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Language:
Español
Series:
Part 2 of Snake eyes
Stats:
Published:
2021-04-20
Words:
7,137
Chapters:
1/1
Comments:
4
Kudos:
52
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1
Hits:
890

Confesión

Summary:

Ya había pasado unas semanas desde que Cuphead y Mugman lograron derrotar al Diablo. Todo había regresado a la normalidad en Inkwell, todos disfrutaban de su día a día y los habitantes seguían yendo al casino. Era como si nada hubiera cambiado, salvo por una cosa, el Diablo aun tenia cuentas pendientes, pero en esta ocasión, con King Dice. Quería darles fin a estos sentimientos encontrados hacia su más fiel empleado. Había llegado la hora de confesar sus emociones de una buena vez.

Notes:

¡Buenos días, tardes o noches dudes! ;) Les traigo la continuación de este fic porque mis dedos quedaron con ganas de más de estos dos.

Espero les guste y pues de advertencia hay una ligera parte de NSFW, no es muy explícita, pero es una advertencia por si son muy sensibles a ese contenido, desconozco si se sienten a gusto en esta parte.

¡Espero les guste!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La conmoción en el exterior fue lo que lo puso en alerta. A pesar de encontrarse en las profundidades del inframundo, logro escuchar a la perfección el escándalo.

El Diablo, quien aún seguía curando sus heridas, logro ubicar que la conmoción provenía de una de las zonas cercanas del casino. Para su mala suerte, no contaba siquiera con algún demonio que estuviese cerca, de manera que pudiese ver a través de sus ojos e idear una mejor táctica.

Sin más opción y al escucharlo con más fuerza, decidió levantarse aún con su brazo vendado y con los moretones en su cuerpo. Cada movimiento era una agonía, realmente se preguntaba por qué tardaba tanto en sanar.

Cuando iba acercarse al portal que lo llevaría al exterior. Uno de sus diablillos apareció. Éste era algo regordete y de color purpura oscuro. Su rostro estaba lleno de pánico.

“¡Jefe! ¡Esas tazas regresaron!” Dijo con espanto, con una voz que le recordaba a alguien que estaba hablando mientras se tapaba la nariz. La voz sonaba constipada.

Ante esa respuesta, los ojos del Diablo se agrandaron y, de sus pupilas, se podía ver como una taza era destruida en segundos. La osadía de esas dos escorias lo llenaron de ira y con un deseo de exterminarlas de una vez por todas. No habían respetado el trato acordado y, además, tanto él como King Dice no habían roto su parte.

¿Qué demonios querían esta vez?

Sin dudarlo, entró al portal en su forma de dragón. Una vez que llego a la superficie, voló a la cima del casino para ver de dónde provenía el escándalo y, de ser posible, lanzarles un fuerte ataque a esas tazas.

De inmediato noto la conmoción. Todos sus empleados estaban en la entrada, inclusive, había unos cuantos demonios purpuras cerca de la pelea. También, pudo ver a Cuphead y a Mugman a unos cuantos metros de la entrada. Con la diferencia de que King Dice era quien estaba enfrentándolos.

Eso lo lleno de ira y lo motivo a envestirlos con un ataque.

“¡Noooo!” Se escuchó un grito lleno de dolor y miedo. Él lo reconocía, ese grito venia de Pirouletta.

Sin poder entender lo que estaba pasando, el Diablo, al sentir a sus demonios cerca de ese escenario, miro a través de sus ojos y miro a la perfección el horrible escenario.

King Dice había recibido un disparo, exactamente en la zona en donde estaba posicionado el corazón. Podía verse la abertura tanto de frente como de espalda. El Diablo miro boquiabierto la escena y sintió el miedo recorrerle en todo el cuerpo. Alzo sus alas para llegar a ese lugar y detener a los hermanos, por desgracia, las heridas de su cuerpo estaban tan latentes que causaron que su vuelo fuera torpe y cállese con todo el peso de su cuerpo al suelo.

Al impactarse, miro a Dice y lo único que pudo hacer fue advertirle.

“¡Dice! ¡Aléjate de inmediato!” Dijo claramente notando el impacto del disparo en su pecho, si seguía con esa pelea, le harían más daño.

King volteo a su dirección, bajando su guardia hacia los hermanos. Estaba a punto de decir algo con un rostro lleno de preocupación, pero fuese lo que fuese a decir, no salió ni un sonido de sus labios, ya que recibió otro impacto en la esquina de su cabeza, por el ojo derecho, causándole así una enorme fractura en ella.

Las piezas blancas caían en pedazos y el sonido del impacto, a pesar de ser un sonido común, petrifico a todos los presentes.

“¿Se-señor?” Dijo King con tanto miedo, miedo a perder, temor a morir, temor de estar indefenso y no poder protegerlo más. El brillo verde de sus ojos perdió el color tan hermoso a esmeralda, paso a un color oscuro y, finalmente, a uno gris, completamente sin vida.

King Dice, el hombre al que nadie en su sano juicio se atrevería a enfrentarse; el símbolo de unión entre los empleados del casino y la luz y estabilidad que el Diablo tenia, se derrumbó en el suelo, con su cuerpo sin vida y con una lagrima que se derramo en ese instante del único ojo que tenía intacto.

El diablo se levantó con las pocas fuerzas que le quedaban y miro impactado el escenario. Detrás de ellos, los empleados, maldecían la osadía de Cuphead y Mugman, mientras que Pirouletta y Dot rompieron en llanto al perder a su camarada.

