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Characters:
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Language:
Español
Series:
Part 1 of Amor en...
Collections:
Asanoya Week 2021
Stats:
Published:
2021-07-10
Completed:
2021-07-22
Words:
14,924
Chapters:
2/2
Comments:
11
Kudos:
26
Bookmarks:
3
Hits:
239

Amor en Escenarios Imposibles

Summary:

Asahi está en la oficina del director por dejar a un compañero en la enfermería. Nadie lo creería, pero Kiyoko afirma la veracidad de los hechos ¿Qué pasa cuando Nishinoya desea saber lo que ocurrió, pero la estrella no quiere decirle?
Al parecer, el escenario imposible en el que Asahi Azumane se ve involucrado en una pelea, puede dar cabida a muchas más cosas... ¿Qué tal el amor?
(Historia de dos capítulos)
#AsaNoya Week 2021 #Day1Confessions

Chapter Text

— ¡¿Eh?! ¡¿Asahi-san está en la oficina del director?!

El nombre del as de Karasuno llamó la atención de todo el equipo. Daichi tuvo que contener la impresión, al ser el capitán. Sin embargo, la noticia había dejado a todos boquiabiertos, abandonando cualquier acción que estuviesen haciendo. Tanaka estaba con los ojos abiertos de par en par, siendo él quien había gritado, consiguiendo que medio gimnasio se enterase. El profesor Takeda suspiró pesadamente y miró a Shimizu, con quien estaba teniendo esa discreta conversación. Hinata gritó sin tapujos y todos esperaron que aquel alarido monumental fuese acompañado por uno de los chicos más ruidosos del equipo.

Por supuesto, solo bastaron unos segundos para ello…

— ¡¿AHH?! — exclamó el líbero de segundo año. Suga tuvo que aguantar el golpearse la frente con la palma de su mano. — ¡Ese grandote! ¡Quizás otra vez se metió en problemas por acercarse demasiado a la gente, demonios! — fue entonces que Nishinoya parecía una pulga, saltando por todos lados. Vociferando con una intensidad que pudo haber llegado hasta Plutón, repasó todas las veces que Asahi había sido malinterpretado. Tanaka lo secundó, luego se unió Hinata, completando el escuadrón de “las voces de ambulancia” como Tsukishima los había llamado muchas veces.

— ¡Silencio ustedes tres! — la voz de Daichi hizo que el trío dejara de parlotear y andar en círculos. Luego de suspirar pesadamente, el capitán fijó sus marrones ojos en los del profesor. — Sensei, creo que todo el equipo ya escuchó, así que… ¿Se sabe lo que ocurrió? ¿Asahi está en problemas?

— Bueno, la verdad el asunto no es tan sencillo… De hecho, me acabo de enterar — dijo el profesor. Tanto misterio estaba poniendo de los nervios a los más inquietos, pero una mirada de Daichi provocó que se mantuvieran callados — Al parecer, Azumane-san dejó a uno de sus compañeros en la enfermería…

— ¡¿EEEEEEEEEEEEHHHHHHHHHHHHHHHHHH?!

Fue el turno de todo el equipo para exclamar, incluido el entrenador Ukai. Es que… ¿Cómo era posible? ¿Estaban hablando de Asahi, el que todos conocían? ¿El mismo que casi se desmaya cuando Aone, el bloqueador de Dateko, lo observó fijamente? ¿El mismo que cada vez que veía un gatito en la calle le dejaba comida? ¡Porque por favor, hasta Suga y Daichi en una ocasión observaron con total asombro que el grandote llegó mojado a clases por dejarle su paragua a un completo desconocido!

¿Ese Asahi? ¿Ese había dejado a un compañero en esas condiciones?

Difícil de creer.

— ¡Take-chan, debe ser un malentendido! — exclamó Nishinoya, colocándose frente al profesor. Takeda estuvo a punto de decirle que no lo llamara así en esas circunstancias, cuando Noya volvió a interrumpirlo — ¡Es imposible, Asahi-san no mata ni una mosca!

— Nishinoya — la voz de Shimizu sonó entre todo el griterío, tomando la atención del líbero. Por primera vez desde que se conocían, Nishinoya no se mostró iluminado ni le declaró su amor a todo pulmón, sino que se volteó a mirarla con el ceño levemente fruncido. Hubo un breve silencio, como todas las veces que la manager hacía una intervención. — Sé que es difícil de creer, pero yo lo vi — dijo ella. Nuevamente, fue el turno de todos de abrir sus ojos de par en par — No sé los detalles, pero fue cuando todos ya estaban aquí.

— Entonces debió ser un asunto grave — dijo Sugawara, luego de unos segundos de silencio. Fue el turno del chico para adelantarse hacia el profesor, posicionándose a un lado de Nishinoya — Sensei, usted conoce a Asahi, debe haber una explicación.

— Tranquilos. De hecho, justamente voy para allá — respondió el profesor. Takeda miró a Ukai y todo el mundo sintió que hubo una súbita seriedad que pocas veces experimentaban — Ukai-kun, te dejo a los chicos. — El entrenador asintió y el profesor se dirigió a la puerta. Antes de irse, miró al resto y les dedicó una sonrisa, con intención de calmarlos — Sigan practicando, estoy seguro de que se solucionará.

Sin embargo, aunque esa sonrisa hubiese sido con el mejor de los propósitos, el equipo estuvo lejos de estar calmado y mucho menos concentrado. Ukai los trató como siempre, pero notó que uno de ellos estaba mucho más distraído que el resto, ya que no recibía remates que normalmente serían pan comido para él. En la práctica de estos, el entrenador dio un largo suspiro. Esta vez no regañaría a Nishinoya, pero si continuaba con esa actitud en otro entrenamiento, debería hablar con él. Sobre todo, si estaban a dos semanas del campamento con Nekoma y las demás escuelas.

Terminando la práctica, las puertas volvieron a sonar y muchos de los miembros se voltearon. El profesor Takeda entró al gimnasio, pero sus ojos no expresaban buenas noticias. Ukai tuvo un mal presentimiento al respecto, siendo capaz de notar que Daichi estaba en la misma situación.

— Una semana — declaró el profesor, respondiendo a la pregunta tácita que todos estaban haciendo — Azumane-san está suspendido una semana.

— ¿Qué hay del club? — preguntó el capitán. La impaciencia llenaba su tono de voz, y todos miraban a Takeda con especulación.

— Logré que pudiese ir al campamento — declaró el profesor. Todos soltaron un suspiro de alivio, pero Ukai notó que el hombre no se movió un centímetro — Sin embargo, cuando vuelva, debe hacer trabajo comunitario durante una semana. Si lo ven por aquí, podría tener problemas, incluso en horarios que no corresponden a los entrenamientos — dijo el profesor. Los miembros del equipo apretaron el rostro ante ello y la dura mirada castaña, aquella que el entrenador Ukai jamás había visto, pasó por cada uno de los estudiantes de Karasuno — Azumane-san tuvo suerte, chicos. No diré detalles, pero pudimos negociar con el subdirector. No quiero que nadie, repito, nadie tome represalias ni se meta en líos — por algún motivo, Nishinoya sintió que muchos lo miraban. Incluso, los ojos de Takeda fueron primero a Ryuu y luego se fijaron en él — De lo contrario, las consecuencias serán graves.

