la libertad que tanto anhelaban, la misma que Doey y cada juguete de la fábrica imploraban.
La muñeca de porcelana logro que tanto ella como el prototipo cayeran en un liquido mortal, lo suficiente para que los matara incluso si salían de él.
El prototipo, Ollie, la victima de Elliot, hacia lo posible para luchar y salir de esa sustancia, para ponerse de pie y defenderse de esas manos adornadas con guantes médicos y a olor antiséptico que veía en sus recuerdos persiguiéndolo como fantasmas. Lucho como siempre lo había hecho desde que tenía uso de razón, siguió adelante por su lugar mejor al lado de su querida Poppy. Desafortunadamente, Oliver sentía sus fuerzas debilitándose y una soledad que lo destrozaba como una aguja filosa, más que los martillos y bisturís que usaron en su cuerpo la primera vez.
Aquellos recuerdos en el laboratorio, fue lo que llego a su memoria, pero estos cambiaron de inmediato al sentir la mano de porcelana de Poppy tocar su mejilla.
Su querída Poppy… Incluso con su rostro destrozado y vestido hecho ya harapos, se veía tan radiante y hermosa como siempre, llena de luz y alivio al peor de los infiernos. Pero de todos sus rasgos, lo que más sosegaba el dolor del prototipo, eran sus hermosos ojos azules, los cuales ya no mostraban rencor o miedo, sino compasión y cansancio mezclados.
Ella sujeto su el rostro del prototipo y lo abrazo para no dejarlo ir.
Ollie, uso su mano para sujetarla con cuidado, para expresar su amor hacia el gesto y con el ultimo rastro de sus fuerzas, salto de ese liquido mortal con Poppy en sus manos.
Al igual que Ollie, Poppy perdía las energías para estar despierta, ambos yacieron en los azulejos de la fábrica, acostados, pero mirándose el uno al otro. Poppy, con sus últimas energías, toco la mejilla del prototipo y miro como una lagrima salía de su único ojo azul.
No había energías para disculparse, para narrar todo aquello que pudo ser, ambos morían en las manos del otro y no podían hacer nada.
Poppy fue la primera en cerrar los ojos, para ya no abrirlos.
Ollie, ventilo su tristeza con gruñidos, maldiciones, que después de volvieron en llantos mezclados en sus miles de voces variables, hasta solo escuchar su llanto infantil. Había perdido su felicidad, aquella por la que hizo toda esta masacre, aquella que no lo dejaría solo, aquella con la que compartiría su miedo.
En su agonía y mundo de dolor, él vio a una hermosa niña pelirroja, con un vestido más azul que el cielo mismo. Ésta se acercó a él y toco sus filosos dedos mano.
— Ollie… está bien… ya es suficiente… vámonos… —
En un segundo, el tiempo parecido detenerse. El prototipo miro sus manos y noto que estas eran las de su cuerpo, los mismos lunares y cicatrices. Su pequeño cuerpo infantil, había regresado a la normalidad. También, noto que se encontraba en el interior de Hogar Dulce Hogar. A la lejanía, en los pasillos, lograba escuchar las risitas y los pasos acelerados de los huérfanos.
No sabía si esto era real, pero ya no tenía miedo, pues estaba con aquella persona especial que tanto ansiaba conocer para formar una familia de nuevo. Lloro como un niño al verla. Sujeto su mano para no dejarla ir, pues temía que de hacerlo regresaría al infierno de Playtime Co.
— Ya no llores Ollie… si dejas de llorar, te daré un regalo… ¡Ven! ¡Vamos a buscarlo! Pero, primero, te tienes que disculpar con muchas personas que están aquí también… Les hiciste cosas terribles… Al igual que yo… Tú y yo debemos disculparnos… juntos… — Dijo Poppy después de darle un cariñoso jalón de mejilla.
Ollie, sólo asintió como un niño obediente y antes de seguirla, él dijo sus últimas palabras. Oraciones que resonaron en ese lugar astral y en lo más profundo de play time co, justo donde el jugador, el doctor Sawyer, Giblet, Huggy y Kissy se encontraban.
— Parasito… Parca… no se si me escuchas… pero… lo que buscas está en mi laboratorio… sigue la salida de emergencia… No te gustara lo que veras… pero es tu decisión… así como la mía ahora… — dijo con su voz infantil.
El joven jugador se alejó de los cuerpos y corrió a la puerta, pero el prototipo diría algo que detendría su marchar.
— Preston… era muy bueno… no era como los otros… no sabía que tenía una hija… si sólo…—
Tal vez dijo más, tal vez era su forma de disculparse con el jugador de esta historia, pero no le importo, ella continuo su camino mientras escuchaba las advertencias del doctor y Giblet como ecos, sumados a los llantos de Kissy al ver a su amiga sin vida.