Ellas no eran las únicas en sentir el corazón roto. El Diablo sentía sus lágrimas rosadas deslizándose por sus mejillas. En ese momento, perdió su forma de dragón y regreso a su apariencia original. Dio unos pasos y se hinco al lado del cuerpo de King Dice.

Miro impactado y con tristeza a los hermanos, con sus lágrimas aún visibles en su rostro.

“¿Por qué?” Pregunto el Diablo con una voz llena de lamento, quebrada por su propia desolación. Pero, su angustia fue cambiada poco a poco por enojo. Por una ira que le dio la fuerza suficiente para tomar a los hermanos en cada una de sus manos. Los aplasto y apretó con toda la fuerza que tenía. Sintió una enorme satisfacción al escuchar sus gritos infantiles y palabras de piedad para que el dolor parece. Él termino cumpliendo esa petición, más por crueldad que por piedad, haciéndolos añicos y gozando del sonido de la porcelana cayendo en el suelo hasta hacerse pedazos. Al terminar, soltó lo que quedo de sus cuerpos al suelo y miro como sus almas tomaban vuelo hacia el cielo. Pero el Diablo no se detuvo ahí, su tridente apareció de una nube humo al lado de su mano izquierda y apunto a esas almas. Les disparo con su tridente y estas desaparecieron como si fueran un polvo brillante.

De inmediato, soltó su tridente. No le importaba su posesión, no le importaba el casino y no le interesaba lo que él acababa de hacerle a esos chicos.

El único que le importaba en su vida, que le hacía tolerar su odio hacia el reinado de su padre, estaba sin vida en el suelo.

El Diablo intento sanar las heridas de Dice con sus poderes demoniacos, sus ojos y boca sacaron un brillo blanco mientras recitaba una frase incomprensible a los oídos de los mortales. En todo momento, sujetaba la cabeza y el pecho fracturado de Dice.

En segundos, una fuerza invisible comenzó a posicionar los pedazos fragmentados de King a su lugar, así como en el agujero que tenía en el pecho, pero, a pesar de que se unían, terminaban cayéndose de nuevo. El Diablo recito las mismas palabras, sus ojos brillaban más, mostrándose el esfuerzo por sanarlo. Desafortunadamente, los pedazos volvían a caerse y King Dice no se movía en absoluto.  

Se sentía como el ser más diminuto e inútil de todo el mundo. Tenía todo el poder en sus manos, podía quebrantar imperios, conseguir lo que desease, pero al final, no era capaz de salvar a la persona más importante para él.

El entender eso, lo rompió incluso más. Sus manos estaban temblando y sus lágrimas comenzaron a mostrarse más, impidiéndole la visibilidad y viendo borroso el escenario.

Intento levantarlo, sujetándolo del brazo y pasándoselo por sus hombros. Su corazón se partió al ver como la cabeza de King se inclinaba hacia atrás, completamente inmóvil y sin señales de control por parte de él. No tuvo otra opción que dejarlo en el suelo de nuevo.

“Dice… levántate… es una orden, levántate…”

Pero no hubo respuesta, King Dice seguía inmóvil.

“Te lo ruego… levántate…” Su voz se quebró más en ese momento y sus lágrimas ya no podían detenerse. Todas ellas caían en el pectoral de Dice y manchaban su ropa de ese color rosado.

“¿Puedes escucharme? Dice… ¡Dice!...” Intento llamarlo, tal vez, sólo tal vez él estaba inconsciente o a lo mejor estaba fingiendo estarlo para ya no recibir más golpes de esos niños. Pero, el peligro ya había pasado ¿Por qué no despertaba?

“Dice, todo termino, estas a salvo… Despierta…” Esta vez intento agitarlo para despertarlo, sin embargo, todos sus intentos fueron en vano. King no reaccionaba.

Cada minuto lo rompía mas y los lamentos de sus demás empleados hacían cada vez más y más real la triste realidad en la que vivía.

“Por favor… por favor… no hagas esto…” El Diablo abrazo el cuerpo de Dice en la esperanza de tener una reacción a cambio. Pero no había nada.

Dice murió y su poder no fue suficiente para salvarlo.

“Padre… no me lo arrebates… por favor… él es todo lo que tengo… no lo hagas, no…” Dijo el Diablo mientras aún lo sostenía, sabiendo que su padre en el reino de los cielos lo estaba escuchando, pero, al no obtener respuesta, al tener el mismo silencio de su parte, termino por desahogar todo su odio y tristeza en ese mismo instante.

Grito de una forma sobrenatural nunca antes presenciada. De sus ojos y boca salía un brillo de luz blanca intenso. Toda su tristeza y toda su rabia se manifestaron en una fuerza desconocida, capaz de romper la tierra en pedazos, de causar temblores a escalas inimaginables y de destruir el casino desde sus cimientos.

Ya no había sentido de seguir esta farsa, de seguir su rutina. Su todo ya no estaba. Así que, se aseguraría de que la creación de su padre sintiese lo mismo que él. No importa cuanta energía le tomase, destruiría todo a su paso.

Sin embargo, cuando estaba a punto de destruir las tres islas de Inkwell. Todo se oscureció.

En un parpadeo, se encontró de regreso en el inframundo, en el mismo lugar en donde inicio todo este desastre. Pero, se percató de que sus demonios le estaban cambiando un par de vendajes.

¿Qué sucedió? ¿Perdió el conocimiento? ¿Por eso estaba aquí de regreso?

¿Dice murió?

“¿Dónde está él?”

“¿Señor?...” Dijo uno de los pequeños demonios purpuras, el cual se encontraba a punto de terminar de ponerle las vendas.

“King Dice… ¡Respóndeme! ¡¿Dónde está él?!”

