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Amor en Escenarios Precipitados

Summary:

Hinata, quien ha sentido cosas extrañas por Kageyama hace un tiempo, intenta descubrir qué puede hacer para enfrentar la situación. Luego de su pelea en el campamento de verano y su reconciliación, todo parece volver a la normalidad, aunque el colocador estrella está más molesto de lo normal... ¿Cuál sería la causa de aquello? Pero, más importante: ¿Qué efecto?
Secuela del fanfic Asanoya: Amor en Escenarios Imposibles.

Notes:

Disclaimer: Ninguno de los personajes de Haikyuu me pertenece. Este fanfic está hecho solo para calmar mis anhelos.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Capítulo 1: El escenario precipitado

Chapter Text

Cuando Asahi y Nishinoya entraron con las manos entrelazadas, casi todo el equipo de Karasuno estaba ahí. La imagen entró en las pupilas de todos los presentes, siendo imposible de ignorar. Todas las conversaciones se vieron interrumpidas de a poco y los semblantes cambiaron. Daichi y Suga notaron cómo Asahi apretaba los labios, al notar que no solo Karasuno los observaba, sino también algunos chicos de Nekoma que estaban ubicados unas mesas más allá. Exceptuando por su colocador, quien había levantado la mirada por un momento y luego la había devuelto al dispositivo que tenía entre sus hábiles dedos.  

Kageyama, por supuesto, también se sorprendió. Sin embargo, como si se tratara de un partido en la cancha, fijó sus ojos en las expresiones de todos, captando una panorámica del escenario ante él. Suga era el único que seguía comiendo y sus palillos habían parado a mitad de camino, mientras Daichi lucía cómo si estuviera buscando las palabras adecuadas para pronunciar. Su mirada continuó, deteniéndose en los de segundo año atónitos, siendo Tanaka el único que tenía una expresión un poco más suavizada. Claro. Quizás él sabía la situación, al menos desde el punto de vista de Nishinoya.

Al recordar a todas las personas que aún seguían en la cafetería, el joven de primer año llevó su vista al entrenador Ukai y el profesor Takeda, quienes estaban de pie. Se habían levantado segundos antes para reunirse con los demás adultos, pero la presencia de Asahi y Nishinoya los habían detenido en el acto. El entrenador tenía una ceja alzada, mientras el profesor abrió sus castaños ojos un poco más de lo normal. El armador conectó las acciones de este último con las del capitán, ya que parecían estar sufriendo un mismo dilema. El profesor Takeda se veía con intenciones de decir o hacer algo, pero el estar en público tal vez lo hacía un poco más complicado.

Dios, ser elocuente era demasiado difícil en ese tipo de situación…

— ¡NOYA-SAN! ¡LO HICISTE!

El grito impulsivo y totalmente sincero cortó el silencio fulminante. Kageyama se volteó hacia Hinata con una ceja alzada y se encontró con que se había levantado súbitamente de su asiento, los brazos extendidos al techo. Su semblante era muy parecido a cuando anotaban un buen punto, sonriente y emocionado. Todo su lenguaje corporal rezumaba alegría y Kageyama pensó que, de todas las personas allí presentes, jamás hubiese creído que Shoyo Hinata manejara algún tipo de información acerca de lo que estaba ocurriendo.

La carcajada de Tanaka no tardó en llegar, ayudando a relajar el ambiente. La gran explosión de ella provocó que más chicos rieran ante la reacción del chico de primer año, pues solo a él se le ocurría gritar algo así en medio de la sorpresa y tensión. En respuesta, Nishinoya le sonrió al bloqueador central, mientras Asahi se rascaba la nuca con nerviosismo. Sus manos aún estaban entrelazadas. Kageyama se volvió a fijar en Daichi y Suga, quienes habían dejado su sorpresa y sonreían. Al parecer, los antecedentes de toda la circunstancia también eran manejados por ellos.

La tensión pareció disminuir. Kageyama notó cómo el entrenador y profesor eran los primeros en acercarse a ellos, diciendo que discutirían el asunto a la mañana siguiente, mientras que Tanaka les aclaraba a los demás de segundo año que todo esto era demasiado obvio. Fue un intercambio de palabras que desató muchos nudos, en el que se aludió al comentario de Tsukishima de esa tarde (que Hinata seguía sin entender) y otros escenarios en los que, claramente, el brillante colocador no había reparado. Resultaba que su agudo sentido en el juego, al parecer, no era tan desarrollado en situaciones cotidianas como esa. Aunque sí había notado algo extraño entre los dos chicos, sobre todo esa tarde.

— Nunca pensé que vería a Asahi hacer algo tan osado, me siento demasiado orgulloso — fue uno de los comentarios de Suga que se escuchó a lo lejos. El estudiante de cabello largo balbuceó un par de frases, mientras Noya rio fuertemente.

— Solamente no hagan cosas raras en la práctica o… en la habitación o, bueno, en…

— Se entendió el mensaje, Dai… — de nuevo, Suga. Nishinoya respondió con una afirmación sonora, mientras Azumane seguía siendo más balbuceos que persona.

