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Hoy no es otro día triste y gris

Summary:

La selección se encuentra en Beijing para el primero de los amistosos a disputarse en Asia, y Cristian maneja su malhumor por no tener cerca a Lisandro.

Notes:

Este os tardó un poquito más en salirme, a diferencia del otro que lo escribí en nueve horas como si estuviera poseída kjj pasa que no tenía pensado escribir una continuación, pero me gustó tanto esta dinámica que quise volver a ellos ❤️

Dejamos los títulos en chiste y pasamos a uno de una canción que me gusta mucho, Souvenir de Ca7riel, temazo

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—Pero dale Nahuel, no seas culiadazo, siempre compartimos el cuarto cuando no puedo con Licha —Recriminó Cristian mientras se terminaba su porción de fideos.

—Bueno hermano, jodete, hubieras estado despierto cuando nos pusimos a arreglar en el chat con quién compartíamos.

—¡Pero si siempre compartimos el cuarto nosotros! —Repitió, sin enojo real en su voz pero con ganas de hacer berrinche para pasar el rato— Además estaba en el avión todavía, mirá que no iba a dormir. Qué sabía yo que me ibas a cagar así.

—No te estoy cagando, tarado. Ayudame a hacerle la gauchada a Ale, que es su primera vez con nosotros —Le suplicó Nahuel, al parecer ya cansado del ida y vuelta que venían teniendo desde que Cristian se enteró que dormiría solo—. Ya viste que Licha quiere que concentre con él para que no se sienta solo.

Cristian le revoleó los ojos, pero la cortó ahí y los dos siguieron con la cena junto al plantel en el restorán del hotel.

Sí, sabía que Licha quería eso. Pero no quería hablar de la cuestión, porque lo sabía gracias a que el Dibu le había comentado, al pasar, que Nahuel le había contado que tenía nuevo compañero. Nahuel no le había dicho nada a Cuti, porque al parecer creía que Licha ya le había avisado del nuevo arreglo.

Pero él no sabía nada, porque Licha ya no le decía nada.

Bueno, por ahí era un poco dramático. Lisandro y él seguían hablando; el vínculo que tenían era demasiado fuerte como para cortarse así como así. Pero algo había cambiado desde aquella vez en el vestuario del Madre de Ciudades.

Aunque Cristian había querido, esa noche no pudieron hacer nada más. Llegaron tarde a comer y tuvieron que conformarse con las últimas cuatro milanesas que quedaban, y encima después siguieron festejando todos juntos. Ya en esa celebración improvisada notó a Lisandro un poco retraído alrededor suyo, lo cual era raro, pero supuso que tenía que ver con la vergüenza que había mostrado por lo que hicieron y por las cosas que Cristian le dijo en el vestuario.

La joda terminó temprano, como a las cuatro de la mañana, porque a las siete tenían que presentarse en el aeropuerto para volar a Ezeiza y de ahí tomar los distintos aviones que llevarían a cada uno a su lugar de residencia. Como Licha y él compartían pieza en el hotel en Santiago del Estero, cuando llegaron enfilaron juntos para el cuarto, pero una vez dentro Lisandro mantuvo esa actitud reservada. Cristian le ofreció dormir juntos, algo que hacían en algunas concentraciones cuando andaban con ganas de abrazos, pero esa vez Lisandro se negó.

—No, Cuti, dejá, estoy cansado y estas camas son re incómodas para dormir de a dos —le dijo en un tono apagado. Cristian sabía que esa era una excusa pedorra porque ya habían comprobado lo contrario varias veces. Pero no le dijo nada y lo dejó ser, porque no quería alejarlo más de lo que sentía que lo había hecho esa noche.

Tal vez le habría convenido insistir, preguntarle qué le pasaba y que hablaran en ese momento sobre la energía rara que había ahora entre los dos; porque desde ese entonces, Licha no se comportaba igual en sus conversaciones.

Se comunicaban más que nada por Whatsapp, pero incluso a través del chat se notaba un cambio. En particular, cuando se jodían como siempre habían hecho. Ahora, cada vez que Cristian le decía algo que podía contener un doble sentido, percibía que se hacía presente esa tensión que los había juntado en los vestuarios. Pero dicha tensión era difícil de manejar a través de un texto, donde no podía ver las reacciones de Licha ni mucho menos saber qué decir para no espantarlo.