El demonio estaba asustado, de hecho, todos los pequeños demonios estaban aterrados por el tono de voz. Algo que siempre les aterraba, era cuando su jefe se enojaba.

“Se-señor… él está en el casino, está trabajando como siempre.”

Al escuchar eso, no perdió más tiempo y abrió un portal a la superficie en el casino. Su aparición fue en una nube de polvo. Varios clientes lo miraban con impresión y con algo de cautela, algunos se alejaban de él al verlo. Pero, al Diablo no le importaban ellos, sólo le importaba ver a Dice, sólo quería ver si estaba bien, si no estaba en peligro.

Pero, no lo encontró en ningún lugar, ni siquiera en las mesas de póker en donde él suele laborar.

En ese instante, uno de sus diablillos se le acercó y le dijo en donde lo había visto. Al parecer, estaba en el jardín exterior, el cual, estaba posicionado en el lado derecho del casino. Normalmente era un jardín meramente decorativo, con algunos sofás rojos para que los clientes descansaran o despejaran la mente. En el centro de ese jardín había una estatua con fichas de póker. Pero, la estructura del lugar no le importaba.

Afortunadamente, en uno de los sofás se encontraba King Dice fumando un cigarrillo.

Uso otro portal y apareció de la misma manera en frente de Dice.

El dado lo miro con cierta impresión, pero, preocupado al mismo tiempo.

“Jefe… ¿Sucedió algo? ¿Se encuentra bien?”

Él estaba vivo. King Dice estaba a salvo, sin ningún rasguño ni golpe. La pesadilla o visión que tuvo, no había ocurrido. Era sólo eso, una pesadilla.

El Diablo lo abrazo de inmediato. Lo sujeto con fuerza, impidiéndole que se moviera de lugar. Lo único que King podía hacer era estar inmóvil y mover los brazos en las zonas que se le permitían.

Cuando intento moverlos, sintió como su jefe liberaba el agarre un poco para que sus brazos lo envolvieran también en un fuerte abrazo. Aunque el Diablo deseaba hablar, sólo se escuchaban sollozos y gruñidos. Lamentos que únicamente Dice podía escuchar, ya que no había nadie en la cercanía.

“¿Las pesadillas otra vez?” Dijo Dice mientras le daba palmaditas en la cabeza en un intento por tranquilizarlo.

El Diablo no le respondió, sólo asintió con la cabeza mientras la tenía apoyada en el pecho de King Dice.

El dado suspiro un poco y continuo el abrazo con toda la fuerza que tenía. Algunos empleados del casino, así como unos cuantos diablillos, vieron la escena y le hicieron señales a Dice por si necesitaba algo, pero, él sólo les sonrió con sinceridad y les negó el gesto.

Habían pasado semanas, todo había regresado a la normalidad. Cuphead y Mugman jamás regresaron, los clientes usuales llegaban al casino, pero, la situación del Diablo era otra historia. Él seguía teniendo pesadillas, cada una era diferente a la anterior, pero, esta era la primera en la que lo veía tan alterado. No quería ni imaginarse lo que había soñado en esta ocasión, pero, odiaba todo esto.

Odiaba a esos hermanos con todas sus fuerzas. Causaron en su jefe un daño que él temía era irreparable. Pero, era muy pronto para hablar. Sabía que el tiempo lograría sanarlo.

Sin poder hacer más, decidió realizar lo único que podía hacer en esos momentos.

“Jefe… vamos a su cuarto… tiene que relajarse…”

***

Los diablillos se encontraban algo inquietos. Por lo general, siempre lo estaban cuando su jefe no estaba en buenas condiciones, predecían como serían los escenarios si él estaba de mal humor, pero, el verlo en desesperación los preocupaba por así decirlo. Además, el sentir la misma agonía de su jefe como una corriente en todo el cuerpo no les ayudaba en absoluto.

A pesar de sentir se así, no permitieron que eso los detuviese de sus labores. Ahora mismo, dos de los pequeños diablillos iban cambiando por los pasillos del casino, procurando no chocar con ningún cliente o empleado, asimismo, se aseguraban de no hacerse notar y menos con lo que tenían en las manos.

Una de las ventajas de que la mayoría de los presentes fuesen mortales, es que estaban tan concentrados en obtener su fortuna, que no les importaba lo que unos pequeños diablillos estuviesen haciendo.

Al llegar a la oscura habitación en donde se encontraba su amo, escucharon como King Dice les hizo una señal para que se mantuviesen silencio y le pasaran el encargo que tenían en manos.

A pesar de que la habitación estaba oscura, los diablillos lograron ver el lugar gracias a una pequeña lámpara que King Dice había encendido. La luz era tenue y perfecta para evitar que alguien despertase del profundo sueño.

Al verlos, se percataron de que su amo estaba en la cama, pero, su apariencia era distinta, estaba en su forma de dragón y profundamente dormido. Podían verse las respiraciones en su cuerpo y su rostro relajado. En medio, estaba King Dice, sin sus zapatos y sin su chaleco purpura. Dice tenia apoyada su espalda en el cuerpo de su amo. También, el Diablo lo tenía rodeado alrededor, casi como si fuera un nido, era como si su amo lo rodease para protegerlo.

“Gracias.” Dijo King Dice mientras tomaba lo que tenían los diablillos en las manos, siendo en este caso un ungüento y unos nuevos paquetes de vendajes. Su jefe había sido tan descuidado, que no se percató de que aún debía reposar sus heridas. Esos movimientos que hizo mientras lo buscaba terminaron por abrirle algunas de ellas. “Pueden retirarse… y recuerden, procuren no interrumpir demasiado, a menos que sea una verdadera emergencia… yo cuidare de él.”

