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129 d.C

Summary:

"You're still the oxygen I breathe, I see your face when I close my eyes
It's torturous, tonight is gonna be the loneliest". —Måneskin

Historia donde Aemond Targaryen esta profundamente enamorado de una hija de Storm's End, y, Lucerys Velaryon le arrebata la oportunidad de estar con ella. A nadie parece importarle lo que un compromiso grotesco puede hacerle a dos personas que aparentemente creen que deben matarse entre sí.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Torna a Casa

Chapter Text

Las botas de Luke resonaban por los pasillos vacíos de Dragonstone, escuchó de una de las sirvientas que su familia lo esperaba en la torre de la mesa pintada. Justo había descendido del cielo en el lomo de Arrax, una reunión peculiar para un día cualquiera. 

En la punta de la mesa, su madre le susurraba a Daemon algo inelegible para él.

—Acudí al llamado tan pronto desmonté a Arrax, creí que sólo celebraríamos reuniones en días importantes—dijo Luke evidentemente confundido. Su madre emitió un suspiro alternando la mirada entre sus hijos y esposo.

Jace permanecía con la cabeza gacha y los labios apretados. Daemon por su parte, se cepilló el rostro sin decir nada. Lo más curiosos de esa tensa escena familiar, era el semblante severo de su madre.

—Es una reunión… que no estaba dentro de lo acordado, mi niño —dijo su madre sin retirar esa mirada estoica. Jace se cruzó de brazos. Luke inhaló lento tratando de leer aquel cuadro y tener algo de contexto. Su hermano, quién usualmente permitía que su aroma proliferara alrededor, lo mantenía resguardado del olfato de todos. —Tengo noticias de King’s Landing.

—¿El abue… el rey está bien? —preguntó con genuina preocupación. Su madre asintió.

Un lapso de silencio los envolvió un momento.

—Siempre quise tener esta conversación con ambos —confesó la princesa sin ablandar su semblante tras esos segundos sin decir nada. Los iris de sus ojos se tambaleaban, Luke solo había visto a su madre así en contadas ocasiones—. Heredar algo en función del deber, a veces puede ser más pesado e hiriente de lo que parece. Cuando me volví la heredera del rey, nunca pensé que pasaría por tantas circunstancias. El Trono se hereda y con él, sus infortunios. Es nuestro trabajo como familia hacer todo lo posible para protegernos entre nosotros. Incluso —hizo una pausa— de nosotros mismos.

—No te estoy siguiendo, madre —admitió Luke consternado. Miró a Rhaenyra, luego a Jace sin descubrir mucho.

—Hijo…

—Lo que tu madre intenta decirte, Luke, —intervino Daemon. Jace se movió inquieto en su lugar—es que tan pronto la corona del rey sea puesta en disputa, todas las fuerzan van a converger a nuestro favor para llevar a cabo el reclamo. Cuando la corona de Aegon el conquistador esté sobre la cabeza de la reina, el deber que tienen Jace y tu va a cambiar. Es importante que les entreguemos una posición política adecuada antes de que eso pase.

—Ya tenemos una —dijo Jace. Fijo sus orbes avellanos sobre su padrastro—soy el primero en la línea de sucesión al Trono de Hierro y Luke es el próximo Lord of the Tides. Nadie en los siete reinos puede refutar nuestra herencia.

—Esos son títulos, muchacho —continuó Daemon— en este momento son tan débiles como el reclamo de su madre a la corona como cuando era esposa de ser Leanor Velaryon.

—No dijiste eso —retó Jace.

Daemon levantó ligeramente la comisura de su labio. El alfa que tenía por hijastro era un buen hijo, aprendiz y, sobre todo, heredero. Pero a veces era un joven colérico y bruto.

—Lo dije, y no solo yo, también tu madre —respondió sin miramientos. Jace lo observó irritado— el rol que tienen es importante, pero pueden tener más. Necesitan más.

—¿Por qué? —cuestionó Luke acercándose— ¿Por qué necesitamos más?

—Si algo sale mal, necesito que sean lo suficientemente fuertes para continuar con nuestro legado —declaró Rhaenyra— los abanderados, la flota de los Velaryon, los dragones. Todas esas cosas son insignificantes para una madre que desea el bienestar de sus hijos.

