Chapter Text
[Te conozco, caminé contigo una vez en un sueño…
Te conozco, ese brillo en tus ojos me resulta muy familiar…
Y sé que es verdad, que las visiones son rara vez lo que parecen…
Pero si te conozco, sé lo que harás, me amarás de inmediato, como lo hiciste una vez en un sueño…]
…
La luz del sol se coló por las delgadas cortinas del cuarto de Ryuunosuke, haciendo que la bruma de sueño que lo envolvía se viese abruptamente interrumpida por la molestia de tener los primero rayos de la mañana sobre su pálido rostro, ahuyentando sus ganas de seguir en esa postura. Estaba cómodamente acostado en su cama, con los cálidos brazos de su Alfa rodeándole el cuerpo de manera tan íntima, tan especial y amorosa, que al azabache se le antojaba una completa desgracia tener que levantarse de su privilegiada posición. Decir que el cuerpo no le dolía sería mentir descaradamente, pero era un dolor tan delicioso, increíble, que le evocaba inevitablemente los recuerdos de la noche anterior.
La primera vez que Atsushi y él habían hecho el amor, la primera de muchas veces en un futuro, rogaba en su interior…
Sintió al albino moverse detrás de él, acomodando mejor la posición de sus brazos sobre el delgado cuerpo de su amado mientras aspiraba profundamente los cabellos negros del Omega, casi ronroneando como un pequeño minino. Ryuunosuke suprimió una sonrisa contenta, pegándose inconscientemente un poco más al cuerpo de su novio. Por desgracia ambos no podían seguir disfrutando de su preciada nube rosa puesto que en un par de horas más, si no es que menos, Chuuya entraría como un huracán a la habitación, más que listo y dispuesto a romperle todos los huesos del cuerpo al joven Alfa, como mínimo. Era una suerte que tanto Hirotsu como Mori estuvieran ya del lado de Atsushi, dándole al albino la aprobación paterna necesaria para consumar la unión con el azabache; a expensas claro del titánico berrinche del Omega pelirrojo.
—Atsushi. —Llamó Ryuunosuke, moviéndose un poco al estirarse sobre el colchón y avergonzándose profundamente al sentir como todavía había restos del semen de su Alfa en su interior. Ambos habían estado amándose toda la noche sin parar hasta que sus cuerpos no pudieron seguir, además de que no usaron protección… No era nada raro que el azabache todavía estuviera lleno de… —Atsushi levántate ahora, es una orden.
—Cinco minutos más papá, todavía no quiero ir a la escuela… —Se quejó el menor, abrazando con más fuerza a su novio como si se tratase de un peluche. —Ryuu, unos minutos más, déjame sentirte unos minutos más antes de que tu hermano venga y me descuartice haciendo te quedes viudo sin que yo pudiera haberte propuesto matrimonio siquiera…
—… —El Omega no dijo nada pero tampoco intentó seguir insistiendo, simplemente se acomodó mejor entre los brazos de Atsushi, cerrando los ojos de nuevo, sonriendo complacido. —Te consiento demasiado, sólo será por esta ocasión así que más te vale que no te acostumbres, además mi hermano no es tan malo…
—Lo que tú digas amor…
Fue la única respuesta del albino para después dejar escapar una risueña risa ante lo gracioso de la pequeña conversación. Atsushi besó los cabellos azabaches de su novio antes de volver al mundo de los sueños junto a su amado Omega de bellos ojos grises.
…
—¡LO VOY A MATAR! ¡LO VOY A DESCUARTIZAR EN CUANTO LE PONGA LAS MANOS ENCIMA! ¡LO VOY A CASTRAR Y LE HARÉ TRAGARSE SUS PROPIOS HUEVOS COMO DESAYUNO JUNTO CON SU ASQUEROSO…!
