Chapter Text
Ahí estaba, otra vez. No sabía exactamente cuándo fue la última vez que lo vio, pero había sentido su ausencia, ya no era tan recurrente como antes. Se dirigía a la cocina de una pequeña pero acogedora cabaña; a los pies del Monte Lanakila, en busca de su café matutino que ya se hallaba sobre la mesada, bien caliente y con dos cucharadas de azúcar tal y como le gustaba. Al tomar la taza, pensó que sería adecuado apagar la chimenea que ardía en la sala, debido a que el ambiente era demasiado caluroso para tomar su bebida allí, por lo que optó por dirigirse hacia afuera, buscando disfrutar el calor que le transmitía la cerámica, regocijándose cuando la misma dejaba tibios sus labios luego de darle un largo sorbo. Pensar en sus labios tibios le hizo sonreír, y sintiendo su cuerpo vibrar, inconscientemente se encontró en camino hacia la puerta, dispuesto a hallar aquello que había estado añorando. Desde el umbral, podía sentir el calor que emanaba la chimenea dentro, contrastando con la fresca brisa del exterior, que sacudía el vapor del café y los cabellos medianamente largos que se deslizaban revoltosamente por su frente, los cuales ya se había acostumbrado a atajar detrás de su oreja ante la falta de su banda, pero el viento que arrancaba las hojas ocres de los árboles a su alrededor no daba tregua.
A su derecha, encontró un rastillo junto a los restos de lo que parecía haber sido un montículo de hojas secas, desarmado por la misma corriente que lo despeinaba, las cuales brillaban bajo la luz del sol. Confirmó entonces que, como imaginaba, se había levantado temprano y escabullido silenciosamente hacia afuera para dejarlo dormir un rato más, no sin antes prepararle el desayuno. Entonces, negó con la cabeza mientras una sonrisa landina escapaba de la comisura izquierda de su labio, alzando su vista hacia el horizonte buscando al dueño de sus pensamientos hacia tanto tiempo.
Se encontró con un cielo celeste, cargado de nubes blanquecinas que se desplazaban a toda velocidad, debajo del cual se encontraba un extenso bosque repleto de árboles de tonalidades rojizas junto a un arroyo poco caudaloso, cuyo sonido resultaba armonioso mientras se apreciaba el paisaje. Y mientras lo hacía, lo vio a lo lejos. Vio su figura pálida y esbelta, vio sus movimientos mientras recogía los últimos tomates que su pequeña huerta había producido, vio como su cabello oscuro como la noche y su abrigo largo danzaban gracias a la brisa que los golpeaba. Sabía que se daría vuelta y lo miraría con una cálida sonrisa; aunque ésta solo este formada por una ligera curvatura en sus labios, y una tierna mirada con esos ojos oscuros que solo podría dirigírsela a él.
Pero no logró ver su rostro, y en cambio, todo comenzó a tornarse oscuro mientras su corazón palpitaba fuerte en su pecho como si quisiera escapar, mientras de fondo sonaba un ruido confuso que no lograba distinguir. Se despertó extrañado y molesto, respirando de forma irregular, con su corazón aun latiendo fuertemente ¿Quién podría estar en su puerta a las 2 de la madrugada de un martes? Había dos opciones; algo grave había sucedido en la aldea o algún ladrón muy inexperto estaba intentando entrar, y ninguna de las dos le ponían de buen humor.
Cuando salió de la habitación oyó la voz de Shikamaru llamándolo por su nombre con la voz cargada de preocupación, lo que lo despabiló por completo. Esperando lo peor, se apresuró a abrir la puerta sin siquiera ponerse una remera, ya que su amigo no hubiese salido de la casa que compartía con Temari durante la madrugada si la situación no fuera crítica. Encontró a su mejor amigo cabizbajo, con el ceño fruncido, los ojos fuertemente cerrados y el cabello suelto; el cual siempre acostumbraba a llevar recogido.
—¿Shikamaru? ¿Qué sucede?
No contestó inmediatamente, solamente abrió los ojos, como si estuviese buscando las palabras correctas.
No era fácil dejar sin palabras al jonin más inteligente de la aldea, lo que hizo que se preocupe aún más todavía, pero al no escuchar ruido en la calle ni ver humo a lo lejos, pensó que tal vez era algo más.
—Solo quiero saber si tengo que terminar de ponerme la ropa, Shika.
Entonces lo miró, dándose cuenta que Naruto no llevaba remera y tenía sus shorts de pijama al revés, por lo que soltó una gran carcajada acompañada de algunas pequeñas lágrimas. Naruto pensó que tal vez había vuelto a fumar demasiado y Temari lo echó de su casa, por lo que tiró de su brazo y lo metió dentro de su hogar. Cuando cerró la puerta, cesó la risa de su amigo junto al sonido del antiguo pestillo, quedando unos pasos detrás de él en la total oscuridad.
—Adivino ¿Fumaste mucho otra vez? — Le preguntó mientras sonreía, aunque el no podía verlo, notando rápidamente que el morocho no desprendía el mismo olor que aquella vez.
—No, ya llevo dos meses sin hacerlo ¿Lo recuerdas?
—Entonces…— estiró la última letra dándole lugar a que se exprese. Todavía se sentía algo somnoliento y no tenía mucha paciencia.
—Fuimos a cenar a casa de los padres de Temari, y cuando regresamos fuimos directo a la cama, ya que ella decía que no se sentía muy bien. Me quedé dormido, pero me levanté porque la escuché en el baño, estaba vomitando. — Le dijo mientras se daba vuelta.
—¿Eso es todo? ¡Quizás le cayó mal la cena! — Preguntándole mientras iba a encender la luz.
—No Naruto— nuevamente pensando sus palabras. —Yo también lo creí y le pregunté. Me dijo que ya llevaba un par de semanas así.
—Debería ir a ver a Sakura, ella sabrá que lo que le sucede mejor que nadie.
—Amigo, está embarazada. — Sonrió ante la inocencia de su amigo.
—Wow, ¿QUÉ? No sé qué responder a eso. —Dijo Naruto, la noticia definitivamente lo terminó de despertar.
—Yo tampoco —Dijo el chico de las sombras, sin rastros de la preocupación que sentía hace unos momentos.
—¿Felicidades supongo? Ya estamos en la edad en que estas cosas pasan— Le dijo mientras sonreía ampliamente y se pasaba la mano por la nuca, a modo de gesto nervioso.
—Es un fastidio, pero estoy muy feliz, porque si hay alguien con quien quisiera tener una familia y pasar el resto de mis días es con Temari. —le dirigió una sonrisa que confirmaba sus palabras, mientras cerraba suavemente los ojos.
—¿Viniste a las dos de la madrugada de un martes a solo para decirme que vas a tener un hijo? —Sentía que se le aguaban los ojos mientras sonreía, jamás pensó sentirse tan importante para alguien.
—O una hija, aunque a decir verdad, prefiero un niño. Y si, vine hasta acá a esta hora porque eres mi mejor amigo y sabría que te emocionarías más que yo, y por eso quería que seas el primero en enterarte. Seguramente mañana temprano Gaara y Kankuro estarán en camino hacia aquí para que les demos la noticia en persona, ¿no es algo que simplemente cuentas en una carta, lo sabes?
Naruto le dio un fuerte abrazo, mientras alguna que otra lágrima se escapaba de sus ojos azules que brillaban con una intensidad que hace mucho no se mostraba, pensando en lo lejos que se todavía se encontraba de lo que su amigo estaba logrando ahora mismo. Se separó y dijo —¡Yo voy a ser su sensei! ¡Le enseñare que es importante una buena dieta, así que lo llevaré a Ichiraku lo más que pueda! ¡Le enseñaré todo lo que se, de verás!.
