Chapter Text
Cuando Ash por fin despertó se dió cuenta de lo profundamente dormido que se había quedado, no solo por qué no se había dado cuenta que Mahiru había entrado a la habitación, sino por qué ahora lo tenía encima suyo.
¿Cómo llegaron a esa posición?
Su mirada carmín se dirigió hacia la ventana, dónde claramente pudo ver qué el sol ya casi salía por completo, así que supuso que Mahiru se había despertado antes para hacer su "magia".
— Mahiru...¿estás despierto?—
Pero al no haber respuesta supuso que eso era un enorme "no".
Suspiró.
<< Aún no lo he llevado al pueblo...>>
Por todos los problemas que habían estado sucediendo, había olvidado por completo que prometió al niño llevarlo al pueblo.
En cambio, lo puso a trabajar en la cocina. Vaya forma de engañarlo.
— ¿U-uh ? ¿K-kuro? ¿Q-qué sucede?—
Cuando Kuro volvió a mirar al castaño lo pudo ver despierto, bueno, algo adormilado.
— No es nada—
¿Cómo decirle a Mahiru que se sentía mal por no haber cumplido su promesa?
— Umm ...bueno, supongo que es algo que no me incumbe—
Esa pequeña frase le removió su pecho.
Se sentía como si le hubiera dicho a Mahiru un gran "Que te importa".
Pero realmente no era por eso, simplemente tenía su mente repleta de problemas y lo que menos deseaba era involucrar a Mahiru en ellos.
— Mi madre solía tener muchísimos secretos y problemas como tú. Siempre que preguntaba por ellos me decía que "no era de mi incumbencia" y que dejara de ser tan preguntón, aparte que era demasiado molesto en ese aspecto. Supongo que tiene razón, perdón si te molesté—
Pero eso no era lo que Ash quería decir.
El estaba totalmente en contra de la opinión de la madre de Mahiru.
— ¡Ah! ¡Será mejor que me vaya! ¡Shifumi-san y Jun-san me esperan!—
Mahiru se puso de pie inmediatamente y corrió hacia el baño para darse una ducha rápida, vestirse y marcharse a la cocina.
Ash solo se quedó pasmado y más aún cuando vió a un perrito correr detrás del castaño.
— ¿Qué demonios fue eso?...—
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Durante toda la mañana lo único que pudo pensar fue en las palabras del castaño.
" Era demasiado molesto"
¿Qué clase de madre dice eso a su hijo?
Ahora se sentía peor por haber hecho pensar a Mahiru que opinaba lo mismo que ella.
¿Por qué no tratar de aclarar esa gran confusión?
<< Bien...lo haré>>
Mientras tanto, en la cocina, Mahiru iba de un lado a otro ayudando a Shifumi para preparar el desayuno de toda la familia, lo cuál recientemente se había vuelto más complicado gracias a la nueva exigencia que la reina les dió:
Nada de comida dulce ni colorida.
Ahora los alimentos parecían más de una prisión que de un palacio.
Todo se veía tan aburrido.
— ¿Enserio vamos a darles eso de comer?—
Mahiru pregunto a lo que Shifumi asintió tomando los platos.
— Fueron las órdenes de la reina, pequeño. Si no queremos que nos regañe debemos obedecer—
Y a regañadientes tuvieron que llevar los platos hacia el gran comedor para servir a los príncipes su desayuno.
— ¡Oye Shifumi! ¿Por qué la comida se ve así?—
Illdio fue el primero en quejarse de lo poco apetitosa que se veía la comida, es decir, el podría comerla pero aún así se veía rara.
— Lo siento príncipe. Fue una orden de la reina—
Al escuchar esto, Illdio de inmediato se quedó callado. Ya suficientes regaños estúpidos había tenido de esa mujer como para querer otro.
— Nos retiramos majestades. Disfruten su desayuno—
Y una vez hicieron una pequeña reverencia, tanto Shifumi como Mahiru salieron del comedor dejando a los príncipes solos.