—Demasiada información Chuuya, gracias, no es necesario que seas tan explicito en tus métodos de tortura. —Le interrumpió abruptamente Mori, tomando tranquilamente su café matutino mientras se encontraba sentado en una de las mesas más grandes del restaurante principal en compañía de la familia de Atsushi, el buen Hirotsu también se encontraba con ellos, bastante nervioso y avergonzado por el escándalo que el joven pelirrojo estaba protagonizando. —Es una suerte que el joven Dazai se haya ofrecido tan amablemente a detenerte anoche o no quiero ni imaginar la magnitud del desastre que le ocasionarías a nuestros dos amorosos pajaritos en pleno acto de amor, con lo mal que se te da montar drama...
Fukuzawa se mantenía en silencio, un tanto avergonzado por lo que había ocurrido entre su hijo menor y el hijo de Mori, pero dándole la razón en silencio al Beta; muy en lo profundo de su subconsciente sentía que falló como padre años atrás en no haberle dado la “platica” de las abejas y las flores al albino menor cuando tuvo la oportunidad, a pesar de que nunca hubiera visto a Atsushi interesado en esos temas, al menos hubiera estado preparado para lo que aconteció ayer por la noche, al menos así el joven no iría a lo ciego. Fukuzawa realmente esperaba, rogaba, en lo profundo de su ser que su hijo hubiese hecho un buen trabajo como Alfa.
Por el otro lado, Dazai se entretenía de lo lindo grabando las expresiones furiosas de Chuuya, esos berrinches con evidentes intenciones asesinas hacia su familiar le parecían de lo más adorables, sobre todo por el furibundo sonrojo que cubría el hermoso rostro del Omega y por la manera en la que fruncía sus carnosos labios, sus ojos azules parecían brillar con más belleza, casi iluminando sus irises. Anoche tuvo la dichosa suerte de poder toquetear al pelirrojo un poquito más de la cuenta al apresarlo contra su cuerpo para que no fuera a molestar a los dos tortolitos, que dicho sea de paso no habían hecho acto de presencia y parecía que iban a perderse el desayuno con premeditada intención.
El castaño suspiró con emoción. Claro, se había ganado un buen par de golpes en el rostro anoche, pero bien había valido la pena…
—Seguro que el emo sin cejas no puede ni mover un solo músculo. —Comentó el castaño con gracia mientras reproducía una y otra vez en su celular el video del pelirrojo gritando improperios a los cuatro vientos, sin ser consiente de las cuatro pares de miradas que se posaron sobre su persona, cada una expresando una emoción diferente... —¡Joder! Que mi Sushi es todo un semental ¿Quién lo hubiera pensado?
Era una suerte que los reflejos de Hirotsu todavía estuviesen bastante afinados a pesar de los años transcurridos o hubiese sido imposible para todos detener el tornado pelirrojo que se había levantado con intención de encaminarse sin detenerse, con cuchillo para mantequilla en mano, hacia la habitación de su amado hermanito; Fukuzawa ayudó al pobre Alfa a detener al Omega, temiendo profundamente por la seguridad de su hijo más joven mientras Mori daba un largo sorbo a su taza ya casi vacía y Dazai veía una nueva oportunidad para conseguir un nuevo video para su galería. Y todo aquel alboroto sucedió antes siquiera de que el reloj marcara las 10:00 A.M.
Vaya día que les esperaba a todos…
…
Cuando Atsushi y Ryuunosuke por fin salieron de la habitación, todos ya los estaban esperando ansiosamente. Aún quedaba una hora más antes de que diese el mediodía por lo que los jóvenes debían de estar hambrientos a más no poder, sobre todo el albino quien era conocido en su familia por tener un apetito bastante voraz. La nueva pareja de Alfa y Omega se sentía incomoda ante las miradas de todos sus familiares, sobre todo el azabache puesto que su aroma había cambiado sutilmente, acoplándose al aroma de su Alfa como seña indiscutible de que ambos habían llegado hasta el final con su unión, ahora no había poder humano sobre la tierra que fuera capaz de separarlos.
