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Nubes y Estrellas

Summary:

Kuro es conocido como el heredero al trono en el reino de Mond, sin embargo este puesto le da demasiados problemas. Desde el hecho de tener que estudiar y esforzarse es dónde lo perdieron. Además de que su madrastra le causa más problemas.

Pero un día todo cambió gracias a la aparición de un extraño chico ya que, después de ayudarlo a escapar, misteriosamente el Sol y la Luna desaparecieron.

¿Y ahora que sucederá?

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

¿Te haces preguntado quién controla el día y la noche?

Seguramente sí, pero te respondieron que era la rotación del mundo o que era algo natural del planeta Tierra.

Bien, cuando Kuro lo preguntó a su madre no fue el caso. Ella le respondió algo muy distinto.

Existen dos reyes, Sol y Luna. Ellos controlan el día y la noche para que los humanos podamos trabajar y descansar, pero como castigo ellos no pueden verse. Si llegara a existir un momento en que ambos amantes se encuentren, nuestro mundo se detendría —

Le explicó cuando el pequeño niño tenía tan solo cuarto años.

Entonces ¿ellos no pueden estar juntos? —

Miró a su madre negar con una sonrisa mientras acariciaba los cabellos de su lindo hijo.

Algún día lo estará mi pequeño Ash, y cuando eso suceda podrán amarse por el resto de la eternidad

Sol y Luna eran dos amantes que jamás se encontrarían y el día en que lo harían provocarían la extinción de los humanos y animales.

Muy cruel, ¿no?

Si.

Si que lo era.

Ash era joven pero comprendía a la perfección el como dos esos debían sufrir por no verse.

Quizás la vida les daría una oportunidad de encontrarse, de tan siquiera decirse lo mucho que se amaban.

— ¿En qué tanto piensas mi niño?—

Su madre siempre le cuidaba y sabía cuándo algo molestaba su mente de infante.

Mamá ¿dónde viven Sol y Luna? —

Vaya pregunta difícil.

La reina acarició su vientre abultado y sonrió nuevamente.

Ellos viven en un palacio, detrás de las montañas, un sitio en dónde tus ojos y mente quedarán tan maravillados —

La mirada carmín del pequeño príncipe se ilumina.

Un lugar tan fantástico solo podía tener una cosa:

¡Debe haber muchas almohadas suaves ahí! —

Gritó con entusiasmo a lo que su madre rió.

Si Ash. Seguramente las hay

A pesar de que Ash fuera el mayor de los príncipes, su madre sabía que aún era un pequeño niño.

Su niño pequeño.

En este momento estaba esperando a su quinto hijo pero sin duda Ash era quién había heredado su apariencia hasta el momento.

El cabello celeste, los ojos carmín, la increíble imaginación.

Su esposo, el rey, últimamente solo se dedicaba a su pueblo, y claro, a embarazarla.

Pero eso no le importaba.

Incluso si hubiera notado que su actitud había cambiado drásticamente, nunca le recriminó ello.

Siempre trató de comprenderlo.

Mamá, ¿algún día podremos visitar a Sol y Luna —

Cómo decirle que no a ese pequeño con una mirada tan llena de inocencia y cariño.

Claro que si mi niño, algún día iremos

Ojalá ese sueño se cumpliera algún día.

Todas las noches, Ash pidió a su madre un beso antes de dormir cuando esta le arropaba, y a escondidas de todo habitante del palacio solía ver la luna por la ventana de su alcoba y susurrarle ciertas palabras:

"Algún día verás a sol y ambos serán felices. Estoy seguro"


No había noche en que Ash no dijera tales palabras.

Tal vez la luna le escuchaba, quién sabe.

Ojalá tengas razón niño...—

Susurró cierto rey desde su palacio mientras mantenía la noche.

Deseaba ver a su pareja, pero a ese paso jamás lo lograrían.

Dos amantes separados por el bien de la humanidad.

¿Qué pasará si deciden poner alto a esto?

Nadie lo sabe con exactitud pero seguro solo será una tragedia.

La madre de Ash murió al dar a luz a su séptimo hijo, quién por un milagro se salvó.

Ese día, todo el reino se sumió en una terrible depresión y para empeorar las cosas, tanto el sol como la luna desaparecieron de la vista de todos.

Todo era oscuro.

No había nada de luz por ninguna parte.

Ash estaba más ocupado cuidando de sus hermanos y tratando de ser fuerte que ni siquiera se había percatado de la desaparición del sol y la luna.

Este evento duró aproximadamente cuatro años.

Cuatro largos años en los cuáles el reino no prosperó.

Cuatro años después de la muerte de su madre.

Cuatro años en los que a su padre le importó un bledo su familia y prefirió conseguir otra esposa.

Cuatro años en que los amantes pudieron encontrarse y decirse tantas veces lo mucho que se amaban.

El rey se volvió a casar con otra mujer, quién ya tenía un hijo, justamente un año menor que su hermano más pequeño.

Y en el momento en que los declararon esposos y coronaron a la mujer como la nueva reina, la luz volvió.

Todos lo tomaron como un mensaje divino aue anunciaba que su nueva reina sería su nueva salvación.

Más bien era una bruja para los príncipes y princesa.

Su peor pesadilla era su madrastra y por órdenes de su padre debía respetarla y obedecerla.

Vaya asco.

Pero, ¿qué más podían hacer?

Nada.

Absolutamente nada.

Por lo menos ahora tenían al sol y la luna de vuelta y ellos serían los testigos de su vida tan miserable dentro de ese castillo.

Y quizás de una aventura que algún día tendrían.

¿O no?

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Chapter 2: Chapter I: Galletas

Summary:

Conozcamos a los príncipes y princesa de este peculiar reino.

Chapter Text

Lo más aburrido para Ash eran las clases.

Tener que levantarse a las cinco de la mañana solo para escuchar las letanías de un sujeto que se creía superior por sus conocimientos en diversos temas.

Era demasiado cansado pero no tenía otra opción más que obedecer el mandato.

Desde la muerte de su madre, su padre se había vuelto más estricto y frío. Nada le complacía.

Príncipe Ash, ¿me está escuchando?—

Y otra vez ese tipo le sacaba de sus pensamientos.

Si, lo escucho...—

Vaya mentira.

Sus clases duraban cinco horas seguidas, después tenía un descanso de tres horas para comer y hacer lo que deseara y nuevamente tenía otras cinco horas de clases diferentes, ya fuera sobre modales, música o artes.

Era un príncipe de tan solo 14 años que deseaba dormir por lo menos ocho horas seguidas sin tener algún deber pendiente.

Todas las clases que tenía eran sumamente pesadas, pero ese maestro en específico era tan malvado que solo sabía encargarle montones y montones de tarea.

El día y la noche son gracias a la rotación de nuestro planeta tierra. Eso es algo que usted ya sabe desde hace tiempo, pero ahora vamos a profundizar el tema ya que...veo que aún sigue con ideas infantiles 

Y claro, también era bueno criticándolo.

Enserio, el tipo era tan estresante que deseaba salir corriendo aunque su padre lo reprendiera.

Aunque hacerlo no fue necesario.

— ¡Abran paso!—

Fue el grito que se escuchó antes de que las puertas del cuarto se abrieran y dos niños entraran corriendo.

El maestro obviamente se espantó al ver que los niños se dirigían hacia él y uno de ellos, para ser exactos el rubio, lo empujó mientras que su hermano se colocaba debajo del profesor para provocar que cayera al suelo.

¡Quítate anciano!—

Y cuando lograron su cometido rieron a carcajadas.

— ¡Eso fue genial! ¡Toda una escena de comedia!—

Hyde tenía diez años y era el príncipe más inquieto de los siete. Su cabello rubio con dos mechones negros a sus costados le hacían resaltar entre los demás. Su mirada carmín llena de energía era lo que siempre aterraba a los sirvientes y sus nanas. Sin duda era todo un caos el cuidarlo.

— ¡Yo diría que fue pan comido el tirarlo! ¡Es todo un tonto!—

Illdio era quién le acompañaba. Con solo nueve años se había vuelto el compañero y mejor amigo de su hermano.

A diferencia de Hyde, su cabello era plateado y contaba con tres pequeñas manchas en su mejilla, las cuáles eran su marca de nacimiento.

Sin duda, su apetito era infinito y en sus ojos carmín podías notar el deseo de comer y comer.

Ambos eran un lío, pero juntos podrían provocar una masacre devastadora.

¡Vamos Nii-san! ¡Es hora de jugar!—

Y Ash siempre escapaba cuando ellos le daban la oportunidad.

— ¡¡Príncipe Ash!!—

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¿Tiraron al profesor de Ash? Padre los va a matar...—

Los tres hermanos se habían encontrado con la mujer en su familia:

Freya.

Ella tan solo tenía once años pero ya era toda una dama. Su cabello púrpura resaltaba aún más su belleza, pero sin duda, lo que nadie esperaba, era su horrible carácter.

Era tan raro verla sonreír y no era para menos, cualquier cosa por mínima que fuera la hacía molestarse.

— ¡Fue una broma! No es para tanto Nee-san...—

Hyde contestó con una sonrisa a lo que tanto él como Illdio recibieron un jalón de orejas por parte de su hermana.

¡Ash! ¡Deberías ser tu quién los regañe!—

Demasiado tarde.

Para cuándo Freya lo había buscado con su mirada, su querido hermano mayor ya se había ido.

¡Ustedes dos vayan a hacer sus deberes!

Freya se llevó a sus dos hermanos menores de la oreja hacia sus cuartos para que siguieran con sus tareas.

Los pequeños solo podían quejarse de lo brusca que era su hermana durante el camino a sus cuartos.

— ¡Ay hermana! ¡No seas tan cruel! ¡Se nos van a caer las orejas!—

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Ash siguió corriendo por todos los pasillos del palacio. En cierto punto, se llegó a encontrar a Jeje, quién leía tranquilamente un libro.

¡Jeje! ¿Dónde está Hugh?—

Gritó interrumpiendo la lectura de su hermano menor.

Creo que está en la cocina. Debe estar robándose los bocadillos—

Dijo en voz baja, aunque Ash le escuchó perfectamente. Ya se había acostumbrado a lo tímido que era su hermano así que era fácil entender al pelinegro.

¡Recuerda sonreír hoy! ¡Eres increíble como eres Jeje! ¡Que nadie te diga lo contrario! —

Fue lo que dijo mientras se iba corriendo a la cocina.

Jeje, poco a poco, se puso rojo. Al tener la piel tan pálida, incluso más que sus demás hermanos, el avergonzarse le hacía ponerse rojo cuál tomate.

Pero era inevitable, su hermano mayor siempre trataba de alentarlo a seguir a pesar de todo. 

Era el único que podía hacer que Jeje sonriera y se sintiera motivado.

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Ash llegó a la cocina y cuando abrió la puerta para entrar pudo ver a su hermano Hugh.

Estaba sobre una silla tratando de alcanzar el tarro de galletas.

— ¡Hugh!—

Y el niño casi se cae de la silla del susto.

¡Ash! ¡No vuelvas a asustarme!

El peliceleste se disculpó de inmediato. Estaba muy agitado y para ser sinceros, el estarlo no era de su gusto. Prefería estar acostado en su cama sin hacer nada.

¿Dónde está Hugh? Ya sabes...el libro...

Hugh bajó de la silla y se acercó a su hermano con la intención de proponerle algo.

Ash ya sabía que habría un precio que pagar por información.

Te lo diré con una condición

Hugh nunca hacía ningún favor sin obtener algo a cambio, ni aunque fuera por su familia.

Está bien. ¿Qué quieres?—

Y el pelinegro señaló aquel tarro de galletas que tanto deseaba alcanzar, pero por su baja estatura no lo lograba.

Bájalo por mi...—

No era nada difícil. Ash subió a la silla, bajó el tarro y lo entregó a su hermano para poder bajar de la silla.

Hugh quitó la tapa del tarro y tomó una galleta para darle una mordida.

— ¿Entonces? ¿Dónde está?—

Cómo Hugh dió su palabra respondió de inmediato.

Está en el librero de la oficina de padre. En el cuarto estante—

— Cuarto estante. Lo tengo. Gracias Hugh y no comas tantas galletas, después no querrás comer nada y empezarán a sospechar de ti —

Nuevamente Ash salió corriendo directo a la oficina de su padre y una vez llegó miró dentro del lugar con el objetivo de ver qué no hubiera nadie.

Cuando estuvo seguro de que nadie estaba a los alrededores, entró y fue directo al librero.

Justo como Hugh dijo, el tan nombrado libro se encontraba en el cuarto estante.

De inmediato lo tomó y salió del lugar tratando de esconder el dichoso libro entre su ropa. Al único quién se encontró en el camino fue a Lily, aunque el simplemente le saludó con una tierna sonrisa. Sin duda, era el más pequeño y tierno de todos.

Su siguiente parada fue las afueras del palacio, justo en el árbol dónde solía dormir gracias a la enorme sombra que este daba.

Se sentó en el pasto y colocó el libro sobre sus piernas para abrirlo y comenzar a hojearlo y leer algunos párrafos bastante familiares.

"Muy profundo en el bosque,
un tesoro ha sido dejado
por una extraña persona
quién de el sol y la luna lo ha robado.

Ellos lo buscan
tu puedes encontrarlo
solo sigue el camino
que la luna y el sol han dejado".

Era un viejo cuento, que en sus últimas páginas tenía esas palabras escritas además de un mapa bastante desgastado.

Ash pasó sus dedos por el dibujo y delineó el camino que este indicaba.

Algún día iría a ese lugar.

Su madre le había contado que todos los cuentos que se encontraban en el palacio eran historias completamente reales, pero como siempre, su padre decía que eso era una estupidez.

Una vez su madre partió del mundo, su padre se encargó de guardar todos los libros en diferentes lugares para que ninguno de sus hijos los leyera jamás.

Pero Ash no se rendía tan fácil.

Me pregunto que será el tesoro...—

Continuará...

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Chapter 3: Chapter II: No todos quieren ser rey

Chapter Text

Los rayos del sol comenzaron a molestarle por lo que se vio forzado a abrir sus ojos.

¿Qué hora era?

Se sentó en su cama y bostezó con cansancio. A un lado suyo yacía el libro que tanto amaba leer. Se había desvelado leyéndolo pero lo valía.

No importaba cuántas veces lo leyera siempre le emocionaba el seguir.

— ¿Alteza? ¿Está despierto? Es hora del desayuno—

Y eso era lo único que le alegraba en su aburrida y fastidiosa vida.

— Iré en un momento más...—

En ese momento tenía tanto sueño que deseaba solo ignorar el llamado de la sirvienta y volver a dormir.

Pero seguro sus demás hermanos ya le esperaban.

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— Hyde, Illdio quédense quietos de una buena vez—

Freya trataba de controlar a sus hermanos menores hasta que su padre por fin se dignara a bajar para desayunar todos juntos.

Sabía que Ash tardaría más pero quizá un milagro sucediera y está vez llegara más temprano.

<< Aunque tenga 18 años sigue actuando como un niño >>

Y es que el tiempo había pasado muy rápido que en ese punto era imposible creer que el príncipe heredero tenía 18 años pero seguía actuando como si fuera un niño pequeño.

  ¡Ash ya viene!—

Lily rápidamente corrió a su silla para sentarse. Era el más joven de todos pero sin duda sabía comportarse. Ese niño tenía 12 años.

Jeje deja el libro

Freya ordenó a lo que el pelinegro dejó su lectura de lado. Era el único que hacía caso siempre.

Yo creo que Lily mintió—

Y ahí estaba Hugh provocando más problemas. Sin duda, era fastidioso pero también el más inteligente de los ocho.

Tsubaki ni la bruja se han dignado a bajar tampoco—

Illdio se quejó.

Así era como llamaban a su madrastra ya que todos concordaban en que era una bruja que llegó para arruinarles la vida.

Pero no podían llamarla así frente a su padre. Seguro los mataría.

Por fin Ash llegó y caminó directo a su lugar sin decir nada.

Lo típico.

Buenos días señor dormilón—

Hyde comentó con una sonrisa a lo que tanto él como Illdio empezaron a reír.

Ash solo les miraba con un rostro sereno.

Y en ese momento la puerta se abrió revelando a su madrastra con su hijo Tsubaki.

Este era unos meses menor que Lily así que era el más pequeño de todos, aunque esté realmente nunca se involucró con los demás hermanos. Prefería siempre estar solo.

Tsubaki querido, sientate mientras hablo con tus hermanos—

Y era el favorito sin duda, después de todo era el único hijo biológico de esa espantosa mujer.

Una vez Tsubaki se sentó la mujer comenzó a hablar.

Escuchen mocosos, su padre pronto se irá de viaje así que yo estaré a cargo y claro, habrá algunos cambios—

En el fondo deseaban a gritos que su padre no los dejara con esa mujer pero una vez el tuviera un asunto que atender, nadie, absolutamente nadie podría detenerlo.

Ni siquiera sus propios hijos.

Así que lo primero que haré será deshacerme de...

Su larga letanía fue interrumpida por el padre de los ocho quién había ingresado al gran comedor.

Todos se pusieron de pie y le recibieron, unos con más ánimo que otros, y una vez su majestad se sentó, el desayuno comenzó.

Nadie, absolutamente nadie podía hablar o siquiera hacer algún gesto indebido en la mesa y menos en presencia del rey ,quién como siempre, solo terminó su desayuno y se marchó.

Uno a uno fueron abandonando el gran comedor para iniciar sus actividades rutinarias.

Cómo le explicaba príncipe. El reino está dividido en tres, la realeza, la nobleza y por último los plebeyos. Es importante que recuerde que la opinión del rey solo puede tomarse si el consejo la acepta, de lo contrario será negada—

Según tenía entendido su hermanastro estaba siendo educado para participar en la mesa del consejo real, lo que quería decir una cosa:

Tendría que verle la cara, y peor aún, debía aceptar lo que este dijera.

Un suspiro cansado escapó de su boca al solo imaginar semejante escena.

Sin duda sería todo un caos.

Si usted quiere ser un digno candidato al trono debe poner más empeño en sus clases. Sus hermanos quisieran tener la oportunidad con la que usted cuenta—

Eso era mentira.

Hugh no quería ser rey, el deseaba dedicarse a la investigación.

Jeje prefería un oficio más tranquilo, entre ellos abrir una panadería o librería.

Freya amaba el cultivo así que sin duda optaría por ser agricultora.

Hyde era inquieto pero aún así quería ser actor o en otro caso director de obras de teatro.

Illdio, bueno, mientras hubiera comida cualquier cosa estaría bien.

Y Lily, el solo quería dedicarse a cuidar niños huérfanos o necesitados.

Ninguno quería gobernar en ese asco de país el cuál su padre se encargó de destruir casi por completo. 

Todo desde que conoció a esa mujer.

¿Por qué ellos querrían gobernar este horrible reino? Ellos prefieren mil veces salir del palacio a seguir aquí—

El profesor, quién en ese momento se encontraba de pie, solo acomodó sus anteojos y dió un golpe en el escritorio del peliceleste, haciendo que diera un ligero brinco ante está acción inesperada.

Escuche bien príncipe, con una actitud como la suya jamás será un buen gobernante. Quizá su hermano menor sea la mejor opción—

Oh sí. Por qué todavía para poner la cereza en el pastel, si Ash no lograba cumplir con los altos estándares de su padre, quién sería el rey sería Tsubaki.

— Eso no me interesa. Me siento lo suficientemente apto para ser rey...—

<< Aunque no quiera...>>

Pensó.

El profesor solo soltó una carcajada desconcertando al príncipe.

¿Usted listo? Por Dios, lo único que usted sabe hacer es fantasear entre cuentos para niños. El no madurar es lo que le impide ser apto —

Ash sabía que el creer tanto en esos cuentos le haría mal solo que jamás pensó que lo llegarían a arruinar tanto.

Pero esas eran las historias que su madre le leía con tanto amor.

Debes madurar

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Esa tarde, como siempre, Ash se colocó una capa y subió a su fiel corcel para salir un rato a el bosque, el cuál de noche era magnífico.

Cubriendo su cabello con el gorro de su capa, se dirigió hacia la entrada del bosque y su caballo lo llevó a diferentes lugares bastante hermosos.

Uno de ellos era un hermoso río en el cuál claramente se podía ver el atardecer reflejado en el agua.

Es como magia...—

Pensó de inmediato al bajar del caballo y acercarse al río para tomar un poco de agua con sus manos.

Y en ese momento escuchó algo.

Alguien o algo se había movido provocando que las hojas se sacudieran.

Secó sus manos con su ropa y miró hacia la copa de los pinos.

No había nada.

Pero si podía sentir que algo o alguien está a cerca. Claramente escuchaba sus pisadas.

¿Quién eres? Muéstrate...—

Pero nada salió.

Sacó la espada de su funda y caminó hacia los arbustos con el propósito de asustar al bromista que se ocultaba.

Cuando cortó algunas hojas de la dichosa planta se llevó la sorpresa de que solo era un simple conejito, quién de inmediato se echó a correr.

Más tranquilo, regresó a dónde su caballo y subió a este para regresar.

Pero cuando los pinos se acabaron y fueron reemplazados por simples árboles fue cuando se llevó el susto de su vida.

Pasó tranquilamente por debajo de estos y de un momento a otro tenía la cara de alguien cerca de la suya.

No evitó gritar del susto y hasta cayó de su caballo dándose un golpe en el trasero.

— ¡¿Q-quién eres?! —

El chico que colgaba de cabeza de la rama de un árbol solo se quedó callado. Al parecer no sabía si debía responder o no.

Ash volvió a preguntar.

— ¡¡¿Quién eres?!! —

Y está vez el chico de cortos cabellos castaños le sonrió con calidez.

Soy quien cambiará tu vida para siempre—

Continuará...

Chapter 4: Chapter III: Habla

Summary:

Kuro conoce a un chico raro y las cosas en su hogar empeoran.

Chapter Text

Ash no podía moverse. Esas palabras le desconcertaron. Primeramente, ¿quién era el?, segundo, ¿por qué decía eso?, y tercero, ¿qué hacía arriba de un árbol en medio de un bosque tan enorme?

Esas preguntas rondaban en su cabeza y de no ser por qué el niño bajó de árbol seguiría en ese mismo trance.

Tranquilo, era broma—

El no dejaba de reír, pero lo hacía de una forma tierna, de hecho no parecía que haría daño a Ash. Incluso se acercó al peliceleste para extender su mano y ayudarle a ponerse de pie, cosa que hizo tomándole de la mano.

Perdón por asustarte—

Ash pudo ver mejor al niño una vez se puso de pie y se alejó un par de pasos.

Su cabello castaño estaba un tanto despeinado y su ropa parecían simples harapos. Su rostro y cuerpo estaban llenos de pequeños raspones, unos más viejos que otros, seguramente ocasionados por estar en el árbol.

Pero en su tobillo derecho pudo notar que había una especie de grillete y cadena, la cuál subía por el árbol. Seguramente el otro extremo estaba en la copa de este.

Ah… ¿Hola? ¿Te asusté tanto que se te fue la voz?

Ash volvió a la realidad cuando el chico le habló.

Lo siento. ¿Puedes decirme quién eres? O ¿qué haces aquí?—

Al responder la pregunta dejó sorprendido al castaño. No se esperaba que fuera tan directo.

— Yo...no puedo decirlo. Si lo hago mi madre se enterará y estaré en problemas...—

Por primera vez en tantos años, Ash sintió algo removerse en su pecho al ver la preocupación en el rostro del niño.

Ese nuevo sentimiento era raro pero le dio una idea brillante.

—Ya sé. Dime cómo te gusta que te llamen y yo te diré lo mismo. Así nos presentaremos sin hacerlo realmente—

No era tan mala idea si lo analizaba bien, además al chico le agradó pues su rostro de inmediato se volvió a iluminar.

Puedes decirme Mahi—

Fue lo que le dijo con una sonrisa tan cálida que sintió su corazón latir con fuerza.

Ese niño tenía una linda sonrisa.

— Tu...puedes decirme Kuro—

Ambos estrecharon sus manos memorizando el nombre del contrario.

Al menos ahora sabían cómo se llamaban en caso de que volvieran a verse, si es que llegaba a pasar ello.

Poco a poco fue oscureciendo y Ash supo que era hora de regresar al palacio.

Debo irme. Mis padres se darán cuenta que me escapé de mis clases—

Quizás no había hablado mucho con el castaño pero le parecía una persona bastante interesante. Tal vez solo por ello le buscaría de nuevo.

Nos vemos Mahi...—

Comentó mientras subía a su corcel y segundos después cabalgó hacia la salida del bosque para después ir al palacio en dónde su tonta madrastra ya le esperaba y estaba seguro que se había metido en muchos problemas pues no debía haber salido en primer lugar.

— ¡¿Dónde estabas Ash?! ¡Tu padre está furioso! —

Pero como era de costumbre el solo pasó de largo sin responder a su madrastra. Solamente deseaba ver qué sus hermanos estarían bien e irse a dormir.

Los demás le daban igual.

A sus espaldas podía oír los gritos de esa bruja que se hacía llamar su nueva madre, pero el no la consideraba así. Ella jamás podría ocupar el lugar de su mamá.

Cuando llegó a cierto salón fue cuando se cerró la puerta y claramente escuchó a la mujer marcharse. Nadie podía entrar ahí más que sus hermanos y el. Era donde sus solían reunirse a solas para hablar sobre cualquier cosa, ya fuera su día o alguna idea para su futuro.

Pero en esa ocasión alguien faltaba.

Ash...por fin llegaste—

Freya fue la primera que se acercó al peliceleste. Su rostro mostraba preocupación pero Ash no comprendía el por qué o por quién.

Hasta que dijo algo que le heló la sangre.

Hay problemas con Jeje...—

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Una respiración entrecortada era lo único que se podía escuchar además de la tos del chico que ahí se encontraba.

Sentado en el suelo,  trataba de calmarse y resistir ese enorme deseo de llorar.

Su cuerpo dolía demasiado y solo era por una razón.

— ¡Jeje!—

Escuchó la puerta abrirse y alzar su mirada carmín pudo ver a su hermano mayor.

¿Q-qué... qué fue lo que te hicieron?

Ash cambió su expresión de inmediato al ver el rostro de su hermano menor con golpes y hasta sangre saliendo de su nariz.

Rápidamente se acercó y se puso de rodillas con la intención de ayudar, pero Jeje simplemente retrocedió, cómo si temiera de su hermano.

— ¿Quién te hizo esto?—

Pero aunque preguntaba no había respuesta. Jeje callaba, ni siquiera se atrevía a mirarle.

Fue esa bruja, ¿verdad?—

Cuando vió que el cuerpo de su hermano se puso rígido al escuchar esto último comprendió que había acertado.

— ¿Por qué Jeje? ¿Por qué ocultas esto?—

¿Cómo Jeje podría decir la verdad?

Durante tanto tiempo tuvo miedo.

Miedo de esa mujer.

Miedo de lo que pudiera hacerle a su familia.

Miedo de todo.

Si no me quieres decir no te obligaré—

Justo cuando iba a ponerse de pie la mano de Jeje le detuvo. Aún no le miraba pero su rostro mostraba seriedad y no miedo como había sucedido antes.

Ella...tiene un secreto horrendo. No es lo que aparenta ante los ojos de padre...—

Eso confundió al peliceleste.

Bueno, ella es mala pero...¿aún hay más?—

Jeje simplemente asintió.

Ella...está ocultando muchas cosas. Fui...a investigar más sobre sus antecedentes y ella....—

Pero Jeje no pudo terminar de hablar ya que una persona más le interrumpió.

Ash, jeje. Su padre les llama—

Era esa odiosa mujer.

Pudo ver a Jeje comenzar a temblar y nuevamente adoptar esa expresión de miedo, sin embargo el fue el primero en ponerse de pie y salir de ahí.

Ash le siguió aunque a un paso más lento. Detrás de ambos la esposa de su padre les seguía.

Lo más seguro es que ella era la responsable de aquel llamado tan inesperado.

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— ¡¿Qué demonios hacías en mi oficina?!—

El rey estaba más que furioso.

Al parecer Jeje había entrado a la oficina del rey sin permiso y fue por ello que la reina le "castigo" con esa brutal golpiza que en realidad fue dada por uno de sus fieles mayordomos.

— Y-yo estaba buscando algo...l-lo siento...—

Pero aunque Jeje se disculpara su padre simplemente seguía gritando y golpeando su escritorio con fuerza provocando el terror en el pelinegro.

— ¡No vuelvas a hacerlo jamás! ¡Sabes perfectamente que hay documentos muy importantes y secretos aquí! ¡Estarás castigado por un mes entero! ¡Te prohíbo salir del palacio y tú habitación!

Hasta Ash se molestó con ese estúpido castigo.

— ¿Es broma? Jeje no puede estar solo tanto tiempo

Pero parecía importarle poco al padre de ambos.

— ¡No te metas Ash! Ah, y más te vale no volver a salir del palacio sin permiso, ¡por qué voy a revocar tu sucesión al trono si me entero que volviste a irte así!—

El peliceleste apretó sus manos aún más molesto por la actitud que su padre estaba tomando. ¿Qué demonios le pasaba?

Ahora, ¡fuera los dos de mi vista!—

Ambos fueron sacados por los guardias y les cerraron la puerta frente a sus narices.

Ash miró a su hermano. Estaba cabizbajo y apretaba su ropa con mucha fuerza.

Conocía esa faceta y sabía perfectamente lo que debía hacer.

Vamos Jeje...—

Ash le acompañó hasta la habitación del menor y cuando ambos entraron Jeje se sorprendió ante la acción de su hermano.

Le abrazó de la nada, justo después de haber cerrado la puerta.

Mamá solía abrazarte cuando te sentías mal. Quizás no soy ella pero espero que puedas ayudar a sentirte mejor—

Lo que el peliceleste no esperaba es que su hermano comenzara a llorar.

Todo este tiempo estuvo resistiendo esas enormes ganas por soltarse a llorar y cubrir sus oídos para fingir que no pasaba nada.

Pero era imposible.

Debía ser fuerte.

Todo por su familia.

Después de unos minutos Jeje cayó dormido. Había pasado varios días sin dormir más de 3 horas que simplemente su cuerpo se rindió y más por los golpes que tenía.

Cuando Ash lo recostó en la cama pudo ver un libro sobre la mesita de noche.

El título era: El Sol y la Luna son amantes

Era un tema parecido al cuento que su madre le leía, solo que este tenía un título diferente.

El rey Luna y la reina Sol, ese era el nombre del cuento.

Pero, ¿de qué se trataba el libro que se hallaba frente a sus ojos?

No pudo resistir la curiosidad así que lo tomó y salió de la habitación de su hermano para ir a la suya y hojear el libro.

Pero de lo que no se percató es que debajo de ese libro había un mapa que trazaba un camino del palacio hasta el bosque donde se encontró con el niño castaño.

Con tinta roja estaba escrita la palabra "Eclipse" más una cruz añadiendo en cierto punto del bosque.

Jeje había robado ese mapa de la oficina de su padre por qué había descubierto algo tan increíble que podía causar tantos problemas si salía a la luz.

Pero Ash no sabía de esto ni nadie más.

¿Qué era lo que los reyes ocultaban con tanto esmero?

Seguramente no era nada bueno y quizás ese niño misterioso les daría la respuesta muy pronto.

Continuará...

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Chapter 5: Chapter IV: Castigado, castigado

Summary:

Las cosas empeoran con la reina.

Kuro toma una decisión.

Chapter Text

Algo era seguro, la vieja bruja ocultaba algo.

El problema era que no tenía la idea mínima de que podía ser.

Durante toda la noche, Ash se la pasó leyendo el libro que encontró en la habitación de Jeje.

No tenía muchos datos relevantes en sus páginas. Era una larga historia sobre cómo el Sol y la Luna se habían vuelto pareja y todas las aventuras que tuvieron juntos.

Era una historia linda pero realmente no le encontró importancia.

Solo había una corta parte de una página que le llamó la atención:

El Sol ocultaba algo en las nubes,
La Luna en las estrellas.
Pero ambos cometieron el error de confiar en un humano.
No contaban con que la bruja más temida del pueblo tenía algo que ver en ese ataque.
Al final lo perdieron todo.

Entre más leía las cosas eran más confusas. Justo en la parte final del libro se encontró una nota escrita la cual leyó más de una vez:

El bosque está protegido
Nadie puede liberar al eclipse
La bruja que lo custodia está en todas partes
Pero algún día el volverá.

Llegó el punto en que no entendía que estaba leyendo y simplemente se quedó dormido con el libro en su pecho.

Así fue como rápidamente la noche pasó y los rayos del sol dieron inicio a un nuevo día.

Alteza. Es hora de levantarse. Pronto será servido el desayuno—

Cómo siempre, la sirvienta fue a despertarle, solo que esta vez Ash ya estaba más que preparado para hablar con sus hermanos en el comedor.

Ahí trataría de comentarles lo que creía que pasaba. El problema es que tres personas se lo impedirían; La bruja que tenían por madrastra, su padre y Tsubaki.

Debía ser rápido al hablar si no quería que estos tres se enteraran de lo que sucedía.

Salió de su cuarto con la idea de volver a ir a dónde el chico castaño una vez terminara la charla, pero sintió que algo sucedería.

Rogaba que fuera su imaginación pero al abrir las enormes puertas del comedor se encontró con una escena para nada agradable.

— ¡Deja de llorar mocoso!

Esa maldita bruja estaba gritando a su pequeño hermano y no solo eso, también le jalaba su hermoso cabello rubio.

— ¡B-basta! —

Lily solo lloraba. Con sus pequeñas manos trataban de hacer que su madrastra le soltara pero era imposible.

Ella le duplicaba en tamaño, peso y fuerza.

— ¡Si te ordeno algo debes hacerlo!—

Ash iba a intervenir pero alguien le empujó para meterse en la pelea.

— ¡Suelta a mi hermanito maldita bruja!—

Illdio apenas llegó y vió esa escena no dudó en salvar a su hermano menor.

Quizás era joven pero era más fuerte que nadie, así que el tirar a la bruja no fue complicado.

— ¡Jamás lo vuelvas a tocar!—

Lily se escondió detrás de su hermano una vez fue liberado.

La mujer quedó sentada en el suelo aunque como toda reina del drama comenzó a fingir dolor.

Así llamó la atención no solo de los guardias, también de los demás hermanos y del padre de estos.

—¡Mamá!—

Y claro, Tsubaki no dudaba en ayudar a su progenitora.

— ¡¿Qué sucedió aquí?!—

El rey gritó llamando la atención de todos los presentes.

Pero en lugar de acercarse a sus hijos para ver que estuvieran bien, fue a ayudar a la bruja que tenía por esposa.

— ¡Esos niños se pusieron de acuerdo para tirarme!—

Aunque los demás no habían estado presentes sabían a la perfección que esa mujer mentía. Illdio era violento, sí, pero solo con quién se lo merecía; y Lily, el no haría mal alguno ni a una flor.

— ¡Es suficiente! ¡¿Qué les pasa a todos ustedes?! ¡Deben respetar a su madre!—

Y como siempre ella se salió con las suyas.

— ¡Pero ella fue la que agredió a Lily! ¡Deberías preocuparte más por tus hijos!

Illdio gritó ganándose una cachetada de parte de su padre, quién estaba más que furioso.

— ¡Nunca vuelvas a levantar la voz y menos para decir semejantes estupideces! ¡Lárgate a tu habitación! ¡Estás castigado!—

El peliplateado no dijo nada más. Solo se marchó rápidamente a su habitación.

Tú deja de ser tan exagerado. Ya no eres un niño pequeño. Obedecerás a tu madre en todo lo que ella diga, ¿entendido?—

Lily asintió agachando su cabeza.

Tu también estarás castigado. Se acabaron las salidas al patio a jugar

Y el rubio no tuvo de otra más que aceptar su castigo. Por mucho que le gustara el salir a jugar debía obedecer.

<< Esto no puede empeorar... >>

Pensé en Ash de inmediato.

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Illdio y Jeje no se presentaron en el desayuno. Toda la familia estuvo en silencio y no tocaron el tema de la discusión.

Quizás el más molesto de los hermanos era Hyde, pues estaba seguro de que su hermano no tenía culpa alguna. De hecho pensaba que esa mujer se merecía lo que había pasado.

Las clases aumentarán para todos. No puedo creer que sigan comportándose como niños—

Solo eso faltaba.

Cuando Ash levantó su vista pudo ver claramente a su madrastra sonriendo victoriosa.

Se había salido con la suya a la perfección.

El desayuno concluyó rápidamente así que no hubo tiempo de que Ash pudiera hablar con sus hermanos.

Ellos simplemente se marcharon a seguir sus actividades diarias.

<< Entonces lo haré por mi cuenta >>

Era la primera vez en mucho tiempo que sentía el deseo de lograr algo.

Algo en su interior le decía que su madre tenía algo que ver con todo ese enrollo del chico del bosque y seguramente al descubrir y resolver todo lo que Jeje había encontrado las cosas se arreglarían.

Lo primero era saber quién demonios era ese niño en el bosque así que fue directo hacia él.

Llevó a su fiel corcel así que no tardó mucho en llegar y justo como la ocasión anterior se encontró con el niño colgado de cabeza de la rama del árbol.

¡Volviste Kuro!—

Quizás era el más contento por ese reencuentro pero Ash no tenía mucho tiempo así que fue directo.

Necesito saber quién eres...—

De hecho fue demasiado directo.

Uh...ya te dije que no puedo decirte. Mi madre se molestaría muchísimo

Eso no era lo que Ash necesitaba escuchar. Así que intentó una vez más, pero ahora con algo de por medio.

Si lo haces te liberaré

Ahí fue cuando notó que llamó la atención del niño, quién no tardó en bajar del árbol y acercarse para examinarlo a detalle.

— ¿Cómo sé que no me estás mintiendo?—

Justo como su madre le enseñó cuando era pequeño, Ash levantó su dedo meñique.

Te lo juro. Si me dices quién eres no solo te liberaré, también te llevará a recorrer todo el pueblo—

Para cerrar el trato el castaño también levantó su dedo meñique y ambos lo enlazaron.

Te diré quién soy, pero durante el camino—

Eso era aceptable. Lo que si no lo era fue lo siguiente que el niño realizó.

Y es que sin duda alguna le tomó de las mejillas y le plantó un beso en los labios. Así de la nada.

Ash no esperaba esto así que se puso rojo cuál tomate.

Cuando el niño se separó solo le escuchó.

Ahora mi vida está atada a la tuya

Ash bajó su mirada y encontró que la cadena y grillete en el tobillo del niño ya no estaban.

Se habían esfumado.

¡Ahora vamos a ver el pueblo!—

Gritó Mahi con emoción.

Ash solo podía pensar que se había metido en un enorme problema y peor aún, sin siquiera saber si eso era realmente lo correcto.

Solo hizo lo que su mente le dijo y esperaba no arrepentirse de ello.

Continuará...

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Chapter 6: Capítulo V: Tres Guardias Tontos

Chapter Text

Después de aquel raro e inesperado beso, el chico castaño comenzó a caminar.

Ash volvió en si y solo suspiró.

— A ese paso tardarás horas. Mejor ven aquí—

Mahi no comprendió muy bien lo que Ash quería, pero cuando este le cargó por la cintura y lo subió al caballo entendió perfectamente de lo que se trataba.

—¡Un paseo!—

El peliceleste dejó al niño enfrente para así asegurarse de que no se cayera o en el peor de los casos escapara.

El paso del caballo era lento ya que Ash temía que el castaño se llegara a marear, después de todo suponía que era la primera vez que subía a un caballo, o incluso salía del bosque.

— Bien, ahora dime quién eres...—

Pero no hubo respuesta por parte del niño.

Ash decidió darle tiempo.

Los segundos se transformaron en minutos y cuando pasaron veinte minutos sin respuesta Ash detuvo el caballo.

Estaban a pocos metros de llegar a las puertas del reino justo cuando se dió cuenta que el niño no hablaría.

— ¿Y bien? Prometiste que me lo dirías si te liberaba—

Pero el castaño solo agachaba su mirada mientras jugaba con sus dedos. Una clara muestra de nervios.

— B-bueno, me llamo Mahiru, tengo 14 años y...eso es todo lo que sé—

Debía ser una broma y una de muy mal gusto.

No solo había besado a alguien menor que él, también todo había sido en vano.

— En ese caso te llevaré de regreso al bosque y...—

Pero, ¿cómo podía abandonar a ese lindo chico que en ese momento le interrumpió para verle con sus bellos y brillantes ojos ámbar?

— ¡No me lleves ahí!...Por favor—

Solo por esa vez lo perdonaría por ese engaño. Después de todo solo fue un pequeño error.

