Chapter Text
“It's a big world. There must be a place for us … free for battle, death and Doom. We're gonna make it, Steve. We just gotta keep fighting.”
James “Bucky” Barnes, Planet Hulk (2015)
El agua se desliza por su cuello, termina lavarse la cara y seca las gotas restantes con un paño. Se coloca la armadura, se sujeta la coleta apretando lo suficiente para tratar de mantener en su lugar los hilos rebeldes que llegan al rostro. Suspira, toma el hacha y el escudo encaminándose a la salida de la carpa, se detiene un momento sólo para mirar hacia atrás el bulto sobre el lecho de pieles. Bucky está hecho bolita rodeado por un montón de cobijas, no le puede ver bien pero Steve sabe que le está dando la espalda y no despertará hasta que casi sea medio día.
No puede contener un profundo suspiro decaído. Han sido días difíciles, largos. Bucky, su estado, le parte el alma. Steve puede contarle las costillas a simple vista, puede delinear el hueso de la clavícula o palpar fácilmente los huesos de la cadera. Los huesos cigomáticos es lo que más sobresalen del rostro del castaño porque los grises azulados siguen opacos y hundidos.
Sale de la tienda asegurándose de cerrar bien las pesadas cortinas para que de este modo no se cuele frío. Ruth, la anciana curandera de la villa, ya está afuera hincada frente al hornillo de madera y piedras. Mueve con una palita lo que parece ser el desayuno del día.
—¿Algún cambio? —le pregunta mientras coloca sobre el dorso de la mano un poco del atole caliente antes de probarlo.
—No, no realmente, sigue durmiendo mucho —Steve nuevamente deja salir un lamento apesadumbrado mientras toma asiento en flor de loto a un lado de la anciana.
—Mientras no deje de comer, no habremos de preocuparnos, Capitán. Ser paciente, tiene que serlo.
Steve no responde, la cosa es que, le acongoja muchísimo ver a Bucky en tal condición. Un sentimiento de rabia e impotencia le invade muy a menudo. También hay culpabilidad, sobre todo eso, ahí escondida, asomándose cada vez que puede, como un perro abandonado, vagabundo y rencoroso, te lame la mano, te descuidas, y te muerde por la espalda.
Un error fatal haberlo dado por muerto. De nada sirvió deshacerse del Rey Rojo, no cuando Bucky siguió siendo prisionero de aquellas bestias. Se le revuelven las vísceras de tan solo pensarlo.
—Tome —Ruth le extiende el tazón lleno junto con una envoltura de frutos secos.
—Solo la mitad, mis hombres regresan mañana con más provisiones —se limita a informar que Bucky sigue sin comer mucho, si lo hace, devuelve el estómago.
—Tiene que mantenerse fuerte Capitán, por usted y por él —ella se levanta dejándolo con la mano extendida. De baja estatura por su espalda encorvada, ella se marcha por la vereda hacia la villa sin decir más.
Steve tapa el tazón con el propósito de mantenerlo algo caliente para cuando Bucky despierte, le alcanzará para hoy, la semana pasada le hubiera sobrado para dos días. La verdad, le calma que el castaño tenga más apetito y que incluso empiece a mordisquear los frutos secos. Observa la comida seca, toma un pedazo masticándolo por un largo periodo hasta que lo pasa con dificultad. Es cierto, necesita comer, Bucky lo necesita, lo necesita más que nunca.
*
Un puñado de hombres entrena, los observa a distancia sintiendo el hacha muy pesada para unírseles. Después, va a los corrales a alimentar a Devil finalizado su recorrido en la única entrada a la diminuta villa, donde están las dos torres de vigilancia, hasta arriba, los cuernos aerófonos, los shofar, listos para ser tocados en caso de tener invitados nada deseables.
Regresa al campamento cuando son aproximadamente entre las diez u once de la mañana. El sol ha salido apenas en esta época de invierno. Tal vez Bucky quiera salir, le solía gustar los días soleados. Solía. Steve odia pensar en pasado. Sacude la cabeza, camina más deprisa forzando a animarse un poco.