El jugador corrió por los pasillos, movía los escombros con sus últimas fuerzas para hacerse camino y encontró las dos puertas de metal que logro abrir gracias a su grab pack.
La sirena sonó y dentro rebelo lo que estaba buscando.
La única razón por la que había entrado a esta fábrica.
Su motivo para soportar el trauma y el miedo, así como sus enormes ganas de romperse ahí mismo.
Sentado en una mesa y al lado de varias pilas de hojas viejas y probetas de laboratorio, estaba un juguete único, pero familiar. Tenía una cabeza de Catbee, con el cuerpo y overol de Bunzo. Pero sus extremidades no eran las de ese conejo. Un brazo era de un robot, el otro era de un muñeco de Dogday, un pie era del dinosaurio Bron y el otro no podía identificarlo, ni siquiera tenía el estómago ya para suponer. Pero no le importaba, allí estaba Preston, su padre.
Memorizó una y otra vez el video de él yaciendo inmóvil y moviendo los ojos desesperadamente. Pero no había duda de que aquí estaba.
La joven tomo el juguete y lo agito un poco, con la esperanza de que la oscuridad de esos ojos se llenara de brillo, de alguna señal que le dijera que su padre aún seguía ahí.
Mientras lo sacudía con cuidado, Giblet y el doctor llegaban detrás de nuestro protagonista, en silencio y esperando que el momento les permitiera acercarse y saber cómo proceder.
Harley, sin dejar de detener su ambición, observaba cada detalle de este minúsculo germen que llego a su territorio, aquel ser humano capaz de cumplir sus teorías y hacer lo imposible, posible. No sólo era especial por ser una persona real en la fábrica, había algo en este experimento humano que le hacía seguir observando, cada detalle hasta el final.
— Pa-papá… te encontré… po-por fin te encontré… —
Sin poder contenerlo más, el jugador dejo que todo su miedo y tristeza se desbordaran como un rio.
— ¿Puedes escucharme? — preguntó en su último intento de compostura.
— Soy Kylie… Soy yo… ¡Soy yo!... —
Pero el muñeco permaneció inmóvil y con unos ojos tan oscuros como el mismo abismo.
— ¡Perdóname! Por… Por no haberte venido a buscar… vuelve papá… ¡Vuelve! —
Sin dudarlo, agarro una bata vieja de laboratorio y lo envolvió con cuidado, pues podía sentir su cuerpo frio como el hielo, no tenía el corazón para dejarlo sufrir más. — Dame una señal… de que estas aquí… lo que sea… responde… responde me… ¿Papá? No me dejes sola… vine por ti… ya estas a salvo… —
Los ojos de la chica ardieron aún más, sus lágrimas cayeron sin descanso y su corazón latía desesperado. Sin más fuerzas, ella se derrumbó en el suelo, cayendo encima del muñeco sin detener su abrazo. El movimiento tan brusco causo que la pileta de documentos cayera en el botón de un micrófono. Al encenderse, se transmitió un eco que resonaba en toda la fábrica.
Con más claridad que nada, todos aquellos aún vivos en ese infierno, escuchaban el desgarrador llanto de aquel jugador de pocas palabras, aquel dispuesto a liberarlos y a darles un poco de alimento y dulces que tenía en su bolsillo.
Su lamento sonó como ecos en todos lados y como un réquiem a todos aquellos condenados a esta vida.
Un momento desconsolado y de recuerdo para todos, una verdad y mensaje de que al final, nadie los rescataría, que por más que buscaran, no serían rescatados.
Aquellos juguetes con un rasgo de humanidad, acompañaron ese llanto y dolor, otros rugieron y otros rompían cosas, mientras salían las pocas lagrimas que quedaban de sus almas.
Giblet, después de sonarse la nariz, se acercó a la joven, quien ahora ya lloraba con menor volumen.
Le dio un trapo de la mesa del laboratorio, para que secara su rostro.
— Parca… sé que no es lo que querías… pero tu papá ya no está sufriendo… Él es libre… así como nosotros, tu y Poppy nos liberaron del Prototipo… debemos seguir… sé que tu padre no le hubiese gustado verte aquí… —
Kyle tomo el pañuelo y se limpió el rostro. Después, miro a Giblet en un intento de sonreír que termino en llanto. También miro Harley, quien se acercaba a su lado lentamente y en espera de escucharla.
Se sentía tonta al pensar que el doctor diría algo para consolarla, pero comprendió la razón de porque Sawyer prefería el silencio, pues el mismo le insinuaba en reiteradas ocasiones que decir lo obvio era una estupidez.