—Uhmm… ¿Buenos días? —Saludó cortésmente Atsushi, sonriendo con mucho miedo al conectar su mirada con la de Chuuya y sentir como si el infierno estuviese siendo reflejado en esos ojos color azul océano, mostrándole torturas inenarrables dedicadas única y exclusivamente para él.
—Buenos días joven Atsushi. —Mori fue el único que le respondió, sonriéndole amablemente en un intento de tranquilizar no solo a ambos jóvenes sino también a la situación en general que parecía bomba a punto de estallar, sobre todo por la posición tan rígida que su hijo mayor había adoptado en cuanto vio a los dos jóvenes ingresar al comedor. No ayudaba mucho que los otros adultos no dijeran ni una sola palabra, para molestia del Beta. —Veo que ya se encuentran completamente despejados así que ¿Por qué no se sientan y nos complacen con su agradable compañía? Puedo apostar lo que sea a que han de estar hambrientos. Vengan, no hay porque tener miedo de nada.
—Muchas gracias señor Mori. —Expresó el albino, tomando tímidamente la mano de su Omega para que ambos se acercaran a la mesa y pudiesen sentarse. El albino no era suicida por lo que escogió rápidamente los asientos que estuviesen lo más lejos humanamente posible del alcance de Chuuya.
—Vamos, vamos, no es necesario que seas tan formal ahora, no después de lo que ha pasado. —Una maquiavélica sonrisa adornó los labios del Beta, poniendo nerviosos a ambos jóvenes. La amabilidad le había durado ya bastante, era hora de que su personalidad juguetona saliera a flote para molestar un poco a los pequeños, tan solo un poquito. —Pero permíteme ser yo quien te de la bienvenida oficial a nuestra pequeña familia, joven Atsushi, será un honor para mi el escucharte llamarme suegro de ahora en adelante.
—Espero de corazón que su unión les traiga plena felicidad, saben que cuentan con mi completa bendición. —Ahora fue el turno de Hirotsu de hablar antes de que Mori dijera algo más que terminara de avergonzar a los más jóvenes, pero sin dejar de mirar con cariño al joven Omega azabache que todavía permanecía con la mirada baja. A pesar de lucir distante, la realidad era que Ryuunosuke estaba escuchando atentamente todas las palabras de sus familiares. —Realmente estoy muy feliz por ustedes. Atsushi, cuídalo bien, te estás llevando a nuestro tesoro más preciado.
—¡Muchísimas gracias! —Sonrió Atsushi, parecía que la dicha no le cabía en el cuerpo y que las palabras le faltaban para poder terminar de agradecerle a los familiares de su amado por ser tan comprensivos y amables. Por unos segundos sintió como sus ojos se humedecieron un poco, pero hizo lo mejor que pudo para evitar derramar lagrimas, aún y cuando éstas fueran de pura alegría. —¡Les prometo que haré muy feliz a Ryuunosuke!
Ryuunosuke se mantenía tan callado como una tumba; siendo él una persona tan introvertida y usualmente ermitaña para socializar, sentir tantas miradas encima de su persona lo hacía sentir increíblemente incómodo. Justo como en la presentación de anoche, con la diferencia de que en ese momento no tenía que darle explicaciones a nadie, tan solo bailar y representar lo que con tanto esfuerzo había ensayado por semanas. Ahora parecía que todos en esa mesa estaban esperando que dijera o hiciera algo, que les contara los detalles de su desfloramiento, del lazo de por vida que había hecho con Atsushi, algo para lo que definitivamente no estaba preparado. El albino pareció notar la turbación en su Omega por lo que afianzó el agarre que mantenían entre sus manos, sonriéndole cálidamente al azabache, tratando de transmitirle seguridad, protección.
—Pues nada, ya lo has marcado y ya no hay vuelta atrás aunque yo lo quisiera. —Fueron las palabras finales de Chuuya, cruzándose de brazos todavía con la latente molestia de saber que su hermanito estaba a punto de dejar el nido, que ya no era un bebé, su bebé. Sin embargo también sabía que ese torpe albino era el mejor prospecto a pareja que cualquier padre podría desear para su pequeño. Bastante tonto, torpe y todavía era un mocoso, pero amaba a Ryuu y eso era lo único que a Chuuya realmente le importaba, lo demás ya lo irían trabajando con el tiempo. —Tan solo quiero que recuerdes que yo JAMÁS amenazo en vano, así que advertido ya estás mocoso.