— ¡Entendido!

El grito unánime del equipo de Karasuno inundó el partido, para luego ir a los estiramientos. Nishinoya, aún concentrado en el asunto de Asahi, repitió las palabras del profesor en su cabeza, mientras estiraba cada parte del cuerpo trabajado.

¿Represalias, dijo? Demonios, no sé lo que significa eso, pero creo que se refería a algo malo… ¿Por qué alguno de nosotros querría eso? ¿Qué rayos…?

Mientras pensaba eso, sus afilados ojos se fijaron en el profesor Takeda, quien se acercó al entrenador Ukai y se alejaron del círculo que ellos formaban. Las voces en conjunto, contando los números para estirar, producían que no se escuchara la conversación, pero esto no pudo vencer la curiosidad del líbero. Noya supuso que estaba contándole lo ocurrido con Asahi, por lo que estudió cada reacción del entrenador, quien solo se dedicó a asentir con la cabeza y realizar un par de comentarios. Ambos estaban muy serios.

— ¡Cuenten más alto!

La voz de Daichi lo llevó nuevamente al estiramiento, donde quitó la vista del entrenador y el profesor, concentrándose en contar y estirar.

Si no hubiese ocurrido aquello, Yuu Nishinoya se hubiese encontrado con la mirada de ambos adultos sobre él.

o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o

El camino a casa sería solitario. Normalmente, a esa hora, estaría comiendo bollos de carne con el equipo de voleibol. Intentaría pagar el suyo, pero Daichi se lo negaría rotundamente, diciéndole que el capitán invitaba. Después, Suga lo molestaría por ser un gigante amable, a lo que él se sonrojaría y se rascaría la mejilla, como solía hacer cuando algo le avergonzaba levemente. Quizás Kiyoko pasaría a un lado para despedirse del equipo con la mano y sería en ese momento que Tanaka gritaría escandalosamente junto con Nishinoya.

Nishinoya…

El nombre estaba rebotando en su mente, cuando su celular comenzó a sonar.

El mismo nombre en la pantalla.

Mierda.

— ¿Hola? — dijo al contestar. Era un hábito suyo el responder una llamada como si estuviese haciendo una pregunta, o eso le había dicho Daichi, en una de esas conversaciones al azar, en una noche muy parecida a esta.

¿Dónde estás? — la voz del líbero sonaba enérgica, pero impaciente. Asahi apretó los labios, dándose cuenta de que era el tono de Nishinoya cuando estaba preocupado.

— Estoy volviendo, casi llegando a casa — respondió.

¡Bien! Estaré ahí en un rato… — seguramente su interlocutor estaba por alejar el teléfono de su oreja, cuando alcanzó a protestar.

— ¡No! ¡No es necesario! — La voz de Asahi sonó urgente, sacando potencia desde el estómago. No quiso que fuera de esa manera, pero supuso que tuvo efecto, ya que la línea seguía intacta — Nishinoya, si es por mi pelea de esta tarde, me gustaría no hablar de eso ¿entiendes?

Woah, “mi pelea”, creí que nunca llegaría un día como este… — la risa nerviosa fue unilateral, no logrando llegar a la garganta de Asahi, quien solo suspiró. Casi pudo visualizar a Noya frunciendo el ceño — Solo quiero saber si todo está en orden… ¿estás entero, al menos?

— De una pieza — respondió el as. Nuevamente, supuso que Nishinoya estaría asintiendo con la cabeza o, incluso sonriendo de lado. Asahi tomó aire para continuar con lo siguiente — Él se llevó la peor parte, en realidad… Creo que le dejé un ojo morado.

Vaya, entonces debió ser un asunto feo… — comentó el líbero. Asahi soltó un suspiro, recordando brevemente lo ocurrido. El agarre del aparato también se endureció, siendo la voz de Nishinoya lo que lo trajo de vuelta a la conversación — No eres de esos que se meten en peleas ni pierden los estribos, ¿puedo saber qué demonios pasó?

— Bueno… — Asahi sintió cómo el pecho le palpitaba. Por un lado, no quería mentirle al líbero, pero por otro, ¿cómo le explicaba lo que pasó sin revelar mucho? — Digamos que me da igual cuando me molestan a mí, pero no pude aguantar que dijeran cosas de alguien más…

Sé más específico, súper estrella… ¿A quién molestaron? ¡No me digas que dijeron algo sobre Kiyoko-san! ¡Les partiré las…!

— ¡No! No te preocupes, no fue eso — el castaño cortó la voz de Nishinoya antes de que sacara conclusiones apresuradas. Sin embargo, el agarre del auricular logró incrementarse. — Noya, prometo contarte todo, pero en estos momentos no quiero hablar de ello… Nos vemos luego ¿de acuerdo?

Siempre ocupas mi diminutivo para convencerme de algo, ¿sabías?

— Me descubriste — Asahi casi pudo oír la sonrisa del líbero por el otro lado de la llamada. Incluso él también esbozó una, aunque le había costado trabajo durante esas horas de la tarde — Buenas noches, Nishinoya

¡Oye! Si tienes algún corte o algo, la pomada ayudará. Al menos eso dice el abuelo…

— Tranquilo, estoy bien. De una pieza, ¿recuerdas? — la pausa fue breve, pero Asahi escuchó cómo Nishinoya dejaba escapar un breve bufido. Siempre reaccionaba así cuando no obtenía lo que quería y esta vez no era la excepción. Por eso, pronunció las siguientes palabras con toda la gentileza posible — En serio, no te preocupes por mí, Noya.

También usas el diminutivo para tranquilizarme — acotó Nishinoya. Asahi lanzó una leve risa, a lo que, supuso, el líbero esbozaría una sonrisa. Las palabras luego pronunciadas también fueron suaves, aunque sabía que el dueño de ellas estaría impaciente al día siguiente — Descansa, as.

Asahi Azumane colgó la llamada. En una primera instancia, una corriente de calor pasó por su cuerpo para instalarse en su estómago. Siempre que escuchaba reír a Nishinoya ocurría, al menos. Sin embargo, cuando recordó el motivo de la llamada, lo embargó una sensación de considerable bloqueo. Era diferente a cuando remataba y una muralla se alzaba frente a él, puesto que en esos momentos las palabras no pudieron salir siquiera. Nishinoya lo había llamado para saber qué había ocurrido, pero ningún indicio había escapado de su garganta. Simplemente no podía decirle que había perdido el control por algo que perfectamente se pudo haber evitado y tampoco le agradaba la idea de relatar lo que le habían dicho.

Entonces, ¿se lo haces tú al enano o él…?

Esas palabras llegaron nuevamente a sus oídos y Asahi pudo jurar que las escenas se repitieron en su mente. Apretó el puño, intentando calmar el huracán que volvía a surgir en la boca de su estómago y respiró, intentando aflojar su garganta, que no sabía cuándo se había tensado. Ojalá hubiese sido tan fácil calmarse esa tarde, cuando por primera vez había usado su fuerza para otra cosa que no fuese rematar un balón de voleibol o matarse entrenando.

