Chapter Text
Mis ojos ardían como nunca, podría jurar que los estaban hirviendo.
-Isabella .
Una voz a mi par, distante y espesa, retumbó desde mi cabeza. Me incorpore con tanta lentitud que pude sentir la rigidez deslizándose por todas mis extremidades.
La ventana cerca de la cama donde estuve tendida, se mantenía abierta dejando entrar la luz del exterior. Sentía la boca seca, el corazón caliente, la sensación del sudor recorriendo mi nuca. Todo era demasiado, y a la vez tan poco para saber que estaban sucediendo.
Intente hallarle forma a las manchas coloridas que se mantenían pulcras en su borrosidad...
-¡Isabella!-grito, quién por su voz pude reconocer que era mi cita-. ¡Carajo, creí que estabas muerta! ¡¿Por qué no respondes?!
Sus manos sudorosas se posaron con violencia en mis hombros, sacudiendo con tanta fuerza que escuché el crujir de mi espalda.
-¡Basta!-alcance a gritar mientras me alejaba-. ¡¿Pero, que carajos?!.
Una silueta, apenas contorneada por su gran tamaño, se mantuvo firme sobre la cama, sosteniendo mi cuerpo, apretándolo con insistencia
-¡¿No sabes el problema en que me metiste?!-continuo.
La pequeña cama se sacudió cuando aparte sus manos. Se mantuvieron elevadas enfrente mío a la vez que escuchaba su respiración agitada:
-¡Tuve que cargarte hasta aquí!-grito con indignación -. Todos me miraban como si fuera un jodido violento. ¡Tuve suerte de que mi madre no estuviera en casa! ¡Si un policía lo hubiera visto, estoy seguro que llamaban a mi madre! ¡La matarían de un paro cardíaco!.
Mi cabeza dio un giro en su interior, intentando aferrarme a las sábanas delgadas que recorrían mis dedos. Estaba sudando.
-¡Tal vez fue porque fuiste un maldito violento descerebrado!-mi voz salió rota, en pánico al entender lo que sucedía: un extraño me golpe y me arrastró a su casa.
Hubo un silencio incómodo que se extendió. Mi respiración se elevaba y hundía con insistencia. Mis manos temblaban: tenía miedo.
-tus lentes-su voz sonó tímida y extrañamente arrogante -. Se rompieron cuando, ya sabes, "eso".
Palpe con mis dedos hasta sentir el marco de los lentes que me extendía. Los deslice hacia mi, intentando enfocar mi visión.
La silueta conocida de Joshua apareció ante mi en un segundo. Desvié la mirada con indignación hacia algún rincón. Los lentes estaban rotos. Hice una mueca.
Las manchas de colores nacieron como la colección más hermosa y completa, también virginal, de star treck. Pude sentir que mi vista se arreglaba ante el brillo, inexistente, de estar en presencia de la "gloria".
Mis nudillos dejaron de apretar las sábanas, malolientes a sudor, y se deslizaron hasta señalar la colección.
-Oye-susurre-¿Que contiene?
La cara de Josh paso de enojo a sorpresa, y después a un matiz inconfundible de arrogancia.
-Lo sabía-sus labios se fruncieron-. Mi colección es incomparable.
Llevo sus manos a su pecho, apretando a la altura de su corazón:
-Te la mostraré.
-
Pase mi mano por la superficie brillosa de la pequeña figura de Han solo. Claro que habíamos empezado, hace unas horas, con la extraordinaria colección de viaje a las estrellas.
Pero, eventualmente moví mi posición hacia las demás colecciones. Joshua amaba hablar de cada detalle de todas las figuras que acogía bajo su fanatismo. Me habló de regateos, de duelos de trivia por el premio, de robo, de la forma en la que es mejor estafar a los más pequeños, si la oportunidad se ofrece.
Y claro que lo tome en cuenta, mi colección era amplia pero no tan exquisita. Todo lo que conseguí fue rozaba lo moral, trueques, compras en internet, regalos de mi madre e incluso algunas heredadas de mi primo geek que ahora parece que quiere dejar de serlo.