Atsushi tragó saliva con fuerza, asintiendo repetidas veces y haciendo que Ryuunosuke lo mirara divertido, sintiéndose por fin más tranquilo gracias a las palabras de su hermano mayor, que a pesar de sonar como una queja revestida de amenaza, era la forma en la que Chuuya le estaba dando finalmente su aprobación para poder comenzar a vivir con plenitud su vida, su romance, todo. Fukuzawa y Dazai se habían mantenido al margen de la situación hasta ese momento, pues esperaban primero conocer la opinión de la familia del azabache antes de poder involucrarse activamente en aquella intima conversación. Por suerte todo terminó positivamente y eso era algo que ambos familiares del albino agradecían en el fondo.
—No seas tan duro con él, ChuuChuu ¿No ves que todavía no puede con esa transición de niño a adulto? —Se burló el castaño, mirando a su hermanito con cierto brillo de orgullo en sus ojos caoba, lo que no diría con palabras lo expresaría con su mirada; todavía no podía creer que estaba vivo para presenciar aquel suceso tan importante en la vida de su pequeño Sushito.
—Tú cállate que cada vez que abres la maldita boca te juro que siento unas irrefrenables ganas de-…
—¿De besarme apasionadamente? —Lo interrumpió, mirándolo con intensidad y esa maldita sonrisa que sabía que derretía a cualquiera. Chuuya desvió la mirada, sonrojado, molesto y derrotado pues no tenía ánimos de ponerse a discutir con ese idiota. Todavía tenía que procesar que su Ryuunosuke había sido desflorado por un maldito mocoso. —¡Já! Lo sabía.
—Muérete… —Derrotado, el pelirrojo dejó caer su cabeza sobre la mesa, decidido a ignorar a Dazai lo que restara de convivencia entre sus familias, que ahora venían a unificarse para convertirse en una sola. Dazai soltó una corta carcajada, Chuuya venía amenazándolo con matarlo desde hace mucho pero inevitablemente por una u otra razón nunca cumplía con lo dicho.
—Solo si es contigo a mi lado ChuuChuu.
Todos los presentes tan solo rieron sutilmente ante el hilarante intercambio de palabras del castaño y el pelirrojo, alegrándose de que la relación de ambos ya no fuera tan problemática como al principio, o que al menos hubiese mejorado lo suficiente como para que pudieran estar en un mismo sitio, uno tan cerca del otro, sin la insana necesidad de matarse. Aunque claro aquello aplicaba solamente para Chuuya puesto que Dazai era más bien de molestar con palabras hasta sacar de sus casillas a la gente. La convivencia se sintió más cálida, más amena, como si la relación de los más jóvenes fuera el ungüento o aliciente necesario para que las viejas heridas del pasado dieran tregua, al menos por ahora.
…
Por desgracia todas las cosas buenas casi siempre suelen tener un final; el periodo vacacional había finalizado y con él también lo había hecho la estancia de la familia de Atsushi en aquel resort de ensueño. Como era de esperarse, ni Atsushi ni Ryuunosuke querían separarse, aquello era algo que estaba completamente fuera de discusión siquiera para ambos; apenas habían concretado su unión, lo único que deseaban era estar con el otro el mayor tiempo posible sin obstáculos de por medio, y era totalmente comprensible pues era la emoción de aquel lazo lo que los tenía tan melosos el uno con el otro. Sus padres miraban aquello sin saber realmente que hacer, o más bien sin saber si las ideas que tenían en mente serían aceptadas por su contraparte.