— Bien, no te llevaré ahí—

Y seguí su camino en calma hasta que entraron al reino.

— ¡Guau! ¿Este es el pueblo? ¡Es enorme!—

Justo como Ash dedujo, ese niño en su vida había pisado el pueblo, por lo que cualquier cosa, por insignificante que fuera, le causaba un enorme asombro.

— Hoy no puedo llevarte de paseo. Debemos ir rápido al palacio—

Pero para Mahiru no había problema alguno. Ese paseo podía esperar.

Ash no entendía como ese niño podía llegar a tener una sonrisa tan pura.

Era como si fuera de otro mundo.

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<< ¿Dónde demonios se metió Ash?>>

Freya se la había pasado buscando a su hermano mayor durante mucho tiempo por todo el palacio. Ella sabía a la perfección que solía salir del reino para ir al bosque o cualquier otro lugar para estar tranquilo y dormir o leer su libro, pero está vez fue demasiado.

Estaba parada justo en las enormes puertas del palacio con el fin de esperar a su hermano, aunque por el momento no había ningún rastro de él.

— Nee-san…Lily sigue llorando. No abre su puerta así que no puedo ver nada...—

Hyde había permanecido al lado de su hermano menor después de que Illdio se encerró en su habitación, solo que de nuevo hubo un conflicto con su madrastra y ahora el perjudicado había sido el pequeño rubio.

—Sabes que me tiene miedo. Debemos encontrar a Ash para que nos ayude...—

No solo Illdio estaba en su habitación, tampoco tenían noticias sobre Jeje, ya que este en ningún momento había dejado su cuarto.

Hugh había ido con su padre a una junta con el consejo y Tsubaki, bueno, el realmente no importaba en ese momento.

— Su nariz estaba sangrando. Creo que le duele mucho pero no me deja acercarme—

Su última opción era Ash, oh, pero al muchacho se le ocurrió salir justo en el momento más crítico del día.

Pero por suerte llegó.

Aunque no solo.

— ¿Freya? ¿Hyde? ¿Qué hacen aquí?—

Preguntó una vez bajó de su caballo.

La única chica presente se cruzó de brazos molesta, no solo por el hecho de que su hermano se hubiera marchado, sino también por el invitado sopresa que trajo.

— ¿Quién es él? Responde rápido—

Mahiru bajó del caballo con ayuda del peliceleste, quién aún trataba de encontrar una buena respuesta para dar.

— El....es...un nuevo empleado. Si, eso es—

Quizás esa fue la peor excusa que pudo inventar.

— ¿Nuevo empleado? —

Genial. Ahora debía inventar toda una historia para convencer a sus hermanos de que el castaño no era nadie relevante.

— Sí, pero hablaremos de eso después. ¿Qué sucede?—

El por qué Freya estaba esperándolo volvió a su mente. Por un momento se distrajo del motivo principal.

— Necesito que nos ayudes con Lily. Está en su cuarto encerrado y no ha parado de llorar—

¿Y como no? Si su madrastra le propició tremenda golpiza después de que el rey se marchara.

— Lo más probable es que tampoco quiera hablar conmigo, pero tengo una idea—

Pero había un inconveniente.

Mahiru se mantuvo observando el enorme castillo en el que su nuevo amigo vivía. Estaba tan asombrado por la grandeza del lugar que ni siquiera se percató que todos le miraban.

— ¿Puedes esperarme dentro del palacio? Debo llevarlo con alguien para que lo cuide—

Freya aceptó y junto con Hyde entraron al palacio a esperar el plan que tenía su hermano mayor.

— Acompáñame Mahiru...no puedes quedarte aquí solo—

Ash le tomó de la mano y lo guió hacia la puerta trasera del palacio, en dónde normalmente se realizaban las entregas de cualquier producto para los de la realeza y los empleados.

Justo en ese lugar se encontraron tres guardias que Ash conocía perfectamente. No eran de su confianza del todo pero en ese momento solo quería asegurarse de que el niño estuviera a salvo.

— Te digo que es aburrido estar aquí... ojalá pudiéramos formar parte del equipo de combate...—

Sakuya Watanuki era el guardia más inquieto que podía existir, y aunque el cargo que tenía era un poco relevante, no era de su agrado.

— Sabes que apestamos en las peleas. Nos darán una paliza—

Ryusei era uno de sus amigos y compañeros. Quizás lo que más destacaba de él era su actitud floja hacia cualquier cosa.

—Vamos chicos. Hoy recibiremos el pedido del rey. Debemos estar atentos—

Por último pero no menos importante, Koyuki. No había nada de malo con el, simplemente pasaba desapercibido para muchos. Como si fuera invisible.

En ese momento Sakuya y Ryusei estaban sentados en el suelo mientras jugaban con la punta de sus lanzas.

La partida del gato* estaba en su punto más crítico ya que en ese momento estaban empatados.

—Oigan...—

Pero al escuchar la voz del príncipe se pusieron de pie a la velocidad de la luz.

Koyuki solo se preguntaba que había hecho mal para merecer a esos compañeros tan raros.

—No estábamos jugando. ¡Solo hacíamos nuestro trabajo!—

Ryusei rápidamente defendió a ambos.

Pero sinceramente a Ash le importaba muy poco.

— No vine por eso. Necesito que lo cuiden un momento. Debo solucionar un problema pero no quiero dejarlo solo—

Cuando los tres guardias vieron al castaño que seguía al príncipe peliceleste quedaron sorprendidos.

— ¿No es muy joven para estar solo? ¿Dónde están sus padres?—

Koyuki preguntó pero no obtuvo respuesta alguna.

—Eso no importa. Solo por favor no lo dejen solo. Pueden quedarse dentro del almacén y enviar a alguien más por el pedido del rey. No le quiten los ojos de encima—

Y sin más se marchó dejando a los cuatro chicos solos.

Tal y como Ash les dijo fueron directo al almacén y cerraron la puerta para que el castaño no saliera, por qué si, estuvieron a nada de que se fuera.

Por lo menos ahora estaba cerca de sus vistas y podían asegurarse de que no se fuera.

— Uh...¿ahora somos algún tipo de niñeras?—

En la mente de Ryusei no cabía el hecho de que tuvieran que cuidar de un niño totalmente desconocido y más aún que se viera tan raro.

— No seas tan malo. Quizás esté pasando por una situación complicada...—

Koyuki como siempre trató de aliviar la situación aunque lo logró muy poco.

— Aunque la tenga es una tontería. ¿Tú que piensas Sakuya?—

Al no tener respuesta ambos chicos miraron a su compañero y se dieron cuenta que este ni siquiera les estaba poniendo atención. Su mirada carmín estaba posicionada en el niño castaño, quién se mantenía observado cada rincón del almacén.

—¡Sakuya...!¡Sakuya!—

Ryusei gritó logrando que por fin el peliverde los mirara.

—Ah, lo siento. Estaba un poco distraído. ¿Qué decías?—

Era más que imposible no darse cuenta de que el estúpido de su amigo se había enamorado a primera vista de un completo desconocido.

— Eres un caso perdido...—

Dijo Ryusei al darse cuenta de que nuevamente habían perdido a Sakuya entre sus tontos pensamientos de amor.

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Lo único que podía escucharse era el llanto de un pequeño niño.

Sus lágrimas mojaban sus rosadas mejillas y aunque tratara de secarlas más y más salían de sus ojos carmín.

Su cuerpo dolía, pero sin duda su pequeña nariz sangrante era lo más insoportable. Sentado en el piso abrazaba sus piernas mientras sentía sus lágrimas y sangre manchar su ropa y rostro.

— Lily, abre la puerta. Yo puedo curarte—

¿Cuántas veces había dicho a Hyde que se fuera? Millones quizá.

No es que su hermano mayor le desagradara, simplemente ahora no quería verlo.

No a él.

— Lily, Nii-san regresó y quiere verte...—

Tampoco deseaba ver a Ash, no en ese estado.

—V-vete...—

Pero un suave golpe y la voz calmada de alguien muy apreciado por él le hizo reaccionar y salir de aquel trance.

— Lily...déjame verte...ellos se fueron—

Rápidamente se puso de pie y quitó el seguro de la puerta.

Y justo como prometió solo estaba el.

El siempre amable Jeje.

— Jeje-nii..—

El pelinegro entró en la habitación y cerró la puerta a sus espaldas. Lily le abrazó casi de inmediato y siguió con su llanto aunque un poco más fuerte.

—Perdón por no haberte cuidado...—

Jeje se disculpó mientras abrazaba a su pequeño hermanito y con un pañuelo le limpiaba la nariz.

—N-no es tu culpa...—

Pero en el fondo Jeje sabía que si lo era.

Si no se hubiera encerrado en su habitación probablemente Lily no saldría lastimado, ya que no se despegaba en ningún momento de su lado.

— A-ahora Jeje-nii está conmigo...así que estoy bien—

Y como si nada hubiera pasado Lily sonrió.

Jeje no se esperaba esto ni mucho menos el sentir como el delicado cuerpo de su hermano cayó contra el suyo.

—¿Lily?—

Pero no era nada malo. Solo se había quedado dormido.

Después de un suspiro de alivio, Jeje pudo tratar adecuadamente la pequeña nariz de Lily y lo recostó en la cama.

Cuando salieron de la habitación sus demás hermanos ya le esperaban.

—Gracias Jeje. Sabía que tú podrías. Lily confía muchísimo en ti—

Desde un principio Ash había propuesto el buscar a Jeje para convencer a Lily de abrir su puerta y dejarse curar; y estaba en lo correcto.

—No es nada. El también es mi hermano y debo cuidarlo...—

Lo más complicado había sido lograr sacar a Jeje de su encierro el cual aún no comprendían.

Lo único que notaban era que su rostro estaba más pálido que de costumbre y que su cabello le cubría la mitad del rostro.

— ¿Tú estás bien Jeje?—

El peliceleste preguntó.

Por unos segundos no hubo respuesta hasta que Jeje simplemente asintió.

—Sí. Solo me sentí decaído, es todo—

Pero ninguno creía esa mentira.

Aunque no le forzarían a confesar la verdad. No ahora.

Ash estuvo callado unos minutos mientras sus hermanos se marchaban platicando sobre cómo sacar a Illdio de su cuarto cuando recordó el pequeño problema en el que se había metido.

— ¡Mierda! ¡Lo dejé con esos tontos!—

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— ¿Así que no sabes quién es tu padre?—

Ryusei y Sakuya se habían turnado para hacer preguntas al castaño con el fin de entretenerlo, ya que al darse cuenta que estaba encerrado había tratado de abrir la puerta.

—No lo sé. Mi madre dice que no lo necesitamos...—

Sakuya, sin duda, era el que preguntaba cosas más personales, Ryusei en cambio solo hacía preguntas tontas.

— Qué prefieres...¿La primavera o el invierno?—

Así de tontas eran sus preguntas.

— Ah...los dos son muy bellos pero me quedo con la primavera—

Pero Mahiru no tenía problema alguno al contestar.

<< Es tan increíblemente bello >>

Y Sakuya además se la había pasado suspirando de amor por ese niño.

—¡Chicos, el príncipe viene!—

Los dos guardias se pusieron de pie mientras Koyuki abría la puerta del almacén.

Justamente Ash llegó a un tiempo antes de que Mahiru saliera corriendo para seguramente seguir explorando.

— Oh, no. No te irás—

Con delicadeza le tomó por la cintura y le cargó entre sus brazos, ya que de lo contrario el castaño podría huir.

Sakuya vio está escena y su mente entró en un completo caos.

— Les agradezco que lo cuidarán. No digan a nadie sobre él. Bueno, adiós—

Ash no era de muchas palabras así que solo dijo eso y se marchó con Mahiru cargado, quién también se despidió de los tres guardias.

— Sakuya, mi amigo, te han robado al novio—

Ryusei se burló ganándose un suave golpe de Koyuki.

— Era demasiado bueno para ser verdad...—

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Después de una larga lucha para que nadie viera a Mahiru, Ash pudo llegar a su habitación y cerrarla con llave.

Mahiru no pudo evitar pasear por todo el enorme cuarto y mirar casa pieza que ahí hubiera.

Ash le miraba y solo sonreía de forma inconsciente al ver tanto asombro y alegría en el rostro del castaño.

— Lamento ser tan cruel pero ya es hora de que vayas a dormir...—

Aún era temprano para él, pero para un niño de la edad de Mahiru no era adecuado quedarse despierto a esa hora.

— ¿Cómo dormiré si no hay ninguna rama?—

Ash no podía creer lo que escuchaba.

—Te ayudaré con eso—

Y de nueva cuenta cargó a Mahiru, está vez lo acostó en su cama para después cubrirle con las finas sábanas.

—Ahora, a dormir—

Se había quedado cerca de Mahiru para arroparle, pero el niño aprovechó esto para besarle nuevamente, aunque está vez fue con más calma.

En serio, Ash no se acostumbraba a esto.

— Gracias por dejarme salir del bosque. Dulces sueños Kuro—

Simplemente de la nada cayó dormido.

En verdad Ash hablaría seriamente sobre el tema de lo besos por qué no se sentía cómodo con ello.

Pero eso sería mañana, cuando el joven despertara.

—Descansa Mahiru...—

Le besó en la mejilla con suavidad y al darse cuenta de sus acciones rápidamente salió de su cuarto.

<< Ni siquiera a mis hermanos les he besado la mejilla...>>

No era algo grave, pero para el que jamás había mostrado afecto para alguien que no fueran sus hermanos era....raro. 

<< También debo encontrarle un trabajo... >>

Tal vez había algo que le salvaría de esa situación, de lo contrario la vieja bruja encontraría otra manera de molestarle.

Debía evitar eso a toda costa, pero, ¿cómo?

Esa bruja lo veía todo

Absolutamente todo.

Continuará...

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Chapter 7: Capítulo VI: Tartaletas

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No supo en que momento se quedó dormido, pero para cuando abrió sus ojos el niño ya estaba despierto.

Miró hacia la ventana y aún parecía ser de noche, ya que no había rastro alguno del sol.

Al parecer Mahiru no se había dado cuenta que estaba despierto puesto que tranquilamente comenzó a recitar un conjuro que, apesar de hacerlo en voz baja, Ash lo escuchó.

Por el don que me fue dado y por el abandono del sol y la luna a los mortales, quiero que en el mundo el cielo por fin cambie y cada humano siga sus vidas normales—

Mientras recitaba esas palabras sus palmas emanaron un bello resplandor que se asemejaba al oro.

Ash se quedó anonadado y siguió observando.

Mahiru giró sus manos solo un poco, como si estuviera abriendo una perilla.

Justo en ese momento el cielo nocturno comenzó a ser sustituido por un amanecer perfecto.

En ese momento las manos de Mahiru dejaron de brillar y solo soltó un suspiro de alivio, como si aquella acción fuera tan necesaria para su vida.

Sé que estás despierto Kuro...

Ash se sobresaltó levemente y de inmediato se sentó en la cama. No sabía cómo tocar el tema de lo que había sucedido, ya que las palabras no le salían.

Seguía sin entender nada.

— ¿De nuevo te asusté tanto que se te fue la voz?—

Mahiru rió muy bajo, eso fue suficiente para calmar los nervios que sentía el mayor. Recordó que Mahiru no era mala persona y aquella imagen aterradora de un hechicero malévolo desapareció.

— No es nada de eso, solo...¿qué demonios pasó?—

Por un momento la sonrisa de Mahiru pareció más de tristeza que alegría, como era común verlo. Fueron cortos segundos pero Ash fue capaz de ver ese cambio.

— No lo sé, pero debo hacerlo. Madre dice que por ello estoy vivo. Es para lo único que sirvo. Ella lo decía cada vez que me visitaba—

Ese tono tan deprimido movió algo dentro del pecho del peliceleste, quién solamente deseó abrazar al niño frente suyo y decirle que era mentira, que no era un inútil y que su madre se equivocaba.

Pero ese tema no era de su incumbencia.

— Ya que es de mañana gracias a ti, ¿por qué no te llevo a desayunar? Supongo que tienes hambre...—

Eso fue lo mejor que pudo decir para quitar ese denso ambiente.

— ¡¿C-comida?!—

Y por el brillo en los ojos ámbar del niño supo que dió en el clavo.

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Cómo era de madrugada no fue nada complicado llegar a la cocina sin ser vistos, entonces, ¿cuál era el problema?

—No se cocinar nada—

La situación no podía ser peor.

Mahiru iba de un lado a otro mirando cada objeto que hubiera ahí con asombro. Ash lo entendía, después de todo se la había pasado viviendo lejos y se había perdido muchas cosas.

— ¡Quizá yo pueda ayudarte con eso!—

El entusiasmo que el castaño mostró fue lo suficientemente convincente como para que Ash le permitiera cocinar.

Algo en su interior le decía que era una mala idea, puesto que al estar en el bosque lo más probable es que no supiera preparar ningún alimento.

Pero minutos después se dió cuenta de su error.

Si, Mahiru necesitaba ayuda para comprender el funcionamiento de muchas cosas pero lo hacía tan bien que Ash llegó a creer que era imposible lo que sus ojos veían.

Al final unas ricas tartaletas quedaron sobre unos platos listas para ser comidas.

Mahiru miraba con orgullo su creación y Ash solo podía preguntarse cómo demonios era tan bueno en la cocina.

—Esto debe ser una broma...—

Ash no había ayudado en nada más que explicando dónde estaban algunas cosas y como funcionaban, pues todo lo demás le daba pereza, sin embargo, cómo mínimo esperaba que la cocina se quemara, cosa que jamás pasó.

Terminaron justo a tiempo, puesto que recién los cocineros habían llegado para preparar el desayuno.

El príncipe pidió que sirvieran las tartaletas como desayuno y solamente prepararan algo extra.

Los cocineros, quiénes eran una pareja muy feliz, agradecieron a ambos por su ayuda y continuaron con sus labores.

Tanto Mahiru como Ash dejaron la cocina llevando solamente en una bolsa de papel algunas tartaletas.

<< Ahora el problema será donde podrás comer...>>

Si llevaba a Mahiru a desayunar con los demás era muy seguro que se metería en un enorme problema, tanto con su padre como la bruja que se hacía llamar su madrastra.

Pero tampoco podía dejarlo sin comer.

<< Supongo que tendré que llevarlo de nuevo con esos sujetos... >>

Ash soltó un largo suspiro y tomó la delicada mano del castaño para llevarlo a dónde esos tres tontos que nuevamente tendrían que ayudar.

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— Odio este trabajo. ¡Estoy muriendo de sueño!—

Ryusei llevaba horas quejándose, todo por qué no se les había permitido abandonar su puesto por orden de la reina.

Llevaban todo el día protegiendo el almacén de su majestad, pues supuestamente había objetos muy importantes dentro que debían ser vigilados, pero como los guardias con mayor rango aún no llegaban los únicos disponibles eran ellos tres.

— Solo será hoy Ryu-chan. Ánimo—

Tanto el castaño como el rubio miraron a su compañero que yacía en el suelo completamente dormido.

— Es afortunado de tenernos como amigos. Si fuera otro ya lo hubiera acusado con los reyes...—

Justo en ese momento el príncipe llegó nuevamente con el niño extraño.

— Ahhh...lo que faltaba—

Ryusei dijo en voz baja.

— B-buenos días alteza. ¿A qué se debe está inesperada visita?—

Ryusei como Koyuki trataron de cubrir a su dormido amigo colocándose delante de el príncipe para que este no lo viera, y a su vez Ryusei le daba pequeñas patadas para despertarlo.

— Necesito que lo cuiden de nuevo. Solo mientras desayuna. Aquí hay algunas tartaletas, pueden comer con el si lo desean—

Ni siquiera tuvieron oportunidad de aceptar o negarse puesto que una vez el peliceleste entregó la bolsa salió corriendo.

— ¡No nos pagan para ser niñeras!—

Ryusei gritó para simplemente ser ignorado.

Koyuki abrió la bolsa y en efecto, había unas cuantas tartaletas que lucían de lo más delicioso.

— Anda Mahiru, hay que comer antes que Sakuya se despierte. Así podemos comernos su desayuno—

El plan maquiavélico de Ryusei funcionaría a la perfección siempre y cuando Sakuya no despertara.

Está vez Mahiru no trató de irse y en cambio se sentó con los otros dos chicos para desayunar.

Tuvieron una charla pacífica mientras comían y una vez la bolsa quedó vacía, siguieron con los juegos.

Al estar jugando con el, por accidente olvidaron que estaban en su horario laboral y muy tarde se dieron cuenta de esto.

— ¡¿Qué demonios hacen?!—

Reconocieron la voz de la reina de inmediato.

Koyuki y Ryusei empujaron al chico para esconderlo y se mantuvieron en posición recta para recibir tremendo regaño por parte de la reina.

— ¡Son unos inútiles! ¡Cuando lleguen los otros guardias me encargaré que los echen a la calle!—

Solamente eso les dijo antes de marcharse furiosa.

Ambos suspiraron. Llegaron a pensar que los golpearía o algo peor. Era típico de ella decir eso, por lo que ya no temían más de esas palabras.

Ambos miraron a sus espaldas y se dieron cuenta de que Mahiru había caído sobre Sakuya provocando que este despertara.

—¡Dios santo! ¡¿Por qué me despiertan de esa forma tan brusca?! ¡Son tan..!—

Cuando Sakuya miró aquello que había caído sobre el nuevamente aquella cara de idiota enamorado volvió a su rostro.

— Ah...pero si es un ángel...—

Mahiru por su parte intentó ponerse de pie, aunque para eso tuvo que poner sus manos sobre el pecho del guardia peliverde.

<< ¡Estoy en el cielo! >>

Y ante de darse cuenta, Mahiru ya estaba de pie.

— Ponte de pie idiota. Casi nos matan por tu culpa—

Ryusei siguió dando patadas al peliverde, suaves pero lo suficientemente potentes como para obligarlo a levantarse, cosa que logró.

— La reina está furiosa. Se supone que a esta hora debería estar desayunando con el rey pero parece que no lo hizo...—

Koyuki explicó a los otros dos quieres se quedaron un tanto desconcertados.

— ¿Habrá pasado algo?—

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Unos minutos antes de lo ocurrido la familia real se encontró desayunando.

A Illdio se le permitió comer con ellos aunque se mostró serio en todo momento.

Nadie hablaba, hasta que por fin llegó la comida.

Las tartaletas, junto con té y algo de fruta, se sirvieron como desayuno.

Cada miembro de la familia al probar el platillo quedó fascinado. En su vida habían probado algo tan delicioso.

— Está vez se lucieron con el desayuno. Es exquisito—

Habló el rey con una sonrisa en el rostro. Sus hijos le miraron con asombro pues hacía tanto que no lo veían feliz.

Incluso aquel ambiente pesado se esfumó siendo remplazado por una amena plática familiar. Tanto Illdio como Jeje estaban hablando, cosa que no había pasado en varios días. Hasta Tsubaki la estaba pasando de maravilla pues durante todos esos años jamás pudo hablar tan pacíficamente con sus hermanos y padre.

Todo fue tan agradable que Ash recordó cuando su madre vivía y todos los días podían tener ese lindo momento familiar.

Así fue hasta que llegó la reina.

Fue como si ella hubiera desaparecido toda la felicidad en cada uno.

—Querido, lamento la tardanza—

Ella se sentó al lado del rey e igualmente comenzó a probar sus alimentos, pero a diferencia de los demás ella se molestó por el sabor de estos.

— ¡Esto es repulsivo! —

Ninguno entendió que sucedió pero de un momento a otro el delicioso sabor de las tartaletas desapareció y se volvieron insípidas.

De nuevo lo atribuían a su madrastra.

Ella ordenó furiosa que los cocineros fueran llamados. Los guardias dentro del castillo obedecieron y fueron por ambos cocineros.

Cuando regresó ella tomó el plato de tartaletas y comenzó a recriminarles su pésimo desempeño. Frente a sus ojos ella tiró el plato de tartaletas y les amenazó con despedirlos si volvían a servir semejante porquería.

Ellos, con el corazón roto se marcharon, por qué a pesar de que ellos no hicieron la receta se atrevieron a servirla a los reyes y todo resultó mal.

No solo insultaron su comida, también los dejaron en ridículo.

De ahí la reina se fue furiosa, el rey detrás de ella regresó a sus labores en su oficina y Tsubaki solo se marchó rápidamente, mientras los hermanos veían con tristeza aquel platillo embarrado en el suelo.

Por un momento pensaron que todo podía mejorar pero su madrastra les recordó que su vida sería un infierno mientras estuviera viva.

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Después de lo ocurrido Ash regresó por Mahiru, quién estaba tranquilamente esperándole.

— Gracias de nuevo—

Mahiru se despidió de los tres chicos con una sonrisa y siguió al príncipe.

Sakuya solo podía ver cómo ese niño del que se enamoró se iba. Ahora sentía celos del príncipe por tener a semejante ternura a su lado.

— Hay que seguir trabajando—

Les recordó Koyuki a lo que tanto Ryusei como Sakuya suspiraron con fastidio.

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Ahora seguía lo más importante: Qué haría Mahiru para no ser echado a la calle.

Debía ser algo en lo cuál la reina no interfiera y no sea descubierto, puesto que Ash está seguro que ella lo echaría. 

¿Qué podía odiar tanto a la reina como para no querer ni entrar a ese lugar?

— ¡Cocinar fue divertido! Koyuki y Ryusei amaron las tartaletas—

Mahiru le dió la respuesta.

La reina odiaba entrar a la cocina pues pensaba que solamente la gente pobre y estúpida estaba ahí, algo que al parecer de Ash era sumamente ridículo.

—Vamos, tenemos que arreglarte—

Ash tomó de nuevo la mano del niño y rápidamente lo llevó a su habitación. Ahí comenzó con su deber del día: preparar a Mahiru.

Lo primero fue bañarlo, algo que resultó difícil puesto que el niño no se quedó quieto en ningún momento por estar jugando con las burbujas que el jabón provocaba, añadiendo además que el príncipe estaba demasiado avergonzado de ver al castaño desnudo, pero a este poco le importaba.

El peliceleste pudo ver algunas cicatrices y heridas en el cuerpo del niño que le hicieron preguntarse que tanto había pasado durante sus pocos años de vida, es decir, estuvo solo en un bosque, sin manera de ser libre, sin poder moverse de ese lugar.

Él solo pensarlo le hizo sentir pena por ese niño, pero verlo sonreír solo le confirmaba que era alguien fuerte.

Alguien con una sonrisa tan radiante solo podía tener el corazón tan puro que lograría que cualquiera lo amara de inmediato.

Lo segundo que tuvo que hacer fue ayudarlo a vestirse, sin duda lo más vergonzoso. Por suerte de Ash, Mahiru sabía perfectamente cómo vestirse y solo requirió de un poco de ayuda en los botones.

De ahí en más todo perfecto.

El príncipe cortó un poco su cabello castaño, le ayudó a ponerse unos zapatos y así Mahiru estaba más que listo.

Ambos salieron de la habitación para ir de nuevo a la cocina.

Allí encontraron a la pareja de cocineros, quiénes seguían muy afectados por lo ocurrido en la mañana.

Mahiru no tenía idea de lo que pasó pero Ash sí.

Sorpresivamente, el castaño se acercó a ambos para intentar hacer algo.

— ¿Por qué están tan tristes?—

El preguntó a lo que la mujer le contestó.

—Tenemos mucho miedo. La reina puede matarnos al igual que ha hecho con los demás empleados que fueron echados...—

Mahiru no sabía quién era la reina pero conocía una forma de tranquilizar a la pareja.

—Eso no ocurrirá. ¡Ustedes son los mejores cocineros! Les aseguro que nada malo pasará, confíen en mí. Muy pronto todos verán lo grandiosos que son—

Y les sonrió.

Ambos quedaron más calmados ante la seguridad del niño y de inmediato le agradecieron.

Al poner más atención se dieron cuenta del uniforme que llevaba era el mismo que el de ellos.

— Oh, ¿trabajarás con nosotros?—

El hombre adulto preguntó a lo que Mahiru asintió.

La pareja estaba muy contenta y la mujer no pudo evitar abrazar al niño. Por alguna razón este les llenaba de tanta alegría.

Ash miró está escena y sin pensarlo sonrió.

— Diviértete Mahiru. Recuerda hacer caso a ambos. Nos vemos en la noche—

Mahiru se despidió y quedó bajo el cuidado de ambos cocineros quiénes comenzaron a presentarse.

— Mi nombre es Junichirou Kurumamori . Ella es mi esposa Shifumi—

El castaño se veía muy contento de tener nuevos amigos y más aún de poder quedarse a descubrir más cosas.

— Mi nombre es Mahiru , ¡es un gusto conocerlos!—

Mientras tanto, en el jardín del palacio un hombre hacía su trabajos bajo los rayos del sol.

El jardinero miró hacia el cielo y sonrió mientras el cigarrillo en su boca desprendía humo grisáceo que se perdía entre el aire.

Limpié su sudor con su mano y retiró su sombrero para ponerse de pie.

—Te encontré...—

Continuará...

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Chapter 8: Capítulo VII: Es tan doloroso

Chapter Text

El resto de la tarde pasó muy tranquila y por suerte nada malo sucedió.

Está vez la bruja no hizo nada, es más, ni siquiera los hermanos la vieron en ningún momento después de lo ocurrido en la mañana.

Su padre se la había pasado en su oficina por lo que fue el mismo caso; no lo vieron.

— Jeje-nii, ¿quieres jugar conmigo?—

Jeje e Illdio estaban muchísimo más animados. Desde el desayuno habían tenido más energía que nunca y eso se podía notar.

Claro Lily. Vamos al jardín—

No solo Jeje y Lily salieron al jardín, también Illdio y Hyde les siguieron. Poco después el resto se unió a excepción de Ash, quién tenía que ir a una clase extra.

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<< Odio esto...>>

Ash ya estaba en clase cuando su atención, como siempre, se fue al caño. Simplemente no podía soportar ni un solo minuto de esa tortura.

Su profesor estaba explicando quién sabe qué, mientras él, sentado en su respectivo pupitre, rogaba que el calvario terminara pronto.

Pero está vez había algo que le daba ánimo a seguir y hacer un esfuerzo.

Solo pensar que entre más rápido terminara esa estúpida clase podría ir a ver al castaño le emocionaba.

Un momento...

¿Por qué le emocionaba tal cosa?

No puede ser...

Sin darse cuenta habló en voz alta.

El profesor se dió cuenta de esto y con su puntero golpeó el pupitre del peliceleste, provocando que este se sobresaltara.

Así que su majestad está muy ocupado pensando en otras cosas. ¿Por qué no le doy tarea extra ya que está tan lleno de energía?

Genial, era justo lo que más quería.

Eso sería muy problemático, así que me niego...

Pero de nada sirvió, puesto que delante de él ya se encontraba una pila de papeles los cuáles contenían diversos trabajos.

Doy por terminada esta clase. Tiene dos días para terminar esto. Dependiendo de su calificación veré que informe le daré a su padre. Con su permiso—

Y el profesor se marchó bastante molesto.

Ash solo pudo suspirar y recostar su cabeza en su pupitre. A ese paso jamás sería rey y seguramente Tsubaki le ganaría el trono.

Y eso era lo que menos deseaba.

Miró por la enorme ventana y notó que aún no llegaba a anochecer. Seguramente sus hermanos ahora estaban en el gran salón jugando. Pronto llegaría la hora de la cena así que debía prepararse.

Después haría toda la estúpida tarea.

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¡Mahiru! Necesitamos más platos—

Shifumi y Jun se sentían muy agradecidos de tener la ayuda del castaño, quién a su parecer era un niño muy bueno.

¡Voy enseguida!

Era sumamente cuidadoso con cualquier cosa, ¡y mejor aún! Era un grandioso cocinero.

No podían pedir más.

Una vez la cena estuvo lista, los tres fueron a llevarla al enorme comedor, dónde los ocho príncipes ya se encontraban.

¡Es el chico que Nii-san trajo!

Hyde gritó al reconocerlo. Freya igualmente se dió cuenta que era aquel niño que acompañaba a Ash, pero el cambio que tuvo fue notorio.

Ya no se veía sucio, ahora era tan lindo que los deseos de abrazarlo eran enormes.

El es Mahiru majestades. Es un nuevo empleado y nos ayudará en la cocina—

Jun respondió todas las dudas que los hermanos tenían. Freya por fin pudo sentirse más tranquila de que Ash no le haya mentido y traído a un desconocido al palacio.

El peliceleste por su parte solo pudo sentirse victorioso. Su plan iba a la perfección.

¿Madre sabe sobre el?

Tsubaki preguntó ganándose las miradas de todos.

No estaban molestos, pero la pregunta del pelinegro solo les había hecho sentir incómodos.

¿Por qué necesita saber eso la bruja? ¡Ella no es relevante!

Illdio golpeó la mesa molesto. Tsubaki solo se sobresaltó al escuchar el duro golpe.

Illdio. Compórtate...

Freya le recriminó sus malos comportamientos, cosa que solo provocó que este se cruzara de brazos mientras hablaba entre dientes.

Se notaba que estaba molesto.

Mahiru se dió cuenta de los problemas que los hermanos tenían y era algo nuevo para él.

Al no estar nunca entre tantas personas jamás había visto los conflictos que estos tenían.

Y por lo visto el centro de ese problema era esa mujer a la que llamaban "bruja", aunque el peso de la culpa caía en ese chico pelinegro.

Nos retiramos majestades—

Al momento en que los tres salieron, justamente el rey y la reina entraron. Simplemente fueron a sentarse sin decir nada.

Ni siquiera un saludo.

Antes de que su padre probara algún bocado decidió darles una gran noticia.

Mañana partiré hacia el reino vecino. Su madre quedará a cargo—

Y no era para nada buena.

— ¿Tan pronto? Pero pronto será el festival y prometiste ir con nosotros...—

El tono decaído del pequeño rubio provocó un pequeño estrujo en el corazón del peliceleste puesto que sabía a la perfección lo que su padre diría.

— Iremos en otra ocasión. Eso no es importante Lily. El reino... está pasando por muchos problemas.—

Y obviamente eso entristeció al pequeño llegando al punto en que comenzó a llorar.

— ¡P-pero lo prometiste!—

Cómo deseaban poder consolar a su hermanito, pero en ese momento solo podían ver. Si llegaban a meterse solo ocasionarían más problemas.

— ¡No iremos y fin! —

El rey golpeó la mesa al mismo tiempo que gritaba al rubio.

Un suspiro escapó de su boca al ver miedo en la mirada del más pequeño. Sin más, solo se puso de pie y salió.

— ¡¿Viste lo que provocaste?! ¡Por tu culpa el rey no pudo comer nada!—

La reina de inmediato reclamó señalando la comida intacta del rey, quién prefirió irse con el estómago vacío a escuchar el llanto del niño.

— Y-yo no quería que padre se molestara. P-perdón...—

Pero parecía que la reina ni siquiera le estaba escuchando. Estaba cegada por el enojo que las palabras del rubio no entraban en sus oídos.

— ¡Deja de llorar! ¡Eres una criatura tan molesta! Ahora veo por qué tú madre prefirió morir a cuidarte...—

Esa fue la gota que derramó el vaso.

Hasta Ash se levantó molestó y golpeó la mesa con sus manos, llamando la atención de todos, menos de Lily quién se había quedado helado ante las palabras de su madrastra.

— ¡Jamás vuelvas a decir eso!—

La mujer no dijo nada al respecto. Prefirió irse y llevarse arrastrando a Tsubaki con tal de alejarlo de ellos.

Jeje por su parte se acercó al pequeño rubio, pero cualquier llamado que hiciera fue en vano. El no reaccionaba.

— Lily...no creas lo que ella te dice. Es mentira—

Ahora no era solo Jeje quién le hablaba, también Hyde, Illdio, Hugh y hasta Freya se habían acercado para tratar de sacarlo del trance, pero la mente del rubio estaba en otro lado.

Su mirada carmín antes alegre ahora era opacada por sus lágrimas y esa sombra de tristeza.

— M-mamá murió por mi culpa...—

Por fin habló pero no era lo que ellos querían escuchar.

— ¡Claro que no! Mamá estaba enferma y necesitaba descansar. Tu no eres el culpable. Mamá ya no podía cuidarnos más...—

Casi al borde de las lágrimas Illdio habló.

Todos recordaban perfectamente el momento en que Lily nació y como su madre poco a poco iba perdiendo la vida.

No resistió.

Pero Lily no era culpable. Era el milagro que todos necesitaban en su vida.

— ¡Ella murió por mi culpa! ¡Todo es mi culpa!—

Lily comenzó a llorar con más fuerza y estirar sus cortos mechones rubios. Era tanta la desesperación y culpa que sentía que no pudo resistirlo más.

Simplemente salió corriendo de ahí

— Lily...—

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Era la hora de dormir.

Los seis hermanos habían ido a buscar a su hermanito y encontraron que este se había encerrado en su habitación. Podían escuchar como lloraba y gritaba desconsoladamente.

Pero nada podían hacer.

Jeje había ido a buscar la llave de la habitación del rubio pero seguramente tardaría bastante. No tuvieron más opción que sentarse en el suelo a esperarlo.

Se quedaron esperando durante horas y el único ruido que escuchaban eran los llantos del rubio puesto que los gritos habían cesado.

— Llevaré a Hyde e Illdio a la cama. No tardaré mucho...—

Freya llevaba entre sus brazos a ambos niños profundamente dormidos puesto que por su corta edad no habían resistido el sueño y finalmente cayeron en los brazos de Morfeo.

— Está bien...—

La pelimorada se marchó y a los pocos minutos el llanto de Lily dejó de escucharse.

Ash y Hugh temieron lo peor.

Justo en ese momento Jeje llegó con la llave y pudieron por fin entrar al cuarto de Lily.

Quedaron horrorizados ante lo que vieron.

Lo que algún vez fue un sitio lleno de alegría por su hermanito ahora estaba completamente destruido.

Sus juguetes estaban rotos, varios objetos estaban en el suelo, algunos muebles estaban tirados y más allá, a un costado de la base de la cama pudieron ver a su hermano dormido.

Sus mejillas estaban rojas seguramente por haber llorado tanto, inclusive aún podían sentirlas algo húmedas.

Jeje lo tomo en brazos y con cuidado le acostó en la cama. Hugh se acercó a cerrar la ventana y cortinas mientras Ash cubría al pequeño con la cobija.

— L-lo siento mamá...—

El que Lily dijera esto dormido les partió aún más el corazón.

Los tres salieron del cuarto y lentamente cerraron la puerta. Freya llegó casi al instante y ahí por fin pudieron contarle lo que vieron.

— Esto está cada vez peor. Hoy fue Lily, mañana seguramente será otro—

Hugh fue el primero en hablar. El tono serio en su voz daba a notar lo molesto que estaba.

— No podemos hacer nada. Ella es la esposa de padre...—

Jeje igualmente habló haciéndoles ver la realidad en la que vivían. No podían deshacerse de la mujer con la cuál su padre estaba casado. Era imposible y más teniendo en cuenta lo posesiva que era.

— Aún así podemos hacer algo, solo hay que descubrir que. Esto no puede seguir así—

Ash no quería darse por vencido. Esa bruja había cruzado la línea y se había metido con lo más preciado que tenían.

— Por ahora vayamos a dormir. Mañana hablaremos de esto—

Freya propuso a lo que los demás asintieron para solo irse rápidamente a sus cuartos.

Cuando Ash dobló en el pasillo se encontró con el castaño, quién estaba profundamente dormido en el suelo, con espalda recargada en la puerta de la habitación.

Agh ...lo siento. Olvidé que la puerta estaba cerrada...—

Cargó al niño con cuidado para no despertarle y como pudo abrió la puerta. Era una suerte que Mahiru estaba tan cansado que ni siquiera el movimiento lo pudo despertar.

— Te prometo que iremos al pueblo muy pronto...—

Susurró Ash una vez colocó al niño en la cama, le quitó los zapatos y lo arropó.

Una vez se sentó en la cama retiró su propio calzado y se recostó para ver el techo de su blanca habitación y perderse entre sus pensamientos.

En algún momento sin darse cuenta se quedó dormido puesto que había sido un día demasiado pesado para todos.

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Era pasada la medianoche cuando Tsubaki despertó asustado; había tenido una horrible pesadilla y lo que más deseaba en ese momento era la presencia de su madre.

Con mucho valor se puso de pie y caminó hacia la salida de su cuarto mientras entre sus brazos su muñeco favorito le daba confort.

Sabía perfectamente que su madre estaría con su padre en la oficina de este último así que no dudó ni un momento en ir.

Cuando llegó, notó que la puerta estaba entrecerrada así que miró por la abertura para descubrir quiénes estaban ahí, y en efecto eran sus padres, pero además hizo un hallazgo terrorífico.