Por un lado, ella lo apreciaba y quería quedarse con la idea de que su silencio era para no incomodarla y hacerla sentir peor.
Sin más, Kylie se levantó de nuevo, aún cargando el cuerpo de su padre, para así darle el último abrazo lleno de cariño. Al tener la cercanía de su cabeza amarilla, se acercó y froto su mejilla con la de él, tal y como lo había hecho cuando era una niña, como todas esas veces en las que recibía a su padre después de un largo día de trabajo.
— Te amo papá… vámonos a casa… —
Aquella frase que simbolizaba un cierre a su aventura, dio comienzo a una nueva esperanza y milagro.
Giblet grito de asombro y el ojo de Sawyer se tornó amarillo, pues ambos vieron como Preston alzaba los brazos en un intento por devolver el abrazo.
Kylie volteo a mirar a su padre y vio un rio de lágrimas y unos ojos mirándole de pies a cabeza.
Preston Willard estaba vivo.
— Increíble… ¿Como es esto posible? —
El doctor, sin pedir permiso, tomo el cuerpo para examinarlo en una mesa de laboratorio. Después, lo recostó en una de las camillas que el prototipo usaba para sus experimentos y le colocó un monitor de signos vitales.
Kylie y Giblet miraban por detrás, curiosos, compartiendo miradas y luciendo como padres preocupados que llevaban al niño más pequeño a su primera consulta.
La joven, a sabiendas de que recibiría un regaño, comenzó a ventilar las dudas que la comían viva.
— ¿Esta mi papá bien? ¿Puede hablar? ¿Le duele algo? ¿Sabe quién soy? —
— Respondiendo en orden… sí, no, no… y… a tu última pregunta, es difícil de contestar… ¿Ves el monitor? Su ritmo cardiaco esta estable y no muestra índices de sufrir algún dolor… No tiene una caja de voz, así que, nos hace más difícil saber si te reconoce o no, —
— Pero… me abrazo… — dijo como una niña con esperanzas.
A lo cual el doctor las rompió con frialdad.
— Pudo haber sido un reflejo del cuerpo… yo te recomendaría que no te ilusionaras… a menos hasta tener más variables… —
El silencio volvió de nuevo y a pesar de los hechos, la joven quería seguir pensando que su padre seguía ahí, incluso si los resultados le dijeran lo contrario, no podía darle fin, no podía dejarlo ir, no a menos hasta que supiera que hacer.
De la puerta, la joven jugadora vio a Kissy cargando el cuerpo de Poppy, sus pequeños gruñidos eran lloriqueos que rompían el alma. También, podía notar el rio de lágrimas que salían de esos ojos enormes y oscuros, tan llenos de vida, pero de tristeza a la vez.
Tanto Giblet como Kylie se acercaron a ella, pero se detuvieron al percatarse de que Huggy estaba detrás como un guardián, listo para atacar si se les ocurría hacerle algo.
Les seguía impresionando que después de haber trabajado juntos para vencer al prototipo, Huggy seguía mostrando sus dudas.
Giblet rompió en llanto al verla de nuevo y se unió a Kissy en el lamento, mientras que la joven solo guardaba silencio y miraba al suelo.
No había palabras que pudiera decir para consolarla, para apaciguar la perdida y el duelo, estaban en esta pesadilla sin un rey, pero, aun con esperanzas a pesar de estar en lo más profundo de los infiernos.
— Deberíamos enterrarla… darle un funeral… a ella… a cada uno… — dijo la jugadora, causando que todos la volteasen a mirar, incluso el doctor.
De todos, Kissy fue la que gruño y negó con la cabeza, sujeto el cuerpo de Poppy y lo apretó más al suyo. Se acercó a uno de los cuadros decorativos del laboratorio con paisajes y uso su propia cabeza rosada para darle unos golpes a la imagen y a unas letras metálicas con el nombre Elliot Ludwig en ellas.
De todos, Giblet pareció entender el malestar de Kissy.
— No quiere que la enterremos aquí… quiere hacerlo a fuera de la fábrica… no quiere que este aquí… quiere enterrarla junto a su papá… —
El corazón de Kylie latió de dolor, pero la entendía. A ella tampoco le gustaría dejar a su padre un minuto más en la fábrica.
— Pides lo imposible experimento 1172, no hay manera de que podamos salir de aquí… —
Kissy rugió en frustración en dirección del doctor, acto que dio como resultado que Huggy se pusiera a la defensiva, afortunadamente, ella lo tranquilizó con otro gruñido suplicante.