—No tengo problemas con llevarme a Ryuunosuke a vivir con nosotros por una temporada… Depende completamente de tú permiso, por supuesto, si la idea no es de tú agrado podemos descartarla. —El primero en soltar la bomba fue Fukuzawa. Mori le devolvió la mirada con ligera sorpresa, alzando una de sus cejas con duda pero más que nada con cierta curiosidad por la activa participación del mayor. Él ya estaba pensando que las soluciones solo llegarían de su parte, no por boca del Alfa. —Puedes confiar en que nada malo va a pasarle, estará tan seguro con nosotros como lo puede estar aquí, jamás dejaré que le pase algo, al igual que Atsushi tampoco.
—Bueno, eso es algo que no pongo en duda Yukichi, créeme. —Aseguró el Beta. Para bien o para mal sabía que el Alfa aún era una persona de plena confianza, al menos cuando de cuidar niños se trataba y ya había visto de primera mano la fuerza interior del joven albino, realmente era un joven de temer cuando se molestaba bastante. —Pero la cuestión es… Todos vamos a extrañarlo muchísimo… Hemos sido nosotros cuatro desde la muerte de Ozaki que realmente se sentirá extraño ver como poco a poco la familia va disminuyendo.
—Pero la familia no va a disminuir Rintarō. —Le sonrió con calma, mirándolo intensamente como si estuviera analizando su próximo movimiento. —Está aumentando. Ahora todos estamos juntos, unidos.
—Yukichi…
Y tal vez fue el tono, disfrazando aquella tristeza, o fue el rostro melancólico del Beta, lo que hizo que el Alfa acortara rápidamente la distancia entre ambos, pasando sus brazos por el cuerpo del otro y dejando que aquella sensación de antaño los envolviera a ambos por unos segundos. Mori estaba tan pasmado, ese movimiento fue algo que realmente no se esperó, por lo que no puso mayor resistencia cuando aquel contacto se volvió algo más íntimo, como esos que solían tener en sus días de juventud detrás de los edificios de la escuela, temiendo siempre que alguien pudiese verlos pero con la adrenalina corriendo por sus venas, negándose a separarse. Fue el abrazo que ambos habían estado buscando desesperadamente pero que se negaban a aceptar, un contacto que realmente los hizo a ambos volver a sentirse jóvenes de nuevo.
—Puedo comprenderte, uno como padre realmente nunca estará listo para ver marchar a los hijos. Creemos que siempre dependerán de nosotros de alguna manera y cuando menos lo pensamos ya están volando por su propia cuenta. —Y lo decía por experiencia propia, recordando cómo se sintió él cuando Rampo se fue del hogar familiar para poder formar su propia familia al lado del hombre de sus sueño, de su amado Alfa. Dolió, por supuesto que le dolió, pero era inevitable que algo así sucediera, no podía encadenar al Omega de ojos verdes a su lado para siempre por temor a que terminara lastimado; Rampo tenía que vivir su vida, enfrentar solo sus propios problemas y disfrutar al máximo de los buenos momentos todo lo que pudiera. —Pero te aseguro que solo será temporal, ellos lo saben pues siempre vuelven al lugar en donde crecieron, al lugar que siempre estará puesto para ellos con mucho amor; además ustedes pueden ir a visitarnos cualquier día que deseen. Mi casa siempre estará abierta para todos, para ti…
—Te lo agradezco Yukichi. —Correspondió el Beta, subiendo con cierto titubeo los brazos para corresponder también el afecto del Alfa. Dejando caer su cabeza en aquel cálido pecho que lo acogió amablemente.
Y permanecieron así por unos largos minutos más, dejando que el cómodo silencio que se había formado entre ellos matara cualquier pensamiento negativo en sus mentes, llenándolos de una muy necesaria paz, de una nueva esperanza al menos de que su relación pudiera mejorar como cuando solían estar en la academia. Tal vez ya no pudieran rescatar su amor, tal vez realmente no estaban destinados a estar juntos, pero ambos lucharían con todas sus fuerzas para tratar de no dejar que su amistad, esa camaradería tan especial que tenían, no muriera con el tiempo sino que por el contrario se hiciese más fuerte de lo que incluso ya lo era antes. Detrás de ellos, Chuuya, Hirotsu y Dazai miraban la tierna escena de los mayores en silencio, pensando en los buenos tiempos que se avecinaban para todos.
