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We fall in love in a heartbeat

Summary:

El Diablo y King Dice estaban juntos.

Superarían lo que fuese, siempre y cuando jamás estuvieran separados.

En toda esa felicidad, era imposible el no recordar aquellos días tan lejanos en los que se conocieron. Aquel peculiar momento en donde un inocente trato los llevo a conocerse.

Notes:

Aunque la idea era que fuese un one-shot, no sería suficiente con la historia que tengo planeada. Así que, constara de cuatro capítulos (o tal vez más, depende de la longitud) que iré publicando lo más pronto que pueda. Una disculpa, me he oxidado un poco en la velocidad al publicar XD

Esta idea me la recomendó “Cristal” en un comentario que hizo en mi fic Confesión; sugiriendo un one-shot en el que “describa como se conocieron ambos, su enamoramiento y el descubrimiento del lado bueno de El Diablo.”
Esa sugerencia me encanto de inmediato y de ahí fui formando la historia y los escenarios.

Espero sea de su agrado y como es lo usual, ¡no duden en comentar!

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Trato

Chapter Text

La hora de trabajar se aproximaba.

El Diablo lo sentía por instinto. Era un presentimiento que jamás le fallaba, tanto cuando hacia tratos o predecía futuros escenarios. Se atrevía a decir que estaba desarrollando uno de los tantos poderes de su padre; ese don para visualizar el futuro de los mortales y contextos específicos. Puede que estuviese exagerando, pero, poco a poco estaba ganando fuerza.

Dejando eso de lado, volteo un poco y no pudo controlar los latidos acelerados de su corazón. El ver a Dice en sus brazos, con una sonrisa llena de relajación y con su usual pijama purpura, eran el brillo de bienvenida que siempre recibía por las mañanas en la cama.

Oficialmente habían cumplido dos meses juntos, de hecho, King ya se había mudado al casino. Dice tiene un departamento en la Isla III, algunas de sus pertenencias aún siguen ahí. Él consideraba venderlo o rentarlo, pero, no quería deshacerse del que una vez fue su hogar. Eso era típico de su adorado Dice, le era difícil despegarse de algunas cosas.

Teniendo eso en mente, sólo trajo consigo lo necesario.

Una vez que hicieron oficial su relación, el Diablo pensó que recibiría sonidos de sorpresa y caras de incertidumbre por parte de sus empleados, pero, sólo recibió un silencio, seguido de una explosión grupal llena de gritos de emoción y palabras llenas de apoyo. Todos ellos los miraban a ambos por igual; por primera vez en tantos años, era la primera vez que sus trabajadores lo miraban con una sonrisa y no con un gesto lleno de miedo.

No pensaba que él hubiese ganado esos gestos por mérito propio, más bien, sintió que se debía por la presencia de King; como una obligación de mostrarle los mismos buenos deseos a él por ser la pareja de King. Aunque solía discutir sobre eso con su pareja, él terminaba por decirle que los empleados lo respetaban, más aún en el último enfrentamiento que tuvieron con esas tazas. Ellos jamás olvidarían que su protección era una señal de que los respetaba y se preocupaba.

Era el Diablo, el príncipe del inframundo y torturador de la humanidad, él era todo lo malo representado en una figura y nombre, y aun así sentía que poseía todo lo que necesitaba en la palma de su mano. Tenía un negocio estable, una pareja que lo amaba incondicionalmente y un reinado que crecía día con día.

A pesar de que estaba en una tregua con su padre, tanto él como el viejo se aseguraban de juntar más seguidores, de tener más almas a su bando, de manera que una vez que el día llegara, retomara la revancha contra él. Sin embargo, cuando miraba a Dice, todas esas ideas sobre peleas, revanchas y deseos de reinado desaparecían. Era como si un aura dentro de Dice lo empujaba a olvidarse de ese destino maldito.

Le gustaba eso, realmente le gustaba esta vida. Se sentía satisfecho con las almas que recolectaba en su casino y la monotonía de su día diario al lado de su pareja y empleados.

Al entender eso, abrazo a Dice por la espalda y le beso el hombro. Su gesto provoco que su amante despertara del mundo del sueño y lo recibiera con una sonrisa.