—Tendrás que pelear con Temari para tenerlo tanto tiempo fuera—le dijo Shikamaru mientras sonreía y se imaginaba a su mejor amigo con su futuro hijo, ya que sabía que él anhelaba mucho formar una familia y poder darles el amor que no recibió cuando era pequeño. Admiraba mucho que quisiera hacer las cosas de otra forma, pese a nunca haber conocido algo más que la soledad de una casa fría, donde llegas y no hay nadie esperándote con la comida hecha, o simplemente un hombro comprensivo donde llorar, y por ello, estaba orgulloso de la persona en la que su amigo se había convertido a pesar de sus vivencias, irradiando felicidad y cariño a todos los que se cruzan por su camino. Porque esa es la forma en que todos ven a Naruto, un faro en el medio de un oscuro mar; un rayo de sol que ilumina más allá de las nubes que forman una tormenta. Esperaba que algún día pudiese alcanzar y disfrutar eso que buscaba, pero no hablaría de ello hoy, no quería arruinar el bello momento que estaban compartiendo.
Shikamaru se separó y dijo —Bueno, creo que es momento de que vuelva a casa, estoy muerto de sueño—dijo ya dirigiéndose a la puerta de salida. —Tal vez almorcemos el fin de semana, así ya damos el anuncio oficial al resto del grupo, cuento contigo.
—Siempre. Que descanses, amigo. — Dijo con la puerta ya abierta.
Pero antes de irse, le dijo —¿Aún piensas en él?, ya sabes…, no busco iniciar una pelea, solo sí o no. Luego hablaremos de ello.
Confundido, borró su sonrisa, dejando sus labios como una línea sin expresión alguna, mientras miraba hacia el cielo oscuro y lleno de estrellas, contrastando a como lo había visto antes, con sus orbes azules brillando —Sí, todo el tiempo.
—Bueno, lo hablaremos mañana. Cuídate. —dijo y se marchó.
Naruto cerró la puerta y se deslizó hacia el suelo hasta quedar sentado con sus rodillas flexionadas, atrayéndolas con los brazos hacia su pecho. Sentía tantas cosas en ese momento, pero lo único que quería era retomar su sueño para intentar verlo, aunque sea un poco más. Se dirigió hacia la cama con una gran sonrisa, la noticia de su amigo realmente lo había hecho muy feliz, aunque la misma le hiciera pensar en cosas que realmente no estaba listo para afrontar a esas horas de la noche. Se quitó el pijama, quedando únicamente en ropa interior ya que el calor del verano no daba tregua, y decidió ir al baño a orinar y refrescarse un poco. Al entrar prendió la luz y se paró frente al espejo, viendo su corto cabello rubio que crecía lentamente, luego de que Iruka prácticamente lo haya obligado a cortarse diciéndole que le molestaría durante sus misiones, además de que le hacía parecerse a su abuelo adoptivo Jiraiya. Se inclino hacia el lavabo y abrió la canilla para remojar un poco sus manos y echarse agua en el rostro y la nuca, cerrando sus ojos e imaginando un pequeño niño de cabello morocho con una coleta igual a la de Shikamaru, con los profundos ojos verdes que caracterizaban a Temari, con una sonrisa traviesa. Cerró la canilla, apagó la luz y por fin se acostó, mirando el reloj que se encontraba en la mesita de luz a la derecha de su cama, el cual marcaba las 02:27. —Ojalá me duerma pronto.
Cerró sus ojos, imaginándose junto al atractivo hombre pálido de ojos profundos de color negro, con su largo cabello oscuro ondeando a la par de la leve brisa del verano, dejando ver el ojo izquierdo que siempre llevaba cubierto, y a su lado, un pequeño niño con el que el hijo de Shikamaru podría jugar, también de cabello oscuro pero corto, puntiagudo como lo tenía Naruto en su niñez, con sus bigotes que le harían recordar todo lo que alguna vez cargó, pero que también significarían que por fin pudo superarlo.
Se despertó de mala gana tratando de apagar el despertador, ya que eran las 7:00 y no sabría decir si realmente durmió o solo estuvo con los ojos cerrados todo el tiempo, recordando que hoy tenía que ir temprano por la oficina de Kakashi, su mentor y el actual Hokage, ya que le había dicho que tenía algo importante que proponerle, por lo que decidió dirigirse al baño a limpiarse la cara y los dientes, dándose cuenta al estar frente al espejo que tenia las ojeras muy marcadas, señal de que evidentemente no había descansado bien, pero aún así sonreía. Mientras se cambiaba el pijama, recordó aquellos pensamientos que tuvo durante la noche, que lo llenaron de la determinación que lo caracterizaba a pesar de lo perdido que se sentía, aunque estaba claro que aprovecharía la visita al Hokage para poner en marcha su plan. Optó por sus pantalones naranja de siempre, dejándose en la parte superior únicamente su chaleco negro de jonin y una camiseta de malla, que resaltaba sus músculos definidos pero era lo único que tenía para no sufrir tanto el calor que hacía en la aldea esos días. Ya cambiado, fue hacia su pequeña cocina a hacerse un café buscando tener energía para el día que le quedaba por delante, poniendo a calentar agua mientras ponía el polvo en su taza, vertiendo el líquido en la misma y dándole un largo sorbo.
—Pero la puta ¿siempre me voy a olvidar el azúcar? —haciendo un gesto al beber su desayuno amargo, riéndose de sí mismo.
Se lo terminó de otros dos sorbos, se ajustó su banda en la frente y salió de su hogar. Eligió caminar ese día y no ir saltando de tejado en tejado, ya que se sentía muy relajado, había tomado la decisión de pedirle a Kakashi irse de la aldea un par de meses y aclarar su mente. El siempre había sido un chico muy amable y sonriente para todos los que lo conocían, pero solo unos pocos sabían lo mucho que había sufrido al crecer sin padres que le dieran cariño, con toda la aldea rechazándolo por tener a Kurama en su interior y sus compañeros de clase burlándose de él solamente por repetir lo que los adultos decían. Pensó muchas veces irse de la aldea, creyendo que tal vez las respuestas estaban lejos de su alcance y por eso todavía no habría logrado sentirse lleno. No es que no valore a su mejor amigo Shikamaru y su novia Temari, los quería tanto y les debía mucho a ambos, pero sentía que aún le faltaba algo. Ni todos los amigos que tenía podían calmar ese sentimiento, y eso era porque Él también quería experimentar el sentimiento de amar y ser amado, no como lo amaban Iruka, Jiraiya o sus amigos, el quería estar enamorado como lo estaban sus dos mejores amigos o como lo estaban Kiba y Hinata. Toda su vida tuvo miedo a nunca poder recibir ese amor, ya que a decir verdad muchas chicas se le habían insinuado en repetidas ocasiones, incluida su amiga Hinata, pero siempre las rechazó.
FLASHBACK
Tenía 16 años cuando se encontraba en aquella fiesta anual que realizaba la familia Hyuga, donde su amiga le confesó frente a todos sus amigos los sentimientos que tenía por él desde que eran pequeños, a lo que Naruto fue sincero y simplemente dijo que no sentía lo mismo, a lo que Kiba lo regañó mientras las chicas iban tras Hinata, reprochándole el hecho de que no estuviese enamorado de una chica tan hermosa y buena como ella, preguntándole porque nunca salía con alguna de las tantas chicas que lo elogiaban todos los días. Naruto, quien nunca se queda callado, se retiró sonriendo levemente y sin decir ni una sola palabra, no podía creer que Kiba le reclamara no estar enamorado de esa chica ¿que acaso no importaba como se sentía él? ¿Estaba mal que ninguna chica le hiciera sentir algo? Al llegar a su casa lloró como no lo había hecho en mucho tiempo, se sintió tan solo e incomprendido que se durmió abrazado a la almohada, aún con la camisa puesta.