…
—¿Estás seguro que llevas todo lo necesario? —Preguntó como por millonésima vez Hirotsu haciendo resoplar cansado a Ryuunosuke; el pobre Omega apenas estaba comenzando a guardar sus pertenencias en la maleta más grande que poseía, separándose de su Alfa por apenas unas horas, y ya estaba siendo atosigado por sus familiares. —No olvides que tienes que llevarte ropa interior limpia, además de un guardarropas abrigado pues imagino que pasarás la temporada invernal con la familia del joven Atsushi, aunque admito que yo esperaba que regresaras para navidad.
—¡¿Ya tomaste la pastilla que te dio papá?! —Fue la pregunta de Chuuya, abriendo la puerta de improvisto, escaneando la habitación con ojo crítico antes de entrar y tirarse sobre el colchón de su hermano menor, sin importarle que hubiera ropa limpia encima de las sabanas. —No quiero sobrinos todavía, soy muy joven para ser tío ¡Mira que tuviste que detenerme de no golpear a ese estúpido mocoso cuando me enteré de que fueron tan irresponsables de no haber usado protección! Malditos niños calenturientos…
—Chuuya, ahora no… —Le recriminó el Omega menor, sacando toda la ropa que podía del armario para irla a depositar dentro de su maleta. Las cosas más básicas de higiene personal y demás objetos cotidianos ya los había guardado pulcramente en otra bolsa de mano. —¿Por qué no mejor me ayudas a terminar de empacar? Todavía no llevo ni la mitad de cosas que planeo llevarme.
—¡Te vas a ir unos meses, no para siempre! —Se levantó de un salto el pelirrojo, cruzándose de brazos con molestia. La realidad era que no quería aceptar que su hermanito se iba a ir a una casa completamente desconocida, con personas que no eran su familia y que además no podía ir para protegerlo de cualquier cosa que surgiera… Y también que, en el fondo, estaba tan apegado a Ryuunosuke que todavía no podía hacerse a la idea de que ya no iba a estar, aunque fuese solo por una pequeña temporada. Iba a extrañar esas raras discusiones que ambos tenían a la hora del desayuno. —Bien, trae acá que esa no es manera de doblar la ropa. Si mamá estuviera aquí ya estaría regañándote por inútil ¿Y así piensas tener cachorros en un futuro?
Hirotsu tan solo sonrió, presenciando la escena de discusión de ambos hermanos pero sin entrometerse realmente. Los dejaría disfrutar de estos momentos antes de que el azabache menor tuviese que marcharse con quienes de ahora en adelante serian sus familiares políticos. Después de unas cuantas peleas de inconformidad sobre cómo debían ir acomodados los zapatos, varias bromas sobre maternidad a futuro, gritos histéricos de parte de Chuuya y otras cosas sin sentido, Ryuunosuke estaba listo para partir. Habían terminado por llenar dos maletas de tamaño familiar, pues el pelirrojo alegaba constantemente que siempre era mejor que sobrara a que faltara.
Ryuunosuke intentó objetar pero sabía que eso convendría volver a tener una discusión sin sentido con su hermano mayor y le quitaría más tiempo, por lo que por esta ocasión lo dejó ser. Afuera, a las puertas del enorme resort, ya se encontraban todos reunidos. La familia de Atsushi platicando tranquilamente con su padre, esperando por él a que hiciera acto de presencia. En cuanto salió del edificio, con Hirotsu y Chuuya a su espalda ayudándolo con el equipaje, Ryuunosuke supo que estaba a punto de dar un paso realmente importante en su vida; Atsushi se acercó a él sin demorar, aprisionándolo entre sus brazos, caminando sin soltarlo hasta el automóvil de su padre.