Ambos diablillos asintieron y se llevaron una sensación de alivio al salir de la habitación. Desconocían si se debía por estar cerca del Diablo y sentir su relajación o por el sólo hecho de saber que su empleado de confianza y mano derecha lo cuidaría.

Cualquiera que fuese la explicación, ambos estaban complacidos.

King Dice, por otro lado, se sentía algo ansioso y nervioso. No era la primera vez que se encontraba en este cuarto, pero, le hacían sentirse extraño, él estar tan cerca de su jefe, el que ambos estuviesen en la misma cama.

La idea de Dice era regresarlo a su aposento para que descansara, sin embargo y fue muy grande su sorpresa cuando su jefe le solicitó que se quedara a su lado, que no lo dejara solo. Si sus mejillas ya eran rosadas, se volvieron de un color rosa más brillante al escuchar eso.

No podía negarle nada a su jefe, a estas alturas él mismo tenía ese deseo de no dejarlo solo. Pero, lo que más le afecto y le hacía interrogarse muchas cosas, era la posición en la que estaba.

Él Diablo además de solicitarle que estuviese con él, le pidió que estuviera en la cama. Cuando Dice lo hizo, entre titubeos y mientras se quitaba algunas piezas de ropa para mayor comodidad, vio cómo su jefe se transformó y envolvió su cuerpo alrededor de él. La suavidad de su cuerpo, así como el pelaje, eran muy cómodos, era como si reposara el cuerpo en una agradable nube de algodón.

Pero no quiso dormirse, quiso sanar las heridas ya abiertas de su jefe. Aunque gruño y se quejó un poco entre sueños, Dice se las encargaba para calmarlo. Cuando termino, se recostó con más tranquilidad, sin dejar de mirar al rostro de su jefe.

Se preguntaba, por qué él lo tenía de esa manera. Qué soñó en esta ocasión que hizo que lo abrazara a fuera del casino. Anteriormente, él le confesaba sus pesadillas. En algunas de ellas el Diablo era destruido, en otros, su casino se caía en pedazos. Hubo uno en el que todos los empleados del casino, incluidos él, lo habían abandonado.

Y la lista seguía y seguía, pero, esos sueños lo dejaban sólo de mal humor. La pesadilla de esta ocasión, era la primera que lo dejaba tan vulnerable. No sabía qué pudo haber sido, pero, no lo abandonaría.

No había duda de que todo el mundo en el casino, hasta el mismísimo Dios en los cielos, sabían de sus sentimientos hacia el Diablo. Sin embargo, se preguntaba, si su jefe los conocía.

Antes de desmayarse en sus brazos, justo cuando esas tazas ya habían quemado los contratos y escapado, él logro decirle que lo amaba. Por desgracia, no lo dijo con suficiente fuerza en su voz. Estaba seguro que su jefe no lo escucho, además, él mismo no quería preguntar del tema. Habían pasado tantas cosas, que no considero que el confesar sus sentimientos en estas condiciones seria lo que su jefe necesitara.

Al final, decidió conformase con seguir siendo su mano derecha, al menos, estaría al lado de la persona que más amaba. Incluso si no le correspondía, si la relación seguía siendo entre jefe y empleado, eso ya era suficiente para él.

La idea de que las cosas regresarían a la normalidad poco a poco, lo hicieron relajarse. Se recostó más cómodamente, posicionando su cabeza en ese cuerpo tan agradable, después, dejo que las respiraciones rítmicas del Diablo fueran su arrullo para entrar al mundo del sueño.

***

Desde aquella noche, el Diablo había dejado de tener esas pesadillas. Desconocía el porqué, pero, se sentía tan agradecido de que se esfumaran.

También, su brazo había sanado por completo, le faltaba la reparación de su cuerno, pero, por el momento no quería concentrarse tanto en aquello.

Cada paso a la vez, si quería regresar a tener su reinado y fuerza, necesitaba tener todo en orden.

Pero también, quería tener en regla sus sentimientos. Si cualquiera lo viera en ese estado, jamás creerían que tuviese estos sentimientos que lo confundían. Desde que King Dice le confeso que lo amaba, no paraba de pensar en esas palabras. Era la primera vez que un mortal le confesaba cara a cara esa emoción.

Todos aquellos que decían quererlo, se lo demostraban de otra forma. Siempre en sesiones de una noche, en donde no volvían, pero, terminaban con una sonrisa en el rostro cuando salían de la puerta, llenos de gozo y asombro por la velada.

Pero Dice, Dice era distinto. Contaba con un sin número de cualidades que le daban un aura encantadora. Era leal, confiable, inteligente, protector, así como atractivo, con una voz que hipnotizaba y seducía a cualquiera que estuviese presente, así como unos hermosos ojos cuyo brillo superaba la belleza de cualquier gema.

Él no era el único que encontraba esa perfección en Dice, muchos clientes, tanto mujeres como varones amaban esas cualidades y ofrecían lo que fuese para estar con él.

Pero lo que siempre le impresiona al Diablo, era el hecho de que Dice los rechazaba.

¿Por qué lo hacía? Dice podía conseguir a cualquier mortal que quisiese.

¿Era por él? ¿La razón de que Dice no iniciara una relación romántica se debía por sus sentimientos hacia él?

A lo anterior jamás le vería sentido. Cuando él vio su reflejo en un espejo decorativo en su oficina, comenzó a sentir una oscura sombra en comparación. Él era todo lo opuesto a Dice. Si su empleado era una luz brillante en carisma y en apariencia, él era todo lo contrario. Era lúgubre, peligroso, lo que haría que cualquiera se alejase y sintiese odio o miedo.