Él no podía contener su deseo, así que desabotono el pijama purpura de manera que pudiese deslizar la tela y dejar el hombro desnudo de Dice a la vista. Le encantaba ver esas pecas en su piel blanca. Podría besar esas zonas y jamás se aburriría.

“Basta querido, ya casi se acerca la hora de trabajar, debes soltarme.”

“Cinco minutos más Dice…”

No podía negarse a tal petición y mucho menos de su preciado jefe. Decidió compartir un poco más de tiempo, así que volteo para tener a su pareja cara a cara, después, tomo con cuidado el rostro del Diablo y lo acerco para besarle las mejillas. Mientras lo besaba, deslizaba sus dedos en ese pelaje tan suave que tanto adoraba, a esa maravillosa sensación que lo llenaban de calidez en las noches frías o en cualquier día estresante mientras lo envolvían.

Jamás imagino que su jefe correspondería sus sentimientos.

“Sabes, realmente necesito desempacar esas cajas, estorban mucho en la habitación.” Dijo el dado con la esperanza de que las exploraciones del Diablo no fueran más allá. Él adoraba hacer eso, subir las cosas de tono y así impedir que ambos salieran de la habitación.

Pero hoy no. Debian cumplir con un itinerario de trabajo.

“Maldición Dice, sí que sabes matar el momento… bien, bien, ya voy a levantarme.”

No obstante, y antes de realizar aquella acción, él se estiro en la cama hasta sentir los tronidos en sus huesos. Al terminar, miro las cajas de las que su pareja hablaba.

En la mayoría de ellas había trajes formales y algunos especiales que usaba en presentaciones de canto y baile en el casino. En otras, había figuras de porcelana, cuadros fotográficos y algunos libros preciados para él. Aún no había desempacado por completo o, más bien, el Diablo no lo dejaba hacerlo. Siempre era egoísta, quería la atención de su preciado lacayo día y noche únicamente para él.

Mientras se acercaba a las cajas, algo capto su total atención. Este era un poster promocional. Ya bastante viejo, las esquinas y algunos bordes estaban rotos o doblados. En él estaba un dibujo de King Dice y de una cabra usando un traje formal. En éste mismo estaba escrito: ¡EVENTO ESPECIAL! PRESENTANDO A KING DICE Y LUCIEL, VIERNES A LAS 3:00 PM.

El Diablo miro con un rostro sin emociones el poster. La historia de esa imagen, era una que le pesaba recordar, pero de la cual, por más que intentara escapar, no podía.

“¿Diablo? Esta todo…” Antes de que pudiera terminar la pregunta, miro el poster y entendió de inmediato su estado de ánimo.

Aunque para Lucifer era un recuerdo muy oscuro, Dice no lo veía así. Él había aceptado todos los sacrificios si eso le permitía estar al lado de su jefe.

“Si tuviera la oportunidad de cambiar mi pasado, créeme que ésta sería una de ellas.” Dijo Lucifer señalando el poster.

“Jefe…”

“Si tan sólo hubiera usado mis poderes para detener a ese imbécil y… si tan sólo no te hubiera tratado tan mal después de hacer tu contrato, yo tal vez hubiera…”

Dice le quito el poster y lo regreso a la caja, después, le tapo los labios con sus dedos para que detuviese su mundo de incertidumbre.

“Shhh… Diablo, lo que paso ya paso… ahora estoy contigo, y eso es lo que importa…”

Su jefe pareció calmarse, pero no por completo.

Dice paso sus brazos por los hombros de su pareja y se aseguró de que ambos mantuviesen la mirada.

Su corazón dolió un poco al ver ese rostro lleno de preocupación.

“Si usabas tus poderes fuera del casino, tus hermanos allá arriba se hubiesen dado cuenta y tal vez te hubieran lastimado… hiciste lo que mejor convenia y yo lo entiendo jefe…”     

Dice tenía razón, el anteponer la lógica y estrategia en aquella ocasión parecía lo correcto, pero, hubo daño colateral de por medio. Lastimo a algunos en el proceso y dio comienzo a esta relación laboral entre jefe y lacayo.