De alguna forma, aquella interacción provocó un calor desconocido en el interior de Tobio. Todos podían inferir que el chico respiraba voleibol más que otras experiencias, por lo que el hecho de gustarle alguien o ver a una pareja de novios era una circunstancia bastante ajena para él. Sin embargo, visualizar a Nishinoya calmando a Asahi con su mirada o la manera en la que se sonrieron mutuamente, no le desagradaba. De hecho, podía hasta sentirse tranquilo con ellos.

Solo dejen los asuntos personales fuera de la cancha y todos contentos…

El pensamiento hubiese resonado solitario en su cabeza, pero hubo una presencia que le llamó la atención. Tal como cuando una jugada importante surgía del instinto o los nervios previos a un partido se encendían, Kageyama se volteó. Hinata miraba la escena con especial interés y supuso que había experimentado una sensación similar a la de él, en la que podía sentirse agradado por la felicidad ajena.

No obstante, aquella agradable sensación no llegó a los castaños ojos. Esbozaba una suave sonrisa en su rostro curioso, pero un brillo extraño se expandía en su mirada, como si estuviera viviendo un mal recuerdo.

Por algún motivo, aquello no le gustó.

— Oi — lo llamó. Hinata dio un respingo y fijó su vista en él, muy derecho de pronto. Kageyama alzó una ceja — Mirar tanto rato es de mala educación…

— ¡Oh! Eh, claro… ¡Espera, no estaba mirando demasiado! ¡Me haces sonar como un acosador espeluznante!

— Si tú lo dices…

— ¡Estás sonando igual que Tsukishima!

— ¡Ven y repite eso, idiota!

— ¡Estupiyama!

Los gritos de ambos chicos de primero hicieron eco en el comedor, hasta que Daichi los silenció con un regaño de punta a punta. Aquello hizo reír al resto del equipo y provocó unas sonrisas por parte de Nekoma. Nishinoya, no obstante, levantó su castaña mirada hacia Shoyo. Quizás si hubiese mirado unos segundos después, no habría advertido el semblante del chico de primer año, quien clavó sus ojos en la nuca de Kageyama. Fue como si el líbero se observara a sí mismo, cuando Asahi volvió al gimnasio luego de renunciar.

Los ojos caramelo de Hinata habían abandonado su entusiasmo intrínseco, aunque durara solo unos cuantos segundos.

— ¡Entonces! — la voz de Suga lo trajo de vuelta. — ¿Cómo fue? ¿Quién se declaró primero?

— ¡Suga! — reprochó Asahi, recuperando el sonrojo que había perdido. Nishinoya lanzó una risa ante eso.

— ¿Qué? ¡Soy el mayor fan de esto!

— Suga, de verdad…  

— ¿Ya sabe por qué tumbaste al tipo del otro día? ¡Nuestro héroe! ¡De un solo golpe, carajo!

— Ay Dios… — susurró Asahi, llevando una de sus manos a la frente. Nishinoya seguía riéndose a medida que avanzaban las palabras. Fue entonces que Tanaka también se incorporó, dándolo un gran palmazo en la espalda al líbero. Luego, la atención fue a las preguntas de Suga, quien no había soltado a Asahi en ningún segundo.   

Bien, primero rescataría a su novio de las garras de esa intimidante criatura llamada Suga, luego ayudaría a Shoyo en lo que sea que le estuviera pasando.

o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o

— ¡Así que! ¿Tu líbero con el as?

— ¡Sí! ¡Es increíble!

En la última tarde del campamento, Shoyo estaba sentado junto a Kenma y Lev. A pesar de que el colocador no hablaba demasiado, ocasionalmente levantaba la vista para encontrarse con la conversación animada de los dos jugadores a su lado. Hinata narró la situación de sus senpais desde su perspectiva, comentando que él sabía un poco de las circunstancias. No obstante, la conversación rápidamente se convirtió en aseverar que Nishinoya era el tipo más genial que había conocido, sin lugar a duda.

— Aunque Asahi-san no se queda atrás… Digo, ¡Es genial! Me ayudó a calmar mis nervios muchas veces antes de los partidos.

— Kuroo dijo que incluso derribó a un tipo en la escuela — era raro que Kenma hiciera comentarios acerca de ese tipo de asuntos, pero ni Hinata ni Lev parecieron darle importancia.

— ¡Oh! No sé detalles, pero parece que tenía que ver con Noya-san… — dijo Shoyo, comiendo un bocado de su onigiri — ¡Pero…! No es como si fuese costumbre o algo, Asahi-san es muy tranquilo.