Intentó calmar sus pensamientos, procurando olvidar algunas imágenes que aún le parecían incómodas, o palabras que no le fuesen gratas. Debía armar todo el relato para contarles la versión oficial a sus compañeros. Quizás no era necesario decirlo todo, pero debía dejar lo importante al menos…

— ¡Hey! Llegas tarde a casa…

Asahi levantó la vista, dándose cuenta de que estaba en sus propias cavilaciones. Su primer impulso ante la escena frente a él fue huir, pero aquello tenía nulo sentido, pues debía entrar a su casa.

Para su desgracia, Suga y Daichi estaban en la entrada de ella. Ambos le sonreían y Asahi sabía lo que vendría a continuación.

— Shimizu nos contó todo, pero queremos escucharlo de ti — dijo el capitán.

— Y saber cómo estás, por supuesto…

Bueno, aquello no se lo esperaba para nada.

No obstante, si Shimizu había estado en la escena…

Oh, no

o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o

 

La campana sonó y Nishinoya, por mero instinto, estaba por subir al piso de los de tercero. Sin embargo, a mitad de camino, recordó que Asahi no estaría allí, pues estaba suspendido durante toda la semana y solo llevaba dos días. La idea lo hizo apretar el entrecejo. Era tan extraño que la persona más gentil que conocía estuviese en su casa recluido por golpear a uno de su clase. Aún le costaba asumirlo.  

Exactamente aquello no le hacía nada de sentido, pues necesitaba saber qué demonios había pasado. Conocía a Asahi y probablemente le bajaría el perfil, ocultando parte de lo ocurrido. Las veces que habían hablado durante esos días, no hubo espacio alguno para que le contara lo de la pelea, ya que desviaba el tema. Siempre hacía eso cuando se metía en problemas. Las veces que inventaban rumores de él, no era capaz de desmentirlos ni tampoco le contaba detalles, aunque eso le hubiese traído más de una cita a la oficina del consejero. Su apariencia le había ocasionado más de un malentendido, siendo muchas veces Suga y Daichi quienes lo ayudaban a tomar valor para aclararlo.

Sin embargo, esta vez no era un rumor. Él de verdad había estado inmerso en una pelea.

Sabía que Asahi no le iba a contar todo.

¿Daichi? ¿Suga? Quizás. Seguramente le dirían que fuese a preguntarle al grandote, que con suerte podía negarse cuando alguien le ofrecía algo en la calle, pero cuando se trataba de sus sentimientos, era como si lo guardase bajo siete llaves.

De pronto, una idea saltó por su cabeza.

Era ridículo e impensable, pero tal vez sería una oportunidad para tener un antecedente y poder preguntarle a Asahi con mayor conocimiento. Nishinoya se acomodó el bolso y subió las escaleras con un poco más de prisa de lo normal, pasando del aula de Azumane, para llegar a una que en su vida se había atrevido a pisar. Quizás, si tenía suerte, podría encontrarla allí.

— ¡KIYOKO-SAN!

La chica de cabello negro se estremeció por el repentino grito. Algunas chicas de tercero aún seguían allí, por lo que le lanzaron miradas de descontento al bajo chico. Nishinoya no se dio por entendido (al parecer no era muy consciente del volumen de su voz). Kiyoko suspiró pesadamente y se encaminó al umbral de la puerta. El líbero se apartó, dejando que ella pasara. El perfume femenino se coló por su nariz y por un momento se distrajo. Kiyoko lo miró con confusión, ya que se esperaba un nuevo alarido por su parte, pero aquello jamás llegó.

— ¿Ocurrió algo? — preguntó la chica, mirándolo por encima del hombro. Nishinoya enfocó su vista y tomó aire para hablar. El pasillo comenzaba a vaciarse, y las aulas se hallaban desiertas luego de unos segundos.

— Más o menos — respondió. Kiyoko se volteó completamente, quedando frente a él. Yuu aún no reparaba en que esta era la primera vez que le hablaba a su manager con normalidad. — Kiyoko-san ¿sabes lo que ocurrió ayer con…?

— Creo que deberías preguntarle a Azumane directamente, Nishinoya — Noya sabía que Kiyoko no era de esas que cortaban a la gente a la mitad, por lo que no pudo evitar alzar una ceja ante la súbita respuesta. La chica pareció notarlo y, acomodándose el cabello detrás de la oreja, continuó hablando — Si bien presencié parte de la pelea, creo que el motivo es un poco personal.

Nishinoya estuvo a punto de preguntar a qué se refería, cuando sintió un choque de hombro que lo hizo avanzar un paso. Kiyoko levantó sus grises ojos hacia el que lo habían provocado y el líbero se dio cuenta de que los ojos de su manager estaban cargados de un sentimiento que jamás creyó ver en ella. Ni siquiera cuando Tanaka o él la elogiaban de la manera más escandalosa los miraba así. Pasaron unos segundos en los que Shimizu volvió a fijarse en Nishinoya, quien ya tenía la frase preparada para salir.

— Normalmente uno se disculpa por empujar a las personas — comentó el líbero. Shimizu apretó su semblante, mientras que el otro estudiante se volteaba a mirarlo. Nishinoya casi tiembla de ira cuando sintió esos ojos cargados de subestimación sobre él.

Sin embargo, hubo otra cosa que le llamó la atención y ese fue el ojo morado que lucía aquel rostro, hasta ahora, desconocido para él. Noya enfocó la vista y pudo notar que los hematomas eran enormes.

— Oh, lo siento, eres tan pequeño que no te vi. — normalmente expresaría su total desagrado con una exclamación, pero en vez de eso, Noya apretó la mirada. Shimizu se quedó en su lugar, observándolo. La manager ni siquiera se había molestado en mirar otra vez a ese sujeto, más bien estaba concentrada en Nishinoya. Mientras tanto, esa persona desagradable observaba al de segundo año, pronunciando las palabras con un tono punzante — ¿Buscas a tu novio? Lo lamento, pero tú sabes, se quedó en casa… — el desconcierto pasó como una ráfaga ante los afilados ojos del líbero. Aquello no pasó desapercibido para Shimizu, quien seguía en su estoica alerta. — No te lo dijo, ¿verdad? Se puso un poco temperamental ayer porque revelé su secreto, pero bueno, algún día habría que salir del clóset ¿no?

¿Su qué? ¿Salir de dónde?  

— Vaya, debió ser bastante feo, considerando tu cara — respondió Nishinoya, con una sonrisa en todo el rostro y sin considerar completamente lo que escuchaba. Shimizu lo miraba con seriedad, como si le dijera silenciosamente que se detuviera. No obstante, por algún motivo, el líbero no pudo hacerlo. El estudiante soltó un bufido, eliminando cualquier rastro de diversión en su rostro — ¡Felicidades! Ahora sabes lo que es ser una pelota de voleibol, quizás quieras contarme también cómo fue eso, ¿verdad?

— Tienes una boca bastante grande, enano — el estudiante avanzó, a lo que Shimizu quiso alejar a Nishinoya, pero en un ágil movimiento, el líbero la colocó tras él. Acto seguido, fue tomado de su uniforme con brusquedad. — ¿Será considerado maltrato infantil si te parto la cara aquí mismo?