Pero su pareja tenía razón en algo: él hubiera no existe. Ya no quería concentrarse en eso y anhelaba por tener la mentalidad de su novio; ser capaz de dejar el pasado atrás y gozar de su presente. Sin embargo, le era imposible no olvidar ese evento.

Cuando Dice se fue a realizar su trabajo en el casino, no se percató de que el Diablo había tomado el poster y lo llevo a su oficina.

Al llegar a ella, vio que algunos demonios se inclinaban a él con respeto. Era común encontrarlos en su santuario de trabajo. A veces le traían comida, habanos y una buena botella de vino para relajarse.

Sus demonios eran especiales, eran sus ojos en los pasillos del casino y sus mensajeros cuando él lo requería. Pero, eso no les daba la total relevancia. Nadie sabía este secreto, pero, los demonios eran una parte de él. Poseía una conexión muy fuerte con ellos, similar a una abeja reina con sus abejas obreras. Ellos sentían su ira, su tristeza, su frustración e, inclusive, su amor. Ejemplo de este lazo fue cuando peleo contra Cuphead y Mugman; sus demonios lucharon a voluntad propia por él. Pero el más remarcable ejemplo, fue cuando inicio esta relación con King Dice. Los demonios consideraron a su fiel lacayo como una figura de respeto similar a él. Sentían cariño por King, de hecho, le toco atestiguar como tres de sus demonios lo abrazaban después de un largo día de trabajo. Pensó que a su pareja le molestaría, pero, fue todo lo contrario, termino regresándoles el gesto y riendo mientras lo hacía.   

Al notar que finalizaron con su rutina, les dio indicaciones para que lo dejaran solo. Cuando tomo asiento, encendió su habano y tomo un contrato que estaba en una de las tantas pilas de documentos. Todos estos necesitaban su firma para autorizar, por lo que tendría que leerlos y dar la aceptación de cada uno.

Pero no hizo eso, dejo el contrato a un lado y agarro el poster que venía en las pertenencias de Dice. Después, tomo una buena bocanada de su cigarro y suspiro una gran cantidad de humo. Éste impacto en el poster y se esparció en toda la oficina.

El mirarlo le hizo regresar a aquella época, a esos días tan peculiares de su inmortal existencia.

Todo comenzó hace 13 años.

En ese tiempo, su casino no era tan popular como ahora, de hecho, las decoraciones en el interior y exterior eran algo diferentes. Podría hasta decir que eran pálidas, sin vida, sin elegancia. Dice solía decir que el ambiente le recordaba a un funeral, como si alguien tuviese una sentencia de muerte.

En esos años, ya contaba con el apoyo de todos los empleados del casino. Él les daba órdenes a través de sus diablillos.

Una vez que alguien perdía su alma, sus empleados daban el contrato a sus demonios y éstos últimos lo traían a su oficina.

Era un sistema sin problemas, el único inconveniente en esos años era la poca cantidad de clientes.

En un día cualquiera, él salió de su oficina y tomo rumbo en las mesas y secciones del casino. Le pesaba admitirlo, pero a su negocio le faltaba algo que brillase, que atrajera al público al instante. No es que sus empleados fueran mediocres, era el hecho de que se necesitaban de alguien que los representara, alguien que tuviese el poder de convencimiento y facilidad de palabra.

Si él no fuese el mismísimo Lucifer, haría el trabajo él mismo, pero, la idea era atraer más almas, no asustarlas de muerte cuando lo viesen.

Vaya problema que cargaba en aquella ocasión. Él hubiese seguido lamentándose de no haber sido por algo que sus empleados estaban haciendo.

Todos ellos estaban distraídos y atentos a una radio. Al acercarse más, noto que se escuchaba el canto de un varón. Esa voz era cautivante, de hecho, se podía oír al resto del publico cantando con él. Fuese quien fuese ese artista, tenía comiendo a una multitud en la palma de su mano.

“¿Qué es esto?”

Todos los empleados sacaron suspiros de sorpresa y otros dieron un pequeño salto acompañado de un grito. De todos, Pirouletta fue la que trato de explicar y defender a sus compañeros de trabajo.

“¡Perdónenos jefe! Es la hora de descanso y usamos la radio del señor Wheezy para escuchar el show de King Dice.”

“¿Quién?”