Esa noche soñó por primera vez con ese hombre misterioso. Naruto se encontraba en el bosque, caminando detrás de él bajo la brillante luz de la luna, que reflejaba la palidez de su piel como si no corriera sangre por sus venas, y hacía que su cabello oscuro se distinguiera del umbrío entorno. Su figura era delicada, como una escultura arduamente tallada, delimitada por sus vestimentas y el cinturón en el que portaba su espada.
—No tengas miedo— dijo con una voz grave pero suave, mientras soltaba una pequeña risa sin detener su paso.
—¿Tengo alguna razón para hacerlo? — respondió el rubio desconfiado, ya que estaba en un bosque oscuro con un hombre cuyo chakra no reconocía, siguiéndolo como si su vida dependiera de ello.
—Solo tu puedes responder a eso— soltó, saliendo de los árboles para llegar al borde de un arroyo y dándose media vuelta. Su cabello cubría su rostro, y a espaldas de la luz lunar, el rubio no podía distinguir sus facciones, pero sabía que sonreía.
—¿Quién eres? ¿Dónde estamos? ¿Por qué llevas una espada contigo? —preguntó confundido Naruto.
—Eso también solo puedes responderlo tú, pero a mi parecer estamos en un bosque junto a un arroyo— respondió con obviedad, sin quitarle la gracia a sus palabras. —Llevo a Kusanagi para protegerme.
—No entiendo nada de lo que decís, pero a decir verdad me pones algo nervioso, morocho. Mi nombre es Naruto Uzumaki de la aldea de la hoja, el próximo Hokage—dijo inflando su pecho. Después de todo, se sentía completamente orgulloso de mostrar quien era y lo que creía delante de ese extraño.
—Es un gusto, Naruto—dijo acercándose lentamente, hasta envolver la cintura del rubio con sus delgados pero fuertes brazos, dejándolo perplejo.
No sabía porque, pero correspondió el abrazo como si fuera algo cotidiano, pasando sus brazos por encima de sus hombros y rodeando su cuello, oliendo ligeramente su cabello que desprendía olor a jazmines. Cerró los ojos disfrutando de ese contacto, el cual fue lentamente desvaneciéndose hasta que los volvió a abrir, encegueciéndose con la claridad que ingresaba por la ventana que se encontraba a la izquierda de su antigua cama, en la casa que compartía con Iruka.
FIN DEL FLASHBACK
Entrando al edificio donde se hallaba la oficina del Hokage, se encontró con Iruka; a quien podría llamar su padre adoptivo, saliendo con una sonrisa de oreja a oreja. Lo miró extrañado:
—¡Irukaaa! ¿Qué haces aquí? —preguntó con los ojos entrecerrados, mirándolo con recelo.
—¡Hola Naruto! Vine a visitar a mi amigo Kakashi— dijo aun sonriendo, ahora nerviosamente.
—¿A las 8:00? Pensé que tal vez Kakashi sensei todavía no se había despertado.
—¿Y esas marcas bajo tus ojos? ¿Otra vez te está quitando el sueño?
—Nada de eso, el calor no me dejó dormir muy bien. Me voy, sino el Hokage me va a dar un sermón otra vez.
—Claro, ven a visitarme estos días. Espero que de verdad estes bien—dijo tomándole del hombro, para luego marcharse.
Iruka agradeció que el rubio todavía seguía medio dormido y no indagó más en por qué se hallaba allí tan temprano.
Naruto golpeó la gran puerta de madera, al escuchar un “pase” entró, para posteriormente cerrarla tras de sí y camino hasta quedar parado frente al escritorio de su sensei, que se encontraba de espaldas observando el gran ventanal abierto que tenía detrás. Agradeció que allí esté más fresco que afuera, ya que se encontraba algo transpirado y el viento que entraba por los grandes vidrios le aliviaba la sensación de calor.
—Hola Naruto ¿Cómo te encuentras hoy? — cortando el silencio de la habitación.
—Buen día, Lord Sexto—dijo haciendo una reverencia exagerada mientras se reía por lo bajo.
—Levántate. Ya te dije que no me llamaras así, prefiero “Sensei” —dijo aún sin darse vuelta. —tengo una propuesta importante para ti. De hecho, una propuesta y una invitación.
Ansioso, se irguió —Yo vine también con algo importante, pero adelante, tú primero.
El Hokage se dio vuelta, acomodándose en su silla hasta quedar de frente al chico rubio. —Mira, no se que tan fácil será que aceptes esto, pero creo que sumará muchos puntos para que la gente acepte que te convertirás en el próximo Hokage. Quería asignarte una misión de rango S—Naruto ya estaba sonriendo, aceptando cualquier reto que le haga estar más cerca de alcanzar su meta—pero contrario a lo que piensas, no es cualquier misión Naruto. Como un jounin de nivel extraordinario, con altas capacidades y mi mejor estudiante…
—¡¿SU MEJOR ESTUDIANTE?! —dijo abriendo sus ojos de par en par, dejando ver sus penetrantes pero cálidos ojos zafiro.
—No le digas a Sakura. Como decía, debido a que eres tú, te propongo participar en esta misión de rango S, junto a Shikamaru y otro jonin que ustedes crean sea útil para la misión secreta que deben llevar a cabo, en la que deberán infiltrarse en una aldea de la que tenemos poca información, donde se cree se están llevando a cabo experimentos con personas según lo que nos comentaron en la última reunión de los Cinco Kages.
—¿Con personas? ¿Qué clase de experimentos? —fruncia el ceño con fuerza.
—No sabemos con exactitud, pero el motivo principal por el cual esta misión es secreta y muy importante es que la persona que creemos que está detrás de todo este asunto es Orochimaru ¿Lo conoces, verdad?
—¿El legendario Sannin Orochimaru? ¿El asesino del tercer Hokage? ¿El compañero del Sabio Pervertido y la abuela Tsunade?
—Exacto, y es ahí a donde quería llegar. Se que ellos son lo más parecido que tienes a abuelos, pero no puedes contarles sobre que trata la misión. Se que será difícil estar lejos de ellos y de Iruka tanto tiempo, pero lo lograrás, yo creo en ti y te aseguro que ellos también lo hacen—dijo con una expresión de cariño, realmente le tenía mucho aprecio a su estudiante, ya que después de todo era como un hijo para él.
—Exactamente, ¿Cuánto tiempo tendremos que infiltrarnos?
—Al menos 3 meses, para pasar desapercibidos, poder aprender como se manejan en la aldea, que clase de gente ronda por la misma, si los aldeanos saben algo, etcétera, ya has acudido a misiones de espionaje, sabes cómo es la movida. Si decides aceptar, eres el encargado de reclutar a tu equipo, si es que quieres uno.
—¿Entonces hay posibilidad de que vaya solo? — no podía creer que su plan estaba dándose sin tener que pedirlo.
—Sabes que es más seguro ir en grupo o al menos con algún otro jonin, ya que es una misión bastante peligrosa. Iruka no me perdonaría si algo te pasara. —suspiró frustrado. —Además, conociéndote pensé que querrías ir acompañado.
—A decir verdad, venía a pedirte una misión que me permita estar meses fuera para poder… ya sabes, ¿solucionar algunas cosas? —dijo sin querer entrar en detalle, Kakashi lo entendería de todos modos.