—No creo que Luke tenga que casarse para que todo comience a ponerse en su lugar. Yo me casaré, voy a protegerlo hasta que encuentre un alfa con el que esté seguro —advirtió Jace atrayendo la mirada desconcertada de su hermano.

Daemon hizo una mueca de disgusto por el comentario tan a la ligera del castaño. 

—¿Matrimonio?

—¿Por qué no se lo dices, Jace? —dijo Daemon molesto— ya que te gusta tanto hablar y hacer juramentos, explícale a tu hermano esa confesión tan descuidada.

El alfa miro a su madre, Rhaenyra lo veía con disgusto. También estaba molesta. Jace pasó la lengua por sus labios para humedecer esas ásperas palabras que saldrían de su boca.

—Ha llegado un ofrecimiento de matrimonio para ti. Desde los confines de la Red Keep… —hizo una pausa para cuidar lo que diría— la reina Alicent solicitan tu mano para su hijo. Desean un compromiso entre Aemond Targaryen y el heredero de Driftmark.

El corazón de Luke comenzó a golpear con fuerza en su caja torácica. Intentaba bajo cualquier forma no mencionar el nombre de su tío en voz alta. Evadía eficazmente cada conversación en la que quisieran hacer mención de él. Había pasado seis años ignorando la tremenda deuda que debía cubrir con ese hombre. Una que no sabía si iba a ser saldada como le prometieron.

Luke se sostuvo de la mesa, no quería verse afectado. Jace sintió culpa.

—Ha-y, hay rumores —dijo en un intento por no tartamudear— sobre él y…

—Probablemente falsos —interrumpió Rhaenyra— y los rumores solo pueden ser callados con verdades. No lo sabremos hasta que lo veamos nosotros mismos.

—Iremos todos a la fortaleza roja —habló Jace con tacto. No deseaba afectar más a su hermano— madre también desea revisar el estado en el que se encuentra el rey. De ser necesario nos quedaremos ahí hasta que pase lo que tenga que pasar.

—Probablemente él ya se ha comprometido —dijo Luke en algo que quiso ser un susurro, pero en su lugar salieron palabras. Su mente estaba trabajando con demasiada velocidad.

—Haremos valer el juramento que se hicieron cuando niños —soltó Rhaenyra— Aemond nunca ha roto sus promesas, lo sé de buena fuente.

—Eso fue una tontería, madre —debatió Luke— solo éramos dos palurdos hablando de tener derecho uno sobre otro. Un asunto infantil.

—Es una oportunidad hijo, con tu tío como esposo un posible reclamo por parte de Aegon es una amenaza menor —explicó la omega— tengo el apoyo de la mayor parte de los siete reinos. La Lord Mano lo sabe… la Reina lo sabe.

El omega movió la cabeza negando.

—Otto Hightower no haría un ofrecimiento así para nosotros —soltó Lucerys. No podía consentir las palabras que su madre decía. Matrimonio, estrategia, historias de amor que ya había visto caer ante sus ojos —lo que Lord Mano quiere es que seamos rehenes uno del otro. Una garantía.

—Así es como funciona, muchacho —intervino Daemon antes de que la afiliada lengua de Jace también se soltara. Los ojos de su hijastro mayor ardían— tú te casas con Aemond, Jacaerys con Helaena, y Joffrey será prometido apenas presente su condición. Si eso no pasa antes de que tu madre sea reina, lo vamos a prometer con alguien de la casa Arryn.

—¿Esa es tu forma de protegernos?, madre —escupió Luke.

—La casa del dragón debe permanecer unida, nosotros…

—¿Unida?, Luke no estará a salvo —declaró Jace interrumpiéndola mientras se movía hacia ella. Daemon dio un ligero paso para bloquear su avance. El alfa gruñó— podemos casarlo con alguien más.

Luke miró a su hermano insistir con fervor. La ligera corriente de aire que corría dentro de la habitación movía el aroma de Jace, colérico.

—¿Tu queja es hacia mi posición? —soltó de pronto el menor para darle resolución a la idea que recién se había formado en su cabeza—. ¿Estás de acuerdo con casarte con Helaena? ¿De darle una oportunidad a ellos?

—No es lo mismo —declaró Jace ante la mirada triste de su hermano— nuestra tía no es Aemond.