— Así veo…

Shoyo siguió la línea de visión de Lev, encontrándose con Nishinoya riendo escandalosamente. Estaban los de tercero sentados y Noya apoyaba su torso en el costado de Asahi. El cuadro era una conversación normal del líbero con sus demás compañeros de equipo, agitando sus brazos de aquí para allá, mientras el as de Karasuno complementaba sus declaraciones con su voz suave. La visión cambió cuando Tanaka y Tora (así se llamaba el chico del mohicano, según le había dicho Kenma) llamaron a Noya con la potencia de una arenga de espartanos. Nishinoya se levantó de un golpe y le dedicó una sonrisa a Asahi antes de correr hacia Ryuunosuke.

Lev lanzó una risa ante la escena, incluso Kenma esbozó una leve sonrisa, advirtiendo que Asahi seguía al líbero con sus ojos castaños mientras se perdía con Tanaka y Tora. Realmente, el chico de tercero se veía como alguien bastante calmado, considerando que su novio era un huracán andante. Al menos, así lo había descrito Yaku, cuando reconoció que se hablaban por mensaje de texto a veces.

Sin embargo, hubo otra cosa que llamó la atención de Kenma, y guardaba relación con el chico a su lado. Hinata había sonreído como él, pero también parecía muy pensativo. Lev, indiferente a la expresión del bloqueador central, se levantó para ir al baño, avisando que traería más comida. Hinata asintió, sin salir de su ensimismamiento, mientras Kenma volvía a su juego.

Lo que lo impulsó a hablar, fue el pesado suspiro que abandonó los labios de Shoyo, segundos después de que Lev se alejara.

— Shoyo — llamó Kenma. Hinata lo miró, advirtiendo que el colocador de Nekoma le había puesto “pausa” a su juego. — ¿Te gusta Nishinoya?

— ¡¿AH?! — exclamó. El chico de segundo año alzó una ceja y Hinata pareció legítimamente sorprendido — ¡Por supuesto que no! ¿Por qué…?

— No lo sé, te quedaste mirándolos mucho rato y no parecías tú mismo…— admitió Kenma. Realmente, ambos eran bastante honestos cuando hablaban, por lo que no creía que Shoyo estuviese mintiendo cuando le negó su pregunta. No obstante, no pasó desapercibido que los castaños ojos del chico se apretaron por unos segundos — ¿Te preocupa algo?

— Ah… — solo ese sonido bastó para afirmarle a Kenma que algo no estaba del todo bien con Shoyo. No era como si lo presionara para hablar o que en realidad le quitase el sueño, pero era bastante inusual que aquella madeja de energía no funcionara totalmente. Bastaron unos segundos para que Hinata tomara aire y continuara — Yo… Creo que me gusta alguien — admitió. Kenma abrió sus ojos un poco más de lo normal por unos segundos, girándose hacia su amigo, que ahora apoyaba sus codos en los muslos. — No lo sé, normalmente no me importaría preguntarle directamente, pero por algún motivo, cada vez que lo intento… — el silencio completó lo que Hinata quería decir. El colocador de Nekoma asintió, esperando para ver si había algo más que Shoyo necesitaba agregar. No obstante, los segundos de nulas palabras fueron suficientes.   

— En serio eres… algo, Shoyo — comentó el chico. Hinata alzó una ceja y Kenma se giró hacia él, clavando su dorada mirada en aquel rostro cuestionador. — No todos tus asuntos pueden solucionarse como en el voleibol, ¿sabes?

— Ha sido mi lógica hasta ahora y no me había fallado…

— Hasta que hay un asunto que realmente te paraliza, ¿no? — creo que era primera vez que Hinata sentía que Kenma lideraba una conversación. Normalmente, el fanático de los videojuegos se sentaba a su lado y solo lo escuchaba, respondiéndole con monosílabos o frases cortas como mucho. — Está bien no tener agallas y pensar las cosas con mayor calma.  

— Justamente en eso no soy muy bueno — admitió él, bajando un poco la mirada. El silencio nuevamente los acompañó un rato, hasta que Hinata decidió alzar el rostro. Kenma aún seguía con su juego en pausa — ¿Siempre pensar fue así de agotador?

— Creo que es más agotador correr una colina sin parar y perderse… — Hinata alzó una ceja y Kenma se encogió de hombros — Cosa de perspectivas.

— Solo por saber, ¿lo de antes era una referencia a cuando nos conocimos?

— ¿Ves? No es tan agotador…

— ¡Kenma! ¡Estás haciendo bromas!

— ¡¿Eeeeehhh?! ¿Me perdí una broma de Kenma? ¡Eso pasa dos veces al mes, como máximo!

— Kuroo, de dónde apareciste…

— Quise hacerte compañía a ti y al Chibi, ¿cuál es el problema?

— ¡No me digas así, soy un bloqueador central!

— Lamento comunicarte que una cosa no quita la otra.

— Solo ignóralo, Shoyo…

La tarde avanzó con Kuroo instalado entre ellos. Kenma volvió a su juego y Lev regresó del baño, con mucha más comida. Al ver las bolas de arroz, Hinata pareció olvidar todo el problema que le había soltado al colocador. Asimismo, el chico no volvió a sacar el tema, ni tampoco le preguntó la identidad de la persona que le gustaba. Tampoco era que le preocupase demasiado, aunque sí podía admitir que le causaba algo de curiosidad… ¿Quién sería la persona que dejaba sin palabras a Shoyo Hinata?