— Inténtalo y veremos qué pasa, imbécil — escupió Nishinoya. Aún sentía el agarre de Kiyoko. En otras circunstancias, Yuu hubiese cesado todo eso ante el inminente nerviosismo de ella, pero por algún motivo estaba ardiendo de ira.

¿Quién mierda se creía este imbécil para hablar de la vida de Asahi?

Estaba preparado para esquivar el puño que venía hacia él, cuando alguien los separó. De un tirón, Nishinoya salió disparado hacia atrás, al igual que su actual oponente. Los centímetros que los separaban fueron reemplazados por al menos un metro y por un momento temió haber arrollado a Kiyoko en el proceso, pero se dio cuenta de que ella también estaba apartada de aquel escenario.

En un pestañeo, Nishinoya vio que entre el tipo de tercero y él, estaban Tanaka y Daichi. Suga se encontraba a un lado, con Kiyoko agarrada de un brazo. Fue en ese momento que tomó consciencia de sí mismo y tragó saliva. En esos segundos que había durado la conversación, el equipo de voleibol había escapado de sus consideraciones, incluso la manager que él decía admirar y cuidar. El semblante de Suga y Kiyoko era serio, pero no podía ver las caras de Daichi y Ryuu, ya que estaban de espaldas a él.

— Empieza a caminar y nadie sabrá de esto — la voz de Daichi sonaba dura y fría. Ni en el peor reproche Nishinoya lo había escuchado así. El estudiante de tercero alzó una ceja hacia el capitán con desafío y Noya pudo sentir el aura de Tanaka crecer.

— ¿Amenazándome, capitán? — se aventuró a decir él. Sin embargo, no fue esta vez Daichi quien respondió.

— ¿Estás sordo o qué, tarado? — Tanaka avanzó hacia él y Daichi le tomó del brazo. Ryuunosuke entendió el mensaje y se quedó en su lugar, pero no dejó de mirar al de tercero como si le fuera a saltar a la yugular en cualquier momento.  

Si la voz de Daichi no había intimidado al tipo, la mirada de Tanaka sin duda lo hizo. El estudiante lanzó una mirada general de desprecio y se retiró, chasqueando la lengua. Nishinoya apretó su mirada hasta que se perdió de vista. Aún seguía enojado, pero aquella energía avasalladora se rebajó cuando todos se giraron a su dirección y, además, escuchó el suspiro aliviado de Kiyoko.

Oh, mierda…

— ¿En qué demonios pensabas? — le soltó Daichi, avanzando hacia él. Nishinoya no supo responder y el capitán cruzó sus brazos, clavándole los ojos con una frialdad sacada del Polo Norte. — Nishinoya, ¿te das cuenta de lo que pudo haber pasado si Shimizu no nos hubiese avisado? ¿Y si no alcanzáramos a llegar? ¿En qué te hubiésemos encontrado ahora?

— Le hubiese partido la cara al idiota — dijo él. Aquello provocó que Daichi liberara todo el aire que tenía en sus pulmones. Suga reconoció ese gesto, ya que el capitán de Karasuno lo hacía cuando intentaba calmarse, aunque estuviera realmente enojado. Claramente, esa no era la respuesta que esperaba.

— ¡Por supuesto! Y te vas suspendido un mes más… — la exclamación del capitán resonó por todo el pasillo, provocando un remezón en el líbero. El resto estaba callado, cada uno en su lugar. Sin embargo, Sawamura estaba lejos de terminar — Ahora, dime, ¿Qué pasa si Shimizu queda entre ustedes por intentar separarlos? — ante la mención de Kiyoko, Nishinoya robó una mirada rápida en su dirección. Shimizu estaba tensa, sus menudos brazos estaban cruzados y el líbero notó que se estaba agarrando la tela del suéter. La voz de Daichi lo hizo reaccionar nuevamente. Ni siquiera Tanaka quería intervenir, ya que con la frialdad del capitán era suficiente — Si lo que querías era ayudar a Asahi, créeme que elegiste la peor opción.

— ¡Solo estaba hablando con Kiyoko-san, él me empujó!

— ¡Pero tú lo seguiste! — todos sabían que pocas veces Daichi elevaba la voz en un regaño individual, pero eran este tipo de situaciones las que lo provocaban. Todos estaban en silencio y Nishinoya, por algún motivo, sintió cómo la exclamación de su capitán lo trajo a otro plano de realidad. Fue como si lo golpearan en la cara. Era peor que el posible golpe del otro tarado. El líbero bajó la vista y Daichi volvió a tomar la palabra— Nishinoya, no vas a volver a este pasillo, ¿entendido?

— Bien…

— Además, Tanaka te acompañará siempre, por si este tipo vuelve a aparecer — una exclamación estuvo por salir de la garganta de Nishinoya, cuando Daichi alzó la mano para que mantuviera el silencio. Tanaka se quedó en su lugar. Si estaba en desacuerdo con eso, no lo expresó de ninguna manera — Es necesario, no me lo discutas.

— Está bien, lo entiendo… — asumió. Ante la pronunciación de esas palabras, el semblante de todos pareció relajarse un poco. Nishinoya era explosivo y de una personalidad arrebatada, pero sabía reconocer sus errores, y esta vez no era la excepción. Acto seguido, el líbero se giró, quedando frente a Kiyoko e hizo una profunda reverencia — ¡Lo siento, Kiyoko-san!

Kiyoko solo asintió con la cabeza y todos parecieron soltar el tenso aire que había en sus pulmones. Daichi suspiró pesadamente y comenzó a caminar, mientras que los demás lo imitaron. Tanaka pasó a un lado de Nishinoya y este advirtió que tenía puesto el pantalón deportivo, pero en la parte de arriba usaba la camisa blanca del uniforme. El líbero supuso que, cuando Kiyoko llamó a los chicos, estaban en el vestuario del club. Quizás su compañero no había alcanzado siquiera a cambiarse la parte de arriba y partió.

— Ryuu — llamó Nishinoya. Tanaka se volteó a su amigo y fue el turno del más bajo para liberar todo el aire que tenía en sus pulmones — Nunca más involucraré a Kiyoko-san, lo siento…

— Más te vale, Noya — le dijo él. Nishinoya tenía un semblante firme y Ryuu se cruzó de brazos. Luego de unos segundos, comenzaron a caminar detrás de los de tercer año — Pero no es mi asunto sermonear, ¿sabes? Supongo que el tipo era un completo imbécil, después de todo.

— Ni que lo digas — dijo el líbero. Tanaka observó cómo su amigo apretaba su mirada, además de sus pequeños puños. Realmente, ¿le hubiese podido ganar al tipo de antes? Bueno, con su personalidad… — Es una persona de mierda, sin duda.

— ¿Te dijo algo? — preguntó el chico. Nishinoya suspiró pesadamente y volvió a mirar al frente — Noya…

— Se burló diciendo que Asahi-san era mi novio y que ayer se había puesto temperamental porque “lo había hecho salir del clóset” — dijo él. Tanaka abrió los ojos de par en par. Quizás el sonrojo de emoción de su amigo era mínimo, pero Nishinoya lo miró con seriedad — Ryuu, cállate…

— ¡Pero no lo negó! ¿O sí? ¡Te defendió!