Lucerys se sintió herido. Había pasado noches enteras hablando con su hermano sobre el profundo trauma que ese lado de la familia le ocasionó. Le arrebató un ojo a su tío por la vida de Jace, y este, a su vez, casi le arranca el brazo a Aegon de una mordida. Juraron detestar juntos a aquellos que alguna vez los dañaron. Los llamaron bastardos, escupieron a sus pies, los habían querido reducir a nada, y ahí estaba su hermano aceptado la mano de una mujer que, aparentemente no había hecho nada, y ese era el problema. No hizo nada.

—Es una de ellos —dijo con tono lastimero— solo más callada y estúpida.

Jace boqueo para decir algo, pero nada salió de sus labios.

—Todos tenemos que hacer cosas que nos desagradan —dijo Daemon. Le regaló una sonrisa efímera a Luke, luego miró a Jace— si no les gusta, pueden renunciar a sus derechos, a sus títulos e irse a pasear a cualquier lugar de Pentos. Si su deseo es negar la sangre que corre por sus venas, entonces váyanse y nunca vuelvan, nadie quiere cobrades como familia.

Las palabras golpearon a Luke y Jace, su madre permanecía callada. Suspiró. Rhaenyra amaba a sus hijos, a todos. Había dado a luz a cinco príncipes fuertes y amables. Le dolía ponerlos en una posición peligrosa, pero la autocompasión era algo que como heredera al Trono de Hierro no podía permitirse.

Ella mejor que nadie sabia el peligro que Luke como omega corría junto a Aemond, pero cada día que sus hijos pasaban sin un compromiso también era alarmante.

Y aunque no quería admitirlo, Jace y Luke nunca tendrían las mismas oportunidades que su progenie con los cabellos característicos de los Targaryen. La desventaja tocaba la puerta de su castillo con ahínco.

—Rhaena y Baela serán enviadas al norte como invitadas de Lord Cregan Stark, permanecerán ahí para celebrar banquetes con los Stark y Blackwood —explicó Rhaenyra. Intentaba decirles a sus hijos que no eran los únicos. Que había personas que, como ellos, también deseaban quedarse en casa— esperamos resultados fructíferos de esas reuniones.

Se hizo el silencio en la habitación. Luke cerró los ojos un momento, luego volvió a abrirlos. Repasó un momento lo que iba a decir.

—Y si…  Jace y yo —se mordió el labio— nosotros…

—No —sentenció la omega dejándolo con las palabras a medias— ni siquiera lo digas.

—Es tradición…

 —¡Se hará lo que dije! —rugió la heredera— el rey Jaehaerys se lo dijo múltiples veces a su corte. Los únicos con la capacidad de destruir a la casa del dragón es la misma casa del dragón —señaló con fiereza en sus palabras— no voy a ser la precursora de tan terrible vaticinio. Esta reunión se terminó.

Rhaenyra caminó fuera del lugar con Daemon siguiéndola. El alfa se detuvo junto a Luke.

Es normal tener miedo, muchacho. —susurró para luego continuar con su camino.

Luke lanzó contra la pared una de las piezas que había sobre la mesa. Entendía a su madre, pero el temor que echaba raíces en su pecho lo cernía. Fuerte, sofocante, ardiente como la sangre que viajaba por su cuerpo y lo estaba incendiando.

 

 

En la cámara del príncipe Lucerys las cortinas se mecían con suavidad. El viento soplaba despacio, tibio. Chocaba contra el rostro del omega que llevaba un tiempo mirando hacia la bahía. Cuando era niño solía plantearse la idea de sumergirse dentro de aquellas aguas con el fin de saber que tan profundo podía llegar, nunca lo intentó.

La idea de ser atrapado por las fauces del mar comenzó a ser un miedo que su primer viaje en barco le regaló. Su abuelo lo consoló sobre su regazo muy al pesar de su abuela.

“Su tripa se va a estabilizar, mi príncipe”, le dijo un marinero de la flota cuando lo vio ocultarse en el pecho de Lord Corlys. La serpiente marina no se contuvo para secar sus lágrimas y besar su melena despeinada.

“La brisa marina va a curarte de todos tus males algún día, a tu padre le costó una fiebre de dos días su primer viaje, ya aprenderás”.

Sonrió, su abuelo, amable, confiable, lo amaba.

