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Canción de cuna

Summary:

Una cita romántica se ve frustrada por la responsabilidad de Doppio como padre. Afortunadamente, Risotto es el hombre más dulce con el que Doppio ha salido <3

Notes:

¡Day 5 of the RisoDoppi Week 2022!

El prompt en esta ocasión es "We (can't) have it all". ¡Regresan Dadppio, la pequeña Trish y el profesor de música Risotto! :3 Quería seguir escribiendo este AU, ya que es muy divertido escribir Doppi siendo un padre estresado tratando de tener citas como una persona normal. Esta es una continuación de mi fic "El Señor Nero"

El arte que verán en el fic fue hecho por le dulce Sheut 🥺 ❤️✨ ¡Es tan lindo!

¡Gracias, Peony por la ayuda con la traducción!

La versión en inglés está aquí , por si quieren compartirla con tus amigos que no hablan español.

¡Disfruten! (o˘◡˘o)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—¡Papiiii!— gritó la niña desde su habitación. Y su papá estaba emmm… ocupado.

La cabeza de Doppio dio contra el espaldar de la cama. Los besos a la luz de la lámpara habían comenzado tímidos, y se habían tornado voraces a tal punto que el repentino calor hizo que la ropa les estorbara. Sin embargo, el grito de auxilio de su hija le recordó que él y su cita no estaban solos en el departamento, y que Doppio, ante todo, tenía que protegerla de las pesadillas.

Soltó un gruñido de frustración antes de incorporarse, y al primer paso, se tropezó con sus pantalones caídos a la altura de los muslos.

—¿Estás bien? — preguntó Risotto atrapándolo a tiempo por el brazo.

—Sí, auch— contestó él, sobándose el golpe que sería un chichón en su cabeza la mañana siguiente—Lo siento tanto…

— Deja de pedirme perdón, Doppio. Anda, ve con Trish.

Esa noche se suponía sería perfecta. El nuevo horario de Risotto ya no era tan flexible como cuando era maestro de Trish; pero a pesar de las diferencias, habían logrado coincidir. Reservaron una mesa para dos en un restaurante con vista al mar y después de la cena, irían a donde les dictara el cuerpo.

Desde antes que Risotto renunciase a su trabajo en el jardín de niños—algo que Trish consideró la mayor traición—, él y Doppio se habían visto en las clases de canto de la pequeña. Una charla amistosa llevó a una invitación a tomar un café; luego escaló a una salida al teatro, que progresó a más citas, tomarse de la mano, un beso, más besos; los suficientes como para indicar que ya eran algo más que el papá de Trish y su maestro de música. Poco faltaba para llevar la relación al siguiente nivel; y muy cerca habían estado de hacerlo en el auto de Doppio, pero siempre algo frustraba el intento.

Y aquella noche no fue la excepción. Una llamada inesperada de Donatella, que estaba atrapada en una reunión hasta tarde, se trajo todo abajo. La niñera de Trish no estaba disponible esa noche y nadie más que Doppio podía cuidarla. Con toda la vergüenza del mundo, Doppio le comunicó a Risotto el cambio de planes…

La cena romántica se convirtió en una caja de pizza que compartieron entre los tres, mientras veían una película de dibujos animados para entretener a Trish. Doppio pasó la velada entera mirando de reojo a su cita, con la idea de que Risotto estaba molesto con él; pero no. Risotto no dejó de sonreír en ningún momento, salvo cuando había que mostrar seriedad cuando Trish le explicaba por qué el niño pez de la historia estaba enojado con el otro; y asentía en señal de entendimiento, girándose hacia Doppio para hacerlo participar de la conversación también. Entonces, Risotto volvía a sonreírle y le ofrecía su mano para que entrelazaran los dedos el resto de la película; o al menos hasta que Trish comenzó a cabecear a medio segundo acto, y fue siendo hora de lavarse los dientes, ponerse pijama y decir buenas noches.