— Vamos querido, no es tu culpa. Ese niño debe madurar—

Su madre estaba a un lado del asiento del rey mientras esté con angustia mantenía sus manos sobre su cabeza.

— No debí haberle gritado. Debo disculparme con él ahora mismo. No se que me está pasando. ¿Por que hago esto a mis hijos? Yo los amo...—

Pero antes de que siquiera pudiera ponerse de pie, la reina le dió una copa de vino tinto llena hasta la mitad.

— Bebe un poco querido. Necesitas fuerza para hablar con el niño—

Ella también tenía una en sus manos y suavemente la meneaba con una gran sonrisa en su rostro.

— Gracias mi reina...—

El rey no dudó en tomar la copa y beber un poco del contenido de esta.

Ahí fue cuando Tsubaki pudo ver lo que su madre hacía en secreto.

La mirada del rey antes marrón se volvió carmín, el mismo color que sus hijos tenían en sus ojos, el mismo que Tsubaki tenía y exactamente el mismo que la reina portaba.

— Oh mi rey. ¿Por qué no vamos a dormir? Mañana tienes un viaje muy importante; y no tienes de que preocuparte, el pequeño debe ser castigado por responderte de forma grosera—

Ella bebió un poco del vino en su copa mientras miraba como el rey terminaba su bebida y como un zombie iba directo a la puerta.

— Tienes razón mi reina. Esos niños están siendo muy groseros—

El pequeño pelinegro retrocedió asustado. ¿Por qué su madre hacía eso? ¿Acaso era esa la razón por la cuál el rey siempre discutía con sus hijos?

Los pasos del rey se escucharon más cerca de Tsubaki por lo que este corrió hacia su habitación y ya ahí se encerró.

<< Esto no puede estar pasando... >>

¿A quien podía decirle su descubrimiento? Sus hermanos no confiaban nada en el y seguramente ni siquiera le escucharían.

— Belkia, debemos hacer algo...—

Habló con su muñeco mientras pequeñas lágrimas amenazaban con salir de sus ojos.

Tenía miedo.

Su madre le daba miedo.

Con fuerza abrazó su muñeco y comenzó a llorar llegando a mojar un poco su juguete. El no tenía ningún hermano que le consolara y sin duda era difícil el estar tan solo.

Sus únicos compañeros fueron la luna y por supuesto su único amigo, Belkia.

Lo que descubrió esa noche no podría contarlo a nadie.

¿O si?

Continuará...

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Chapter 9: Capítulo XVIII: Encierro

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Tal y como había sucedido antes, Ash despertó cuando aún era de noche y vió ese resplandor en las manos del castaño y como mágicamente amanecía.

— Kuro...¿por qué estás tan triste?—

El peliceleste se sorprendió ante la repentina pregunta e inmediatamente se sentó en la cama con el fin de ver mejor al castaño.

Su rostro con una expresión de angustia le hacía saber a Mahiru que las cosas no marchaban nada bien.

No es nada. Intenta dormir otro rato. Prometo despertarte para que vayas a tu trabajo—

Mahiru dudó al principio, pero al final terminó cediendo, ya que Ash le permitió dormirse entre sus brazos y bueno, ¿cómo decirle que no?

Mientras Mahiru dormía, Ash seguía pensando en que haría. ¿Cómo podría evitar que su madrastra siguiera saliéndose con la suya y lastimando a sus hermanos?

Su padre estaba tan cegado que no se percataba de lo que estaba pasando.

Ash no podía hacer todo solo y menos si se trataba de esa mujer. Tenía sus manos atadas respecto al problema; y ahora debía cuidar de Mahiru.

Cada vez todo empeoraba y algo le decía que eso era solo el comienzo.

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Por accidente, Ash también se quedó dormido y cuando por fin despertó, Mahiru ya no estaba.

<< Ah, ojalá que haya ido con Jun y Shifumi...>>

Al mirar hacia su reloj, notó que faltaba poco para el desayuno así que procedió a prepararse. No se preocupó mucho por Mahiru ya que estaba seguro que no se encontraba en problemas y solo estaba en la cocina trabajando.

Lo que no sabía era que Mahiru todavía no había llegado a su destino.

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— ¡C-calma!—

Mahiru había intentado llegar a la cocina por su cuenta, pero el enorme palacio solo le confundió y estaba más que perdido, oh, y había chocado con un hermano de Kuro.

— ¡Belkia está roto!—

Y por algún motivo este lloraba de forma desconsolada, aunque el castaño sinceramente no entendía nada.

— ¿Puedes explicarme qué pasó? ¡Tal vez pueda ayudarte!—

Trató de animarle, logrando que por lo menos su llanto disminuyera.

— A-anoche mamá fue a ver si estaba dormido, pero yo estaba fingiendo estarlo. Ella me quitó a Belkia, me dió un beso en la mejilla y me quedé dormido...p-pero...—

Y otra vez sus lágrimas siguieron mojando sus mejillas rojizas.

— ¡C-cuando desperté Belkia estaba roto!—

El pelinegro le mostró su muñeco y como su brazo y pierna ahora estaban separados de su cuerpo. Quizá el no lo notaba pero era obvio que los habían cortado a propósito.

Mahiru podía sentir la profunda tristeza en el niño, así que solo algo vino a su mente.

— ¿Q-qué tal si yo lo reparo?—

Y ahí la mirada carmín del niño se posó en el. Parecía comenzar a sentirse mejor al escuchar esa sencilla pregunta.

— ¡S-si! ¡Por favor!—

Mahiru tomó el muñeco y prometió tenerlo listo antes del anochecer, a lo que el más pequeño aceptó y con una sonrisa más tranquila se despidió.

<< Aunque no se coser muy bien>>

Mahiru volvió a la realidad en la que se encontraba una vez dejó de ver el peluche.

Estaba completamente perdido y no pudo pedir ayuda al niño para llegar a la cocina.

— Oh, ¿Mahiru?—

Pero una voz conocida fue su salvación.

Al mirar hacia sus espaldas pudo ver al guardia peliverde que al parecer estaba escapando de sus deberes.

— ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en la cocina?—

Mahiru asintió mientras jugaba con los bordes del chaleco de su uniforme.

— No me digas, estás perdido, ¿verdad?—

Y el niño asintió de nuevo.

Sakuya resistió las ganas de reír solo para no hacer sentir mal al castaño, pero realmente era una situación bastante graciosa.

— Sígueme, te llevaré—

Mahiru asintió con una radiante sonrisa, cosa que hizo sonrojar al peliverde, aunque para el castaño esto pasó desapercibido.

El estaba más ocupado tratando de memorizar el camino para que ya no volviera a pasarle esto.

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Ash llegó rápido al comedor, dónde sus hermanos como siempre ya estaban, aunque Lily no se veía por ningún lado.

— Sigue en su habitación. Le llevarán el desayuno ahí—

Freya pareció leerle la mente y darle una respuesta clara.

— Ya veo...—

Últimamente el ambiente serio y tenso se mantenía; inclusive Hyde e Illdio se vieron tan afectados que no entablaban conversación alguna como antes.

Pero no había nada que pudieran hacer.

La reina llegó a los pocos minutos y el desayuno comenzó.

Ella tomó el lugar del rey, cosa que les extraño a todos. Se suponía que el rey se iría hasta medio día así que el sentarse ahí estaba prohibido.

— ¿Dónde está nuestro padre?—

Ash preguntó sin rodeos. La reina solo sonrió con soberbia.

— El rey partió en la madrugada. Ahora yo estoy a cargo—

Los príncipes miraron sorprendidos e incrédulos a su madrastra. Su padre no pudo haberse ido sin despedirse, ¿verdad? El no haría eso.

Pues al parecer, eso hizo.

— Haré unos pequeños cambios a cada uno de ustedes, empezando por ese mocoso llorón—

Illdio se puso de pie bastante molestó y de inmediato fue a dónde ella solo para decirle una corta frase.

— ¡Si le haces algo las pagarás caro!—

La reina solo hizo algo. Se puso de pie y dió una cachetada al peliplateado.

— Escucha mocoso, ahora yo soy tu madre y deberás obedecer te guste o no—

Illdio cubrió su mejilla golpeada y retrocedió. Quizá era violento, pero jamás golpearía a una mujer, aunque ella estaba comenzando a colmar su paciencia.

— El desayuno se cancela. Vayan a sus cuartos de inmediato y no quiero verlos afuera—

Cada uno fue a su habitación con diferentes sentimientos en su pecho.

Coraje

 

Impotencia

 

Miedo

 

                                               Ira

 

Odio

 

Angustia

 

Pero todos concordaban con algo:

Las cosas solo empeorarían.

Cuando Ash llegó a su habitación pudo escuchar como alguien llegaba, se detuvo justo en la puerta y después de unos minutos se marchó.

Ash se puso de pie y al tratar de abrir la puerta se percató que ahora estaba encerrado.

La bruja no bromeaba con eso de no querer verlos.

<< Necesito salir de aquí...>>

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La orden de no llevar el desayuno a nadie llegó rápidamente a oídos de la pareja de cocineros quiénes quedaron bastante desconcertados. No era normal que el desayuno se cancelara y menos de esa forma tan repentina.

No eran tontos, sabían quién era la responsable pero ellos no podían involucrarse sin verse afectados.

— Pero...¿por qué ellos no pueden comer? Ellos lo necesitan...—

Mahiru había llegado hacía poco y una vez supo que no habría desayuno se entristeció bastante.

— Quiten esas caras deprimentes ¿qué les parece si hacemos un juego?—

Al escuchar una voz desconocida todos miraron hacia la puerta de la parte trasera de la cocina* encontrándose con alguien nuevo para Mahiru.

— Por favor...no estamos para bromas—

Jun suspiró, no con enojo pero si de una forma bastante seria. Shifumi estaba de acuerdo en que todo sería una muy mala idea pero al parecer al hombre poco le importaba.

Este solo sonrió y retiró el cigarro de su boca para seguir hablando.

— Será divertido. ¿Quieres intentarlo pequeño?—

Los ojos ámbar de Mahiru brillaron con curiosidad y sin dudar aceptó.

Mahiru se despidió de Jun y Shifumi y salió de la cocina una vez se quitó su delantal. Siguió al sujeto, quién al parecer era el jardinero, ya que conocía a la perfección cada rincón y su ropa manchada de tierra lo delataba.

— Observa esto. Cada príncipe tiene una ventana que da para el jardín en su cuarto y siempre las mantienen abierta a estás horas. ¿Por qué no jugamos a darles su desayuno por la ventana?—

Un juego bastante loco.

Mahiru se preguntó cómo podrían llegar los platos tan alto si ellos no podían escalar hasta allá.

— ¿Y cómo lo haremos?—

El hombre exhaló el humo de su cigarrillo y con una sonrisa respondió.

— Tu lo harás. Con tu poder podrás lograr que los platos lleguen hasta allá arriba—

El niño no sabía que decir. Para el era imposible lograr tal hazaña pero la seguridad del hombre por algún motivo le daba ánimos a intentarlo.

— ¡Bien! ¡Lo haré!—

El hombre le pidió a Shifumi y Jun que trajeran primeramente dos platos para instruir al niño en como dejar estos justo en la ventana de los príncipes sin necesidad de escalar.

— Suena muy peligroso...—

Shifumi miró la altura que los separaban de las ventanas y era exagerada.

— Tranquila. El podrá—

Jun por fin intervino calmando a su esposa. Shifumi no comprendía del todo el por qué estaba tan seguro que el niño lograría su objetivo, pero prefirió no entrometerse más en el tema.

— Presta mucha atención. Tu tienes un poder espectacular pero aún no sabes usar ni la mitad de el. Esto será sencillo, solo imagina que los platos no tienen peso alguno—

El hombre más alto tomó el plato que Shifumi traía en sus manos y lo colocó frente al castaño, quién lo observó durante unos segundos.

— ¿Cómo haré eso?—

Bueno, nada era sencillo y mucho menos usar poderes que tú mismo desconocías.

Amm ...bueno...—

Tal parecía que el jardinero no había pensando tanto en como educar al niño puesto que ya no sabía ni que decirle.

— Ah, ya sé. ¿Alguna vez haz flotado?—

Shifumi no podía creer lo que escuchaba. ¿Cómo un humano podría flotar? ¡Era imposible! Ya estaba comenzando a creer que ese tipo era un completo lunático.

— No...jamás lo he hecho—

Los planes del jardinero nuevamente fueron aplastados con esa respuesta.

— No pensé que sería tan complicado...—

La pareja pensó que todo por fin había terminado y podrían regresar a la cocina pacíficamente...

Pero no fue así.

— ¡ Wa ! ¡Es Kuro!—

La vista de los adultos se dirigió a dónde el niño señalaba con emoción y ahí visualizaron al príncipe, quién tal parecía solo estaba buscando algo.

— ¡Oh...Mahiru! ¡No puedo salir! ¡Estoy encerrado!—

A pesar de que gritaran era muy difícil el escuchar con claridad por lo alto del castillo.

— ¿Qué dijo?—

Aunque fuera la única mujer ahí quién preguntara, realmente nadie escuchó lo que el príncipe dijo.

Ah, pero el jardinero aprovechó está situación para llevar a cabo su entrenamiento.

— Dijo que muere de hambre y que necesita su desayuno al igual que sus hermanos—

Mahiru no podía creer lo que escuchaba. Si Kuro necesitaba su desayuno eso tendría.

No permitiría que sufriera de hambre.

— ¡L-lo haré! ¡Le daré su desayuno!—

Antes de eso, Mahiru se puso a hacer pequeñas notas (que Jun le había regalado antes) para cada hermano y colocarlas en cada plato con el fin de alegrarles un poco el día.

Ninguno de los tres adultos pudo ver qué escribía, pero supusieron que era un mensaje de ánimo.

Una vez terminó prosiguió a hacer lo que el jardinero le dijo y para sorpresa de todos funcionó. De alguna u otra forma parecía que la gravedad ya no afectaba al plato puesto que comenzó a flotar.

Solo había un pequeño detalle.

— ¡Wow! ¡Es divertido!—

El plato se balanceaba en el aire, la comida dentro de este parecía estar a punto de caerse pero Mahiru no permitiría esto, aunque sinceramente parecía estar jugando con el.

Shifumi en cambio no podía dejar de mirar las manos del castaño. El resplandor anaranjado que estás desprendían le dejó desconcertada. Un humano no podía hacer eso, entonces...

¿Mahiru no era humano?

— ¡Kuro! ¡Aquí está tu desayuno!—

Ash no escuchaba muy bien lo que Mahiru le decía, pero al ver el plato flotante comprendió que sucedía.

Extendió sus manos para tomar el plato y una vez lo tomó, miró hacia dónde los demás y pudo ver al castaño celebrar su nuevo logro.

Era tan tierno que lo hizo sonreír.

— No estuvo tan mal. Ahora, sigamos con los demás—

Ash miró como se marcharon y al volver a observar su desayuno logró visualizar una nota.

"¡Ten un gran día Kuro!"

Así pasaron la mayor parte de la mañana; entregado el desayuno a todos los príncipes encerrados, quiénes con sorpresa miraban el plato en el marco de sus ventanas y leían la nota.

"Eres increíble"

Hugh al leer esto sonrió. Era lo que necesitaba en ese momento.

"No debes temer. Todo va a mejorar"

Jeje se sintió más relajado al leer la nota. Eso bastó para calmar el miedo que tenía en ese momento.

"Todo mejorará. Eres muy fuerte y encontrarás una forma de protegerlos"

Freya solo sonrió. Levemente pero lo hizo.

"¡Ánimo! Sigue sonriendo como siempre"

Hyde encontró una motivación para no entristecerse y volver a seguir siendo tan alegre.

"A veces solo necesitas relajarte y comer un rico pastel"

Seguramente Illdio haría eso.

Al probar la comida quedaron encantados y solo podían agradecer al desconocido que los animó tanto.

El último en recibir su comida fue Lily, quién al ver el plato flotante quedó asombrado. Lentamente se acercó a la ventana y tomó su desayuno.

Cuando vió la nota y la leyó no pudo evitar sonreír.

"No te desanimes. Eres más importante y valioso de lo que crees"

Sin duda le había alegrado bastante.

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— Ah... terminó exhausto—

Jun llevaba entre sus brazos al ahora dormido Mahiru, quién se había desmayado una vez terminó de entregar la comida.

— Solo será unas horas. Aún es un niño después de todo—

Shifumi acariciaba los cortos cabellos del niño que dormía pacíficamente.

La pareja miraba con algo de desconfianza al jardinero, sin embargo este les sonreía con amabilidad.

— Nunca lo he visto en el palacio. ¿Puede decirnos quien es?—

Shifumi preguntó de forma directa.

El desconocido tiró y pisó lo que quedaba de su cigarro y por fin se presentó.

— Me llamo Toru Shirota. Soy el jardinero—

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A los oídos de la reina llegó un aviso.

— Los príncipes recibieron su desayuno de forma bastante rara—

No podía reprimirlos puesto que habían obedecido y no salieron de sus cuartos, pero encontraría la forma de arruinarles el día.

— Bien, veamos que más hacen...—

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Justo como Toru dijo, Mahiru despertó pasando una hora y al parecer estaba muchísimo mejor.

De hecho estaba cosiendo, o al menos lo intentaba, el muñeco que pertenecía a Tsubaki para entregarlo lo antes posible.

Pero hubo algo que lo asustó.

— ¡Oye! ¡Eso duele!—

Cuando el muñeco habló, pegó un brinco.

— ¡¿P-puedes hablar?!—

El muñeco agitó el único brazo que tenía e igualmente movió su pierna.

— ¡Claro que puedo! ¡Ahora apúrate!—

Mahiru jamás pensó que debería obedecer las órdenes de un peluche, pero en fin, había prometido arreglarlo.

Después de casi 20 minutos logró dejarlo como nuevo.

Lo que si no esperaba es que el muñeco que no había hablado durante todo el proceso de restauración ahora le pidiera algo.

— Déjame en el suelo—

Al obedecer y alejarse un poco, el muñeco tomó una forma humana bastante curiosa.

Su cabello era rosado y estaba atado en una coleta. Llevaba un traje blanco y un sombrero de copa del mismo color. Sus zapatos con franjas llamaban bastante la atención.

Todo él era tan raro.

— Me llamo Belkia y...supongo que gracias por coserme—

Fueron sus primeras palabras.

— Ah...disculpa que lo pregunte pero...¿quién te hizo eso? Parece que eres muy importante para ese niño y no creo que el lo haya hecho...—

Belkia dudó un momento antes de responder, pero las palabras que salieron de su boca fueron claras y bastante serias.

— Fue la reina—

Mahiru aún no conocía a la reina, pero algo tenía claro:

Era una pésima persona.

Continuará...

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Chapter 10: Capítulo IX: Rugi

Chapter Text

Mahiru se imaginó miles de posibles escenarios en los que la reina cometería tal acto, sin embargo, en su mente no cabía la idea de una madre haciendo daño a su hijo.

¿Estás seguro de eso?

Solo era para confirmarlo.

No quería sacar conclusiones antes de estar seguro.

—¡Por supuesto! Mientas Tsuba-kyun dormía la reina me secuestró ¡y me hizo pedazos! —

A lo que el castaño entendía, la reina era una mujer terrible, no solo con sus hijastros, también con su propio hijo.

Estaba seguro que nadie merecía ese trato y menos sin haber hecho algo malo.

— ¿Tienes idea de por qué lo hizo?—

Si la reina era tan mala debía haber un motivo. Mahiru no gustaba de juzgar a las personas antes de conocerlas por lo que no haría ello con la reina.

— Bueno, creo que sabe que no soy un muñeco normal, además...—

Pero Belkia no quería contar más.

Si lo hacía las cosas empeorarían. Solo tomó otra vez su forma de muñeco y dejó de hablar.

Mahiru no entendía que pasaba, pero optó por dejar las cosas así. Por ahora debía entregar a Tsubaki su muñeco.

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Llevaban horas encerrados y ya estaban hartos.

Ash caminaba de un lado a otro bastante desesperado.

Casi pasaban de la cinco de la tarde y aún las puertas no se habían abierto.

No solo no había visto a Mahiru, tampoco tenía noticia alguna de sus hermanos, y para empeorar las cosas resultaba que la reina había estado dando paseos por todo el castillo.

Si veía a Mahiru...

— No. Eso no va a pasar...—

Pero aunque intentara convencerse a sí mismo no lograba nada.

Su preocupación solo se agrandaba.

Justo en ese momento pudo escuchar el cerrojo de la puerta hacer "click" y al voltear en esa dirección pudo ver a la tan temida bruja.

— Veo que sigues aquí. Al menos no eres como el bastardo de tu hermano—

¿El bastardo? ¿Acaso alguno había escapado y ahora esa bruja lo tenía?

Si.

Lamentablemente así fue.

— ¡S-suéltame! ¡Me estás lastimando!—

El pequeño Hyde intentaba de todas las formas posibles que su madrastra le soltara del brazo, pero con cada movimiento podía sentir las uñas de esta enterrarse más y más en su pequeña extremidad.

— Este mocoso será castigado, al igual que cualquiera que salga de su habitación—

Hyde miró a su hermano al borde de las lágrimas. Sus palabras salieron de su boca como un susurro que solo el peliceleste pudo entender.

"Ayuda"


Ash lo intentó. Salvar a su hermano, pero no lo logró.

La puerta fue cerrada en sus narices dándole un fuerte golpe, pero el dolor no se comparaba con el de oír a su pequeño hermano llorar y suplicar que lo soltara y perdonara.

<< ¡Maldición! >>

Golpeó la puerta, pero esta no se abría, no importaba que tanto se esforzara.

Fue inútil.

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Recién Mahiru había terminado sus deberes cuando escuchó el llanto de alguien, además de una voz bastante fría.

— ¡Te daré tu merecido mocoso!—

Provenía de lo que el conocía como "el lugar de los cuadros", ya que aún no sabía el nombre de muchos sitios, pero sin duda ese llamaba mucho la atención.

Shifumi le había mencionado que la reina solía pasar la mayor parte del tiempo ahí, además del sótano, y que era preferible que no se acercara.

— ¡N-no! ¡P-por favor! ¡No lo volveré a hacer!—

Pero deseaba ayudar.

Así que, a escondidas se acercó al lugar. Usaba las enormes mesas para esconderse debajo de ellas y pasar desapercibido.

Justo en ese momento vió un rostro familiar acercarse a ese cuarto.

— Majestad, hay un problema con la bodega y necesito urgentemente su ayuda—

El jardinero, quizá sin querer, le había dado la oportunidad perfecta para escabullirse y llevarse al seguramente hermano de Kuro.

— ¡Agh! ¡Eres un maldito inútil! ¡Tú! ¡Si te mueves de aquí juro que haré que desaparezcas para siempre!—

Y sin más la reina siguió al jardinero.

Solo cuando Mahiru dejó de escuchar los pasos de ambos fue cuando entró al enorme cuarto, y en una esquina pudo visualizar al rubio, quién aún seguía sollozando mientras, sentado en el suelo, abrazaba sus piernas.

Mahiru se puso de pie y se acercó con el fin de ayudarle, pero cuando intentó acercarse el niño le gritó.

— ¡Aléjate de mi!—

Aunque no lo dijera, Mahiru sabía que el rubio tenía miedo.

Seguramente de la reina.

— Tranquilo. Prometo no hacerte daño—

Al principio Hyde no sabía de quién se trataba, pero al levantar su mirada se sorprendió de ver al "amigo" de su hermano.

— Vete de aquí..ella te atrapará si te quedas—

Y aún cuando era el quién corría peligro, Hyde seguía pidiendo a Mahiru que se marchara.

Pero eso no pasaría. El no se iría sin el rubio.

El castaño le tomó de la mano ganándose la mirada confundida de Hyde, siendo literalmente arrastrado por él más grande hacia la salida de ese enorme cuarto, pero a diferencia de la reina, su mano era cálida y gentil. No había rudeza ni frialdad.

— ¡Todo estará bien! ¡Lo prometo!—

Esa sonrisa llenaba de tranquilidad el inquieto corazón del rubio.

Por primera vez en ese día se sintió tranquilo y seguro.

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Recién el jardinero y la reina habían llegado a dónde el "problema" se hallaba.

Aunque realmente no había nada.

Obviamente la reina se molestó ya que fue interrumpida para nada. Así que, cruzó sus brazos desesperada mientras que el jardinero solo miraba la bodega tranquilamente.

— ¡¿Qué se supone que pasa?! ¡No hay nada!—

Hubo un momento de silencio. Toru no dijo nada así que nuevamente la reina gritó.

— ¡Habla ahora!—

Y por fin el castaño habló.

— Había un perro. Era lindo—

Y bueno, realmente eso enfureció a la reina haciendo que esta se marchara de inmediato.

Toru solo vió como está se iba y soltó un suspiro de cansancio.

— Aún no es hora hermana. Debes resistir un poco más...—

Y sin más entró a la bodega, dónde efectivamente un cachorro color blanco con manchas negras le recibió alegre.

— Creo que la reina no me creyó amigo—

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Cuando Mahiru y Hyde llegaron a un cuarto lo suficientemente alejado del lugar del que escaparon pudieron respirar tranquilos.

Estaban agitados, pero a la vez reían.

— ¡Eso fue divertido! Pero no hay que hacerlo jamás—

Hyde comentó sin dejar de sonreír. Por algún motivo se sentía alegre y eso que hace menos de 10 minutos estaba llorando en un rincón.

— ¡Descuida! Estoy seguro que pronto los problemas desaparecerán. Confía en mí, ¡conozco una forma!—

Hyde lo sabía. Que seguramente era una enorme mentira para solo levantarle el ánimo y olvidarse de todos los problemas en que se había metido solo por salir de su habitación para ayudar a sus hermanos.

Pero aún así, había un pequeño rayo de luz que le hacía confiar.

Creer que todo mágicamente mejoraría.

— Confiaré en ti. Lo juro—

Y ahí pasaron el resto de las horas, hasta que las puertas de las habitaciones de todos los hermanos fueron abiertas y por fin pudieron reencontrarse.

— Hyde, nos tenías preocupados—

Freya revisó de pies a cabeza a su inquieto hermano. Parecía solo tenía una herida en su brazo pero está ya había sido curada.

— ¡Ese chico me salvó de la bruja y también curó mi brazo!—

Con orgullo, Hyde mostró su brazo vendado a sus hermanos. Estos le miraron con sorpresa ya que no esperaban que un completo desconocido fuera tan amable.

— Tu eres el chico que venía con Ash, trabaja en la cocina y además hizo las notas, ¿no?—

Hugh preguntó a lo que Mahiru asintió con una pequeña sonrisa.

— Me llamo Mahiru . Me alegra por fin poder presentarme correctamente—

Por un momento dudaron en responder su saludo, pero al ver a Hyde tan contento pudieron calmarse un poco y finalmente contestar.

— Yo soy Hugh, soy el segundo hermano—

<< Pero es bajito...>>

Pensó Mahiru sorprendido.

— Y-yo...soy Jeje. Soy el tercer hermano...—

Mahiru recordaba que Kuro había mencionado algo sobre el, pero, ¿qué era?

— Yo soy Freya. Soy la cuarta y única hermana—

Esa era la chica que le causó un buen susto al momento de su llegada. Era imposible olvidarla.

— ¡A mi ya me conoces! Soy Hyde, ¡el quinto hermano!—

Y Hyde fue empujado por Illdio, quién tal parecía quería robarle el papel protagónico.

— ¡Yo soy Illdio! ¡El sexto hermano!—

Y así comenzó una mini pelea entre ambos hermanos que hizo reír Mahiru. Era lindo ver cómo se llevaban tan bien.

— Yo soy Lily. Soy...el séptimo hermano—

Lily respondió con timidez.

Aún seguía muy mal desde el evento sucedido con la reina, pero gracias a Mahiru su ánimo se había levantado un poco más.

— Es un gusto conocerlos a todos. Por cierto, ¿dónde está Kuro?—

Todos ladearon la cabeza confundidos.

¿Quién era Kuro?

Supusieron que era su hermano mayor pero, Mahiru tenía razón.

Hasta ese momento se dieron cuenta que su flojo hermano no estaba por ningún lado.

— Se supone que ya debió haber llegado. Su cuarto no está tan lejos—

Respondió Hugh mientras miraba los pasillos de un lado a otro en busca de su hermano, pero ni siquiera se escuchaban sus pasos. Todo estaba muy silencioso, claro, sin contar el escándalo de Hyde e Illdio.

— Deberías regresar con Shifumi. Seguro está preocupada por ti—

A pesar de la frialdad con la que Freya hablaba, ella lo decía de una forma buena.

Mahiru comprendió esto y una vez se despidió de todos, corrió hacia la cocina, dónde Shifumi y Jun ya le esperaban.

— Hay que preparar la cena Mahiru. ¿Dónde estuviste?—

La mujer preguntó a lo que Mahiru con una sonrisa nerviosa le respondió.

— Estuve dando un paseo pero me perdí—

A diferencia de Shifumi, Jun no le creyó ni una sola palabra. El sabía perfectamente cuando alguien mentía y era obvio que Mahiru ocultaba algo.

<< Por favor, que no se haya metido en problemas con la reina>>

Rogó Jun en sus pensamientos.

Lamentablemente, cuando vió a la reina entrar a la cocina supo que estaban en muy serios problemas.

De forma inconsciente, Shifumi escondió detrás suyo al castaño para protegerle y que la reina no lo viera.

Por algún motivo temía por la seguridad del niño.

— Fueron ustedes, ¿verdad? ¡Ustedes escondieron al mocoso!—

El miedo en Shifumi aumentó más. ¿Acaso hablaba de Mahiru? ¿Había hecho algo malo?

Jun por su parte solo tragó en seco. Se suponía que la reina no debía ver al castaño. Fueron las órdenes que le dieron...sin duda Yumikage estaría furioso.

— ¿E-el mocoso? ¿A qué se refiere majestad?—

Preguntó con temor Shifumi, recibiendo una respuesta a gritos.

— ¡No seas idiota! ¡Hablo del maldito niño que salió de su habitación! ¡Ni siquiera merece que lo llame por su nombre!—

De inmediato la pareja supo que se trataba de algún hermano.

— Majestad, nosotros hemos estado todo el día en la cocina cumpliendo con nuestra labor. No sabemos nada sobre dónde está el príncipe que haya escapado —

Solo por esa vez la reina les creyó y se marchó furiosa.

Shifumi y Jun soltaron un suspiro de alivio al ver a la reina por fin irse, pero su tranquilidad no duró mucho, por qué cuando se dieron cuenta, Mahiru ya no estaba por ningún lado.

— ¡¿Dónde se metió?!—

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La noche llegó rápidamente y cierto jardinero miraba el bello cielo nocturno estando recostado en el suave césped que tanto cuidaba.

— Si tan solo pudieras ver esto... Amabas ver la Luna, incluso si no podías—

Dijo mientras observaba la enorme y brillante luna llena que iluminaba todo de forma increíble. Sin duda era una noche digna de admirar con atención.

La suave brisa movió su despeinado cabello castaño y solo por unos segundos cerró sus ojos.

— Me gustaría verte feliz de nuevo...—

— ¿Con quién habla?—

Cuando escuchó esa vocecita hacerle la pregunta de inmediato abrió sus ojos, bastante sorprendido y un poco nervioso.

No sabía que Mahiru lo estaba espiando.

— Ah...bueno, ya sabes. Era un mensaje para mí mismo—

Rogó que el niño se creyera tal mentira y por suerte parecía ser así dado que no volvió a preguntar nada al respecto y simplemente se sentó a su lado para observar el cielo con suma atención.

Toru lo veía.

La mirada ámbar del niño parecía buscar algo. Como si en su mente hubiera una pregunta y solamente Toru pudiera responderla.

Pero había algo más en él...

— La luna hoy se ve hermosa—

Comentó con una sonrisa tranquila. Toru miró en la misma dirección que el más joven y asintió.

— Parece que la luna hoy está de buen humor—

Mahiru abrazó sus piernas sin dejar de ver el bello cielo. Esa vista le traía muchos recuerdos, aunque no todos eran muy felices.

Madre solía decirme cosas horribles sobre la luna, pero...para mi siempre ha sido muy hermosa—

Toru deseaba contarle algo para no hacerle sentir tan mal por contar a un perfecto desconocido tal recuerdo, pero no podía. Debía esperar aún antes de revelar todo.

En eso, el mismo cachorro de antes corrió hacia los brazos del jardinero, quién gustoso se sentó para poder acariciarlo.

Mahiru por su parte veía a tan extraño animal. Jamás en su vida había visto algo parecido. Normalmente solo veía aves y en ocasiones ardillas y mapaches.

— ¿Qué es eso?—

Preguntó con muchísima curiosidad.

— Se llama "perro". Es un animal que casi todos los humanos aman tener como mascotas y amigos—

Había una palabra que Mahiru no entendió por qué Toru utilizó:

Casi todos los humanos

¿Acaso Toru de forma indirecta le reveló que no era humano?

No importaba. No le tomaría relevancia en ese momento. Solo deseaba descubrir que tenía un "perro" de importante como para que lo amaran.

Rápidamente se dió cuenta cuando el can se lanzó a lamerle el rostro mientras meneaba su corta cola.

— ¡B-basta! ¡Me haces cosquillas!—

Rió a carcajadas mientras el animal seguía con su labor, hasta que Toru lo tomó.

— Lo encontré esta mañana. ¿Te gustaría tenerlo? —

Mahiru no lo pensó dos veces. De inmediato asintió con emoción.

Ese perrito estaba solo, justo como él en el bosque. Claro que no permitiría que alguien pasara por ese tipo de sufrir.

Haría lo que estuviera a su alcance para evitarlo.

— Su nombre es Rugi. Cuídalo mucho, ¡Oh! Y que la reina no lo vea—

Toru entregó el can al castaño. Este con mucha emoción juró protegerlo.

Se puso de pie y fue a toda velocidad hacia la cocina con el perrito cargado entre sus brazos.

Ahí, Shifumi y Jun aún se encontraban sumamente preocupados, pero al ver al niño sano y salvo pudieron calmarse.

Bueno, eso hasta que vieron al perro.

— ¿Puede quedarse? ¡Prometo cuidarlo mucho!—

La reina detestaba los animales y seguramente si descubría al perro se meterían en muchos problemas, pero no podían decirle que no a tan buen niño.

— Bien Mahiru, pero asegúrate de cuidarlo muy bien. Ahora, ve a dormir. Hoy fue un día muy largo—

Shifumi dijo con una sonrisa. Después depositó un corto pero muy amoroso beso de "buenas noches" en la cabeza del niño.

— Descansa Mahiru—

Igualmente se despidió Jun con una sonrisa.

— ¡Buenas noches!—

Y de nuevo Mahiru se marchó corriendo.

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Cuando llegó a la habitación de Kuro todo estaba oscuro.

Anteriormente la luz de una lámpara era lo que iluminaba el cuarto, pero ahora eso ni siquiera estaba.

— ¿Kuro?—

Preguntó en voz bajita mientras cerraba despacio la puerta con su mano libre.

No hubo respuesta.

Al acercarse a la cama pudo ver al exhausto príncipe peliceleste, quién ya dormía plácidamente.

Por eso las luces estaban apagadas.

<< Oh bueno. Mañana le presentaré a Rugi >>

Pensó mientras se emocionaba cada vez por la llegada del mañana.

Con lentitud se recostó en la cama y a un lado suyo, en medio de Kuro y el, colocó al cachorro.

El can de inmediato se acomodó y se quedó dormido.

— Descansen...—

Y poco a poco, el castaño cayó en un profundo sueño.

Quizá el día había sido complicado, pero un buen sueño siempre ayuda a aligerar las cargas.

Bueno, al menos eso es lo que dicen.

Pero en el caso de ellos, ¿eso también funcionaría?

Continuará...

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Chapter 11: Capítulo X: ¿Que Es Estar Enamorado?

Notes:

Quiero aclarar que en este capítulo dos personajes tendrán una interacción "subida de tono" para sus edades.

Pero solo será eso. No habrá más.

Chapter Text

Cuando Ash por fin despertó se dió cuenta de lo profundamente dormido que se había quedado, no solo por qué no se había dado cuenta que Mahiru había entrado a la habitación, sino por qué ahora lo tenía encima suyo.

¿Cómo llegaron a esa posición?

Su mirada carmín se dirigió hacia la ventana, dónde claramente pudo ver qué el sol ya casi salía por completo, así que supuso que Mahiru se había despertado antes para hacer su "magia".

— Mahiru...¿estás despierto?—

Pero al no haber respuesta supuso que eso era un enorme "no".

Suspiró.

<< Aún no lo he llevado al pueblo...>>

Por todos los problemas que habían estado sucediendo, había olvidado por completo que prometió al niño llevarlo al pueblo.

En cambio, lo puso a trabajar en la cocina. Vaya forma de engañarlo.

— ¿U-uh ? ¿K-kuro? ¿Q-qué sucede?—

Cuando Kuro volvió a mirar al castaño lo pudo ver despierto, bueno, algo adormilado.

— No es nada—

¿Cómo decirle a Mahiru que se sentía mal por no haber cumplido su promesa?

Umm ...bueno, supongo que es algo que no me incumbe—

Esa pequeña frase le removió su pecho.

Se sentía como si le hubiera dicho a Mahiru un gran "Que te importa".

Pero realmente no era por eso, simplemente tenía su mente repleta de problemas y lo que menos deseaba era involucrar a Mahiru en ellos.

— Mi madre solía tener muchísimos secretos y problemas como tú. Siempre que preguntaba por ellos me decía que "no era de mi incumbencia" y que dejara de ser tan preguntón, aparte que era demasiado molesto en ese aspecto. Supongo que tiene razón, perdón si te molesté—

Pero eso no era lo que Ash quería decir.

El estaba totalmente en contra de la opinión de la madre de Mahiru.

— ¡Ah! ¡Será mejor que me vaya! ¡Shifumi-san y Jun-san me esperan!—

Mahiru se puso de pie inmediatamente y corrió hacia el baño para darse una ducha rápida, vestirse y marcharse a la cocina.

Ash solo se quedó pasmado y más aún cuando vió a un perrito correr detrás del castaño.

— ¿Qué demonios fue eso?...—

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Durante toda la mañana lo único que pudo pensar fue en las palabras del castaño.

" Era demasiado molesto"

¿Qué clase de madre dice eso a su hijo?

Ahora se sentía peor por haber hecho pensar a Mahiru que opinaba lo mismo que ella.

¿Por qué no tratar de aclarar esa gran confusión?

<< Bien...lo haré>>

Mientras tanto, en la cocina, Mahiru iba de un lado a otro ayudando a Shifumi para preparar el desayuno de toda la familia, lo cuál recientemente se había vuelto más complicado gracias a la nueva exigencia que la reina les dió:

Nada de comida dulce ni colorida.

Ahora los alimentos parecían más de una prisión que de un palacio.

Todo se veía tan aburrido.

— ¿Enserio vamos a darles eso de comer?—

Mahiru pregunto a lo que Shifumi asintió tomando los platos.

— Fueron las órdenes de la reina, pequeño. Si no queremos que nos regañe debemos obedecer—

Y a regañadientes tuvieron que llevar los platos hacia el gran comedor para servir a los príncipes su desayuno.

— ¡Oye Shifumi! ¿Por qué la comida se ve así?—

Illdio fue el primero en quejarse de lo poco apetitosa que se veía la comida, es decir, el podría comerla pero aún así se veía rara.

— Lo siento príncipe. Fue una orden de la reina—

Al escuchar esto, Illdio de inmediato se quedó callado. Ya suficientes regaños estúpidos había tenido de esa mujer como para querer otro.

— Nos retiramos majestades. Disfruten su desayuno—

Y una vez hicieron una pequeña reverencia, tanto Shifumi como Mahiru salieron del comedor dejando a los príncipes solos.

— Esto es...horrible—

Hyde al fin habló.

Justo en ese momento, la reina hizo acto de presencia.

Con una sonrisa arrogante miró a todos los príncipes, quiénes con enojo trataban de comer.

— Vaya, pero que delicioso se ve el desayuno—

Tsubaki, con su muñeco en brazos, tomó asiento y al ver el desayuno pudo estar de acuerdo con sus hermanos en no querer comerlo.

Ah, pero la reina seguía echando más leña al fuego.

— Por fin esos estúpidos se dieron cuenta que su comida era asquerosa. Esto es muchísimo mejor—

¿Qué tenía de mejor una comida que no tenía sabor, color y se veía horrible?

Shifumi tenía un don con respecto a la cocina. Su comida era deliciosa y el que la reina se expresara de esa forma de lo que ella hacía resultaba molesto.