—Ya veo, así que hablas de eso—¿eso? ¿Qué sabía su sensei? Pensó Naruto—Como sea, en cuanto a la invitación, ya tienes la cena planeada esta noche.
—¿Ichiraku? — dijo ilusionado mientras dejaba atrás su duda repentina, ya llevaba una semana sin ir a su restaurante favorito de ramen.
—No, en mi casa. Te encargo el postre— rodeó el escritorio acercándose al rubio, para comenzar a empujarlo suavemente por la espalda para que salga de la oficina.
—¿Ocasión especial? —no entendía los nervios de su sensei. Espera, ¿Qué hacía Iruka aquí tan temprano? —Un segundo…
Pero ya era tarde, Kakashi lo sacó de la oficina y cerró la puerta con llave, quedado Naruto del otro lado, sin entender del todo la actitud de su mentor.
Decidió marcharse hacia la casa de Shikamaru, ya que debía ir a contarle sobre la misión, pero sin mencionar que el Hokage también lo había designado a él. Después de todo, Temari estaba embarazada y no sabía cuánto tiempo podrían estar fuera en la misión, además de que tanto ella como su amigo no estarían de acuerdo en dejarlo ir solo.
Fue paseando por Konoha, recordando todas sus experiencias durante los años que vivió allí. Amaba su aldea, pero no podía evitar rememorar con la indiferencia y terror con el que lo miraron por tantos años, hasta que pudo comenzar a construirse una reputación honorable que nadie podía reprochar: un genin destacado por su valentía, un chunin lleno de voluntad inquebrantable, un jounin con inmejorables destrezas físicas e intelectuales, y como si todo eso fuese poco, tenía en su interior al Zorro de nueve colas, Kurama, que le brindaba aún más fuerza de la que ya tenía, pero quien le hizo perder a sus padres y ser desplazado por su aldea, cuando apenas; literalmente, había nacido.
Absorto en sus pensamientos a pocas calles de llegar a su destino, se encontró con Gaara, el Kazekage de la aldea de la arena y hermano de Temari, su “cuñado” como lo llamaba a menudo, ya que consideraba a Naruto y Shikamaru como hermanos.
—¡Gaara! ¿Cómo estás? Ha pasado un tiempo desde que nos vimos por última vez— dijo levantando su mano para estrecharla, mientras sonreía alegremente.
El muchacho de la arena tomó su mano —Allí estás, futuro Hokage. No vine por razones diplomáticas, vine junto a Kankuro a visitar a Temari— Y Naruto borró su sonrisa, dejando ver una expresión nerviosa que el colorado dejó pasar desapercibida. —¿Tú también almuerzas con nosotros?
Borrando todo rastro de nerviosismo, contestó —No lo creo, solamente iba para contarles sobre la nueva misión que me asignaron, porque seguramente mañana ya deje la aldea.
—Entonces definitivamente almuerzas con nosotros, vamos. —dijo mientras su hermano mayor salía de la tienda. —Naruto, amigo ¿Cómo has estado? —Kankuro se unió a ellos, encaminándose a casa de su hermana.
—He estado bien, tranquilo—recordando sus pensamientos de esta mañana y el motivo del almuerzo en casa de su amigo—¿Y tú?
—Últimamente estuvo algo pesado sin Temari por allá, pero nada que no podamos manejar. Aunque sea la mano derecha del Kazekage, sigo siendo el sensei de un equipo de genin. —dijo mientras corroboraba haber comprado todo lo que le había pedido la rubia.
—Ya lo creo, ella también tiene su equipo de genin que la mantiene ocupada.
—Aunque me extraña un poco que nos haya invitado a almorzar un martes, con el calor que hace. —dijo Kankuro mientras miraba hacia el celeste cielo.
La duda quedó ahí, porque el muchacho de ojos azules no se atrevió a contestar temiendo meter la pata, por lo que continuaron caminando mientras hablaban de cosas varias, hasta que llegaron donde se haría el almuerzo. Naruto no quería quedar como entrometido, así que se colocó detrás de Gaara y Kankuro, cosa de hablar con Shikamaru en la puerta y ver si la situación se daba. Como había planeado, su amigo abrió la puerta saludando a los hermanos de su novia, sorprendiéndose cuando vio allí al rubio.
—¿Naruto? ¿Qué haces aquí? ¿Vienes de la oficina del Hokage? —Naruto a veces pensaba que Shika le leía la mente. —¿Te quedas a comer, no? — y se movió hacia un costado, dejando espacio para que el rubio entre a su hogar. Pero antes de que terminara de entrar le dio un fuerte abrazo, porque el rubio era como su hermano menor, y estaba feliz de que pudieran contar el uno con el otro, algo que el niño zorro no había tenido antes.
—Voy a comprar algo de beber, Temari me matará si caigo con las manos vacías.
—No te preocupes, pasa, hay de todo aquí.
Shikamaru cerró la puerta y le dijo —acordate que hoy le damos la noticia, así que necesito tu mejor actuación de sorpresa.
—Por supuesto—dijo riendo. Temari llegó a su lado y él la saludo con un cálido abrazo, después de todo ella también había estado ahí para el rubio desde que Shikamaru la presentó como su novia. —Felicidades Tems, estoy muy feliz por ustedes—le dijo en voz baja, para que solo ellos escucharan, a lo que su amiga intensificó su abrazo diciéndole — ya sé que voy a tener que pedirle que por favor coma algo más que no sea ramen contigo.
Naruto sonrió y deshizo el abrazo, y ahora los tres se dirigían al patio trasero, que contaba con una parte techada, donde se encontraba una mesa bastante arreglada ya que la rubia quería que el ambiente estuviera acorde a la noticia, como el hombre zorro había imaginado. Se sentó en la punta de la mesa, con el colorado a su izquierda y su mejor amigo a la derecha, el cual había ido a abrir la puerta a Chouji seguramente.
Con la llegada de Chouji, el almuerzo fue servido, y mientras comían:
—Y Naruto ¿Nos cuentas de la misión que me mencionaste? —dijo Gaara, girándose levemente hacia él, esperando su respuesta.
Dejo de comer de repente, no esperaba que la conversación en la mesa se tornara sobre él. —Emm… ahh… si, lo había olvidado. Kakashi sensei me había citado en su oficina esta mañana para asignarme una misión de rango S, por la cual estaré fuera unos meses.
—¿Qué? —preguntó Shikamaru—Olvide decirte que también me había citado, pero esta mañana le envié una carta de que no podría asistir, realmente estaba muy cansado.
—Vaya, eso si que no es propio de ti—dijo el maestro de los títeres.
¿Qué le diría a su amigo? —No te preocupes, no creo que haya sido para esto, dijo que iría con dos AMBU como compañeros—soltó aire, como si le pesara mentirle a su amigo, pero era para mejor.
—¿Y cuánto tiempo te iras? —dijo el pelirrojo, pero solo para que Naruto lo escuchara, ya que el resto siguió conversando sobre las últimas misiones que tuvieron.
—No lo sé, Kakashi dijo que mínimo tres meses, ya sabes cómo son las cosas—dijo en el mismo tono bajo.
—Oh, entiendo. —volvió la vista a su plato— Tal vez podamos hacer algo juntos antes de que te vayas—y continuó comiendo. Naruto se sentía raro cuando el colorado le hacia invitaciones espontáneas a hacer actividades. Le caía bien, pero no es como que Rock Lee o algún otro de sus amigos lo invitaba a juntarse para hacer algo así, aunque de hecho si lo hacían. Entonces no era tan raro, ¿No?