El tener esa conclusión, lo confundían más y más.

¿Qué veía King Dice en él?

Solo una persona podría responderle eso. Así que se aseguró de ponerle fin a esa incógnita de una vez por todas.

Pero primero, y entendiendo que King Dice podría estar en peligro constante debido a su causa, hizo aparecer un contrato que él guardaba con mucho cuidado, no tenía ninguna rasgadura ni mancha. Lo miro por varios minutos y, después, observo al fuego infernal que se encontraba en su oficina.

Lo único que se logró escuchar detrás de esas puertas y por los pasillos, fue el fuego quemando algo y unos lamentos contenidos dentro de la habitación. Después, hubo silencio.

***

“mmm, señor King Dice… él amo quiere verlo. Dijo que se dirigiera a la oficina una vez que su turno terminara.” Afirmo uno de los diablillos purpuras.

Dice ya estaba listo para regresar a su departamento, de hecho, ya se había quitado la parte superior de su traje purpura, de manera que pudiese sentir más libertad al moverse.

Esa petición le impresionaba, era extraño que pidiera verlo justo cuando su turno ya había terminado. Normalmente cualquier asunto lo veían en horas de trabajo.

“Voy enseguida.” Contesto mientras cargaba la prenda que se había quitado ya dirigiéndose a dicha oficina. 

La música seguía a todo su espirito, así como la llegada de más clientela esta noche. Pero, la vida dentro del casino parecía que jamás acabaría. Realmente cumplían con su lema en los carteles esparcidos en la ciudad: el casino siempre estaba abierto, jamás descansaba.

Se despidió de algunos compañeros que ya habían terminado su turno y saludo a algunos que seguían trabajando. Sin perder más tiempo, se dirigió a la oficina de su jefe. Toco la puerta y espero a que él le permitiese entrar.

“Dice, puedes entrar.” La voz del Diablo sonaba calmada. Al menos sabía que no estaba en problemas o lo encontraría de mal humor.

Al abrir la puerta, noto un pequeño detalle, ésta lucia muy ordenada, tanto por el dinero y por la documentación de nuevas almas y contratos en la mesa.

En la oficina, sentado y fumando sus habanos favoritos, se encontraba su jefe, quien estaba firmando unos cuantos documentos más.

“Toma asiento.” Le ordeno mientras seguía con su papeleo.

Dice se sentía extraño. El único sonido de la pluma al escribir y los lejanos ecos de la música eran lo único que lo ayudaban a distraerse.

Una vez que el Diablo termino, dejo el puro a un lado y junto sus manos. Suspiro y concentro su mirada a su leal empleado. 

“No sé si lo recuerdas Dice… pero… lo que me dijiste antes de desmayarte… ¿Es verdad? ¿Hablabas en serio?”

King lo miro confundido, pero, entendió en segundos a qué momento se refería. Miro al suelo avergonzado y lo rosado de sus mejillas relucieron más en ese momento. Además, la mirada de águila del Diablo no estaba ayudándolo.

Ahora ¿Qué debería decirle? Mentirle, seguir con esta relación únicamente profesional o arriesgarse a ser correspondido o rechazado.

No iba a mentir, podía sentir una gota de sudor caer cerca de su rostro. Tenía que decir algo ya, sabía que su jefe no esperaría mucho.

“¿Y bien?” Le dijo el Diablo, con un tono, para su sorpresa, paciente y sin sentir molestia alguna.

King sujeto sus manos, tomo una respiración profunda y aposto todo lo que tenía en una simple respuesta.

“Sí… Sí hablaba en serio.” Dijo para mirarlo por unos segundos, pero, desvió la mirada porque no toleraba la vergüenza de la situación. Sabía que, en cada segundo, su cara se sentiría más caliente.

“¿Por qué?”

“¿Perdone?”

“¿Cuál fue la razón o circunstancia que te hizo tener estos sentimientos por mí?”

Dice tartamudeo por la pregunta y cuando estaba a punto de contestar, su jefe lo interrumpió de nuevo.

“No lo entiendo… tal vez jamás logre entenderlo… pero, cuando me confesaste esto, no dejaba de pensar en lo que dijiste… ¿Por qué sientes eso por alguien como yo? Tengo un horrible carácter, soy impaciente, estricto, tengo una visión retorcida del mundo, físicamente no soy alguien atractivo. Tal vez, no tenga el concepto de amor que tu como tantos otros mortales buscan… y la lista sigue y sigue Dice, así que, quiero que me expliques por qué sientes eso por mí.”

Era lo mejor, exponerlo de esta manera. Ser honesto en este aspecto era lo que le quedaba, a lo mejor, de esta manera King entendería mejor las cosas. No obstante, y pesar de ser franco en estas cosas, al Diablo le estaba incomodando, pues sabía que escucharía una excusa cuyo resultado lo llevarían a la decepción. Esa desilusión es lo que hizo que se alejara del concepto del amor.

King Dice, sentía molestia, pero sólo por las terribles cualidades que el amor de su vida había descrito. Le dolía que se valorara de esa forma y lo admitiera como si fuera la verdad absoluta. Pero él no lo permitiría, le haría ver las cualidades tan maravillosas que poseía.

“Con todo respeto señor, pero, no entiendo porque usted ve esas características tan negativamente.”

Lo anterior capturo la atención del Diablo, su mirada estaba con algo de impresión, incluso sus ojos se agrandaron un poco.

La verdad no esperaba esa respuesta de su lacayo.