Me sentí estúpida por no haber pensando en algo tan efectivo, me mataba la envidia ante el roce del éxito de los demás: era un maldito gordo suertudo.
Suspiré, considerando si debía de robar la mejor figura, para empezar a llevar la práctica de lo aprendido.
-¡Claro que siempre es mejor llegar temprano, tomar las mejores figuras y esconderlas hasta que se agoten!-josh prácticamente gritó extasiado.
Deje la figura en su lugar, observando los ejemplares más detallados que se mantenían elevados a los demás, ahí donde no podía tocarlos.
-¡El estado de la figura es lo esencial!-murmuro Josh, más para el mismo que para mí-. Pero siempre puedes quejarte de daños inexistentes para bajar un poco más el valor.
El éxtasis de sus palabras salieron livianas ante el bochorno de su emoción.
Miro sobre su hombro para observarme un segundo.
-Pero, claro, no creo que lo entiendas-sus manos regordetas siguieron su rumbo sobre el empaque aún señado de su extraña figura-. ¡Ja! Estoy seguro que las únicas figuras que conoces son las Barbies con la que jugabas de cría.
Acomode mis lentes un segundo, antes de supirar. Mis manos pasaron por mis costados tallando el sudor de las palmas en mi ropa.
-¡Te denunciaré por agresión física!-grite, tan alto como mi garganta, acostumbrada al silencio, pudo ofrecer-. ¡y también por privarme de la libertad, llevándome a un lugar que no conozco!
La acusación fue un escupítazo descarado. No niego mi molestia en la hinchazón de mi ojo y la ruptura de mis lentes, pero tal vez Joshua debía de agregar el chantaje en su lista de "obtención de figuras con Joshua".
Su cara fue una muestra de incredulidad al desnudo que mezclaba con una mueca de asco mal oculto en sus labios: el arrogante no se reconocía como culpable.
-¡También sé que me tocaste mientras estaba dormida!
Un golpe bajo e injusto, mentir. ¿Podrían culpar a un gato por enseñar las garras? ninguno ha ganado usando las zarpas.
La expresión de Josh paso por varios matices de emociones deslavadas por la propia incredulidad. Su boca se abrió una vez, y después otra, y la tercera vez, inmediato del silencio incómodo, pude sentir escalofríos.
-¡Eres una mentirosa!-grito con la garganta apretada y dándo un vacilante paso hacia atrás-¡No te toque!.
Su voz se escuchó ahogada, buscando con la mirada hacia todas las salidas, bajando el volumen en las últimas sílabas.
Continuo con un retroceso lento, hasta traquetear con la mesa repleta de figuras y escalas miniaturas de las sagas más famosas .
-¡Eres una puta!-acuso en un grito medio ahogado-¡Estabas despierta y aún así no me detuviste!
Mi mente se colocó en blanco como si hubiera sido deslumbrada por un oculto Flash que apareció sin aviso.
Mi cuerpo se estremeció y naturalmente intento encogerse. Pude sentir como el pequeño cuarto se sentía aún más apretado. Mis manos no respondían¿Siquiera eran mías en ese momento?
-Lo sabía, enserio que las mujeres son putas en todos...
La figura de Anakin se estrello contra su astillada cara de granos, pude mirar el retroceso de su nariz cuando sus lentes se aplastaron ante el impacto.
Debió de ser la corta distancia y lo pesado de la figura, porque el golpe lo hizo perder el equilibrio y chocar de espaldas contra la mesa, y su vez, con toda la delicada colección.
El estruendo fue enorme, al punto de sentir la habitación temblar cuando Josh llegó al piso. Hubo un silencio incómodo después del aturdimiento.
Mis manos temblaban, aún sostenía una segunda figura entre mis palmas.
-¡¿Que te pasa?!-grito horrorizado al sentir las figuras hechas trizas bajo su enorme talla-. ¡Eres una maldita perra!
La segunda figura no dio en el blanco, se estrello y quebró contra el marco de la puerta antes de que Josh pudiera siquiera pararse.
-¡¿Me tocaste?!-la voz quebró a mitad de la acusación.
