Chapter Text
— Entonces salí corriendo y se me olvidó mi bicicleta…
El relato de lo que había ocurrido esa tarde no fue sencillo, menos cuando tuvo a Tanaka y Nishinoya instalados frente a él. Ambos lo miraban fijamente, Noya estaba comiendo una paleta de su helado favorito, mientras Tanaka apoyaba sus brazos en la pequeña mesa de su habitación. Resultó que Asahi solo estaba encaminando a Noya hacia la casa de su mejor amigo, después de pasar un rato caminando. Se habían topado con Hinata justo cuando iban a comprar bocadillos para su maratón de películas de acción.
Apenas la madre de Ryuu explicó la situación a la de Shoyo (dijo que se le había pasado la hora en la práctica, lo que la señora Hinata no había cuestionado demasiado), los tres chicos habían entrado a la habitación de Tanaka. Nishinoya, luego de contarle a Ryuu los hechos en una velocidad digna de un resumen ejecutivo, pidió una explicación del asunto a su kohai. Por su parte y a pesar de su nerviosismo, Hinata casi se rio cuando ambos dijeron que dejara todo en las expertas manos de sus senpais.
Sin embargo, luego de la narración de los hechos de esa tarde, el silencio breve y dudoso no les estaba dando la razón. Aquello era preocupante, considerando que Noya y Tanaka jamás se callaban.
— Un segundo… — dijo Ryuunosuke, acomodándose en su lugar. Hinata lo miró, encontrándose con esa expresión que tanto conocía del atacante lateral. Cuando Tanaka quería comprender una jugada, su semblante era igual que el de ese momento. El chico levantó su mano, como cuando señalaba el tablero del equipo — Entonces, ¿le dijiste que no dejabas de pensar en él y te enfermaba?
— Además de decirle que le gustaba y lo odiaba a la vez — acotó Noya, alzando su paleta de helado azul, como si eso destacara su punto. Hinata se sonrojó ante ambas aseveraciones.
— S… Sí — afirmó. Tanaka se miró con Noya y ambos colocaron una expresión de extrema confusión — Simplemente salió.
— ¿Su reacción?
— Su cara de estupiyama cuando no sabe qué decir — ante la revelación, bastaron un par de segundos donde Noya y Ryuunosuke se miraron y lanzaron una carcajada. Hinata se sonrojó brutalmente y levantó sus manos — ¡En serio!
— Oh, Dios, oh, Dios… Shoyo, realmente no pudiste describirlo mejor — respondió Noya, intentando recuperarse. Tanaka seguía tomándose el abdomen. — Cuando estén juntos, será divertido sin duda.
— ¿Cuándo estemos juntos? — la pregunta llamó la atención de ambos chicos. Hinata los observó atónito, como si hubiesen estado toda la tarde hablándole en un idioma que no entendía (inglés, probablemente) — Noya-san ¿escuchaste alguna palabra de lo que dije?
— ¡Sí! Y estoy 99% seguro de que es recíproco — el tono determinado del líbero que solía darle seguridad en los partidos, lo asustó. Observó a Tanaka (que ya había terminado con su ataque de risa) y advirtió que tenía la misma energía a su alrededor. — ¡Shoyo! ¿Es que no lo ves?
— ¿Qué cosa?
— ¡Le gustas! — la respuesta unánime de Tanaka y Nishinoya asustó el triple a Shoyo, quien retrocedió un poco. Ryuu tomó la palabra, sin darle demasiada importancia.
— Honestamente apesto un poco para estas cosas, pero Noya tiene razón — apoyó Tanaka. — Es decir, es cosa de ver cómo se puso cuando nombraste a Kenma hoy, además de lo que te dijo después...
— ¿Qué tiene que ver Kenma?
— ¡Todo, Shoyo! — exclamó Noya. Hinata seguía sin entender. Nishinoya, por otro lado, se terminó su paleta en tres mordiscos y avanzó a su lado — ¿No lo entiendes? ¡Todo empezó por sus claros celos hacia él!
— Oh, pero eso es porque entrené con él en el campamento, no por algo más ¿no? Kageyama pierde la cabeza cuando se trata de voleibol.
— No sé si eres el más indicado para decir eso, pero vamos a ignorarlo por un momento… — respondió Tanaka. Hinata alzó una ceja, pero no alcanzó a emitir palabra — ¡Ahora, pon atención! ¿En serio crees que Kageyama le tendría celos a Kenma por algo así? — Hinata fijó sus castaños ojos en Tanaka. Iba a responder, pero su senpai se le adelantó nuevamente. Esta vez utilizó sus dedos para enumerar. — Si fuera de esa manera, también debería tenerle celos a Bokuto-san, Kuro-san, Akaashi, Lev y a todos los tipos con los que entrenaste…
— Además, Kenma con suerte te lanzó cinco pases — complementó Noya, manipulando la paleta de madera. Los ojos caramelo de Hinata bailaban entre Tanaka y Nishinoya, quienes lo observaban con determinación — Shoyo, creo que a estas alturas es bastante probable… ¡Incluso Asahi-san lo cree!
— ¡¿Asahi-san?!
— ¡Sí! Debo admitir que tuviste el protagonismo de nuestra conversación en algún momento hoy, antes de encontrarte — respondió Noya, encogiendo los hombros. Hinata estaba a dos expresiones del pánico, por lo que Ryuu vio su momento para intervenir.
— ¡Bien, bien! Creo que lo importante aquí es lo siguiente… — comentó Ryuu. Ambos chicos lo miraron y él volvió a apoyar sus codos en la pequeña mesa de su cuarto, como si eso añadiera seriedad a sus aseveraciones — Claramente, entre el historial de malas declaraciones en Karasuno, no sabría decir si la que gana es la tuya por Kageyama o la mía por Kiyoko-san, pero---
— Amigo, definitivamente la tuya
— ¡No he terminado, Noya!
— Debo defender a Shoyo en esta, Ryuu ¡Al menos tenemos un contexto aquí!