— Esto es...horrible—
Hyde al fin habló.
Justo en ese momento, la reina hizo acto de presencia.
Con una sonrisa arrogante miró a todos los príncipes, quiénes con enojo trataban de comer.
— Vaya, pero que delicioso se ve el desayuno—
Tsubaki, con su muñeco en brazos, tomó asiento y al ver el desayuno pudo estar de acuerdo con sus hermanos en no querer comerlo.
Ah, pero la reina seguía echando más leña al fuego.
— Por fin esos estúpidos se dieron cuenta que su comida era asquerosa. Esto es muchísimo mejor—
¿Qué tenía de mejor una comida que no tenía sabor, color y se veía horrible?
Shifumi tenía un don con respecto a la cocina. Su comida era deliciosa y el que la reina se expresara de esa forma de lo que ella hacía resultaba molesto.
— ¿Por qué no cocinas tú? Vieja bruja—
Al levantar su mirada, la reina buscó con furia quién era el dueño de esa voz que se atrevía a retarla, pero todos estaban tranquilamente comiendo, con cara de asco pero lo hacían.
— Ah, hoy tendré una salida. No quiero verlos en todo el día así que regresaré hasta mañana. Me tomaré un descanso de sus horribles caras—
Y bueno, ellos también tendrían un descanso de la bruja.
<< Perfecto. Así podré llevar a Mahiru al pueblo>>
Ash pensó de inmediato.
Por lo menos ese día no sonaba tan lúgubre.
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Solo habían pasado unos minutos desde que la reina se fue cuando Ash ya estaba en la cocina esperando a Mahiru.
Según Shifumi, el niño fue llamado por el jardinero para dar un pequeño "tour" por el palacio y bueno, el no se negó, en cambio lo acompañó con mucha emoción.
— No debería tardar mucho en llegar—
Comentó Jun mientras cargaba una pila de cajas llenas de distintas verduras. El igualmente recién acababa de llegar pues había ido a traer todos los suministros que estaban a punto de acabarse en la cocina.
— ¿Le gustaría comer algo mientras lo espera?—
Ash negó. Se sentía tan nervioso que hasta el apetito había perdido. Sentía su estómago revolverse pero no comprendía el por qué.
Cuando vio a Mahiru entrar en la cocina fue cuando comprendió el motivo de sus nervios.
Temía que lo rechazara por lo ocurrido en la mañana.
— ¿Kuro? ¿Qué pasa?—
Mahiru preguntó en calma a lo que el príncipe solo pudo sentirse aún peor. ¿Enserio no le afectó lo ocurrido hace unas horas? El se sentía terrible y eso que fue un malentendido.
— Ah....¿quieres ir al pueblo?—
Los ojos ámbar del niño brillaron con emoción y dando pequeños saltitos asintió.
— ¡Si! ¡Si quiero!—
Así que Kuro se juró a si mismo llevar a Mahiru ese mismo día al pueblo, pero, oh sorpresa. No siempre las promesas se cumplen.
— ¡Nii-san! ¡La bruja regresó!—
Muy apenas habían salido de la cocina cuando Hyde llegó corriendo solo para decirles que la reina había regresado antes de lo previsto, y por ende, ni Mahiru ni Kuro podrían salir.
El rubio solo les dijo esto antes de salir corriendo nuevamente para esconderse.
— Yo...lo siento—
Era difícil decirlo. Se sentía tan mal por no poder cumplir sus promesas desde que lo trajo al palacio.
Pero, como siempre, Mahiru no estaba en lo absoluto molesto, en cambio le sonreía de una forma tan cálida que hasta el mayor se sonrojó.
— No hay problema Kuro. En otra ocasión será —
Pero había algo que el príncipe si podía hacer. Quizá no era una salida el pueblo pero podría funcionar.
— ¿Quieres probar algo dulce?—
Kuro preguntó de inmediato solo para tratar de cambiar el pesado ambiente que el mismo había creado.