— ¡Cállate, idiota! — el grito llamó la atención de los de tercero, quienes se voltearon a mirar al dúo de segundo. Nishinoya sintió cómo Daichi lo fulminaba con la mirada, por lo que se quedó derecho y apretó la mandíbula. Ryuu hizo lo mismo, hasta que el capitán reanudó su marcha. Ya estaban llegando a los vestidores del club — No lo entiendes, ¿verdad? — El atacante lateral miró al líbero, quien estaba con la mirada un poco baja — Por algo lo golpeó, Ryuu… Quizás le molestó.

— No lo creo, Noya… — intentó decir el chico. Nishinoya lo miró — Asahi-san no es del tipo que pierde el control por algo así.

— Bueno, tal vez en serio le doy asco, ¿no?

— Eso no lo sabes

— ¿Y qué? ¿Le pregunto?

— ¡Claro! ¿Acaso hay otra manera si no?

— No seas ridículo, Ryuu — dijo él. Ryuunosuke lo observó con seriedad, pero Nishinoya lo ignoró, continuando su caminata — ¿Y qué le digo? ”Hola Asahi-san, supe que un tarado te molestó porque dijo que éramos pareja y lo golpeaste, ¿quieres salir conmigo?” No me jodas…

— ¿Y qué tiene de malo?

La voz súbita e inocente de uno de sus kohai los hizo saltar. Allí, atrás de ellos, se encontraba con su cabello anaranjado y sus ojos marrones, nada más ni nada menos que Shoyo Hinata. Tanaka miró a Yuu con preocupación, dándose cuenta de que estaba completamente pálido. Era la primera vez que lo veía así, realmente. Siempre que enfrentaban un momento horrible, Noya lo acompañaba con su cara de monje, pero jamás se ponía tan lívido como en esta ocasión.

Pero se entendía. Ryuu era el único que sabía su secreto y la verdad, no tenía pensado revelárselo a nadie más.

— ¡Noya, respira! — Tanaka zamarreó a Noya, quien seguía mirando con nerviosismo a Hinata. El chico de pelo anaranjado alzó una ceja, confundido. Verdaderamente, ver a Nishinoya nervioso y mudo no era un escenario común.  

— Shoyo… — susurró el líbero, luego de un silencio que pareció una eternidad. Hinata lo miró, expectante. Nishinoya solo atinó a colocarle una de sus manos en el hombro— L…Lo que escuchaste…

— Nishinoya-san, no le diré a nadie — se apresuró a decir. Ryuunosuke y Nishinoya lo miraron y el chico de primero encogió los hombros. Noya pensó que era muy extraño escuchar a Shoyo tan calmado — De hecho, me alivia escuchar que hasta gente tan genial como tú tenga ese tipo de problemas… — el bloqueador central pareció decir eso más para él mismo que para los otros dos. El líbero iba a preguntar, pero algo le gritó que no era el momento. Hinata sonrió— ¿Sabes? ¡Apesto para estas cosas! Pero creo que Asahi-san sería muy feliz de escuchar eso que dijiste ¡Seguramente!

— No es tan simple, Shoyo… — dijo el líbero. Hinata ladeó su cabeza y Noya suspiró, quitando su mano del hombro de Hinata para pasársela por su oscuro cabello. No obstante, un pensamiento de duda rondó por su alocada cabeza, por lo que miró a su kohai con inquietud — Espera un momento, ¿No deberías estar más sorprendido?

— Parece que eres demasiado obvio — susurró Ryuu, con una sonrisa en el rostro. Nishinoya le dio un codazo como respuesta.

— No, la verdad es que no me había dado cuenta — admitió el chico. Noya seguía con las preguntas en su garganta, pero antes de decir cualquier cosa, una voz los interrumpió.

— Buenas — saludó Kageyama, en un tono mucho más grave de lo normal. Hinata lo observó y el chico pasó con lentitud, sin siquiera mirarlo. Ryuu y Noya asintieron con la cabeza a modo de respuesta, y recordaron cómo habitualmente esos dos correrían una carrera hacia el gimnasio, mientras gritaban a todo pulmón. Sin embargo, esta vez no hubo insultos, ni ruidos ni nada que caracterizara a aquella “pareja rara” de primero. Kageyama avanzó solo a la entrada del gimnasio, en silencio. Luego, Yuu miró a Shoyo, quien levantó la castaña mirada. No era un misterio saber hacia dónde la dirigía.

— No me digas que…

— Noya-san — dijo el chico, interrumpiendo las palabras del líbero. Seguido, lo miró y sonrió — Demos lo mejor, ¿quieres?

No se necesitaron más palabras para entender el mensaje. Hinata comenzó a trotar al gimnasio, mientras que dejaba a Ryuu y Yuu clavados en su lugar. No era misterio para nadie que la relación entre Hinata y Kageyama no iba muy bien. Habían pasado solo unos días desde que Tanaka los había separado de una pelea, y aunque hasta Yachi, la tímida chica de primero, les dirigiera miradas suplicantes, ninguno había cedido. Verdaderamente, nadie pensó que el tema escalaría demasiado.

Sin embargo, algo provocó que Nishinoya sonriera levemente, al ver el pelo anaranjado de Hinata revoloteando como siempre. Parecía que alguien estaba igual que él, después de todo.

— ¿Desde cuándo soy el único hetero? — la voz de Ryuu sacó a Noya de sus pensamientos. Nishinoya lo miró y Tanaka sonrió. De pronto, ambos estaban riéndose, fuera de los vestuarios, como si todos los eventos de aquella tarde hubiesen sido una banalidad.

— ¡NISHINOYA! ¡TANAKA!

Pero claro, la voz de Daichi volvió a moverlos de su lugar. Se dirigieron hacia los vestidores, para luego correr de una forma casi inhumana al gimnasio, donde todos los esperaban.  

o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o

Cuando Daichi y Suga fueron a su casa, se sintió casi obligado a describirles la situación detalladamente. Asahi no sabía cuánto había alcanzado a presenciar Shimizu, pero era mejor ser sincero. Después de todo, el hecho de que “algo” le ocurriera con Nishinoya no era misterio para ninguno de los de tercero, por lo que era espacio seguro para hablar, aunque a él le costase más de lo que le gustaría a los demás. En efecto, si la manager no hubiese presenciado la pelea, lo más probable era que Azumane se hubiese guardado todo el enfrentamiento verbal, previo a los empujones, forcejeos y el golpe determinante.

— ¿Entonces solo te bastó un golpe para acabar con él?

Recordar la pregunta de Suga lo hizo sonreír levemente. Sabía que los chistes estaban un poco fuera de lugar, pero el vicecapitán siempre buscaba la manera de amenizar hasta el asunto más difícil. Sin embargo, la evocación de su asertivo amigo fue suficiente para que la desagradable pelea llegase a su cabeza, como le había ocurrido con mucha frecuencia ese día.

— Oi, Azumane, ¿tu novio no viene a buscarte hoy?