— ¿Por qué no cocinas tú? Vieja bruja—

Al levantar su mirada, la reina buscó con furia quién era el dueño de esa voz que se atrevía a retarla, pero todos estaban tranquilamente comiendo, con cara de asco pero lo hacían.

— Ah, hoy tendré una salida. No quiero verlos en todo el día así que regresaré hasta mañana. Me tomaré un descanso de sus horribles caras—

Y bueno, ellos también tendrían un descanso de la bruja.

<< Perfecto. Así podré llevar a Mahiru al pueblo>>

Ash pensó de inmediato.

Por lo menos ese día no sonaba tan lúgubre.

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Solo habían pasado unos minutos desde que la reina se fue cuando Ash ya estaba en la cocina esperando a Mahiru.

Según Shifumi, el niño fue llamado por el jardinero para dar un pequeño "tour" por el palacio y bueno, el no se negó, en cambio lo acompañó con mucha emoción.

— No debería tardar mucho en llegar—

Comentó Jun mientras cargaba una pila de cajas llenas de distintas verduras. El igualmente recién acababa de llegar pues había ido a traer todos los suministros que estaban a punto de acabarse en la cocina.

— ¿Le gustaría comer algo mientras lo espera?

Ash negó. Se sentía tan nervioso que hasta el apetito había perdido. Sentía su estómago revolverse pero no comprendía el por qué.

Cuando vio a Mahiru entrar en la cocina fue cuando comprendió el motivo de sus nervios.

Temía que lo rechazara por lo ocurrido en la mañana.

— ¿Kuro? ¿Qué pasa?—

Mahiru preguntó en calma a lo que el príncipe solo pudo sentirse aún peor. ¿Enserio no le afectó lo ocurrido hace unas horas? El se sentía terrible y eso que fue un malentendido.

— Ah....¿quieres ir al pueblo?—

Los ojos ámbar del niño brillaron con emoción y dando pequeños saltitos asintió.

— ¡Si! ¡Si quiero!

Así que Kuro se juró a si mismo llevar a Mahiru ese mismo día al pueblo, pero, oh sorpresa. No siempre las promesas se cumplen.

— ¡Nii-san! ¡La bruja regresó!—

Muy apenas habían salido de la cocina cuando Hyde llegó corriendo solo para decirles que la reina había regresado antes de lo previsto, y por ende, ni Mahiru ni Kuro podrían salir.

El rubio solo les dijo esto antes de salir corriendo nuevamente para esconderse.

— Yo...lo siento—

Era difícil decirlo. Se sentía tan mal por no poder cumplir sus promesas desde que lo trajo al palacio.

Pero, como siempre, Mahiru no estaba en lo absoluto molesto, en cambio le sonreía de una forma tan cálida que hasta el mayor se sonrojó. 

— No hay problema Kuro. En otra ocasión será —

Pero había algo que el príncipe si podía hacer. Quizá no era una salida el pueblo pero podría funcionar.

— ¿Quieres probar algo dulce?—

Kuro preguntó de inmediato solo para tratar de cambiar el pesado ambiente que el mismo había creado.

Mahiru con sorpresa asintió.

— ¡Si! ¡Si!—

Casi con ojos suplicantes, el príncipe miró a la cocinera quién rápidamente comprendió que era lo que quería.

Después de llevarse a Mahiru a dar una vuelta por todo el palacio volvieron a la cocina dónde Shifumi ya tenía el postre listo.

Unas simples manzanas acarameladas.

— ¿Qué es eso?—

Preguntó el castaño con curiosidad de semejante alimento.

Kuro en cambio tomó ambas manzanas por el palito que las atravesaba y entregó una al más bajito.

— Pruébala. Son muy típicas en el pueblo—

Kuro no mordió la manzana. No podía perderse ningún segundo del rostro de Mahiru al probar el dulce.

Mahiru no resistió mucho la tentación de probar su manzana así que le dió una mordida, pequeña pero lo suficiente como para saborearla bien.

Cuando su paladar sintió el dulce sabor del caramelo, sus mejillas se pintaron de un color rojizo.

— ¡Sabe deliciosa!—

No podía creer todo lo que se estaba perdiendo estando en el árbol dónde su madre le dejó.

Por fin Kuro empezó a comer tranquilamente su manzana mientras Mahiru seguía disfrutando cada mordida que daba a la dulce fruta. Shifumi sonrió contenta al ver la alegría del castaño. No dudaba que era un niño sumamente encantador.

— Debo ir con mi esposo. Con permiso—

Y aunque Jun nunca hubiera hablado a Shifumi, está sabía que Mahiru y Kuro necesitarían su momento a solas por lo que optó por mentir e irse.

— Perdóname por no llevarte al pueblo. Te prometo que lo haré, pronto te llevaré a los mejores lugares del reino—

Mahiru de nuevo le sonrió y dándole un beso a la mejilla al más alto le dijo las palabras más lindas que el peliceleste jamás había escuchado.

— Soy feliz estando contigo Kuro. Si te quedas conmigo con eso basta—

El príncipe por su parte sentía que iba a morir de la vergüenza. Sus mejillas siempre pálidas ahora estaban más que rojas.

Enserio, ¿qué le estaba pasando?

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— ¡Majestad! ¡Por favor! ¡Debe calmarse!—

El sirviente más cercano a la reina trataba por todos los medios el detener a la mujer quién ahora de forma exagerada mostraba su furia.

— ¡¡No lo entiendes!! ¡¡Debería estar ahí!!—

Lanzaba cualquier cosa que estuviera a su alcance hacia la puerta, desde libros hasta jarrones de alto valor, los cuáles por supuesto terminaron rotos en miles de piezas.

— ¡¡Llama a esos guardias idiotas, estúpido Shamrock!!—

El mencionado hizo total caso y salió rápidamente de la oficina del rey, ya que justamente ahí la reina estaba sacando todo su enojo con cosas que ni siquiera eran suyas.

Bastante histérica se sentó en la silla de su esposo y colocando sus manos entre su cabello rojizo comenzó a tratar de calmarse.

— No sucederá nada. Voy a encontrarlo—

No confiaba del todo en los guardias pero realmente no tenía otra opción. Ellos eran a los únicos que podía amenazar, y en caso que las cosas se salieran de control, bueno, tomaría cartas en el asunto.

Shamrock llegó a los pocos minutos junto con lo tres guardias más tontos del palacio: Ryusei, Sakuya y Koyuki, quiénes estaban más que asustados, puesto que en su memoria no había ningún motivo por el cuál la reina les llamara, por qué claro, siempre que lo hacía era solamente para regañarlos.

— Ustedes tres, si no quieren ser decapitados deberán encontrar esto...—

La reina les pasó un pergamino dónde venía escrito lo que ella necesitaba encontrar con urgencia y un pequeño mapa que trazaba la ruta más rápida para llegar a un lugar que los tres desconocían.

— Quiero que cuando lo encuentren lo traigan ante mi. Tienen de aquí hasta que el rey regrese, de lo contrario...—

Y con sus dedos hizo la mímica de decapitarlos.

Si antes quisieron protestar ahora solo deseaban salir corriendo de la oficina por qué ahora resultaba que sus vidas estaban en peligro solo por qué la reina no encontraba algo.

— ¡¡Largo de aquí!!—

El grito de la reina fue su señal para salir corriendo hacia las afueras del palacio, en dónde una vez se aseguraron de estar completamente solos, pudieron hablar.

— ¡¿Por qué nos hace esto?! ¡Jamás vamos a encontrar esto!—

Sakuya no tardó en quejarse. Por dentro estaba que moría del miedo pero su orgullo le impedía mostrarlo.

— El mapa no tiene sentido. No hay nada en esta parte del reino—

Ryusei por su parte se mantuvo analizando el mapa lo más que pudo, cosa que era complicada puesto que con cualquier cosa se distraía por completo, así que Koyuki le quitó el mapa y comenzó a examinarlo por su cuenta.

— Si hay algo, es una especie de... bosque, supongo—

Pero, ¿qué podría haber en el bosque que la reina tanto necesitaba.

— Seguramente perdió el anillo de compromiso que el rey le dió. Ya saben, ahora que el rey está por morir la reina solo tendrá ese recuerdo de su esposo—

El peliverde lo dijo sin querer, pero soltó una verdad tan horrenda que quién los estaba espiando salió corriendo.

— ¡¿El rey morirá?!—

Koyuki y Ryusei dijeron al mismo tiempo.

— Ah, bueno, se suponía que era un secreto entre guardias, pero si. Algo así—

Pero ni el rubio ni el castaño entendían que pasaba. Sakuya al ver esto suspiró y comenzó a explicarles el por qué de sus palabras.

— La reina tiene la intención de matar al rey, no de forma instantánea, sino lentamente. Por eso su actitud cambió drásticamente. Es por qué la reina lo está envenenando con quién sabe que—

Ahora todo tenía más sentido.

Inclusive ellos, siendo guardias los cuáles normalmente eran regañados, habían notado el cambio en el rey, por qué aunque este tuviera ese título jamás les había regañado. Todo empezó desde la llegada de la nueva reina.

— Y...¿que pasará después?—

Koyuki hizo una última pregunta.

— La reina será quién gobierne el reino a su gusto—

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Toru miraba hacia el cielo nocturno nuevamente.

Fumaba un poco. Se sentía bastante inquieto.

Sabía lo que se aproximaba pero aún así estaba preocupado.

<< Necesitan apurarse...>>

Estaban muy cortos de tiempo y hasta ahora no había señales de "su equipo".

Sabía que estaban alejados de dónde estaba pero ya había pasado mucho como para que no llegaran.

Pero, ¿que podía hacer?

Nada realmente.

Eso estaba fuera de sus manos.

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Mahiru ya se había despedido de Shifumi y Jun para ir a dormir con Ash, pero tuvo que detenerse antes de siquiera llegar a la puerta.

El niño que recordaba como el del muñeco parlanchín estaba llorando en el rincón de uno de los pasillos.

Al acercarse este de inmediato le miró y como si le tuviera toda la confianza del mundo le abrazó.

Al castaño no le gustaba ver a nadie triste y por todo lo que pudo notar desde que llegó al castillo es que ese era un sentimiento muy recurrente ahí.

— M-mamá lo volverá a hacer. Pensé que quería a papá pero no fue así—

Mahiru no comprendía nada de las palabras del más pequeño, pero fuera lo que fuera sabía que por algún motivo no podía decirle a sus hermanos o de lo contrario no estuviera ahí.

Y ahora no sabía que hacer. Normalmente podía ayudar pero en ese caso se sentía con las manos atadas.

— ¿Quieres que te lleve a dormir? Eso podría hacerte sentir mejor—

Quizá no era lo que Tsubaki pensaba escuchar pero sin duda si era lo que más quería.

Extrañaba el ser arropado y podía ser que eso lo alegrara un poco.

— E-esta bien...—

Mahiru entonces cargó al más pequeño y lo llevó a su habitación, a la cuál le debieron indicar el camino por qué aún seguía perdiéndose en el enorme castillo.

Una vez entraron a la habitación, retiró un poco la cobija y dejó al niño sobre la cama para después arroparlo junto a su muñeco.

— Todo estará bien. Confía en mí—

Tsubaki podía sentir la misma tranquilidad que sus hermanos al ver al castaño sonreír. ¿Cómo hacía para ser un rayo de luz entre toda la oscuridad?

— Gracias...—

Mahiru no se fue hasta que Tsubaki estuvo completamente dormido puesto que sabía lo horrible que era tener que pasarla solo durante noches que se sentían tan tenebrosas.

Después de todo, vivir en la copa de un árbol, encadenado y sin compañía no era agradable.

Había...pasado por muchas cosas que no quería recordar.

Suspiró y antes de irse dió un beso en la cabeza al pelinegro, quién entre sueños sonrió.

Para cuándo Mahiru llegó a la habitación de Ash, este ya le estaba esperando sentado en su cama.

— ¿Dónde estabas? Pensé que te habías perdido en el palacio—

Mahiru negó acercándose al peliceleste y al estar más pegados lo abrazó, sorprendiendo al más alto.

— ¿Pasó algo?—

Ash podía sentir que algo pasaba con Mahiru y dedujo que había visto a la reina.

¿O quizá se equivocaba?

Nop. Solo te extrañé mucho—

Si Tsubaki no quería contar a sus hermanos lo que pasaba, Mahiru tampoco lo haría sin su permiso.

No quería volverse un chismoso.

De un momento a otro, Mahiru terminó abrazado a Ash, pero más parecía como si se aferrara a el.

En realidad solo necesitaban la calidez del otro.

Y aprovechando ese momento, Ash se atrevió a preguntar algo.

— ¿Recuerdas que me besaste cuando te saqué del bosque?—

Mahiru asintió. Recordaba perfectamente ese día.

— ¿Por qué lo hiciste? ¿Representa algo?—

El castaño lo pensó un momento. No es que no supiera que responder, sino que quería buscar la forma simple de explicarlo.

— Bueno, madre me dijo que para salir del bosque debía atar mi vida a la de alguien más y esa es la única forma de hacerlo. Cuando te vi, supe que podía confiar en ti —

Si recordaba bien, Mahiru había mencionado eso de "vida atada" pero aún no comprendía muy bien a qué se refería.

— Entonces, ¿eso qué significa?—

Mahiru no entendía del todo de que se trataba. 

Su mente lo simplificó como: Si mi madre lo dice, debo hacerlo. 

Técnicamente había dicho que esperaba que Mahiru estuviera enamorado de él y por eso lo besó.

— Sabes ...no tengo ni idea...—

Kuro le miró incrédulo. Realmente Mahiru traía muchas sorpresas consigo, la mayoría sin sentido.

— ¿Así que tú vida y la mía están atadas como si fuera un matrimonio?—

El castaño solo ladeó su cabeza confundido.

¿Qué es un matrimonio?— 

Si, eso era de esperarse.

— Olvídalo. Quizá sea otra cosa...—

Sinceramente, el príncipe peliceleste pensaba que, técnicamente, estaba comprometido con ese castaño. 

No le molestaba esa idea pero...¿qué pasaría en el futuro?

Claro, puede que ahora lo quiera bastante, pero hasta ahí. En el futuro, ¿llegaría a amarlo?

Recordó esa sensación extraña en su pecho que varias veces había tenido.

¿Era realmente amor lo que sentía? ¿O estaba muriendo?

Tampoco es como que ahora le fuera a prestar mucha atención, por qué realmente tenía demasiadas cosas en la cabeza y ahora no era momento para hacer ese tipo de preguntas.

Continuará ...

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Chapter 12: Capítulo XI: ¿A dónde fue la Luna?

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

— Kuro...tengo sueño—

Cuando el castaño le dijo eso fue la señal para dejarle dormir. No solo por qué lo veía cansado, podía notar que algo más le sucedía pero lo dejó pasar por ese momento.

El aún tenía algo que hacer pero se quedaría con Mahiru hasta que lograra conciliar el sueño.

Recuéstate y trata de dormir, ¿si?

El castaño avanzando y después se acomodó en la cama lista para dormir, lo logró en pocos minutos.

<< Debo averiguar qué demonios están pasando >>

Con cuidado y tratando de no hacer ruido, Kuro salió de la habitación dejando a Mahiru completamente solo.

Solo se iría por un momento así que no pasaba nada, ¿verdad?

Caminó por los pasillos de forma silenciosa.

Sabía que la mayoría ya estaba dormido por lo que tomaría eso a su favor.

Durante su camino se encontró con que una puerta de una habitación estaba entreabierta y por esta abertura pudo ver qué alguien estaba ahí dentro haciendo quién sabe que.

Al acercarse pudo ver claramente a su madrastra que hablaba con su mayordomo. Estaba exaltada pero su mayordomo parecía estar totalmente calmado respecto al asunto.

Ash decidió escuchar un poco de su conversación. Solo para tratar de averiguar qué estaba pasando.

— Majestad, debió haber tenido más cuidado—

Primero el mayordomo habló. La reina caminaba de un lado a otro desesperada. Ash podía jurar que era la primera vez que la veía de ese modo.

— Deben encontrarlo. Esos tres tontos deberán cumplir su misión, sino todo lo que he hecho se irá a la basura —

¿A qué se refería?

— Como le dije, todo estará bien. Vaya a dormir tranquila—

Esa fue la señal para que Ash se marchara de inmediato a su cuarto, dónde Mahiru aún permanecía dormido.

Se acostó a su lado e intentó dormir, pero una pregunta no lo dejaba tranquilo.

¿Qué era lo que estaba buscando esa bruja?

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Mientras los días pasaban, cada vez Ash notaba más cambios en Mahiru, no en su actitud ya que seguía siendo el mismo niño dulce y amable, sino en su salud.

— ¿Estás seguro de que te sientes bien?—

Ese día se cumplió una semana de que Mahiru fue sacado del bosque y hasta ese momento la reina aún no lo conocía por qué esta estaba más ocupada en regañar a los pobres guardias que habían fallado en su misión.

No los mandó decapitar ni nada parecido, pero si les llenó de tareas extra que ni dormir les permitía, ah, y además les exigió que siguieran en la búsqueda.

Por otro lado, aproximadamente, al quinto día y en secreto de todos, Mahiru comenzó a sentirse mal.

—Tranquilo Kuro. ¡Estoy muy bien!

Pero era más que obvio que mentía. Hasta Shifumi y Jun habían visto como se recargaba en el borde de las mesas o de las paredes para tratar de tomar aire. Parecía como si se estuviera ahogando pero después de unos minutos seguía su camino.

No había dejado su puesto en la cocina y no lo haría aunque se lo pidieran, así que Ash solo tuvo una opción.

Llamar al raro jardinero. Lamentablemente solo pudo hacerlo hasta cuándo ya casi llegaba la noche.

No le dijo el motivo de su inesperado pedido, simplemente le mencionó que "Necesitaba ayuda". El jardinero no se negó a ayudarle, después de todo era el príncipe.

Pero cuando le informaron que pasaba su actitud floja cambió a una preocupada.

— ¡¿Por qué no me dijiste antes Junichirou ?!—

Gritó el castaño muy alarmado.

— ¡No pensé que se tratara de eso!—

Y Jun se defendió.

Tanto Shifumi como Ash estaban igual de confundidos ante la pelea de los dos hombres. Parecían hablar de algo que solo ellos entendían.

— ¡Dime qué llamastes al conejo!—

Pero Jun negó.

Toru caminó en círculos tratando de pensar en alguna solución, mientras que la única mujer ahí y el príncipe no sabían ni que decir.

De repente alguien entró a la cocina.

— Ya volví...—

Era Mahiru, aunque se veía totalmente agotado.

Toru se acercó para mirarle mejor y pudo notar lo mal que estaba.

Su piel estaba pálida, tenía ojeras y estaba helado. No había duda que no estaba nada bien.

— Jun, debemos ir con el conejo—

El nombrado asintió, pero antes de siquiera poder hacer algo su esposa intervino totalmente asustada, preocupada y confundida.

— ¡¿Quieres explicarme de qué están hablando?! ¡¿Por qué quieren un conejo y qué le pasa a Mahiru-kun?!—

Jun no podía explicarlo. No a ella.

— Lo siento Shifumi—

Dijo mientras acercaba su dedo índice a la frente de su esposa.

Solo bastó que la tocara para que cayera inconsciente, por lo que Jun la atrapó antes de que se golpeara contra el suelo.

El príncipe llegó a creer que la habían matado, pero no, solo estaba dormida.

Aún así no sabía si quedarse o correr a toda prisa.

— No sé que está pasando pero estoy comenzando a creer que todos están locos—

Jun y Toru le miraron y tal parecía que ambos pensaron lo mismo:

Se olvidaron por completo que él estaba ahí.

— Ah, príncipe. Todo tiene una explicación, verá...—

Antes de que Jun pudiera hablar, todo oscureció.

Mahiru perdió la conciencia y fue atrapado por el jardinero quién de inmediato intentó despertarlo pero parecía imposible.

En la mente de Ash solo había un recuerdo; la muerte de su madre.

Fue cuando ocurrió lo mismo que estaba sucediendo en ese momento. Era como si la Luna hubiera desaparecido y hasta las estrellas se habían esfumado.

— ¡Estamos en problemas!—

Dijo Jun al salir de la cocina y ver qué en efecto, era de noche pero no había absolutamente nada.

Solo oscuridad.

En sus habitaciones, todos los hermanos de Ash miraban ese extraño paisaje e igualmente pensaban en su madre.

¿Acaso esa época se estaba volviendo a repetir?

— Tenemos que hacer algo, ¡ahora!—

Gritó exaltado el jardinero.

Ash se acercó a ambos castaños una vez se recuperó del shock en el que entró ante la oscuridad, pero al no tener la mínima idea de que ocurría con Mahiru sabía que poco podía hacer.

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— Genial, ahora volveremos a la época oscura—

La reina simplemente miraba el espectáculo por el enorme ventanal de la oficina de su esposo.

Veía como los sirvientes salían del castillo para mirar al cielo.

— Eso quiere decir que mi plan está funcionando—

Y sonrió. Por qué detestaba al Sol como a la Luna, así que si ninguno hacía acto de presencia significaba que llevaba una enorme ventaja en esa guerra.

Aunque claro, aún tenía demasiadas cosas que hacer como para declararse ganadora.

— Tengo una idea Shamrock. Trae a Tsubaki de inmediato—

El nombrado obedeció y de inmediato salió en busca del príncipe más pequeño.

Shamrock sabía que la reina era malvada, sin embargo nada podía hacer para enfrentarla.

Si lo hacía solo había alguien que sufriría demasiado.

— ¿Joven Tsubaki?—

El nombrado salió de abajo de su cama con su muñeco abrazado.

Parecía haber estado llorando, ya que sus ojos estaban rojos al igual que sus mejillas. Rápidamente el pelinegro corrió hacia el mayordomo y le abrazó.

— ¡T-tengo miedo! ¡Mamá lo está volviendo a hacer!—

Shamrock cargó al tembloroso niño y le abrazó para intentar calmarlo.

Desde que el pobre nació siempre había sufrido del abandono de su madre y debía soportar todas las locuras que está hacía o a veces debía ser participe quisiera o no.

Shamrock lo sabía pero nada podía hacer.

— Lo llevaré con su madre, waka*—

El niño asintió un poco más calmado.

Shamrock caminó hacia dónde la reina se encontraba con una sola pregunta en su mente:

¿Qué era lo que tramaba la reina?

Bueno, fuera lo que fuera, si involucraba a Tsubaki en ello seguramente nada bueno pasaría.

Una vez llegaron con la reina, Shamrock bajó al niño y este corrió hacia su madre con la intención de abrazarla, pero está se negó a aceptar tal cosa.

— Escucha Tsubaki, quiero que me ayudes a impedir que tus hermanos se vayan del palacio y también hagas que ayuden en la búsqueda de algo sumamente importante para mí —

Tsubaki no podía creer lo que escuchaba.

Sus hermanos no lo escuchaban, ¿cómo se supone que los convencería de ayudar a su madre?

— P-pero madre...—

— ¡Silencio! ¡No quiero ningún pero de tu parte!—

Le interrumpió la reina. Sus gritos de furia resonaron por todo el cuarto dónde se encontraban lo que hizo temblar al pelinegro y aferrarse con fuerza a su muñeco.

— E-esta bien—

La reina solo le dió unas pequeñas palmaditas en la cabeza antes de echarlo de la habitación y cerrarle la puerta en la cara.

Shamrock no podía creer como esa mujer tan cruel podía ser madre.

— Ahora, necesito hablar con uno de esos tontos principitos

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Habían intentado miles de formas para despertar al castaño pero nada funcionaba.

No hasta el momento.

— ¡Vamos Mahiru! ¡Debes despertar!—

Inclusive aún seguían gritando su nombre y agitándolo un poco, siendo Ash quién más repetía estás acciones, pero nada pasaba.

— Creo...que es tarde. Le fallé a mi hermana—

Aunque fueran corriendo con el tan nombrado conejo de nada serviría. Mahiru para ese entonces ya estaría muerto.

— No...¡No puede estar muerto! ¡Hace poco estaba muy bien!—

Gritó el peliceleste muy exaltado. Toru simplemente no sabía que más decirle y Jun, bueno él se encontraba en las mismas.

Esa fue una de las pocas veces en que Jun pudo ver al príncipe llorar.

— Por favor no te vayas Mahiru. No hemos podido ir al pueblo...—

Muy pequeñas lágrimas mojaron sus pálidas mejillas y sin querer cayeron en el rostro del castaño, a quién se aferraba como si con eso lograra que se quedará.

— Lo siento —

Se disculpó Toru.

El jardinero estuvo a punto de irse cuando escuchó algo. Era una especie de quejido, como si a alguien le doliera algo.

Ash lo escuchó al igual que Jun.

Grande fue su sorpresa al ver a Mahiru abrir sus ojos de golpe.

— ¿Qué pasó? Pensé que iba a morir—

El peliceleste no sabía que decir. Realmente nadie entendía nada.

Solo que Mahiru les había dado el susto de sus vidas.

La risa de Toru no tardó en escucharse. Sabía que cualquier cosa que involucrará a su hermana podía volverse un caos, pero esto realmente se estaba descontrolando.

— Parece que necesitabas estar dormido para que todo pasara—

Si Mahiru hubiera estado despierto, ¿todo seguiría normal?

A Kuro no le importaba. Realmente estaba aterrado.

— Jamás vuelvas a irte así, por favor—

Suplicó a lo que Mahiru asintió con una sonrisa.

— No llores Kuro. Las lágrimas no son eternas y debes usarlas en algo que lo valga—

El nombrado asintió limpiando su rostro, volviendo a su típica cara seria aunque aliviada. Por lo menos no había perdido a Mahiru.

Y justo cuando el ambiente por fin se había calmado un poco la puerta de la cocina se abrió de golpe.

Todos miraron en dirección a esta y vieron al mayordomo de la reina, aunque Mahiru no sabía quién era.

Ash sintió como si le hubiera caído un balde de agua helada. Ese sujeto no dejaba de ver a Mahiru y sabía que seguramente le contaría a la bruja sobre su existencia.

— Príncipe, la reina le llama—

Pero tal parecía ese no era el caso.

Se quedó bastante extrañado de que Shamrock no dijera palabra alguna al respecto pero tampoco iba a indagar demasiado. Si preguntaba de más seguramente empeoraría las cosas.

— Voy enseguida. Solo necesito hacer algo antes—

El mayordomo asintió y se retiró de inmediato dejando un ambiente bastante tenso en la cocina dónde Kuro se preguntaba si le contaría algo a la bruja.

— Creo que deberías ir—

Mahiru le sacó de sus pensamientos al decir eso.

Siempre que la reina le llamaba significaba que algo malo pasaría. En ninguna ocasión fue para traer buenas noticias que realmente lo fueran, así que estaba seguro que esta vez sería igual.

— Quédate con Jun y Toru. Después quiero una explicación de que tanto hablaban—

Dijo refiriéndose a cuando Jun y Toru mencionaron a un conejo, que la verdad aún le confundía.

Se puso de pie y de inmediato caminó a la salida de la cocina para ir a dónde la reina le esperaba mientras que en su mente miles de teorías sobre que quería se aparecían.

Cuando llegó fue recibido por Shamrock, quién le permitió entrar y acercarse a dónde la reina.

Cómo siempre se veía demasiado engreída y molesta. Solo rogaba que el mayordomo no le dijera nada sobre Mahiru, sino todo se habría perdido.

— Mira mocoso, no tengo tiempo para tus niñerías así que quiero la verdad. Tu sabes el por qué la Luna desapareció, ¿verdad? Eres el sospechoso número uno—

Ash tragó en seco.

Intentó mantener su semblante tranquilo para que la bruja no descubriera absolutamente nada de lo que ocultaba, principalmente la presencia de Mahiru en el castillo.

— No tengo idea. De la nada todo se apagó. De hecho yo creo, no, estoy seguro que tú eres la culpable—

Esas simples palabras hicieron enfurecer a la reina la cuál dió un golpe al escritorio que estaba enfrente suyo cuando se puso de pie.

— ¡No soy culpable de nada! ¡Ahora lárgate y encuentra una solución—

Ash no esperó ni dos segundos antes de salir y volver a la cocina lo más rápido que sus piernas podían.

<< Mahiru no tiene nada que ver en esto. Es mera coincidencia>>

Se repitió durante todo el camino a la cocina.

No tardó demasiado en llegar, y una vez entró pudo ver qué Mahiru ya estaba mucho mejor.

Incluso hablaba con Toru tranquilamente puesto que Jun se había llevado a Shifumi a su habitación para dejarla descansar. Mahiru le miró y de inmediato le sonrió como siempre.

Esa linda sonrisa que le calentaba el corazón.

— ¿Te sientes mejor?—

Mahiru de inmediato asintió aún con una sonrisa. Ash por su parte suspiró aliviado para después acercarse al castaño y darle un abrazo.

— Aún así debemos ir con el conejo antes de que algo malo suceda—

Toru dijo mientras miraba al cielo oscuro por la ventana de la cocina. Siendo sinceros, todo se veía terrorífico sin la presencia de la luna o las estrellas.

— ¿Quién es el conejo?—

Preguntó el castaño más bajito. Toru no tenía ni la menor idea de cómo explicarlo.

No todos los días debes explicar a un príncipe y a un niño sobre un conejo que parecía ser el salvador.

Pero eso estaba lejos de la realidad. De hecho, el conejo era solamente un flojo.

— Ahh...lo verán cuando lleguemos

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Parecía una broma, pero no lo era.

Aproximadamente eran las tres de la madrugada cuando llegaron a dónde el famoso conejo se debía encontrar.

Sonaba de lo más ridículo el hecho de que en lugar de estar dormidos estuvieran buscando a un estúpido conejo.

Ash enserio pensaba si Toru y Jun estaban bien de la cabeza. ¿Para que querían un conejo a las 3 de la mañana?

Mahiru en cambio estaba más ocupado en mirar todo a su alrededor.

Dónde se encontraban era también una especie de bosque, solo que a diferencia del bosque dónde encontró a Mahiru, este era más concurrido por los pueblerinos, ya que de ahí sacaban algunos animales que cazaban.

Sin la luz de la luna ni las estrellas era muy poco lo que podían ver, incluso con los faroles* que llevaron era complicado.

— Ven conejito, conejito—

Mahiru ayudó a los dos adultos a buscar al conejo llamándolo de esta forma. Según el esto funcionaría.

Para el, todo se trataba de un simple juego, pues nadie podía tomarse en serio el que buscaran a un conejo para resolver sus problemas.

— ¿Estás seguro que si vino?—

Toru estaba empezando a dudar de todo lo que Jun le había dicho. No había ningún rastro del dichoso conejo y tampoco había movimiento alguno, aparte de los de ellos claro.

— Estoy 100% seguro. Yumi me dijo que estaría aquí—

No había otra opción. Debían seguir buscando.

Pasaron aproximadamente media hora buscando al animal cuando Toru dió por muerta la misión.

—Ese chico te mintió. Vamos de regreso al palacio antes de que la reina nos mate a todos—

Pero antes de siquiera dar la media vuelta para irse, las pisadas de alguien acercándose los detuvo.

— ¿Hola?—

Ash alumbró con su farol en la dirección en la que las pisadas se escuchaban cada vez más cerca.

Y ahí logró visualizar a la persona más extraña que en su vida había visto.

Tenía unas orejas de conejo en su cabeza y también la típica colita de pompón en su parte trasera.

— ¡¿Dónde estaban demonios?!—

Jun se acercó al sujeto y comenzó a agitarlo de lo molesto que estaba.

Lo había dejado en ridículo por un momento.

—Vamos, vamos Jun-chan. Sabe que tengo otras cosas que hacer—

El extraño tipo sonreía de una forma bastante rara, por qué a pesar de que lo hiciera parecía estar vacío.

No se parecía en nada a la sonrisa de Mahiru.

— Ah...¿quién es él?—

Preguntó Ash cortando la conversación de Jun con el "conejo".

El recién llegado volvió a sonreír mientras colocaba una de sus manos sobre su pecho y la otra en su espalda, hizo una mini reverencia frente a Mahiru y Kuro, quienes le miraban muy extrañados.

— Me alegro por fin conocerlos. Soy el conejo de la Luna y seguramente será su peor pesadilla—

Continuará ...

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Notes:

Aclaraciones:

Waka: Mi memoria siempre falla pero según yo así es como Shamrock le decía a Tsubaki (aunque no recuerdo si así se escribía jajaja)

Farol: Son las linternas que se usaban antes. No sé cómo las llamen en sus países pero así les decimos en el mío 😂

Chapter 13: Capítulo XII: Esto es una Locura

Chapter Text

Ash no sabía que responder.

¿Que clase de presentación era esa? Inclusive el ambiente se sintió más pesado y frío, quizá la ausencia de la luna podía ser la que provocaba semejante sensación pero igualmente ese tipo tan raro puso de su parte.

Sintió un dejá vu. Definitivamente esto ya lo había vivido antes.

— Es broma, es broma. Soy totalmente inofensivo—

Dijo el "conejo" con una sonrisa. Amaba hacer ese tipo de presentación solo por ver las diferentes expresiones que los humanos hacían.

— Oye Tsurugi, ¿por qué la Luna no está?—

Jun interrumpió.

El conejo rascó su mejilla mientras sonreía. Obviamente sabía que sucedía pero dudaba de contarlo. Seguramente Jun se enojaría demasiado.

— Tsurugi...¿qué está pasando?—

— Bueno, puede ser que Lunita está de muuuuy mal humor—

¿Lunita? ¿Por qué rayos la luna tendría sentimientos? Si ni siquiera era un ser vivo o algo parecido.

— ¿Yumi intentó ayudarte?—

Nuevamente Jun preguntó a lo que el nombrado Tsurugi negó.

Yumi-chan no puede ayudarse ni a si mismo y quieres que ayude a Lunita—

Todo era un caos o al menos eso daba a entender la expresión en el rostro de Jun. Inclusive Toru se veía angustiado.

— ¡Oh vamos! Lunita siempre está de mal humor desde...eso—

Justo cuando Tsurugi mencionó la palabra "eso", el suelo bajo sus pies comenzó a temblar de una forma horrible.

— ¡¡No estoy entendiendo nada y ahora hay un terremoto!!—

Gritó el príncipe mientras agarraba lo más importante que tenía para protegerlo: Mahiru.

Para el joven castaño en realidad eso no era nada fuera de lo normal. De hecho podía haber algo que explicaba el por qué temblaba.

— ¡Mi madre está enojada! ¡Siempre que se molesta conmigo la tierra tiembla!—

Y aunque gritara no parecía asustado, de hecho ni siquiera se veía angustiado o algo parecido, cosa que extraño no solo a Ash, también a los demás, a excepción del conejo quién no tenía ni la menor idea de quién era ese niño.

— ¡Tranquilos! ¡Solo es el enojón de Yumi abriendo la compuerta!—

Pero Jun no creía que ese era Yumi. Sabía perfectamente que aunque se abriera la compuerta el suelo no temblaba de esa forma.

— O-oigan...¿por ahí no está el palacio?—

Toru señaló en una dirección, dónde una tormenta eléctrica azotaba con fuerza puesto que se podían ver los relámpagos caer.

Inclusive a esa distancia y en la oscuridad eran capaces de verlo.

— ¡Mis hermanos están ahí! ¡¿Qué demonios está pasando?!—

Gritó Ash. No solo le aterraba lo que estaba viendo, sino el imaginar qué les podía pasar a sus hermanos o a qué se debía ese tipo de escenario, ya que era obvio que no era algo que se tratase de la naturaleza.

¿Y si era verdad que su madrastra era una bruja y ella era quién provocaba eso? ¿Qué tal si quería matar a sus hermanos?

Sin pensarlo dos veces se echó a correr en dirección al palacio. Odiaba hacer esfuerzo físico pero su mente le decía que si no lo hacía era probable que algo malo pasara.

No sabe cómo lo hizo pero llegó con las fuerzas suficientes como para revisar habitación por habitación solo para asegurarse que todos estuviera  bien.

Pero en ninguna habitación estaban.

Revisó el cuarto de Lily, Illdio, Hyde, Freya, Jeje, Hugh y todos, absolutamente todos estaban vacíos.

<< Ay no...no..no..¡no!>>

Estaba empezando a arrepentirse de haberse ido sin decir nada a sus hermanos, de haberlos dejado solos, de no protegerlos, de seguirse escapando para resolver problemas de otros...

Pero...¿se arrepentía de haber intentado ayudar a Mahiru?

Si. Justo ahora lo hacía.

La última habitación, es decir la suya, estaba demasiado alejada de las demás así que esa era su última opción. Si sus hermanos no estaban ahí entonces no sabría que más hacer.

Cuando llegó y abrió la puerta de golpe los pudo ver.

Ahí estaban sus seis hermanos menores. Freya intentaba calmar a Hyde e Illdio quiénes parecían llevar un buen rato llorando. Jeje en cambio abrazaba con ternura a Lily quién estaba profundamente dormido, aunque por sus mejillas rojas supuso que igual estuvo llorando.

— ¿Dónde estabas Ash?—

Preguntó la única mujer ahí.

— Tuve que salir un momento...—

Ash tuvo que evitar contar detalles. Seguramente sus hermanos no le creerían o le reprocharían el que haya salido.

— Ella intentó llevarse a Lily, pero no entendemos el por qué. Simplemente lo sacó de su habitación y lo arrastró por todo el palacio...de su cabello—

Por ello Lily se veía tan mal, pero, ¿y Hyde e Illdio? ¿Acaso les había echo lo mismo?

Como si Freya pudiera leerle la mente le respondió de inmediato.

— Estos dos intentaron salvarlo pero...fueron golpeados por esa mujer...—

¿Por qué de la nada la bruja haría eso? ¡Se suponía que ya todo estaba más calmado!

¿Qué fue lo que la sacó de quicio como para volver a atacarlos así?

— K-kuro...—

Esa dulce voz se escuchaba bastante cansada y cuando Kuro miró hacia detrás suyo pudo ver a Mahiru.

— Por fin...te alcancé—

Todo él era un completo desastre. Su ropa estaba llena de lodo y su rostro, piernas y brazos estaban llenos de raspones y una que otra herida que sangraba, muy poco pero lo hacían.

— ¿Mahiru? ¿Qué te pasó?—

Por primera vez Ash no se acercó a ayudarlo. Simplemente le preguntó guardando cierta distancia, cosa que extrañó al castaño, pero no dijo nada al respecto. Igual sus hermanos estaban un poco confundidos por su actitud. ¿Qué le sucedía?

— Gracias a la lluvia me tropecé muchas veces. Estuve intentando alcanzarte pero...me perdí —

Era lógico, ¿no? Mahiru no conocía nada del reino y al ver que la única persona en quien confiaba totalmente salía corriendo era obvio que el lo seguiría.

Pero Ash no pensó en ello.

— L-lo siento. ¿Puedes ir a ver si Shifumi ya despertó? Ella te limpiará... Yo...tengo que quedarme con mis hermanos—

Mahiru intentó acercarse, pero Ash de inmediato lo detuvo de una forma que hasta sus hermanos se molestaron.

— ¡Dije que te fueras!—

El castaño asintió un tanto asustado. No pensaba que Ash le gritaría de esa forma. En el fondo nuevamente sentía que estaba estorbando. ¿Acaso había hecho algo malo?

Solo se fue directo a la habitación de Shifumi (que por suerte sabía dónde estaba) y dejó solos a los hermanos.

— ¿Eres tonto o que? ¡¿Por qué dejaste que se fuera así?! ¡Está lastimado idiota!—

De nuevo la chica pelimorada habló, aunque ahora estaba más que molesta. No pensó que su hermano sería capaz de hacer eso.

— No voy a dejarlos solos de nuevo, además...Mahiru puede cuidarse solo...—

Grave error.

— ¡El nos ha ayudado mucho Ash! ¡No puedes simplemente dejarlo de lado por qué si!—

Pero a pesar de las quejas, Ash no se fue. Se quedó con ellos, aún si Freya lo seguía regañando, por qué realmente no la estaba escuchando. Su mente estaba más ocupada en pensar si realmente era correcto seguir con eso de la Luna.

¿Y si todo era sólo su imaginación y Mahiru estaba también inventando todo?

Debía pensarlo mejor ya que cada vez que se involucraba más con el castaño las cosas se ponían peor en el castillo.

Pero, ¿de quién era la culpa?

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— Kuro me dijo que viniera aquí pero...creo que lo hizo solo para que me alejara—

Por suerte Shifumi si estaba despierta, pero no recordaba absolutamente nada de lo que había pasado antes de "dormirse". Simplemente había despertado en compañía del cachorro, quién aún permanecía con ellos y veía como la mujer curaba a su dueño.