— ¡En la mía también había uno! — protestó Tanaka. Nishinoya comenzó a reír y los afilados ojos se fijaron en Hinata — ¡En fin! Hinata, tienes que hablar con Kageyama tarde o temprano.
— El solo hecho de pensar en hablar con él, me da nauseas…
— Mis pantalones de nuevo no, por favor…
— ¿Cómo era esa historia otra vez? ¡Demonios, me encantaría haber estado!
— Dios, somos un desastre en este tipo de conversaciones ¡Al grano, carajo! Ennoshita ya estaría regañándonos — comentó Tanaka. Noya volvió a reírse y Hinata parecía recuperar sus nervios. Incluso, se había llevado las manos a su estómago, como cuando estaba ansioso antes de los partidos. Aquello no pasó desapercibido para Ryuunosuke, quien le habló en su tono más calmado — Hinata, como te decía. Debes aclarar el asunto con Kageyama. Quizás nosotros entendemos lo que quisiste decir, pero nuestro colocador estrella tiene la percepción de un caracol, cuando se trata de asuntos que están fuera de la cancha…
— ¿Por qué un caracol?
— Se me ocurrió porque era… ¿Lento? ¡Yo qué sé!
— Oh, tiene sentido. Aunque siento que el caracol sería más perceptivo, al menos tiene sus tentáculos o algo…
— Noya, en serio…
— Perdón — dijo el líbero, con la diversión aún presente en su rostro. Hinata seguía sin pronunciar palabra, pero sonrió cuando vio que sus dos compañeros de equipo discutían y reían entre ellos (“¡Estoy tratando de ser serio aquí!” “¡No pude evitarlo!” “¡Tenemos que portarnos como senpais, Noya!”). Por un segundo, olvidó los nervios de lo que le estaban proponiendo y todo el asunto de su confesión fallida — ¡Eh, mira eso! Al fin sonríes, Shoyo…
— ¡Santa mierda! Eso es bueno — exclamó Tanaka. Hinata alzó una ceja, dando a entender que no comprendía el asunto totalmente. — Estabas muy serio, no es propio de ti.
— Lo hubieses visto en la calle. Asahi-san creyó que le habían robado y estaba por llamar a la policía.
— Eso es tan Asahi-san…
— Ni que lo digas, es demasiado adorable para este mundo — con eso, Hinata se sonrojó levemente y Ryuu rodó sus ojos mientras sonreía. Fue entonces que Yuu se acercó al menor — ¡En fin! ¡Shoyo! Creo que estoy de acuerdo con todo lo que dijo Ryuu. — la expresión de Noya cambió. A pesar de que seguía hablando con un alto volumen, como era propio de él, la determinación y seriedad se presentaban en su rostro — Sé que crees que lo arruinaste, que querías decirle tus sentimientos de otra forma y tal vez, a pesar de que no somos del tipo que piensa demasiado las cosas, estás repasando en qué escenario lo hubieses hecho mejor, ¿verdad? — ante esa afirmación, Nishinoya y Tanaka observaron que el rostro de Hinata pareció comprimirse. Tanaka recordó cuando el chico de primer año estaba asustado para el partido de práctica contra Seijoh, pero esta vez era más notorio.
— ¿También te ha pasado, Noya-san? — preguntó el chico. Nishinoya sonrió y se acomodó a su lado.
— ¡Muchas veces! Creo que la peor fue cuando, bueno, me peleé con Asahi-san… — ante eso, Tanaka asintió con la cabeza, mientras Shoyo miraba fijamente a Noya. Hubo una breve pausa, donde sus ojos almendrados tuvieron un brillo diferente, pero luego recuperaron la determinación de siempre — ¡Pero! A pesar de eso, pudimos resolverlo. Sé que Kageyama puede parecer un tipo duro y descorazonado, pero estamos seguros de que no es así y que le importas…
— ¿Importarle? Apenas me mira cuando estamos fuera de la cancha — comentó Hinata. El gesto quizás fue muy leve, pero ambos jugadores advirtieron que el bloqueador central bajó los hombros cuando dijo eso, como si su presencia disminuyera. Ante eso, Tanaka fue el primero en tomar la palabra.
— ¡Tonterías! Kageyama siempre está atento a todo lo que haces — en respuesta a las palabras dichas, el rematador de cabello naranja alzó una ceja y el calvo jugador sonrió. — ¡Por ejemplo! Siempre está mirando la puerta de la sala del club y solo deja de hacerlo cuando llegas tú.
— Asahi-san, de hecho, me comentó de una vez que pasamos por la tienda. Kageyama observó que no te gustaba mucho el picante y te guardó el último bollo que no era de ese tipo. Obviamente, se lo pasó a Suga-san y él te lo entregó — observó Nishinoya. Hinata abrió sus ojos castaños ante aquellas revelaciones, recordando específicamente el episodio del bollo, cuando solo quedaba uno que no era tan picante. Su expresión provocó una sonrisa en el líbero — ¿Lo ves? ¡Ya tenemos dos cosas! Podría nombrar muchas más…
— Sin mencionar su rabieta por ¿cómo dijo? ¿”súper Kenma”? — ante el recuerdo aludido por Ryuunosuke, los tres rieron. — ¡Demonios! Solo habla con él, Hinata. Si Kiyoko-san fuese así conmigo, definitivamente lo intentaría…
— Bueno, está esa vez que te dijo “hola” en vez de ignorarte, cuando estuviste de cumpleaños… — señaló Nishinoya. Tanaka lo fulminó con la mirada y Hinata volvió a sonreír. El líbero miró al bloqueador central — Entonces… ¿te sientes mejor?
— Cuando recuerdo el tema lo único que quiero es vomitar, pero fuera de eso… — reconoció el chico. Ryuunosuke y Nishinoya le sonreían, expectantes. Fue en ese momento que Hinata dio cuenta de la situación. De pasar de estar solo y triste en la calle, llegó a la habitación cálida de Tanaka, donde sus compañeros lo escucharían toda la noche si fuese necesario. Shoyo sonrió — Hablaré con él. Gracias, senpais.