Tras el ritual que duró cerca de media hora, Doppio regresó de prisa a la sala tan pronto se se durmió Trish. Risotto lo esperaba de pie mirando hacia la ciudad por la ventana. En cuanto sintió a Doppio acercarse a él, lo miró sin decir nada, como si temiera que el menor ruido fuera a despertar a la pequeña. Doppio suspiró amargamente y se dejó envolver por los brazos de Risotto, que comenzó a mecerlo de un lado a otro.

—Quería pedirte perdón por el cambio de planes tan abrup-…

La disculpa de Doppio fue interrumpida por un beso.

— Una película acompañada de pizza es una cita perfecta en mi opinión—susurró Risotto, su frente aún presionada contra la de Doppio, quien echó la cabeza un poco hacia atrás para mirarlo directo a los ojos; esto dejó su cuello expuesto al ataque de un beso.

—Te prometo que te lo compensaré…— aseguró Doppio, perdido en el contacto de los labios de Risotto contra su garganta.

—No tienes que hacerlo— le contestó Risotto en un tono un poco más ronco de lo habitual; un tono que Doppio solo había escuchado en su auto, cuando habían estado solos con las luces apagadas.

—Pero quiero hacerlo…— le susurró Doppio al oído, distanciándose del beso con una sonrisa provocativa, en lo que le extendía la mano para guiarlo a la habitación…

El final feliz que Doppio tenía en mente definitivamente no incluía a su hija despertando por una pesadilla. Arrastrando los pies de ida y vuelta a la habitación, trajo a Trish en brazos, aún moqueando; le lanzó otra mirada de disculpa a Risotto, que ya se había vuelto a vestir y ayudaba a acomodar las sábanas para que Doppio recostara a Trish.

—¿Papi, el señor Nero se va a quedar a dormir?— preguntó Trish, que aún no aceptaba que Risotto no era más su maestro y que las formalidades ya no eran necesarias.

—Mmmm, bueno…—titubeó Doppio, pensando que la noche para ellos dos había terminado.

—Si tu papá me deja— respondió Risotto de golpe.

—¿Puede? ¡Por favor, por favor!— rogó la niña con las manos juntas en plegaria.

—Claro que sí— accedió Doppio sin titubeos.

—¡Muy bien!— saltó Trish de los brazos de su padre al colchón, dando un par de saltitos antes de meterse bajo la sábana, justo en medio del espacio en el que los adultos planeaban no dormir.

Doppio suspiró, estirando una sonrisa resignada en los labios. Fue al armario y buscó algo cómodo para él y Risotto. Pensó que no encontraría nada de la talla de su invitado, pero recordó aquella camisa XL que su jefe le había traído de sus vacaciones en Costa Rica.

—Una ranita de ojos rojos— sonrió Risotto viendo el diseño de su pijama.

—Sería mi camisa favorita si no me quedara como una bata— respondió él con un resoplido, mientras sacaba otra sábana del clóset.

Cuando estuvieron listos para irse a la cama, Trish le dijo a su papá:

—Papi, dejamos a Smeralda en mi habitación.

—Oh no— exclamó Doppio—Pobre debe de tener mucho miedo.

Teniendo un pie en el suelo, fue detenido por Risotto, que se ofreció él mismo a ir en la peligrosísima excursión para salvar el peluche de Trish. Risotto pareció demorar un poco más a propósito, para causar tensión dramática. Después de un par de minutos, por la puerta se asomó el ojo de botón de una rana de peluche, que les guiñaba el otro a modo de saludo. Detrás de ella, apareció Risotto con una expresión solemne, como la de un caballero que volvía victorioso de su misión.

La pesadilla y la emoción de estar en una pijamada con su (ex) maestro favorito habían espabilado a Trish más de la cuenta. No paraba de hablar ni de hacer preguntas—seguía atrapada en la fase del por qué— ni de escalarle encima a ambos. Doppio no podía estar más agradecido con la paciencia infinita que demostraba Risotto con su hija; a él mismo a veces lo volvía loco.