— Bueno, quizá el príncipe está preocupado por sus hermanos. Recuerda que su madrastra es muy mala con ellos—

Shifumi intentaba hacer comprender a Mahiru el por qué el peliceleste le dijo eso y que realmente no significaba que había hecho algo malo o que Kuro ya no lo quería, pero igual era complicado.

— Se veía enojado. ¿Estará molesto conmigo?—

La mujer por fin terminó de limpiar todas las heridas del niño y pudo sentarse a su lado para abrazarle.

— Claro que no. El príncipe te quiere muchísimo, solo que también debe estar con sus hermanos. ¿Comprendes eso, Mahiru-kun?—

El nombrado asintió. Era complicado el describir como se sentía en ese momento.

Era la primera vez que sentía una opresión en su pecho. Era como si le doliera, pero no entendía que.

¿Era normal sentirse así?

Nunca había tenido ese tipo de sentimientos gracias a qué en el bosque dónde se encontraba, su madre había hecho que todo tipo de emociones que fueran negativas se alejaran, claro, a excepción de las suyas.

Por ello Mahiru solo podía sonreír y obedecer lo que ella le dijera.

— ¿Te sientes mejor?—

Mahiru asintió. Sin duda Shifumi le había calmado y ahora se sentía muchísimo mejor. Pero, aún tenía una duda.

— ¿Por qué lo haces?—

Shifumi no comprendió bien a lo que el niño se refería.

— ¿A qué te refieres?—

— ¿Por qué eres tan amable y protectora conmigo? —

La mujer no pudo evitar reír, bajo, pero lo hizo. Mahiru le causaba demasiada ternura. ¿Cómo era posible que fuera así de tierno?

— Bueno, es por qué te quiero muchísimo, como si fueras mi propio hijo—

Un hijo. ¿Las madres tratan así a sus hijos?

— Pero mi madre no me trataba así—

Shifumi le miró y notó esos ojos tristes. Mahiru había tenido la idea errónea de lo que una madre debía hacer por tanto tiempo que era totalmente normal que ahora estuviera más que confundido.

— A veces las madres no siempre son amables, pero por suerte, ¡siempre podemos encontrar a alguien que sea el doble de amable en su lugar!—

Al finalizar sus palabras Shifumi abrazó nuevamente al castaño y le hizo cosquillas en su pancita, provocando que este riera a carcajadas.

Ella siguió haciéndole cosquillas por unos segundos más. Solo quería distraer al castaño de esos pensamientos negativos que no lo llevarían a nada bueno.

— ¿Qué te parece si hoy duermes conmigo? Apuesto a que Jun volvió a salir con sus amigos y no volverá hasta mañana en la tarde—

Mahiru aceptó la propuesta de dormir con ella sin dudar, por lo menos lo que quedaba de esa noche.

Ambos se acostaron en la cama que Shifumi compartía con Jun dejando al cachorro sobre algunas almohadas para que no se sintiera solo  y mientras ella abrazaba a Mahiru, este pudo acurrucarse y dormir tranquilo.

Sin duda el amor de una madre como Shifumi era sumamente hermoso.

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Por fin llegó la mañana y para sorpresa de todos, el Sol si se hizo presente, no como la Luna de la cuál no hubo rastro alguno.

Podrían jurar que todo parecía normal.

Bueno, casi todo.

Los seis hermanos habían dormido en la habitación de Ash mientras este les cuidaba desde un rincón del cuarto.

No había dormido en toda la noche con tal de asegurarse que nada les pasara, pues desde que la Luna desapareció tuvo la sensación de que podría repetirse la tragedia que le sucedió a su madre y alguno de sus hermanos terminaría como ella.

Por suerte no fue así.

— Ash, duerme un rato. Te quedaste despierto toda la noche—

Hugh le dijo, casi rogándole que por lo menos descansara un rato.

Pero Ash se negaba. Aún podía sentir miedo de perder a alguno de sus hermanos y todo por culpa de su madrastra, quién hasta ese momento no había hecho acto de presencia.

— Si no duermes te voy a golpear—

Le amenazó Freya mientras levantaba su puño. No estaba de buen humor y no toleraría que su tonto hermano se estuviera dañando así por algo tan bobo.

— No necesito dormir. ¿Qué tal si les pasa algo?—

Ah, pero ahora Freya sabía perfectamente que decir.

— ¿Y como planeas disculparte con Mahiru por ser un idiota si te estás quedando dormido parado?—

¡Era cierto! Había olvidado por completo que Mahiru no fue a su habitación en toda la noche y todo por qué lo envió con Shifumi.

— El sabe que lo hice por su bien—

Pero nadie le creía. Podían ver a simple vista que su hermano mayor estaba siendo carcomido por la culpa de haber alejado a Mahiru de esa forma.

— Solo duerme un rato. Nosotros iremos por Mahiru—

Jeje finalizó, en voz baja pero lo hizo.

Nii-san es un bobo—

Dijo un Hyde adormilado. Recién se había despertado pero había escuchado toda la conversación de sus hermanos mayores.

A regañadientes, Ash se sentó en el suelo al lado de sus hermanos e intentó dormir, por lo menos unos minutos para que dejaran de regañarle.

— Y yo tengo hambre...—

Esas fueron las primeras palabras de Illdio cuando despertó.

El último en despertar fue Lily. Se sentía mejor gracias a qué Jeje lo estuvo protegiendo durante toda la noche. Por ahora, era lo único que necesitaba.

— Tienes un pequeño moretón en tu mejilla—

Mencionó Jeje al haber quitado algunos mechones de cabello rubio de Lily de su rostro para poder verle. Pero al niño esto no parecía importarle.

Simplemente le sonreía.

— Espero que no haga que me vea feo...—

El pelinegro negó de inmediato.

— Eso no te hace feo. Eres igual de lindo que siempre...—

Lily sonrió ante este comentario de su hermano mayor. Este aún permanecía acariciándole el rostro con sumo cuidado y ternura.

— Las manos de Jeje- nii están muy frías...—

El nombrado no supo que decir. El pequeño rubio intento tomar las manos de su hermano pero este por reflejo las ocultó dentro de las mangas de su ropa.

— Y-yo...lo siento—

Parecía sentir temor de algo y Freya notó esto al igual que Hugh.

Era obvio que Jeje ocultaba algo pero prefirieron no indagar.

No por ahora.

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Shifumi y Mahiru ya estaban preparando el desayuno como de costumbre. Tal y como la mujer dijo, Jun no había aparecido aún y era poco probable que lo hiciera.

— La reina salió muy temprano en la mañana así que podemos dar a los príncipes su desayuno preferido. Hay que esforzarnos más ya que Jun no está, ¿bien Mahiru?—

El niño asintió sonriendo. Ni aunque estuviera lleno de vendas y banditas por sus heridas sería detenido.

Shifumi no podía estar más aliviada y agradecida de ver al castaño tan energético y alegre como siempre. No podía permitir que esa bonita sonrisa desapareciera de la noche a la mañana.

— ¡Bien!—

Fue algo complicado el hacer y servir tantos platos solos. Siendo sinceros necesitaban la ayuda de Jun, pero por suerte lograron su objetivo y terminaron justo a tiempo para el desayuno.

Shifumi decidió tomar otro carrito para llevar el desayuno. Jun era el que llevaba una bandeja con los demás platillos que no cabían en el primer carrito, así que el llevar tantos platos sin el resultaría muy complicado.

Así que Mahiru llevó un carrito y Shifumi el otro.

Sin duda el castaño estaba muy feliz con poder llevar un carrito al igual que Shifumi. Sentía que por fin estaba creciendo, aunque realmente no lo hiciera.

No tardaron demasiado en llegar al comedor y como siempre dejaron el desayuno a los príncipes.

Bueno, a casi todos pues había uno faltante.

— ¿Kuro no está?—

Preguntó Mahiru a lo que los hermanos negaron.

— Está demasiado cansado y sigue dormido. Preferimos dejarlo descansar un poco más—

Respondió Freya.

— Oh...entiendo—

Y por el tono decaído en que dijo esto todos supusieron que estaba triste. Seguramente quería hablar con el peliceleste.

Pero para sorpresa de todos el castaño tomó el plato del príncipe peliceleste y lo volvió a colocar en su carrito con una sonrisa.

— ¡Bueno! ¡Entonces guardaré su desayuno para más tarde! ¡Nos vemos!—

Y sin decir nada más salió del comedor dejando a todos pasmados.

¿No estaba triste por todo lo ocurrido?

— A-ah...bueno altezas, igualmente me retiro—

Justo como Shifumi dijo, ella también salió del comedor por lo que los príncipes por fin pudieron hablar.

— ¿No se está comportando un poco raro? Es decir, se veía triste pero luego fue como si no pasara nada...—

Hugh fue el primero en tocar el tema, a lo que todos siguieron comentando varias cosas, menos Illdio que estaba más ocupado en devorar su desayuno.

Mientras tanto, Tsubaki comía y escuchaba todo lo que sus hermanos decían, por qué tal parecía que no se habían dado cuenta de su presencia.

Así de invisible era para ellos.

Pero por lo menos no estaba solo. Su querido amigo Belkia era todo lo que necesitaba para no sentirse tan solo.

Por otro lado, Mahiru continuó caminando directo a la cocina y una vez ahí dejó el desayuno del príncipe mayor y lo colocó sobre la mesa para simplemente verlo.

Apesar de lo que Shifumi le había dicho, aún tenía ese pesar en su pecho y no entendía por qué.

— ¿Mahiru?—

Era lógico que Shifumi lo notara ya que el cambio repentino de actitud del castaño resultaba extraño. Era como si tratara de ocultar sus verdaderos sentimientos.

— ¿Qué te parece si juegas por un rato? El cachorro seguramente ya está en el jardín esperándote—

Por fin la mirada ámbar de Mahiru se posó en la mujer y asintió.

Por un momento se había distraído demasiado entre sus pensamientos que no supo que sucedía a su alrededor, claro, hasta que Shifumi le habló.

— ¡B-bien! Iré a jugar—

Y al salir de la cocina directo al jardín Shifumi pudo mostrar su sentir. Estaba demasiado preocupada por lo que fuera que le pasara Mahiru ya que consideraba que no era normal que estuviera tan decaído.

¿Pero que más podía hacer o decir?

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— ¡Nunca encontraremos nada si la vieja no nos dice que buscar en específico!—

Ryusei gritó totalmente exhausto mientras sus demás compañeros asentían en el mismo estado.

Llevaban buscando quién sabe que por tanto tiempo que lo único que deseaban en ese momento era dormir. Ya ni siquiera importaba dónde, solo deseaban con todas sus fuerzas descansar.

Actualmente se encontraban sentados cerca de un enorme árbol que les proporcionaba sombra para poder mínimo respirar y dejar de lado esa tonta búsqueda sin sentido.

Ya hasta estaban pensando en decir a la reina que los matara de una vez con tal de no seguir con todo ese plan mal hecho.

— Esto es ridículo. Ni siquiera ella sabe que quiere...—

Sakuya dijo antes de cerrar sus ojos para tratar de dormir por lo menos unos 5 minutos, antes de que tuvieran que volver al bosque.

Ah, pero los tres fueron sorprendidos por un cachorro quién les pasó corriendo por encima de las piernas, (ya que estaban sentados en el suelo).

Por ende unos se sorprendieron, como Koyuki, y otros gritaron del susto cómo Sakuya y Ryusei, que hasta se abrazaron.

— ¡Espera Rugi! —

Y por fin el dueño del animal hizo acto de presencia.

Sakuya al verlo empujó de inmediato a Ryusei, provocando que cayera al suelo acostado.

El peliverde se puso de pie y corrió hacia dónde el castaño.

— ¡Mahiru! —

El nombrado miró al peliverde sorprendido. Hacía mucho que no lo veía y le asombró que estuviera en el jardín.

— ¿Sakuya?—

Cuando Sakuya llegó a su lado solo se quedó mirándolo y sonriéndole como bobo. Mahiru no entendía que le pasaba así que optó por preguntar.

— ¿Te sientes mal?—

Sakuya negó e inmediatamente tomó de la mano al castaño y lo llevó hasta dónde estaban sus otros dos amigos.

Ryusei ya se había vuelto a sentar en el suelo, aunque aún seguía sobándose la cabeza por tremendo golpe que se dió gracias a Sakuya. Koyuki se quedó ayudándole a limpiarse la tierra y hojas que se habían quedado pegadas en su uniforme.

— Tranquilo Ryu-chan. Sabes que Sakuya solo es un poco torpe—

Koyuki le consoló a lo que Ryusei solo le contestó con la verdad.

— Sakuya siempre es un tonto—

Fue entonces cuando Mahiru y Sakuya llegaron.

— ¡Miren a quién encontré!—

Koyuki y Ryusei miraron al "encontrado" y se alegraron de que fuera Mahiru. En verdad no lo habían visto hace tiempo y por algún motivo su presencia siempre alegraba el ambiente.

Quizá el podría ayudarles a pasar un mejor rato antes de que tuvieran que regresar a su ardua búsqueda.

Los cuatro se quedaron sentados debajo de la sombra del enorme árbol mientras hablaban de cosas triviales, aunque Sakuya se la pasó viendo al castaño en lugar de platicar.

Cuando Mahiru estaba era muy raro que hablara o solo contestaba de forma corta.

Ah, y el perrito también se les unió.

A pesar de que su descanso debía ser solo de minutos, se quedaron por 2 horas.

Cuando los estómagos de los tes guardias rugieron del hambre fue cuando Mahiru les propuso prepararles algo de comer.

Ellos aceptaron sin dudar y optaron por acompañarle a la cocina.

Rugi, el cachorro, se adelantó demasiado rápido cuando entraron al palacio por lo que tuvieron que correr detrás de él antes de que se metiera en problemas.

— ¡Espera Mahiru!—

Gritó Sakuya al ver que no podían seguirle el paso. Mahiru incluso era más rápido que ellos.

Llegó un momento en que lo perdieron de vista puesto que tomó otro camino y entre tantos pasillos hasta ellos se perdieron.

— Demonios...—

Mahiru en cambio seguía al cachorro y ni siquiera se daba cuenta de por dónde iba.

Solo quería alcanzarlo.

— ¡ Rugi !—

Gritó cuando vió al perro dar vuelta en otro pasillo para seguir con su aventura, pero cuando Mahiru también dió vuelta en ese mismo pasillo chocó con alguien y cayó sentado al suelo.

— Auch...L-lo siento—

Se disculpó inmediatamente.

— ¡E-eres tú! ¡¿Por qué demonios estás aquí?! —

Esa voz resultó sumamente familiar para el castaño, quien al alzar su mirada y ver de quién se trataba empezó a retroceder asustado, sin importarle si seguía en el suelo. Su mente solo le dijo que se alejara lo más que pudiera.

— ¡¿M-madre?!—

Continaurá ...

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Chapter 14: Capítulo XIII: El Fin

Chapter Text

Mahiru fue tomado de la muñeca de forma brusca y fue arrastrado por la mujer por todos los pasillos.

El intentaba que lo soltara pero fue inútil. Ella era mucho más fuerte gracias a lo furiosa que estaba.

— ¡¿No te dije que te quedaras en el árbol?! ¡¿Quién demonios te dejó irte?!—

Sin querer empezó a llorar. Se sentía con tanto miedo por algún motivo y solo pudo hacer algo.

— ¡¡Kuro!! ¡¡Ayúdame!!—

Intentó de nuevo hacer que la mujer lo soltara e incluso trató de detener su paso pero era muy complicado.

Además, nadie lo escuchaba.

Bueno, alguien si.

El perrito fue a su rescate y comenzó a morder y jalar el vestido morado de aquella mujer, pero lo que se ganó fue una patada de esta, la cuál lo hizo no poder levantarse.

— ¡¡Rugi!!—

Finalmente llegaron a un cuarto en dónde la mujer lo aventó contra un mueble, provocando que el castaño se diera un fuerte golpe en la cabeza.

Al final hizo que cayera al suelo inconsciente.

Siempre debes escuchar a mamá, pequeño mocoso—

Y sin más ella salió del cuarto cerrándolo con llave.

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Ash recién había despertado y siendo sinceros era demasiado tarde, tanto así que ya había anochecido.

Se sentía más calmado gracias a su larga siesta y cuando Shifumi le llevó el desayuno no pudo estar más agradecido. Era justo lo que necesitaba.

— Shifumi, ¿Mahiru está ocupado?—

Le preguntó a lo que la mujer no supo que responder con exactitud.

— Bueno, estaba jugando en el jardín pero...no lo he visto aún—

Pero si Shifumi decía que Mahiru solo estaba jugando entonces no había motivos para preocuparse.

— Bien, gracias—

Después de que Shifumi salió de su habitación con su plato ya vacío fue cuando optó por buscar al castaño.

Era raro ya que no podía verlo desde su ventana y normalmente siempre estaba ahí, además dentro de poco se haría de noche y si las cosas seguían iguales sería muy peligroso dejarlo solo.

En el camino se encontró con Lily y Jeje, quiénes al parecer habían sido llamados por la reina para su regaño y castigo.

Ya no les afectaba tanto puesto que esto se repetía constantemente y la última vez que alguno dijo algo, bueno, no la pasaban muy bien.

— Ah, Ash- niisan . ¿Qué haces aquí?—

Preguntó el más pequeño.

— Estoy buscando a Mahiru, ¿lo han visto de casualidad?—

Ambos negaron. Fue en ese momento en que Ash realmente comenzó a preocuparse.

— ¿Si lo ven pueden decirle que lo estoy buscando? Me extraña que no haya aparecido y todo este tan silencioso—

— ¿Y si te ayudamos a buscarlo? ¡Así podremos encontrarlo más rápido!—

Lily propuso a lo que Ash aceptó. Seguramente Mahiru aparecería en cualquier momento y rogaba que así fuera ya que aún le debía una gran disculpa.

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Ahora no solo eran tres hermanos los que buscaban al castaño, sino los ocho, ya que Tsubaki también se les unió aunque bueno, el buscaba en lugares en los cuáles Mahiru realmente no podría estar, como debajo de una piedrita o dentro de un frasco, pero por lo menos estaba ayudando.

Incluso los tres guardias se unieron en la búsqueda por que fueron los últimos en ver a Mahiru y fue muy extraño que desapareciera de la nada.

Pero entonces ella apareció para detener toda acción.

— ¡¿Qué están haciendo?!—

No podían decirle sobre Mahiru, ¿verdad? Seguro se molestaría aún más solo por qué su hermano trajo a un completo desconocido y ahora lo habían perdido.

— Que te importa bruja fea—

Uno de los hermanos dijo.

— ¡¿Quién dijo eso?!—

Ante el gritó de la reina, el responsable de semejante comentario se escondió detrás de su hermano mayor por un año, quién le miró incrédulo.

<< ¿Es enserio? >>

Hyde pensó.

Agh , no importa. Respondan, ¿qué se supone que hacen?—

Cómo ella nuevamente preguntó, Ash tuvo que contestar o mejor dicho, esa era su intención pero ella lo interrumpió.

— Ah, estás buscando a tu amiguito, ¿verdad? Entonces fuiste tú quién lo sacó del bosque—

Ash se quedó helado ante esas palabras.

— ¿C-cómo...?—

Tartamudeo el peliceleste.

— ¿Cómo lo sé? Es mi hijo y sé cuando me oculta algo—

Esas palabras fueron como un balde de agua fría para todos. ¿Ella era su madre?

— ¡E-es imposible! ¡Él no es como tú!—

Hyde gritó esta vez.

— ¡¿Y eso qué importa?! ¡Es mi hijo y se acabó! ¡Tu fuiste quién lo secuestró! Oh , y espera a que tú padre se entere de lo que hiciste—

Seguro su padre lo mataría.

— Y-yo no lo secuestré...—

Ash ya no sabía que hacer. Se sentía atrapado, por suerte alguien llegó a ayudarle a detener a su horrible madrastra.

— Disculpe señora pero ellos son niños. ¿No le avergüenza el ponerse a pelear con ellos?—

Toru recién había llegado y detrás de él venía Jun.

— ¿El jardinero me va a dar un sermón? Por Dios, vuelve a tu trabajo maldito vago—

Pero ese comentario no ofendió a Toru, en cambio se echó a reír.

— Ay, lo siento, es solo que mi hermana me llamaba vago también, aunque solo cuando se enojaba. Pero que lo digas tu es más gracioso...—

Y antes de que alguien pudiera darse cuenta apareció frente a la reina de la nada. Fue como si se hubiera teletransportado frente a ella.

— Tu no tienes el derecho de decirme vago, bruja—

La reina retrocedió sin poder creer como la habían llamado.

— ¡¡Vas a arrepentirte!! ¡¡Te voy a....!!—

Antes de que la reina terminara de hablar se escuchó claramente un fuerte golpe y al caer la mujer al suelo pudieron ver qué había pasado.

Shifumi estaba detrás de ella con un sartén en la mano.

Si, había golpeado a la reina en la cabeza con un sartén.

— Wow...creo que va a matarnos cuando despierte—

Jun dijo al acercarse a su esposa quién de inmediato soltó el "arma".

— ¡Ah! ¡Lo hice sin pensar!

Tal parecía que la reina no iba a despertar en un buen rato pero solo uno se acercó para ver si estaba bien.

— ¿M-mamá?—

Fue Tsubaki, quién estaba muy preocupado por su madre al ver que está no se movía. Respiraba, pero solo eso.

— Ay, lo siento mucho... Es solo que pensé que les estaba haciendo daño y...—

Shifumi se disculpó con el pequeño príncipe al ver que este estaba comenzando a llorar.

— ¡Por favor no llores! Me rompe el corazón verte así—

Dijo mientras le abrazaba.

Los demás hermanos seguían sin poder creer que alguien se hubiera atrevido a golpear a su madrastra y menos que fuera la siempre amable Shifumi.

— Eh...tenemos que buscar a Mahiru—

Interrumpió Ash. Seguramente estaba en una habitación puesto que la reina siempre estaba rondando por los cuartos vacíos.

Debían aprovechar que está estaba fuera de combate para encontrar al castaño y llevarlo lejos.

— Si mi mente no me falla debe estar en uno de los cuartos cerca de la oficina de tu padre—

Comentó Toru logrando ganarse las miradas confundidas de todos, menos de Jun. Para el era típico ver eso.

— ¿Qué? Solo decía—

Ash literalmente salió corriendo para salvar al castaño. No sabían cuándo la bruja despertaría así que entre más rápido lo sacaran sería mejor.

— ¡¿Alguien puede explicar que está pasando?!—

Shifumi gritó.

La verdad muy pocos realmente entendían que sucedía, en este caso Jun, Toru, Ash (que acababa de irse) y quizá Jeje. De ahí en más todos estaban igual de confundidos que ella.

— ¡¿Nadie?! ¡¿Es enserio?!—

Ni siquiera su propio esposo podía explicarle que pasaba por qué era algo prohibido. Shifumi no debía involucrarse más de lo que ya estaba.

Justo regresó Ash con Mahiru cargado entre sus brazos. Sin darse cuenta interrumpió la gran pelea que se tenía ahí por conocer la verdad.

— ¡Lo encontré! Debemos irnos antes de que la bruja despierte—

Pero ni siquiera tuvieron la oportunidad de echarse a correr cuando la mujer comenzó a levantarse, lento pero lo hizo.

— ¿Q-qué demonios pasó?...—

Si, fue una muy mala idea el quedarse mirando como la reina se levantaba del suelo. Lo mejor hubiera sido que aprovecharan esa oportunidad para irse corriendo, pero no, se quedaron ahí como estatuas.

¡Van a pagarla muy caro!—

Dijo una vez estuvo de pie.

Por fin, después de tantos años mostró lo que era capaz se hacer. Toru tenía total razón, era una bruja.

Su vestido antes morado comenzó a tornarse negro y justo como Mahiru lo hacía. Un fuerte resplandor empezó a brotar de sus manos, solo que esté era completamente negro.

Nadie sabía que hacer. Los adultos solo retrocedieron mientras que los hermanos se quedaron helados.

Ella quería atacarlos pero algo lo impidió. Fue cuestión de segundos que ninguno tuvo la oportunidad de reaccionar.

Ash fue el primero en notarlo.

Detrás de cada uno de sus hermanos habían aparecido lo que el percibió como portales, de los cuáles se alcanzó a visualizar una mano que les tomaba de las muñecas y los jaló.

— ¡¿Qué mierda es eso??—

No dudaba en que todo debía ser obra de la bruja pero cuando vió que esta estaba igual de confundida por lo que pasaba comenzó a preocuparse aún más.

— ¡¡No van a escapar tan fácil!!—

Solo pudo lanzar dos esferas que brillaban con una luz completamente negra a dos portales antes de que todos se cerraran dejando a Ash pasmado.

Shifumi estaba igual de sorprendida y aterrada por lo sucedido.

¿Qué estaba pasando?

Ash enserio no sabía que hacer. Algo o alguien acababa de llevarse a sus hermanos a quién sabe dónde, Mahiru no despertaba y no parecía que Jun o Toru fueran a detener a la bruja. Shifumi y Tsubaki ni hablar, era más que seguro que no se metería con ella y más por qué este último no sería capaz de atacar a su madre por nada en el mundo.

— Oh, pero tú sigues aquí maldito. Será mejor que me entregues al niño ahora—

La reina fue acercándose al peliceleste quién retrocedía. Sabía que él solo no podría detenerla.

¿Acaso todo estaba perdido?

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Lo único que se podía escuchar era el constante hablar de los pueblerinos, tanto de aquellos que eran vendedores como los que simplemente iban pasando.

Todo lo que alguna vez fue el reino protegido por la Luna era ahora ruinas gracias a su reina quién se encargó de destrozar hasta el último rincón en los últimos cinco años.

Por ese callejón dónde los vendedores abundaban caminaba un chico que se cubría con una capa y capucha negra desde la cabeza hasta las piernas. Lo que más resaltaba además eran sus botas del mismo color las cuáles estaban llenas de lodo.

Entró en una cantina y se sentó en la última mesa, estando esta en el rincón, separada de las demás. Solía frecuentar ese sitio por lo que ya ni siquiera tenían que preguntarle que quería.

Ese es el chico que está loco

 

Está completamente solo

 

No debes acercarte a él

 

Esas palabras que la gente murmuraba cada vez que lo veían lo tenían fastidiado. ¿No podía simplemente tener una velada tranquila?

— Aquí está lo de siempre chico—

Dijo el cantinero dejando un vaso sobre la mesa del "misterioso chico" quién no dudó en beber el contenido de este.

Una vez terminó su bebida, pagó por ella y se retiró sin decir más.

Su trayecto era largo. Debía cruzar todo el reino y llegar al tan famoso "bosque prohibido" dónde su refugio se encontraba y bueno, el que estuviera constantemente lloviendo no ayudaba en lo absoluto.

Nuevamente tuvo que caminar por el lodo con tal de llegar más rápido y poderse librar de la lluvia. Por suerte no tuvo ningún contratiempo y pudo llegar sano y salvo, mojado pero al menos sin ninguna herida.

Abrió la puerta de la cabaña dónde se alojaba y una vez cerró la puerta encendió las velas para poder llenar de luz el sitio.

— No hay ningún rastro de ellos...—

Dijo mientras tachaba una sección del mapa que tenía sobre una de las paredes de la cabaña. 

Tenía bastantes tachas en ese mapa y verlas solo le frustraba.

Se quitó su capucha y luego se retiró la capa para poder esperar a que esta se secara.

Las goteras comenzaron a aparecer pero por suerte ya tenía baldes que evitaban que algo se mojara.

Se sentó en la única silla que tenía, la cuál se ubicaba en, si así se dignaba a llamar, comedor.

Despeinó un poco su cabello peliceleste con desesperación.

Llevaba todo ese tiempo buscando a su familia pero no había rastros de nadie en ninguna parte del reino, oh, y ahora resultaba que nadie recordaba a la familia real. Solo a su estúpida reina.

Era como si sus hermanos, padres y él jamás hubieran existido. Simplemente se olvidaron de todos.

Y ahora era conocido como el loco del pueblo que juraba ser el príncipe heredero al trono y que sus hermanos fueron secuestrados.

Obviamente nadie le creyó.

Así había pasado todo ese tiempo, solo y sin ningún rastro de alguien.

Estaba solo y lamentablemente no había quien pudiera ayudarle.

 

Fin~
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Mentira jajajaja

 

Continuará...

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Chapter 15: Capítulo XIV: Lobos

Notes:

Nota: A partir de aquí Ash será nombrado Kuro.

Chapter Text

Justo como todos los días desde aquel horrible suceso, Kuro se despertó demasiado temprano. El sol ni siquiera había salido pero aún así ya no podía volver a dormir.

No tuvo más remedio que levantarse de su cama y caminar al comedor para tratar de conseguir algo de comer.

Pero como siempre no tenía absolutamente nada en la despensa. Era complicado comprar y cocinar algo cuando no tenías idea de que era lo que necesitabas para hacerlo.

Se vió obligado que salir de la cabaña y por suerte la lluvia se había detenido, aunque el cielo aún se veía demasiado nublado, o al menos eso alcanzaba a percibir.

Caminó durante horas hasta que por fin llegó a lo que antes fue el reino. Para cualquiera sería demasiado crudo el ver cómo aquello a lo que debiste cuidar ahora estaba hecho un desastre.

— ¡Oye! ¡Detén a ese ladrón!—

Gritó un pueblerino al peliceleste, ya que muy cerca de el pasó el dichoso ladrón, aunque Kuro no hizo nada por detenerlo. Ni siquiera se molestó en sacar sus manos de sus bolsillos.

— ¡Inútil! ¡Eres un maldito bueno para nada!—

Le dijo el mismo hombre cuando pasó a su lado para perseguir al ladrón. Kuro solo chistó y siguió su camino. De todos modos nadie sabía quién era y gracias a su capa y capucha muy pocos conocían su apariencia.

Al llegar a la tienda la mujer encargada de esta le miró por un rato para después simplemente ignorarlo.

<< Solo debo tomar lo necesario>>

Se repitió para si mismo como todos los días. Lamentablemente al haber sido de la realeza tenía un enorme problema con no saber cuándo comprar algo y cuando no. Era tan complicado que a veces llegaba a quedarse sin comer por días solo por no hacer sus cuentas de forma correcta.

En ese caso solo tomó algunas piezas de pan, un pequeño pedazo de queso y dos manzanas.

Cuando se acercó al mostrador para pagar todo fue cuando alguien más entró a la tienda. No es que le afectara pero ese sujeto tenía un aura temible.

— ¿Vas a pagar eso?—

Le preguntó la mujer a lo que Kuro reaccionó y asintió.

Una vez pagó y tomó la bolsa de papel dónde sus cosas se encontraban, se dispuso a caminar hacia la salida.

Por mera casualidad pasó al lado del desconocido y pudo jurar que este le susurro algo, aunque realmente no le entendió nada.

Siendo sinceros tenía más prisa por llegar a la cabaña y comer algo que escuchar a un tipo tan raro. 
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Cómo el cocinar realmente no era lo suyo simplemente tomó un poco de agua que había recolectado del arroyo el día anterior, cortó una pequeña rebanada del queso e hizo una especie de sandwich, si, por qué aunque solo tuviera queso lo consideraba como tal.

Igual que todos los días, comía en completa soledad. Era tan difícil y doloroso el hacerlo que a veces prefería salir de la cabaña y no comer.

<< Y pensar que antes se la pasaban gritando y riendo >>

Por qué extrañaba las risas de Hyde e Illdio, los regaños que Freya les daba, a Hugh diciendo cosas que solo el comprendía, a Jeje mirándolos y riendo de vez en cuando, a Lily apenas aprendiendo a comer sin hacer un desastre pero terminando manchado del rostro, incluso podía admitir que extrañaba a Tsubaki. Pero aunque lo hiciera nada volvería así de la nada.

Cómo lo había hecho desde el día en que prácticamente perdió todo, tuvo que salir de la cabaña y seguir con su búsqueda, llevando solamente ciertas cosas que podrían serle necesarias en el camino dentro de una bolsa*.

Para su suerte no era necesario llegar al pueblo puesto que ya había ido a todos los rincones de este en busca de alguna pista, pero no logró encontrar nada.

Normalmente iba a las ruinas del castillo ya que estaba seguro que ahí podría haber algo que le ayudara a descubrir dónde demonios estaban todos sus hermanos y por ende podría ir con ellos, pero cada que pisaba ese sitio y veía los escombros de lo que alguna vez fue su hogar no podía evitar recordar ese fatídico día.

Aún así era persistente y por mucho que le doliera el recordar todo no se iba a dar por vencido.

Una vez llegó a ese sitio comenzó a investigar todo. Movía piedras, revisaba los muros, veía a los alrededores, pero no había nada que pudiera servirle.

Cuando sus hermanos desaparecieron por los portales y estos se cerraron, la reina se acercó a él con la intención de quitarle al castaño, quién aún seguía inconsciente.

Kuro retrocedió tratando de protegerlo pero fue imposible cuando la reina de nuevo usó su magia para aparecer una daga. Amenazó con apuñalarlo si no le entregaba a Mahiru. A pesar de ello el príncipe se volvió a negar.

Fue en ese instante que todo sucedió tan rápido. Sintió un horrible dolor en su estómago y fue cuando se dió cuenta que tenía la daga ensartada en ese lugar.

Después de que la reina enterrara aún más la daga en su estómago fue cuando todo se volvió oscuro.

Para cuándo despertó ya no había nadie, ni siquiera Shifumi o Jun.

Todos se habían ido.

<< Esto se está volviendo un fastidio>>

Se dijo a si mismo cuando decidió tomar un descanso y beber algo de agua.

Pensó que quizá sería igual que siempre y tendría que volver con las manos vacías, pero no fue así. Justo cuando empezó a oscurecer (por qué si, se había pasado horas en ese sitio) encontró algo que llamó su atención.

Se agachó para ver mejor que era y antes de poder tomarlo algo pasó corriendo y se lo llevó.

— ¡Oye! ¡Espera!—

Gritó pero fue en vano. No tuvo más remedio que correr detrás de esa cosa que a simple vista parecía un perrito. Le recordaba al que Mahiru alguna vez tuvo solo que esté era completamente albino.

Ese "can" lo llevó directo al bosque dónde encontró a Mahiru. Había olvidado por completo ese sitio y por lo tanto no había buscado ahí.

El can siguió corriendo hasta llegar al centro del bosque, en dónde una persona se encontraba sentado frente a una fogata.

Con algo de duda se acercó, ya que el papel que tanto quería había sido puesto cerca de los pies del sujeto, así que no tuvo más opción que acercarse, aunque siempre estuvo alerta en caso de que algo pasara.

— Amm...disculpe, ¿podría darme eso?—

Dijo el peliceleste una vez estuvo enfrente del hombre y su fogata.

Al igual que él, ese tipo también usaba una capa y capucha, solo que la de el era color vino y tenía en los bordes un bordado muy elegante.

El sujeto tomó el papel y lo examinó con la mirada.

— ¿Este papel es tuyo?—

Le preguntó a lo que Kuro asintió.

El hombre suspiró y extendió su brazo para entregar el papel, pero antes de hacerlo se comenzaron a escuchar pasos por lo que se puso de pie, guardo el papel y tomó una cubeta con agua para apagar la fogata.

— Te lo daré después, ven conmigo—

Kuro no tuvo ni la oportunidad de aceptar o negarse cuando ya estaba siendo jalando por el desconocido, quién lo llevó detrás de unos enormes arbustos para esconderse.

— Hagas lo que hagas no vayas a hacer ningún ruido—

Le susurró el desconocido.

Cuando la vista carmín de Kuro se dirigió hacia dónde estuvo la fogata pudo ver a cuatro sujetos quiénes llevaban una escopeta cada uno y se la pasaban inspeccionando el lugar.

Después de unos minutos se marcharon y fue cuando el tipo salió del escondite y por fin el príncipe pudo verle el rostro.

Tenía unos ojos dorados bastante llamativos y su pálida piel al igual que su expresión seria le hicieron saber que no era de por ahí.

— Me llamo Gear. Solo eso te puedo decir—

Y el tan famoso "can" también se acercó a ambos para correr en círculos persiguiendo su colita.

El recién nombrado Gear lo tomó y lo mostró al peliceleste para presentarlo.

— Este que vez aquí es Youtaro. No es lo que parece, pero por ahora es un lobo—

Kuro ya no entendía absolutamente nada.

¿Quién demonios era ese tipo y por qué estaba en el bosque?

— Ah, ¿y que hacen aquí?—

Le preguntó por fin.

Gear suspiró y no respondió. Simplemente regresó a su asiento, que se trataba de un simple tronco, y comenzó a hacer otra fogata, ya que la noche era demasiado helada y debía proteger a su querido Youtaro del frío.

El peliceleste lo siguió y se sentó a su lado esperando alguna respuesta. Gear no tuvo más opción que responder.

— Youtaro y yo tenemos una maldición. Nuestro reino fue destruido y tuvimos que salir de ahí pero...este pueblo está repleto de cazadores—

No era algo de extrañarse pues esa era la actividad principal que la mayoría de nobles y pueblerinos disfrutaba hacer, pero si Gear tenía que cuidar del lobo cachorro era obvio que la pasara difícil.

— ¿Y tú eres el dueño de ese lobo?—

— Yo no dije eso...—

Y un silencio incómodo se formó.

Kuro tenía preguntas pero no sabía la forma de hacerlas sin parecer un metiche.

Gear se la pasaba mirando la fogata pero era consciente de la mirada curiosa del contrario.

— No somos de este reino. Pensamos que estaríamos a salvo aquí pero cuando los cazadores llegaron todo se complicó—

El lobo nuevamente se acercó a ambos y esta vez subió a las piernas de Gear para acostarse ahí, mientras este solamente se dedicó a acariciarle.

— Entiendo que quieran capturar al lobo, pero, ¿por qué te escondes tú?—

Gear lo miró un momento. Parecía estar analizando si era buena idea contarle la verdad o no. Al final lo hizo, después de todo no tenía nada que perder.

Bajó su capucha y Kuro en ese momento se dió cuenta de la verdad.

Tenía orejas de lobo y cuando levantó un poco su capa también pudo ver qué tenía una colita que se movía de un lado a otro.

— Youtaro se transforma cada noche, pero yo he permanecido así por años. La gente piensa que soy un hombre lobo pero no es así. Solo hice algo que no debía—

La forma en que Gear lo dijo fue tan triste que Kuro sabía que estaba demasiado arrepentido por hacer algo indebido.

Quizá era solo una suposición pero imaginó que pudo haber pasado lo mismo en ambos reinos.

— ¿Y que harás? ¿Te quedarás aquí viviendo con esa maldición?—

— Yo no dije eso. Es obvio que no me quedaré así y menos dejaré que Youtaro siga pasando por esto—

De nuevo un silencio se hizo presente, pero esta vez Gear fue quién dijo algo.

— Puedes quedarte a dormir con nosotros. Seguramente los cazadores siguen rondando por ahí y te recomiendo evitarlos—

El peliceleste aceptó casi de inmediato al ver lo oscuro que ya estaba el cielo.

Gear y Kuro se pusieron de pie y ambos se recostaron en el césped un poco cerca de la fogata. El frío que hacía cada vez era peor y ese fuego era su única fuente de calor.

Gear acomodó al lobito a su lado y este se acurrucó en su pecho. El pelinegro sonrió levemente y lo cubrió con parte de su capa, por qué aunque el lobito tuviera mucho pelo, Gear lo protegía como si fuera de cristal.

— Descansen...—

Dijo Gear antes de cerrar sus ojos.

Kuro después de mucho escuchó esa palabra, que aunque sonara muy tonto la extrañaba tanto.

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Quién sabe que hora de la madrugada sería, pero ambos chicos se despertaron de golpe por un grito.

— ¡¿Qué fue eso?!—

Preguntó Kuro totalmente exaltado. No estaba acostumbrado a ser despertado de esa forma y sin duda era terrorífico.

— Youtaro no está. Debe ser él—

Gear dijo una vez se puso de pie y no vió al lobito por ningún lado.

Ambos chicos corrieron hacia donde se escuchó aquel gritó y antes de que pudieran ver de qué se trataba alguien saltó hacia Gear provocando que este cayera.

Kuro se quedó quieto viendo de quién se trataba.

— ¡Gear! ¡Mira lo que encontré!—

Era un chico bastante alto, con el cabello claro y una sonrisa que podía recordarle a Mahiru.

Otra cosa que podía resaltar era ese arete largo en su oreja que si mal no recordaba Gear también tenía uno.

— Ah...¿que encontraste?—

Preguntó mientras que el chico albino seguía encima suyo, pero estaba tan emocionado por lo que sea que haya encontrado como para darse cuenta de ello.

— ¡Una ramita!—

Si, eso era. Una simple rama que seguramente se había caído de algún pino.