— Oh Dios, no…
— Demasiado para mi frágil corazón…
Las respuestas de ambos hicieron sonreír ampliamente a Hinata. Hubo un par de conversaciones más, hasta que Nishinoya decidió que era hora de Netflix y acción. Tanaka prendió la televisión y los tres se acomodaron en la cama. La situación resultaba hasta cómica, puesto que Shoyo sentía como si esa pijamada hubiese sido organizada para él, tal como solía hacer para sus amigos. No era una práctica explícita, en la que Shoyo llamaba a sus compañeros y decía “oigan, nuestro amigo está pasando un mal momento, así que juntémonos”, más bien, era un acuerdo tácito. Sobre todo, con sus amigos de secundaria, quienes aún tenían contacto con él.
Antes de comenzar la película, la imagen de él entrenando solo en las grandes canchas de pasto llegó a su mente. Luego, en unos segundos, fijó su vista castaña en las dos personas que estaban con él. Nishinoya le gritaba el nombre de la película a Tanaka, quien manejaba el control remoto de la televisión. Tal vez no tendría la misma cercanía con todos los integrantes del equipo de voleibol, pero sí podía afirmar que aquellos estudiantes de segundo año eran clave en estos momentos. Sin ellos, probablemente estaría aún solo, sin saber qué hacer.
Les estaba más agradecido que lo que las palabras podían expresar.
— ¡Oi, Hinata! Aquí tenemos apuestas de quién se duerme primero. Siempre pierde Noya…
— Oh, silencio, sabes que soy una persona madrugadora — el tono de Noya no era para nada de enojo, sino de diversión. Todos se acomodaron con los cojines que el dueño de casa les entregó.
— ¿Asahi-san sabe lo de “tu sueño de belleza”?
— ¿Sueño de belleza?
— ¡Demonios, Ryuu!
Las carcajadas sonoras de Tanaka fueron contagiosas. Mientras la película comenzaba, los tres se vieron envueltos en risas y bromas. Nuevamente, la imagen del rostro de Kageyama y los rastros de llanto fueron reemplazados por el momento actual, en el que Nishinoya y Tanaka discutían sonoramente y compartían risas entre bromas. Sin una advertencia, recordaron la actividad que estaban haciendo y, luego de risas más suaves, se acomodaron para ver la película. Nishinoya revolvió el cabello de Hinata y le ofreció helado, mientras se sentaba a uno de sus costados.
Sí, definitivamente solo eso necesitaba por ahora. Mañana solucionaría lo demás.
o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o
Nunca creyó que algún día estaría viendo ese número en su pantalla del teléfono tan fijamente. Mucho menos por las razones actuales. Caminando como rara vez hacía, el joven marchaba en círculos en su habitación. Había dejado esa costumbre desde pequeño, cuando su hermana afirmó que, si hacía eso muy seguido, un día formaría un agujero en el suelo y caería. Le creyó y se detuvo, para satisfacción de Miwa. A pesar de que su abuelo le aclaró que era un mal chiste y regañó a la chica, Tobio había reemplazado esa caminata por golpear el balón al techo o salir a correr. No fue sorprendente cuando advirtió que aquello era más relajante que circular por su habitación.
Sin embargo, esa noche golpear el balón o salir a correr no lo habían ayudado. Había hecho su recorrido diario, pero seguía con preocupaciones rebotando en su cabeza. En cuanto a relacionarse con el balón, lo hizo un par de veces, pero el cabello naranja y los ojos castaños abiertos venían a su mente como destellos interminables. Como nunca, el color se presentó en sus mejillas, pensando en las palabras que aquel individuo de baja estatura le había dicho.
¡Sí, tú me distraes! ¡Todo el tiempo!
¡No puedo parar de pensar en ti y me enferma!
¡Es como si me gustaras y te odiara a la vez!
Los últimos pasos de su círculo fueron más furiosos que los anteriores. Suspiró pesadamente, hasta que se decidió a marcar. Bastaron tres tonos y la voz femenina atendió por el otro lado.
— ¿Kageyama-kun?
— Hola, Yachi-san — pronunció el chico. Se reprendió mentalmente, por el leve temblor de su voz. Demonios, no se suponía que sonara así. Hubo unos segundos de silencio, hasta que la chica volvió a tomar la palabra.
— ¿T…Todo en orden? — el nerviosismo de ella pareció superarlo en segundos. Kageyama suspiró, repitiéndose mentalmente por qué estaba haciendo esto en primer lugar.
— Yachi-san, tengo un asunto y necesito tu ayuda — dijo él, sin rodeos. Casi pudo oír la confusión de la chica al otro lado del teléfono — La verdad es que es un poco urgente…
— Kageyama-kun, ¿otra vez inglés?
— No, no… Tus apuntes fueron muy útiles la última vez.
— Oh, ¿entonces…?
— Digamos que tengo un amigo…
— ¿Un amigo? — repitió ella, la duda era palpable en su tono de voz. Kageyama asintió, como si Yachi pudiera verlo.
— Sí, un amigo. Resulta que se le declaró un chico esta tarde y…
— ¡¿Se te declaró alguien?!
— ¡Es mi amigo, no soy yo!
— Oh, claro, claro… — afirmó ella. Kageyama ahogó otro suspiro. Era bastante obvia la inteligencia de Yachi, sobre todo su capacidad de evaluar situaciones (era la futura manager, después de todo). Por tanto, había una gran posibilidad de que la chica no le haya creído el asunto de “su amigo” — Entonces… ¿cuál es el problema?
— Bueno… — comenzó él. La voz de ella había sido tranquila y paciente, muy parecida a cuando estudiaban juntos. A veces, cuando hasta él entendía las materias más rápido que Hinata, se sorprendía de que la rubia chica no le propinara un golpe en la cabeza. En vez de ello, le explicaba de manera diferente una y otra vez, con esa misma voz a través del teléfono. — Es muy raro, porque en realidad fue un “me gustas”, pero con un “te odio”, también…
— ¿Eh? ¿Cómo…?