En seguida, la joven ruleta le enseño un poster promocional de este artista. Lo miro y alzó una ceja. No había nada impresionante, sólo era un sujeto con un dado por cabeza, vestía traje purpura, del mismo color que los puntos en su cabeza. Algo le decía que ese era su color favorito.

Pirouletta y Dot le hablaban al Diablo sobre lo caballeroso y elegante que era aquel sujeto, pero, sobre todo, le platicaban con fascinación de como su talento destacaba en la danza y el canto.

Y según Phear Lap y Hopus Pocus, quienes ya habían asistido a una de sus funciones, le aseguraron que el escenario y los espectadores se llenaban de magia. Era como desconectarse de la realidad del mundo y formar parte de esa aura llena de vida y emoción que King Dice demostraba.

Aquella descripción lo dejo pensativo y no pudo evitar el formar una idea.

Se le ocurrió ver uno de sus shows. Era eso o tratar de charlar con él. Lo que viniese primero.

“Y recuerden: hoy serán las audiciones para formar parte del espectáculo de King Dice. Si tiene talento para el baile o el canto, ¡no duden en participar! ¡Sean las próximas estrellas del show! ¡Los esperamos en el teatro de Inkwell!” Dijo un chico con todo el ánimo del mundo una vez que el show termino. Fue lo último que se escuchó de la radio, segundos después, ya se oía otro programa de la estación.

Lo que acababa de escuchar tal vez le ayudaría. No tenía tiempo que perder, así que viendo que no había mucha clientela, le dio permiso a sus empleados de tomarse el día libre, sólo hasta que el último cliente, el cual solo era uno, se fuera del lugar.

Volvió a su habitación y busco unas prendas adecuadas para salir. Además de que cambiaría de forma, no iría sin ropa al exterior. Se miro en un espejo que le permitiera verse de pies a cabeza, después, saco su tridente y golpeo la base tres veces al suelo. Al hacer esto, una bomba de humo lo rodeo, mostrando así su nueva apariencia. Esta era la de una cabra; sus cuernos se enroscaron y dieron la forma de los que una cabra común poseería. Sus puntiagudas orejas estaban caídas ahora. La forma de sus ojos mantenía el mismo color, pero su pupila oscura tenía una forma más ancha y similar a los ojos de esas criaturas. Finalmente, sus manos y pies fueron cambiadas por pezuñas de color gris, al igual que un pelaje por su cuello del mismo color.

Se miro en el espejo y sintió orgullo de su propio trabajo. Ahora le faltaba la ropa.

En aquello no habría problema. Tomo una camiseta abotonada color blanca y se puso un saco y pantalón de vestir color café, no necesitaba zapatos, sus pezuñas ya hacían ese rol por la dureza que tenían.

Sin perder más tiempo, abrió un portal que lo dejaría cerca de ese teatro, pero para su mala suerte, vio que había una enorme fila para acceder. Parecía que todo el pueblo quería participar en aquella convocatoria. Eso le dio una señal de que este tipo era muy bueno.

Todos lucían entusiasmados y algunos seguros de ellos mismo. Le recordaba a las almas que llegaban a su casino, completamente seguras de que ganarían, si no lo hacían en el primer intento, suponían que lo lograrían en el que siguiera.

Eso sería interesante de ver, pero, no tenía la paciencia para esperar en esa larga fila, así que se alejó del público y fue a un callejón. Sin nadie a la vista, saco su tridente y abrió un portal; dentro de éste se veían los camerinos, entro en él y ahora lo único que necesitaba era encontrar a ese tal King Dice.

“¡Oh! ¿Viene para la audición? Me disculpo, hemos puesto a prueba a tantos que no tenemos un completo orden, ¡venga por aquí!” Dijo una galleta de jengibre, muy amable y carismática. Lo tomo del brazo y lo guio al escenario a tropezones.

Aunque el Diablo trataba de excusarse diciendo que no quería participar, la amable galleta suponía que se debía al pánico escénico. Así que lo motivo a que eso no lo detuviese.

“¡Te digo que no quiero participar!” Dijo de nuevo el Diablo ya bastante enojado, tenía unas ganas de transformarse en araña y asustarla. Ella no tenía idea de con quien estaba tratando.