— Kissy… la enterrare muy lejos de aquí, lo prometo… pero qué te pareceré si hacemos esto por el momento… —
Con mucho cuidado, Kylie tomo el cuerpo de Poppy y lo puso en otra camilla cercana a la de su papá. Tomo las sábanas más limpias del laboratorio y la cubrió. Después, uso unas servilletas rojas para formar unas bellas rosas de tela que colocaría alrededor de su pequeño cuerpo. Finalmente, guio a Kissy para que se sentara junto a al cuerpo de su querida amiga.
Huggy haría lo mismo, sin atacar a nadie, sin mirar a nadie más, sólo se sentaría al lado de su media naranja para tomarle la mano.
— Él… se ha ido… realmente el prototipo se ha ido… lo mataron… somos libres… ¡Somos libres! — dijo una nueva voz
Todos miraron a un peculiar y pequeño Kickin Chicken. El pequeño cargaba consigo una linterna y una tubería de defensa en la espalda.
Pero no venía sólo, después de sus gritos de victoria, llegaron a ellos docenas y docenas de juguetes. Había perrugas, Boogie Bots, mini Huggies, Smiling Sritters, unos cuantos Bunzos, y muchos más a los cuales Kylie no tuvo el chance de apreciar.
En un intento por mantener el orden, la joven se acercó a la puerta y guio a los juguetes hasta lo que era la sala principal del laboratorio, para su mala suerte, cada uno de ellos estaban ansiosos, esperanzados y veían tanto en ella como en el grupo a los héroes que vinieron a liberarlos.
Cada uno de ellos les daban ovaciones, apoyo y palabras de agradecimiento, otros, muy hambrientos, tenían la esperanza de que tuviese alimento consigo, pues un ser tan justo y misericordioso como ella, si logró detener a los tiranos, podría salvarlos de su tormento.
Fue ahí cuando las cosas comenzaron a caer en la realidad, una que el doctor Sawyer le explicó hace tiempo, lo que la misma Poppy y Prototipo le habían insinuado. Incluso si salvaba a los demás, ¿Qué pasaría después? ¿Cómo podrían las cosas volver a la normalidad?
La pobre no tuvo más remedio que hundirse de hombros y negar lo que sus estómagos pedían. Aún con decepción, pero sin perder el brillo en sus ojos, los juguetes se esparcieron y tomaron otro rumbo, algunos incluso se asentaron en donde Kylie y el grupo estaban, otros comentaron que buscarían comida en más máquinas expendedoras.
Solamente el pequeño Kickin Chicken se quedó cerca de ella, tomando la libertad de armar una cama y un fuerte exclusivo para él. A lo cual otros juguetes tomarían la iniciativa de hacer lo mismo.
Sin un tirano en todo Playtime, todos tenían la esperanza de encontrar un tesoro y mejor vida.
Pero el grupo de Kylie era muy realista. El siguiente paso era conseguir comida.
— No soportaran mucho así… tal vez… tal vez pueda traer alimento… —
El doctor escuchó aquella frase y expresó su molestia con su ojo amarillento en la pantalla. Dejo a Preston descansando en la camilla y tomo dirección en donde ella se encontraba. Antes de que Giblet dijera algo o que incluso el pollito se animara a ofrecer su ayuda, el cruel doctor estableció su dominio.
— No olvides nuestro trato… — dijo el doctor con una voz seria, demandante y llena de advertencia.
De todos ahí, sólo había dos personas que entendían ese trato. Y de ellos, sólo Giblet trato de defender.
— Doc… ¿Habla en serio? A estas alturas usted quiere que ella… —
— Permíteme recordarte las palabras que intercambiamos… yo te ayudaba a eliminar al Prototipo… también, a estabilizar a tu padre y mantenerlo con vida cuando lo encontráramos, siempre y cuando tu cumplías tu parte del trato, la cual es… —
Todos se quedaron en silencio y el doctor solo tosió un poco y le dio señal a la chica para que continuara.
— Ahora dilo… di lo que me prometiste a cambio… —
La joven no mostro incomodidad, no mostro enojo o siquiera miedo, sólo cansancio y fatiga. Después de un suspiro, le contestó.
— Yo te prometí quedarme en la fábrica… no escapar… —
— Correcto… —
— Pero, yo volvería… —
— Escaparías a la primera oportunidad… Mi querido germen, me ofende el que creas que soy así de iluso. Soy todo menos estúpido —
La joven se acercó al doctor y a punto en dirección de su padre en la camilla.
— No lo haría, tendría razones para volver… ¡Mi padre es una razón! ¡Tú también lo eres! ¡Los juguetes también!… No bromee contigo cuando te dije que nadie estaba esperándome a fuera… Me voy a quedar aquí… no me iré… pero no podemos tener a los juguetes muriéndose se hambre… ya han sufrido demasiado… —
El doctor seguía pensativo, mirando a los juguetes en cuestión y usando las cámaras en toda la fábrica. Él podía sentir las vibraciones y detectar que aún habían más de 100 juguetes moviéndose, vivos, hambrientos y desesperados. Si por el fuera, no le importaría que se comieran y mataran entre ellos, siempre y cuando sus variantes y sujetos de experimentación estén bien, pero, el hambre se convierte en enojo, después desesperación y en cuestión de tiempo tendrían juguetes tratando de comerse unos a otros o tratando de comérsela a ella.