— Él… Bueno, dijo que no dejaba de pensar en mi amigo, que eso le enfermaba y que era como si le gustara y lo odiara a la vez — explicó el chico. Yachi no dijo nada, por lo que Kageyama continuó con su explicación — Yo… La verdad es que estoy muy confundido, no sé lo que quiso decir.
— Kageyama-kun… — dijo la chica. Solo hasta ese momento, el armador advirtió que había bajado la mirada. Fue como si Yachi estuviese frente a él, observándolo fijamente. — Honestamente, me sorprende un poco que me llamaras, porque bueno… No soy la más indicada para estos temas, ¿sabes?
— Pero eres discreta y conoces a Hinata… — cuando se dio cuenta de lo que había dicho, fue demasiado tarde. Fue como sus movimientos de genio en el voleibol. Su cuerpo se movió antes que su cerebro, pero esta vez no fue un pase para ese ataque rápido o las colocaciones exactas a los rematadores. Fue él admitiendo lo que, se supone, debía quedar incógnito. Casi pudo visualizar los ojos castaños de ella abriéndose de par en par.
Mierda.
— ¿Hinata? — comenzó ella. Kageyama suspiró y escuchó cómo la rubia ahogó un grito — ¡¿Eh?! ¡Kageyama-kun! ¡Entonces sí eras tú!
— Y…Yo…
— ¡Hinata se te confesó! — esta vez las exclamaciones fueron un poco más fuertes. Demonios, si hubiese sabido que esto iba a ocurrir, tal vez la llamada hubiese estado de más. No obstante, la siguiente declaración de su compañera lo sacó de sus pensamientos y maldiciones — ¡Bueno! No es para sorprenderse, la verdad es que era algo muy probable, como Azumane-san y Nishinoya-san…
— ¿Ah? — esta vez, fue él quien soltó esa expresión confundida. Por muy extraño que sonara, Yachi se escuchaba hasta contenta por el asunto. — ¿Azumane-san y Nishinoya-san?
— Oh, bueno… Verás… Kiyoko-san me dijo en el campamento, cuando su relación se hizo pública, que creía que podía ocurrir algo desde el año pasado — comentó ella. Kageyama alzó una ceja, aún sin entender el punto y Yachi continuó hablando, ajena al gesto — Después de hoy, lo de ustedes también se me pasó por la cabeza, honestamente…
— ¿Hoy?
— En la práctica, ¿recuerdas? — ante el silencio de él, la chica prosiguió. Usó ese tono cuando quería descubrir si él o Hinata en serio habían aprendido los conceptos. Era su voz directa de: “no me mientan” — Kageyama-kun, prácticamente le gritaste que dejara de hablar de Kenma-san, sin ninguna razón aparente — Tobio volvió a guardar silencio. El rugido por ese nombre no era tan fuerte como el de esa tarde, pero el malestar volvió, al recordar la escena en pleno gimnasio. — Al pensar que estabas celoso, muchas cosas me hicieron sentido...
— ¿Cosas? — sabía que negar sus celos no serviría de nada. No cuando Hitoka Yachi usaba ese tono con él, ni cuando él mismo lo había admitido hace unas horas.
— Es decir, hay acciones que quizás para el resto pasan desapercibidas, pero para las managers no, ¿sabes? — por algún motivo, la afirmación de Yachi le provocó un escalofrío por toda la columna vertebral. La chica todavía usaba su voz firme, pero su suave timbre tomó presencia esta vez — Comencé a pensar y recordarlos, en lo poco que llevo en esto. Por ejemplo, siempre estás atento a Hinata cuando está nervioso, incluso te acercas hasta que se le pasa — dijo ella. Kageyama enfocó sus ojos, recordando lo que escuchaba. — Cuando hace alguna jugada bien, no solo miras tus dedos, como ocurre con Azumane-san o Tanaka-san… lo miras como si estuvieses orgulloso, a veces hasta sonríes un poco — ante aquello, el armador alzó una ceja. Verdaderamente, jamás había percibido ese detalle de sí mismo. Curiosamente, Yachi continuó hablando — ¿Y sabes? Creo que Hinata puede calmarse en la cancha, pero tú le das mucha seguridad… Azumane-san puede ser muy tranquilo y darle consejos con sus nervios, incluso los ánimos de Tanaka-san o Nishinoya-san lo ayudan, pero él solo parece totalmente impasible cuando eres tú el que le dice que van a ganar.
Tobio tragó saliva cuando Yachi terminó su enumeración. Estaría mintiendo si negara que muchas más situaciones inundaron sus pensamientos. Cada vez que Hinata llegaba, sentía que la práctica iría muy bien. Cuando tomaba agua en las pausas entre el voleibol, Kageyama se aseguraba de que Hinata tuviera su botella, incluso si no se acercara para comprobarlo. La sola visión de él bastaría, de todos modos. Lo miraba rematar y podía jurar que algo le ocurría cuando sonreía ampliamente al conseguir el punto, incluso si no era él quien le pasaba el balón. Aunque, claro, cuando era así, aquella satisfacción se multiplicaba.
Luego de la pelea, en el campamento de verano, hasta él se sentía disgustado. No era solo por el voleibol, aunque al principio sí. Quería mejorar como armador, por eso había hablado con Oikawa. Sin embargo, a pesar de que lograron resolver sus problemas, una sensación desconocida le gritaba, una y otra vez, que podía descubrir más instancias con Hinata. El pensamiento, colado de hace semanas, nunca le molestó. Si podía hacer brillar a Shoyo Hinata, si podía hacerlo mejor en el voleibol, no era malo ¿verdad?
Sin embargo ¿desde cuándo aquello había traspasado los límites de la cancha? ¿por qué ese pensamiento no se completaba cuando se imaginaba a Hinata anotando puntos sin parar? ¿por qué sentía que el hilo no se rompería, aunque ganaran partido tras partido?