Pese que sabe que es muy probable que Bucky siga durmiendo, va a verlo con el propósito de asegurarse que esté bien arropado. Es su sorpresa cuando cruza la puerta de cortinas y lo ve ahí sentado sobre la cama de pieles, la mirada perdida en algún punto. Está desnudo del dorso, cabello largo desaliñado sobre el rostro, y el brazo de metal, Steve piensa que le ha de pesar por la desproporción a la masa muscular de su cuerpo.
—Bucky... —Es suave, se aproxima con lentitud.
Total afonía como respuesta. Entonces Steve al ver la extrema palidez en la piel contraria, lo primero que hace es colocarle una manta sobre los huesudos hombros. Steve no se ha equivocado, la piel del castaño ya está helada.
—Desperté y no estabas —con voz rasposa, Bucky le mira por leves segundos con esos grises azulados opacos.
—No pretendía tardar. Tenía que hacer algunas cosas.
Bucky no contesta, sigue ido, o lo ignora por completo. Hay lapsos así, Bucky se aísla por completo u otras donde con sus ojos recorren con suma paranoia. Steve no sabe qué pensar prefiriendo intentar con algo más;
—¿Tienes hambre?
El castaño se acomoda las matas sobre los hombros antes de asentir con lentitud.
—Iré por tu desayuno, no tardo.
Apenas se gira cuando Bucky lo detiene enseguida.
—¿Qué día es hoy? —es normal que haga ese tipo de preguntas.
—Martes.
—¿Qué hora es?
—Aproximadamente las 11 de la mañana, es un buen día, ha salido el sol —inquiere esperando animarlo un poco. No hay respuesta inmediata, pasan leves segundos y Steve espera con paciencia.
—¿En dónde estamos?
—Tierra Verde, Buck, estás a salvo aquí.
Bucky parpadea al momento que gira a verlo, se rasca la cabeza con la de metal y luego, como si no recordara que tiene ese brazo biónico, lo mira con suspicacia abriendo y cerrando el puño, cejas arrugadas. Steve entiende, apenas va una semana que lo tiene de vuelta. Quiere explicarle que el Rey rojo fue quien despojó su extremidad, haciéndole creer a Steve mismo, su muerte. Pero tarda un poco más, o tal vez, realmente no quiere hablar de ello.
—Si tengo hambre —Bucky dice de repente, mirada en sus azules.
Es irremediable que Steve sonría—. Me alegra, no tardo.
Para cuándo regresa Bucky sigue ahí mismo donde le dejó. Le ayuda a comer, le sostiene la cuchara por el temblor tan acentuando en su mano de carne. Bucky va con el tercer bocado cuando le da un ataque de tos. Steve trata de ayudarle con leves palmaditas en la espalda, y es ahora a él quien le tiembla la mano. Dios. Teme que incluso esos suaves golpecitos le lleguen a lastimar.
La cara del castaño está roja y sus ojos se llenan de unas cuantas lágrimas negándose a comer más. Steve nota como trata de controlar el vómito.
—Está bien, Buck, no te preocupes —Steve deja el tazón a un lado, y observa como Bucky agarra las cobijas volviendo a enterrarse bajo de ellas— ¿No te gustaría mejor salir? Es un día cálido —Steve se agacha en cuclillas a la altura de quedar frente al rostro del castaño. No recibe respuesta, Bucky ha cerrado los ojos y fruncido el ceño.
Steve trata de controlar toda esa amargura que de pronto le invade. Alza la mano, primero duda, aparta con delicadeza las hebras castañas del rostro contrario, posteriormente, con el pulgar delinea aquellas cejas arrugas con suavidad esperado no ser molesto o imprudente. Bucky no le ha marcado algún límite, todo lo contrario, parece más tranquilo cuando está cerca, pero Steve quiere ser precavido, lo que menos quiere es hacer algo que de alguna forma sea contraproducente para su amado.
—Buck… —intenta—, podría llevarte a dar una vuelta, y si tu quieres, montar a Devil... de verdad el día se ha puesto agradable. —Pero el castaño, lo único que hace es acomodar mejor la cabeza sin abrir los ojos.
Steve ya no insiste, se queda con ese silencio lacerante. Bucky no se va a mover, y él no tiene el corazón para obligarlo. Resignado se levanta de ahí dispuesto a terminar con sus pendientes, sus hombres de caza regresan mañana, con víveres y agua, y necesita ir a la villa para preparar todo.