No podía permitir que aquello pasara, pero, no podía dejarla salir. Su germen debía quedarse a su lado.
— No saldrás de la fábrica y es todo lo que discutiremos del tema… Cumplirás tu palabra… y si te atreves a irte… le pondré fin a la vida de tu padre en un segundo… — dijo mientras su ojo se tornaba rojo y hacia puños una de sus manos robóticas.
La joven sintió un nudo en la garganta ante aquella amenaza, se quedó en silencio y sólo le dio la espalda para irse del lugar.
— ¿A dónde vas? — pregunto el doctor a manera de advertencia.
— Iré a la estación de tren… la que está vacía… sólo quiero despejar la mente… Dame unos 20 minutos… Además, sé que puedes observarme en las cámaras… veras que no miento… —
El doctor sólo suspiro de cansancio, después, regresó al lado de Preston para realizarle un chequeo, no sin antes ver como la joven se mezclaba con los pasillos oscuros del lugar.
En esos pasillos oscuros, Kylie jamás noto que el pequeño critter amarillo la seguía a unos pasos de distancia. Cuando él la vio sentarse en el suelo y mirar a las vías oxidadas del tren, él se acercó con algo de timidez y pregunto por permiso para sentarse. Tal vez alguien como ella no deseaba la compañía de más juguetes, pero el corazón de Kickin salto de la emoción al ver como ella le daba palmadas al suelo para que se sentara a su lado.
— Gracias… por haber detenido al Prototipo… realmente eres un ángel… —
La joven sonrió y le dio unas palmadas en la espalda de forma cariñosa. Casi, de forma maternal.
— Yo… Yo no pude… hacer mucho… —
Kylie noto como Kickin comenzaba a temblar y vio como un río de lágrimas se deslizaba de sus mejillas, incluso, su voz comenzaba a sonar distorsionada, por la respiración entre cortada y llantos mezclados. Lucia como un pobre pequeño que había aguantado demasiado y había llegado el momento para ventilarlo todo.
— Estuve… Estuve en Safe Heaven, en el refugio… y… —
— ¡¿Escapaste de la explosión?! —
La pobre criatura asintió con lentitud y aquello le dio alivio a la chica.
— ¡No tienes idea de lo aliviada que me has puesto!... ¿Hay más contigo?... —
El pollito negó y sus lágrimas y llanto se hicieron más presentes. Ella trato de consolarlo, pero el juguete se le abalanzó para abrazarla con fuerza, apoyando así su rostro lloroso en su estómago. Ella, en reacción, le acaricio la cabeza y la espalda, detalles que el pequeño atesoraba del todo corazón, el sentirse a salvo, amado y aceptado, no dudo en desahogar su dolor.
— ¡Trate de ayudar!... Trate de buscar ayuda… Les dije que me esperaran… que se quedaran ahí… si no les hubiera dicho eso… ellos estarían… ellos estarían… —
Kylie tomo al pequeño en brazos y lo abrazo, dejando que esas cálidas lagrimas cayeran en su hombro. Susurrándole palabras llenas de dulzura para que ya no sintiera ese dolor.
— Shhh… tranquilo… —
— Les dije que se quedaran… les dije que se quedaran… — repetía el pobre sin detenerse.
— Ahora escúchame — dijo mientras tocaba su afelpado rostro.
El juguete miro como la iluminación detrás de ella la hacían verse como un verdadero ángel, como un ser divino lleno de misericordia y capaz de llevarse todo dolor inimaginable.
— Tu no hiciste nada malo… Tu no pusiste los explosivos… Jamás deseaste esto… —
Kickin siguió abrazándola y dejando que esas palabras resonaran en su cabeza. Aunque su dolor y duelo seguirían ahí como una cicatriz, las palabras del ángel le daban paz que no había sentido en años.
Algunos juguetes que miraban la escena de lejos, corrieron hacia ella, se hincaron y de forma respetuosa, le imploraron salvación.
— Ángel… yo quiero ir a casa, ¡por favor! ¡Llévanos a casa! — dijo un juguete en forma de Bobby Bearhug.
— ¡Tenemos mucha hambre! ¡Por favor! ¡Ayúdanos! — imploraba un conejo Bunzo mientras se acercaba a ella de rodillas.