Y Licha se espantaba fácilmente, ayudado por la lejanía. Ya no le aceptaba videollamadas y también escapaba a cualquier conversación que fuera indicio de querer hablar con seriedad sobre lo que pasó.

Encima, Cristian esperaba poder agarrarlo después del partido que el Tottenham iba a disputar contra el United a finales de abril, para que hablaran o para que repitieran lo del vestuario —cualquier opción le venía bien; no podía sacarse de su cabeza las reacciones de Lisandro y quería provocarlas una y otra vez—, pero dos semanas antes de la fecha, Lisandro tuvo aquella terrible lesión jugando contra Sevilla. El morocho le mandó mensajes de apoyo y se puso a su disposición para lo que necesitara —aunque los separasen 300 kilómetros y una responsabilidad para con su equipo, no iba a dudar en recorrerlos para ayudarlo—, pero Lisandro le dijo que no hacía falta, y tuvo que guardarse las ganas de hablar en persona para sí mismo.

Así que esa era su relación en la actualidad. Cristian todavía tenía esperanzas de poder hablar con él en persona para tantear el terreno, pero no sabía cuando iba a pasar.

Ahora estaban en Beijing para la primera de las dos fechas de amistosos en Asia. Cuando Cristian llegó, le pareció raro no ver las cosas de Nahuel en su cuarto, y recién en la cena, cuando pudo encontrarse con todos los demás, se enteró que iba a estar solo. Así que por supuesto que estaba manejando un poco de mal humor. Si Lisandro estuviera con él, le diría que tenía que desprenderse de las malas energías que estaba acumulando.

Pero si Lisandro estuviera con él, probablemente no estaría acumulando malas energías.

Resignado, terminó de cenar y se quedó charlando un rato más con los pibes en el comedor. Le mandó un mensaje a Licha para recriminarle que no le hubiera avisado de lo de Garnacho y Nahuel, y aunque apareció en línea varias veces, no vio su mensaje.

A eso de la una se despidió de los que quedaban en el comedor y se encaminó al cuarto, solo como loco malo. Estaba un poco cansado y no veía la hora de caer rendido en la cama.

Con la tarjeta que le habían dado en la recepción, abrió la puerta sin muchas ganas. Se sacó las zapatillas así nomás, prendió la luz y cerró detrás de él. Y se quedó duro cuando vio a Lisandro acostado en su cama, de espaldas a él, durmiendo.

———

Lisandro no quiso quedarse dormido, pero estaba cansado por el viaje, y Cris no volvía más. Se había sentado a esperarlo en la cama cuando todavía asomaba el sol por la ventana, y cuando se quiso dar cuenta, se había deslizado y estaba acostado. Lo siguiente que supo fue que lo despertó una luz artificial. Tardó unos cinco segundos en volver a ubicarse en tiempo y espacio, y cuando se acordó dónde estaba, se dio vuelta en la cama para encontrarse con quién había prendido la luz.

Cristian lo miraba desde la entrada del cuarto, muy quieto. Por su cara, parecía que hubiera visto un fantasma. A Lisandro se le aceleró un poquito el corazón por los nervios repentinos, pero después de casi tres meses sin verlo, eran nervios buenos.

—Ey —Saludó. Su voz salió bajita y rasposa—. ¿Qué hora es? Te esperé una banda de tiempo pero no venías más.

—Estás acá —Cuti ignoró su pregunta. Una sonrisa asomó en su cara.

Lisandro se la devolvió y, levantándose un poco, estiró las piernas, apoyó la espalda contra la almohada que reposaba en el respaldo de la cama y se pasó la mano por la cara para despabilarse un poco. Cristian sonaba incrédulo. Bueno, Lisandro quería sorprenderlo, y parecía que lo había logrado.

—Siempre tan observador vos —Dijo con sarcasmo—. Sí, estoy acá. Obviamente no me convocaron por la lesión, pero quise acompañarlos, aunque sea caer de sorpresa…

—Por eso le dijiste a Nahuel que durmiera con Garnacho entonces —Cristian se despegó de la puerta y caminó hasta sentarse en el costado de la cama, enfrentando a Lisandro y bien pegado a su pierna.