—Como te había dicho, creo que mañana dejo la aldea, pero de no ser así, tenlo por seguro—dijo el rubio y terminó su almuerzo.
—Antes del postre, quiero hacer un brindis—dijo Temari mientras agarraba un vaso de agua. —Por los lazos que nos unen…—Todos alzaron sus pequeñas copas de sake— y nos unirán. —terminó mientras Shikamaru la tomaba por los hombros y le daba un beso en la sien. Y luego de tomar el agua soltó —Porque pronto habrá uno nuevo. — y sonrió ampliamente.
Naruto tenía los ojos acuosos al igual que Chouji, y veían como Gaara y su hermano rodeaban la mesa para abrazar a la rubia, recibiéndolos cálidamente. Ante esto, los restantes se levantaron de sus asientos para abrazar a su amigo y posteriormente a su novia. Estuvieron un rato más mientras comían el postre y Naruto decidió que ya era hora de irse, quería dormir un rato antes de ir a cenar con el peliplateado, tenía el presentimiento de que iba a ser una noche interesante, luego de ver salir a su padre Iruka tan temprano de la oficina, así como los nervios de su sensei al invitarlo a cenar ese día. Anunció su retiro despidiéndose de todos, pensando que ya no los volvería a ver dentro de un tiempo, dándole un abrazo fuerte a Temari y prometiéndole volver entero antes de que su sobrino nazca.
En el umbral de la puerta de entrada Shikamaru lo frenó en seco:
—¿Cazadores especiales AMBU? ¿Fue lo mejor que se te ocurrió? —definitivamente, el clan Nara podía manejar las sombras y leer mentes. —¿Con quién vas a ir? No me hagas pensar que…
—Una vez más, me impresionas hermano. Kakashi quería que fuéramos en equipo, pero dada la noticia, le pedí ir solo. Solamente me advirtió que podría ser peligroso, pero también cree que es una buena idea para infiltrarme más fácilmente. —dijo creyendo que dejó satisfecho a su amigo.
—Que irresponsable, pero no me sorprende viniendo de él, ¿Por qué no llevas un equipo? —dijo cruzándose de brazos.
—A decir verdad, hoy también fui a su oficina para pedirle una misión que me mantuviera fuera algunos meses. Lo prometo, me vendrá bien un cambio de aire, además de que el sensei dijo que me sumaría puntos con los aldeanos para cuando me convierta en Hokage.
—Claro que dijo eso, que fastidio. —dijo dando vuelta los ojos—Entonces ¿vas a ir a enfrentar cara a cara a criminales mientras buscas a tu amado misterioso en el proceso?
—Y volveré antes de que nazca mi amado sobrino ¡de veras! —dijo sonriendo de oreja a oreja.
—¿No vas a contarme sobre el chico de tus sueños antes de irte por meses? —dijo con una sonrisa pícara.
—SHHHHHHH cállate, alguien podría oírte. —dijo el rubio, corroborando que no había nadie más que ellos allí.
—Te aseguro que, como ya te lo había dicho, es más común de lo que crees ¿O te olvidas que Sakura e Ino viven juntas hace ya 3 años?
—Viven juntas Shikamaru, no están enamoradas. —dijo sin convencimiento alguno de sus palabras.
—Naruto, eres mucho más inteligente que esto. ¿Por qué no solo…? —soltó algo brusco, molesto porque su amigo no se aceptaba a sí mismo.
—¿Y si nunca puedo Shika? Aceptarme, amar, ser amado, tener una familia…—dijo angustiado.
—Solo tú puedes responder a eso—dijo Shikamaru, acercándose para abrazarlo y de repente, otra voz conocida vino a su mente, diciendo la misma frase. Sonrió.
—Claro que si, por eso necesito hacer esto. Y sabes que estaré bien, solo te preocupas porque extrañarás escaparte de tu casa cuando Temari se enoje demás por tener que estar lavando los platos con una panza gigante. —dijo correspondiéndole el abrazo.
—No olvidaré que no estuviste aquí para darles la noticia a todos nuestros amigos—dijo mientras se separaba, pero sonriéndole ligeramente. —Más vale que escribas, idiota. Si no, me vas a conocer a la vuelta.
—Por supuesto que lo haré hermano, nos vemos a la vuelta. Saluda a las chicas y a Sai por mí—dijo abriendo la puerta y saliendo por ella rumbo a su hogar.
Caminaba bajo el ardiente sol de la siesta mientras recordaba aquella misma situación que le vino a la mente esta mañana.
FLASHBACK
Se despertó con la luz que entraba sin piedad por la ventana de la habitación, sintiendo el tacto de ese abrazo como si hubiese sido real, sentándose rápidamente en la cama con el corazón todavía acelerado. Miró el reloj que colgaba frente a su cama, que marcaban las 11:30, resultándole raro que Iruka no lo despertó para desayunar. —Seguro sigue durmiendo—Pensó.
Luego de ir al baño, fue a buscar algo de comer en la heladera, y mientras miraba sus posibles opciones, se sobresaltó al escuchar que alguien tocaba la puerta.
—¿Shikamaru? —dijo al abrir la puerta.
—Naruto ¿cómo estás? Anoche noté que te fuiste temprano después de lo que pasó con la chica Hyuga, que por cierto, fue un gran fastidio ¿Quién hace eso en el medio de la fiesta de su propia familia y delante de todos sus amigos? —preguntó con genuina molestia aún en el umbral.
—Ya sabes, solo estaba cansado. No soy del tipo que le gusta ir a fiestas—dijo sin ánimos— además yo fui quien le rompió el corazón a Hinata.
—¿Qué ibas a hacer? ¿fingir que la amabas y corresponderla para que no se sintiera mal? Me resultó raro que no le respondieras nada a Kiba, aunque sinceramente se merecía una piña en la cara. No tendría que haberte dicho eso, más sabiendo que él está loco por esa chica—dijo como si fuera una obviedad.
—Tampoco soy del tipo que golpea a otros, supongo—rio aun sin ganas.
—Bueno, al menos eres de los que comen ramen ¿no? Te invito a Ichiraku, esperaré a que te cambies—dijo dirigiendo la mirada hacia la aldea.
Naruto se cambió y ahora con más ánimos le contó mientras caminaban —sabes, nunca sentí nada por una chica ¿Tú crees que eso sea raro? — preguntó algo tímido.
—Es raro para mí porque yo si siento algo por una chica ¿Es raro para ti? — dijo con las manos en los bolsillos de su pantalón, mirando a lo lejos.
—Creo que no. —dijo más alegre.
—Entonces está bien— concluyó Shikamaru.
—¿Qué haces aquí? Nunca fuimos cercanos como para invitarme un almuerzo— dijo el rubio con tono de sospecha, aunque por dentro se sentía feliz de tener un amigo que se preocupara por cómo se sentía.
—Es algo que me gustaría que un amigo hiciera por mí cuando me siento mal—dijo sin más—además, también te pido disculpas de mi parte por lo que hicieron Kiba y Hinata—soltó mientras llegaban a Ichiraku, donde Naruto vio que se encontraban todos sus amigos a quienes había abandonado ayer, incluidos los últimos mencionados.
—¡Kiba, ven! —le grito su amigo a lo lejos, invitándolo a venir con ellos.
Cabizbajo como perro que sabe que se mandó una cagada, se acercó —Hola Naruto—dijo con fastidio mientras miraba a Shikamaru, que le frunció aún más el ceño, obligando a ver a Naruto—Oye, discúlpame lo de ayer ¿sí? El alcohol me pone un poco tonto, y ver que la chica que me gusta te confesó sus sentimientos me enfureció un poco. —le dijo mientras levantaba su mano para pasársela.