“¡Y yo le digo que debe de superar ese miedo! ¡No sea cobarde!”

“¡¿Cobarde?!”

¿Cómo se atrevía esa galleta a insultarlo? Eso era todo, tendría un cuarto exclusivo para ella en el infierno. Esa mortal no tenía idea de sus habilidades, si él quisiera la mataría ahora mismo.

Pero por más que quisiera, no podía o, más bien, no debía hacerlo. Si los ángeles se daban cuenta, mandarían a unos cuantos a pelear con él.

Él no tenía permitido salir entre los mortales, podría disfrazarse y no se darían cuenta, pero, era primordial que no usara sus poderes en el exterior.

“¡Señor King Dice! ¡Aquí hay otro participante!” Dijo la galleta para después empujar al Diablo en el escenario. El movimiento de esa chica fue tan repentino que el Diablo tropezaba en el escenario, sin ninguna gracia.

Al recuperar su equilibrio, miro como en los asientos delanteros del teatro estaba, en efecto, King Dice y un chico humano de cabellera rubia y vestimenta formal. El humano lo miraba con una sonrisa, mientras que el dado sólo alzo la ceja, después, lo miro de pies a cabeza. Al mirar en los alrededores, se percató de que había una banda orquestal cerca del escenario, así como unos cuantos chicos en el área de las luces y a aquella odiosa galleta que estaba tomando asiento para ver el espectáculo. Había mas individuos, pero, fueron los que su vista le permitió notar en tan pocos segundos.

“Bienvenido caballero, ¿Cuál es su nombre?” Dijo aquel dado con una sonrisa y voz llena de armonía. Otro punto a su favor, la voz de este hombre es cautivante incluso aunque no cantara. Definitivamente otra razón más para tenerlo en su equipo de trabajo.

Por más feliz que estaba de ese descubrimiento, necesitaba pensar en un nombre. No sabía cuál dar y, a pesar de que eso le traería problemas, dio un nombre con el que estaría bastante familiarizado.

“Mi nombre es Luciel.”  

“Un gusto en conocerlo Luciel, yo soy Adam, el representante de King Dice… díganos, ¿cuál es su talento?”

El Diablo no quería participar en todo esto, no le interesaba en absoluto. Lo único que quería era la atención de ese dado.

“La verdad, no vine a concursar, quería hablar con King Dice…”

Dice lo miro con una ceja alzada y un rostro lleno de molestia. Como si estuviese harto de escuchar la misma excusa. Al final, lo miro y le dio una sonrisa.

“Te propongo algo, muéstrame cuál es tu talento y considerare el hablar contigo.”

Una parte del Diablo se decía a él mismo que toda esta farsa no valía la pena, pero, si quería traer más gente en su casino, necesitaba de este sujeto. Jugaría un poco con sus reglas, no perdía absolutamente nada.

“De acuerdo… acepto tu trato… bien, en cuanto a talentos… diría que el baile es lo mío…”

“Perfecto… ¿te gustaría mostrar un poco de swing?”

La petición de King Dice le vino de maravilla al Diablo. Era un baile sencillo y fácil de ejecutar para él. Saco de su espalda un sombrero de copa color café, acto que parecía mágico para los espectadores que estaban cerca. Podía invocar incluso un bastón, pero, eso llamaría mucho la atención y no le convenia, así que le pidió a la orquesta uno, por suerte, el pianista del grupo, que era una tetera ya mayor, le lanzo su bastón.

La orquesta toco una canción bastante rítmica y el Diablo no se detuvo en mostrar sus talentos a ese dado. Procuraba mover sus caderas con el ritmo de la música y hacer sonidos rítmicos similares al tap. Una de las ventajas de tener esas pezuñas era que simulaban unos zapatos de baile. Además, uso el bastón para girarlo como una hélice mientras bailaba y daba vueltas.

Cuando recibió los aplausos y silbidos, sabía que había triunfado, todos lo alababan con impresión, todos a excepción de King Dice. Una ligera molestia se le formo al ver su rostro carente de emoción.

Mientras le devolvía el bastón a esa tetera, ésta no se detuvo en decirle lo impresionado que estaba.