Kenma levantó la vista de su juego, intentando descansar de los parloteos de Kuroo, Lev y Hinata. No obstante, no planeaba encontrarse con unos oscuros ojos. Tal como en esa ocasión en el partido de práctica, el chico de segundo año sintió una energía bastante intimidante, como si pensamientos ajenos lo estuviesen golpeando a cada segundo.

El colocador de Karasuno lo observó fijamente, para luego voltearse y encaminarse a otro lugar. Casi segundos después, Hinata llevaba sus castaños ojos a aquella dirección, donde Tobio Kageyama había desaparecido.

Kenma solo necesitó eso para entender todo.  

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Luego del campamento de verano, los ánimos habían vuelto a calmarse en el equipo. La relación entre el as y el líbero, para sorpresa de muchos, pasaba bastante desapercibida en la cancha. El ánimo avasallador de Nishinoya seguía igual que siempre para todos, asimismo el bajo perfil de la estrella. En una semana, el único atisbo de su relación eran los dedos entrelazados, cuando la práctica llegaba a su final y los últimos rayos de sol cubrían la escuela.

Parecía que todo retomaba su curso normal, ahora que el torneo estaba muy cerca y el equipo estaba solidificando sus estrategias. Los ataques sincronizados salían cada vez mejor, además de los saques, recepciones y jugadas. Todo parecía estar en orden.

No obstante, ese día Kageyama estaba particularmente irritado. A pesar de que nadie en el equipo estaba comportándose de manera distinta a la habitual, había una molestia que lo acompañaba hace unos días. El colocador de primer año, particularmente esa práctica, sintió muchas veces las miradas del capitán y el entrenador. Daichi incluso se había acercado a él, consiguiendo una disculpa como respuesta y una aclaración de que no se sentía en su mejor momento.

Sin embargo, hablar con Daichi o el entrenador Ukai era una cosa, pero que el idiota se pusiera a saltar a su lado era otra.

— ¡Kageyamaaaaaaa! ¿Qué pasa contigo? ¿Qué ocurrió con ese pase? ¡Oye! ¡Tienes incluso el ceño más fruncido que otras veces! ¿No tuviste tu jugo del almuerzo? ¿No comiste bien?

— Hinata, creo que no deberías hacer tantas preguntas a la vez… — la gentil voz de Sugawara llegó a los oídos del chico. No obstante, parecía que la mandarina estaba sorda.

— ¡Oh, vamos! ¡Sea lo que sea lo superarás, es volei después de todo! — Kageyama alzó una ceja y miró a Hinata. Por alguna razón, la voz de él le irritaba más que cualquier otra. — ¿Estás cansado? ¡Puedo practicar con Sugawara-san hoy! Lo hice con Kenma en el campamento así que…

Oh, ahí está.

— ¡Cállate de una vez! ¡Estoy perfectamente bien!

— ¡Estás más gruñón que de costumbre!

— ¡Es porque me molestas más que de costumbre!

— ¡No me eches la culpa de tu mal humor!

— ¡Entonces deja de nombrar a súper Kenma, me pone de los nervios!

Silencio.

Excelente. Aquello era simplemente perfecto. Cuando todos en el gimnasio se callaban, era porque algo no había ocurrido con normalidad. Esta vez no fue un intercambio de palabras ni un insulto que se había pasado de la raya, ni mucho menos un comentario de Tsukishima, una frase genial de Nishinoya o una intervención de Kiyoko. No. Era una declaración que había salido de su garganta y que nadie, en esos quince segundos de pestañeo colectivo, había podido comentar o responder.

Hinata fruncía el ceño frente a él, manifestando claramente su confusión.

La verdad, si le preguntaba qué quería decir, era poco probable que algo coherente saliera de su boca.

— ¿Qué tiene que ver Kenma? — pronunció el chico. Kageyama apretó su mandíbula, sintiendo todas las miradas sobre él. Hinata enfocó los ojos, como lo hacía cada vez que quería entender algo. Demonios. Lo había visto hacer eso cuando explicaban jugadas en la pizarra o cuando Yachi, amablemente, le explicaba las materias durante el almuerzo. — ¿No te simpatiza o…?

— No lo conozco, nada que decir… — algo se revolvió en su interior ante la palabra “simpatizar” y no sabía explicar por qué. Además, las palabras habían salido atropelladas, interrumpiendo las de su compañero. Hinata iba a decir algo, pero otro comentario se le adelantó.

— ¡Bien! ¡Terminó el descanso! Muévanse y dejen a Nekoma para después. Practicaremos remates y recepciones.

Las palabras del entrenador Ukai llegaron a sus oídos y todos comenzaron a moverse, siendo Hinata el último en reaccionar. Kageyama dejó su toalla en uno de los bancos y tomó su lugar en la red, donde lo esperaba Sugawara. El chico de cabello anaranjado se posicionó atrás de Tanaka, quien movía uno de sus hombros en círculo, preparándose para golpear un par de balones. Quiso darle unas palabras de ánimo a Hinata, pero el silbato interrumpió cualquier interacción que pudieron haber compartido.