—Está bien Kiba. La próxima fíjate que yo también tengo sentimientos y no puedo obligarme a sentir algo por alguien—espetó y siguió caminando con el chico de las sombras que le había dado el valor para decir esas palabras, hasta reunirse con el resto del grupo. Todos comieron en su restaurante favorito y logró entablar amistades con casi todos los presentes, menos con Hinata, que no había intentado acercarse ni una sola vez mientras se encontraban allí.
FIN DEL FLASHBACK
Le quedaba un largo día por delante, pero al menos se sentía mejor que cuando se había levantado esa mañana. Al llegar a su casa, abrió todas las ventanas antes de entrarse a bañar, para luego acostarse fresco a dormir una siesta.
A sus 16 años, el rubio descubrió que estaba enamorado, enamorado de un hombre que no existía más allá de sus sueños. Pero el niño zorro una vez escuchó que no podés soñar con alguien que no conoces, por lo que ese hermoso hombre con facciones de dios y corazón que prometía pasión debía estar allí afuera, esperándolo para pasar la eternidad con él. Al principio Naruto creyó que era una mujer, dada la delicadeza de sus rasgos y movimientos, pero a medida que soñó con su figura, descubrió que era un hombre muy diferente a él, contrastando con los músculos trabajados que poseía.
Ahí estaba otra vez, en el umbral de esa cabaña que ya llamaba hogar, admirando a lo lejos esa conocida figura que lo miraba de vuelta, esta vez dejando relucir sus bellas facciones bajo la luz cálida del sol, como si las nubes solo dejaran pasar unos cuantos rayos para que le den exclusivamente en su tallado rostro. Le sonreía desde la orilla del arroyo seductoramente, quitándose lentamente la ropa hasta quedar completamente desnudo para meterse al agua mientras lo veía con una mirada que podría prenderlo fuego literalmente. Dejó su taza de café en el marco de una de las ventanas como pudo y se dirigió hacia la orilla del arroyo, quitándose la poca ropa que traía, dejando relucir su marcada figura, para posteriormente meterse al agua, encontrándose con ese morocho pálido de ojos negros y tomándolo por su diminuta cintura, haciendo que rodee con sus finas pero musculosas piernas la suya propia, rozándose. Desde allí, su mirada se hacía dura, pero seguía teniendo la calidez con la que miraba a Naruto siempre que estaba lejos, como invitándolo a acercarse. Sus facciones marcadas se suavizaban y sus manos resbalan por al tocar su piel por culpa del agua, sin dejarle otra opción más que tirar de su cabello para tener acceso a su cuello, permitiendo al rubio besarlo en toda su extensión, incluso dejándole marcas, mientras el de ojos negros cual cuervo se reía en voz baja. Esto dejaba a Naruto lleno de lujuria una vez que se levantaba, a veces tan duro como hoy, teniendo obligatoriamente que ir a ducharse con agua fría para que se le baje. Le avergonzaba decirle a alguien que tenía sueños donde se excitaba a niveles que ninguna persona le había hecho llegar, tanto que luego se despertaba con la ropa interior totalmente llena de sus fluidos.
Luego de la segunda ducha del día, se vistió con algo más casual que su típico uniforme de ninja naranja; una camisa de mangas cortas color azul oscuro y unos pantalones cortos color arena, y dejó su banda en la mesita de luz ya que por hoy ya no era un ninja, era solo un joven yendo a cenar con su mentor. Al salir de su pequeño hogar subió rápidamente al techo del mismo, ya que el calor había disminuido. Se sentó para apreciar la puesta de sol que pintaba el firmamento de un color naranja intenso, haciéndole recordar a sí mismo, mientras que del otro lado el cielo comenzaba a pintarse de un azul profundo lleno de estrellas que le transmitía mucha tranquilidad, y disfrutaba mucho poder apreciar como ambos se complementaban.
Decidió que ya pasó demasiado tiempo y antes que sea más tarde pasó por la casa de los padres de Sakura a buscar unas cosas dulces para el postre, ya que su madre era pastelera y hacía la mejor (y única) tarta de frutillas que Naruto había probado, la cual también le gustaba mucho a Iruka. Iruka… ni siquiera se le había pasado por la mente avisarle a quien pensaba como su padre de la misión—Definitivamente me matará. Con el postre en mano se dirigió a casa de Kakashi, que por suerte se encontraba a pocas cuadras de allí. Naruto sentía el estómago revuelto, no sabía si era por el hambre o por los… ¿nervios? No sabía porque se sentía nervioso, solo iba a cenar con su mentor antes de irse a una misión por algunos meses.
Tocó la puerta de su sensei, y al abrirla su mandíbula cayó al suelo. ¡EL SEXTO HOKAGE NO LLEVABA SU MÁSCARA! —con que esta es tu forma de decirme que voy a morir en la misión ¿no? Cumples mi sueño ahora para no quedarte con la culpa, que astuto. —dijo Naruto, aún bastante impresionado. Se imaginaba que su maestro era guapo, pero no tanto. Con razón…
—No seas tonto…con este calor agradezco estar en casa para poder quitármela—dijo riendo levemente—Además, nadie va a creerte—dijo mientras lo miraba con una sonrisa malvada.
—¡Entonces si tienes dientes sensei! — dijo el rubio riendo, entrando a la casa. —Supongo que con ellos podrá probar la tarta de frutillas que traje, se la pedí especialmente a la señora Haruno.
—¡Mi favorita! Que buen muchacho eres. Pasá, ya servimos la comida. —dijo mientras Naruto se sacaba el calzado. —¿Por qué hablaba en plural?
Cuando el ojiazul llegó al umbral de la puerta del comedor su mandíbula volvió a caer, los cabos se terminaron de atar—Hola Naruto— dijo su padre Iruka sonriendo nerviosamente, sentado a la derecha del peliplateado.
—¡Debí saberlo! Como fui tan estúpido…—dijo el rubio sin expresión en el rostro.
—¿Tienes algún problema? —se paró Kakashi. Estaba seguro que se lo tomaría bien, después de todo, tenía sus sospechas sobre el niño zorro.
—¿Ustedes están juntos? ¿Desde cuándo? —dijo Naruto, sonando algo herido pero sin ni un ápice de enojo, mientras se sentaba en la silla frente a ellos.
Kakashi volvió a sentarse, solo estaba confundido—Y… tal vez sean algunos años. Cinco para ser exactos. Queríamos decírtelo antes, créenos, pero sabes que soy el Hokage y sabes la sociedad en la que vivimos. —dijo anticipándose a la pregunta, queriendo llenar el silencio que se había formado, aunque no era incómodo. No quería que lo fuera.
— Todo este tiempo. Hubiera sido más fácil si me lo hubieran contado—dijo el rubio sollozando, estaba feliz por los que ahora podría llamar padres, pero también angustiado. Ante esto, Iruka se levantó para abrazar al ojiazul, porque sabía exactamente a que se estaba refiriendo. Naruto correspondió el abrazo estando aún sentado, al que rápidamente se unió Kakashi, haciendo que más lágrimas cayeran de sus ojos. —No me malentiendan, estoy muy feliz por ustedes, de veras. —dijo secándose las lágrimas con las ropas de ambos mientras sonreía. —No piensen que fui tan tonto, esta mañana fueron bastante obvios.
—Ya era hora ¿no? —dijo Iruka, mirando con ternura a Kakashi, volviendo a sentarse para dar inicio a la cena, dispuestos a contestar todas las dudas del rubio.