“¿Horrible carácter? A veces se necesita de ello para que los demás entiendan lo que deben hacer, eso es necesario en un líder, ¿Impaciencia y que es estricto? Usted simplemente quiere las cosas sin rodeos, el solicitar las cosas de forma directa y ser brutalmente honesto es necesario en este mundo y negocio… Su visión del mundo sólo representa el otro lado de la moneda y es una herramienta bastante útil para sobrevivir… No sé cómo define usted el amor jefe, pero, usted no está alejado de ese sentimiento, porque, en todos estos años que he trabajado con usted, me he dado cuenta que se preocupa, a su manera, pero se preocupa de los demás aquí en el casino…”

Dice recordó algo que su compañera había confesado, hace poco, algo que hizo que sintiera una mayor admiración por su jefe.

“Cuando Cuphead y Mugman nos vencieron, mientras yo estaba inconsciente, Pirouletta me conto como en ese momento usted la detuvo a ella y a los demás de pelear con esos mocosos de nuevo… los protegió diciéndoles que usted se haría cargo, cuando, cualquiera a quien no le importase los obligaría a pelear de nuevo… El proteger, es un sentimiento muy cercano al amor… y… me gustaría ser parte de esa forma de amar suya… además…” Dice sabía que a estas alturas ya estaba rojo en toda su cara, ya que más daba decirle la verdad.

“… Su físico… para mí, es atractivo.”

El Diablo se quedó boquiabierto por tales definiciones y podía sentir el rubor en sus mejillas. De verdad estaba agradecido de que el pelaje ocultara esa reacción.

Se levantó con lentitud para preguntar más cosas, pero, su brusco movimiento en la mesa causo que los contratos que tenía bien ordenados en una torre, se derrumbasen encima del brazo que apenas se le estaba recuperando.

Gruño más de coraje por su torpeza y no por el ardor que sentía en su herida.

King Dice salió de la oficina y fue por mas ungüentos y vendajes. Al regresar, acerco una silla para aproximarse a su jefe y poder sanarle el brazo.

Ambos se quedaron callados y ese silencio incomodo el ambiente. Dice no quería mirar a esos ojos dorados, sabía que su jefe lo estaba mirando en busca de alguna respuesta sobre el tema de hace unos minutos.

El Diablo quería hablar. Deseaba explicar esas emociones y preguntarle si, a pesar de todo lo que habían pasado juntos, de los malos momentos, así como los buenos, si deseaba una unión más profunda. No sabía cómo sacar todas esas incertidumbres en palabras, así que, deslizo su otra mano por el rostro de Dice, teniendo mucho cuidado de no arañarlo.

El dado se sobresaltó por el toque y miro boquiabierto lo que Diablo estaba haciendo.

“¿Jefe?”            

Su mano, que paso delicadamente por su mejilla, se dirigió hacia su pectoral y de ahí, a su hombro, el cual, apretó con fuerza.

King se levantó de inmediato y paso una mano en donde se encontraba su corazón. Estaba seguro que, de esos latidos desesperados, sería cuestión de segundos para que se le escapase del pecho.

Pero, lo que más le impacto, fue la mirada de tristeza del Diablo.

King se dio cuenta de que sus acciones insinuaron otra cosa.

“Te da asco ¿verdad?”

“¡No! Es que… me tomo por sorpresa… permítame un segundo.” King salió de la oficina y se tapó la cara de inmediato. Podía ver a unos cuantos diablillos pasar por el pasillo. Se quedaron callados mientras lo miraban en ese peculiar estado.

King calmo el temblor en sus manos, así como los latidos de su corazón. Finalmente, tomo una profunda respiración y la saco con toda la calma posible.

Al sentirse listo para abrir la puerta, se sobresaltó al mirar al Diablo de pie cerca de ella. Le tomo de la mano y lo metió adentro de la oficina. Cerro la puerta con seguro y apoyo la espalda de Dice en ella. Con cuidado, tomo el rostro de su empleado y le deposito un beso por la mejilla rosada, cerca de su ojo en realidad. La calidez de esos labios y la forma tan cuidadosa en la que Dice era sujetado, lo hicieron cerrar los ojos y dejarse llevar por el gesto. También, King sujeto la mano del Diablo y una sonrisa se le hizo presente al ser correspondido de vuelta, el sentirse amado por el ser que él tanto atesoraba.

En esos momentos, el Diablo cambio sus muestras de cariño hacia sus labios. Y la sensación en esa zona, era como estar en el paraíso. Y era irónico que la persona que le hacía sentir eso representaba todo lo contrario a tal descripción. Pero, no podía evitarlo. El sentir su lengua explorar su boca, fue como si un fuego lo rodeara alrededor de su cuerpo. 

Pero, cuando abrió los ojos, se percató de que ya no estaban en la oficina, sino que estaban en la misma habitación en donde cuidó del Diablo después de esa pesadilla. Dice, aun sintiéndose asombrado, fue guiado hasta la cama. Se dejó recostar en ella y gozo de cada segundo en el que su jefe se posicionaba encima de él. Sus ojos dorados tenían una penetrante mirada en Dice, casi como si quisiera escanearlo, buscando algo que le diera pistas a una respuesta.

“Aún estas a tiempo Dice…”

“¿Qué?”

“Si no quieres hacer esto… yo lo entenderé, no tienes que hacer esto…”

Dice tomo una profunda respiración y deposito su mano en la mejilla del Diablo, aprovechando para deslizar sus dedos por ese pelaje que tanto adoraba y del cual recordaba esa suavidad.

