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En la playa
"I know you've seen all my imperfections
You've seen all my rough
You've seen that I ain't that perfect
But still you give me love"
—Sigo creyendo que no será buena idea— dijo Din mientras sostenía el resto del equipaje entre sus brazos. Grogu lo miró divertido desde el soporte que Luke llevaba en la espalda.
—Además, ¿en serio teníamos que traer tanto equipaje para un par de días?—Agregó mirando estupefacto como su pareja seguía bajando cosas del auto. Din en serio que no lo entendía, ya que él abría cargado sólo su bolso de mano y está seguro que con aquello él y Grogu se las hubieran arreglado. Su pareja, en cambio, pensó que era un peligro dejar que Din se ocupase del equipaje del niño, así que decidió tomar el asunto en sus manos.
—Oh vamos, esta es la primera vez que venimos todos a la playa. Además, dios, Din, no. Me niego a verlos a los dos usando el mismo par de muda durante una semana. Eso se acabó.—Din bufó ante el dedo acusador de Luke ¡No es como si no se bañara! Se giró hacia Grogu quien lo miró, mientras hacia un gesto con sus manos, diciéndole a Din que sí, estaba de acuerdo con él: ¡Nadie necesitaba cambiarse tanto de ropa!
Luke se giró también hacia Grogu, indignado —¡Y sí, también van a bañarse como personas decentes!—Grogu y Din alzaron los hombros a la vez ¿Acaso Luke no conocía las maravillas de una toallita húmeda?
Negando con la cabeza de lado a lado, Luke avanzó, dándole un codazo divertido a Din de camino hacia la pequeña cabaña colorada donde se alojarían esos días de merecido descanso. Estos dos, se dijo Luke, habían pasado demasiado tiempo viajando en carretera a dedo, sin lugares donde tomar un baño o sin espacio —o dinero, pensó amargamente Luke— como para tener más de una muda de ropa.
Pero esos tiempos habían terminado. Din y Grogu ya no huían de nadie, ya no caminaban, nómades y apartados del resto. Ahora tenían un techo, amigos, un lugar al que volver y hoy se merecían lo mejor de lo mejor. Descanso y diversión. Ese ere el objetivo de Luke al organizar aquella pequeña escapada a la playa.
Mientras dejaba las maletas en lo que sería sus habitaciones, escuchó la "conversación" que padre e hijo tenían. Más bien, escuchaba las risas de Din y los bufidos de Grogu. Luke no pudo evitar dejarles un momento a solas.
De ese modo, así, sentado en la cama de la habitación principal, se dejó arrastrar por la gruesa y casi extraña risa de Din junto a los gorgojeos que hacía Grogu, sumergiéndose a solas en el sentimiento de enorme calidez que se alojaba en la base de su estómago cada vez que podía estar con ellos.
No hacía mucho tiempo ya, que Din y Grogu habían llegado a su vida, pero ya sentía que jamás podría alejarse de ellos. Se habían convertido en su hogar, en su primera prioridad. Lo daría todo por ellos, haría cualquier cosa para mantenerlos así, relajados y felices como siempre debieron de estar.
Aquellos dos habían sido perseguidos y cazados. Por fortuna y azar del destino, se habían encontraron en el camino de sus miserias. Din no pudo dejar atrás a aquél pequeño de ojos saltones. Ahora, se merecían estos tiempos de paz, en familia.
Sonrió, recordando el cómo había conocido a ambos. En esos primeros días de paz, luego de sortear aquella crisis, Din había decidido que Grogu comenzase a ir a la escuela.
Ese día Luke se sorprendió, luego de despedir a su pequeño sobrino Ben en la entrada de su jardín, al ver un enorme y moreno hombre rondar el edificio. Cualquier otra persona no se habría preocupado, porque en realidad no había ninguna actitud sospechosa. Pero Luke podía reconocer fácilmente cuando alguien en realidad estaba asegurando el terreno, estudiándolo.
Fuerte fue su sorpresa, luego de casi enfrentarlo y armar un escándalo, cuando vio al pequeño niño ser llevado por el hombre hacia el jardín. Sí, Din había resultado ser un súper papá, algo demasiado paranoico, que siempre oteaba los lugares en los cuales Grogu estaría, como si de repente pudiera tener un ataque a gran escala.
A Luke primero le pareció gracioso y entrañable su preocupación. Sin embargo, luego de conocer más a Din y enterarse de la historia de aquellos dos, Luke tuvo que lidiar con la enorme amargura de la triste historia.