Nishinoya, quien observaba todo el panorama desde el otro lado de la red, advirtió que Shoyo no estaba tranquilo. Normalmente lanzaría remates un poco más rápidos e impredecibles que esos, pero esta vez parecía en otro lugar. No era que estuviese distraído. Los ojos de Hinata seguían el balón en todo momento y estaba saltando en los momentos indicados, como toda práctica.

Sin embargo, luego de terminar cada remate, el líbero advertía esa mirada otra vez.

La tristeza, nuevamente, inundaba los ojos castaños. En esta ocasión, duró toda la tarde.

o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o

  — Kageyama…

Como era de esperarse, al salir de la sala del club, Hinata detuvo a Kageyama en la puerta. Lo único que no era habitual, era que el chico de cabello naranjo lo había esperado mucho tiempo. No quedaba nadie del club de voleibol, ni siquiera Daichi, quien se había retirado unos momentos antes. La mirada castaña y determinada de Shoyo Hinata brillaba bajo las luces nocturnas y Tobio esperó que dijera la frase que tantas veces había escuchado.

— Lánzame unos pases — declaró. El colocador lo miró y suspiró pesadamente.

Bien, eso no era habitual.

— Hoy no — zanjó él, dándole la espalda al chico y comenzando a bajar la escalera. A Hinata le bastaron los segundos en que se demoró a llegar al primer piso, para procesar su negativa.

— ¡¿AH?! — exclamó, bajando a toda velocidad. Kageyama no dejó de caminar y Hinata lo alcanzó, colocándose a su lado — ¡¿Por qué no?!

— No tuve un buen día y estoy realmente cansado — eso claramente era mentira. El chico más bajo frunció el ceño y Kageyama ni siquiera lo miró. — Nos vemos mañana. — el chico dio un par de pasos, dejando a Hinata atrás. No obstante, la exclamación de su compañero lo hizo detenerse en seco.

— ¡Estás mintiendo! — al voltearse, Hinata no pudo negar que la mirada de Kageyama le intimidó. Sabía que aquello quizás no era lo más inteligente, pero, tal como había afirmado, pensar no se le daba muy bien — ¡Algo te pasa y hasta yo puedo verlo!

— ¿Qué…?

— ¡Sé que es conmigo! — exclamó. Kageyama alzó una ceja ante eso, mientras Hinata lo miraba con determinación — No estás así con los demás, incluso con Tsukishima hablaste como de costumbre…

— ¿Por qué demonios me interesaría hablar con Tsukishima?

— No sé, pero conmigo el tema es diferente, ¿verdad? ¡Hasta me dijiste que dejara de hablar de Kenma! — ante la revelación de aquel nombre, Tobio sintió una corriente muy extraña que recorría todo su cuerpo. Fue como si su interior rugiera, sin realmente un motivo razonable.

— Eso es porque es obvio tu asunto con él y cuando estoy entrenando me molesta escuchar esos temas… — Soltó, sin pensar. Fue el momento de Shoyo para alzar una ceja en confusión. Kageyama apretó su semblante, para luego continuar — Hasta Azumane-san y Nishinoya-san mantienen lo suyo afuera, ¿sabes?

¿Asunto? — repitió el chico, como si intentara procesar lo que el colocador quería decirle. Kageyama estuvo por irse, cuando Hinata lo observó nuevamente, incrédulo — Espera… ¿estás celoso de Kenma?

— ¿Yo? ¿Celoso de él?

— ¡Sí! ¡Claramente estás celoso porque entrené con él en el campamento! — acusó Hinata. Kageyama volvió a alzar una ceja y Hinata pareció gruñir mientras juntaba sus dientes — ¿Qué rayos? ¡No deberías estar celoso de él!

— ¡No lo estoy!

— ¡Eres el mejor colocador! ¡No deberías!

— ¡Ya lo sé, idiota! ¡Y no estoy celoso! ¡Mucho menos por eso!

— ¡Es evidente que sí! ¡Hasta alguien como yo lo nota!

— ¡Que no lo estoy, entiéndelo!

— ¡Pero tú…!

— ¡No se trata de voleibol!

— ¿Entonces qué es?

— ¡Eres tú! — aquella exclamación dejó sin palabras a Hinata. Kageyama exhaló casi con brutalidad, ya comenzando a jadear por el griterío. No obstante, con el calor que sentía, no pudo ni siquiera pensar en las palabras que soltó — ¡Todos los días, desde que volvimos! “Kenma esto, Kenma lo otro”, que esperas que Nekoma llegue a la final ¿Por qué demonios tengo que escucharte?

— ¡Kenma es mi amigo!

— ¿Y a mí qué me importa?

— ¡Pues pareciera que sí! ¡Incluso Tsukishima, que es el amargado del equipo, no ha dicho nada!