Mahiru con sorpresa asintió.
— ¡Si! ¡Si!—
Casi con ojos suplicantes, el príncipe miró a la cocinera quién rápidamente comprendió que era lo que quería.
Después de llevarse a Mahiru a dar una vuelta por todo el palacio volvieron a la cocina dónde Shifumi ya tenía el postre listo.
Unas simples manzanas acarameladas.
— ¿Qué es eso?—
Preguntó el castaño con curiosidad de semejante alimento.
Kuro en cambio tomó ambas manzanas por el palito que las atravesaba y entregó una al más bajito.
— Pruébala. Son muy típicas en el pueblo—
Kuro no mordió la manzana. No podía perderse ningún segundo del rostro de Mahiru al probar el dulce.
Mahiru no resistió mucho la tentación de probar su manzana así que le dió una mordida, pequeña pero lo suficiente como para saborearla bien.
Cuando su paladar sintió el dulce sabor del caramelo, sus mejillas se pintaron de un color rojizo.
— ¡Sabe deliciosa!—
No podía creer todo lo que se estaba perdiendo estando en el árbol dónde su madre le dejó.
Por fin Kuro empezó a comer tranquilamente su manzana mientras Mahiru seguía disfrutando cada mordida que daba a la dulce fruta. Shifumi sonrió contenta al ver la alegría del castaño. No dudaba que era un niño sumamente encantador.
— Debo ir con mi esposo. Con permiso—
Y aunque Jun nunca hubiera hablado a Shifumi, está sabía que Mahiru y Kuro necesitarían su momento a solas por lo que optó por mentir e irse.
— Perdóname por no llevarte al pueblo. Te prometo que lo haré, pronto te llevaré a los mejores lugares del reino—
Mahiru de nuevo le sonrió y dándole un beso a la mejilla al más alto le dijo las palabras más lindas que el peliceleste jamás había escuchado.
— Soy feliz estando contigo Kuro. Si te quedas conmigo con eso basta—
El príncipe por su parte sentía que iba a morir de la vergüenza. Sus mejillas siempre pálidas ahora estaban más que rojas.
Enserio, ¿qué le estaba pasando?
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— ¡Majestad! ¡Por favor! ¡Debe calmarse!—
El sirviente más cercano a la reina trataba por todos los medios el detener a la mujer quién ahora de forma exagerada mostraba su furia.
— ¡¡No lo entiendes!! ¡¡Debería estar ahí!!—
Lanzaba cualquier cosa que estuviera a su alcance hacia la puerta, desde libros hasta jarrones de alto valor, los cuáles por supuesto terminaron rotos en miles de piezas.
— ¡¡Llama a esos guardias idiotas, estúpido Shamrock!!—
El mencionado hizo total caso y salió rápidamente de la oficina del rey, ya que justamente ahí la reina estaba sacando todo su enojo con cosas que ni siquiera eran suyas.
Bastante histérica se sentó en la silla de su esposo y colocando sus manos entre su cabello rojizo comenzó a tratar de calmarse.
— No sucederá nada. Voy a encontrarlo—
No confiaba del todo en los guardias pero realmente no tenía otra opción. Ellos eran a los únicos que podía amenazar, y en caso que las cosas se salieran de control, bueno, tomaría cartas en el asunto.
Shamrock llegó a los pocos minutos junto con lo tres guardias más tontos del palacio: Ryusei, Sakuya y Koyuki, quiénes estaban más que asustados, puesto que en su memoria no había ningún motivo por el cuál la reina les llamara, por qué claro, siempre que lo hacía era solamente para regañarlos.
— Ustedes tres, si no quieren ser decapitados deberán encontrar esto...—
La reina les pasó un pergamino dónde venía escrito lo que ella necesitaba encontrar con urgencia y un pequeño mapa que trazaba la ruta más rápida para llegar a un lugar que los tres desconocían.