Ante ello, Asahi levantó la cabeza en dirección a quien lo había llamado. Uno de sus compañeros lo miraba de una manera que nadie más lo había hecho. Era como si se hubiese reído a carcajadas frente a él, sin siquiera esbozar un gesto de diversión. El aula estaba vacía, debido a que al castaño le tocaba limpiar y ordenar los materiales esa tarde. Solo quedaban ellos dos.

— Disculpa ¿qué? — respondió la estrella de Karasuno, con el tono más educado que pudo. Fue el turno de su compañero para apoyarse en uno de los bancos y esbozar una sonrisa, que lo que menos comunicaba era dulzura. Por algún motivo, Azumane pensó en el armador de Seijoh. La expresión que ponía ese tipo al momento de servir era muy parecida a la de la persona frente a él.

— Hablo del bajito con cabello puntiagudo, ese que viene a buscarte casi todos los días y tiene una voz tan sutil como un carro de bomberos — dijo su compañero. Asahi hubiese sonreído ante eso, pero había un tono desagradable en todas esas palabras.

— Nishinoya es mi amigo — no sabía por qué debía aclararle eso a él. El castaño se acomodó su bolso, dispuesto a marcharse — Ahora, si me disculpas, debo ir al club…

— Debe ser muy molesto, ¿no? — por algún motivo, Asahi se quedó en su lugar cuando escuchó eso. El chico de su edad levantó la vista, con un semblante que demostraba hostilidad — Digo, ¿no es fastidioso tener a un hombre tras de ti? Porque claramente le gustas a ese enano — Azumane estuvo por contestar, pero el chico suspiró pesadamente, cortándole sus palabras — Es verdaderamente asqueroso, Azumane, te compadezco.

Asqueroso

¿Por qué la imagen de Nishinoya recibiendo un balón, sonriendo, llamándolo o haciendo cualquier otra acción, le sonaba a todo menos eso?

— Sin embargo, entiendo que te guste la atención — el tono venenoso de su compañero no cambiaba. Asahi enfocó sus ojos marrones, que estaban tomando un tinte completamente diferente a la amabilidad que solían transmitir. Sin embargo, esto no pareció afectar a su interlocutor — De hecho, si el tal Nishinoya fuese una chica, lo pensaría.

— ¿A dónde quieres llegar? — la voz rasposa de Asahi llamó la atención de su compañero, quien pareció divertirse con el aura amenazadora del as. No solía tener esa presencia fuera de la cancha, pero la situación estaba yendo a una dirección que, claramente, no le agradaba.

— Oh, a ningún lado, solo me sorprende que no te cause repugnancia que le gustes al enano — soltó él. Asahi se irguió, aún con su bolso en el hombro. — ¿Sabes qué? No es mi asunto, pero empiezo a sentir curiosidad…

— Tienes razón, no es tu asunto — Asahi sonaba como si estuviese escupiendo una palabra tras otra. Su voz, normalmente calmada y suave, en esos momentos era totalmente contraria. — Y te guste o no, Nishinoya me va a seguir viniendo a buscar, así que te pediría que guardaras tus comentarios.

— ¿Entonces son pareja? — su compañero no se escuchó mejor. Si Asahi era frío y tenso, su compañero fue el trueno en medio de la lluvia.

— Eso a ti no te incumbe — le dijo el castaño. En una situación común, Azumane hubiese aclarado su amistad con Nishinoya y se hubiese marchado, pero había algo en el tono de voz, el lenguaje no verbal y, por supuesto, la mirada de él que le desagradaba en demasía. Asahi hizo ademán de irse, pero las palabras que llegaron a sus oídos lo hicieron detenerse en seco, en el marco de la puerta.  

— Aunque me cause un asco garrafal imaginármelos en lo suyo, créeme que empiezo a sentir curiosidad por el pequeño, ¿grita como chica o no?

— Cierra la boca… — Asahi se volteó lentamente, encontrándose con la mirada de su compañero. Sin embargo, el aura amenazante del as no pareció ni tocarlo.

— ¡Es que en serio! Si el enano es así de gritón sin necesidad de nada, quizás cómo sea en esto — en otros momentos, Asahi estaría rojo hasta las orejas por su timidez, pero en esta ocasión el rojo tenía un significado totalmente diferente. Este comenzó a subir desde su garganta, hasta casi llegar a sus ojos. Sin embargo, la persona responsable de ello no parecía darse ni por enterada — ¿Qué pasa, Azumane? ¿Te dio vergüenza? — Asahi tembló ante su nombre, pero no por las razones que el chico pensó. Fue como si una descarga eléctrica pasara por todo su cuerpo, gritándole que debía hacer callar a ese tipo, en ese mismo instante — ¡Espera, ya sé! Entonces ¿se lo haces tú al enano o él a ti? ¡Vaya, eso sí que sería gracioso de ver!  

Otra descarga llegó al cuerpo del as de Karasuno, determinando sus acciones. Azumane no tuvo necesidad alguna de responderle, puesto que su cuerpo se movió por sí mismo. Lo único que logró distinguir es que, saliendo de cualquier patrón de comportamiento correspondiente a él, Asahi había tomado a su compañero del uniforme y luego de muchos forcejeos, terminaron en el pasillo y, finalmente, en el suelo. La estrella del equipo de voleibol solo necesito un golpe para dejar al tipo aturdido, mientras los gritos de los profesores llegaron a sus oídos.

No le importaba que dijera algo de él, tampoco que lo humillara. De eso había tenido mucho, como todos esos rumores de él actuando de forma indebida o el hecho de que siempre lo juzgaran por su apariencia. Sin embargo, por algún motivo, el fuego se prendió cuando nombró a Nishinoya de esa manera. Quizás todo se hubiera solucionado si se marchaba, pero no podía soportar que hablara así de él. No iba a dejar que nadie lo denigrara, jamás, en su presencia.   

Aunque, sí, se había ganado una semana de suspensión gracias a su acto heroico. El profesor Takeda había hablado con él, diciéndole que no podía perder el control de esa forma, ya que pudieron expulsarlo. Asahi se había disculpado mucho. No se supo el inicio de la pelea (la verdad es que el subdirector dijo que ni siquiera le interesaba), pero por los antecedentes de Asahi y por desempeñarse como deportista destacado en el club, Takeda pudo negociar con el subdirector, firmando una carta de compromiso acerca de su conducta.

Por supuesto, el profesor Takeda no preguntó más allá y Asahi lo agradeció mucho, aunque supuso que Kiyoko pudo haberle contado algo. Después de todo, el profesor mencionó a Nishinoya en su breve conversación, antes de que el as se retirara de la escuela…

El sonido de su celular llamó la atención del chico, sacándolo de sus pensamientos y del supuesto estudio que estaba realizando con los impecables apuntes de Suga. Asahi tomó el aparato y lo revisó. Lo que vio le hizo fruncir el entrecejo y luego abrir sus ojos marrones de par en par.

Era un mensaje de Shimizu y ella casi nunca le enviaba uno.