— ¡Es porque me doy cuenta de que tu mente está en otras cosas, cuando lo que deberías pensar es en el maldito balón que te coloco para rematar!

— ¡Pues entonces ahí el problema eres tú!

— ¡¿Yo?!

— ¡Sí! ¡Tú me distraes! — esta vez fue el turno de Kageyama para silenciar su garganta. Pudo notar que las mejillas de Hinata ardían, no sabía si era de rabia o de otra cosa. Sus puños estaban cerrados, mientras sus ojos se fijaban en él con enojo — ¡Todo el tiempo! ¡No puedo parar de pensar en ti y me enferma! ¡Es como si me gustaras y te odiara a la vez!

Aquella declaración dejó sin palabras a Tobio. Luego de ser pronunciada, Hinata estudió la oración que había soltado y, con los ojos castaños abiertos de par en par, advirtió lo que había hecho. La expresión de Kageyama era clara, sus ojos azules estaban desmesuradamente abiertos y sus labios estaban separados, como si quisiera responder. No obstante, en segundos que parecieron horas, solo pudo decir un par de palabras, que trajeron al bloqueador central de vuelta a esa horrible realidad.

— Hinata… ¿Qué---?

— Yo… Yo no… — tartamudeó el aludido, dando un paso hacia atrás. Kageyama seguía con la misma expresión, a lo que el chico de cabello naranjo tembló. — Lo… Lo siento.

En ese momento, tal vez no había tomado la mejor opción. De hecho, quizás ni siquiera había sido una alternativa para alguien como él en otros escenarios. No obstante, sus piernas reaccionaron por instinto. Hinata, en un par de segundos, había pasado a un lado de Kageyama, saliendo disparado hacia la calle. El colocador, por su parte, solo pudo reaccionar a quedarse de pie, intentando unir toda la secuencia de acontecimientos que acababan de suceder.

Entonces, Hinata lo había ido a buscar para una práctica extra, como siempre.

Luego, habían estado gritándose, como siempre.

Después, sin ningún tipo de advertencia, Hinata le había dicho que no dejaba de pensar en él y le distraía, además de que le gustaba y lo odiaba a la vez…  

Bueno, en algún momento algo había salido de control.

¿La conclusión?

Hinata pensaba en él todo el tiempo y él…

Él, al parecer, había estado celoso de Kenma.

o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o

Cuando llevaba mínimo seis cuadras recorridas, Hinata advirtió que no tenía su bicicleta y, verdaderamente, dudaba si ir a buscarla. Además de que podían regañarlo por el horario, nada le aseguraba que no se encontraría con Kageyama. Lo que menos quería era esa última opción, por lo que tenía que ver alternativas rápido.

¿Iría a buscar la bicicleta después? ¿Le quedaba dinero para el autobús? Demonios… Esos solo pasaban de vez en cuando y tal vez no podría alcanzar el último, ¿y si iba a pie? De ninguna manera, aunque tuviese un buen estado físico, no llegaría a una hora prudente. Considerando, además que, entrada la noche, la montaña no era el lugar más seguro de todos.

¿Y si llamaba a alguien con quien pudiese quedarse?

Yachi no era una opción, era una chica, no iba a quedarse allí a incomodarla. Yamaguchi podía ser, pero cuando le preguntara por qué había abandonado su bicicleta, tendría que contarle todo y no era una situación agradable. Sobre todo, porque se hablaba con Tsukishima y, lo más probable, es que sería blanco de sus bromas si se llegaba a enterar.

En otra situación, tal vez le hubiese preguntado a Kageyama.

El rostro perplejo y la nula respuesta a sus declaraciones llegaron a la cabeza de Hinata. El corazón le latía muy rápido, como cuando sus pensamientos e instintos se aceleraban en la cancha, en puntos decisivos del partido. Normalmente, la sensación se iría mientras golpeara el balón, pero esta vez no tenía esa solución. La respuesta de Kageyama ni siquiera alcanzaba a ser un servicio errado, porque no hubo intento alguno de contestar.   

¡¿Cómo rayos iba a solucionar esto?! ¡Le había gritado en la cara que pensaba en él! ¡Que le enfermaba! ¡Que le gustaba! ¡Que lo odiaba! ¿Cómo se suponía que Kageyama se lo tomaría, de todos modos? Además, ¿por qué rayos había empezado él a decirle cosas de “Kenma esto, Kenma lo otro”? ¡Sin duda, en algún punto de la conversación, solo dejó que su maldito estómago hablara!

— ¿Shoyo?

La voz familiar llegó a sus oídos. En esos momentos, Hinata advirtió que estaba con sus ojos fuertemente cerrados, como si necesitara hacer eso para mantenerse calmado. Tenía la misma postura de hace unos momentos, donde le había gritado todas esas cosas a Kageyama. Los puños estaban apretados, sus brazos tensos y la mandíbula más quieta de lo que había estado nunca.