— ¡No nos dejes! ¡No te vayas! — dijo un mini Dogday al suponer que ella estaba en la estación buscando una salida para irse.
Y las peticiones venían y venían de cada juguete de la fábrica. Todos acercándose a ella para sentir su cariño, su abrazo y salvación ante esta pkisadilla.
— No me iré… No los voy a abandonar… Lo prometo… Vere como conseguir comida… no sé cómo… pero lo intentaré… tarde o temprano él me tendrá que dejar… —
La última frase la decía mientras miraba a la cámara en la esquina, sabiendo que Sawyer la observaba y escuchaba.
Al doctor, por otro lado, le parecía increíble que, a estas alturas y a sabiendas que él tenía más control, este germen se atreviera a desafiarle de forma tan altanera. Pero no importaba, no dejaría que se le escapara de las manos. Mucho menos cuando todo lo que ella había logrado podía ser mucho más.
Sus habilidades lo llevarían al camino dorado que tanto él había anhelado. Algo en contraste al ver su ropa ya sucia y manchada de sangre, a lo cual, para Sawyer, no empañaba la visión adorara que tanto él y los juguetes tenían de ella. Imagen que, inevitablemente se vio interrumpida al escucharse un estruendo cerca de la estación, seguido de unas bombas de humo y gritos distorsionados.
En pocos segundos, Sawyer entendió lo que estaba pasando. Activo sus cuerpos robots cercanos y tanto él como ellos corrieron en la dirección del alboroto.
Notó impresionado a un grupo de seguridad ajenos a la compañía, tenían un uniforme extraño que jamás había visto; también, portaban armas, tranquilizantes y bastones eléctricos, pero lo que más le hervía la sangre, era ver como uno de ellos la tenía sometida.
Basto una orden del doctor para desatar las golpizas de cada androide a su mando. Gracias a ello, Kylie logro liberarse del agarre y tomar su distancia para defenderse. Para su mala suerte, éstos lanzaron un tipo de bomba que emitió un agudo sonido, en segundos, toda la electricidad se fue del área cercana e hizo que los robots se apagaran. El ojo del doctor tomo un color purpura y, en instinto, estiro su brazo para alcanzar a la jugadora. A pesar de sus esfuerzos, la magnitud de ese dispositivo fue más rápida. Antes de que ella pudiera acercarse a él para tocar su pantalla, él se había ido.
— Doctor, ¿me escucha? ¡Doctor Sawyer!... ¡Harley! —
Pero él no respondió, su única respuesta fueron los gritos de los juguetes en medio del caos. Cada uno corriendo como hormigas por todos lados para esconderse, sin embargo, algunos de ellos fueron capturados por estos intrusos y puestos en jaulas como si de animales se tratasen.
Kickin trato de defender al ángel golpeándolos con su tubo, pero uno de ellos le dio una fuerte patada y aprovechó para encerrarlo en la jaula con los demás.
— ¡¿Qué le hicieron a Harley?! ¡No los lastimen! ¡Son inocentes! — imploró con todas sus fuerzas.
Su grito fue tan fuerte, que Kissy y Huggy acudieron a su rescate.
La joven se maldijo por no tener su GrabPack para defender a los demás, pero aprovechó una de las armas tranquilizadoras que había sido soltada por uno de ellos en el combate.
Sin dudarlo, la apunto en dirección de ellos.
— Yo no haría eso si fuera tu… ¡Bájala! —
Pero la jugadora no siguió la orden; comenzó a disparar a los que estaban cerca, la mujer, la misma que le advirtió y parecía ser la capitana de ese escuadrón, se le abalanzo, le quito el arma y le dio un fuerte golpe en el ojo, dejándola noqueada.
Kissy grito y acudió en su ayuda, pero varios le dispararon tranquilizadores, sus gritos y movimientos de manos, torpes, terminaron por hacerla caer al suelo inconsciente.
— ¡Huggy! ¡Giblet! ¡Corran! ¡Huyan! ¡No vengan! — pero el primero no obedeció. Corrio hacia Kissy y fue el tiro al blanco perfecto para inyectarle los tranquilizadores y caer al mundo del sueño en cuestión de minutos.
Al intentar levantarse, la capitana le dio a Kylie una fuerte patada en el estómago.
— Venimos hasta aca, afrontamos peligros, venimos a rescatarte ¿y así nos lo agradeces? —
— ¡¿Quién mierda son?! —
— Dale las gracias al Tio Sam de que venimos por ti… Hemos intentado acceder a Playtime co por años, pero necesitábamos que nos dieran el camino libre… No podía ser cualquiera… debía ser alguien relacionado a la fábrica… alguien tan desesperado por volver… solamente que teníamos que darte un incentivo… una carta ¿tal vez? ¿Convenciéndote para que entraras? —
Todo tenía sentido ahora, ella parpadeó varias veces y sintió que esta revelación era una bofetada en su cara. Sintió un desagrado total al ver como otros jugaron con ella, que al igual que todos los demás en la fábrica los trataban como juguetes para su propio beneficio.