<< ¿Tanta emoción por eso...?>>

— Bien Youtaro. Encontraste otra rama—

Gear dió suaves palmadas en la cabeza del chico, quién sonrió muy contento. Si Kuro pudiera compararlos con algo sin duda serían como un cachorro y su dueño.

Cuando el recién nombrado Youtaro y Gear se pusieron de pie, el albino se acercó a Kuro y después de examinarlo con la mirada le sonrió y extendió su mano hacia el para saludarlo.

— Mi nombre es Youtaro Tsumugi , ¡es un gusto conocerte!—

— Ah...soy Ash pero puedes llamarme Kuro—

Cuando Kuro tomó la mano del chico para saludarle este le apretó y agitó con fuerza el brazo. Llegó a pensar que podría salirse de su lugar por la fuerza y energía que el chico tenía.

Aún seguía siendo aterrador.

— ¿Eres algún conocido de Gear? Nunca te había visto —

Preguntó Youtaro a lo que Kuro negó, pero antes de que respondiera Gear interrumpió.

— No puedes recordar nada por más de una semana. Incluso si te lo hubiera presentado sería imposible que lo recordaras—

Youtaro rió un poco avergonzado.

Kuro en cambio no entendía nada.

— ¿Por qué no puedes recordar nada?—

Fue en ese instante en que la expresión alegre de Youtaro cambió a una triste.

— La maldición me hace olvidar todo. Llegaré a un punto en que olvidaré hasta como respirar y... moriré—

El príncipe quedó atónito. Gear en cambio solo se cruzó de brazos y desvió su mirada.

Sin duda era un tema demasiado delicado.

— ¡Ah! ¡Pero no te preocupes por eso! Gear y yo buscaremos una forma de deshacer la maldición, ¿verdad Gear?—

El nombrado asintió.

— ¿Puedo saber quién los maldijo?—

Gear y Youtaro se miraron un momento hasta que finalmente el pelinegro respondió por ambos.

— Fue una bruja que llegó al reino—

Continuará...

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Chapter 16: Capítulo XV: Los Conejos de la Luna

Chapter Text

— ¿Una bruja? ¿De qué hablas?—

Kuro esperaba desde el fondo de su corazón que lo que pensaba fuera mentira, es decir, era meramente imposible que estuvieran hablando de la misma persona, ¿verdad?

— Una bruja llegó al reino de la nada y decidió hacer de las suyas. Por algún motivo terminó casada con el rey y al final lo asesinó para ser ella la única que pudiera controlar el reino—

La historia cuadraba perfectamente a lo que pasó con su madrastra.

Pero no debía sacar conclusiones, no aún.

— Al final ella destruyó el reino y cuando intenté hacer algo...bueno, todo terminó peor—

Kuro no sabía que decir. Simplemente se quedó helado al escuchar eso.

¿Acaso su madrastra ya tenía planeado todo? ¿Cuántos reinos había destruido ya?

— Oye, ¿qué te pasa? —

Le preguntó Gear. Kuro salió de aquel trance en el que estaba y hasta ese momento se pudo dar cuenta que estaba temblando.

¿Tanto miedo le causaba esa mujer?

N-no es nada—

Obviamente el pelinegro no le creía nada pero prefirió no meterse más en el tema, después de todo tenían un problema mayor.

— Youtaro, es hora de buscar comida—

El recién nombrado asintió con una sonrisa y salió corriendo directo al bosque para buscar algo que pudieran comer.

Gear suspiró y caminó en dirección contraria a Youtaro y claro, Kuro lo siguió.

— ¿Por qué no lo seguimos?—

Preguntó el peliceleste a lo que el contrario le respondió en voz baja.

— Por que Youtaro no sabe lo que busca—

¿Acaso no sabía buscar comida?

Bueno, era comprensible. Existían miles de historias en dónde algunos viajeros llegaban a morir solamente por comer cosas indebidas y entre ellas eran muy recurrentes las moras.

Viéndolo así, Youtaro no era el único que cometía ese error.

Gear lo miró como si supiera en que estaba pensando y rápidamente negó.

— Youtaro no busca comida. Le digo eso para que no se sienta mal cuando traiga una rama y yo otra cosa. Utilizo las ramas para diversidad de cosas pero no para comer—

Entonces lo de las ramas no era una faceta por su lado lobo.

— ¿Por qué hace eso? ¿Por que trae ramas?—

Gear suspiró bajando su mirada.

— No tengo idea—

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Justo como Gear había dicho, lo único que Youtaro consiguió fue una ramita, la cuál con mucho orgullo se la entregó.

Tal y como había ocurrido temprano en la mañana, Gear le dió sus palmaditas en la cabeza, a lo que Youtaro nuevamente sonrió.

Kuro pudo ver por pocos segundos el como Gear también sonreía. Ahora entendía mejor el por qué seguía fingiendo que las ramas que Youtaro traía eran comida:

Quería verlo sonreír.

Justo como a él le gustaba ver sonreír a...

<< Ah, que fastidio>>

Agitó levemente su cabeza para sacar ese recuerdo de su mente. No podía permitirse pensar en él.

Ya no era lo mismo. Su mente solo le repetía que todo lo que pasó inició por el.

— Vamos a preparar el desayuno—

Gear lo sacó de sus pensamientos al decir tales palabras.

Si, tenían problemas mayores como para seguir pensando en lo pasado.

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En otro lugar, demasiado lejano al que Kuro se encontraba, el ya no tan pequeño pelinegro corría entre la nieve del reino en el que ahora residía con su madre.

Había salido a buscar algo de leña para encender la fogata de la pequeña cabaña en la que vivían y que pudieran pasar menos frío.

Entró a la cabaña y lo primero que hizo fue respirar el aire un poco más cálido que el de afuera. Sus manos estaban heladas y sus mejillas y la punta de su nariz estaban rojas.

El frío en ese reino era horrible.

— Date prisa Tsubaki, muero de frío—

Escuchó la voz de su madre.

— Si, voy enseguida madre—

Corrió hacia la chimenea y ahí colocó los troncos que recién había conseguido. Fue un largo viaje pero haría cualquier cosa por su querida madre, aún si esta no le prestara la suficiente atención ni le tratara con cariño.

— L-listo madre—

Comentó una vez su trabajo estuvo hecho. Su madre solo se acercó al sofá que estaba cerca de la chimenea y desde ahí usó su magia.

Una pequeña chispa salió disparada de la punta de su dedo índice directo a la leña y esta prendió en llamas de inmediato.

— Por fin. Hoy tardaste mucho—

Tsubaki se quedó sentado en el suelo mirando esas llamas. El frío que sentía poco a poco fue desapareciendo pero no ese sentimiento de tristeza.

¿Cómo estaría ese chico que alguna vez le ayudó?

Seguramente estaba mal pero no había nada que hacer.

No sin que su madre lo supiera.

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El mirar los copos de nieve caer no era nada ameno cuando estabas muriendo de frío.

El castaño temblaba a más no poder. Ni siquiera la sábana que su madre le dejó servía de algo.

Sentía que moriría de frío si seguía ahí, pero con las cadenas, esta vez en ambos tobillos y en sus muñecas, era poco lo que podía hacer.

Su madre lo había dejado en esa ocasión en una cueva, completamente solo y sin siquiera poder saber qué día era. Sabía que habían pasado años desde que alguna vez fue libre pero solo eso.

No podía recordar nada más.

<< Quiero salir de aquí...>>

Aunque frotara su cuerpo con sus manos de nada servía. Incluso el abrazarse a si mismo era inútil.

Lentamente se recostó en el suelo frío sin dejar de temblar pensando que quizá lo mejor sería dejarse morir. Después de todo nadie lo necesitaba o quería.

Cuando cerró sus ojos pudo volver a esos sueños tan extraños que solía tener cada que se sentía solo.

Esa voz masculina que le hablaba y abrazaba con tanta ternura y repetía una y otra vez la misma frase:

Por favor no te vayas Mahiru. No hemos podido ir al pueblo...

Pero no entendía nada.

No podía recordar nada.

Ni siquiera sabía quién era ese sujeto ni tampoco en dónde se supone que estaba. Desde que abrió los ojos estaba en esa fría y solitaria cueva.

Solo.

Su madre iba en ocasiones a visitarle pero era muy rara vez, quizá cada dos meses pero al no llevar muy bien la cuenta no sabía si era así. Solo era consciente de lo solo que estaba.

Poco a poco fue cayendo dormido.

Quizá en sus sueños el frío no fuera tan espantoso.
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Kuro, Gear y Youtaro habían terminado de tomar su desayuno cuando optaron por caminar un rato, no solo por qué había más cazadores cerca, sino que Gear aseguraba que debían gastar toda la energía que Youtaro tenía, de lo contrario no podrían dormir al caer la noche.

— Déjame ver si entendí, ¿buscas a tus hermanos por qué fueron jalados a un portal mágico y no los has visto en años? —

Kuro asintió.

— Sé que no suena muy creíble pero...es la verdad—

Siendo sinceros, nadie podría creer semejante cosa pero Gear era consciente de que la magia existía, bueno, al menos que algunos podían tener el talento de usarla.

— ¿Y por dónde empezarás? Es mucho territorio por cubrir y por lo que me haz dicho ni siquiera haz salido de ese reino—

Kuro jamás había puesto un pie fuera del reino por qué temía a lo desconocido. Pensaba que habría demasiados peligros y el solo no lograría llegar muy lejos, al menos no con vida.

Entonces una idea vino a su mente.

Miró a Gear sin decirle nada, pero este rápidamente supo cuál era esa tonta idea.

— No, no. Me niego rotundamente. ¡No voy a salir de este reino solo por qué perdiste a tus hermanos! ¡Ni siquiera te conozco bien!—

¿Cómo podría convencerlo? ¿Qué podría lograr que Gear cambiara de opinión?

Fácil, solo había una cosa que definitivamente lo convencería.

— ¡Oh! ¿Necesitas ayuda para encontrar a tus hermanos? ¡Gear y yo ayudaremos!—

Y eso que lo convencería era Youtaro quién se había unido a la conversación.

El pelinegro miró al chico unos segundos antes de suspirar y terminar aceptando su derrota.

— Bien, te ayudaremos, pero con algunas 
condiciones—

Kuro asintió. Haría cualquier cosa con tal de poder recibir ayuda para solucionar su problema.

— Primera condición, nadie debe saber de nuestra maldición. Segunda condición, no iremos al reino protegido por Marte y por último...—

Gear se detuvo para decir lo último.

— Si en el camino encontramos a la bruja que nos maldijo vamos a ir tras de ella sin importar que—

El príncipe terminó aceptando todas las condiciones, unas más sencillas que otras pero a final de cuentas no eran nada que significaran el fin del mundo.

— Bien, ¿y por dónde empezamos, principito?—

Preguntó Gear. Kuro estaba a punto de responder cuando sintieron un pequeño temblor en la tierra.

Miraron los árboles y pudieron confirmar que se trataba de un temblor que conforme pasaban los minutos se hacía más y más potente.

— ¡Gear! ¡Vamos a morir!—

Gritó Youtaro aterrado mientras que Gear trataba de descubrir que demonios pasaba.

Fue justo en ese momento que un enorme hoyo apareció debajo de ellos como por arte de magia.

Los tres chicos cayeron en el hoyo que parecía más una especie de tobogán, puesto que los estaba llevando a otro lugar de forma rápida.

— ¡¡Todavía no empezamos y ya nos metiste en problemas!!—

Gear, quién iba deslizándose detrás de los otros, estaba buscando desesperadamente una forma de detenerlos pero parecía imposible.

— ¡Esto es divertido!—

Youtaro en cambio se estaba divirtiendo muchísimo.

Kuro, estando al frente, no sabía realmente cómo reaccionar. No tenía miedo pero era consciente de que ese hoyo podría llevarlos a una trampa o a una muerte segura.

O simplemente eran demasiado desafortunados y simplemente cayeron en un simple hoyo.

Pero no, el "tobogán" llegó a su fin y los tres cayeron, Kuro teniendo encima a los otros dos.

Una vez se pusieron de pie comenzaron a mirar a su alrededor para darse cuenta de que estaban en una especie de madriguera enorme.

Había muchísimos túneles además del que salieron, pero había uno que destacaba. Seguramente era el triple de grande que los demás.

De ahí un pequeño resplandor fue acercándose más y más, al punto en que pudieron ver de qué se trataba.

— ¡Oh, pero miren quién creció tanto! ¡Jun-chan tenía razón! ¡Eres todo un hombrecito y no solo eso, hiciste amigos!—

Kuro lo recordaba perfectamente, pero Youtaro y Gear no tenían ni la mínima idea de quién era.

— ¿Y este loco quién es?—

Preguntó sin rodeos el lobo pelinegro.

El recién llegado fingió sentirse ofendido poniendo su mano en su pecho y mostrando una expresión dramática mientras en su otra mano sostenía una antorcha.

— Ay~ Después de aceptar que lobos entrarán a mi madriguera me tratan así. En fin, mi nombre es Tsurugi y soy el conejo líder de la Luna. Rango 3 para que lo sepan—

Dijo con emoción.

Los tres chicos no entendieron nada, solo se miraron entre ellos completamente confundidos.

Tsurugi no evitó reír. Sin duda era tan gracioso ver ese tipo de expresiones.

— Ustedes solo síganme—

Al terminar de hablar se dió la media vuelta y volvió a entrar al enorme túnel. Al no tener otra opción optaron por seguirle, después de todo ese "conejo" podía ser su única manera de salir.

Fueron guiados por Tsurugi, quién en el camino no dijo ni una sola palabra por lo que fue realmente incómodo simplemente seguirlo, solo hasta que se detuvo fue cuando les dió un pequeño aviso.

— Hay ciertas reglas pero me da flojera explicarlas. Solo les diré: no toquen nada y no hablen con Lunita, ¿bien?—

¿"Lunita"? ¿Acaso se refería a la Luna?

— O-oye, ¿cómo que la Luna?—

Kuro estaba más que nervioso, es decir, toda su vida había querido conocer a la famosa Luna y ahora resulta que iba a estar frente a ella.

— Si, si. Hablo de Lunita—

Tsurugi dijo sin tomarle mucha importancia.

Al mirar al frente pudieron ver una enorme puerta de metal que no tenía ninguna forma de abrirse, al menos no por fuera.

El conejo tomó una gran bocanada y gritó con todas sus fuerzas.

— ¡¡Yumi-chan!! —

Los demás chicos cubrieron sus orejas, ya que el grito de ese sujeto había sido demasiado fuerte, pero logró su objetivo, la enorme puerta se abrió.

Con una sonrisa miró a los tres confundidos chicos.

— Recuerden lo que dije. Síganme—

Tsurugi fue el primero en entrar.

Cuando los demás lo hicieron vieron el lugar asombrados.

Todo era espectacular. Todo el sitio era color blanco pero sin duda esto lo hacía perfecto.

Parecía como si estuvieran en el cielo.

— Díganme que no estamos muertos...—

Kuro dijo a lo que Gear y Youtaro le confirmaron que seguían vivos dándole un pellizco en los brazos.

El sitio en la entrada parecía una oficina, ya que hasta tenía lo que parecía ser la recepción, en dónde un rubio se encontraba leyendo.

Tsurugi se detuvo frente al escritorio y con una sonrisa comenzó a hablarle.

— ¡Yumi-chan! ¡Volví!—

El conejo pelinegro se acercó tanto a su compañero que parecía que iba a besarlo, pero el rubio le tomó de la cara y lo estampó contra el escritorio muy molesto.

— ¡¿Dónde mierda estabas?! ¡Llevo esperándote años y llegas como si nada!—

Tsurugi reía con dolor, no solo por el golpe si no por qué sabía que si decía la verdad Yumi se molestaría aún más.

El rubio se dió cuenta de la presencia de nuevas personas y de inmediato soltó al conejo pelinegro.

— ¿Quiénes son ellos?—

Tsurugi recobró la compostura y se acercó para presentar a cada uno.

— Él es...bueno, se que le dicen Kuro y a estos dos no los he conocido muy bien, pero por lo que descubrí son Gear y Youtaro —

No podían sentirse más acosados.

Al ver mejor al rubio pudieron notar que también tenía orejas de conejo como su "amigo" pero una de ellas estaba doblada o caída*

— El es Yumikage. Es también un conejo pero él es rango 2, buuuuu

Y Tsurugi recibió otro golpe por parte del rubio.

Solo hasta ese momento el recién nombrado Yumi se acercó. Los examinó con la mirada y después de unos segundos solamente se cruzó de brazos.

— Ustedes son bastante raros...—

¿Con que derecho lo decía un tipo que tenía orejas y cola de conejo?

— Sabes que la Luna nos va a matar por meter a unos completos desconocidos...—

Dijo ahora para Tsurugi, quién suspiró sabiendo que lo que Yumi decía era completamente cierto.

La Luna estaría muy furiosa por la "invasión" de su espacio personal.

— Será mejor que los lleves a otro lado Tsurugi—

Y por fin otra voz familia para Kuro apareció.

Era Jun, quién alguna vez trabajo en el castillo con su esposa.

— Por primera vez estoy de acuerdo con Yumikage, es peligroso que estén aquí—

Entonces, ¿Jun también era un conejo? Pero el no tenía orejas de conejo. Aunque si portaba el mismo traje que ellos siendo lo que más resaltaba una capa blanca que les cubría casi por completo (menos a Tsurugi), además de tener botas negras y un emblema en su pecho que no se lograba visualizar muy bien en que consistía.

Entonces, ¿era su compañero? Y de no ser así, ¿qué hacía ahí?

— Jun...¿tu sabes...?—

Ni siquiera el príncipe pudo terminar su pregunta cuando Jun negó.

Sabía perfectamente que preguntaría por sus hermanos pero siendo sinceros no tenía ni la mínima idea de dónde estaban.

Entonces, si Jun no sabía dónde estaban sus hermanos y era peligroso que estuvieran en ese sitio, ¿por qué Tsurugi los llevó?

Bueno, quién les daría la respuesta lanzó un objeto con el fin de pegarle a Tsurugi, pero este rápidamente se agachó y terminó estrellándose con la pared.

Ahí, Youtaro, Gear y Kuro vieron los restos de una taza y lo que está contenía: café.

— ¡Jaja! ¡Fallaste Lunita!—

Al mirar hacia donde Tsurugi lo hacía una nueva persona hizo acto de presencia.

Esa persona...

Esa persona era la Luna y por lo visto no estaba nada contenta. Su expresión mostraba su clara molestia ante la presencia de los desconocidos pero por lo visto sentía más enojo por el tonto que los llevó

— ¿Qué hacen estos tipos aquí Tsurugi?—

Continuará...

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Chapter 17: Capítulo XVI: ¿La Luna no es Buena?

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El sujeto que recién había llegado era alto...muy alto, y también era inevitable el sentir algo de miedo por su aura y expresión tan intimidante.

— Ese café era mío, joven Luna—

Dijo otro chico quién estaba a un lado de la "Luna". Igual parecía ser un conejo, pero en su caso sus orejas eran completamente caídas y usaba anteojos. ¿Era la excepción de esa típica frase de conejos y las zanahorias?*

Fue ahí cuando Kuro entendió que estaba cara a cara sobre quién durante tantos años en su infancia su madre le contaba historias, pero no era para nada lo que el imaginaba.

Ese hombre no se veía amable ni mucho menos feliz, ¿y todo lo que su madre le contó? ¿Eran solo mentiras?

— ¡Tsurugi! ¡Responde!—

Gritó la "Luna" a lo que el conejo pelinegro con una sonrisa le respondió.

— Este chico es el príncipe del reino al que se supone debías proteger—

Tsurugi acercó aún más al peliceleste a la Luna, quién de inmediato le examinó con la mirada.

Kuro no sabía que decir, simplemente los nervios lo estaban matando. Solo se dedicó a mirar a detalle a quién se suponía era la Luna.

Cabello negro, tres mechones blancos, una pequeña cicatriz en su mejilla izquierda, ojos verdes. Si, no era para nada como se lo imaginaba. De hecho, era el único que usaba un traje negro, algo parecido al de los conejos solo que su capa era mucho más larga.

Era como si fuera un rey.

— No me importa. Sácalos a todos de aquí y no quiero volver a verlos—

Y simplemente se marchó.

Los tres chicos tuvieron distintas reacciones. A Gear no le sorprendía mucho el ser echado, Youtaro no entendía que pasaba pero estaba contento de conocer personas nuevas y Kuro, bueno, el era el más afectado.

Su ídolo lo estaba echando cuando ni siquiera había dicho una palabra.

— ¡E-espera!—

Y así Kuro rompió una regla.

Siguió corriendo a la Luna, quién a pesar de escucharlo no se detuvo.

Subieron las escaleras y llegaron a un segundo piso. Sin duda el sitio era enorme pero en ese momento el príncipe solo quería detener a la Luna.

Solo al llegar a lo que parecía ser un cuartel fue cuando la Luna se detuvo y tomó asiento frente a un enorme ventanal.

Estaba dándole la espalda al peliceleste, mientras este veía a través del cristal.

El cielo nocturno y estrellado era precioso pero...se sentía tan solitario.

— Si estás esperando a que me presente con una estúpida canción déjame decirte que jamás haré eso. No voy a humillarme de esa forma*—

De nuevo los nervios volvieron a Kuro. No supo ni cómo empezar a contar su problema, lo que causó que el pelinegro se desesperara.

— ¡¿Quieres apurarte?! ¡No tengo todo tu tiempo! ¡Dime que demonios quieres! ¡Soy la Luna, no adivino!—

Definitivamente ese tipo no era nada amable.

— Necesito tu ayuda, quiero encontrar a mis hermanos y ese sujeto conejo nos trajo aquí por algún motivo. Pienso que es por qué tú puedes ayudarme—

Y una pequeña risa se escuchó.

Bromeas , ¿verdad? ¿Por qué te ayudaría? Hay miles de personas que me piden cosas todos los días y no hago nada por ellos ¿Qué te hace pensar que te ayudaré a ti?—

¿Cómo es que su madre alguna vez le dijo que este tipo era la persona más amable que pudiera conocer? Era todo un patán.

— Bueno...es por qué eres la Luna y se supone que eres "bueno"—

De nuevo la risa de la Luna se escuchó. Para él era lo más ridículo que alguien le había dicho, para Kuro era aún más doloroso el ver cómo la persona que se suponía era su ídolo iba bajando del pedestal en que lo tenía.

La Luna se dió la vuelta en su silla y miró con un semblante serio y frío al peliceleste. Este tragó saliva nervioso.

— Jamás ayudaré a un humano, que te quede claro—

Esa mirada llena de odio le hacía darse cuenta que a la Luna no le agradaban para nada los humanos.

¿Acaso alguno le había hecho algo?

—Ahora, vete—

Esto último lo dijo ya en un tono más tranquilo para después volver a darse la vuelta y seguir en lo suyo.

Justo los demás llegaron. Los tres conejos se intentaron acercar a la Luna, pero el se negó a siquiera mirarlos 

Lamento que hayas visto a la Luna así. Sé que esto no es lo que esperabas—

Jun comentó al joven príncipe. El también era consciente de lo mucho que la Luna significaba para él y lo decepcionado que debía sentirse en esos instantes por ver cómo la persona admiraba era realmente un tipo nada agradable.

Tsurugi en cambio trataba de hacer cambiar de parecer a la Luna.

— ¡Vamos Lunita! Este chico es bueno, ¿por qué no ayudarlo? Solo tienes que esforzarte poquito y...—

Mencionó el conejo mientras tomaba una corona de un color azul brillante y lentamente la iba acercando a la cabeza pelinegra de la Luna. Este al ver sus verdaderas intenciones le dió un golpe en las manos, provocando que el objeto cayera al suelo.

— No lo haré. No insistas. Ahora, sácalos de aquí antes de que los mate—

El conejo pelinegro no tuvo más opción que sacarlos....

Aunque la Luna nunca especificó que tenía que sacarlos del castillo.

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Una vez estuvieron afuera de esa habitación y volvieron al centro de la base, Tsurugi procedió a hablar sobre lo que le molestaba.

— ¡Te dije que no le hablaras! Ahora tienes como enemigo a la Luna...—

Kuro estaba más ocupado pensando en lo horrible que era la actitud de la Luna como para poner atención al conejo.

Yumi nuevamente había regresado a la "recepción" y también retomó su lectura. Gear y Youtaro solo se quedaron en silencio escuchando las quejas del conejo, igual que Jun junto con el otro conejo de nombre Shuuhei.

Poco a poco vieron como el "grandioso" conejo de la Luna caía en desesperación solo por qué no había logrado su cometido.

— ¡Esto no puede estar pasando! ¡Se suponía que este chico debía ser capaz de convencer a Lunita de cambiar!—

Tsurugi estaba comenzando a creer que Toru le había mentido y lo que quería era una guerra entre el Sol y la Luna.

O quizá todo era un simple malentendido.

— No esperes que cambie de un día para otro. Es imposible Tsurugi—

Respondió Jun, provocando que el conejo pelinegro detuviera sus quejas.

— Debe existir otra manera...—

Finalizó el conejo "líder".

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De nuevo, en ese lugar muy lejano, Mahiru por fin había despertado, y aunque la nieve no había dejado de caer ahora sentía menos frío, ¿por qué? Sencillo, alguien lo había ido a visitar.

— Debes tener hambre, hoy hice un poco de sopa y te traje un poco—

Tsubaki sabía lo complicado que debía ser para el castaño el pasar todos los días solo y más con ese horrendo clima, sin poder moverse gracias a las cadenas, ah, y sin comida.

Es por ello que en ocasiones llegaba a escapar de su madre para llevarle algunas cosas al castaño, entre ellas comida.

— ¿No te meterás en problemas? No quiero que madre te regañe—

Tsubaki recordaba todo, pero Mahiru no sabía ni quién era, solo conocía que Tsubaki vivía con su madre y que eran hermanos.

Pero eso era todo.

En cambio, el pelinegro recordaba perfectamente como Mahiru lo había ayudado tanto, en especial cuando estaba tan asustado y triste.

Por ello no podía abandonarlo.

— No te preocupes por eso, Belkia y yo nos encargaremos de ello—

Mencionó mientras sacaba de su mochila el tan famoso muñeco.

Mahiru los miró a ambos y al notar la tranquilidad en la sonrisa de Tsubaki decidió confiar en él y empezar a comer aquella cálida sopa.

<< Madre seguramente me matará si me descubre aquí >>

Pensó el pelinegro.

Mahiru estaba tan concentrado en comer que no prestó atención a nada a su alrededor. La sopa cálida le ayudó a también olvidarse un poco de aquel horrendo frío que había pasado en la noche. No podía estar más agradecido.

Ammm ... Mahiru, ¿puedo preguntarte algo?—

Ante la pregunta de Tsubaki, Mahiru asintió.

— ¿Recuerdas a Ash? Quiero decir, ¿a Kuro?—

Ese nombre le resultaba familiar pero por más que tratara de pensar en alguien con ese nombre nada aparecía en su mente.

En alguna parte había escuchado sobre "Ash" o "Kuro" pero no recordaba dónde ni quién era.

— No, no recuerdo a nadie con ese nombre. ¿Quién es él?—

Pero Tsubaki no sabía si decirle sobre su hermanastro sería buena idea.

— Descuida, no importa. Mejor sigue comiendo—

Dijo Tsubaki mientras se ponía de pie y caminaba hacia la entrada de la cueva, todo con el fin de averiguar qué tan mal estaba la tormenta.

Había parado un poco pero seguramente volvería en cualquier momento, lo cuál significaba que debía regresar pronto.

— Debo irme Mahiru...¡pero prometo volver pronto! En la mochila hay una manta y algunas latas de comida. Espero te sirvan—

Mahiru agradeció al pelinegro con una linda sonrisa. Tsubaki estaba sorprendido de cómo, a pesar de todo lo que el castaño estaba pasando, podía seguir sonriendo como si nada.

Sin dudar era alguien muy fuerte.

Después de despedirse, Tsubaki emprendió el viaje de regresó a su hogar, aunque no lo hizo solo. Llevaba el muñeco en su hombro y de la nada este saltó de ese lugar para adoptar su forma humana.

— ¡Oh Tsubakyuu ! ¿No sería mejor quedarnos con el chico? La bruja siempre esta furiosa a esta hora—

Belkia trató de convencerle pero Tsubaki se negó.

— Tienes razón, pero si no voy, ella seguramente se molestará aún más—

Dijo mientras seguía con su caminar. Belkia le seguía el paso aunque aún seguía tratando de convencer al niño de volver.

Pero, ¿por qué Tsubaki no estaba asustado por la repentina transformación de su muñeco? Sencillo, hacía unos años atrás, el muñeco pelirrosa se había presentado ante el joven príncipe como su guardián y amigo.

La mente infantil de Tsubaki le hizo pensar que su amigo tenía vida gracias a todas las veces en que, antes de dormir, pedía un amigo en el cuál confiar y que este nunca le dejara.

Pero ahora comprendía que no fue del todo así. Alguien había hecho a Belkia de esa forma a propósito y aunque trató de investigar quién era el creador del muñeco lo que encontró fue inútil.

Desde entonces y solo cuando la reina no estaba, Belkia solía tomar una forma humana para hablar con Tsubaki, lo que era muy recurrente ya que cada que el niño se sentía solo, Belkia aparecía.

<< Debo llegar pronto >>

Si Tsubaki tardaba un segundo más en llegar a casa su madre no solo le prohibiría salir, sino que eso tendría cómo consecuencia que Mahiru podría morir de hambre o frío.

Era por ello que el niño se esforzaba en actuar de lo más normal y cumplir con todas las reglas que su madre imponía.

Aún si estás fueran demasiado estúpidas.

Cuando estuvo cerca de su hogar, Belkia volvió a transformarse en muñeco y Tsubaki lo tomó entre sus manos para entrar corriendo a la cabaña y no ser visto por su madre, aunque esto no fue necesario.

— Por supuesto que estoy soltera querido. Solo necesito más tiempo antes de mudarme contigo al palacio—

Su madre había sido visitada por un sujeto a quién pudo identificar como un rey de alguno de los reinos vecinos.

Sus palabras le hicieron recordar el día en que habían llegado al palacio y fueron recibidos por su padrastro y sus hermanastros.

¿Cuántas veces su madre había hecho eso? Casarse con un rey, mudarse al palacio de este, para que posteriormente este desapareciera y fuera encontrado sin vida meses después.

Era horrible y Tsubaki llegó a pensar que su madre nunca se detendría, o no hasta que obtuviera lo que quería.

Tantas familias en las cuáles habían entrado y su madre había destruido, pero, ¿cómo ella sabía que las parejas de los reyes morirían? Era extraño por qué su madre sabía cuándo era el momento adecuado para mudarse al palacio y anunciar su boda.

Pero obviamente jamás le preguntó. Ni siquiera sabía que le había ocurrido a su padre o por qué no estaba con ellos. Lo único que podía deducir era que tuvo el mismo destino que su padrastro.

Para sorpresa de Tsubaki, su madre se terminó yendo con ese sujeto. Ambos no se habían percatado de la presencia del niño, con lo que se dejaba muy en claro que a esa mujer no le preocupaba su hijo, aunque bueno, tomando en cuenta dónde había dejado al otro no era de sorprender que fuera una mala madre.

Al ver a través de la ventana y darse cuenta de lo lejos que ya estaban su madre y el hombre, Belkia pudo volver a su forma humana y ayudar a Tsubaki con la limpieza del hogar y con la preparación de la comida, por qué si, su madre no hacía absolutamente nada.

A veces se pasaba horas encerrada en el sótano de la cabaña haciendo quién sabe que.

Por ello, desde que llegaron ahí, Tsubaki tuvo que aprender a ser autosuficiente, de lo contrario era muy probable que no sobreviviera.

— Tsubakyuu, ¿por qué tú puedes recordar todo lo de ese día? Lo normal sería que lo olvidaras—

Para Tsubaki era imposible olvidar ese día. Se sentía terrible de solo recordar el como su madre borraba los recuerdos del castaño frente a el.

El chico había luchado por escapar pero conforme las memorias fueron saliendo de su mente, el forcejeo se detuvo, dejando a un niño completamente vacío.

No podía recordar a Kuro, Shifumi, Jun, todos los hermanos, a absolutamente nadie.

Era como si nunca los hubiera conocido.

Todos esos preciosos recuerdos se fueron tan rápido y era probable que no volvieran.

Pero eso no pasó con Tsubaki.

— Mi madre pensó que como era pequeño, al pasar los años lo olvidaría. Pero no fue así. Recuerdo todo perfectamente...—

Y eso era lo que más le dolía.

Saber todos los momentos felices que Mahiru tuvo y que jamás podría volver a recordar.

— Dejemos de pensar en ello, por favor—

Dijo casi suplicando el pelinegro. Su compañero aceptó y por ese día no se volvió a tocar el tema.

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Ahora Kuro tenía un nuevo problema, bueno, no solo el, también sus dos compañeros.

La idea que Tsurugi tenía era un tanto loca pero comprensible.

— Deberán ir al reino protegido por Merkur . Es una zona bastante loca pero ahí es el único lugar en dónde podrán encontrar a un compañero muy importante y alguien que sabe más sobre está guerra entre guardianes—

El solo pensar en tener que salir del reino protegido por la Luna era horrible.

Los tres desconocían completamente el reino al que tendrían que ir, pero tenían diferentes opiniones al respecto.

Youtaro estaba emocionado, Gear quería que los llevarán rápido para terminar lo más pronto posible y Kuro deseaba que alguno de sus hermanos estuviera ahí.

Pero eso no era todo el problema, al contrario, era solo el principio.

— Peroooo~ No puedo llevarlos. Mis madrigueras fueron bloqueadas, o al menos la mayoría. Por ello...¡deberán caminar!—

Para llegar al siguiente reino tardarían mínimo dos días y si bien les iba, por que las tormentas de nieve eran muy común entre reinos al igual que corría el rumor de ciertas criaturas peligrosas, aunque tomando en cuenta que Gear y Youtaro eran lobos, ¿qué otra cosa podía ser peor?

— Yumi-chan abrirá la compuerta, ustedes regresarán a dónde encontraron mi madriguera, tomarán sus maletas y se irán directo al reino, ¿bien?—

No era como si pudieran negarse.

Si eso ayudaría a Kuro a encontrar a sus hermanos entonces no tenían tiempo que perder.

Tal y como el conejo pelinegro dijo, el rubio abrió la compuerta y pudieron salir del extraño lugar.

— Si necesitan ayuda solo pongan una moneda de oro en el suelo, griten mi nombre e iré de inmediato—

Dijo Tsurugi con una sonrisa recibiendo un golpe de Yumi.

— Lo de la moneda es falso. Pero será mejor que la pongan si quieren que este idiota vaya rápido—

¿Eso fue una forma indirecta de decir "nos vemos"? Esperaban que si dado que no tenían ni la menor idea de que hacer una vez llegaran.

A diferencia de como llegaron, tuvieron que caminar por una segunda madriguera para llegar. Si, tuvieron que escalar en cierto punto pero no fue tan largo como imaginaron.

Y en efecto, terminaron en el mismo lugar dónde empezaron.

— Iré a mi cabaña por algunas cosas. Los veo aquí en una hora—

Gear y Youtaro asintieron.

Así Kuro fue de regreso a su cabaña para empacar lo suficiente para el largo viaje que les esperaba.

Por ahora solo se podía preguntar, ¿estaría alguno de sus hermanos ahí?

Esperaba que si, por qué sino, ya no sabría que hacer para estar de nuevo con ellos.

Por ahora debía concentrarse en el viaje, ya que era muy probable que se encontraran con algún problema y por lo visto tendrían más posibilidades de estar expuestos en la noche gracias a la maldición de Gear y Youtaro.

Si, les esperaba toda una aventura que rogaba fuera tranquila.

Continuará...

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Notes:

Aclaraciones:

• La excepción de los conejos: Siempre se ha dicho que nunca verás a un conejo con lentes por qué estos comen zanahoria, la cual dicen es muy buena para la vista. Bueno, ese conejo es una excepción.

• Humillarse con una canción:
¿No les ha pasado que sienten extraño cuando en una película un personaje se presenta con una canción? A mí si. Llegan a hacerme sentir incómodo jajaja. No estamos en Disney para que la Luna se presente con una canción.

Chapter 18: Capítulo XVII: Cazadores

Chapter Text

Cuando Kuro llegó a la cabaña, trató de empacar en su "mochila" todo aquello que fuera realmente necesario y que no molestara en el camino.

Terminó rápidamente y antes de irse tomó el frasco con todos sus ahorros. Se suponía que no tomaría este a menos de que encontrara a sus hermanos, pues el dinero de este sería de gran ayuda para que los siete pudieran subsistir.

Pero la situación lo ameritaba.

Por ello, metió el frasco dentro de la mochila y se dirigió a dónde Youtaro y Gear le esperaban.

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Antes de que Kuro llegara, Gear y Youtaro se quedaron hablando un momento, aunque bueno, el pelinegro era quién más aportaba a la conversación, ya que Youtaro estaba más ocupado en mirar su colección de ramitas que en lo demás.

Será un largo y peligroso viaje. ¿Estás seguro de querer ir? Puedo conseguir un refugio para ti y...

¡No!

Le interrumpió Youtaro, dejando de lado lo que estaba haciendo para mirar a Gear.

— Iré a dónde tú vayas Gear. Por favor...no me dejes solo—

Por un momento, un recuerdo vino a la mente de Gear.

¡No me dejes solo! ¡Por favor! ¡Prometo no estorbar pero no te vayas!

Un niño gritaba desconsolado mientras miles de lágrimas salían de sus ojos y mojaban sus rosadas mejillas. Una pareja de ancianos le detuvo, sosteniéndole de sus pequeños brazos para que dejara ir a Gear, quién en ningún momento miró hacia atrás. Solo colocó su capucha sobre su cabeza y siguió su camino, sin importar cuántas veces el niño gritara que se quedara.

Él no lo hizo.

Bien. Solo prométeme que no harás ninguna locura—

Youtaro asintió con una sonrisa.

Prometo portarme muy bien y obedecer tus órdenes —

Gear podía jurar que Youtaro emanaba un brillo demasiado radiante y que si tuviera colita, como el, esta estaría moviéndose de un lado a otro rápidamente por lo feliz que estaba.

Gear no pudo evitar sonreír.

Justo en ese momento, Kuro llegó.

¿Están listos?

Los dos chicos asintieron a la pregunta del peliceleste. Se pusieron de pie y se aseguraron primeramente de tener el mapa correcto, el cuál Kuro había traído consigo.

Este contenía los reinos además de uno que otro dato sobre cada uno. Igualmente venía acompañado de un diario que fue escrito por el dueño de dicho mapa, quién, según Kuro, fue un viajero y también su tatarabuelo.

Al estar seguros que no olvidaban nada, comenzaron a dirigirse a dónde el mapa les indicaba.

Kuro iba al frente, puesto que traía el mapa en sus manos e iba observando la ruta trazada. Detrás de el estaba Gear, quién había empezado a leer algunos párrafos del diario que pudieran servirles.

Mientras tanto, Youtaro solo caminaba y observaba a su alrededor.

Según el mapa, podríamos tardar menos si tomamos un atajo. Solo que el camino está lleno de lobos y...

Esa pequeña pausa hizo que Gear dedujera que era lo otro que había en dicho camino.

No me digas, ¿cazadores?

Kuro asintió.

No importa. Vayamos por ahí si eso hace que tardemos menos—

De todos modos, algún día iba a tener que enfrentarse a algún cazador, y gracias a su maldición cabía la posibilidad que estos intentaran matarlo. Sin embargo, no esperaba tener que enfrentar uno de sus mayores temores tan pronto.

No hubo otra opción. Siguieron el mapa hasta dónde se encontraba el dichoso atajo. Según el antiguo dueño del mapa, si iban por ahí tardarían un día y medio en llegar aproximadamente.

¿Cómo no aprovechar esa ayuda?

Lamentablemente la vida no estaba a su favor, ya que una lluvia horrenda comenzó cuando ni siquiera habían salido del reino protegido por la Luna, Mond.

¡Tiene que ser una maldita broma!

Gritó Gear mientras trataba de protegerse de la lluvia con su capucha. Kuro estaba igualmente tratando de cubrirse mientras Youtaro jugaba encantado del clima, por qué aunque él no tuviera con que protegerse de la lluvia era más que feliz.

¡Tenemos que buscar un refugio! ¡Si seguimos así nos vamos a resfriar!

Nuevamente Gear gritó.

Kuro buscó con la mirada aquello que pudieran usar como refugio y se encontró con una especie de cueva. Estaba cercana a ellos así que no tardaron demasiado en llegar a ella.