Se había prometido que ninguno de aquellos dos pasaría por ello o siquiera cualquier penuria, nunca más. No sí el podía estar allí para evitarlo.
—Acabo de dejar a Grogu tomando su refrigerio en la cocina. ¿Qué haces en la cama? ¿Ya estas considerando que esto en verdad fue una mala idea?—Luke levantó la cabeza de la cama para ver a su pareja sonreír burlona, parado de brazos cruzados contra el rellano de la puerta. Din le giñó un ojo. –Todavía estas a tiempo de arrepentirte.
—¿De ustedes dos? Nunca—le respondió Luke acercándose y abrazándolo de la cintura.
—Yo hablaba de la playa ¿Estabas considerando sobre dejarnos a nosotros?—burlón, Din le pinchó en el costado de sus costillas. Con una risa ligera, Luke apartó sus dedos peligrosos para luego acercar a Din desde su nuca. Juntó sus frentes y sonrió cuando vio a Din cerrar los ojos, extasiado.
Se quedaron así, juntos, hasta que un sonido en la cocina les dijo que Grogu se había quedado quieto y tranquilo demasiado tiempo.
Más tarde esa noche, Din cocinó pasta con salsa para los tres, y luego desempacó mientras Luke bañaba a Grogu. Juntos lo cambiaron y arroparon. Luke dejó que Din y Grogu eligieran el cuento esta vez, y terminaron leyendo Los cuentos de Beedle el Bardo que Luke le había regalado a Grogu para su cumpleaños.
El niño se había convertido en un fan absoluto de Harry Potter y Luke no quiso escatimar en regalarle todo lo que pudiera. No le importaba que Leia le dijese que iba a arruinarlo, Grogu se lo merecía todo.
Esa noche, luego de dejar a Grogu dormido, Luke y Din se abrazaron en cucharita luego de una perezosa sesión de besos. Solo eso les bastaba para calentar su corazón y dormir en paz.
Los siguientes días, el pequeño clan de tres se divirtieron dividiendo su tiempo entre holgazanear en la playa y visitar los distintos puntos turísticos que ofrecía la ciudad costera. Mejor dicho, se la pasaron visitando cada puesto y restaurante de comida, probando de todo mientras Grogu luchaba por comer más de lo que podía, como siempre, aunque impedido por la pareja que cuidaba de recordarle que lo tomara con calma.
No todo era fácil y tranquilo como cualquier vacaciones. A veces, Din y Luke tenían que respirar hondo cuando de pronto tenían a un pequeño Grogu temblando ante una crisis gatillada por algún ruido demasiado fuerte y tenían que regresar temprano a la cabaña. Cuando sucedía eso, solo se quedaban el resto del día juntos los tres en la cama principal hasta que la tormenta pasaba. Porque no importara donde estuvieran, siempre se asegurarían de que su niño supiese que estaba a salvo y tenia un par de brazos que llamar hogar.
A pesar de todo, pudieron arreglársela, juntos, como lo habían estado haciendo desde hace unos años, como amigos, y desde hace un par de meses, como una pareja. Eran esos momentos, en los que Luke cuidaba con tanto amor no solo a Grogu sino también a Din, en los que este ultimo no podía conciliar el anhelo y el amor que sentía. El impulso de gritar y entregarse por completo a Luke lastimaba y quemaba sus entrañas cada vez que le veía sonreír a su hijo. No. El hijo de ambos, se corregía Din.
Entonces, Luke notaba su vacilación y solicito, abría sus brazos para él con su brillante sonrisa. Ese era el lugar favorito de Din. Entre aquellos brazos, podría haber jurado que podía oler el sol y la sal de lo que antes fuera su hogar.
Aquellos dos, eran su nuevo hogar, y el miedo a perderlo calaba tan hondo en Din, lo que hacia aun más difícil encontrar el momento adecuado para poder decírle a Luke que necesitaba...dar un paso más.
Sus días de vacaciones estaban por terminar cuando deciden animarse a hacer un pequeño picnic nocturno luego de haber dejado dormido a Grogu, junto a una atenta niñera que habían contratado para aquella vez.
Din sentía las manos entumecidas y las rodillas como gelatinas. Había decidió contarle hoy y ahora a Luke al respecto. Todo, quería darle todo, quería confiarle todo a aquel maravilloso ser. Había preparado él mismo el cesto de picnic y un par de mantas térmicas para que pudieran arrebujarse ante la fresca temperatura de la noche.