— Debo admitir que el que encontraras a tu padre fue un milagro… No sabíamos que él seguía con vida… Pero gracias a ti logramos conseguir mucha información… —
La chica, en un intento por levantarse, se derrumbó de nuevo y permaneció sentada, con la cabeza agachada y mirando como la sangre de su nariz y ojo cania como gotas al polvoriento suelo.
En sólo segundos, el destino hizo de las suyas y la dejo sin aliados. Sin planes de salvación y sin el doctor diciéndole a donde ir y cómo hacerlo. Miro a los temblorosos juguetes en las jaulas y pudo sentir su terror.
Dijo en voz baja, de manera que esa capitana pudiese escuchar solamente, algo que su mente le advertía pasaría de forma inevitable.
— ¿Van a matarnos? —
La oficial se sentó de brazos cruzados en frente de ella y saco un suspiro.
— No, no es lo que mis jefes desean… no te mentí cuando te dije que vinimos a rescatarlos… Queremos reubicar a todos los juguetes… De hecho, encontramos juguetes débiles, pero con signos vitales… ya están en nuestro transporte y listos para llevarlos a la nueva instalación, tengo aquí en mi reporte los números... umm… experimento… 1222, 1322, 1166… y… encontramos a un enorme gato purpura sin pelaje y a un perro naranja partido por la mitad… siguen con vida… —
Kylie y los juguetes de la jaula quedaron boquiabiertos con semejante noticia. No sabían si sentir alivio de ser rescatados o sentir preocupación por el hecho de que la mayoría de los experimentos más peligrosos seguían con vida.
Hubiesen pensado más, pero la capitana recibió un llamado en una de sus radios, se quedó pensativa mientras escuchaba el mensaje y, al guardar su radio, miro a Kylie con mucha simpatía para después hacer un movimiento inesperado.
Rápidamente, la oficial le inyecto algo en el cuello. Los juguetes gritaron y otros lloraron, mientras veían a su adorado ángel luchar con todas sus fuerzas. En segundos, la joven caía poco a poco al mundo del sueño. Mientras miraba a su agresora sujetarla como si de una princesa se tratase, todo lo que salía de los labios de la capitana eran voces mezcladas de aquellos cercanos a la jugadora.
— Shhh no es nada personal… son mis ordenes… no pelees, — se escuchó la voz de Poppy en sus labios, — pelear sólo acelera el proceso… — escucho la voz del doctor Sawyer con claridad. Y esa voz, severa y arrogante, seguía guiándola. — Vas a estar bien, tu papá también, todos lo estarán —
Por más que luchara por quedarse despierta, sus energías la abandonaban, dejándola a merced de quien fuera el líder de estos sujetos.
Estaba tan cansada.
Estaba tan harta.
Que su alma le imploraba silencio.
Sólo quería silencio.
En su agonía y búsqueda de paz, la voz del doctor resonó en su memoria, recordándole las ultimas palabras que le dijo cuando hicieron el trato.
— No te vayas… Quédate en la fábrica… Quédate a mi lado… y sólo así, te ayudare a vencer al Prototipo y salvar a tu padre… —
La voz del doctor resonaba en la oscuridad infinita de sus parpados y no paro.
— No hay lugar en donde puedas esconderte, no de mí… —
Y así, llego un abismo absoluto y silencio que la jugadora anhelo desde ya varias noches atrás.
***
Kylie recordaba ese lugar.
El pasto y olor a humedad, el que el encantaba sentir en un día de campo al lado de sus padres. También amaba usar su overol favorito y playera rosada, junto a su pequeño gorrito con pequeños cuernos como si de un diablillo se tratase. Se levanto de inmediato y se quito el polvo de la parte trasera, después, miro un globo de color gris flotando hacia ella, notando su diminuto e infantil cuerpo.
Como cualquier niña y sin olvidar su pequeña muñeca Kissy Missy, se carcajeo y comenzó a seguirlo hasta las profundidades del follaje y arboles del parque.
El inalcanzable globo seguía flotando hasta llevarla a una puerta, una que necesitaba de una mano azul de GrabPack para abrirse.
— Despierta… —
Sonó en todas las partes de los árboles, como si el viento estuviera vivo y tratase de advertirle.
La niña se alejo de la puerta y corrió hasta una corriente de agua que llevaba a un pequeño puente de madera. Al acercarse al agua, noto que su reflejo era su versión adulta. Manchada de sangre, con moretones de tantas batallas y con manos más temblorosas a cada segundo.