—Sí… Igual también es verdad que no quería que se sienta solo Ale. Es la primera convocatoria a la que puede venir, quiero que se, que se integre bien —Se trabó un poco hacia el final, porque Cuti había puesto una mano sobre su muslo y lo acariciaba suavemente con el pulgar.

—Que lindo vos, siempre pensando en los demás —una sonrisita acompañó las palabras de Cristian—. Espero que ese pibe aprecie lo que hacés por él, no muchos lo cuidarían así.

—Sí, bueno, igual no fue todo desde la bondad de mi corazón. Me parecía el mejor plan, así yo podía dormir acá.

—¿Vas a dormir conmigo? —su cara se iluminó, y Lisandro no supo cómo reaccionar.

—Y, por algo hay dos camas, ¿no? —le dijo, con los nervios filtrándose entre su risa. Cristian se dió cuenta, y una sonrisa peligrosa apareció en su cara. Lisandro la conocía bien, surgía cuando se le metía algo en la cabeza y no pensaba parar hasta conseguirlo.

—Pero no necesitamos dos camas —La mano que acariciaba su muslo subió lentamente hasta su cintura y la apretó con ganas.

—Cris…

—Dale, Licha, antes dormíamos siempre juntos. ¿Qué cambió ahora? —Cristian lo miraba intensamente, y a Lisandro se le quedaron las palabras trabadas en la garganta. Al parecer el otro lo notó, porque se puso serio y adoptó un tono prudente— Mirá, si es por lo que hicimos la otra vez, decime que la corte y no te jodo más. Vos no te das una idea de cómo me dejaste el otro día, y estas semanas me di cuenta que te quiero tener siempre así, de cualquier manera. Pero siempre vas a ser una persona re importante para mí, y yo quiero que mantengamos nuestra relación, eso siempre va a venir primero por sobre cualquier otra cosa —su agarre en su cintura se aflojó bastante, como una prueba de lo que expresaba—. Decime porfa, ¿te puse incómodo esa vez?

—No, no… —suspiró—. La pasé muy bien la verdad. Me gustó mucho —A Cristian se le potenció la sonrisa y Lisandro sintió unas ganas inmensas de besarlo.

—¿Entonces? A mí también, no te voy a mentir —Su tono volvió a ser juguetón. Realmente no perdía el tiempo—. Te portaste muy bien ese día —Su mano soltó su cintura y se coló por debajo de su remera, y arrastrando las yemas de sus dedos por su piel, recorrió un camino hasta su pecho, erizándole la piel y los pezones. Lisandro suspiró y se removió apenas en su lugar.

—Es que… No sé, nunca me había sentido así. Fue… raro —Las palabras empezaron a salirle, con dificultad, porque ya estaba un poco en ese limbo provocado por cómo le hablaba Cristian cuando lo quería poner caliente, y porque ahora el morocho estaba usando su pulgar para jugar con uno de sus pezones: lo rozaba con suavidad y después lo rasguñaba un poco, de una forma dolorosa pero placentera.

—¿Pero la pasaste bien?

—Sí, ya te dije —contestó entre suspiros; con la cabeza apoyada contra el respaldo y los ojos cerrados ante la estimulación.

—¿Y querés seguir sintiéndote así? —Lisandro dudó unos segundos en responder, pero sabía la respuesta.

—Sí…

—Decime una cosa, ¿Por qué viniste, Licha?

—Ya te dije, quería caer de sorpresa.

—Ajá —Cristian sonaba incrédulo—. Si solamente querías caer de sorpresa, hubieras ido al comedor, así nos veías a todos de una. Pero viniste directo a nuestra pieza, y te dormiste en mi cama, mientras me esperabas a . Entonces, ¿sabés qué pienso? Que estás acá por otra cosa. ¿Tengo razón o no?

Lisandro ya empezaba a sentir esa vergüenza que lo había llevado a esa situación en primer lugar. Y no podía esconderse; era lo que había ido a buscar. Pero tal vez todavía le costaba un poco admitirlo.

—Cuti, por favor… —Intentó ignorar la pregunta, pero dejó de sentir la mano de Cristian en su pecho y enseguida extrañó su toque. Pronto esa misma mano agarró su mandíbula con firmeza.

—Mirame —Ante el tono autoritario, a Lisandro no le quedó otra que obedecer. Vio la cara de deseo de Cristian y su vergüenza aumentó, porque aunque se resistía, estaba seguro de que su cara no podía esconder lo necesitado que se sentía—. Ahora respondeme. ¿Tengo razón, o no?