Si tan solo fuera un niño de siete años otra vez.

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de la puerta.

—Lady Baela desea hablar con usted, mi príncipe —anunció una de las sirvientas desde afuera. Lucerys arregló sus ropas.

—Adelante.

La esbelta figura de su prima cruzó el umbral, llevaba el cabello recogido, dos mechones de cabello se posaban sobre su rostro. Aun usaba el vestido con el que la había visto esa mañana.

—Querido hermano —se acercó besándole la mejilla al omega. Lucerys tomó sus manos con suavidad, ambos tomaron asiento a orillas de su cama— te perdiste los movimientos que Vermax nos regaló. Jace mejora como jinete cada vez que surca los cielos. Pensé que podríamos compartir la vista.

Luke sonrió, Baela era tan brillante, preciosa, una alfa tan amable, sincera. Le dolió el corazón, pudieron estar juntos, pero no seria.

—Tengo problemas para controlar mi aroma, parece que mi celo se acerca.

La alfa levantó una ceja, sin querer se alejó ligeramente de Luke. Era de mala educación acercarse a olfatear a alguien si una invitación previa. No era su deseo incomodarlo.

—Está bien —dijo Lucerys— eres tú, no pasa nada.

Baela llevó la mano del omega cerca de su nariz para percibir la fragancia. El castaño se sintió algo tímido por el toque. Los momentos así tenían cierto grado de intimidad. Hablar alto valyrio con alguien fuera de la familia, oler a alguien, volar sobre el dragón de otro, no le parecían actos que se pudieran hacer con cualquiera.

—No hay nada —señaló la chica negando— aún lo tienes bien resguardado. Pensé, bueno… me asusté un poco.

—Quizá voy a enfermar.

Baela lo observó en silencio, el semblante de Luke era algo diferente. Había algo que no estaba ahí por la mañana.

—Estas así por tu… —caviló por un momento— futuro. ¿Cierto?

Sincera, demasiado a veces para su gusto.

—¿Ya te lo dijo Jace? —cuestionó levantándose, se acercó nuevamente al alfeizar. — ¿También te dijo que el no tiene problemas para prometerse?... con ella —dijo con desdén.

—A Jace tampoco le entusiasma la idea.

—Pues parece estar bien con unirse a Helaena —viró para verla, hizo una mueca de disgusto. La alfa sonrió.

—Jace le arrancó a Aegon las vestiduras del brazo derecho el día que lo mordió, ¿recuerdas?, el no haría nada en tu contra. Te ama, te protege como su bien más preciado.

—¡Por los siete reinos!, no menciones ese día, te lo suplico —bromeó. Podía permitírselo con Baela.

—Rhaena perdió a Vhagar —comentó rememorando— éramos unos niños. Aún desea encontrar un dragón y se que lo hará.

Luke asintió dándole la razón.

—Estoy seguro que será de las mejores jinetes, como su madre, Lady Laena.

—Eso… tema delicado —advirtió la chica. Luke frunció el entrecejo.

—¿Por qué?, ¿dije algo malo?

—No, es solo que a mi hermana no le agrada pensar en mi madre como jinete, eso le recuerda a que no pudo reclamar a Vhagar. Después se enoja por que no tiene dragón, pero si le dices algo te grita; “a ti no te importa”.

El omega se echó a reír al imaginar a Rhaena de esa manera. Casi nunca mencionaban a Lady Laena, así que no tenia conocimiento completo del panorama.

—Puede conseguirse un dragón de hielo —dijo Luke bromeando.

Baela guardó silencio un momento pensando en aquella leyenda.

—¿Crees que un dragón así exista? —preguntó la chica mirando hacia el techo. Imaginó al enorme dragón de piel cristalina y ojos azules— nadie en el norte ha visto uno.

—Por supuesto que no, nadie es tan valiente para cruzar el muro e ir en busca de un dragón que puede que no exista. Sería un suicidio. Sin embargo, Rhaena podría reclamarlo.

—Entonces se quedaría para siempre en el norte —Baela aseveró— un dragón así no puede ser llevado a Dragonpit. Tampoco a Driftmark, sólo puede permanecer donde el hielo sea su resguardo.