“Gracias por devolvérmelo jovencito, Dios sabe que soy nada sin él… vaya, si fuera más joven, me encantaría danzar como tú en el escenario, ¡sin duda que tienes esto ganado!”

“Le agradezco el cumplido… umm… señor…”

“Soy Elder Kettle… espero podamos tenerlo aquí…”

El diablo le sonrió a aquella tetera, siempre lo hacía para aquellos que le daban cumplidos.

Pero, por mas talentoso que fuera, King Dice era quien tenía la última palabra.

Su representante le decía algo en el oído, debió ser algo muy interesante, ya que ese dado tenía una risa algo malévola.

“Muy bien Luciel, eres muy bueno en el baile… créeme que de todos los que han participado, se ve que tienes potencial… no obstante, me gustaría probarte con otro tipo de baile… ¿crees que seas bueno en el vals?”

Lucifer quería carcajearse por lo que acababa de escuchar. Ese baile era lo más viejo del mundo. Por supuesto que podría hacerlo. Pero, le extrañaba la petición. Aquella danza normalmente se bailaba entre dos personas.

“Si, puedo hacerlo…” En ese momento King se levantó de su asiento y se subió al escenario con él.

“¿Bailarías conmigo? Quiero saber que tanto sabes.”

El Diablo le alzo una ceja y no pudo contener su cierto tono de fastidio. Le molestaba que le pusieran tantos obstáculos.

“Está bien, por mí no hay problema, pero, ¿no es más normal que sea una chica la que baile contigo?”

Si quería pasar desapercibido como mortal, él suponía que la mejor estrategia era poner ese prejuicio humano.

“El baile no tiene reglas de género… en mi show no tenemos ese prejuicio.”

Eso sí que era interesante y le gustaba su modo de pensar. No era el ciudadano común o con una mentalidad cerrada en estos aspectos. Podría incluso catalogar a este tipo como un rebelde. Y le encantaba eso.

“Kettle, ya sabes cual es la melodía.”

La tetera no pudo evitar sonreírle y sacar un poco de vapor por su cabeza. Era como si la petición lo emocionara o, más bien, la fuente de su emoción era la canción que estaría a punto de tocar.  

Todos los miembros de la banda buscaban la canción en sus libretas de música y otros miembros, quienes ya eran instrumentos, sólo asintieron en la espera del dado.

Una vez organizados, King Dice les señalo con el dedo para que comenzaran. De los músicos, el primero en iniciar la melodía fue aquella tetera. La música empezó con una entrada lenta de piano; fue ahí cuando el dado tomo su pezuña, mientras que, con la otra mano, tomaría su cintura. El Diablo, por otro lado, sujetaría su fuerte hombro y su cintura.

“Yo guiare un poco… quiero ver tus reflejos…”

El Diablo acepto la orden y continuo el movimiento con lentitud, no obstante, al escuchar el sonar de los violines, el ritmo se aceleró por completo. Esto lo tomo por sorpresa, normalmente el vals era lento, con movimientos simples, pero, el repentino cambio de melodía le daban señales de que esto no sería tan sencillo.

Trataba de recordar esa melodía, pero, en realidad, esta era la primera vez que la escuchaba. Esa música orquestal no era muy famosa, él la hubiera reconocido.

Cuando los violines aceleraron la melodía, King Dice apretó su pezuña y acerco su cuerpo un poco al suyo. El movimiento fue sorpresivo, pero, no quería que eso lo detuviera. Tomo la iniciativa y se dejó llevar por la guía de este artista.

Al estar envuelto en esa danza, con la música llena de espíritu, así como las miradas llenas de admiración de los presentes junto a un escenario con luces tan brillantes, le hacían comprender a la perfección la magia de la cual sus empleados hablaban.

Este vals, le daba la sensación de estar soñando. Los movimientos, los giros y los pasos rítmicos en sus pies, eran como si estuviera flotando. Era como estar en las nubes, sin tocar el suelo.

Un latido de emoción llego a él cuando se dejó llevar más y más por la guía de Dice, le hacía sentir diferente; le hacía sentir como si estuviera volando.

Fue ahí que la realización de esta danza le hizo revivir aquellos días tan lejanos; a esos días cuando la mortalidad apenas era una idea en los planes de su padre; a aquellos momentos cuando su felicidad consistía en el apoyo y cariño de sus hermanos.