-¡Claro que no!
Su cara paso a un rojo intenso. Que aumento cuando divisó la cabeza de Anakin separada del torso.
-¡Maldita, no sabes cuánto cuesta todo esto!
-¡Me tocaste!
La rabia acabo por quemarme la voz y la razón. Tome una caja cuidadosamente colocada en la colección a mi par, la abrí entre jalones y tome la figura de la delicada princesa Leia en mis manos.
La distancia no era larga, di unos cuántos pasos hasta llegar ante él.
-¡¿Que carajo te pasa?!...
Di un golpe usando todo mi peso, aplastando la entre pierna del volcado obeso.
-¡¿Que te pasa a ti?!.
Use toda mi fuerza para golpearlo. Moliendo su rostro entre los cristales de los rotos lentes. El cabello de la figura se llenó rápidamente de sangre con uno de los perdidos cristales que acabo enterrado en su ceja.
-¡No lo hice!
Pude sentir sus manos tirando de mi cabello para apartarme. Usando sus piernas para hacerme a un lado.
-¡Lo hiciste, sé que lo hiciste!
Sus manos dejaron mi cabello para inmovilizar mis manos lejos de su rostro. La muñeca llena de sangre junto a su rostro, hacían juego entre la tibieza
-¡Eres una perra loca!
Use todo mi peso para aplarle el estómago, intentando hacerle perder el aire, rodando entre las figuras hechas trizas, enterrandose dolorosamente en mis piernas.
-¡Solo vi debajo de tu ropa, nada más!-grito antes de empujarme.
Rodeé dolorosamente hasta los pies de la cama, tomando con fuerza la figura contra mi pecho. Joshua, por su parte, tomo una de las prendas regadas por el piso, usándola contra su herida.
-¡Te voy a matar!
Grite, parandome lo más cerca posible de la salida: mi cuerpo dolía, no le costará mucho hasta que pudiera volver a golpearme.
Mi única ventaja es, que al contrario de mis rentes medio rotos, los suyos estaban hechos trizas. Todo dependía de su grado de miopía.
El cabello de la muñeca goteo contra el piso. Dolía, mis manos, mi cuerpo, mis piernas temblaban.
-Si me matas, jamás sabrás el final de El Caballero Gris de Corellia.
El silencio cayó como un trueno en primavera¿Habría algo más fuera del lugar? El recordatorio de que fuera él, el chico con el que hable durante meses y mi escritor favorito, dolió.
Sentí todo aquello que sientes cuando la decepción golpea. Así como debió de sentir mi padre.
Solloze, mordido mi labio y secando mis lágrimas. Joshua era un maldito.
Mire hacia la sima, mirando las figuras en la lejanía. Aquellas que importan y valen. Inhale.
-Si no quieres que te denuncie por abuso sexual-empecé-. Dame eso.
El rostro de Joshua tuvo una expresión de odio, aquella que te hace arrugar la nariz.
-Si, si. Lo que sea.
No sonó nada convencido, pero pude suponer, por su expresión, que dolía. Aún mantenía la camiseta firme.
Tome rápidamente una de las cajas repletas de comics y subí para tomar varias figuras del estante.
Baje de un salto, bastante apurada, mientras tomaba mi suéter de la cama. Joshua apenas se tambaleó cuando salí por la puerta de su habitación a su par.
-
Una figura de Spock Y una de Judge Dredd: admiré mis nuevas adquisiciones. Manteniendo la manzana fría sobre mi ojo, usando los lentes cerca de los objetos.
La calidad, la sensación, el detalle, incluso los personajes. Todo era tan perfecto que me sentí mal por no haber tomado nada más.
Solo pude sostener tres figuras antes de decidir que no había más de ellas que valieran lo suficiente para quedarme un momento más en el cuarto de un violento abusador.
En mi ataría no le di cuenta que tome algo tan pésimo, suspiré, mirando de reojo aquella figura. Por mis conocimientos sabía de quien se trataba, era valioso, pero lamentablemente le faltaba algo:
Un boba fett sin cabeza.