“Sí… sí quiero…” Dijo en voz baja, pero, con una decisión definitiva. Su sonrisa ya no podía contenerse y esperaba que estuviese dando el ambiente suficiente para que su jefe continuara.

Pero, mientras le desabrochaba la camisa blanca y deslizaba sus manos por sus hombros, Dice recordó algo. No iba a mentir, adoraba ese camino de besos en su piel, pero, no se sentía cómodo por un detalle.

“Jefe, déjeme… déjeme asearme… no creo que esto lo debamos hacer así… trabaje por una larga jornada…”

El Diablo no pudo contener su risa, ese acto causo que mostrara la mayoría de sus colmillos. Muchos que no lo conociesen en persona estarían asustados por tal reacción, pero, Dice jamás dudaría o sentiría temor alguno, él ya lo conocía a la perfección, más que nadie de hecho.

Se acercó a Dice e inhalo la piel de sus hombros y parte del pectoral. Logro percatarse que ese acto lo ponían nervioso. También, miro con algo de impresión, algunas pecas que tenía en esas zonas, pequeños puntos de color purpura en esa piel tan blanca y delicada. Le parecía un rasgo físico adorable.

“¿De qué hablas? Hueles tan malditamente bien, sería una pena el ya no estar rodeado de esta fragancia… ¿Usas alguna colonia en particular?”

Para esos instantes, el Diablo comenzó a desvestir a su empleado, siendo los pantalones purpuras lo último que le faltaba.

“Si… pero, no creo que la colonia siga impregnada en mi… eso fue hace horas…” Dice no paraba de sentir vergüenza, siempre en sus más salvajes fantasías imaginaba esto. Fantaseaba con su jefe haciéndole este tipo de cosas. Imágenes que visualizaba en su apartamento y no en su trabajo. Temía que su jefe le leyera la mente y viese esas imágenes tan vergonzosas.

“Es tu aroma natural entonces, realmente es cautivante…”

El Diablo dejo de concentrarse en esa zona y se posiciono encima de él.

Era un espectáculo que no podía dejar de ver, el verlo tan adorable y vulnerable a la vez.

En ese instante, ambos se miraron y se dejaron llevar como una corriente. No necesitaban de indicaciones, no requerían peticiones. Ambos, por instinto, entre carcajadas y tactos, sabían lo que se debía hacer y el comprender que tenían la libertad de ser ellos mismo, los ayudo a continuar con su expresión de amor.

El buen ambiente formado por ambos no era la única ventaja en ese momento, otro punto a su favor era que el casino fuese un lugar lleno de vida. Toda esa música rítmica y pulsante eran, en esa habitación, a penas ecos audibles.

Ningún mortal los escucharía.

Nadie, ni los demonios fieles al Diablo se percatarían de la intimidad que tendrían.

King Dice cerro los ojos, y dejo que esa corriente y lujuria tomaran control, que el miedo no existiese, que sus dudas no interviniesen en lo que estaba anhelando desde lo más profundo de su alma.

***

La mañana siguiente, King Dice no dejaba de sentirse completamente feliz. El calor del cuerpo de su jefe, así como la cobija en la que estaba envuelto, le hicieron sacar una sonrisa mientras se movía sin abrir sus ojos. Quería estar todavía en esa nube llena de calidez y confort. No pudo contenerse y apoyo el lado de su rostro en el pecho del Diablo.

“Despertaste…”

“Sí, buen día… cuanto tiempo… ¿Cuánto tiempo dormimos?”

“Yo desperté hace unos minutos, me quedé observándote… en tiempo mortal, son las 3 de la tarde de mañana.”

Los ojos de King se agrandaron de forma cómica, se levantó y se enderezo de inmediato.

“Oh no, el casino, debería estar trabajando…”

“Tranquilo Dice, les dije a los demás que se hicieran cargo. Les dije que estabas enfermo.” El Diablo tomo un puro que estaba en el buro al lado de la cama, encendió fuego de uno de sus dedos y comenzó a fumar.

No es como si a King le incomodara, le encantaba el aroma de hecho. Suponía que era por la costumbre, se había acostumbrado tanto a ese aroma en la oficina del Diablo, que ya era un olor normal.

El dado se tranquilizó un poco cuando se le notifico eso. Se cubrió un poco con la cobija, de manera que no se viesen sus piernas, el repentino movimiento lo había dejado al descubierto.

Al mirar su propia desnudez, un sonrojo empezó a sobresalir de sus mejillas, además, tenía pena de ver a su jefe a los ojos.

“Lo de ayer… fue maravilloso… yo jamás, me había sentido así con alguien…” Dijo Dice mientras desviaba la mirada apenado. Pero, cuando tuvo el valor para mirar al Diablo a los ojos, se llevó una impresión al ver la mirada decaída de éste.

Se preguntaba, si lo que había confesado era algo tan delicado o era el hecho de que tal vez su jefe sentía esta experiencia como evento de sólo una noche.

No, no podía ser eso. Había seriedad en él cuando paso esto, sin mencionar lo cuidadoso que fue con él mientras lo hacían. El Diablo tenía una fuerza mucho mayor. En cualquier instante lo hubiera hecho pedazos, de hecho, rompió con sus manos unos pedazos de la cabecera de la cama.

“Hay algo que no sabes…” Dijo con seriedad y asegurándose de que ambos se miraran el uno al otro.

King Dice se concentró en lo que tuviera que decir. Si iba a romperle el corazón, que lo hiciera ahora y que no lo prolongase más.

“Queme tu contrato… Dice… tu eres libre… pero yo no te lo había dicho antes… porque…”

Dice miro hacia sus manos. Éstas comenzaron a temblar, pero, al apretarlas, logro tranquilizarse. Quería preguntarle tantas cosas, pero de todas ellas, quería escuchar más lo que tuviese que decir.