Los mayores tan solo sonrieron por la escena y Chuuya tuvo que reprimir una maldición hacia el albino más joven, enfurruñado con aquella despedida tan agridulce.
—Bueno, te dejo en tus manos a uno de mis pequeños Yukichi, confío en que regresará sano y a salvo para las fiestas navideñas. —Advirtió el Beta con aquella sonrisa tan característica de él, esa que podía parecer una cosa pero en realidad escondía otra. En este caso una amenaza bastante explícita. —Que por cierto, espero verlos a todos ustedes también, están más que invitados a celebrar con nosotros.
—Muchas gracias Rintarō. —Se despidió el Alfa, acariciando rápidamente el dorso de la mano del azabache mayor, sonriendo sinceramente. —No te preocupes, Ryuunosuke regresará a casa cuando menos te lo esperes, por mi parte tendré muy en cuenta tu considerada invitación.
—¡Y nada de hacer sus cochinadas ahora que ya van a estar solos! —Gritó Chuuya desde las escalinatas, sonriendo como quien hace una travesura cuando vio a los menores bajar la vista completamente sonrojados.
—Déjalos ser ChuuChuu, a mi me encantaría ser tío de nuevo… —Contestó malicioso el castaño, poniéndose detrás del pelirrojo para abrazarlo por la estrecha cintura. Aquello tomó totalmente por sorpresa al Omega pues él pensaba que el Alfa de cabellos castaños ya se encontraba dentro del automóvil pues ya le parecía raro que no hubiese opinado nada hasta ese momento.
—¡Suéltame maldito desperdicio de ser humano! —Se removió con desesperación y cierto nerviosismo, aguantando la respiración al sentir como el más alto había comenzado a desprender sus atrayentes feromonas, imponiéndose ante la situación. —¡¿No se supone que ya deberías estar en el auto?! ¡Suéltame y ya lárgate!
—¡Es verdad! Olvidé mencionarlo… —Comenzó el castaño con una enorme mueca maliciosa en el rostro, saboreando el momento segundo a segundo. —Cobré un par de favores en el trabajo por lo que puedo permitirme de gozar una semana más de vacaciones en este encantador lugar ¿No es maravilloso?
Chuuya lo miró como si le hubiese crecido otra cabeza, pero de una forma no muy agradable que digamos…
—Además… —Continuó el Alfa, posando su mentón en el hombro derecho del pelirrojo, aspirando profundamente el aroma que desprendía el Omega. —El señor Mori fue tan amable de no cobrarme la estancia debido a que ahora ya somos familia, así que ¿Por qué no dejas que los niños se diviertan y mejor nosotros vámonos a estrechar más íntimamente nuestros propios lazos?
—¡LLÉVENME CON USTEDES! —le gritó el pelirrojo al albino mayor, quien ya se encontraba dentro del automóvil a punto de encenderlo para comenzar la travesía.
Hirotsu y Mori no pudieron retener por más tiempo las carcajadas que amenazaban con salir de sus bocas ante el espectáculo que montaban el castaño y el pelirrojo por lo que al final terminaron levantando las manos a modo de despedida y siendo correspondidos de igual forma por Atsushi, Ryuunosuke y Fukuzawa. El automóvil se perdía poco a poco de la vista de todos, al igual que el resort dejaba de estar presente en el paisaje de abetos que cubría casi en su totalidad la enorme y pacífica montaña. Dentro del vehículo, Alfa y Omega se abrazaron sutilmente, dejando que la compañía del otro y la música suave de la radio fuese la única cosa presente en sus mentes.
—Te quiero Ryuu… —Susurró el albino con cariño, depositando un suave beso en la sien de su Omega. —Te quiero.
—También te quiero Atsushi, mi tigre tonto. —Respondió, acomodándose mejor en el hombro de su pareja, cerrando sus adormecidos ojos, dejándose llevar por la tranquilidad del momento.
Bajo la brillante luz del sol, un futuro mejor se mostraba ante ellos, lleno de nuevas experiencias que ambos lograrían enfrentar juntos.