—Mira Naruto, jamás me avergoncé de quien soy ni de a quien amo—miró a Iruka— te aseguro que sufrí mucho ocultándolo, pero las circunstancias no me dejaban otra opción. Y ahora que podemos contártelo, creo que no podría ser más feliz. — Y por primera vez, el rubio vio en primera persona sonreír con ternura a Kakashi.
—Entonces es por esto que me dejas ir solo ¿verdad? ¿Lo supiste todo este tiempo? —estaba claro, no lo hubiera hecho en otra circunstancia.
—¿Solo? ¿Enserio vas a dejarlo ir solo a esa misión Kakashi? —dijo Iruka algo preocupado.
—Naruto, eres el mejor jonin de esta aldea, confío en ti, jamás dejaría que lo hicieras si no fuese así. Tienes el poder de Kurama y puedes usarlo cuando y como lo desees. Además, lo evaluamos y será más sencillo si una sola persona es la que se infiltra en la aldea porque son muy cerrados y desconfiados. —dijo el sexto, con firmeza en sus palabras. —No me perdonaría que algo te pasara, pero se que estarás bien. Cuando terminemos de cenar hablaremos mejor de la misión ¿Te parece?
—Si, por supuesto. Ahora hablen, quiero saberlo todo. —dijo alegre el rubio con la boca llena de pescado.
Y así pasó la velada, sus padres le contándole detalles de su relación, Kakashi siendo demasiado explícito e Iruka avergonzándose por ello. No podía creer no haberse dado cuenta antes, aunque en el fondo pensaba que siempre lo había sabido, solo que estaba muy negado a admitirlo, como con Sakura e Ino. Por dios, hace años vivían juntas, era obvio que se amaban, Naruto había visto como se miraban y se trataban, aunque hubiese gente con ellas igualmente se demostraban su amor. Se dio cuenta que efectivamente Shikamaru tenía razón, es más común de lo que creía, y contrario a todo lo que había pensado, eran felices. Muy felices.
Mientras lavaban los platos, Iruka avisó que iba a acostarse, no sin antes desearle un buen viaje a Naruto acompañado de un fuerte abrazo cargado de preocupación. El rubio notó que fue en dirección a la habitación de Kakashi.
—¿Duerme aquí? — preguntó como si no fuera obvio.
—Todas las noches—dijo alegre el de pelo plateado. —¿Estás bien con eso?
—Gracias, de veras que eres mi sensei. —dedicándole una sonrisa sincera. Realmente el ojiazul había aprendido todo de él y de Iruka.
—Y tu eres más que un estudiante para mí, espero que lo sepas. —dijo sin dar más detalle, todo estaba implícito. —Por eso, debemos tener un plan sólido, sin grietas. No podemos permitirnos errores, por lo que voy a contarte lo que idee. El plan es el siguiente, deberás hacia al norte, a la Aldea del Sonido que se encuentra a tres días a pie. Como no podemos hacerte pasar como un chico cualquiera con esos bigotes deberás fingir que desertaste de la aldea, que te fuiste harto de lo que esta gente te hizo. Mantendrás un perfil bajo al principio, viendo como se manejan las cosas por allí, haciéndote amigos, pan comido para ti. Mientras lo haces, deberías poder recolectar información respecto a Orochimaru y sus planes, y luego de una semana enviaré un ave para obtener un reporte y avisarte como continuamos. Lo más importante Naruto, debes mantenerte a salvo, si sientes que estás en peligro envíame una carta, y si es muy urgente, vete, la misión no es más importante que tu vida ¿Entendido? No puedes ponerte en riesgo más de lo necesario.
—Entendido, entonces me iré por la mañana —dijo todavía procesando el plan.
—Excelente. Por lo que sabemos, la próxima semana se realizará el festival del sonido, que celebra la fundación de la aldea, la cual por supuesto creemos encubre algo más, porque como ya te mencioné no dejan que muchos extranjeros ingresen durante el resto del año, y este evento atrae gente de todos lados—dijo cansado, ya quería irse a dormir, pero estaba nervioso por mañana.
—Bien, si eso es todo, ya es hora de marcharme—dijo Naruto desperezándose, el también estaba cansado aunque había tomado una siesta—Le pido un favor sensei, cuídelos. A Iruka, Shikamaru, usted y la aldea.
—Por supuesto que lo haré—dijo levantándose para abrir la puerta al rubio—mañana antes de que partas te daré algo que creo te será útil, además de provisiones. Nos vemos.
—De acuerdo, nos vemos mañana— dijo despidiéndose con la mano y partiendo rumbo a su hogar.
Vaya que estaba feliz, sus dos adultos favoritos se amaban y le enseñaron que lo que quería era posible, que podría ser él mismo y no lo juzgarían, jamás lo abandonarían, y Naruto estaba tan agradecido de tenerlos.
Llegó rápidamente al que dejaría de ser su hogar por algún tiempo, se aseguró de que todo estuviera medianamente ordenado, que no hubiera nada que se echara a perder en la heladera o la alacena y que su bolso tuviera todo lo necesario. Posteriormente, se lavó los dientes y se desvistió para acostarse a dormir al menos unas ocho horas, sabiendo que tenía tres días de viaje por delante. Extrañamente, se durmió rápido y no soñó nada durante el transcurso de la noche, levantándose pasadas las siete, aún feliz por todos los hechos ocurridos el día anterior.
Hizo su rutina de cada mañana, nuevamente olvidando ponerle azúcar al café y dándose cuenta luego de beber el primer trago, regó por última vez sus plantas y dejó su llave bajo el sapo de cerámica que custodiaba su entrada. —Cuida la casa, chico. —le dijo a la figura, para comenzar a saltar de techo en techo en dirección a la entrada noreste de la aldea, llegando rápidamente a ella, encontrándose allí a Kakashi.
—Lord Hokage ¿o prefieres que use “padre”? —se rio fuerte, aterrizando junto a él.
—Buen día para ti también, “hijo” —Naruto se paralizó, no se esperaba esa respuesta. —Toma, aquí tienes un mapa y una docena de onigiris de Ichiraku. Además, quiero darte esto— sacó una caja de su capa—es un kunai Hiraishin, fue un regalo de mi sensei, Minato Namikaze. —el rubio abrió la caja, observándola con asombro—a diferencia de los normales, tiene tres hojas, te será útil si te cruzas con algún ladrón durante tu viaje.
Miró con atención el mango—¿y esto? ¿acaso es un sello? —preguntó.
—A decir verdad nunca lo saqué de su caja, no quería que nada le pasara así que no tengo idea de que significa ni para que sirve. Tendrás que averiguarlo tú mismo. —dijo acercándose—Prométeme que te cuidarás. —lo abrazó.
—Nos vemos sensei, no rompa su promesa—le dijo, cruzando la gran entrada y comenzando el viaje.
—Tampoco tú, niño. —respondió, cuando Naruto ya se encontraba lo suficientemente lejos como para escucharlo.
Inició caminando lentamente, disfrutando estar fuera de la aldea después de mucho tiempo y esperando que el viaje sea tranquilo y liviano. Después de un rato de solo observar el camino, se puso a imaginar, nuevamente, un posible encuentro con ese morocho que lo tenía loco.
—Basta Naruto, me tenés harto. ¿No podés parar un segundo de pensar en ese tipo? —dijo Kurama.
—Eres un zorro muy grosero ¿No crees que lo encuentre? —dijo internamente.
—Por mi bien espero que lo hagas, así te callas un rato— escupió y se acomodó para dormir nuevamente.
—Pero que zorro mala onda—dijo con falsa molestia, volviendo al camino.
