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Antes de que nos olvide

Summary:

"Eres la persona más terca que conozco. Yo no gastaría tiempo en tratar de arreglarme. No va a funcionar, te lo he dicho cientos de veces. Siempre discutimos por lo mismo, siempre terminamos sollozando como niños. Y aún así siempre volvemos a intentarlo."

Notes:

¡Día 6 de la # RisoDoppiWeek2021 ! Ya casi terminamos ;-;

El prompt de hoy era Vacaciones...Bueno, quise hacer algo tierno con tragedia de fondo. Perdónenme, pero este fic de Peony me enamoró de la idea. Por cierto, Peony me ayudó con la traducción de este texto. ¡Gracias, Peony! ¡Te quiero mucho! Vayan a darse una vuelta por su perfil, tiene fics maravillosos.

La versión en inglés está aquí si quieren compartirla con sus amigos que no hablan español.

¡Espero que disfruten! ʕ→ᴥ←ʔ

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Hamaca

Chapter Text

El doctor dijo que era momento de hablar conmigo mismo. Con Doppio.

Quiero registrar mis memorias en un lugar donde Él no pueda dañarlas. Mientras persista mi consciencia, tomaré mis recuerdos favoritos a tu lado, y los reuniré en este diario, esta larga carta para ti, Risotto. Él ha estado durmiendo por varias semanas ya, pero cuando despierte, en unos días, unas horas, un segundo, no estará nada contento.

Desde que llegamos a esta isla he evitado abrir el cuaderno en blanco que empaqué conmigo, al lado de mis medicamentos y mi cámara; pero la tarde ha comenzado a refrescar mientras el sol se oculta detrás de esos montes silenciosos. Y no hacemos nada más que sentarnos en el corredor a mirar los celajes.

Fue idea tuya venir aquí. Estoy seguro de que la cantidad de ovejas sobrepasa a los aldeanos de esta isla donde el tiempo parece no existir. Se parece a tu hogar en Sicilia, se parece al mío en Sardinia. Estar aquí es como recuperar una parte de la inocencia que hemos perdido. Es como ser alguien más. Como ser alguien con un futuro.

Te miro balancearte sobre la hamaca, que cuelga en el corredor de esta casita que ha sido nuestro hogar en estos días. Tienes la piel con olor a sol y mar. El elástico de tus pantalones cortos se resbala por tus caderas, y puedo ver la línea de bronceado que, con el pasar de los días, se intensifica tras nuestros paseos diarios a la playa.

Estás en silencio. Me parece que tienes sueño, pero sé que no te gusta quedarte dormido antes que yo. Tienes miedo de que Él me lleve mientras duermes. ¿Crees que no sé que en las mañanas despiertas agitado cuando no me sientes a tu lado? A pesar de esto, hay paz en tu rostro, la tranquilidad que te mereces. La tranquilidad que no puedo darte.

Te balanceas cerca de mí, lejos de mí, con una mano sobre mi rodilla recuperas el impulso para seguir meciéndote. En un momento me volteas a ver, veo un poco de curiosidad en tus ojos. Qué tanto escribo. No puedes saberlo. Aún no.

Te saco la lengua.

“¿Cuál es tu problema? ¿Quieres pelear, grandulón?”

“Te están comiendo los mosquitos” dices frotando con tu pulgar un piquete en mi pierna.

“Siempre ha sido así. Soy una manjar para ellos”

“¿No quieres entrar?”

Me gusta tu voz enronquecida por el cansancio. Me quedo contigo.

Un tractor pasó por el camino de piedras. El conductor nos saludó con un silbido. Aquí nadie nos conoce. Aquí somos dos personas que aún tienen esperanza. Yo agité la mano, tú solo lo dejaste pasar, esperando a que volviera el silencio del ocaso. Te vuelves una silueta. El sol está muriendo, pero reconocería tu perfil aguileño hasta en la oscuridad más negra…

Escribo esto un poco más tarde. Ahora duermes tranquilo a mi lado. Respiras lento, tu cuerpo desnudo acariciado por la brisa del ventilador encendido. Dormido, las líneas de tu rostro se suavizan a tal punto que sí aparentas tu edad. Eres joven, hermoso, inteligente. Mereces tanto, todo. Dios mío, eres demasiado bueno para mí.

Cerré el diario cuando la noche por fin cayó sobre nosotros, y caminé al lado de la hamaca.

“¿Me haces espacio?”

No sé qué cara pusiste.

“No creo que la hamaca soporte el peso de los dos”

No hice caso a tu advertencia, me acomodé sobre ti y me acurruqué sobre tu pecho. Los sonidos de la noche despertaron. El ladrido lejano de los perros en el pueblo y los grillos acompañaban nuestras respiraciones sincronizadas. Eres la persona más terca que conozco. Yo no gastaría tiempo en tratar de arreglarme. No va a funcionar, te lo he dicho cientos de veces. Siempre discutimos por lo mismo, siempre terminamos sollozando como niños. Y aún así siempre volvemos a intentarlo.

Esta tarde te amé tanto que se me llenaron los ojos de lágrimas, y no hiciste nada más que sostenerme contra tu cuerpo, dispuesto a jamás dejarme ir, aunque se te fuera la vida en ello.

De pronto, estuvimos en el suelo, enredados en el tejido de la hamaca. Nos reímos hasta que nos dolió el estómago.

“Te dije que no nos iba a aguantar” me dijiste aún riéndote.

“Gracias, Ris.”

“¿Por qué?”

“Por amortiguar mi caída”