Oh, claro…
Porque ver al chico feliz en la tienda del entrenador Ukai, luego de comer un bollo escogido solo para él, no era una situación correspondiente al voleibol. Tampoco lo era cuando lo había visto hablar con Kozume Kenma en el campamento. Pareció estar triste al comienzo de su conversación, pero sus expresiones fueron tornándose cálidas, como se supone que debía ser. Hinata estando triste, en su cabeza, se sentía demasiado incorrecto. Durante todos esos días, fuera de la cancha de voleibol, luego de pelearse, la sensación había sido errónea. No estaba bien que él evitara su mirada.
O que huyera, como hoy.
— ¿Kageyama-kun? — la voz de Yachi lo trajo a la realidad. Las imágenes del chico salieron por un momento de su cabeza, trayéndolo a su habitación nuevamente. — ¿Sigues ahí?
— Yo… — comenzó él. Hubo unos breves segundos de silencio, donde Kageyama parecía recuperar su voz — Creo que subestimé tu capacidad de observación.
— ¿Hu? — claramente, no era la respuesta que ella esperaba. Sin embargo, Tobio continuó.
— Hinata puede ser un dolor en el trasero y un idiota la mayor parte del tiempo… — dijo él. Pudo sentir que Yachi estaba por protestar, pero se detuvo al escuchar el suspiro de Tobio. Si Yachi hubiese estado frente a él, también hubiese visto la sonrisa en su rostro — Pero… creo que algo de eso me gusta. — era un maldito mentiroso, porque el “algo” claramente era un “todo”, pero no iba a decirlo aún en voz alta. Yachi no dijo nada, por lo que el chico casi se sintió como si estuviese hablando solo, en su habitación — ¿Es muy raro?
— Todo en ustedes es raro, Kageyama-kun — dijo ella. Kageyama sonrió nuevamente ante eso, sobre todo cuando escuchó a la rubia reírse. — ¿Sería de otra manera? Hasta su forma de jugar es así…
— ¿Crees…? — comenzó él. Yachi dejó su risa, escuchándolo. — ¿Crees que me odie, realmente?
— Creo que acabas de decir que él es un dolor en el trasero y un idiota, pero que te gusta — al escuchar la recopilación de palabras, Kageyama sintió algo que pocas veces ocurría: rubor en sus mejillas. Casi pudo escuchar cómo su compañera encogía sus hombros por el otro lado de la línea — Supongo que cuando dijo eso fue algo similar. Además… — la rubia hizo una pausa y Kageyama esperó atento. Estaba seguro de que ella estaba sonriendo cuando pronunció la última frase — Pienso que, la verdad, deberías preguntárselo a él, ¿no lo crees?
Aquella afirmación le pareció la más lógica. El rostro de vergüenza y terror de Hinata llegó nuevamente a su cabeza. Sabía que el bloqueador central era ruidoso e impulsivo, pero esa expresión era de profundo arrepentimiento, algo que jamás había visto. Quizás el chico dijera lo que estaba en su cabeza, pero nunca se mostraba culposo de ello.
Espera… ¿Hinata estaba arrepentido?
Las palabras pronunciadas por Yachi hace unos segundos llegaron a su cabeza y su mirada se afiló con determinación. La chica tenía razón, debía preguntárselo él mismo, mañana.
— Tienes razón — dijo él. Por un momento, recordó el rostro de la futura manager, antes de alejarse de ellos en los partidos. Supuso que la expresión de ella sería parecida a esa, como si le estuviera diciendo que lo apoyaba.
— Me honra escucharlo de ti — respondió. Kageyama volvió a sonreír. Luego de unos segundos, la voz de Yachi (ignorante de todas las sonrisas que pudo haber visto en Tobio Kageyama) sonó otra vez — ¿Necesitas algo más o…?
— Estoy bien, nos vemos mañana…
— Genial. Duerme bien, Kageyama-kun. Habla con Hinata antes de la práctica o al menos inténtalo, ¿sí?
— De acuerdo — asintió él. No obstante, antes de que la rubia pudiera decir algo, nuevas palabras salieron de su boca — Yachi-san… Gracias.
— Oh… — dijo ella. Kageyama reconoció sus balbuceos nerviosos, como cuando Hinata le agradecía por sus cuadernos o algún miembro del equipo, normalmente Tanaka o Nishinoya, le recibía la botella de agua con energía. El chico no dijo nada al respecto, pero supuso que ella respondería con una sonrisa de oreja a oreja, como siempre — No te preocupes, cuando lo necesites.
Luego de un breve intercambio de palabras, Kageyama terminó la llamada. Acto seguido, suspiró al techo con satisfacción. Había sido complicado en un inicio, pero la elección de su confidente fue la adecuada, sin dudas. Inesperadamente, cuando se trataba de otras personas, Yachi podía ser bastante sólida en sus palabras. Si se dedicaba a ello, hasta se la podía imaginar dándoles instrucciones el próximo año. Había probado de primera fuente su molestia, cuando Hinata había fallado uno de los exámenes, al menos.
Antes de dormir esa noche, la imagen del chico de cabello anaranjado llegó a sus pensamientos. Tenía que aclarar sus asuntos con él, eso seguro. Si unía las piezas con cuidado esta vez, hasta el escenario podría verse a su favor y no tendría que ni siquiera incomodar a más personas. Para esto, debía hablar con Hinata antes de la práctica.
Sí, ese sería su objetivo principal.
Hablaría con él y aclararía todo.
o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o
Al parecer, Hinata no había pensado como él aquella noche, ya que todo había salido completamente al revés de lo esperado. Al principio, creyó que se estaba escondiendo, pero uno de sus compañeros le dijo que había estado en tareas toda la mañana. Se había quedado dormido en la primera clase, lo habían regañado, dejándolo tiempo extra en la sala de profesores. Además, en el segundo período (cuando Tobio fue a su puerta), estaba con el profesor Takeda en el salón de maestros. Era la evaluación mensual que el castaño maestro realizaba a todos los miembros del equipo, al darse cuenta de que había personas que eran muy malas estudiando. Después del campamento de verano, el capitán había apoyado la iniciativa de monitorear el rendimiento de cada uno.