Con los ojos ya un poco llorosos, asintió.

—Y sí —Cuti se rió bajito. Empezó a dejar pequeños besos a lo largo de su mandíbula—. Si las trolas como vos siempre se quedan con ganas de más.

Lisandro suspiró quejoso, y agarró el brazo que sostenía su cara, un poco desesperado.

—Dale Cuti, por favor…

—Tranquilo, mi amor. Es tu día de suerte hoy —Se alejó un poco para mirarlo a la cara y continuó—. Porque yo me quedé con ganas de seguir haciéndote llorar.

———

Era increíble lo que Cristian podía provocar en Lisandro con un par de palabras y unas caricias. Sentía que tenía el mundo en sus manos.

Rápidamente se movió para arrodillarse entre sus piernas, que el otro abrió con gusto. Cristian las agarró con ganas y tiró de ellas hasta que Lisandro entendió y se recostó en la cama. Y por fin estando arriba de él, Cristian pudo probar sus labios después de semanas de fantasear con el momento.

Casi de inmediato un gemido salió de la boca de Licha y se perdió entre ambos. Cristian también se desesperó un poco por dentro al escucharlo; ese sonido le resultaba adictivo, y quería ser el causante una y otra vez. Profundizó el beso de manera lasciva buscando una reacción más intensa, y la encontró cuando Lisandro se arqueó contra él, pidiéndole más fricción entre sus cuerpos. Cristian se la otorgó al tocarlo por debajo de la camiseta de una manera casi perezosa, que contrastaba con la fogosidad del beso. A propósito, ignoró la erección que había podido sentir con el roce.

—Sacame, sacame la remera —Le dijo Lisandro separándolos, la agitación ya evidente en su voz.

—Ah, ¿ya te andás regalando? —Respondió Cristian con picardía— ¿Tan fácil era ponerte así? Ya no me acordaba…

—Por favor, Cristian… —Lisandro se removió, inquieto, buscando que Cristian lo siguiera tocando—. Todo, sacame todo…

—Tranqui te dije… Por favor, qué impaciente que te ponés cuando te toqueteo un poco, sos demasiado fácil...

Aunque a Cristian lo excitaba llevar a Lisandro a ese estado de alteración, él también estaba un poco desesperado, así que enseguida le sacó la remera. Aprovechó para sacarle además el pantalón corto que tenía puesto y junto con él el boxer, que ya parecía apretarle al punto de la incomodidad.

Por fin lo tenía desnudo debajo suyo de nuevo, en todo su esplendor. Lisandro era hermoso: sus piernas gruesas, su abdomen suave, su pecho que subía y bajaba levemente agitado; su cara marcada por el deseo.

Cristian no aguantó más y empezó a pasear sus manos por todos lados, dejando a la par besos en su mandíbula, en su cuello, en su pecho. En sus pezones paró solo unos segundos, los suficientes como para lamerlos y chuparlos hasta dejarlos un poco hinchados y firmes, y sacarle a Lisandro varios gemidos entrecortados cuando mordió varias veces, con apenas un poco de fuerza, sus pectorales.

Satisfecho con la reacción, siguió dejando un camino de besos sobre su torso y abdomen, y pronto llegó a su pija, ya dura e hinchada. Se mordió el labio inferior, excitado; estaba impaciente por descubrir cómo iba a hacer para metérsela toda en la boca.

–E-espera, Cuti… —Cristian se alejó momentáneamente y vio que Lisandro metía la mano debajo de la almohada, de donde sacó un envase chiquito y se lo dio a Cristian, que lo agarró y sonrió cuando vio que era gel lubricante.

—Mirá qué bien provisto te viniste —Comentó Cristian riéndose mientras miraba el envase—. Ya veo que hasta preparaste ese culito hermoso que tenés esperando que te coja —Dijo en joda. Pero de repente hubo silencio, y cuando miró a Lisandro, este lo observaba entre abochornado y expectante. Cristian lo contempló fascinado, y una sonrisa se adueñó de su cara—. Lisandro —Soltó el lubricante, y excitación pura se apoderó de su voz—. ¿Te preparaste antes de que yo llegara?