—No, no, no, no, no, no
La voz alarmada y cortante de Bucky le hace detenerse en seco. Ha salido de su escondite gateando hasta el borde del lecho. Steve regresa a dos grandes zancadas los pasos que dio a la salida, preocupado porque Bucky va desnudo y está haciendo el empeño de pararse aun cuando sus piernas todavía no lo sostienen.
—No, no, por favor no —Bucky se ha aferrado a su cuello con ambas manos, su esquelético cuerpo tiembla entre sus brazos cuando le sostiene.
Steve traga duro el nudo que se forma en la garganta, un dolor punzante en lado izquierdo del pecho. Sus dedos apenas rozan la piel pálida y expuesta del castaño. Sintiendo las costillas, el palpitar, como se mueven en cada respiración.
—Tranquilo —aclara la voz tomando valor de donde sea.
No recibe respuesta, Bucky se ha escondido en el hueco de su cuello respirando pesadamente, su piel fría contra su armadura.
—Esta bien, no me iré —cree haber entendido el mensaje —shhhh, no te preocupes Buck, me quedaré aquí contigo, vamos… vamos a acostarnos, eso es, vente. —Guía de nuevo al castaño bajo las mantas y él le sigue así, con todo y armadura, no le importa, no cuando Bucky se acurruca a su lado, enrollado como un erizo, rodillas al pecho y su frente pegada a un costado suyo.
Steve no sabe qué más hacer, la habitación se hunde en completo silencio, pasan los minutos de igual forma con la mente en blanco. Quiere mantenerla así en vez de recapitular otra vez, cómo decapitó a la bestia roja. El maldito Hulk que tenía el brazo de Bucky como trofeo. Steve aprieta los ojos con fuerza. No quiere pensar en eso, no cuando Bucky está a su lado, no sabe si se ha dormido, pero está quieto como una piedra, aferrando la mano humana a la cota de malla de su armadura.
*
Se ha logrado zafar del agarre del castaño hasta después de un par de horas. Se de prisa en ir a la villa, esta vez, sin jugar con los niños de la aldea o platicar con la gente como usualmente lo hace, termina sus deberes en un tiempo récord, su cabeza no puede estar en otra lugar que no sea Bucky.
Apenas va llegando al campamento cuando oye un golpe sordo proveniente del interior de la carpa haciéndolo correr. Bucky está en el suelo, le mira sin decir nada cuando entra todo agitado.
Steve no pierde el tiempo para ayudarle. Como pensaba, Bucky todavía no tiene la suficiente fuerza en las piernas para sostenerse.
—¿Te lastimaste? —pregunta cuando deposita al castaño nuevamente sobre el montón de pieles.
No hay respuesta, Bucky ni le mira, se limita a esconderse tras las greñas, sin embargo, Steve nota la cejas arrugadas y la boca torcida. Está molesto.
—Desperté y no estabas… —Suena a reproche. Steve se sorprende un poco ante esto.
—Yo…
—Quería ver si ya tenía las fuerzas para levantarme —interrumpe sin dejarle continuar—. Pude dar un par de pasos.
—Tuve que hacer unas cosas en la villa, —está tratando de explicarse de todos modos—, si quieres podemos seguir intentado pero primero tienes que comer un poco más.
—No me has besado ¿Por qué no me has besado? —Bucky no le puso atención a lo que dijo agarrándolo en curva, las defensas bajas y mal posicionado.
Steve traga duro. Definitivamente es un reproche, una pregunta retórica con demasiado contrapeso.
—No importa —el castaño voltea al frente, cejas arrugadas, mirar aciago.
—Buck…
—Me pasas el agua, por favor.
Come es silencio, y su indiferencia le golpea mucho, Bucky no le mira, ni le habla, apenas termina de picar los alimentos, se vuelve a enterrar bajo el montón de pieles creando una barrera entre ellos, una que Steve apenas puede arañar cuando, al caer la noche, se acuesta a su lado minutos después dar vueltas por todo el campamento, inquieto, nervioso, reconfortándose un poco con escuchar el respirar contrario.