¿Pero justo hoy? Odiaba decirlo, pero el profesor Takeda y su maldita tutoría no podían ser más inoportunas.
Al no encontrar al chico de cabello anaranjado, Kageyama decidió que lo buscaría luego de almorzar. Además, aún estaba la posibilidad de que Hinata no quisiera hablar con él. Después de todo, su huida había sido bastante clara anoche. No obstante, aquel pensamiento fue eliminado, cuando estaba comiendo su almuerzo y escuchó a uno de sus compañeros.
— ¿Kageyama? ¡Oh sí, aquí está!
El chico de cabello negro ya había levantado la vista, cuando oyó su nombre en la puerta. Los ojos azules se encontraron con los caramelo, ignorando la figura de su compañero de clase. Una sensación bastante anormal le recorrió el cuerpo, cuando se sostuvieron la mirada. Siempre que quería algo, la concentración era total. No obstante, aunque quisiera hablar con Shoyo Hinata con todas sus fuerzas, aún así sintió un temblor que muy pocas veces se presentaba. Era como cuando sus padres lo llamaban a hablar de su informe de notas, o cuando Miwa le dijo por primera vez que lo usaría de modelo para cortar el cabello en varones.
Dios.
— ¡SHOYO HINATA! — el grito brutal de una de las profesoras retumbó por todo el pasillo, alcanzando las paredes del salón e interrumpiendo el tren de pensamientos de Kageyama. Hinata se volteó y se encontró con la profesora castaña, parada en el marco de la puerta. La expresión de pánico en el rostro del bloqueador central fue inmediata, mientras Kageyama, por fuera, se mostraba impasible — ¡Deberes, ahora mismo! ¡Ya hablamos con el profesor Takeda de esto!
— ¡Pe…Pero---! — su cabeza fue hacia Kageyama por un segundo y luego hacia la profesora, quien comenzó a caminar por el pasillo, silenciando toda réplica que el estudiante podía ejecutar. Hinata resopló al techo y, con un gruñido que el colocador le había escuchado muchas veces, se preparó para seguir a la mujer. — ¡Kageyama---!
— Te veo en la práctica — pronunció Tobio, con el tono más tranquilo que pudo. Hinata apretó la mirada y el chico resopló, dando a entender su descontento con la situación — Después de la cancha, ahí hablaremos…
Shoyo asintió y comenzó a caminar rápido, ganándose otro reto de la profesora, diciéndole que no corriera. Kageyama suspiró y se llevó su caja de jugo a los labios. Realmente, si existía algún dios, todo el talento que le había dado en voleibol, lo contrarrestaba con todos los aspectos de su vida. Al principio, pensó que solo involucraba sus estudios, pero luego entendió que había una enorme posibilidad de que la categoría “Hinata y todo lo que a él respecta” también entrara en el trato.
Por otro lado, Yachi había escuchado todo el intercambio de palabras desde el marco de su puerta. Después de hablar con Tobio anoche, no podía quedarse al margen. Al oír la respuesta del colocador, se había golpeado la frente con la palma extendida, ganándose las miradas curiosas de sus compañeros. Rayos, es que… ¡esa respuesta no había reflejado ni un poco cómo realmente se sentía! Había que admitirlo: cuando se trataba de expresiones que involucraran más de una emoción, Tobio Kageyama tenía el mismo nivel que el traductor de Google.
A esas alturas del día, donde no había más períodos de descanso, Hitoka pensó hasta en encerrarlos en el cuarto de equipos o algo así (oh, a Nishinoya-san, Tanaka-san e incluso Sugawara-senpai les encantaría. Tal vez, Shimizu-senpai ayudaría…), pero decidió respirar profundo, tragarse su propia ansiedad y, finalmente, descartar la idea. El asunto tenía que ser resuelto entre ellos y, la verdad, con solo ver a Hinata podía decir que esta situación le incomodaba más que otras. Involucrar al resto solo lo empeoraría. Era más difícil que la pelea, definitivamente.
Debían resolverlo pronto.
o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o
Oh, por supuesto que debían resolverlo pronto, si no era ahora mismo.
Hitoka casi saltó cuando, por cuarta vez, el servicio de Hinata chocó con la red. Nishinoya suspiró brevemente, para luego gritar una palabra de aliento. Quizás fue casi imperceptible, pero Yachi advirtió que Tanaka y el líbero se miraban entre sí, para luego clavar la vista en Kageyama, quien estaba junto a ellos, en el equipo contrario a Hinata. Asahi también lanzó un suspiro, ganándose miradas por parte de Daichi y Sugawara. En cuanto a Yamaguchi y Tsukishima, la rubia aspirante a manager se dio cuenta de que compartieron un momento de silencio. Fue muy raro que el rubio no lanzara un comentario sarcástico.
Quizás era porque Hinata temblaba, aunque la acción fuera breve.
— ¡HINATA! — gritó el entrenador, provocando que el aludido casi saltara. Hinata lo miró y Ukai se cruzó de brazos — ¡No te atrevas a acobardarte! ¡Si fallas un maldito servicio más, todo el equipo hará tres vueltas de circuitos! — el chico asintió, a lo que el resto del equipo se mantuvo en silencio. No era extraño que Ukai diera esas advertencias, pero, normalmente, el chico de cabello naranja se estaría disculpando sonoramente con todos. En este caso, solo bajó la mirada y volvió a su posición — ¡Ahora, todo el mundo concéntrense! ¡Si tienen que dejar su trasero en la cancha hoy, lo harán!
Yachi apretó el cuaderno que tenía con ella y Kiyoko también pareció advertir que algo extraño ocurría. La tensión había aumentado y no mejoró como otras veces. Normalmente, Hinata sonreiría con la palmada en la espalda de Asahi, antes de que el equipo contrario sirviera. No obstante, no fue el caso, ya que el bajo bloqueador central asintió y suspiró, mirando al frente. El juego continuó sin mayores complicaciones, aunque Nishinoya pudo notar que los remates de Hinata no estaban en su mejor forma. Habían sido tres intentos en los que Yuu había recibido sin mayor esfuerzo y, aunque el remate de Asahi marcó el punto, una mirada desde el otro lado de la red se fijó en Hinata, quien seguía cabizbajo.