Con lentitud, Hinata abrió sus castaños ojos, encontrándose frente a dos personas conocidas. Los rostros de preocupación de Nishinoya y Asahi no tardaron en removerle el estómago con culpabilidad, al igual que sus manos entrelazadas. Demonios. Solo sabía causarles problemas a todos.

— ¿Dónde está tu bicicleta? ¿Estás bien? — habló Nishinoya. El tono preocupado de su senpai provocó que otro golpeteo removiera su interior.

—  Y…Yo… La escuela… — balbuceó. Fue en ese momento en que la preocupación se tornó mayor en los rostros de ambos. Los ojos caramelo de Hinata comenzaron a cristalizarse y el chico intentó hablar nuevamente, señalando la dirección a la escuela, como si eso fuese de ayuda. — Yo estoy bien… Solo se me quedó en la escuela y… yo….

— Hinata, tranquilo… — le dijo Asahi. Hinata sintió que las lágrimas comenzaron a salir y Noya se acercó, apoyando ambas manos en sus hombros. Lo miró fijamente y el chico de primer año lamentó tener que limpiarse los ojos en esos momentos. Estaba muy avergonzado. Por otro lado, el chico de segundo año parecía dispuesto a averiguar quién estaba haciendo llorar a Shoyo y hacerlo puré.  

— Shoyo, ¿qué pasó? ¿te asaltaron? ¿te hicieron algo? ¿estás bien? — el agarre del líbero era suave, mas el tono no ayudaba a apaciguar la tormenta que estaba formándose en su interior. Hinata tuvo el impulso de salir corriendo, pero algo le gritó que no lo hiciera.

— Nishinoya… — escuchó decir a Asahi, como si buscara tranquilizarlo. Nishinoya miraba fijamente a Hinata, que estaba intentando armar una respuesta coherente en su cabeza. Demonios. Odiaba demasiado sentirse así.

— Noya-san… — Nishinoya no lo soltó y Hinata se enjuagó las lágrimas que le estaban cayendo de los ojos. Pudo ver que Asahi también lo observaba con atención— Lo arruiné todo con… Kageyama. — al pronunciar el nombre, la voz de Hinata se quebró nuevamente. Nishinoya apretó los labios y miró a Asahi, quien comprendió la señal y se acercó unos pasos.  

— Bien, Hinata, solo asiente o niega con la cabeza, ¿de acuerdo? — la voz del estudiante de tercer año parecía más compuesta, a diferencia del tono urgente que había usado el líbero. Hinata asintió — Entonces, no te asaltaron — Hinata asintió con la cabeza y pudo notar cómo el alivio se presentaba en el rostro de ambos jugadores. Asahi continuó — Dejaste tu bicicleta en la escuela — el bloqueador central volvió a asentir, para luego escuchar nuevamente esa voz calmada — Y tuviste una discusión con Kageyama — ante eso último, el chico repitió el mismo gesto. Asahi suspiró y retrocedió un poco. — ¿Tienes cómo ir a tu casa? — esta vez, la respuesta fue una negación. A pesar de tener los ojos cristalizados y las manos en el rostro, supo que Asahi y Nishinoya compartieron una mirada cómplice, sin necesidad de expresar palabras para entenderse.

Perfecto. Primero le gritaba sus sentimientos a Kageyama de la peor manera posible y luego interrumpía la cita de sus senpais. Verdaderamente, lo único que deseaba era tener su bicicleta para irse de allí. Así tal vez dejaba de molestar a las personas. Además, ¿por qué demonios estaba llorando? ¡Discutir con Kageyama era cosa de todos los días!

Mierda, deja de llorar…  

Sus pensamientos fueron interrumpidos por unos brazos rodeándolo. Hinata cerró los ojos al contacto y entendió que Nishinoya lo estaba abrazando. El chico de primer año apoyó su naranja cabeza en el hombro del líbero y dejó que los sollozos corrieran por si solos. Ni siquiera sabía exactamente por qué reaccionaba así. Le hubiese gustado retroceder minutos atrás, cuando estaba frente a Kageyama y explicarse mejor, o quizás no decir nada en lo absoluto. Recordar el rostro pasmado del chico era una respuesta tácita, en la que, obviamente, él no se sentía de la misma forma.

Oh, claro, ese era el motivo.

Además de resolver el asunto del peor modo posible, Kageyama tal vez nunca se acercaría a él.

— Lo arruiné… — susurró Hinata. Acto seguido, apretó los ojos y abrazó de vuelta a Nishinoya, quien no había dicho palabra — Noya-san, lo arruiné…

— No te preocupes, Shoyo — dijo él. Hinata seguía con los ojos cerrados y sintió un tacto suave en su cabeza. Supuso que Noya estaba acariciándole el pelo, como a veces solía como felicitación. Aunque, esta vez, el gesto era mucho más pausado y con menos fuerza. Extrañamente, su respiración comenzó a coordinarse con las pasadas de los pequeños dedos del líbero. — Todos lo arruinamos a veces, ¿sabes?