“¿Por qué lo hizo jefe?” Preguntó con una voz llena de comprensión, sin enojo, sin rencor, sólo, quería saber sus sentimientos. Quería escucharlo de sus labios y comprenderlo. Sólo deseaba eso.

“No quería perderte, y a la vez, no deseo que te alejes de mi… Pero, al darme cuenta de lo que estabas poniendo en riesgo por serme tan leal, sentí que lo mejor era dejarte libre… Prefiero dejarte libre, al menos así estarás a salvo. Prefiero eso a verte desaparecer frente a mis ojos… creo, que esos pensamientos son lo que no me dejaban tranquilo.”

Era tan raro escuchar al Diablo ser tan abierto. El que no hubiese severidad o esa fría crudeza al decir las cosas. Su jefe estaba siendo honesto.

Dice no sabía cómo sentirse, si expresar cierto alivio y aprecio de que su jefe buscaba su seguridad o asustado de que ahora lo quiere alejado de él.

“No merecía que me describieras de esa forma… soy un maldito.” Se sentía estúpido al decirlo, el saber que estaba mal lo que estaba haciendo y aun así hacerlo, el Diablo se sentía estúpido. “… Me atreví a ser intimo contigo, porque sabía que te perdería una vez que te dijese esto… así que, quise tenerte en mis brazos, aunque sea una última vez… te amo… pero yo sé que…”

Sin poder terminar la frase, King Dice tomo el rostro del Diablo y lo beso sin ningún temor. Éste fue lento y lleno de cariño, lo suficiente para calmar la profunda tristeza del Diablo. También, su mente no deja de repetir lo que esa voz grave acaba de decirle, de confesarle que lo amaba.

“¿Y de dónde sacaste que yo me iría?... No pensaste, por un momento, ¿Qué yo estaba aquí por cuenta propia desde hace mucho? ¿Con o sin contrato?”

El Diablo sentía como su corazón latía en forma acelerada, así como una calidez en sus mejillas. No, no podía ser cierto. Es que simplemente era demasiado bueno para ser cierto.

“Dice, te das cuenta de con quien estas tratando… soy el Diablo maldición… podrías tener algo estable con alguien más, una mejor opción que yo… algo sano…”

“Jefe… allá no podre amar a nadie de la misma forma que a usted… Yo ya me decidí, incluso sabiendo esto, no me molesta… yo sabía de las condiciones de mi contrato con usted, pero, realmente me gusta trabajar en el casino, me gusta esta vida, usted me gusta mucho… Me quedaría aquí, aunque el contrato ya no estuviese vigente… Pero, si usted no siente lo mismo, yo…”

“No escuchaste lo que acababa de confesar, claro que me importas… siempre fue así, fuiste el único mortal con el que tuve confianza suficiente… Pero, cuando esos mocosos te lastimaban, ahí me di cuenta de lo mucho que temía el perderte…”

Dice le tomo de la mano y la apretó con fuerza y cariño, se le escapo una risita y, de la felicidad que tenía, sus ojos verdes brillaron con mucha intensidad.

El Diablo adoraba eso en King Dice, él hecho de sus ojos brillasen como gemas cuando sentía una fuerte emoción. Era mágico.

“Jefe, y con miedo a que me elimine con su tridente, pero, creo que mi odio por esas tazas descendió un poco… Sé que se perdieron muchos contratos, pero, de no haber sido por la intervención de esos dos, creo que no hubiera tenido la fuerza de decirle lo que sentía.” King abrazo a su jefe y lo sostuvo para recostarlo en la cama de nuevo. Quería que siguiesen juntos, no era su intensión salir de esa agradable calidez.

“Créeme que ese es el único motivo por el que no me he atrevido a ir una noche a esa asquerosa cabaña en la que viven y llevarme a esos dos al mismísimo infierno…” Dijo en un gruñido mientras se rascaba la cabeza. Ya no quería pensar en esas dos pestes. Pero, sus interrogantes seguían.

“Dice, ¿estás seguro de esto? ¿de quedarte conmigo en el casino.”

“Apostaría mi alma a esta decisión… pero, tú ya la tienes en tus manos desde hace años… la conquistaste por tu cuenta… créeme, el contrato no tuvo nada que ver en mi decisión de estar a tu lado… ¿Estamos bien?”

El Diablo le sonrió de lado y lo miro de forma algo soñolienta. Se acostó al lado de Dice y cerró los ojos mientras le suspiraba su respuesta.

Ya no había nada más que decir. Existían más interrogantes, pero ambos estaban bien, porque sabían que encontrarían una respuesta mientras estuviesen juntos. De la misma manera que lo habían hecho desde hace años. Las cosas no serían completamente normales, pero, era un inicio para que el Diablo comenzara un nuevo reinado.

Se alegraba de encontrar a la persona ideal para compartir esa eternidad y sueño, pues, no permitiría que ni la muerte misma lo separara de Dice.

Notes:

En otras palabras: el Diablo hará inmortal a King Dice xD

Ufff una disculpa, sé que fue muy largo, me llego mucho la inspiración jajajaja Espero les haya gustado, planeo hacer otro, pero, sería un long fic de esta ship. Me relaja mucho escribir de ellos la verdad y pues poco a poco estoy teniendo esta soltura. Me nace como una necesidad muy fuerte de continuar con estos chicos, realmente me enamore del juego, así como de sus personajes.

No duden en comentar y pues les agradezco mucho por leer y por demostrar su apoyo.
¡Gracias!

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