— ¡Levanta la mirada, idiota! — aquella voz hizo que Hinata alzara sus ojos castaños inmediatamente. Kageyama tenía el ceño fruncido y lo miraba con dureza. Eran la primera interacción que ellos tenían, ganándose la atención del resto. Durante toda la práctica, no se habían dirigido la palabra. Yachi apretó su cuaderno y Kiyoko alzó una ceja, advirtiendo todas las reacciones de la rubia — ¡Tu equipo acaba de marcar un punto, así que quita esa estúpida cara antes de que me dé dolor de cabeza!
— ¡¿Estúpida cara?! ¡Mira quién habla, señor arrugas a los quince!
— ¡No voy a rechazarte, si eso es lo que te preocupa! — aquello provocó que Hinata se callara. El resto, no sabía si sorprenderse por las palabras de Kageyama o la boca cerrada del bloqueador central — ¡Así que vuelve a ser el idiota de siempre o lo pensaré!
Fue todo.
Tomó un par de segundos para que Shoyo quedara con la cara del mismo color que su pelo. Yachi lanzó un chillido interno que solo Kiyoko pudo escuchar y Noya esbozó una amplia sonrisa. Kageyama se volteó, colocándose en posición, como si hubiese hablado del clima. Tanaka, como pocas ocasiones, estaba estupefacto, encontrando la mirada de Asahi, quien parecía más nervioso que Hinata. No obstante, luego de unos segundos, ambos sonrieron. Por otro lado, el resto del equipo abrió sus ojos de par en par. Yamaguchi pestañeó múltiples veces, mientras Sugawara golpeó suavemente a Daichi en el hombro. Esa fue la única señal que el capitán necesitó para tomar la palabra.
— ¡Bien! ¡Creo que todos necesitamos un descanso---!
— ¡No! — la negativa por parte de Hinata llamó la atención de todos. Kageyama fijó sus ojos en él y se encontró con los orbes caramelo, brillando con intensidad. Aunque el rubor de su cara no se había ido del todo, su expresión era completamente distinta a la anterior. Lo miraba fijamente y no había ningún atisbo de duda en su voz — ¡Si me lo permite, capitán, quiero seguir! ¡Kageyama no va a tener que pensar nada, porque de este lado, ganaremos!
Con eso, una nueva ola de reacciones se manifestó. La mayoría sonrió e incluso se rio, mientras Tsukishima rodaba sus dorados ojos, murmurando que debió habérselo imaginado, pues ambos solo tenían voleibol en el cerebro. El entrenador Ukai compartió una mirada rápida con el profesor Takeda, optando por encogerse de hombros. Un romance adolescente más o menos, no importaría mientras pudiesen mantenerlo fuera del juego, como bien lo habían logrado Asahi y Nishinoya.
Fue así como también, esa tarde, lo demostraron Hinata y Kageyama.
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— ¡Yachi! — gritó Shoyo, luego de que el sol comenzara a ponerse. La chica estaba por entrar a la sala de equipos, por lo que se volteó cuando escuchó al chico. — ¡Nadie quiere pasarme una escoba! ¿Quedan ahí?
— ¡Hinata, hoy no limpias! — sentenció la futura manager. Hinata alzó una ceja y la chica lanzó una breve risa — Daichi-san envió a Kageyama a la sala del club hace un rato. Quizás debas ir.
— ¿El capitán…? — La rubia asintió y Hinata, por muy denso que fuese, pudo captar en el silencio la indirecta que, al parecer, todo el equipo le estaba lanzando — ¡Oh…! Entonces voy a…
— Sí — dijo Hitoka. Hinata estaba por irse, cuando ella pronunció las siguientes palabras con una sonrisa alentadora — Buena suerte, Hinata…
Dicho esto, el chico también le dedicó una amplia sonrisa. Luego, con una velocidad propia del mejor señuelo, corrió a la puerta y se cambió los zapatos. No reparó en la mirada cálida que le enviaron sus senpais ni que el entrenador Ukai y el profesor Takeda lo dejaron partir, sin siquiera pedirle una explicación. Cuando Hinata había desaparecido por esa puerta, Nishinoya se aventuró a mirar a Asahi como solían fuera de las prácticas, donde también podían comunicarse sin decir una sola palabra. El castaño le sonrió y, por un segundo, fue como si ellos mismos recordaran esa noche de campamento, cuando comenzaron a salir.
— Bueno, y por aquí estamos los heterosexuales, sin pareja… — susurró Tanaka, mientras trapeaba el piso. La única que lo escuchó fue Kiyoko, quien esbozó una imperceptible sonrisa y continuó con lo que escribía en su cuaderno.
Ajeno a las palabras compartidas en el gimnasio o los gestos ejecutados, Shoyo Hinata corrió escaleras arriba. No obstante, grande fue su decepción cuando el colocador del equipo no estaba dentro. El chico suspiró pesadamente y hasta juntó sus cejas, sintiendo una especie de enojo confuso ¿Por qué Yachi lo habría enviado a esa habitación si Kageyama no estaba ahí? Demonios, hablar con él había sido mucho más complicado, de todos los días posibles.
No obstante, hubo un sonido que lo sacó bruscamente de sus pensamientos. Shoyo se aproximó a su bolso, donde su celular había estado sonando. Al sacarlo, encontró llamadas perdidas y un mensaje. Se sonrojó, al ver el nombre de quien lo había contactado. Estuvo por llamar de vuelta, cuando vio el texto que Kageyama le había escrito.
Estoy esperando al lado de tu bicicleta.