—Tal vez me detenga para almorzar, ya debe ser mediodía—dijo deteniéndose junto a una piedra grande y plana para poder estar más cómodo, sacándose su chaleco y quedando únicamente con su remera de malla ya que el calor era insoportable. También recordó que debía quitarse su banda, ya que había desertado porque “odiaba” a su aldea. Comió dos onigiris mientras pensaba que iba a aburrirse todo el viaje sin nadie para hablar, hasta pensó en invocar a Gamakichi y Gamatatsu para no sentirse solo.
—Solo…—recordó las palabras de Kakashi, “conociéndote pensé que querrías ir acompañado” —No, no voy a dejar que esa palabra me atormente, jamás volveré a sentirme así, no cuando tengo a tantos apoyándome—dijo sonriendo, estaba ganando batallas que antes había perdido.
Mientras comía dos de los deliciosos onigiris que Kakashi le dio antes de partir, recordó la primera vez en que había dejado de sentirse solo, aunque sea por un rato.
FLASHBACK
Era de los primeros recuerdos que tenía Naruto ya que era muy pequeño, tenía 5 años. Estaba en el jardín ninja, ni siquiera en la academia. Tenían un tiempo libre para estar en el patio y jugar, y como cualquier niño, quería jugar con los demás. Pero cuando intentaba acercarse, los otros niños huían o le gritaban cosas que no entendía bien.
—¡Vete raro! ¿No ves que estamos jugando?
—Basta zorro, no te queremos aquí.
—¿Zorro? Pero yo solo quiero jugar ¿Qué les pasa? —decía Naruto, tratando de ocultar su tristeza detrás de una dura coraza.
—Te mereces estar solo, bicho raro— dijo uno.
Solo. Esa palabra le hirió. Tomó la remera del que estaba hablando demás.
—¿Ah sí? ¿Por qué? —dijo enojado.
El niño rompió en llanto—¡Señorita, el niño zorro me golpeó! —mintió.
—¡¿QUÉ?! NO TE TOQUÉ—dijo soltándolo por instinto, no quería que lo retaran de nuevo.
—¿Qué dices Tanaka? No te ha hecho nada—dijo con seriedad un niño apenas más alto que él, de pelo morocho que le llegaba al hombro, con ojos negros pero fríos para ser un niño.
—Niños ¿Sucedió algo? —dijo la maestra, que recién había llegado a ellos.
—No señorita, Tanaka está gritando tonterías otra vez—dijo el mismo niño, mientras la mujer se iba con otros niños.
—Vamos rubio, ya terminamos la escuela por hoy. —dijo el morocho dándose la vuelta para que Naruto lo siguiera.
Todos los niños se dirigieron al salón en busca de sus mochilas, y en el ajetreo el ojiazul perdió al pelinegro, encontrándolo apenas en la puerta de entrada.
—¡Oye, espera! — gritó, logrando que se de vuelta.
—Oh, eres tú. ¿Uzumaki, verdad? — el rubio asintió—No te preocupes, no volverás a estar solo— le sonrió ampliamente, a lo que el ojiazul sonrió en respuesta.
—Gracias… No se tu nombre, perdona—dijo apenado.
—No te preocupes. Soy…—y quedó a media frase. O el rubio no lo escuchó.
—¡Hermanito, debemos irnos! Mamá y papá nos esperan— Gritó un niño mayor, muy parecido al niño que lo había defendido antes.
El pelinegro se marchó, dejando a Naruto solo, sin hermano que lo busque, y sin padres que lo esperen para cenar. En cambio, cuando todos los niños fueron retirados por sus padres, una cazadora AMBU aparecía para llevar al niño zorro a su casa, un departamento entero donde solo vivía él.
FIN DEL FLASHBACK.
—En algún lado estás—suspiró con sus brazos detrás de la cabeza, dispuesto a retomar el viaje.
Rápidamente cayó la noche estrellada, mientras corría una brisa algo fresca para estar en verano. Naruto decidió mirar el mapa, ya que hace un rato había pasado por un par de puestos de venta que estaba seguro que se hallaban a mitad de camino, cosa que era imposible porque no había estado más de 12 horas en viaje.
—¿Qué? Imposible ¿O acaso Kakashi pensó que era tan lento? —hablaba solo—¿Será que la información que le dieron era errónea? No lo entiendo—miraba intrigado el mapa—Como sea, mejor para mí así llegaré antes y podré tomar una larga siesta.
Agradeció que el día había sido tranquilo, lo que le permitió ahorrar energía para acelerar el paso durante la calma oscuridad que le brindaba la noche. Aunque iba a paso apresurado por encima del límite de los árboles, miraba con atención el paisaje nocturno: como las hojas de los árboles se movían por la suave brisa que refrescaba luego de un día de mucho calor, como se oía a lo lejos el agua de una refrescante cascada, como las últimas aves iban camino a sus nidos. Detuvo en seco su paso para mirar otra vez el cielo estrellado, ya había dejado claro que amaba observarlo, pero esta vez vio algo que nunca había visto, o al menos no lo recordaba. Vio una estrella fugaz, que pareció guiar sus pasos, cayendo en la dirección a donde se dirigía, poniéndolo genuinamente feliz, porque después de todo era un poco de magia en un mundo lleno de tragedia. Pidió cumplir sus sueños, convertirse en Hokage y ser feliz como antes no había podido.
Y como no todo es color de rosas, Naruto escuchó ruidos cerca suyo. —¿Un animal? —Pensó—suena a varios animales, mierda—Procuró esconderse entre las ramas de los árboles, pero ya era tarde, lo habían oído.
—Sal de ahí rubiecito, ya te vimos—dijo uno de los hombres con una voz muy grave.
El rubio aterrizó frente a dos hombres uno robusto y más bajo que él, y otro alto, esbelto y con una gran cicatriz en el rostro, ninguno llevaba banda de alguna aldea. —¿Qué hacen rondado por aquí a estas horas? Si no son de por aquí podrían perderse en estos densos bosques…—Soltó buscando intimidarlos, aunque no parecían ninjas podrían ser ladrones.
—Si si niña, danos tus cosas y vete por donde viniste—dijo el más bajo mientras tanteaba su bolsillo.
—Ustedes serán los que se irán por donde vinieron, o no tendré más opción que dejarlos aquí para que se los coman los animales salvajes—dijo el ojiazul mientras se cruzaba de brazos imponiéndose. No era de los que buscaba pelea, pero tampoco iba a acobardarse contra dos tontos a los que podría pasar fácilmente.
—¿Animales salvajes? —dijo temeroso el más alto mientras la navaja temblaba en su mano.
—¡YA BASTA! ¡A ÉL! —dijo el más bajo, haciendo que ambos se abalancen a Naruto, que evadió fácilmente al más alto y pateo al bajito de forma audaz, desmayándose este último al chocar con un árbol. Fue tras el más alto.
—¡No me lastimes por favor! —suplicó, creía que el rubio estaba furioso.
Todo lo contrario, Naruto tenía sueño y quería llegar rápidamente—Cállate, espero que aprendan la lección—le dijo, dándole un puñetazo en la cara, con la fuerza necesaria para desmayarlo. Cuando ambos estaban inconscientes los ató con un alambre a un árbol de por allí y se marchó.
—Ja, ni siquiera tuve que usar el kunai raro que me obsequió el sensei—dijo victorioso.
El resto de la noche fue tranquila, al igual que el resto del viaje, donde Naruto apreció cada paisaje que le brindó el camino, disfrutó la comida que Kakashi le había dado y pudo relajar su mente que había estado tan ajetreada los últimos días. Así, al caer la segunda noche el rubio ya estaba cerca de la entrada al pueblo.