Lisandro le mantuvo la mirada unos segundos y levantó los hombros con aparente indiferencia; pero se notaba en sus ojos que le importaba la reacción de Cristian. Y él no podía estar más feliz con este giro en los acontecimientos.

—Mirá vos —Continuó mientras le acariciaba los muslos, gozando con toda la situación—. Cuando pienso que no podés ser más trola, agarrás y venís listo para que te la meta —Lisandro se estremeció e intentó cerrar las piernas, pero Cristian se lo impidió con una palmada en la cara interna del muslo—. No, no, las putitas buenas dejan las piernas bien abiertas, ¿me escuchaste?

Lisandro largó un suspiro tembloroso y asintió, aflojando las piernas de nuevo. Complacido, Cristian lo agarró por detrás de las rodillas e hizo que las doblara, para así poder ver mejor su agujero. Se notaba húmedo, probablemente por el lubricante que Licha había usado antes.

—Decime entonces, ¿cuántos dedos te metiste? —Preguntó, rozando su entrada en círculos con el pulgar. Lisandro exhaló, y la respuesta salió en un susurro.

—D-dos…

—¿Y fue suficiente? —Dijo, escéptico. Lisandro negó con la cabeza.

—N-no, necesitaba, necesito más… —Le respondió.

—¿Más qué, mi amor?

—Los tuyos, necesito los tuyos…

—Ey, hablá bien. Decime qué querés o no te voy a dar nada —Su tono era contundente.

—Tus dedos, tu pija, por favor Cris, por favor…

—Mmm… Y yo que pensaba chuparte la pija hasta hacerte llorar nomás… —Y todavía lo estaba considerando, pero podía ver que Lisandro estaba desesperado, y él no se quedaba atrás. Tal vez le convenía dejarlo para la próxima ocasión; a esas alturas estaba seguro de que habría una—. Pero me parece que eso va a tener que esperar; mirá lo necesitado que estás de que te rompa el orto —Apretó su pulgar sobre la entrada de Licha, casi introduciéndolo, lo que le sacó un gimoteo al más bajo; pero inmediatamente lo apartó para acercarse a su cara y darle un beso profundo—. ¿Trajiste forros? —Preguntó cuando se separaron.

—Sí… estaban abajo de la almohada también —Cristian se rió y le mordió el labio inferior.

—Qué sorpresita que te tenías escondida, eh —Dijo mientras sacaba un forro de abajo de la almohada como le había dicho Licha y lo agarraba junto al lubricante—. Dale, date vuelta —Susurró.

Se alejó un poco y aprovechó a desvestirse mientras le daba lugar a Licha para que hiciera lo que le pidió. Se sacó todo y por fin pudo deshacerse de su ropa interior, que desde que comenzó todo le estaba resultando incomodísima. Se puso el forro rápido y se echó lubricante en la mano, masturbándose un poco para esparcirlo y de paso aliviarse un poco. Volvió a su lugar ya con Licha acomodado; y la vista le cortó el aire por un momento.

Lisandro descansaba con las rodillas y los codos apoyados en la cama, y ese culo hermoso que tenía bien levantado en el aire. Su cabeza reposaba también sobre la cama, de costado sobre sus antebrazos y mirándolo con necesidad y deseo en sus ojos.

—Dios, me vas a matar, Lisandro —No perdió el tiempo y agarró su culo con ambas manos, apretándolo y manoseando a gusto. Lisandro gimió y tiró el culo hacia atrás, buscando el contacto.

Cristian no aguantaba más. Acercó su pija y la restregó entre sus nalgas, apretándolas y simulando embestidas pero sin penetrarlo. Lisandro empezó a gemir lastimeramente por no tenerla dentro de él.

—Mirá el orto que tenés mi vida, la puta madre —Detuvo las embestidas y volvió a agarrar el lubricante, para dejar caer un poco directamente sobre el agujero de Lisandro, provocando que se contrajera. Esparció el gel superficialmente, juntó el resto con sus dedos, e introdujo dos de ellos en su entrada, despacio pero hasta donde pudo.

Lisandro gimió fuertemente y se tiró todavía más hacia atrás, buscando meter todavía más adentro sus dedos.

—Pará un poco, Licha —Cristian simuló calma mientras lo agarraba de la cadera para inmovilizarlo—. Yo entiendo que seas una trolita desesperada por mi pija, pero te vas a lastimar así —Empezó a empujar sus dedos de manera constante, buscando su próstata.