— Quiero que cuando lo encuentren lo traigan ante mi. Tienen de aquí hasta que el rey regrese, de lo contrario...—
Y con sus dedos hizo la mímica de decapitarlos.
Si antes quisieron protestar ahora solo deseaban salir corriendo de la oficina por qué ahora resultaba que sus vidas estaban en peligro solo por qué la reina no encontraba algo.
— ¡¡Largo de aquí!!—
El grito de la reina fue su señal para salir corriendo hacia las afueras del palacio, en dónde una vez se aseguraron de estar completamente solos, pudieron hablar.
— ¡¿Por qué nos hace esto?! ¡Jamás vamos a encontrar esto!—
Sakuya no tardó en quejarse. Por dentro estaba que moría del miedo pero su orgullo le impedía mostrarlo.
— El mapa no tiene sentido. No hay nada en esta parte del reino—
Ryusei por su parte se mantuvo analizando el mapa lo más que pudo, cosa que era complicada puesto que con cualquier cosa se distraía por completo, así que Koyuki le quitó el mapa y comenzó a examinarlo por su cuenta.
— Si hay algo, es una especie de... bosque, supongo—
Pero, ¿qué podría haber en el bosque que la reina tanto necesitaba.
— Seguramente perdió el anillo de compromiso que el rey le dió. Ya saben, ahora que el rey está por morir la reina solo tendrá ese recuerdo de su esposo—
El peliverde lo dijo sin querer, pero soltó una verdad tan horrenda que quién los estaba espiando salió corriendo.
— ¡¿El rey morirá?!—
Koyuki y Ryusei dijeron al mismo tiempo.
— Ah, bueno, se suponía que era un secreto entre guardias, pero si. Algo así—
Pero ni el rubio ni el castaño entendían que pasaba. Sakuya al ver esto suspiró y comenzó a explicarles el por qué de sus palabras.
— La reina tiene la intención de matar al rey, no de forma instantánea, sino lentamente. Por eso su actitud cambió drásticamente. Es por qué la reina lo está envenenando con quién sabe que—
Ahora todo tenía más sentido.
Inclusive ellos, siendo guardias los cuáles normalmente eran regañados, habían notado el cambio en el rey, por qué aunque este tuviera ese título jamás les había regañado. Todo empezó desde la llegada de la nueva reina.
— Y...¿que pasará después?—
Koyuki hizo una última pregunta.
— La reina será quién gobierne el reino a su gusto—
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Toru miraba hacia el cielo nocturno nuevamente.
Fumaba un poco. Se sentía bastante inquieto.
Sabía lo que se aproximaba pero aún así estaba preocupado.
<< Necesitan apurarse...>>
Estaban muy cortos de tiempo y hasta ahora no había señales de "su equipo".
Sabía que estaban alejados de dónde estaba pero ya había pasado mucho como para que no llegaran.
Pero, ¿que podía hacer?
Nada realmente.
Eso estaba fuera de sus manos.
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Mahiru ya se había despedido de Shifumi y Jun para ir a dormir con Ash, pero tuvo que detenerse antes de siquiera llegar a la puerta.
El niño que recordaba como el del muñeco parlanchín estaba llorando en el rincón de uno de los pasillos.
Al acercarse este de inmediato le miró y como si le tuviera toda la confianza del mundo le abrazó.
Al castaño no le gustaba ver a nadie triste y por todo lo que pudo notar desde que llegó al castillo es que ese era un sentimiento muy recurrente ahí.
— M-mamá lo volverá a hacer. Pensé que quería a papá pero no fue así—
Mahiru no comprendía nada de las palabras del más pequeño, pero fuera lo que fuera sabía que por algún motivo no podía decirle a sus hermanos o de lo contrario no estuviera ahí.
Y ahora no sabía que hacer. Normalmente podía ayudar pero en ese caso se sentía con las manos atadas.
— ¿Quieres que te lleve a dormir? Eso podría hacerte sentir mejor—
Quizá no era lo que Tsubaki pensaba escuchar pero sin duda si era lo que más quería.