Le recordaba a esas sesiones cuando volaba en los cielos del paraíso. No pudo evitar cerrar sus ojos mientras bailaba. Era como si su viejo yo regresara, listo para extender sus alas blancas, gozando de la frescura del viento chocando en ellas y en su rostro.

No pudo evitar sonreír ante la sensación, pero, como cualquier sueño, no duraba eternamente.

Abrió los ojos y sintió que era el tiempo para que él dirigiera el baile.

Cuando cambio de posición en las manos y cintura, King le asintió en aceptación. A diferencia de aquel dado, el Diablo lo tomo con más fuerza y acerco su cuerpo más al suyo. Algunos espectadores, tanto aquella galleta de jengibre, el chico de las luces y la orquesta misma, miraron con algo de sorpresa el atrevimiento de esa cabra.

A King pareció no molestarle, de hecho, sonrió de lado y le alzo la ceja en desafío. A él parecía interesarle lo que tuviera que ofrecer, incluso, Lucifer podría asegurar que le gustaba esa rudeza y atrevimiento. Si eso quería este tipo, eso le daría.

Todos los que tuvieron la fortuna de ver su baile, notaban la diferencia en ellos. King representaba paciencia, ritmo y gracia; mientras que Luciel representaba la impaciencia, deseo e inclusive, seducción, pues el acercamiento al cuerpo y la forma en como sujetaba a King, demostraban un lado más íntimo en el vals.

Aunque la canción no había terminado, King hizo una señal a la orquesta para que se detuvieran, la gracia de la canción termino en segundos y se alcanzaba a escuchar la desafinación de ello.

“Creo que encontré a mi compañero.”

Todos los presentes tenían un rostro lleno de alivio. Era como esa felicidad que sentías cuando esperabas por la hora de salida durante horas y horas de trabajo que parecían eternas.

“¿Disculpa?” El Diablo tenía una idea de lo que estaba hablando, pero, necesitaba que contextualizara mejor.

“Tal vez te parece difícil de creer, pero, sí, me gustaría que formaras parte de mi show… ya cuento aquí con una cantante, sólo me falta un bailarín…” Dice señalo a la chica en cuestión. Esta era una joven con una piel blanca como la porcelana y no era para menos, ella tenía una taza por cabeza. En ella, podía notar un sorbete con rayas purpuras. Su estatura era media y sus ojos eran enormes, pero lindos y llenos de inocencia. Tenía un vestido color rosa pálido y usaba un cinto color café en la cintura. Lucifer podía ver como la tímida taza le sonreía y saludaba desde los asientos de los espectadores. Mientras ella hacia eso, la vieja tetera se le acerco por detrás para sujetar su hombro en señal de apoyo. Parecía orgulloso, tal vez, eran familia. Podía notar un aura de confianza en ellos dos.

“¿Qué dices? ¿Te gustaría formar parte de mi show?”

“Antes de responder eso, me gustaría hablar contigo… prometiste que podría hablar contigo si participaba en tu audición.”

El dado lo miro con una sonrisa y asintió al recordar ese pequeño detalle. La verdad era que lo había olvidado por completo.

“Claro, discúlpame, realmente lo olvide… vamos a mi camerino, ahí podremos hablar… Adam, diles a los demás en la fila que esperen un momento.”

El representante iba a reclamar algo, pero, ya era muy tarde para eso, ya que King le indico a Luciel a donde dirigirse.

Cuando llegaron al camerino, que curiosamente era en donde él había llegado por medio de su portal, King le dio la indicación para que tomara asiento en uno de los sofás.

“Dígame, ¿Qué es lo que quiere discutir conmigo?”

La cabra se relajó en el asiento, victorioso de poder hablar con él y por la buena experiencia que tuvo en ese baile. Era la primera vez que un mortal provocaba eso en él. Ese dado era especial, muy especial.

“Vera señor, trabajo en el casino del Diablo… mi jefe ha notado lo talentoso que es y le gustaría mucho si formase parte de su equipo…”

“Si… he oído de ese casino, no lo he visitado, pero, algunos conocidos me han contado de él… aunque dicen que es algo deprimente…”

El Diablo sintió una herida en su orgullo, pero, era una contestación obvia. Dice no mentía o insultaba. Eso suponía él.