Luke sonrió divertido en cuanto notó que no solo había equipado con comida el cesto
—Si sabes que esto significa que yo gano, ¿no es así?—Dijo Luke ante el descubrimiento. Din sintió que sus orejas estaban en llamas. Recordó la velada apuesta de Luke sobre tener sexo en la playa y tratando de hacerse el tonto, comenzó a apartar el vino que había preparado junto a un par de bocadillos. Bien, si, estaba demasiado nervioso para esto, se dijo mientras Luke apartaba sus manos del vino y la copa cuando comenzó a derramar casi todo ya que sus manos estaban temblando.
Mientras tomaba sus manos entre las suyas, Luke dijo mirándolo a los ojos —Oye, oye, despacio. ¿Sabes que en realidad no hablaba en serio, no? Solo estaba intentando ser un imbécil divertido. No es que tengas que hacer algo que no quieres, si no lo quieres. ¿Recuerdas esas reglas, querido?
Por supuesto que sí, intento decir con burla Din, frustrado con la idea de que no podía disfrutar realmente de Luke como quisiera.
"Sin embargo, valor" se dijo Din. Y tomando con fuerza las manos de Luke las llevo a sus labios para besar la mayor cantidad de piel que pudiese. —Quiero, lo quiero. No solo esto, yo...lo quiero todo— susurró, contenido, mientras se miraban a los ojos. Luke asintió y solo eso se necesitó para que Din se sintiera explotar de amor.
—Tengo algo más que pedirte—dijo tomando con delicadeza las mejillas del rubio.
—Por supuesto, dispara—respondió Luke
—Tírame al agua.
—¿Qué?—rio incrédulo Luke.
—Tirame— repitió Din mirando con firmeza sus ojos.
—Esta helado a estas horas—quiso replicar Luke.
—Por favor.—y aunque Luke se resistió un poco a la idea, no pudo hacer nada contra aquellos ojos de achocolatados con los que Din lo estaba mirando. Es por eso que aceptó, todavía incrédulo del cómo se estaban desarrollando las cosas en aquella velada.
—Si sabes que no tienes que obligarte ¿verdad? Tómalo con calma. No hay necesidad de ir demasiado rápido. Los miedos deberían enfrentarse a tu ritmo...
Din negó con una pequeña sonrisa asomando a sus labios y bajó la cabeza, dejando estirar un suspiro. Luego, con la mirada bajo sus pestañas, tomo un suspiro antes de contestar —Quiero hacerlo. Confió en ti. Tírame al agua, y luego hazme el amor como sólo tu puedes...—
Luke sintió su rostro arder al rojo vivo, sin creer en las palabras de su pareja. Maldición. ¿Cómo podía Din ser tan entrañable, amoroso y tan tentador al mismo tiempo? Solo esas palabras habían bastado para encender el fuego en él: Din confiaba en él. Los dedos de sus pies se abrieron y cerraron con tanta fuerza que Luke habría jurado que había echado raíces en la arena. Con la boca de pronto seca, alcanzó las manos de Din y les dio un fuerte apretón.
Ser un tritón jamás había sido fácil. Luke lo sabia por las historias de la vida sin rumbo que tanto Din como Grogu le habían contando. Es por eso que, conmovido, entendió que su pareja se estaba exponiendo, se estaba abriendo como nunca antes lo había hecho y le estaba confiando algo tan precioso como para hacer el amor en su verdadera forma.
Tragó saliva, de repente sintiendo que sus labios pesaban demasiado como para hablar. No iba a negar que había soñado un par de veces con esta oportunidad desde el momento en que pudo procesar que amaba a Din, aun si este fuera un tritón. Aunque jamás le había dado importancia al deseo sexual, por primera vez en su vida pensó que había algo allí en Din que encendía cada vena de Luke. Cada vez que lo miraba, cada vez que le sonreía, cada risa que compartía con amor junto a su hijo. Y sin embargo, sólo le había bastado con poder sentir los labios de Din, porque por sobre todo, Luke lo amaba.
El sexo no era necesario, y Luke no quería hacerle daño, y detonar viejos recuerdos que lo indispusieran. Así que no había mencionado nunca la curiosidad que tenia por el cuerpo estilizado y repleto de escamas que había podido ver alguna que otra vez salir cuando Din necesitaba un chapuzón.
—Bien. Hagamos esto— aceptó Luke—pero solo si tu quieres...y si solo prometes que me dirás en cuanto te comiences a sentir mal o incomodo. Nos detendremos. No vamos a forzar tus limites ¿está bien?