El omega lo pensó un momento, de pronto la realidad le llegó de golpe, una vez cumplida la encomienda que tenían, él y su hermano probablemente dejarían de ver a Baela y Rhaena por un lapso prolongado de tiempo.

—No quiero ir a King’s Landing, quiero quedarme en Dragonstone —confesó Luke. La nostalgia se abría paso haciendo un surco en su pecho— la sola idea de tener que regresar ahí… me enferma. 

Baela se mantuvo en su lugar. A ella no le disgustaba la idea de viajar al norte, pero su hermana… Rhaena no estaba tan convencida. Lucerys parecía compartir los sentimientos de su gemela.

—El tiempo pasa rápido, la compañía de Jace lo hará menos pesado. En menos de lo que pensamos estaremos de regreso en casa.

Mentira.

El omega sonrió con amargura, esas palabras no mejoraban su ánimo.

—¿Y si eso nunca sucede? —dijo sin mirarla— Si decides quedarte en el norte con Rhaena porque te has enamorado y ella también, ¿hacia dónde vas a ir si tu corazón elige?

—Volveré —prometió. No estaba cerca del omega pero podía sentir la incertidumbre en sus palabras, el aire comenzaba a cargarse con el olor de Lucerys. Mentolado, refrescante. Tan intenso que su paladar lo sentía— no voy a dejar mi familia.

—Quizá para cuando regreses… El Extraño ya me habrá llevado con él —Lucerys se giró para verla. Baela hizo una mueca de horror. Se levantó de inmediato, a grandes zancadas llegó hasta donde estaba. Tomó su rostro.

—No vuelvas a decir eso —ordenó con pesar— no te atrevas a darte tan terrible sentencia. Nadie hará nada. Nadie va a tocar un solo cabello de tu mata, volaría desde Winterfell para reclamar su cabeza si se atreve a hacerte daño.

Luke soltó una risa ahogada apretando los dientes para no llorar.

—Si no lo hace él, lo hará su amante.

La alfa lo abrazó, aunque el castaño era media cabeza más grande que ella, lo apretó con fuerza contra su cuerpo. La idea de no volver a verlo la sacudía. Crecer con alguien como lo habían hecho ellos, se convertía en un impedimento para el deber.

—Ellyn Baratheon no hará nada. No puede, es una simple invitada de la corte, no puede lanzar su sombra sobre ti —declaró—. Eres mas importante que todos los hijos de Storm’s End.

—No quiero pasar mis días con personas que desean verme muerto —soltó el omega— cuando Aemond Targaryen se enteré que por mi causa lo han separado de la mujer que ama va a querer matarme.

Baela lo apretó más contra ella. Lo sabía, para Lucerys decir el nombre de Aemond era lo último que podría hacer, ¿Cómo sobreviviría el resto de su vida junto a él? Pero ¿Qué podía hacer ella? ¿Qué podían hacer ellos?, no tenían el poder para ir en contra de las peticiones de sus padres.

“¿Qué son los hijos? Sino una debilidad”.

—Vas a estar bien, él… bueno, ni siquiera sabemos realmente si ellos están juntos. Es un adulto ahora, conoce su deber.

—Has escuchado los rumores ¿cierto? —Lucerys apretó los labios. Se apartó del cobijo de la chica, ella lo miraba con dulzura— dicen que pasean por la ciudadela bajo el manto de la noche. Él se sienta bajo el cobijo del Arciano para escucharla cantar. Ella le susurra palabras dulces en alto Valyrio para que nadie más los pueda entender. ¿Cómo puedo ir contra eso?, ¿Cómo puedo despojarlos de su amor? —cuestionó más para si mismo.

Baela se quedó en silencio tras las palabras de Luke. Podía escuchar a lo lejos el sonido de las olas rompiendo con la arena. No lograba dar con las palabras correctas, algo dentro de aquella red de pros y contras que pudiera reconfortar el corazón triste del omega. Su primo estaba siendo demasiado valiente para cualquiera que estuviese en su lugar.

Ellyn Baratheon era una mujer que llevaba más de dos años como invitada de la corte del rey Viserys, si el matrimonio entre ella y Aemond no había ocurrido era porque no estaba destinado a ser. Podría ser la mujer más hermosa de Storm’s End y el primer amor del príncipe, pero no era suficiente.