—¿Cenaste loro hoy, señorita? Vamos a dormir— le insistió Doppio, mientras disminuía la intensidad de la luz de su lámpara de noche.

—Solo una pregunta más.

—Una más por hoy.

—Una más: ¿El señor Nero y tú van a tener bebés?

—¡Okay!— chilló Doppio envolviendo a Trish como un burrito con la sábana. Risotto había abierto mucho los ojos y se mordía los labios para no carcajearse— Ce-cerremos los ojitos y vamos a cantar. ¿Cuál canción será hoy, princesa?

—¿Entonces no van a tener bebés? Pero están durmiendo en la misma cama— reiteró la niña, dirigiéndose ahora a Risotto.

—No. Tener bebés es más complicado, Trish— agregó Risotto, fingiendo estar pensando— Pero pregúntale mañana a tu papá cómo se hacen.— remató. Nada en su tono revelaba que estuviera haciendo una broma, y justo eso hacía más divertida la reacción de Doppio, rojo, como si se hubiera parado bajo el sol sin bloqueador.

—Oh okay— dijo Trish despreocupada, su curiosidad saciada hasta la mañana siguiente—Voy a cantar la canción del pollito que va a la escuela. Esa me la enseñó el señor Nero.

—Oh, es mi favorita— comentó por fin Doppio, recobrando el color natural de sus mejillas.

Abrazada por su papá, Trish comenzó a cantar dulcemente:

—Iba un pollito para la escuela, con sus calzones muy remendados…

Risotto se dio libre esa noche de dirigir el canto, y solo lo permitió fluir orgánicamente. Codo apoyado en el colchón, rostro descansando en su palma, se dejó enternecer por la belleza de la escena. Doppio, uniendo su voz en uno que otro verso, le frotaba la pancita a Trish por encima del pijama en movimientos circulares que poco a poco la adormilaron.

La canción de la niña se fue transformando en un murmullo, hasta que fue solo una suave respiración.

—Al fin se durmió— suspiró Doppio agotado, y dejó caer la cabeza pesadamente sobre la almohada—Se siente raro que mi cita terminara siendo niñero de mi hija también. Donatella me las va a pagar— sentenció medio en broma, medio en serio.

Risotto meneó la cabeza, y se movió un poco para encontrar su mirada con la de Doppio por encima de la cabecita de Trish.

—¿Qué tengo que hacer para que me creas que me gusta pasar tiempo contigo y con Trish?— objetó con una sonrisa soñolienta.

De un momento a otro, los ojos de Doppio brillaron de forma diferente en la tenue luz que les ofrecía la lamparita de noche. Era cierto. Risotto le había demostrado una y otra vez que no solo estaba ahí por el romance (o el sexo que aún no pasaba, aunque ese era otro tema), sino que también le tenía un cariño sincero a su hijita. Los pensamientos de culpa y vergüenza que había tenido toda la noche en la cabeza comenzaron a ser sustituidos por otros peores. Sin embargo, Risotto interrumpió el curso de estos, alargando un brazo para rodear con él a Doppio; y por extensión, a la niña, protegida de sus pesadillas en un nidito hecho de los dos. Lo cerca que estaban Doppio y Risotto causó que sus pies se rozaran debajo de la cobija, y el contacto los hizo sonreír. Si ese era el final de su primera noche juntos, la palabra feliz se quedaba corta.


Notes:

Ellos hacen que mi corazón lata con fuerza (ღ˘⌣˘ღ) ¡Y la ilustración de Sheut es la cereza en el pastel!

¡Gracias de nuevo por leer mis historias! ¡Los comentarios y kudos son mi combustible!

Si quieren conversar, pueden encontrarme en twt como @irahetatatatata

¡Nos leemos pronto! 📞✂️

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