Din le sonrió, encantado con la dedicación de su pareja. –Por supuesto, querido—dijo mientras apretaba sus manos de regreso.
Entonces, mientras la noche avanzaba y la luna se alzaba por sobre sus cabezas, Luke ayudó a Din a entrar al agua salada, impulsándolo desde donde estaban. Decidió ser dulce, para vergüenza de su pareja. Lo levantó de las rodillas y caminó, internándose al agua tranquila de la orilla. No tuvo que avanzar demasiado, si no hasta que el agua comenzó a llegarle a las rodillas
— Aquí voy a estar— le susurró mientras lo bajaba con cuidado al agua salada.
Hubo un destello, luego un momento de shock silencioso en el que Luke miró embobado donde había dejado a su pareja, antes de poder procesar la magia de aquella atesorada transformación.
Din flotaba ahora, sobre el agua poco profunda de la orilla, mientras sus ojos seguían de cerca el rostro de su pareja. Luke mantuvo los ojos fijos sobre la cola de Din, que lo llamaba. Una enorme y extensa cola de pez que se movía de un lado al otro, juguetona, robando destellos plateados de la luna.
—...escamas—farfulló Luke, siguiendo con ávidos ojos un camino desde la cola bífida hacía al torso superior de Din. " Y muchas" se dijo Luke, tan hermosas como las recordaba de sus viejas miradas robadas.
—Oh— solo pudo decir. Din se rió entre dientes ante la mueca maravillada de Luke. Si, este era el camino correcto. Había extrañado sentir aquellos ojos sobre sí desde el día en que se había mostrado tal cual ante Luke.
—¿Nada más que decir?—preguntó Din con una pequeña sonrisa tirando de sus labios.
—Eres...tan hermoso—suspiró Luke aún con los ojos vagando por cada destello plateado, para diversión de Din.
—En serio, no esperaba que fueras tan elocuente— rió Din, flotando alrededor, probando a estirar cómodo sus extremidades. Había pasado un tiempo desde la última vez que había tomado un chapuzón. Sumergió todo su cuerpo para luego salir a la superficie. Din hizo un ruido roto acomodando sus mojados rizos oscuros. Sí, había pasado un tiempo desde que tuvo la suficiente confianza para liberarse.
—¿Estás bien?—preguntó Luke, acercándose más hacia donde Din flotaba, extendiendo su mano hacia aquella tentadora extensión plateada de su cuerpo. Din asintió mientras dejaba que él acariciara por encima su cola —Bien—respondió, suspirando y cerrando los ojos mientras sentía las leves caricias en sus escamas—muy bien.
—...¿Sabes? El sexo en la playa es para mi, el momento más peligroso y amenazante que pudiera tener. Me podría haber convertido ante cualquier descuido, y habría quedado demasiado vulnerable. Muchos han sabido aprovechar eso en tiempos pasados.
Luke lo escuchó, atento y con el corazón compungido. Sabia de las viejas heridas de Din pero aun le sangraba tanto el corazón y la necesidad de hacer pagar a quien quiera que le hubiera hecho daño. Tomando su mano, Luke se acercó a su costado y decidió acostarse para flotar de espaldas. Din lo imitó, aferrándose a su mano. Luke le devolvió un breve apretón de vuelta.
No tuvo que decir mucho, y Din tampoco encontró más palabras que necesitasen salir. Se quedaron así, dejándose arrastrar por la suave marea salada, mientras las estrellas danzaban con pereza alrededor de la luna.
—Tu jamás te aprovecharías, lo sé. Confió en ti...— finalmente le susurró Din, con los ojos fijos en el cielo estrellado mientras Luke se aferraba con fuerza a su mano.
—te amo...—le respondió.
—también te amo...—susurró Din, apretando de regreso sus manos unidas. Luego, girandose, los guió de regreso a la orilla desde donde se habían dejado arrastrar por la marea.
Luke se dejó recostar sobre la arena a pesar de que estaba mojado y probablemente luego sería un desastre limpiar su cabello, mientras que Din miraba hipnotizado cómo las hebras dorado oscuro se extendían sobre ella. Era precioso. Maravillado se colocó por encima de él sobre sus codos, apreciando el sonrojo que se extendía desde su cuello hacia sus clavículas.
— entonces...—dijo Luke palpando delicadamente el costado desnudo de Din. — no tienes un...clasper ¿o sí?—dijo divertido.