—Por favor, Cris, cogeme —Le contestó Licha entre sollozos—. Dale, ya estoy, te juro, porfa… —Ruego tras ruego salía de su boca mientras movía sus caderas erráticamente, buscando el placer, pero limitado por la mano de Cristian que lo contenía.

—¿Vos decís? A mí me parece que te falta… —Era mentira, pero Cristian quería escucharlo rogar un poquito más. Con poca dificultad, agregó un tercer dedo que Licha recibió con un jadeo fuerte. Empezó a dejar besos a lo largo de su espalda arqueada mientras seguía bombeando sus dedos, hasta llegar a la unión entre su hombro y su cuello, donde se puso a mordisquear y chupar la piel, dejando marcas que no durarían más de un par de horas. Desde su nueva posición, escuchaba más de cerca los jadeos de Lisandro, aquellos por los que tanto se desesperaba—. Por ahí tengo que ponerte un poco más mimoso antes de cogerte… —Curvó sus dedos hacia abajo hasta rozar un pequeño bulto, que se concentró en seguir frotando cuando el movimiento provocó un espasmo en el más bajo.

Y al parecer algo sobre esa frase o ese movimiento fue el punto de quiebre para Lisandro, porque Cristian escuchó sollozos más fuertes, y cuando se separó un poco de él para mirarlo, vio que tenía el ceño fruncido y lloraba con ganas mientras gemía sin pudor, con un gesto suplicante en su cara. Justo como a él le gustaba. No pudo evitar darle un pico, por más incómodo que se lo hiciera la posición.

—Sí, justo así, Licha —Dejó besos en cada espacio disponible de piel que encontró mientras se acomodaba sobre Lisandro, que jadeaba ante cada roce, sensible.

Dejó de estimularlo y sacó sus dedos con tranquilidad. Agarró su pija desde la base y la guió hacia su entrada; y lentamente lo penetró hasta que se encontraron unidos por completo. Acoplándose a su espalda, apoyó su frente entre sus omóplatos y respiró profundamente. Lisandro lo apretaba de una manera increíble, su agujero contrayéndose y dilatándose para acostumbrarse a su miembro.

Quiso esperar un minuto a que Lisandro se acostumbrara a la intrusión, pero enseguida empezó a sentir como el otro intentaba moverse debajo de él, queriendo empalarse en su pija.

—¿Andás apurado, mi amor? —Rió, la falta de aire notable en su voz.

Lisandro no le respondió más que con un quejido. De todos modos Cristian no esperaba que le dijera algo; podía escuchar que seguía gimiendo.

Esperó unos segundos más y se enderezó, apoyando una mano más firmemente al costado de la cabeza de Lisandro.

—Tranqui, Licha, tanto que la necesitabas, acá la tenés —Le susurró al oído—. Esta pija es toda para vos.

Con la otra mano apretó la nuca de Lisandro, hundió su cabeza contra la almohada, y empezó a penetrarlo con un ritmo certero y rápido.

Gemidos fuertes y por momentos lastimeros de parte del más bajo llenaron la habitación. Con cada embestida Cristian sentía como Lisandro se apretaba alrededor de él, sus caderas igualando su ritmo y logrando una presión deliciosa.

Tomó una de sus caderas con una mano para tener más control mientras mantenía la otra mano en su nuca, y la apretó. Desde esa posición, veía perfectamente como su pija aparecía y desaparecía en su entrada.

—Dios, Lisandro —Un suspiro se escapó de sus labios por lo placentero que se sentía por fin estar cogiéndoselo—. Sos hermoso. No sabés lo bien que te sentís en mi pija.

Cuando levantó la cabeza de su culo para observar sus reacciones, vio que uno de los hombros de Lisandro caía, y supuso que quería llevar una de sus manos a su pija. Rápidamente, rodeó su torso con su mano, agarró la de Lisandro y la llevó de vuelta al lado de su cabeza, manteniéndola ahí. También aprisionó su otra mano bajo la suya, impidiendole pajearse.

—Cuti, Cuti, por favor… —Gemidos suplicantes interrumpían sus palabras—. Por favor, tocame…

—Mi amor, ¿dónde querés que te toque? —Sabía a qué se refería, pero prefería jugar un poco más con él. Le susurró mientras lo seguía embistiendo— Si ya te estoy cogiendo como vos querías.