“Además de ser un increíble cantante y bailarín, note su buen gusto en la decoración del teatro, así como del escenario… realmente usted tiene un talento para ello…”

El dado le dio una sonrisa de lado. Pero, su gesto fue cambiado por uno de pena en la siguiente respuesta que daría, sabía que tenía una posibilidad de que su posible compañero de baile se enojara.

“Me gustaría ayudarte, pero, ahora mismo no me es posible… vera, quiero salvar este teatro, lo he estado logrando y esta idea de traer más personas al show, ya ha puesto la atención de la comunidad de Inkwell. Hemos tenido mucha audiencia estos meses y con el talento que vi en ti… seremos imparables en el escenario… pero… espera…”

En ese momento, el dado paso sus dedos por su barbilla, perdido en sus pensamientos. Demasiado perdido diría el Diablo, inclusive lo miro con extrañeza ante el total silencio.

“Te ofrezco un trato…” Dijo finalmente.

Las orejas del Diablo tuvieron un escalofrió agradable ante aquella palabra; casi se levantaban en su forma original, pero, controlo esa reacción a tiempo.

Ahora el dado hablaba su lenguaje.

“Yo ayudare en el casino de tu jefe… pero, quiero que te unas a mi espectáculo, para eso necesitare que vengas a los ensayos, si haces eso, yo visitare el casino y ayudare en lo que me pidas, ya sea si quieres que decore o de unos shows ahí… ¿Qué dices Luciel?”

El Diablo sonrió de oreja a oreja y se moría por invocar del fuego uno de sus tantos contratos, hacerlo firmar y llevarse esa evidencia de su acuerdo.

La verdad era que esta idea no le parecía incomoda, al contrario, sonaba interesante y tenía el presentimiento de que se divertiría mucho. Estaba el riesgo de que lo descubrieran, pero, encontraría una manera de solucionarlo, él era escurridizo, siempre se salía con la suya.

También, sintió algo agradable al entender que sería posible bailar con ese dado en más de una ocasión y sentir esa emoción de estar volando, de recordar lo que él solía ser.

“Trato hecho.” Dijo la cabra con una sonrisa llena de victoria mientras le daba la mano para tener un fuerte apretón.

Dice entendió el lenguaje corporal y le correspondió el saludo para cerrar el trato. Vaya fue su sorpresa cuando sintió casi una corriente eléctrica al saludar a Luciel. Era posible que sus pezuñas estuviesen afiladas, pero, no estaba seguro y no le quiso dar importancia.

Y así fue como comenzó. De esa manera dio inicio el origen de lo que muchos mortales llamarían tragedia o victoria. El Diablo nunca estuvo seguro de como definirla, pues siempre la veía con esas palabras; él sintió que el comienzo de su historia con Dice, termino en un desenlace no muy feliz, aunque su fiel lacayo siempre le decía lo contrario.

Ahora en la actualidad, después de un largo día de trabajo, estaban en su morada. Arropados con una cobija y con su pareja completamente rendida al mundo del sueño. Dice se encontraba apoyando su brazo derecho en el cuerpo del Diablo, de manera que pudiese depositar parte de su cabeza en el hombro.

Lucifer se preguntaba si su pareja pensaba en aquellos días tan lejanos; en esos momentos en los que ambos eran un brillo en el escenario; en esos instantes cuando nada alrededor de ellos importaba.

Apoyo su cabeza en la de Dice, cerro los ojos y dio un suspiro muy largo y preocupante.

“Mmmm… ¿Diablo?” Dijo Dice aún somnoliento, sin abrir los ojos por completo.

“Todo está bien querido… no te preocupes… duerme…”

Dice no lucho mucho contra la petición y cayo dormido al instante. La mano de su pareja acariciando su cabeza lo relajaban.

Se quedo durmiendo sin poder contener su sonrisa en sus sueños. Lo poco que logro sentir, fueron esos cálidos labios en su cabeza.

Notes:

Espero les guste, tratare de actualizar lo más rápido que pueda :D
¡No duden en comentar!

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