—Si digo que sí, ¿aun habrá sexo en la playa?—respondió divertido Din mientras comenzaba a deslizar sus labios por el cuello blanco de Luke. La sal se mezclaba con el olor y el sabor natural de su amado. Din se tomó un momento para apreciar haber tomado esta decisión. No habría un mejor lugar para amarlo que una playa. Cada respiro y suspiro que Luke le daba olía y sabía a hogar.
—Si lo que preguntas es si no me repugna la idea, no. Si en verdad podría soportarlo...quizás deberíamos verlo con el tiempo.—soltó Luke con una sonrisa desvergonzada, mientras se removía bajo los labios de Din. Sus manos, sin saber con certeza a donde ir, trataban de encontrarse con cada escama de Din que podían alcanzar.
Din se detuvo un momento para poder mirarlo a los ojos, y casi jura haberse disuelto con el mar de ida y de regreso ante la mirada clara y cálida de Luke. Con el corazón en el pecho agitado como un tambor, Din contuvo la respiración—No te repugna la idea de intentarlo hasta el final, supongo entonces—susurró.
Negando suavemente, el rubio tomó las mejillas morenas y lo besó—Din, te amo tanto como no tienes idea. No hay nada en ti que pudiera causarme repugnancia. Te amo...—susurró, y con cuidado, con los labios apenas rozando a Din, le dio un beso, luego otro. Luego otro más, uno en su mejilla derecha, otro en la izquierda; luego un beso en su nariz, y de regreso entre sus labios entreabiertos. Mientras que Din le regresó uno, luego otro, y otro más hasta que fueron tantos besos que ni Din ni Luke podrían saber cuántos se habían dado hasta perder el aire, pero sí supieron con certeza que vendrían muchos más.
De esa forma, Din estalló de completo amor, abrazando por fin a su amado Luke como tanto había soñado hacer. Libre, seguro, a salvo. El corazón podría habérsele partido en ese mismo instante ante cada caricia de su amado, tan repleto de emoción que la noche fue demasiado hermosa y demasiado breve para abarcar el fuego de sus venas.
Al día siguiente, cuando tuvieron que regresar a la cabaña, Din sonría de oreja a oreja, divertido y cálido mientras el rubio avanzaba refunfuñado incomodo con la arena que se le pegaba a cada parte de su cuerpo.
— Agh, que asco, el sexo en la playa es un jodido lío ¡Tengo arena hasta en lugares que no sabia que tenía! ¡agh, mi pelo!—se quejaba el rubio mientras Din se carcajeaba entre dientes.
—Deja de reírte—lo empujó burlón Luke y riendo, se adelantó hacia la puerta para abrírsela. Cuando Din llegó a su lado, negó con la cabeza y sacudió un poco de arena del revoltijo que era el cabello de su pareja. Luke, con una sonrisa de oreja a oreja, tomó su mano, y lo acercó hacia sí, juntando sus frentes.
—Te amo...—le susurró Din, mientras bebía del sol en sus ojos, y las arrugas con arena en sus mejillas. Y Luke, con la risa raspando en la garganta, no pudo evitar responder:
—Lo sé.
Un comentario estaba por escapar de Din cuando el deja vu chocó contra su pecho, recordando una vieja anécdota de Leia. Sin embargo, los murmullos de Grogu al otro lado de la puerta lo interrumpió. La puerta se abrió con fuerza mientras la nariz de su hijo asomaba bajo las llamabas ansiosas de su niñera. Din negó con lentitud, moviendo su cabeza de lado a lado mientras Luke dejaba escapar su famosa risa soleada.
—¡Si, Grogu! También te amamos— respondió Din levantando a Grogu.
—¡Bah!— rio su hijo mientras Luke besaba su frente. Saludaron a su niñera temporal y Din dejó que su familia entrara a la cabaña mientras él plantaba sus pies descalzos en el pórtico. Cerró los ojos respirando profundo, el sol sonrojando sus mejillas mientras los rizos se le escapaban en todas direcciones con la brisa playera. Volvió a abrirlos una vez que dejó de escuchar las risas de su pareja y su hijo. Bajando la mirada, en la puerta se encontró con los dedos extendidos de Luke. Din los alcanzó, mientras estos se aferraban con fuerza a los suyos.
El sol acariciaba la arena, las olas murmuraban en la orilla y Grogu tarareaba cerca en la cocina con su juguito en la mano mientras Din y Luke cerraban la puerta con una sonrisa sabiendo que así debía sonar aquello que tanto habían anhelado tener; así la playa les murmuró una sola palabra: hogar.