— Germen… despierta… —
Esa voz, la conocía muy bien, la voz que le atormentaba en los pasillos y la misma que pedía que no lo abandonara.
Pero en vez de ver una versión robótica, la pequeña vio a un científico al otro lado del puente de madera. Su piel y cabello tenían una tez oscura. También, tenía una barba y llevaba lentes para la visión, imposibilitándole el chance de ver su enigmático rostro.
Kylie se acercó a él y, sin dudarlo, le dio su Kissy Missy como un obsequio.
El hombre se hinco para estar a su altura y tomo la muñeca para observarla como si de un espécimen se tratara.
Después, el científico hablo.
— Despierta… tienes que despertar… —
Y en un parpadeo, su cuerpo infantil cambio a su versión adulta. El parque y bosque de su infancia fueron cambiados por el interior de Playtime Co. y el científico frente a ella se transformó en el cuerpo robótico de Harley Sawyer. Detrás de él, miles de cables comenzaron a rodearla y exprimirla como si de unas víboras se trataran.
Sus gritos por ayuda la hicieron despertar de esa pesadilla. La pobre chica tomo bocanadas de aire al ver que no era real. Incluso, llego a pensar que todo lo vivido en la fábrica fue un sueño, pero, estaba en un error.
Miro a todos lados y se percató de varias cosas.
Una era que ya no estaban en Playtime, el cuarto era un hospital y podía ver como algunos mini Smiling Critters estaban con ella, tanto Kickin Chicken, Giblet y el mismo doctor estaban ahí.
— ¡Iré a decirles a los demás que el ángel despertó! — dijo Bobby mientras alzaba los brazos y corría en los pasillos…—
Kylie noto que tenía una bata médica y se sujetó la manga al sentir que no tenía un sostén puesto.
— ¿Qué pasó? —
— Parca… no lo vas a creer, pero, ya no estamos en la fabrica… Nos han rescatado… —
La joven se levanto del lugar y miro a la ventana, necesitaba ver para creerlo, a menos que estuviese soñando. Al abrirla, percibió los fuertes rayos del sol alumbrarla y causarle un dolor en su cabeza. Al recuperarse, miro asombrada que, en efecto, estaban en una edificación enorme de color blanca. Le daba la pinta de ser un hospital; su corazón latió al ver como algunos juguetes estaban en el patio, algunos estaban corriendo, persiguiendo mariposas, otros comían y los demás, estaban sentados siendo revisados por el personal médico.
Parecía un paraíso.
— Has estado inconsciente por cuatro días… — interrumpió el doctor mientras señalaba con el dedo la cantidad en cuestión. — No despertabas, pensamos por un momento que estabas en coma o que el suero que te inyecto esa soldado idiota te hubiese dejado así… —
— Y debiste ver al doctor… — dijo Giblet. — Él no permitió que ningun medico te tocase… él se aseguro de mantenerte estable en todo momento… hasta se sentaba a tu lado y te pedia que despertaras una y otra vez… — dijo el juguete mientras le daba un guiño a la joven.
Ella miro a su lado y no pudo evitar el sentir curiosidad, preguntándose si esos cuidados se debían a que se preocupara o si era todo por su a fan de no perderla como experimento.
Jamás seria lo primero.
— Has logrado tanto mi germen, lo menos que necesitamos es que tu historia acabe contigo en coma… Además, hay algo que debes de saber… —
Fue ahí que recordó algo muy importante.
— ¡Mi papá! ¡¿Dónde está? —
El doctor se alejo un poco y movió una cortina que tenía tapando otra cama médica, en ella se encontraba Preston, profundamente dormido y recibiendo suero y nutrientes para mantenerlo estable.
— Todos están a salvo… incluso aquellos que venciste… es por eso… que debemos hablar… hay algo importante que debes saber… tienes que seguirme… vístete… — dijo Sawyer mientras le colocaba un cambio de ropa en la cama. —Cuando termines de vestirte quiero que me sigas… —
Todos los juguetes se fueron, no sin antes darle un abrazo o incluso un dulce o chocolate para que ella consumiera. Agradeciendo a todos los cielos por tener a su protectora de nuevo en el mundo de los vivos.
Al quedarse sola, comenzó a quitarse la bata azul, pero volvió a sentarse, aun desnuda, en la cama, cubriéndose su intimidad y pecho con la bata médica.
Tomo unas cuantas respiraciones y miro la ropa. Aun así, miro sus manos y noto que éstas temblaban más de lo normal. Como si le avisaran de algo inevitable e infernal que estaba por llegar.
Fuera lo que fuera, no resolvería nada estando encerrada en la habitación.
Después de todo ¿Qué más podía empeorar?