Hinata sentía que todo este escenario estaba muy fuera de su carácter. Normalmente, cuando uno de sus amigos se desanimaba, era él quien les brindaba consuelo. No podía recordar muchas ocasiones en las que estuviese en esta situación. En su casa, también, cuando Natsu era regañada o tenía algún problema como “se rompió mi juguete favorito”, él la abrazaría para tranquilizarla y luego descubrirían juntos la mejor solución, en la que su hermana podría volver a sonreír como antes.

Sin embargo, hoy con Noya, le tocaba ser Natsu.

Pasaron un par de minutos en los que siguieron cayendo lágrimas. Si Asahi hizo o dijo algo en todo ese lapsus de tiempo, Shoyo no lo advirtió. Nishinoya siguió ahí, envolviéndolo con sus menudos brazos y acariciándole el pelo, hasta que la respiración se acompasó y el mismo bloqueador central aflojó el abrazo y se separó un poco, limpiándose los últimos rastros de su llanto. Sintió un último contacto por parte del líbero en su cabello, antes de que lo soltara por completo. Cuando levantó la vista, se encontró con Nishinoya y Asahi mirándolo atentamente. La preocupación había bajado, siendo reemplazada por una mirada cálida, como si le dijeran que no lo dejarían solo.

— ¿Mejor? — preguntó Noya. Hinata sacó el aire que tenía acumulado en sus pulmones y asintió. Claramente, se sentía un poco más calmado que hace unos momentos. — ¡Dios, Shoyo! Nos diste un susto de muerte.

— ¡Lo siento! — exclamó él. Nishinoya sonrió y Asahi le dedicó una mirada tranquilizadora. — No… No quería molestar, ustedes deben estar en su cita y todo y yo…

— Es lo de menos — interrumpió Asahi. Hinata miró al castaño y él le revolvió el cabello, tal como Noya o Tanaka solían hacerlo en las prácticas — No molestas, Hinata. — el chico sabía que la estrella del equipo no era de mucho contacto, por lo que no pudo evitar sentirse especial por el gesto. El as miró a Noya — Entonces, supongo que Tanaka es la mejor opción… ¿le importará?

— ¡Oh, claro que no! — dijo él. Hinata alzó una ceja y Noya fijó sus castaños ojos en él. La calma tranquilizadora fue fácilmente sustituida por entusiasmo — ¡Shoyo! Justamente estoy yendo a casa de Ryuu, ¿quieres venir?

— ¡Qué…! ¿Dónde…? ¿Yo?

— ¿Hay una mejor idea? Aunque lograras tomar el bus, se hace tarde para andar solo — le dijo Noya. Shoyo no pudo contrarrestar ese argumento, puesto que tenía toda la razón. El próximo bus que cruzaba la colina pasaba en una hora más, además de que su casa quedaba a media hora caminando de la parada más cercana. — ¡Hablaré con tu mamá si eso te preocupa! No te preocupes, la convenceré.

— Quizás la mamá de Tanaka sería una mejor opción… — comentó Asahi. Noya lo fulminó con la mirada y el as sonrió, como si se estuviera disculpando (aunque no totalmente).

— ¿Por qué? ¡Siempre doy buena impresión a los padres!

— Oh, créeme que lo sé, como cuando le dijiste a mamá que tu actividad favorita en la escuela, además del voleibol, era trenzarme el cabello.

— Bueno, ¿quieres honestidad o una conversación aburrida?

— Claramente, “aburrido” no es mi tipo…

— Asahi-san, ¿estás coqueteando conmigo? — aquello provocó un sonrojo en la cara de Asahi. El líbero sonrió — Ok, entiendo, demasiado pronto… ¡Shoyo! ¿Vienes o no?

— Ah… Si la mamá de Tanaka-san puede hablar con la mía, no veo problema… — respondió, luego de procesar todo el intercambio de palabras que había ocurrido frente a él. Verdaderamente, en las prácticas no había nada de esto, por lo que la dinámica de pareja entre Asahi y Nishinoya era completamente nueva para él. No obstante, el grito de júbilo por parte del líbero, no lo era.

— ¡Bien! Pasemos a comprar helado, provisión esencial para este tipo de cosas — dijo el chico, encaminándose a una de las tiendas que había por allí. Asahi sonrió, mientras seguía a Nishinoya con la mirada.

— Creo que el helado siempre es una provisión esencial para ti, Nishinoya… — comentó el as. El líbero se volteó con una sonrisa y tomó la mano del otro chico. Hinata se sintió un intruso enorme en la escena.

— Oh, veo que nos estamos conociendo aquí, ¿eh?

La sonrisa mutua fue inmediata. Hinata podía decir que, con solo observar ese pequeño gesto, comprendía la reciprocidad entre ellos. Los castaños ojos de Noya se achicaron brevemente, para luego continuar caminando de la mano con Asahi, quien no dejó su suave sonrisa hasta que entraron a la tienda.

Hinata recordó el rostro estupefacto de Kageyama y, nuevamente, sintió otra punzada en el pecho.