—Temes por tu vida —comentó la alfa con cuidado. Tomo distancia del omega. Un semblante de tristeza surcaba el rostro del chico— tienes miedo, eso lo entiendo. Se fuerte, ve a donde residen los rumores y traiciones, encuentra alguien de las capas blancas que te acompañe día y noche cuya lealtad sea inquebrantable, si ese tuerto te pone una mano encima, ordénale al guardia que se la corte.

Lucerys tomó las manos de su prima y depositó un beso en ellas. El susurro del viento inundó la habitación con las notas florales del aroma de Baela. Una caricia para el olfato, un abrazo para el corazón.

—Regresa a salvo, Baela —susurró el omega.

—También tú Luke —besó su frente con cariño— si no lo haces, no solo los viejos y nuevos dioses llorarán tu desdicha, la familia entera se sacudirá y ríos de sangre correrán por las calles de King’s Landing hasta llegar a los confines más recónditos de los siete reinos.

 

 

—No estas escuchándome, Jace. —Rhaena aplastó la figurilla de madera que el príncipe tallaba con tanta insistencia. El alfa retiró la mano de su prima, no deseaba tener nuevamente esa conversación—. Se lo que estas pensado y no está bien. No puedes hacerlo.

—¿Quién lo dice? —cuestionó el alfa con altanería. Tenia la vista en la lija con la que le daba forma a la madera entre sus dedos. Un pasatiempo heredado del rey, al menos no podían dudar de la sangre Targaryen que recorría su cuerpo— ¿Daemon? ¿Mi madre? —miró a Rhaena— ¿Tú?

—El esfuerzo de muchos puede verse opacado por tu… idea —insistió.

—¿Por qué no lo dices?, saca de tus labios la palabra que tanto quieres decirme.

La omega veía el desinterés de Jace, en ningún momento de aquella conversación se había dignado a mirarla, parecía ser otro. Jacaerys calmó el ímpetu que le recorría por el cuerpo en aquel vuelo con Vermax, pero no fue suficiente, la idea que tenia en mente no dejaba de hacerle mella.

Rhaena estiró una silla colocándola junto a Jace, el sonido de la madera hizo eco en la habitación. Ya tenia suficiente de la actitud del alfa. Se acercó a él hasta que su aliento chocaba contra el rostro del castaño.

—Eso… lo que deseas hacer… es traición —susurró— asesinar a tu propia sangre es castigado por los dioses.

El alfa sonrió.

—No si se trata de Aemond Targaryen.

—¡Dioses, Jace! —gruñó la omega— no digas eso. Alguien puede escucharte.

—El tuerto no va a poner un solo dedo encima de mi hermano —continuo sin hacer caso a lo que dijo Rhaena—. Sólo necesita darme un motivo, solo uno.

—¿Y que pretendes hacer?, ¿Asaltarlo durante la noche y por la espalda? Recapacita, ¡estarás unido a él por Luke y Helaena! —chilló tratando de convencerlo. Jace no cambió su semblante. Rhaena continuó—. Es diestro en el combate. No está solo. Aegon de seguro le acompaña.

Jace viró para examinarla cuando escuchó ese nombre. Rhaena no entendería su causa, Baela si, por desgracia en ese momento estaba acompañado de la gemela equivocada. La tenue luz que descansaba sobre el rostro de la omega ablandaba la dura expresión que tenía. El alfa se acercó para unir su frente con la de ella. Había visto a Daemon hacer lo mismo, funcionaba la mayoría de las ocasiones. 

—Aegon es un problema menor, ya resolveré como hacerlo —acercó sus labios a los de Rhaena. La besó. La omega no se movió— ahora, quiero que me dejes solo con mis pensamientos.

Rhaena se levantó, caminó hasta la salida ante la atenta mirada del otro.

—Van a partir en tres días. Cuida a Luke, no hagas nada que lo haga infeliz. Esto es sobre él, no sobre ti.

Jace asintió con suavidad. Rhaena salió de su vista.

El alfa observó con detenimiento la figurilla sobre la mesa. Algo no andaba bien y lo sabía. No era el compromiso de Aemond con Luke, ni el suyo con Helaena.

Tenía días irritado, con ganas de romper. Sin embargo, en el fondo, muy dentro si, casi como un murmuro constante, había una clase extraña de pesar. Estaba abatido y no sabía por qué.