*
—Hey, Bucky —Steve está decidido a intentar algo diferente. Lo ha meditado, abstrayendo su prioridad. No va a permitir que Bucky siga cayendo, no mientras él pueda hacer algo, no puede, no va a rendirse tan fácil, incluso si las cicatrices son demasiado gruesas, o el daño sea incalculable, Bucky lo necesita más que nunca, y él… no va a volver a fallarle—. Anda vamos. No puedes estar aquí todo el día.
Tal vez era el hecho de no sobreponerse ante el castaño. Steve no sabe decirle “no”. No puede hablarle duro. No sabe enojarse con él. Tal vez el exceso de sobrepresión y la condescendencia cause más grietas que puentes.
El castaño se queja bajo las pieles sin mayor signo de querer levantarse. Eso no lo detiene, Steve le va quitando las mantas de encima hasta que solo queda una.
Bucky no protesta más, no pone oposición cuando Steve le ayuda a sentarse, y le peina las largas hebras con los dedos. Steve, animado, porque así tiene que estar, porque así Bucky necesita que esté, prosigue en limpiarle el rostro con un paño húmedo, cejas, pómulos, labios, cuello. Terminado con envolverlo en la túnica más caliente que encuentra.
—Desayunamos afuera, es un buen día y te mostraré la villa.
Bucky le ve, ojos difíciles de interpretar, pero Steve ya no se va a detener por eso, está trabajando en una defensa contra esos azules grisáceos, particularmente contra esa forma que Bucky le mira, ya no permitirá que lo penetren de esa forma. Hay muchas formas que Bucky le desarma, pero esa ya no será una de ellas, no cuando conlleva al estancamiento de la miseria. Y en vez de ceder, otra vez, se inclina dándole un beso en la frente. Quedándose así por varios segundos. Respirándolo y tomando las fuerzas que le hacen falta.
—Ven, eso es. —Le carga sin mayor dificultad, una mano bajo las rodillas y la otra en las cosillas tan palpables, con cuidado, mucho cuidado de no presionar demasiado los dedos y dejar marca en la piel adelgazada y demacrada.
Bucky recarga la cabeza en su hombro pasándole el brazo por el cuello. Y se mantiene en silencio cuando Steve lo deposita con cuidado sobre el tronco frente al fogón.
Los rayos del sol apenas se asoman por la cordillera. Con su campamento en lo alto, tiene una excelente vista al pequeño poblado a la falda de la meseta y también, son de los primeros en apreciar el alba.
—Hay mucha calma —Bucky rompe el silencio ante la mayor sorpresa. Voz reseca. Su mirada hacia las altas montañas del norte.
Steve se sienta junto a él con los dos tazones de comida—. Es un poblado pequeño, cien habitantes aproximadamente, la mayoría es gente que ha huido de la guerra... —pausa un momento pendiente de la reacción del castaño. Es algo que ya le había platicado en noches anteriores, eso y detalles de la villa, en forma de cuentos, relatos sobre lo hizo, esto y aquello, y de más, todas esa primeras noches que Bucky no dormía o despertaba de algún mal sueño.
Bucky sigue con los ojos clavados hacia el horizonte, entre las manos sostiene el tazón con sopa caliente. Endereza la columna, se estira desde su lugar hacia adelante como si quisiera tener una mejor vista.
—No es el lugar más agradable pero… aquí… —Steve piensa antes de seguir, más que nada por temor de perder el hilo de la conversación—, aquí hemos podido llevar una vida de cierta forma tranquila. Un par de enfrentamientos con los Hulk y los hombres de Doom no es nada.
Bucky se mantiene callado, menea la sopa con el dedo meñique, observa el tazón con comida como si contuviera todos los secretos del universo.
—Lo lograste, Steve —dice de repente, un murmullo como si no quisiera ser escuchado del todo. Antes de empinarse la sopa.
—¿A qué te refieres? —atina a preguntar, curioso, le limpia con el pulgar restos de líquido en la comisura del labio.
—Es un buen lugar. —Los ojos grises azulados bucean en los suyos. La respuesta de Bucky es tan franca y natural que el mundo de Steve se reduce a ese instante.
El castaño regresa a los alimentos ante su atenta mirada. Steve se tiene que morder la lengua y apachurrar el pecho por dentro. Steve creó este lugar, lo protege, lo llama hogar porque así creyó que Bucky lo hubiera querido. Sólo por él. Sólo por Bucky.