Quitaron sus capuchas totalmente empapadas, aunque Gear en un principio se negaba pues no quería estar tan "expuesto" (refiriéndose a su colita y orejitas).

Extrañamente ese lugar era muy profundo y tenía bastante leña, la cuál pudieron usar para una fogata, siendo Kuro quién encendió el fuego pues contaba con una mini caja de fósforos.

Gear y Kuro se sentaron alrededor de la fogata mientras Youtaro miraba hacia las afueras de la cueva. Su mirada parecía melancólica, muy diferente a la que tenía hace tan pocos minutos cuando estaba jugando en la lluvia.

Youtaro, ven acá

Le llamó el pelinegro, haciendo que el nombrado reaccionara y se acercara también a la fogata para poder secarse un poco.

La lluvia no pasará rápido. No falta mucho para que anochezca...

Tal y como Gear decía, faltaba muy poco para que se hiciera de noche, por ende, Youtaro se transformaría en un lobo y seguramente sería más difícil cuidarlo.

¿Cuánto falta aproximadamente?

Kuro preguntó.

Por cómo se ve el cielo, seguramente se transformará...

Y antes que Gear pudiera terminar, en una nube de humo, Youtaro se transformó en lobo.

Ahora...

El pequeño lobo corrió alrededor de la fogata, pasando detrás de los chicos, quiénes le miraban con atención.

¿Podría quemarse si se acercaba más a la fogata? Esperaban que no sucediera.

Las horas pasaron y llegó un momento en el que el pequeño cachorro se sintió exhausto, por lo que caminó hasta el regazo de Gear y se recostó ahí para dormir.

Gear pasó su mano por el plateado cabello del lobito, ayudándole a dormir más tranquilo.

¿Puedo preguntarte algo?

El pelinegro preguntó para romper el silencio.

Kuro asintió, aceptado la pregunta.

Comprendo que buscas a tus hermanos pero, ¿exactamente que pasó? ¿Cómo perdiste a...tu familia?

El peliceleste agachó la cabeza ante tal pregunta. Recordar aún dolía pero no juzgaba a Gear por preguntar, después de todo debían conocerse más, ¿no?

Perdí demasiado en un día que parecía normal. Sinceramente...no sé que pasó pero...soy consciente de que mi madrastra y su familia me quitaron todo

Gear podía percibir la tristeza y el enojo en el peliceleste, sentimientos que el conocía a la perfección gracias a lo mucho que se repetían en su vida desde que fue maldecido.

Yo cometí muchos errores en mi vida. Dejé atrás a las personas que me amaban para protegerlos pero no me di cuenta de cuánto me alejé hasta que ya no volví a verlos nunca. Youtaro es lo único que me queda

¿Acaso Gear le estaba contando su pasado? Era cierto que a Kuro le intrigaba un poco el saber sobre su historia pero no era como si fuera a preguntarle directamente.

Prefería que Gear lo hiciera por voluntad propia.

¿Los que te amaban? ¿Te refieres a tu familia?

Gear negó con una mirada triste. Kuro podía jurar que estaba a punto de llorar, pero no fue así.

No. No tengo familia. He estado solo desde que tengo consciencia. Los guardianes no tenemos familia...

Kuro se quedó extrañado ante eso último.

¿Guardianes? ¿Acaso tú...?

Gear se dió cuenta de que habló de más. Iba a corregir su comentario pero fueron interrumpidos por los gritos de varias personas, más específicos, de varios hombres los cuáles se estaban acercando a toda velocidad.

Oh por Dios—

Kuro tomó la capucha de Gear y se la colocó rápidamente para cubrir sus orejas y colita, junto con el pequeño cachorro.

Para suerte de los tres, los hombres que llegaron no se dieron cuenta de lo que escondían y simplemente entraron a la cueva para refugiarse de la lluvia.

¿Ah? ¿Ustedes qué hacen aquí?

Preguntó uno de ellos.

Eran tres hombres, quiénes a simple vista podían identificarse como cazadores. Llevaban escopetas, así como trampas y cuerdas en sus manos. Sus trajes, aparte de mojados, estaban llenos de lodo y con una que otra rasgadura.

Nos dirigíamos a la salida del reino pero la lluvia nos impidió seguir—

Los hombres les examinaron con la mirada, en busca de algún indicio de que mentían, pero al ver que parecían decir la verdad, decidieron confiar.

Nosotros adaptamos esta cueva. Solemos pasar las noches aquí. Ustedes pueden quedarse si eso quieren—

Para ser cazadores resultaron ser bastante amables, o bueno, al menos eso pensaban.

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Kuro no sabía el por qué, pero a media noche despertó.

Miró a su alrededor y aunque lo que veía era muy poco, pues la fogata se había apagado, pudo ver a Gear recargado en una de las paredes de la cueva, completamente dormido aunque alcanzaba a percibir que protegía al cachorro.

Se puso de pie para caminar hacia la entrada de la cueva y mirar un rato el exterior. Todos estaban dormidos así que podría tener un momento a solas para pensar en lo que Gear le había dicho.

No tengo familia. Los guardianes no tenemos

Eso decía mucho y a la vez dejaba más dudas. ¿Acaso Gear era igual que Mond? ¿O eso era algo del pasado?

No podía imaginarlo como alguien poderoso y con magia. Alguien así podría detener a una bruja, ¿no?

Entonces, ¿qué estaba pasando?

Tan perdido estaba entre sus pensamientos que no se dió cuenta que el pequeño lobo había despertado y escapado del agarre de Gear, para empezar a pasearse de nuevo por toda la cueva.

Se acercó a los hombres desconocidos y comenzó a olfatearlos. No hacía nada malo, pero desgraciadamente cuando uno de ellos despertó no lo pensó dos veces antes de alejarlo de sus amigos de una patada.

El pobre cachorro lloró adolorido, cosa que hizo que tanto Gear y Kuro como los demás cazadores reaccionaran.

Gear trató de tomar al cachorro, pero los cazadores ya le habían tomado por el lomo para alzarlo y examinarlo a detalle.

Es una especie muy extraña. No parece ser de por aquí—

El lobo trató de soltarse del agarre del hombre, pero este empezó a agitarlo, lo que lo lastimaba aún más.

Gear no podía seguir viendo esa escena, así que no dudó en salvar a su amigo, metiéndose entre los hombres y quitándole al sujeto el lobo.

¡Oye! ¡¿Estás loco?! ¡Es un animal salvaje!

Pero Gear se negaba a escucharlos. Solo se encargaba de sobar la espalda del lobito al igual que su rostro, en dónde había recibido la patada del cazador.

¡Oye! ¡Te estamos hablando!

Otro cazador trató de tomar a Gear por el hombro, pero este les miró con enojo. Sus ojos brillaban como oro hirviendo y podía percibirse su furia. Incluso llegó a gruñirles y mostrar un par de colmillos muy afilados en su boca.

Los cazadores retrocedieron un poco asustados ante tan extraño chico.

Jamás vuelvan a tocar a Youtaro o juro que los mataré—

Kuro también podía sentir su enojo y debía admitir que era aterrador.

Sin embargo, como hombres que disfrutaban lastimar a animales indefensos, estos sujetos no temieron tomar sus armas y apuntar al pelinegro que seguía con el lobo entre sus brazos.

Entiende muchacho, esa cosa no es una mascota, es un animal salvaje—

Gear se aferraba al pequeño lobito, quién temblaba a más no poder, no solo del miedo, también de dolor.

Escuchen, no tenemos intenciones de pelear. Nos iremos de inmediato—

Kuro dijo, colocándose frente a Gear y Youtaro para cubrirlos.

Cómo era de esperarse, los tres sujetos apuntaron a Kuro con la intención de dispararle, pero algo sucedió.

En algún momento, el pequeño lobito se escapó del agarre de Gear y corrió hacia uno de los hombres para morderle la pierna con fuerza.

Este gritó y con la propósito de quitarse al cachorro de lobo, soltó su arma.

Mientras tanto, sus compañeros trataban de disparar al animal, aunque fallaron por estar teniendo cuidado de no herir a su amigo por error.

¡Toma el arma y corre!

Gear gritó sabiendo que no quedaba tiempo.

Kuro tomó el arma y justo como el pelinegro indicó, salió corriendo.

Detrás de él le siguió Gear y rápidamente el cachorro corrió detrás de ellos mientras los hombres gritaban y les perseguían, soltando disparos en todas direcciones con la esperanza de darle a alguno.

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Habían corrido lo más lejos que sus piernas y la lluvia les permitieron.

Estaban exhaustos y completamente empapados, pero encontraron un árbol lo suficientemente grande como para cubrirse un poco de la lluvia, la cuál no había cesado aún y no parecía tener intenciones de hacerlo.

Gear se sentó en el suelo y llamó al lobito, quién cojeando se acercó para ser examinado.

Oye...tenemos problemas...

El pelinegro mencionó llamando la atención del príncipe, haciendo que se acercara para ver qué pasaba. Ahí se dió cuenta de todo.

El pelaje plateado del lobito tenía una mancha de sangre en su pecho, así que supieron de inmediato que una bala lo había alcanzado. Si seguía vivo era por qué no tocó un punto vital, pero seguramente le dolía demasiado.

Necesitaban llevarlo al médico de inmediato, pero, ¿cómo?

Tenemos que apurarnos para salir de aquí—

Kuro tuvo una idea. No era tan mala si se tomaba en cuenta lo necesitados que estaban por ayuda y sabía que solo había alguien a quién podrían pedírsela.

Del frasco en su bolso, sacó una moneda y, después de colocarla en el suelo, hizo lo que se le había indicado.

¡Tsurugi! ¡Te necesitamos!

Gritó con fuerza.

La tierra comenzó a sacudirse y debajo de sus pies, un hoyo apareció. Este los condujo de la misma forma que siempre a dónde seguramente Tsurugi se encontraba.

Gear sostuvo al cachorro con fuerza mientras seguían deslizándose por el túnel hasta que este llegó a su fin.

Estaba más oscuro de lo que recordaban y no podían ver absolutamente nada o así fue hasta que una pequeña flama apareció.

Esta logró iluminar un poco y por lo menos vieron los rostros de los conejos que estaban.

Tsurugi tenía la moneda en su mano y jugaba con ella mientras sonreía. Jun era quién, de la punta de su dedo índice, sacaba la pequeña flama. Yumi en cambio solo estaba de brazos cruzados, parecía un tanto incómodo de estar ahí.

Veo que sabes seguir indicaciones al pie de la letra. ¿Qué puedo hacer por ti principito?

Preguntó el conejo pelinegro.

Necesitamos llegar rápido con un médico—

Tsurugi no se esperaba escuchar eso. Pensaba que se trataba de otra cosa, no de una emergencia. Gear mostró la herida del cachorro, quién jadeaba adolorido.

Dudo mucho que encontremos a un médico en medio de la nada—

Yumi, como siempre, fue realista.

Entonces tendremos que curarlo nosotros—

Jun propuso ganándose la mirada confundida de todos.

Puedo ayudar a cauterizar la herida, pero necesitan sacar la bala—

Faltaban pocas horas para que amaneciera por lo que no tenían tiempo que perder. Claro, a menos que quisieran tener al chico gritando.

Entre los tres conejos empezaron a tratar de sacar la bala del pecho del lobito, pero con los constantes aullidos de dolor de este y sus movimientos para evitar que le siguieran lastimando, era imposible.

Todavía no habían terminado cuando la mañana llegó. Podía seguir lloviendo pero eso no detendría lo que venía.

Obviamente, cuando Youtaro volvió a su forma humana, los gritos fueron peor.

¡¡¡Duele mucho!!!

Gear tuvo que intervenir para cubrir la boca del chico, con el fin de tratar de reducir sus gritos. Quizá les dolía ver al chico sufrir, pero debían admitir que fue más sencillo el sacar la bala del pecho de un chico en lugar del de un cachorro.

Con su poder, Jun cauterizó la herida mientras que Tsurugi rasgó una parte de la capa de Yumi para vendar la herida.

Oye, ¿acabas de rasgar mi ropa?

Yumi preguntó un tanto molesto a lo que Tsurugi asintió con una risita traviesa.

No es para tanto Yumi-chan~

Cuando los tres terminaron, Youtaro ya estaba un poco más calmado, aún le dolía pero esperaba pronto el dolor pasara.

Descansa

Jun dijo colocando su mano en la frente del peliplateado y para cuando la quitó, este ya estaba profundamente dormido.

Kuro tuvo un pequeño recuerdo.

Lo siento Shifumi

Jun dijo mientras acercaba su dedo índice a la frente de su esposa y cuando la tocó esta cayó en un profundo sueño.

Eso ocurrió cuando la Luna desapareció. Lo recordaba casi a la perfección.

Deben tener más cuidado. Los cazadores abundan en este reino—

Mencionó Yumi mientras se sentaba en el suelo, siendo seguido por los demás.

Gear recostó la cabeza de Youtaro en sus piernas y comenzó a acariciar su cabello, mientras este seguía dormido. Por un momento pensó que no soportaría el dolor y podría perderlo...otra vez.

Todavía no llegan al siguiente reino y ya están metiéndose en problemas—

Tsurugi rió. Sabía que sería complicado para ellos pero no pensó que la pasarían tan mal.

¿Por qué no puedes usar tus túneles para ayudarnos? Sería más sencillo—

Kuro preguntó haciendo que un largo silencio inundara el lugar.

No puedo hacer túneles tan largos. Puede que sean más seguros pero ni aunque los crucen corriendo podrían alcanzar a llegar antes que se cierren—

Para Tsurugi, quién era el conejo de la Luna más poderososñ que existía, el no poder usar sus poderes era patético, pero, ¿qué más podría hacer? Había intentado mil veces el volver a hacer los mismos túneles que antes pero todo era inútil.

Esa maldita bruja no permite que Tsurugi use sus poderes completamente—

Yumi apretó sus manos molesto. Desde que la bruja había aparecido, todos los conejos de la Luna se habían vuelto patéticos y aunque no lo pudiera decir, la Luna era igual de inútil que ellos.

— ¿La bruja también los maldijo?

La voz de Gear les hizo mirarle.

Los tres chicos conejo negaron.

La bruja ni siquiera nos ha visto. Solamente se mete en nuestros trabajos y siempre evita que usemos nuestro poder—

Yumi dijo.

Entonces, ¿por qué Jun no puede hacer una llama más grande?

La pregunta de Kuro hizo que Jun bajara la mirada. Tal parecía que era un tema del cuál no podían hablar.

Solo te diré que Jun-chan es el esposo más amoroso del mundo y a veces eso lo lleva a cometer estupideces—

Sin duda eso dejó aún más confundido al joven príncipe, pero aunque preguntara más no lograría nada, era más que obvio que ninguno diría una palabra sobre el tema.

Cuando su amigo despierte, los llevaré lo más cerca que pueda al reino. Lo demás depende de ustedes—

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Lo más cercano que Tsurugi pudo llevarlos fue para que caminando tardaran aproximadamente una hora en llegar.

La lluvia se detuvo, así que pudieron caminar un poco más despacio, principalmente por Youtaro quien iba a paso lento.

¿Te duele mucho?

Gear le preguntó. Youtaro negó con una sonrisa para tratar de calmar a su querido amigo.

¡Me siento muy bien! ¡Ahora no duele nada!

Pero era obvio que mentía, ya que en ciertos momentos hacía una pequeña mueca de dolor, y aún así no perdía su sonrisa.

Era increíble.

Cuando se suponía que debían llegar al reino Merkur, se dieron cuenta que no había absolutamente nada. Ninguna casa, palacio, animal, humano, nada.

Era como si nunca hubieran salido del bosque.

¿Estás seguro que este es el reino?

Kuro miró el mapa más de una vez y en efecto, indicaba que en ese lugar debía estar el reino.

Pero entonces, ¿dónde estaban todos?

Caminaron uno poco más hasta que Gear logró escuchar pasos.

Detente. Alguien nos sigue—

Miraron a su alrededor pero no había absolutamente nadie. 

O eso creyeron, hasta que, de atrás de un árbol, un chico de bella figura se dió a mostrar.

Kuro no podía creer de quién se trataba. Gear y Youtaro solo esperaron a que este hablara, ya que por su cara sabían que era alguien importante.

No esperaba verte de nuevo, hermano—

Continuará...

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Chapter 19: Capítulo XVIII: El guardián de Merkur

Chapter Text

Kuro quería darse un golpe, ya que pensaba que estaba alucinando.

¿Sus ojos le engañaban?

No. Era imposible pues Youtaro y Gear también veían a ese chico.

— ¿Lily? ¿Eres tú?—

El recién llegado asintió ante esta pregunta.

— Por supuesto, hermano. ¿No me reconoces?—

Kuro lo miró de pies a cabeza. No cabía duda, era Lily pero...

¡Estaba enorme!

Sabía que debería tener aproximadamente 17 años, pero no esperaba que hubiera crecido tanto. Incluso su ropa era la misma que usaba de niño (el traje de príncipe), solo que la habían modificado para que le quedara.

De su cuello colgaba un reloj que parecía ser de oro, el cuál le llegaba hasta su estómago. Podía incluso escucharse el tic tac.

— T-tú eras muy pequeño. Ahora..eres muy alto—

El rubio ladeó su cabeza levemente ante el comentario de su hermano.

— Era obvio que crecería. Ahora soy mucho más alto que tú—

La mayoría de las cosas seguían igual en él. Su cabello, sus facciones, su blanca piel. Pero sus expresiones...no estaban. Al menos por ahora seguía con la misma expresión seria.

También era bastante notorio que aquella apariencia infantil y voz chillona se habían marchado para ser sustituidas por una apariencia más madura y una voz un poco más grave.

El peliceleste no sabía que más podría decir. Había deseado tanto el volver a ver a sus hermanos pero no había pensado en que les diría al reencontrarse.

Lily notó el nerviosismo en su hermano y simplemente se acercó para abrazarlo.

— Te extrañé demasiado—

Fueron las palabras del rubio. Kuro tardó un poco pero finalmente correspondió a aquel abrazo.

Si, definitivamente era Lily.

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Después de aquel emotivo momento, Lily los condujo hacia dónde se suponía que debería estar el pueblo, pero durante el camino se podían notar cosas bastante raras de ese lugar.

Incluso Youtaro, quién iba caminando con ayuda de Gear, se sentía bastante incómodo por el ambiente del lugar.

— ¿No se suponía que este sitio siempre estaba lleno de personas? ¿A dónde fueron todos?—

Tal parecía que era un tema un tanto delicado pues no obtuvieron respuesta. Solo un silencio enorme.

— Ese tema está prohibido aquí. Será mejor que los lleve con el guardián, después de todo a eso vinieron, ¿o me equivoco?—

Kuro no quería admitirlo pero podía sentir que su hermano estaba muy distante y casi sin emociones aún. ¿A dónde había ido aquel niño alegre? Seguramente con todo lo sucedido, poco a poco aquel niño se fue hasta dejar a un joven más frío y solitario.

Durante todo el camino, Lily no dijo nada. Hasta a Gear le resultaba un poco raro que ese chico estuviera tan callado, principalmente por qué no parecía ser alguien así. Lo único que pudo suponer fue que trataba de ocultar algo y teniendo en cuenta el reino en dónde se encontraban, no sonaba tan descabellado.

Tardaron un poco, pero finalmente lograron llegar al centro del reino. Había un enorme prado y más adelante de este había un montón de árboles, así como una montaña y una cascada.

Parecía un lugar de ensueño si no fuera por qué estaba abandonado.

No había animales y mucho menos personas por algún lado.

— Todos los aldeanos están aquí—

Ya en ese punto Gear creía que el hermano del peliceleste estaba más que loco.

Literalmente lo único que había alrededor eran árboles*. ¿Acaso las personas se habían transformado en ellos? Teniendo en cuenta que había una bruja involucrada en todos los reinos, era probable, pero estaba de locos ver a Lily hablar con ellos como si fuera de lo más normal.

— Tu hermano está loco...—

Le susurró el pelinegro a Kuro, quién no podía dejar de ver a su hermano.

¿Realmente estaba loco?

Esperaba que hubiera una explicación lógica, pero antes de obtener una respuesta, Youtaro se acercó a los árboles con los que Lily hablaba y saludó a estos con una sonrisa.

— ¡Hola! Soy Youtaro Tsumugi , ¡es todo un placer!—

Gear intentó jalar a Youtaro para detener esa tontería, pero apenas se acercó a este, de uno de los troncos salió una persona.

— ¡Detente ahí!—

Gritó el hombre, quién vestía una armadura, y le apuntaba con la lanza que tenía. Del mismo tronco salieron dos hombres más, los cuáles tenían misma vestimenta.

Seguramente ellos eran los guardias.

— Son puertas...—

Por lo visto habían hecho puertas en los troncos y claro, cada vez que las cerraban estas se camuflajeaban haciendo casi imposible el ser vistos.

— Entonces hablabas enserio—

Kuro dijo al ver cómo de distintos troncos, varias personas salían, curiosas por lo que estaba pasando.

— Por supuesto. Ellos viven debajo de los árboles, pero estos están huecos así que utilizan una escalera para subir y salir del tronco por medio de la puerta que también hicieron. ¿Con quién pensaban que hablaba?—

Tanto el pelinegro como el peliceleste tosieron para tratar de no responder. Lily solo les miraba, después entendió que estos habían pensado qué literalmente estaba hablando con los árboles.

No dijo nada, simplemente ignoró esa equivocación.

Los hombres caballeros les acompañaron hasta lo que se asemejaba a un castillo embrujado, el cuál se encontraba pasando el prado, en una pequeña montaña.

Todo estaba solo y tan oscuro que podían jurar que mínimo debían haber muerto dos personas y ahora ellas se aparecían en el sitio. Sonaba ridículo, pero realmente era espeluznante.

Llegaron al salón principal en dónde lo único que iluminaba eran unas cuántas velas.

— Lily, ¿Quiénes son ellos y por qué están aquí?—

Una voz con tono molesto se escuchó por todo el lugar. Debido a lo enorme que era, el eco lo hacía sonar terrorífico, así que Youtaro se escondió detrás de Gear mientras temblaba.

No puede ser que sigas vivo...—

Susurró el pelinegro.

— Son mi hermano y sus amigos. Ellos desean hablar contigo—

Al acercarse un poco más pudieron ver a alguien sentado en lo que definitivamente era un trono. Tenía una vela a su lado pero esta no le iluminaba del todo bien, aún así podían alcanzar a reconocer ciertas características de esta persona.

— Ya veo. Jamás pensé que el bastardo del reino de Mars vendría hasta aquí. ¿Acaso no se los advertí Gear? ¿Ahora vienes a pedir ayuda?—

Está persona se puso de pie y se acercó al grupito. Y ahora sí pudieron verlo perfectamente.

— Eres muy enano—

Kuro dijo directamente. Poco a poco se dió cuenta de que en realidad no había pensado ese comentario y en cambio lo había dicho en voz alta.

Claro, la persona a la que iba dirigido se molestó muchísimo más y no era para menos, había sacado una de sus verdades a flote.

— ¡Eres un bastardo! ¡Sabía que no debía ayudar a nadie!

Mencionó ese....¿Niño?

Bueno, Kuro no tenía ni idea, ya que parecía ser alguien maduro, pero a la vez era tan infantil y, por supuesto, bajito.

— Vamos Misono. Ellos necesitan algo de ti, ¿no me prometiste que ayudarías en todo lo que pudieras?—

Las palabras del rubio provocaron que el más bajo suspirara y terminara cruzándose de brazos, aceptando que el había prometido tal cosa y planeaba cumplirla.

Aún si los que necesitaban ayuda parecían unos idiotas.

— Bien...los ayudaré—

Lily se inclinó un poco y besó la mejilla del pelimorado, cosa que sorprendió a su hermano.

¿Acaso el....?

— Gracias...Misono—

Al fin Kuro pudo saber su nombre, pero no comprendía el como podría ayudarles en su viaje. ¿Los acompañaría? ¿El sabía algo?

Ese chico pelimorado no parecía ser peligroso aunque si bastante enojón.

Quizá el estaba ocultando algo a los demás y eso era lo que los llevó ahí.

— Disculpa pero...¿quién eres?—

Finalmente Kuro hizo esa pregunta de forma directa.

— Soy Misono, el guardián protector del reino de Merkur—

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El recién nombrado como Misono les llevó a recorrer todo el pueblo y está vez los aldeanos estaban presentes, aunque bastante extrañados y nerviosos de tener viajeros tan raros.

La última vez que habían tenido una visita de alguien sospechoso todo había terminado en tragedia.

— Hace muchos años tuvimos una visita bastante...curiosa. Una mujer llegó de otro reino con el fin de esconderse, por qué, según ella, un persona estaba tratando de matarla. Aceptaron que se quedara pero...las cosas se pusieron muy malas—

Entre más contaba sobre ese suceso, el clima iba cambiando. Aunque en un principio no había mucha luz, ahora se había nublado por completo. Parecía como si el mismo pueblo temiera que eso volviera a suceder.

— Ella contrajo matrimonio con el rey de este reino. Con el tiempo ella...terminó enviudando. Fue tan raro y rápido que decidí investigar que demonios pasaba pero...—

Por esa pausa supieron que algo malo le había pasado y seguramente era un mal recuerdo.

Lily puso su mano sobre el hombro del pelimorado para darle un poco de confianza para seguir con el relato. Misono suspiró y continuó hablando, brincando esa parte.

— El pueblo fue destruido. Nadie recuerda que pasó, pero saben que deben temer a los visitantes. Por ello construyeron sus hogares debajo de los árboles, para esconderse del peligro, además de que todo el reino se vino abajo—

Y en parte era cierto. No importaba cuánto caminaran, la única construcción era el castillo en dónde el guardián se encontraba. Lo curioso era que tampoco había escombros o algo que indicara que alguna vez hubo un pueblo ahí.

Simplemente todo estaba vacío.

¿Puedo preguntar por esa mujer? Me gustaría saber exactamente cómo era o lo que hizo—

Misono examinó un momento al peliceleste con la intención de encontrar algo sospechoso en el. Si veía algo, por mínimo que fuera, no le contaría nada.

Pero no logró encontrar alguna pizca de maldad en ese chico. Además, si Lily le decía que no había peligro alguno entonces no habría problemas.

— Ella se llamaba Scarlet. Su llegada fue hace muchos años pero el miedo aún perdura. No tengo idea de qué demonios era pero...usaban magia muy peligrosa y prohibida—

Magia.

Solo una bruja podía usar magia y Kuro conocía una.

— ¿Hace que tanto tiempo fue? Creo que conozco a alguien que encaja con esa descripción—

Misono arqueó una ceja y se cruzó de brazos al escuchar esto.

— Es imposible que siga viva. Han pasado más de 100 años desde ello. Solamente un ser inmortal podría haber sobrevivido —

Entonces era imposible pero...¿y si eran algún tipo de descendientes o posible reencarnación?

Miró a Lily, intentando comunicarle su idea pero este rápidamente negó. Sabía lo que su hermano pensaba pero por lógica sería imposible que su madrastra y esa mujer fueran la misma persona.

Misono notaba aquellas miradas que los hermanos se dirigían. Confiaba demasiado en Lily pero su hermano le parecía un tanto raro.

— ¿Por qué demonios parece que ocultan algo?—

La caminata que tenían se detuvo de inmediato. Estaban un tanto alejados de dónde vivían los pueblerinos así que podían hablar con toda libertad.

Lo que nadie esperaba fue escucha un crujir, como si algo de vidrio estuviera rompiéndose poco a poco. Este sonido fue seguido de un quejido, además de el sonido más fuerte y constante de un reloj. Un fuerte Tic Tac empezó a escucharse.

Los tres chicos miraron al rubio y se llevaron una enorme sorpresa.

Lily era quien se estaba quejando por el dolor que sentía.

— ¡M-misono! .. ¡O-otra vez, otra vez...!—

Repitió varias veces.

Cayó de rodillas al suelo y colocó sus manos en su rostro con fuerza. Todos podían ver cómo en este y parte de su pecho unas grietas empezaron a aparecer, como si fuera un vaso de cristal rompiéndose en lugar de una persona de carne y hueso.

No sangraba y podían jurar que parecía estar hueco por dentro, ya que ciertas partes de su rostro habían perdido pedazos.

Kuro no entendía que pasaba, pero al intentar acercarse a su hermano Misono lo detuvo.

— ¡No lo toques!—

Le gritó.

Misono tomó el reloj, y conjurando algunas palabras, de su mano un brillo púrpura comenzó a emanar.

Las manecillas del reloj comenzaron a ir de en reversa y las grietas lentamente fueron desapareciendo, hasta que finalmente Lily volvió a la normalidad.

No se puso de pie, ya que necesitaba tomar aire, pero por lo menos el dolor se había detenido.

Gear, Youtaro y Kuro estaban demasiado confundidos con lo que acababa de suceder.

— Ustedes tienen mucho de que hablar—

Agregó Misono.

¿Qué demonios estaba pasando?

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Había una cosa que Mahiru había estado planeando: escapar.

Era complicado pues no sabía cómo hacerlo ni a dónde ir después de ello, pero estaba decidido a por lo menos intentarlo.

Primeramente debía deshacerse de las cadenas, pero no importaba cuánto las jalara o tratara de romperlas, solo había una forma de hacerlas desaparecer:

Debes unir tu vida a la de alguien más, así ambos cargaran con las cadenas que te atrapan y el peso disminuirá.


Tsubaki una vez le había dicho eso.

Pero, ¿a qué se refería exactamente?

Ahora mi vida está atada a la tuya

Esas palabras se repetían en su mente. Era como si el ya hubiera hecho algo así pero no recordaba cómo ni con quién.

¿Con quién había atado su vida?

Seguramente como no lo recordaba era por ello que las cadenas habían vuelto a aparecer y ahora estaban más pesadas que nunca.

— Mahiru, ¿estás bien?—

La voz de Tsubaki le sacó de sus pensamientos.

Dirigió su mirada hacía dónde el pelinegro se encontraba. Este tenía una expresión preocupada y bastante angustiada, seguramente por ver al castaño tratando de romper las cadenas.

A-ah ...si. Todo bien—

Mahiru sabía que Tsubaki no le diría a su madre lo que trataba de hacer, pero no quería meterlo en problemas.

Si su madre se enteraba era muy probable que le hiciera algo.

El conocía un lado tan temible de su madre que Tsubaki aún no lograba conocer y esperaba que nunca lo hiciera.

— Mahiru...quieres irte, ¿verdad?—

La respuesta podría parecer demasiado obvia, pero Tsubaki realmente necesitaba saberlo.

Necesitaba escuchar lo que Mahiru quería, y que aunque recibiera un castigo, el haber ayudado al castaño lo habría valido.

— L-la verdad...si, pero sé que te meteré en problemas, así que con que estés conmigo por un momento basta—

Aunque Mahiru sonriera, el pelinegro podía sentir la tristeza en ese pobre chico.

No pudo soportarlo y salió corriendo de aquel lugar, dejando a Mahiru confundido y solo.

Quizá pasaron unas dos horas cuando Mahiru comenzó a escuchar pasos.

Estos se acercaban cada vez más a el, por lo que temeroso se puso de pie, con la poca fuerza que tenía.

Comenzó a retroceder y tratar de esconderse, pero claro, todo fue en vano.

Finalmente, el dueño de aquellas pisadas apareció y cuando Mahiru lo vió a detalle sintió como si lo conociera, aunque no lo recordaba.

— Mahiru...soy yo. ¿No me recuerdas?—

Tsubaki apareció detrás de ese chico y se acercó hasta su hermano para extenderle la mano y calmarle, ya que quería mostrarle que ese "desconocido" no era peligroso y no había motivos para temerle.

— Él podrá ayudarte. Te lo prometo—

Cómo era de esperarse, Mahiru tuvo miedo al inicio pues a pesar de sentir que alguna vez en su vida había conocido a ese chico, aún sentía temor de el.

— Mahiru, te prometo que te sacaré de aquí, solo por favor, confía en mí—

El extendió su mano hacia el castaño y unos minutos más tarde Mahiru le tomó de la mano, aceptando que confiaría en el.

— Puede que no lo recuerdes pero tú...bueno, quieres a alguien más. Te llevaré con el aunque no tengo idea de cuánto tardaremos—

Sus palabras le dejaron aún más confundido. ¿A qué se refería exactamente con querer a alguien más? ¿Acaso el tenía pareja?

En esos momentos deseaba poder recordar algo pero aunque le contaran sobre su vida antes de estar en esa cueva, nada funcionaba.

Sus recuerdos ya no estaban.

Lentamente fue cayendo de rodillas tratando de digerir todo lo que estaba pasando. Sentía que su mente iba a explotar ante la ausencia de tantos de sus recuerdos. Estaba tan concentrado en pensar en esas cosas que no se dió cuenta cuando ese chico se puso de rodillas enfrente suyo.

Las cálidas manos del chico se colocaron sobre sus mejillas para limpiar aquellas lágrimas que Mahiru ni siquiera se había percatado que salieron de sus ojos.

La mirada carmín del joven le observaba con calma, preocupación y mucho amor.

— Saldremos de esta. Lo prometo—

Después de pronunciar esas palabras, el chico se acercó al castaño hasta juntar sus labios en un suave y corto beso.

Durante el beso, las cadenas emitieron un brillo hasta que finalmente desaparecieron, dejando ver todo lo que provocaron.

Tenía heridas en sus tobillos y muñecas dónde alguna vez estuvieron los grilletes. Hacia tanto que no caminaba que hasta sus piernas estaban comenzando a fallar, por lo que el chico con quién había compartido la carga ahora lo estaba llevando en brazos.

— Yo lo cuidaré mientras tanto. Debemos encontrar una forma de recuperar sus memorias y...llevarlo con el príncipe—

Mahiru podía ver qué le dolía decir aquellas palabras, pero nuevamente no entendía el motivo.

— No tengo ni la mínima idea de en dónde pueden estar, pero prometo ayudar. Iremos todos en busca de mis hermanastros lo más rápido posible. Debemos hacerlo antes de que mi madre...se percaté de lo que hice—

Tsubaki habló a lo que el chico asintió.

— Nos vemos en una hora en la salida del pueblo. Cuida de Mahiru mientras tanto—

El pelinegro se marchó rápidamente dejando al muchacho con el castaño.

— Debes tener hambre y frío. Te llevaré a mi hogar para que puedas descansar y comer algo. Seguramente mis amigos ya tienen preparado algo de comer—

El joven comenzó a caminar apenas cubrió a Mahiru con su abrigo. Por primera vez en mucho tiempo, Mahiru pudo sentir como alguien, que no fuera Tsubaki, era amable con el.

Sin duda era un sentimiento bastante cálido y esperaba que siguiera así.

Después de todo, ya no había marcha atrás. Su madre pronto descubriría que escapó y era bastante seguro que todo se volvería un caos.

Pero mientras tanto disfrutaría de su libertad.

Continuará ...

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Chapter 20: Capítulo XIX: Un Hogar Cálido

Chapter Text

¿Una maldición?

Kuro preguntó a su hermano, quien de inmediato asintió.

El día en que todos fuimos separados, ella lanzó dos maldiciones. Una de ellas me fue impuesta y...tengo las horas contadas...—

A pesar de sus palabras, su expresión aún seguía siendo vacía.

¿Y de qué trata la maldición?

Cómo portadores de otras maldiciones, Gear y Youtaro estaban más que curiosos por saber si acaso Lily sufría lo mismo o si su destino sería igual.

Básicamente soy como una figura de porcelana. No puedo tener emociones y con el pasar de los días mi cuerpo se quedó vacío. Lo que vieron fue la prueba de que ya no tiene sangre u otra cosa—

Sus manos pasaron a tomar el reloj que colgaba de su pecho y lo mostró a todos los presentes.

Misono me dió este reloj. Frena la maldición, pero cada que las manecillas se mueven, la maldición empieza a correr. El utiliza el reloj para retrasar mi muerte. Soy una bomba de tiempo que estallará en cualquier momento...

A pesar de no mostrar alguna expresión en su rostro, todos podían darse cuenta de lo deprimido que el rubio estaba.

Es por ello que Lily no se ha ido de aquí. Soy el único que puede frenar la maldición con el reloj—

Si ese chico decía la verdad, entonces el que Lily regresara al reino sería prácticamente algo imposible, claro, a menos que Kuro deseara ver cómo su hermano moría.

Lily notó el semblante triste en el rostro de su hermano y una idea vino a su mente.

Una que quizá a Misono no le gustaría pero definitivamente podría funcionar.

Estás reuniendo a todos, ¿verdad? Puedo acompañarte en tu viaje—

Misono fue el primero en mirar a Lily bastante confundido y hasta molesto.

¡¿Estás loco?! ¡Si no estás aquí vas a morir!

Pero el rubio tenía todo planeado.

Si, corría el riesgo de morir pero, ¿qué más daba? De todos modos, algún día tendría que dejar el mundo, ¿o no? Si era así, prefería estar con sus hermanos a morir solo.

Calma Misono. No me pasará nada—

Aún cuando en el fondo Lily sabía que no podía jurar el volver con vida, al menos podía intentar calmar a Misono o que este le permitiera salir, ya que si el guardián no permitía a cierta persona el salir de su reino protegido entonces no lo haría.

P-pero...no puedes irte....

Parecía que el pelimorado estaba a nada de empezar a llorar, por lo que Lily decidió hablar con el.

¿Pueden dejarnos a solas?

Los tres chicos asintieron y se marcharon a otro lado del castillo, dejando a esos dos completamente solos.

Lily sostuvo las manos de Misono y trató de sonreírle. El pequeño guardián sabía lo difícil que debía ser para el rubio el tratar de mostrar sus emociones, así que el que hiciera eso le hacía ver lo mucho que trataba de calmarlo.

Sé que estás preocupado pero quizá esto pueda ayudar al pueblo a volver a tener el brillo que alguna vez me contaste que tuvo. ¿No te gustaría volver a esos días?

La respuesta era un rotundo si, pero aunque Misono quisiera que todo volviera a ser como antes sabía que podían perder mucho, entre ello a Lily.

Es muy peligroso que salgas del pueblo. Pero yo no puedo irme de aquí...debo protegerlos...¿quién te va a proteger a ti?

Lily recordaba perfectamente el día en que fue jalado al portal y terminó en reino desconocido.

Era tan joven que sus ganas de llorar eran inmensas. Estaba demasiado asustado por estar lejos de su familia hasta que lo vió. Ese chico pelimorado le extendió la mano con una sonrisa amable. El miedo del niño poco a poco desapareció.

No tengas miedo. Sé que haz visto cosas horribles pero...ahora yo te voy a proteger—

Lily no lo conocía, pero podía ver la bondad en el mirar del pelimorado. Fue por ello que tomó su mano y jamás lo soltó.

Está vez...yo voy a proteger a los demás y traeré de nuevo la paz a tu reino. ¿Puedes confiar en mí?

Misono dudó.

¿Podría el niño que alguna vez cuidó ahora salvar a todos?

Lily ya no era ese pequeño niño asustado, ahora era un joven que fue obligado a madurar.

Podía hacer muchísimas cosas ahora y una de ellas era dejar el lugar donde se crió.

B-bueno, pero más te vale regresar con vida o juro que te odiaré por siempre, bastardo—

Cómo siempre, Misono mostraba su lado tsundere, que aunque para muchos podría ser bastante molesto, para Lily era una faceta bastante tierna.

Te prometo que regresaré y cuando lo haga espero que al fin aceptes mi propuesta—

Un beso fue plantado en la mejilla sonrojada del pelimorado, quién ante este acto solo pudo ponerse aún más rojo.

¡E-eres un tonto!

Lily no podía sentir nada y aún así sabía que estaba enamorado de ese pelimorado tsundere.

Depositó un suave beso en la cabeza de este y se ganó un muy suave golpe en el pecho por parte del más bajito, quién ahora sí que se asemejaba a un tomate de lo rojo que estaba.

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Una vez Lily y Misono terminaron su conversación, todos se reunieron de nuevo en el gran salón dónde se hallaba el trono del guardián.

Ni siquiera tenían idea de qué hora era pero ya había caído la noche, y al igual que en el reino Mond, en este tampoco había Luna.

Youtaro se convirtió en un lobito igual que siempre, pero está vez no pudo seguir el paso de los demás gracias a la herida que tenía en su pechito.

Gear notó como el cachorro iba a un paso más lento y se le dificultaba mucho el alcanzarlos por lo que se detuvo para tomarlo en brazos.

Ven aquí...

Tanto el pelimorado como el rubio los observaron. Quizá la expresión de Lily no cambiaba ni tampoco sentía algo pero era sorprendente el ver cómo funcionaba la maldición de esos chicos y lo que está provocaba.