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El entrenamiento había transcurrido con normalidad, aunque Daichi fue especialmente cuidadoso con el actuar de Nishinoya. Por algún motivo, el líbero sentía muchas miradas sobre él, incluso del entrenador Ukai. No era de sorprenderse, después de todo casi se peleó a golpes con un tipo, entrometiendo a muchos en eso (incluyendo a Kiyoko, quien fue clave para solucionar la situación). Aunque, eso solamente explicaría las miradas de sus compañeros involucrados, ya que el mismo capitán dijo que no revelarían esa información al profesor Takeda.

¿Tal vez ellos sabían el motivo de la pelea de Asahi? Debió haber estudiado la palabra “represalias”, después de todo…

Por otro lado, Noya miró a Hinata, quien después de entrenar con el equipo un momento, se despidió diciendo que practicaría en otro lugar. Según le había comentado Tanaka, el chico de primero estaba entrenando con Ukai abuelo. De solo pensarlo, Nishinoya recordó las prácticas del año pasado y una ola de admiración por su kohai le recorrió todo el cuerpo. Verdaderamente, Shoyo era una figura prometedora en el equipo. No obstante, muchas veces había notado una que otra mirada hacia el genio colocador. Al parecer, seguían sin hablarse.

Las tensiones en el equipo de voleibol continuaban y sin la presencia de Asahi, quien solía ser un agente de calma, el panorama estaba un poco nebuloso. No es que hubiera un clima totalmente malo, pero algunos lazos estaban tirantes. En un intento para cambiar el ambiente, Noya dijo en voz alta antes de que se despidieran, que esperaba que Asahi al menos estuviera en forma para el campamento. Suga le había contestado que la estrella de Karasuno estaba practicando sus saques en uno de los gimnasios municipales. Ayer Daichi y él le habían dejado la tarea y se los había comentado.  

A su mente, sin ningún tipo de advertencia, llegó la imagen de Asahi practicando. Los pasos por la calle solitaria se silenciaron, y por un momento, frente a sus ojos, solo había cuadros de la estrella. Rematando el balón, saltando en bloqueos, bebiendo agua, desamarrando el cabello largo y volviéndolo a anudar en su nuca…

Error. Mala idea. Tierra llamando a Noya.

Tengo una maldita debilidad por el cabello de ese tipo…

— Hola…

Por un momento pensó que había sido producto de su imaginación, pero al escuchar aquella voz, se volteó. Parado junto a uno de los faroles, estaba Asahi Azumane. Había estado tan distraído pensando en él y en su maldito cabello castaño, que se había perdido al real. Los ojos marrones del estudiante de tercero lo miraban con la calidez de siempre, aunque había algo más.

Nishinoya lo supo sin necesidad de explicación.

— No me digas — comenzó el líbero, cruzando sus brazos y alzando una ceja. — ¿Viniste a ver si tengo un ojo morado o algo?

— Aunque no lo creas, te tengo bastante fe en esto de las peleas — dijo el castaño. Ambos sonrieron, pero Asahi suspiró pesadamente — Solo venía a chequear cómo estabas, es todo…

— ¿Daichi te contó?

— Shimizu

— ¡¿Kiyoko-san?! Eso es nuevo… — ambos volvieron a sonreír. Noya comenzó a caminar, mientras Asahi se le unió. — ¿Qué te dijo?

— No me dio detalles — respondió él. Nishinoya lo miró y Asahi se rascó la nuca. Llevaba el cabello suelto, siendo bastante atípico en él. — Solo me dijo que te habías peleado con ese tipo y que quizás debería hablarte…

— Entonces, en vez de llamarme, decidiste venir a verme el mismo día y de noche… — dijo el líbero. El as se rio entre dientes y se encogió de hombros. Demonios. Nishinoya no entendía cómo Asahi podía hacer gestos de forma tan hermosa y casual.

— No tienes derecho a juzgarme, Nishinoya, tú casi hiciste lo mismo el otro día — dijo él. Fue el turno de Asahi para mirar el semblante de Yuu, quien sonrió levemente. No era el gesto enorme en su rostro, más bien era una sonrisa para sí. Sin esforzarse, él también le había regalado una expresión atesorada — Entonces, ¿me vas a contar cómo fue?

— ¿Qué quieres que te cuente, Asahi-san? — preguntó el chico. Asahi observó cómo Noya cruzaba sus brazos tras su cabeza y miraba el cielo con gesto pensativo — El tipo era un imbécil, casi me golpea por decirle que lo trataste como a una pelota de voleibol…

— Noya…

— Oh no, el diminutivo de “reproche serio” comienza — anunció el chico. Asahi rodó sus castaños ojos y Nishinoya sonrió, poniendo los suyos en él. Azumane sintió un cosquilleo el estómago, al reconocer la mirada socarrona del líbero. Normalmente Daichi lo amonestaba en momentos como esos, pero Asahi siempre había tenido una debilidad cuando Nishinoya relucía su cualidad de “chico travieso” — Estoy seguro de que ese es el que menos usas, Asahi-san.

— No me cambies el tema… — aunque el as tenía un semblante serio, Nishinoya sabía que Asahi estaba haciendo su máximo esfuerzo para no sucumbir ante las bromas. A veces funcionaba, al menos — Solo dime que no te metiste en problemas…

— No, Kiyoko-san le mandó un mensaje a Daichi justo a tiempo y nos separaron antes de siquiera empezar — dijo él. La escena de sus compañeros en medio de él y el imbécil más grande de tercer año, le llegaron a la cabeza. Asahi asintió, esperando el momento para intervenir — Pero tengo que estar con Tanaka en los recesos, para evitar que el idiota se me acerque.

— Hey, ¿y qué hacía Shimizu ahí? — ante la pregunta, Nishinoya se irguió y bajó la mirada. Aquello no pasó desapercibido para Asahi, quien alzó una ceja — Nishinoya…

— ¡Bien! Sé que quizás no debí hacerlo, pero quería saber el motivo de tu pelea con el idiota ese y fui a preguntarle a Kiyoko-san — el castaño se quedó sin palabras, y Nishinoya continuó hablando — No contaba con que apareciera el tarado…

— ¿Por qué consideraste que Shimizu te contaría algo?

— No lo sé, se me acababan las opciones… — Asahi estaba por contestarle, cuando Nishinoya lo miró y lo apuntó con el dedo. — Y no me vengas con eso de que te hubiese preguntado a ti, porque sabemos que te escondes en tu caparazón… Te intenté preguntar estos días y me contestabas monosílabos ¿sabes?

— No te lo discutiré — asumió el chico. Noya resopló y el castaño se pasó una mano por el cabello, suspirando en el acto. Habían dejado de caminar — Lo siento, no era tan sencillo…

— ¿No me querías contar porque me involucraba? — Asahi levantó sus marrones ojos y los clavó en Noya. Sus ojos castaños relucían a la luz de los faroles, dándoles un tinte dorado. El líbero lo miraba con seriedad, y por un momento Asahi identificó en esa expresión la concentración que tenía su compañero en la cancha. Cada vez que había un conflicto por solucionar, Nishinoya ponía esa cara — Pensaste que podía ir y meterme en problemas ¿verdad?

— No… — negó él. Nishinoya mantuvo su expresión y el castaño sintió un revoltijo en el estómago. Se tomó unos segundos para armar su respuesta, mientras el líbero no le quitaba la vista de encima — O sea, no del todo… — la contestación provocó que el bajo chico alzara una ceja, mientras Asahi suspiró nuevamente. — Nishinoya, detesto involucrar a las personas en conflictos y quería mantenerte lejos de esto ¿sabes?