Extrañaba el ser arropado y podía ser que eso lo alegrara un poco.
— E-esta bien...—
Mahiru entonces cargó al más pequeño y lo llevó a su habitación, a la cuál le debieron indicar el camino por qué aún seguía perdiéndose en el enorme castillo.
Una vez entraron a la habitación, retiró un poco la cobija y dejó al niño sobre la cama para después arroparlo junto a su muñeco.
— Todo estará bien. Confía en mí—
Tsubaki podía sentir la misma tranquilidad que sus hermanos al ver al castaño sonreír. ¿Cómo hacía para ser un rayo de luz entre toda la oscuridad?
— Gracias...—
Mahiru no se fue hasta que Tsubaki estuvo completamente dormido puesto que sabía lo horrible que era tener que pasarla solo durante noches que se sentían tan tenebrosas.
Después de todo, vivir en la copa de un árbol, encadenado y sin compañía no era agradable.
Había...pasado por muchas cosas que no quería recordar.
Suspiró y antes de irse dió un beso en la cabeza al pelinegro, quién entre sueños sonrió.
Para cuándo Mahiru llegó a la habitación de Ash, este ya le estaba esperando sentado en su cama.
— ¿Dónde estabas? Pensé que te habías perdido en el palacio—
Mahiru negó acercándose al peliceleste y al estar más pegados lo abrazó, sorprendiendo al más alto.
— ¿Pasó algo?—
Ash podía sentir que algo pasaba con Mahiru y dedujo que había visto a la reina.
¿O quizá se equivocaba?
—Nop. Solo te extrañé mucho—
Si Tsubaki no quería contar a sus hermanos lo que pasaba, Mahiru tampoco lo haría sin su permiso.
No quería volverse un chismoso.
De un momento a otro, Mahiru terminó abrazado a Ash, pero más parecía como si se aferrara a el.
En realidad solo necesitaban la calidez del otro.
Y aprovechando ese momento, Ash se atrevió a preguntar algo.
— ¿Recuerdas que me besaste cuando te saqué del bosque?—
Mahiru asintió. Recordaba perfectamente ese día.
— ¿Por qué lo hiciste? ¿Representa algo?—
El castaño lo pensó un momento. No es que no supiera que responder, sino que quería buscar la forma simple de explicarlo.
— Bueno, madre me dijo que para salir del bosque debía atar mi vida a la de alguien más y esa es la única forma de hacerlo. Cuando te vi, supe que podía confiar en ti —
Si recordaba bien, Mahiru había mencionado eso de "vida atada" pero aún no comprendía muy bien a qué se refería.
— Entonces, ¿eso qué significa?—
Mahiru no entendía del todo de que se trataba.
Su mente lo simplificó como: Si mi madre lo dice, debo hacerlo.
Técnicamente había dicho que esperaba que Mahiru estuviera enamorado de él y por eso lo besó.
— Sabes ...no tengo ni idea...—
Kuro le miró incrédulo. Realmente Mahiru traía muchas sorpresas consigo, la mayoría sin sentido.
— ¿Así que tú vida y la mía están atadas como si fuera un matrimonio?—
El castaño solo ladeó su cabeza confundido.
— ¿Qué es un matrimonio?—
Si, eso era de esperarse.
— Olvídalo. Quizá sea otra cosa...—
Sinceramente, el príncipe peliceleste pensaba que, técnicamente, estaba comprometido con ese castaño.
No le molestaba esa idea pero...¿qué pasaría en el futuro?
Claro, puede que ahora lo quiera bastante, pero hasta ahí. En el futuro, ¿llegaría a amarlo?
Recordó esa sensación extraña en su pecho que varias veces había tenido.
¿Era realmente amor lo que sentía? ¿O estaba muriendo?
Tampoco es como que ahora le fuera a prestar mucha atención, por qué realmente tenía demasiadas cosas en la cabeza y ahora no era momento para hacer ese tipo de preguntas.
Continuará ...
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