Así que esa es su maldición. Parece que es lo único que sabe hacer esa bruja...

Y aunque Misono dijera tales palabras, el mismo sabía que no era lo único que esa mujer que les atacó podía hacer.

Ella era un monstruo.

Pueden quedarse aquí si eso quieren. Lily les mostrará sus habitaciones para que puedan dormir. En un momento más la cena estará servida, así que más les vale estar listos, bastardos—

Tal y como el guardián dijo, Lily los llevó a dónde podrían pasar la noche.

Había miles de habitaciones pero pocas podían abrirse o se veían habitables.

¿Quienes se supone que vivían aquí? Este lugar está horrible—

Kuro preguntó. No era su intención ofender, pero estaba seguro que todos eran conscientes de lo horrible y terrorífico que era el sitio.

La familia real habitaba aquí o así fue al menos hasta que ella llegó. Tal y como nos sucedió, esa bruja solo destruyó a la familia. Después de matar al rey lo siguiente que hizo fue destruir el reino. Este sitio ha estado solo desde entonces—

Fácilmente esa historia podría convertirse en una de terror. Entonces, ¿eso es lo que les hubiera pasado a ellos? No, era imposible.

Si el castillo llevaba tanto tiempo solo significaba que la bruja ya debería estar muerta y que su madrastra tuviera relación con ella era difícil, ¿verdad?

Descansen un rato. La habitación de al lado también está disponible, así no tendrán que compartir la cama. Iré a ayudar con la cena y les llamaré cuando esté lista—

Lily se despidió y se marchó, dejando que sus invitados pudieran entrar a las habitaciones antes dichas.

Una vez dentro, pudieron ver qué estas eran enormes. Kuro podía recordar su antigua habitación.

Eran bastante parecidas.

Igualmente, tenían una enorme cama, muebles lujosos, paredes blancas, o bueno, casi blancas, ya que debido a los años se habían vuelto un tanto grises. En fin, los cuartos eran maravillosos.

El cachorro saltó de los brazos de Gear directo a la cama y comenzó a brincar en esta bastante contento.

Vas a lastimarte, tonto—

Mientras Gear cuidaba de Youtaro, Kuro, en su cuarto, pudo sentarse un momento en el sofá que allí había con el fin de mirar de nuevo el diario que llevaban.

Día XX

Los reinos han estado en guerra por muchos años, pero al fin los guardianes salieron a detener todo.

El guardián de Mond al fin se presentó ante nosotros y nos hemos dado cuenta que es un chico bastante joven. ¿Cómo habrá hecho para convertirse en un guardián?

Con el viajan cinco personas que se hacen llamar los conejos de la Luna. Son peculiares pero parecen ser amigables. Uno de ellos es una mujer que parece ser bastante fuerte e incluso es quién llega a "mandar" al guardián.

Este guardián también ha mostrado su poder y un arma que porta. Solo tuvo que blandir su espada y un montón de brillantes estrellas aparecieron en el cielo nocturno. Parecía magia.

Es una persona un tanto solitaria pero muy amable. Se ve que solo necesita compañía.

La solitaria Luna solo quiere encontrar a alguien que la ame.

Eso era lo escrito en esa página del diario.

¿Realmente estaban hablando de la misma Luna y conejos que el conoció? Haciendo memoria, la Luna era alguien muy frío y grosero, los conejos, si, eran amigables pero no eran cinco ni mucho menos había una mujer entre ellos.

¿Acaso habían cambiado?

No, sería imposible.

Entonces, ¿dónde quedaron esas entidades descritas en el diario?

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Apenas llegaron a la cabaña fueron recibidos por Koyuki y Ryusei.

¡Wow! ¡Enserio es él! Pensé que ya estaría muerto como...los demás—

Por sus palabras, Ryusei se ganó un golpe en la cabeza por parte de Sakuya.

¿Cómo se te ocurre decir semejantes cosas frente a él?

Y aunque Koyuki no estaba de acuerdo con la violencia, concordaba en que lo que Ryusei dijo no era lo adecuado.

Ryuu-chan solo se equivocó. No deberíamos actuar así

Mahiru los miraba atentamente y con algo de confusión.

¿Ellos lo conocían?

Mahiru, ellos son Koyuki y Ryusei. Son mis amigos y...estaremos para ayudarte—

Sakuya explicó tratando de calmar los nervios del castaño ante personas "desconocidas".

Koyuki y Ryusei se sentían bastante desanimados sobre el hecho de que el chico no los recordara.

Eran conscientes de lo que había pasado, por qué Sakuya les había contando todo, y aún así les dolía que aquel niño que conocieron y con quién compartieron varios días no tuviera ni la mínima idea de quiénes eran.

Pero no lo culpaban, después de todo, hasta ellos mismos la habían pasado horrible con la bruja, quién les había arruinado la vida.

Habían perdido todo.

¡Es cierto! Preparamos algo de comida aunque no tenemos idea de si sabe bien...

Se suponía que en una hora debían ver a Tsubaki a las afueras del reino, pero tal parecía que esto no se podría, no solo por la hora, sino que debía encontrar una forma de que su madre no se enterara de lo que hizo y esto le estaba tomando mucho tiempo.

Ese chico de pelo rosado vino a dejar una carta que decía que esperaran hasta que pudieran resolver el problema. Así que puede que tarden más tiempo en salir de aquí—

Koyuki le susurró a Sakuya.

Así que no habría problema. Mahiru podría quedarse mientras tanto con ellos tres.

Los dos chicos guiaron a los recién llegados a la cocina, en dónde, sobre la mesa, tenían una olla llena hasta la mitad de lo que aparentaba ser una sopa.

Hace frío afuera así que.. no hay nada mejor que una sopa calientita

Ryusei exclamó con orgullo.

Todos tomaron asiento y Koyuki fue el encargado de servir en un tazón algo de la sopa que habían hecho con el fin de darla al castaño.

Es sopa de verduras. Fue lo único que teníamos pero esperamos que te guste

Mahiru tomó el tazón con sus ojos iluminados, no solo por lo calientito que se sentía, sino por lo bien que olía.

Tomó un sorbo de este y una sonrisa se dibujó en su rostro.

¿Y bien? ¿Cómo sabe?

Preguntó Sakuya, mientras Koyuki y Ryusei esperaban ansiosos su respuesta.

Mahiru, aún con una sonrisa, les respondió con total sinceridad.

Sabe deliciosa~

Los dos encargados de cocinar estaban más que contentos de que su sopa no haya sido un desastre.

Pudieron comer en calma y aunque los tres ex guardias no podían percibir los sabores de su sopa, sabían que al menos habían hecho un gran trabajo.

¡Mañana haremos un rico pollo asado! Ya lo verás, será delicioso—

Ryusei dijo con emoción y algo de ego, puesto que pensaba que todo lo que el cocinara siempre sería delicioso.

Ajá, pero está vez trata de no quemar la cocina—

Y Sakuya se encargó de bajarlo de las nubes.

¡Fue una sola vez y te consta!

Vamos chicos, no debemos pelear frente a Mahiru—

Estaban tan ocupados que ni siquiera se dieron cuenta cuando pequeñas lágrimas salieron de los ojos ámbar del castaño.

¡Waaa! ¡No llores!

Koyuki pensaba que habían provocado que Mahiru llorara por su mini pelea. Ryusei estaba en las mismas pero Sakuya sabía que pasaba.

Entendía el por qué de las lágrimas del castaño

Mahiru trató de limpiar sus ojos, aunque de estos seguían brotando lágrimas. Pero aún en ese estado, seguía sonriendo.

¿Estás bien?

Preguntó el rubio a lo que Mahiru asintió.

¡Estoy muy bien!

Sakuya no quiso explicar a sus amigos que pasaba, ya que pensaba que no tenía caso.

Era algo que Mahiru necesitaba sacar si o si.

Mahiru no estaba triste por el hecho de que estuvieran discutiendo, en realidad esa pelea tan boba fue lo que le hacía sentir como si estuviera en una familia.

¿Cuándo había sido la última vez que pudo comer en un lugar cálido y con personas tan amables? ¿Cuando fue la última vez que se había sentido como en un hogar?

¿Cuándo había sido la última vez que pudo comer hasta estar satisfecho?

Podía pasar días sin comer, eso era cierto, pero había extrañado esa sensación de tener a alguien a su lado para compartir los alimentos que le dieran.

Se había sentido tan solo que las lágrimas de felicidad no pudieron evitar salir de sus ojos.

No te preocupes. Ya no estarás solo—

El peliverde dijo con una sonrisa mientras daba suaves palmaditas a la cabeza del castaño.

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En el castillo, en el reino de Merkur, todos se encontraban comiendo tranquilamente. La cena era sencilla, consistiendo solo en un poco de ensalada acompañado de algunos trozos de pollo, aunque para Kuro, Gear y Youtaro esto era todo un festín.

Finalmente, cuando la cena terminó, Misono se puso de pie y se despidió.

Necesito revisar a todos los aldeanos. Ustedes pueden irse a dormir. Los veré mañana—

Y sin decir otra cosa más, salió del comedor.

Lily se quedó un momento en silencio antes de también ponerse de pie y caminar hacia la puerta, pero antes de salir, una voz muy familiar le llamó.

Lily...

El nombrado giró un poco su cabeza para ver a su hermano, quién al parecer no se atrevía a decir lo que quería o al menos no al principio, ya que después tomó una bocanada de aire y continuó hablando.

Me alegra volver a verte...descansa—

Hacía tanto tiempo que Lily no escuchaba a su hermano decirle tales palabras. Sin duda era reconfortante el saber que al menos el seguía con vida.

Ahora podría estar un poco más tranquilo sabiendo que no todo estaba perdido.

Lo mismo digo hermano. Descansen. Mañana a primera hora tendremos muchas cosas que hacer—

Apenas Lily salió del comedor, Gear se quedó mirando a Kuro, como si estuviera esperando a que este se diera cuenta de que lo observaba y finalmente lo viera, cosa que afortunadamente funcionó.

¿Qué? ¿Hice algo malo?

No era que hubiera hecho algo malo, sino que parecía estarse resistiendo a decir lo que realmente pensaba.

Han pasado tantos años desde que no ves a tu hermano, ¿y solo le dices eso? Deberían hablar sobre todo lo que les ha sucedido y como planean juntar a los demás—

Pero Kuro aún no se sentía capaz de hablar de algo así con Lily. Se sentía como si no conociera al rubio que decía ser su hermano menor y todo debido a los años que habían estado separados.

¿Como sabría si Lily aún era igual que ese niño que amaba a sus hermanos o en realidad había cambiado?

Y jamás se había puesto a pensar en el momento en que viera a sus hermanos y estos estuvieran aún más grandes. ¿Qué tenía planeado hacer? Incluso no le sorprendería no poder reconocer a alguno o que alguno no le reconociera.

Tienes razón, no lo he visto en años pero...no me siento preparado para hablar a solas con él o contarle sobre lo que ha pasado en su ausencia—

Gear suspiró.

Ambos salieron del comedor directo a sus respectivos cuartos, mientras detrás de ellos el cachorro les seguía.

Gear abrió la puerta de su habitación y el lobito de inmediato entró en este.

Pero antes de que el pelinegro siguiera al lobito, este miró al peliceleste para decirle algo.

Podrías intentarlo. Creo que todos tus hermanos igualmente querrán hablar contigo. Antes eran muy unidos, ¿no? ¿Por qué piensas que el tiempo cambiaría esa relación? Trata de pensarlo. Buenas noches

Y dejado esa incógnita, entró a su cuarto y cerró la puerta.

Kuro igualmente entró en su habitación y apenas cerró la puerta se dirigió a la cama. Antes de recostarse retiró la capa que portaba y la dejó sobre el sofá, así como también retiró sus botas y finalmente se acostó.

Su mente comenzó a divagar con todo lo que Gear le había dicho.

El tenía razón, de eso no había duda, pero siempre volvía al mismo: No se sentía listo para hablar con su hermano.

No quería tratarlo como el niño pequeño que alguna vez fue. Quería primeramente conocerlo de nuevo y después ya tratar de recuperar aquella bonita relación que tuvieron.

Ese mismo patrón se repetiría con todos sus hermanos y aunque le tomara mucho tiempo el lograr volver a conocerlos, estaba dispuesto a esperar.

Pero ahora solo podía tratar de dormir para que al día siguiente pudieran seguir con su viaje, o al menos tratar de conseguir más pistas sobre que hacer.

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En otro lugar, alguien miraba atentamente al cielo nocturno.

No podía ir al mundo de los humanos pero desde aquel ventanal en su palacio podía ver cómo marchaba todo.

Los humanos seguían sin la Luna y no podía estar más feliz de ello, ya que a su parecer, estos no merecían nada.

Eran solo criaturas horribles que se lastimaban los unos a los otros sin piedad y tampoco les importaba perjudicar a sus superiores, ni aunque estos fueran "dioses" que les protegieran.

¿Estás seguro de esto? Hace casi nada acabas de echarlos del palacio, ¿por qué piensas que te hará caso?

El conejo pelinegro preguntó.

Por que tiene que hacerlo. Ese chico va a darme ese estúpido libro le guste o no. No me importa si se lo tengo que quitar a su cadáver, ese libro será mío—

Continuará...

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Chapter 21: Capítulo XX: No Existen

Chapter Text

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Cuando Kuro abrió sus ojos, lo primero que notó fue que aún no amanecía del todo.

No había despertado por voluntad propia, de hecho, algo lo despertó, o mejor dicho, alguien.

El lobito se encontraba brincando en su cama bastante alegre. No entendía como entró en su cuarto pero en ese momento solo quería detenerlo.

Basta, ven aquí—

Y trató de tomarlo pero fue imposible. Era como si el lobo tuviera mantequilla pues era demasiado resbaladizo y se escapaba muy fácil.

— Vamos Youtaro...casi amanece...—

No comprendía el por qué el cachorro estaba tan inquieto. ¿No se suponía que estaba lastimado y no podía moverse mucho? Tal parecía que Youtaro era incapaz de sentir dolor en ese momento.

Sin darse cuenta, el cachorro bajó de la cama y salió rápidamente del cuarto...por la ventana.

Kuro reaccionó cuando vió al cachorro de lobo saltar por la ventana.

Rápidamente se acercó a esta, preocupado de que se hubiera hecho más daño, pero este ya no estaba.

<< ¿A dónde fue? >>

Miró hacia abajo, hacia los lados, pero no había rastro alguno.

¿Realmente el lobo había estado ahí o todo fue producto de su imaginación?

Golpeó sus mejillas varias veces para tratar de despertarse. Definitivamente no estaba soñando, lo que significaba que debía descubrir que demonios había pasado.

Se quedó unos minutos más dentro del cuarto sin hacer nada realmente.

Solo estaba esperando a que amaneciera, ya que no quería salir del cuarto y despertar a todos.

Apenas fue la hora perfecta para "despertar", se alistó y salió del cuarto, siendo el primero a quien vió Youtaro, pero está vez en su forma humana.

— ¡Buenos días! ¿Qué tal dormiste?—

Kuro no respondió. No era por ser grosero o algo parecido, sino que nuevamente no entendía como el lobo había estado en una parte y ahora en otra.

— A-ah...bien...supongo—

Fue su respuesta final.

Casi al instante de decir esto, Gear salió del cuarto, solo que esta vez no llevaba su capa puesta, por lo que sus orejas y colita estaban al descubierto.

Parece que no dormiste nada. No me digas que no te gusta dormir solo ahora que tienes compañía—

Pero no era eso.

Gear solo bromeaba pero al ver que Kuro no respondía decidió no seguir con esa incómoda broma.

Al final, quien les salvó de aquel ambiente tan incómodo fue el rubio.

— Buenos días. Veo que al fin despertaron—

Lily no dijo nada más y nadie tampoco lo hizo. Solo le siguieron al comedor para tomar el desayuno, el cual fue preparado por el mismo rubio.

Misono ya se encontraba en su respectivo lugar y tal parecía que estaba mucho más tranquilo que el día anterior.

Siéntense a comer. Hay trabajo que hacer —

Todos se sentaron y miraron sus respectivos desayunos. Se veían bastante apetitosos y sinceramente tenían demasiada hambre así que no tardaron mucho en empezar a comer.

Tal parece que sus maldiciones los están consumiendo. ¿Cuánto tiempo llevan con ellas?—

Preguntó Misono a ambos chicos medio lobos.

Gear lo pensó un momento ya que debía calcular muy bien todo el tiempo que había pasado desde ese día. Ese día en que su pueblo fue destruido por completo.

Quizá unos 10 años—

Kuro, Misono y Lily le miraron.

Eso era demasiado tiempo.

¿Cómo pueden seguir vivos? Eso ya debió haberlos matado—

Pero ni siquiera Gear lo sabía.

Tenía la leve sospecha de que aquella bruja que les maldijo los mantenía con vida para que siguieran sufriendo y finalmente encontraran una muerte  dolorosa.

Pero solo era una teoría.

— No tengo idea y tampoco quiero saberlo. Solo haré que nos quite está maldición. No me interesa lo demás —

Y está vez, por sus palabras, Kuro tuvo una duda.

— ¿Y que hay de mi? ¿No vas a ayudarme como prometiste?—

Gear arqueó una ceja incrédulo de lo que estaba escuchando.

— Yo no dije eso...—

Una muy típica frase de Gear.

En parte este había medio olvidado la promesa de ayudar al peliceleste, pero estaba claro que tenía la intención de cumplirla, claro, a menos que alguna de las condiciones se interpusiera.

Deben tener cuidado. La bruja cada vez se está volviendo más fuerte. Si llega hasta el último guardián y lo derrota es muy probable que sea el fin de todo —

El último guardián.

Kuro no conocía a todos los guardianes, por lo que no tenía ni la mínima idea de cuántos quedaban. Si todos los reinos tenían un guardián, eso quería decir que había ocho.

¿Cuántos guardianes quedan?—

Tal parecía que Misono no iba a responder a ello. Fue por eso que Gear lo hizo.

Merkur, Venus, Mond y Mars han sido derrotados. Aún quedan cuatro. Seguramente ella está en otro reino y planea acercarse al rey y repetir todo —

Ella tenía un patrón fijo y tal parecía que este estaba funcionando demasiado bien.

¿Por qué nadie sospechaba de ella? Seguramente se dejaban llevar por su belleza y terminaban dudando que "un ser tan hermoso" sea capaz de tales atrocidades.

Quería preguntar más sobre ello, pero recién había recordado algo.

Tsurugi...es decir, el conejo de la Luna nos dijo que tú nos contarías más sobre la guerra entre guardianes—

Kuro fue quién habló directamente. Llegó a pensar que ese comentario haría enojar a Misono pero este se mantuvo sereno y hasta cierto punto parecía no importarle hablar sobre esto.

Así que el conejo de la Luna. Parece que ese guardián sigue siendo un inútil—

El pelimorado suspiró con fastidio.

El hablar sobre la guerra es volver a abrir la herida. Todos cometimos horribles errores y aunque algunos queremos disculparnos...a otros no les importa lo que sucedió—

Y hasta ese momento Misono mostró una expresión decaída.

Tal parecía que el era de aquellos que "querían disculparse y volver a ser amigos".

— Necesito saber que pasó. Si logramos reunirlos a todos es más probable que derrotemos a la bruja —

Gear y Misono se miraron un momento.

Cada uno tenía diferentes versiones de lo que ocurrió después de la pelea inicial así como la forma en que terminaron peleando con la bruja, pero al final los dos perdieron todo por esa estúpida mujer.

— Bueno...supongo que puedo contarte mi versión—

Misono respondió y después de tomar una gran bocanada de aire comenzó a hablar.

Los guardianes se hallaban reunidos en el mismo salón de siempre, aquel en el que solo ellos podrían ingresar o quizá alguien con más poder.

Era su lugar seguro.

¿Una bruja? ¡Debes haberte vuelto loco! ¡Las brujas no existen!—

Un rubio, guardián de Jupiter, habló mientras reía ante tal estupidez que el guardián, que estaba en medio de la sala principal, les había contado.

Todos los demás solo hablaban entre ellos para después turnarse para responderle al guardián que había dicho sobre aquella bruja.

Las brujas se extinguieron hace años...debes estar imaginado cosas—

El guardián de Saturn habló con voz baja y un tanto temblorosa.

Yo creo que están exagerando. Pero si hay una bruja es necesario que eliminemos el mal—

Ahora el guardián de Neptun dijo casi gritando.

— Creo que...eres muy raro —

Otro guardián rubio, está vez de Uranus, habló, pero el parecía mucho más tranquilo que sus compañeros.

Haremos una votación. Dependiendo del resultado tomaremos tu pedido o lo rechazaremos por completo—

El diseño del lugar hacía parecer que estaban en un juzgado y todos ellos eran jueces.

Misono se encontraba sentado junto a ellos, mientras que el guardián que aseguraba haber visto a la bruja se encontraba de pie en medio de todos.

Levante la mano quién quiere ayudar a detener a "la bruja"—

Y cómo era de esperarse nadie levantó su mano.

— Ahora, quién desea rechazar tal pedido—

Todos, absolutamente todos levantaron su mano.

Por decisión unánime rechazaremos tu pedido. Ahora ve a seguir trabajando que no puedes ni debes estar aquí. Recuerda, eres un humano a nuestros ojos. —

El guardián de Mond apretó sus manos molesto y antes de salir de aquel salón se volteó a los guardianes y les dijo unas palabras.

Cuando ella les derrote y los dejé sin nada.. se arrepentirán de esto—

Misono se detuvo un momento recordando ese día.

Todos se habían burlado del guardián solo por qué este "no era un guardián legítimo" y pensaban que estaba loco y había inventado todo ello solo para llamar su atención.

Pero tal y como Mond había dicho, se arrepentían de haber ignorado su advertencia.

Al menos los que ya habían sido derrotados.

Ese fue el inicio del conflicto. Mond no volvió en varios días pero... —

Siempre se reunían y cada que lo hacían discutían sobre cualquier tontería.

Era obvio que tenían ideas muy diferentes, pero el tema de la bruja los estaba comenzando a hacer discutir más.

Mientras unos querían olvidar el tema, otros simplemente no dejaban de molestar con el, todo para parecer "graciosos".

La gota que derramó el vaso fue el día en que Milchstraße* llegó para hacer su típica revisión de como iban las cosas en los pueblos.

¿Quién fue el tonto que ha estado diciendo sobre una bruja a todos?—

Obviamente ninguno tuvo problemas con exponer a quién había estado molestando con ese tema.

Dejen esas tonterías. Por la culpa de Mond se ha creado un caos en el mundo humano —

Añadió el hombre.

Literalmente, todo el día que Milchstraße estuvo presente lo único que hizo fue regañar y exhibir al pobre guardián, mientras los otros le seguían la corriente hablando pestes de Mond a sus espaldas.

Después de que ese tipo se fuera, los guardianes volvieron a reunirse para esta vez esclarecer las tareas que cada uno tendría, aunque como siempre empezaron a discutir.

Se quejaban del por qué uno tenía que hacer esto o por qué otro no tendría trabajo.

Así estuvieron hasta que el guardián de Mond les interrumpió con su llegada y un mensaje que no dudo en decir.

Todos ustedes son un asco. Piensan que ayudan a los humanos pero son las personas más egoístas que existen...son igual que ellos

El que ese guardián haya insultado a sus superiores, sin duda lo metió en serios problemas, pero tal parecía que poco le importó, ya que se marchó del lugar antes de que estos pudieran decir algo.

Ese tontito debe estar molesto por qué no creímos su cuento de la bruja

De nuevo, el guardián rubio de Jupiter hablaba de forma risueña. Sin duda se estaba burlando del guardián que recién acababa de salir.

Olvídalo, sigamos con lo nuestro—

Misono hizo una pausa.

Su ceño fruncido mostraba que fuera lo que fuera aquello que siguiera en su relato, al menos el no estaba nada contento con ello.

Lo siguiente, como ya dije, es mi versión. Cada uno tiene diferentes ideas de lo que pasó así que depende de ti cuál creer—

Kuro asintió, así que Misono continuó.

En la siguiente junta, Misono se había presentado totalmente exaltado, cosa que extrañó a los demás, puesto que el era el más serio de todos y verlo así no era nada común.

Supieron entonces que algo pasaba.

¡Hay una bruja en mi reino! ¡No tengo idea de cómo llegó pero acaba de asesinar al rey!—

Los demás guardianes se miraron entre ellos y para sorpresa del pelimorado no le creyeron ninguna de sus palabras.

Parece que Mond te pegó su locura. Tranquilo Merkur, deberías descansar un rato. Tanto té te está haciendo alucinar—

El guardián de Jupiter, como siempre, era quién hablaba.

— ¡No estoy loco! ¡Esa bruja realmente existe! ¡Tienen que creerme—

Pero nadie lo hizo. Cuando el trató de buscar el apoyo de "sus amigos", estos desviaban la mirada.

Las brujas no existen, Merkur. Creo que deberías irte ya—

Y así, el guardián del reino de Merkur se marchó totalmente molesto e indignado de que sus propios "amigos" lo tacharan de loco y hasta le ignoraran.

Pero no había tiempo que perder, debía detener a la bruja.

Al final se enteró de algo impactante al momento en que, durante su camino, se encontró al guardián de Mond.

Uno de ellos fue quién llevó a la bruja a tu reino—

No podía creerlo. ¿Era verdad?

No deberías confiar en nadie. Parece que a ese traidor no le importa que miles de humanos mueran o que el guardián del reino desaparezca. Solo quiere llegar a acabar con todos y obtener algún "premio" de esa mujer—

Al principio no lo creyó, pero después se dió cuenta que lo que decía podia tener sentido.

Habían llevado a la bruja a propósito a su reino para matar a todos.

Pero, ¿quién había sido?

La guerra inicio en ese momento. No confié en nadie después de ello y los conflictos entre guardianes solo incrementaron más y más hasta que no volvimos a vernos ni hablarnos jamás —

Era de lo más vergonzoso tener que contar lo mal que la había pasado ese día, y cómo, a pesar de confiar en ellos, sus supuestos amigos terminaron dejándolo solo.

Después de Merkur le siguió Venus y finalmente yo —

Gear habló, igual con un tono serio.

Para estos instantes, la bruja debería estar en el reino de Jupiter

Y ahora estaba con quién no creía que fuera una bruja y había dicho que todos estaban locos por creer en ese tipo de cosas.

Sabías que el era así y aún así decidiste no volver a ir a las reuniones —

Gear reclamó, aunque no estaba mirando al pelimorado.

¡Lo hice por qué pensé que eran mis amigos! Pero descubrí de la peor forma que no era así...No puedo volver a confiar en ninguno de ustedes pero...haré una excepción por qué el es el hermano de Lily—

Dijo el pelimorado.

La historia continúa pero...en lo demás yo no me ví involucrado, o mejor dicho, no quise. Si quieres saber lo demás deberás preguntar a los otros guardianes —

Finalizó Misono para posteriormente ponerse de pie y retirarse, siendo seguido casi al instante por Lily.

Si queremos llegar a tiempo al reino de Jupiter será mejor que nos vayamos hoy mismo—

Gear comentó antes de también ponerse de pie e irse.

Kuro miró su plato vacío. En esos momentos no sabía si realmente estaban listos para ir al siguiente reino y enfrentar los problemas que este seguramente también tendría.

¿Alguno de sus otros hermanos estaría ahí? Era probable.

Lo que más le preocupaba era reunirlos a todos solo para llevarlos directamente al más grande problema. ¿No era su deber como hermano mayor protegerlos?

Pero ni siquiera había podido protegerlos antes.

Anímate...no deberías pensar tanto las cosas. Seguramente ese chico solo está exagerando un poco, no es el fin del mundo. ¡Aún nos tienes a nosotros para ayudarte! —

Las palabras de Youtaro no dejaban de sorprenderle.

El era bastante parecido a...cierta persona, aunque claro, este nunca se transformaría en un lobo.

Supongo que tienes razón...aún no es momento para rendirme

Sonrió levemente.

Youtaro en cambio mostró una gran sonrisa.

— ¡Así se habla!—

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Apenas eran pasadas las 4 de la tarde cuando todos ya estaban en el "pueblo", ayudando en lo que podían.

Necesitamos agua...el río está casi seco—

Una aldeana dijo al guardián pelimorado mientas este examinaba aquel río que ella le mencionó.

En efecto, estaba a casi nada de secarse por completo.

Veré que puedo hacer—

El más bajito puso sus manos enfrente suyo mientras cerraba sus ojos y trataba de concentrarse. Sus manos emanaron ese brillo púrpura, justo como cuando salvó a Lily.

Dobló un poco sus dedos, como si estuviera agarrando algún tipo de engranaje y lentamente fue girando sus manos.

Mientras hacia esto, la mujer miró asombrada como el río igualmente empezó a resplandecer y poco a poco fue volviéndose a llenar.

Cuando Misono bajó sus manos y abrió sus ojos, el río estaba lleno hasta la mitad.

Es...todo lo que puedo hacer—

Pero con eso era más que suficiente.

Todos los aldeanos le agradecieron y siguieron cada uno con sus trabajos.

Para ser un guardián que solo sabe regresar el tiempo eres muy bueno

Gear recién había llegado y justo había visto aquella peculiar escena.

Misono chistó en protesta de lo que este le había dicho.

Al menos yo aún conservo mis poderes —

Un golpe en su orgullo.

Si, si. Lo que digas

Ambos guardianes se quedaron mirando el río en silencio, hasta que finalmente Gear rompió aquella tranquilidad.

Fuimos llevados con Mond. Sigue odiando a los humanos a muerte—

Misono se cruzó de brazos y mirando aún al río solo pudo soltar una risa sarcástica muy baja.

— Me sorprendería que no lo hiciera. Mond es solo un idiota que creé que todo lo que le pasa es culpa de los humanos —

Ellos conocían bien a Mond, después de todo eran el grupo de los "reinos interiores".

Se conocían...quizá no totalmente, pero lo hacían.

Estoy seguro que trama algo...pero no tengo idea de que puede ser —

Gear tenía un mal presentimiento. Sentía como si Mond en cualquier momento aparecería y haría algo que les perjudicaría.

No sabía qué, pero estaba seguro que pasaría tarde o temprano.

Es imposible que alguien que sea sirviente o ayudante de Mond entre aquí. Tengo un gran sistema de seguridad y es demasiado complicado el burlarlo. Solamente alguien demasiado inteligente sería capaz de....—

Pero sus palabras fueron interrumpidas por un pequeño temblor.

Gear sabía a qué se debía pero Misono tardó un momento en entender lo que pasaba.

Un gran hoyo apareció a un lado de Gear y de este un par de orejas negras se asomaron.

Es el conejo de la Luna...—

Misono sentía que podría morir de la vergüenza.

Se jactaba de que nada ni nadie podría pasar su sistema de seguridad y ahora tenía a un tonto conejo que le había arruinado aún más su reputación.

Definitivamente su sistema no servía nada.

— ¡Oh! ¡Son ustedes!—

Tal y como Gear imaginaba, se trataba del conejo de la Luna, quién saltó fuera del hoyo y se posicionó frente a los dos guardianes.

Estoy buscando al principito. ¿No está con ustedes?—

Gear negó.

Debe estar con Youtaro —

Le contestó.

Tsurugi suspiró. Pensó que, al ser compañeros de viaje, deberían estar juntos, lo cuál le facilitaría mucho el trabajo de llevarlos a cierto lugar, pero ahora debía buscar a los otros dos, lo que significaba que tendría más trabajo.

A menos que...

Bueno, ve por ellos—

Si lograba convencer a Gear de ir por ellos, entonces no tendría que hacer más trabajo.

Si, su plan era perfecto.

Ve tu idiota. Yo no pienso ir hasta donde están —

Ni modo. No funcionó.

De nuevo suspiró con algo de fastidio para posteriormente volver a entrar a la madriguera y seguir su camino hacia donde Kuro y Youtaro estaban, lugar que por cierto estaba bastante alejado.

Cuando volvió a salir del hoyo de su madriguera notó que había alguien más con los chicos.

— ¿No me digas que hiciste nuevos amigos? Oh, no...ese es tu hermano, ¿o me equivoco?—

Kuro negó.

Estás en lo correcto. Es mi hermano menor —

Pero no tenían tiempo para presentaciones. Debían marcharse ahora.

Entren a la madriguera. Debemos ir por su otro amigo. Hay alguien quien los quiere ver —

Youtaro y Kuro ladearon sus cabezas confundidos. ¿Alguien quería verlos?

¿Y quién es ese alguien?—

Finalmente Kuro preguntó.

Tsurugi solo sonrió mientras miraba a los chicos para responderles.

— El guardián de la Luna, Mond —

Continuará...

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Chapter 22: Capítulo XXI: El Trato con la Luna

Chapter Text

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Tsurugi los llevó nuevamente con el guardián de Mond, solo que esta vez Lily les acompañaba.

— ¿Para que nos quiere aquí? ¿No nos acababa de echar?—

Kuro preguntó, dudoso de que Tsurugi estuviera diciendo la verdad.

Pero vaya sorpresa que se llevaron al ver que, en efecto, el les estaba esperando.

Justamente estaba en la entrada de la "guarida" cuando ellos llegaron.

Tenemos exactamente 17 años, un mes, cinco días, nueve horas, 10 minutos y 2 segundos sin hacer que la Luna aparezca. A este paso el reino va a colapsar y...—

El conejo de nombre Shuuhei fue callado por el guardián, quién colocó su mano sobre la boca de este para evitar que siguiera con sus "regaños".

Si pudiera haría que cierres tu boca para siempre...—

Si, sus palabras fueron muy crueles, pero Shuuhei ya estaba acostumbrado a esto. No era la primera vez que le decían ello y tampoco le afectaba ya que solo hacía su trabajo.

— Amm...Lunita...los he traído—

Tsurugi le llamó, logrando que al fin el pelinegro les mirara.

Ya era hora...¿por qué tardaron tanto?—

El guardián dijo con un tono molesto. El conejo solo pudo rascar su cabeza y sonreír torpemente.

Mis túneles siguen sin funcionar, Lunita. Hice lo que pude —

Pero claro, al guardián de Mond esto le importaba poco.

Como sea. Al menos ya están aquí —

Pero literalmente no les decía nada. Simplemente los miraba a detalle, sobre todo a Kuro, quién estaba demasiado incómodo.

¿Qué es lo que quieres Mond? Habla de una buena vez —

Gear habló enojado. La tan "noble" Luna estaba haciendo que perdieran su valioso tiempo, y todo parecía ser en vano.

Bueno, eso pensaron al inicio.

Ah...parece que enserio conseguiste traerlos —

Yumi recién se había unido a la conversación, ya que había estado ocupado en trabajos estúpidos que la Luna le encargaba.

Ahora, finalmente la Luna podría hablar.

Apenas esa persona comenzó a hablar pudieron entender el por qué de su llamado.

Es muy obvio que tardarás mucho tiempo en encontrar a tus hermanos, así que he decidido darte...un pequeño empujón —

¿Por qué de la nada "Mond" decía esas cosas? ¿Que no se suponía que odiaba ayudar a los humanos?

Hacía tan poco los había echado de su "palacio".

¿Qué fue lo que lo hizo cambiar de opinión de la nada?

Ah, claro, esto tiene un precio. Hay ciertas condiciones que debes cumplir —

Ahora definitivamente quedaba claro el por qué ahora quería ayudar.

Agh, debe ser una broma —

Gear no estaba en lo absoluto interesado sobre lo que Mond tenía que decir.

Sabía que algo andaba mal desde el momento en que solicitó su presencia, y aunque sabía que el tipo era un egoísta y muchas veces arrogante no esperaba que empezara a hacer ese tipo de tratos.

¿Cuáles son?—

Pero lógicamente Kuro si estaba interesado en saber que conllevaba el aceptar la ayuda de Mond. Claro que quería encontrar a sus hermanos y que mejor si podía hacerlo más rápido.

El problema sería lo que Mond quería.

Es algo sencillo, no es nada monetario ni mucho menos es tu alma o esas cosas. Primero, deberás quedarte algunos días aquí. No podrás regresar a "tu mundo" en algún tiempo, por lo que la búsqueda quedará pausada, sin embargo está vez permitiré que tus amigos te acompañen —

Ahora mismo se preguntaba el por qué tendría que quedarse, pero quizá podría averiguar eso más tarde.

Segundo, olvídate por completo de ser el principito tontito que está solito en el mundo. No quiero a un niño llorón en mi palacio, ¿entendido?—

Kuro asintió. De todos modos no era como si fuera un niño llorón, ¿verdad?.

Tercero, aquella ayuda que podrás recibir no será fácil de usar. Debes entrenar y no habrá tiempo de descanso. Entre más rápido quieras ir en la búsqueda de tus hermanos, menos tiempo libre tendrás —

Para alguien perezoso, esa condición era horrible.

Cuarta y última, durante tu viaje quiero que me traigas algo. No es necesario que sea de inmediato, pero cuando termines dicha búsqueda, quiero que tal cosa este en tus manos. Sencillo, ¿verdad?—

Demasiado para ser sinceros.

¿Realmente esto estaba sucediendo? ¿La Luna le estaba ayudando?

Y como no tenía nada que perder, Kuro fácilmente pudo saber que responder.

Bien. Acepto...—

— En ese caso...—

El hombre pelinegro chasqueó sus dedos y rápidamente, uno de los conejos (Tsurugi) se acercó con una hoja en manos, así como una pluma bastante peculiar, puesto que Kuro podía jurar que está brillaba.

Firma está hoja y podremos empezar—

Kuro miró por un momento a un lado suyo, en dónde Gear y Youtaro se encontraban. El más joven parecía no entender sus pasaba, pero Gear trataba de indicarle que no firmara.

Pero aún así, Kuro terminó tomando la pluma de las manos del conejo y firmó la dichosa hoja, la cuál apenas terminó de firmar despareció de golpe.

Más te vale no arrepentirte, por qué no habrá vuelta atrás —

Literalmente sentía como si hubiera vendido su alma.

Acabas de hacer una completa tontería...—

Y las palabras de Gear, además de su expresión angustiada, tampoco ayudaban mucho.

— A partir de ahora te deberás quedar aquí. Puedo dejar que ellos dos se queden, pero tú hermano tiene que volver —

Mond sabía perfectamente lo que pasaría si dejaba que dicho rubio se quedará en su reino, y definitivamente no estaba dispuesto a correr el riesgo.

Pero...—

— Está bien hermano. De todos modos, he de estar con Misono para que pueda detener mi tiempo. Prometo que no iré a ningún lado sin ti—

Sin duda Lily había leído sus pensamientos. Lo que más temía era quedarse en ese lugar y hacer lo que Mond le pedía, pero que al momento en que regresara a "la tierra" no pudiera jamás volver a encontrar a sus hermanos.

Esfuérzate mucho. Yo igual lo haré. Saldremos de esta, estoy seguro

Lily lo intentaba. Intentaba sonreír como antes pero simplemente su expresión seguía siendo seria y vacía.

Aún así, Kuro supo cuáles eran sus verdaderos sentimientos, y definitivamente se sentía agradecido.

Tsurugi, llévalo de regreso y está vez no tardes tanto —

El nombrado asintió, y una vez Kuro y Lily se despidieron, el rubio y el conejo pelinegro se marcharon.

Ahora, sígueme. Tengo que mostrarte lo que harás y sobre todo, cuánto tiempo te llevará el lograr el entrenamiento...—

Kuro tragó en seco y asintió. No se sentía capaz de lograr mucho, pero al menos lo intentaría.

Dejaría su pereza de lado por sus hermanos.

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Finalmente, Mahiru y Sakuya pudieron reunirse con Tsubaki, quién al parecer había escapado de su madre y planeaba no volver.

Algo arriesgado pero era mejor eso a seguir siendo arrastrado por ella en cosas tan viles.

Escuchen...en estos momentos estamos a punto de salir de Jupiter para ir a Mars y Venus, solo que no podemos quedarnos en este último por...muy buenas razones —

Sakuya sabía perfectamente de que hablaba, sin embargo Mahiru estaba más que confundido y muy perdido, pero claro, era normal, el pobre nunca había salido tan lejos y menos después de haber escapado de su madre.

Es muy probable que mi madre nos persiga así que debemos llegar con Ash lo antes posible, de lo contrario ella podría hacernos algo terrible—

Si, ya podían imaginarlo, pero no estaban dispuestos a aguantar otro día con miedo a lo que la bruja les podría hacer.

Está vez, ella no se saldría con la suya.

Estoy seguro que Ash debe estar en Merkur...así que si queremos llegar rápido tenemos que darnos prisa

Y justo como Tsubaki dijo, los tres se prepararon para marcharse, aunque dos voces bastantes familiares los detuvieron.

— ¡¡¡No se vayan!!!—

Continuará...

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