— ¿Te dio vergüenza que el tipo dijera que éramos pareja? — la pregunta directa provocó un leve sonrojo en Asahi y este agradeció a la tenue luz de la calle, puesto que, de otra manera, estaría en total evidencia.

— Honestamente, no — la sinceridad se escapó de los labios del as. Asahi maldijo en su cabeza, al notar que Nishinoya pestañeaba con los ojos abiertos de par en par. Perfecto, más sonrojo a su cara — Di…Digo, no es principalmente ese el conflicto, el tipo fue muy grosero…

— No pierdes los estribos por gente grosera, Asahi-san — comentó Noya. Asahi lo miró, intentando controlar sus mejillas sonrojadas. Sin embargo, sorpresivamente, el líbero estaba mirando al suelo. Solía hacer eso cuando estaba pensativo — ¿O sea que la gente puede decir que eres un delincuente, pero sí le partes la cara a un tipo que dice que estamos saliendo? No te juzgo, pero normalmente tendrías más paciencia que esa, no lo sé…

— Nishinoya, el tipo empezó a preguntar cómo gritabas — ante la voz urgente del líbero, Asahi usó una calmada, pero que denotaba una molestia profunda. Nishinoya levantó la cabeza y se encontró con la estrella de Karasuno, cruzado de brazos y apretando sus marrones ojos — Mientras… Tú sabes.

— Te refieres a…

— Sí — lo cortó el as, antes de que Nishinoya completara la frase. El líbero abrió sus ojos almendrados, notando que Asahi metió sus manos en los bolsillos de su chaqueta, mientras desviaba la mirada. Claramente estaba incómodo, pero más que eso, parecía molesto.

— ¿Qué demonios? ¿De verdad? — Asahi asintió, aún sin mirarlo. Una sensación desconocida para Noya le recorrió la columna vertebral. Él no era una persona pudorosa (el equipo de voleibol podía confirmarlo), pero esto era completamente diferente. Era como si alguien desconocido abriera la cortina de baño mientras él estaba en la ducha o algo así.

— Sí, fue una de las cosas que dijo… — dijo el as, ante el silencio del líbero. Noya levantó la vista, advirtiendo que Azumane seguía con su rostro de piedra, pero al menos ahora lo miraba.

Sabía que era totalmente fuera de la situación, pero Yuu Nishinoya no podía evitar sentirse mínimamente feliz por ello. Asahi, el tipo más gentil y diplomático, que llegaba a ser un cobarde fuera de la cancha de voleibol, lo había defendido. Una sensación cálida le llenó el pecho, no se sentía totalmente correcto, pues mal que mal, estaba suspendido una semana, pero de alguna forma había demostrado que le importaba más él que todo aquello.

¿Estaba bien sentirse un poco feliz por ello?

Tal vez…

— Ugh, el tipo es un cerdo de los grandes, entonces — comentó Yuu. Asahi apretó los labios y asintió, mientras Noya suspiró, pasándose una mano por el puntiagudo cabello — Solo… Si vuelve a ocurrir, simplemente déjalo, ¿quieres?

— ¿Tú lo harías si fuera al revés?

— Probablemente… No. — Cortando el ánimo que había tomado la conversación, la respuesta sincera del líbero hizo reír a ambos. Nishinoya se puso las manos en los bolsillos y sonrió ampliamente, mientras Asahi le correspondía el gesto.

Entonces, ocurrió algo que ninguno de los dos había predicho. En un ágil movimiento, como aquellos que el líbero realizaba cuando iba tras un balón, este le había dado un beso en la mejilla a Asahi. El castaño, que se había encorvado un poco al reírse, abrió sus ojos marrones súbitamente y miró al dueño de la acción con sorpresa. El contacto había sido un simple toque, hasta se podía confundir con una ráfaga de viento, pero una sensación de cosquilleo y electricidad le había recorrido.

¿Por qué quería repetirlo?

Nishinoya, por otro lado, apartó la mirada, con un leve sonrojo. Asahi Azumane repasó las veces que lo había visto de ese color, y solo aquellas en las que proclamaba su amor por Kiyoko le vinieron a la cabeza. Sin embargo, en esas ocasiones su rostro era de profunda devoción y nada de vergüenza, mientras que, frente a él, presenciaba todo lo contrario.

Nunca se hubiese imaginado a Yuu Nishinoya personificando la timidez.

— ¿Nishinoya…?

— To…Tómalo como un agradecimiento, por partirle la cara a ese idiota en mi defensa — lo cortó el chico. Asahi se sonrojó, al igual que él. Nishinoya levantó la mirada y el castaño juró que nunca olvidaría esa expresión. Era una sorpresa ver a Noya completamente avergonzado, sonrojado y con las manos ocultas en los bolsillos — Si no te gustó, lo siento, no hay devoluciones.  

Apenas dijo eso, Noya bajó la vista mientras se rascaba la nuca. Asahi advirtió el nerviosismo en esa acción, quedando azorado por las nuevas expresiones del líbero. La presencia salvaje y avasalladora de Nishinoya, al parecer, no se correspondía con esta situación.

Quizás, por eso mismo, Asahi Azumane se atrevió a dar un paso adelante. Fue el turno de Yuu de abrir sus castaños ojos de par en par, al sentir la misma ráfaga en su mejilla. Los labios de Asahi tocaron su rostro en lo que no alcanzaron a ser unos segundos, pero tal como el amable grandulón, el chico sintió un martilleo en su pecho. Fue un contacto mínimo, pero una aseveración se sostenía en el aire y era que el as de Karasuno no lo rechazó, sino todo lo contrario.

¿Era normal sentirse así de feliz?

— Agradecimiento aceptado — las palabras llegaron a los oídos de Nishinoya a una velocidad mucho más baja de lo común. Le costaba trabajo asumir lo que acaba de ocurrir y la sonrisa de Asahi no simplificaba su panorama.

— No te acostumbres tanto, grandote — le dijo el líbero, intentando recomponerse. Asahi se rio entre dientes y comenzaron a caminar. Aún tenían un leve sonrojo en la cara, por lo que las palabras que intercambiaron fueron dichas con una apresurada calidez.

A pesar de querer seguir con él por más tiempo, Asahi lo encaminó a su casa, dejándolo en la puerta. Nishinoya pensó en que tal vez, como lo hacía con Ryuu, podría ofrecerle quedarse. Sin embargo, aquel pensamiento provocó esa timidez desconocida nuevamente. Se sentía muy parecido a cuando Shoyo le había dicho “senpai” por primera vez, pero esto era multiplicado por mil. El castaño se despidió y Noya no le quitó los ojos de encima hasta que desapareció por las calles.

El aire abandonó los pulmones de Yuu por un momento, para luego darse cuenta de que estaba sonriendo al cielo. Se quedó unos momentos contemplando las estrellas y recordó el suave y fugaz contacto de los labios de Asahi con su piel.  

Sin duda, la estrella de Karasuno había logrado que la deidad guardiana quedara en las nubes.