Sin pensarlo dos veces, Hinata se cambió rápidamente y corrió escaleras abajo. Le parecía muy extraño que Kageyama pareciera tan tranquilo respecto a todo o no sabía si él era quien estaba más alterado de lo común. Al menos, la práctica no había tenido mayores complicaciones, luego de su intercambio de palabras y declaraciones públicas. Si querían continuar con esto, debían estar a la altura. Al menos, eso había escuchado que el entrenador Ukai les decía a Asahi y Nishinoya, en el primer entrenamiento luego del campamento de verano.
Llegando al lugar donde se dejaban las bicicletas de la escuela, Hinata se encontró con Kageyama apoyado en la pared, manos en los bolsillos y rostro de piedra (su cara de siempre, como Shoyo la reconocía). No obstante, la imagen duró un segundo, ya que, al escuchar las pisadas del chico, Tobio levantó la vista, encontrando sus oscuros ojos con los castaños. La sensación había sido muy similar a la del período del almuerzo, donde Hinata había intentado hablar con él.
Dios. Solo es Kageyama. No debería estar así de nervioso…
— No quería hablar en la sala del club — dijo Kageyama, luego de unos segundos de silencio. Hinata asintió y el chico pareció endurecer aún más el rostro. — Antes que todo…
— Me gustas — Hasta Hinata pareció sorprendido por sus propias palabras. Kageyama lo observó, encontrándose con aquel rostro decidido y sonrojado. — Sé… Sé que ayer dije que te odiaba y me enfermabas, pero la verdad es que no es nada de eso… — a pesar del furioso color rojo que comenzaba a avanzar y el leve tartamudeo del bloqueador central, había un brillo muy familiar en esos ojos. Tobio despegó su espalda de la pared y comenzó a avanzar hacia el chico — Solo quería decírtelo claramente esta vez y ¡Demonios! ¡Hoy fue imposible encontrarte! Todo empezó porque me dormí en la primera clase. No sabía que Tanaka-san roncaba de esa manera y me mantuvo despierto hasta muy tarde…
— ¿Tanaka-san?
— ¡Sí! Ayer Noya-san y Asahi-san me encontraron cuando salí corriendo de aquí y pasamos la noche en la casa de Tanaka-san. Aunque Asahi-san no estuvo con nosotros… — Hinata interrumpió sus palabras cuando notó la expresión confundida de Kageyama. El chico tragó saliva — Y, bueno, los ronquidos, ya sabes, no me dejaron dormir…
— Así que Noya-san, Azumane-san y Tanaka-san… — repitió el chico. Solo en ese momento Hinata advirtió lo cerca que estaba Kageyama. La distancia no era más de dos pasos. Casi podía olfatear el aroma característico del chico, recordándole las raras veces que, en las limpiezas o en la sala de equipos, la proximidad entre ellos disminuía. Hinata había temblado cada vez que Kageyama alzaba el brazo para buscar un balón cerca de él, o sus dedos se rozaban al juntar la red. Estar a menos de un paso, en un lugar apartado y por voluntad, como lo estaban en esos momentos, no había cabido jamás en su lista de posibilidades. La voz de Kageyama sonó cerca y Hinata tembló otra vez, preguntándose cuándo había comenzado a mirar el suelo — Entonces, supongo que dejaste tu bicicleta aquí ayer, en serio ¿quién corre así?
— ¡Oye! — Hinata levantó la vista, encontrándose con una expresión en Kageyama que jamás había visto. El chico de cabello negro lo miraba con sus ojos azules entrecerrados y una media sonrisa. Se parecía mucho a cuando una jugada les resultaba. Por algún motivo (uno que sabía muy bien), volvió a sonrojarse, tomando aire para pronunciar las palabras atrapadas en su garganta, desde el entrenamiento — ¿Eso que dijiste, en la práctica, es verdad o fue para que jugara mejor? Porque si es lo segundo, vas a estar en graves problemas cuando…
Las palabras de Hinata fueron interrumpidas por acciones. Kageyama, en un movimiento minúsculo y rápido, acortó la distancia, tomando el rostro del otro chico y uniendo sus labios. Fue un contacto menor en primera instancia, en el que Shoyo no alcanzó a cerrar sus ojos siquiera. Tobio se separó para decir algo, pero un tirón de su camisa provocó otra colisión. Aunque el primer beso había sido suave y corto, el segundo permitió distintos ángulos. Las narices chocaron y, cuando Shoyo intentó cambiar de lado, también sus dientes lo hicieron con los de Tobio.
Aquello generó una risa sincera de Kageyama, una imagen acústica que Hinata jamás había presenciado en todos los meses que llevaban de compañeros. Hubiese correspondido el gesto, pero el remezón interior de sentir que aquello no era real fue mucho más imperante.
Estoy muerto o soñando.
— ¿Te queda claro ahora o qué, idiota? — susurró Kageyama, aún con sus narices tocándose. Hinata juntó sus cejas y resopló.
— Estupiyama… — alcanzó a pronunciar, antes de que sus labios fueran silenciados nuevamente.
La puesta de sol duró unos minutos más y Hinata supuso que las tardes después de la práctica serían de esta manera. Asahi y Nishinoya se tomarían de la mano cada vez que fueran hacia la tienda, Kiyoko y Yachi cerrarían el gimnasio y todos estarían hablando de cualquier asunto que les hubiese ocurrido durante el día. No obstante, Hinata estaría con Kageyama, aún practicando solos, en la sala de equipos o en el estacionamiento de bicicletas, confirmando las palabras no dichas, los sentimientos verdaderos.
Entre la ronda de besos que hubo, Hinata no pudo evitar sonreír ante el pensamiento.
Le gusto también…
La reciprocidad la podía ver en el momento presente y, desde ese día, cuando Kageyama pusiera sus azules ojos sobre él. El rostro estupefacto de aquella noche fallida había sido reemplazado. De tener los ojos desmesuradamente abiertos y la confusión como principal cualidad, la sonrisa tranquilizadora demostraría seguridad, como ahora lo hacían sus manos en el rostro y los labios unidos.
Tobio Kageyama le correspondía y eso estaba muy lejos de terminar.