En esa posición, volvía a rozar su próstata de manera insistente. Lisandro contrajo aún más su agujero en respuesta, moviendo sus caderas desesperadamente y arrugando las sábanas al agarrarlas con fuerza.

—Criiis… —Sufrimiento y placer teñían su voz.

—Ya te dije. Si querés algo, decímelo. Si no, vas a acabar con mi pija, y nada más, ¿sí? —Le encantaba hacer que Lisandro tuviera que decirle lo que quería.

—Por favor, tocame la pija… No doy más… —Le dijo, llorando de placer.

—Ahí me gusta más —Soltó una de las manos de Licha, y antes de tocarlo, abrió como pudo el lubricante que había quedado tirado en la cama y agarró un poco. Finalmente, llevó su mano a su miembro y esparció el lubricante, apretando levemente su pija y sacándole a Lisandro un gemido prolongado.

Empezó a masturbarlo con ganas mientras mantenía el ritmo de sus embestidas. Lisandro oscilaba entre empalarse en su pija y masturbarse con su mano. Mientras tanto, Cristian volvió a chupar y morder su cuello y sus hombros, queriendo ver sus marcas en él.

Durante unos minutos ya no hubo más palabras; los gemidos de ambos resonaban en la habitación. Cristian se concentró en coger a Lisandro lo más profundo posible y en rozar constantemente su próstata para sacarle gemido tras gemido. Al parecer Lisandro era más sensible de lo que imaginaba, porque no paró en ningún momento de gimotear de placer, y cada tanto una embestida en particular lo llevaba a aferrar sus manos a las sábanas.

Pronto, las caderas de Lisandro empezaron a moverse más erráticamente y Cristian se dio cuenta de que estaba cerca del orgasmo. Él también lo estaba, así que por esa vez no lo quiso hacer esperar.

—¿Ya vas a acabar, amor? —Lisandro tardó en reaccionar. Tenía los ojos cerrados y parecía perdido en las sensaciones, pero eventualmente asintió de manera leve—. Bueno, dale. Aprovechá que a las putitas buenas sí las dejo.

Lisandro jadeó en respuesta. Al parecer el permiso era lo único que le faltaba, porque sus movimientos irregulares se intensificaron y la presión alrededor de la pija de Cristian aumentó. Entre jadeos y gemidos, finalmente acabó. Chorros de semen cubrieron la mano de Cristian, y se ayudó con él para seguir masturbándolo un poco más.

Eventualmente, la forma intensa en que Lisandro lo apretaba fue lo único en lo que pudo enfocarse. Plantó ambas manos a los costados de la cabeza de Licha y empezó a embestirlo con más fuerza, ahora buscando su propio placer. La fricción era perfecta, y Cristian no pudo aguantar mucho más: pronto también acabó, hundiendo su pija hasta el fondo y descargándose en cortas embestidas hasta que estuvo saciado.

Agotado, se dejó caer suavemente sobre Licha, que también se hundió en la cama. Se quedaron unos segundos en esa posición, ambos recuperando el aire. De Lisandro ahora solo salían gimoteos entrecortados, y debido a los espasmos que todavía tenía, apretaba a Cristian de una manera que pronto empezó a ser un poco dolorosa para su miembro sensible.

Con cuidado, sacó su miembro de Lisandro y tiró el forro en el piso después de anudarlo. Se apartó para ponerse de pie y cuando Lisandro se dio vuelta perezosamente, lo alzó con una mano en su espalda y otra detrás de las rodillas para pasarlo a la otra cama. Fue a buscar una toalla al baño, la humedeció y volvió para limpiar suavemente los restos de semen y lubricante del cuerpo de Lisandro, que se tapaba los ojos con un brazo mientras seguía recobrando el aire.

Una vez que Cristian terminó, tiró la toalla a la otra cama. Acarició el brazo de Lisandro para llamar su atención.

—Movete un poco, así entramos los dos.

Lisandro lo miró, y tardó en entender lo que le decía. Una vez que lo hizo, se movió para destapar las sábanas. Se acomodaron debajo de ellas, y no les costó mucho encontrar una posición buena para los dos; con Lisandro boca arriba abrazando a Cristian, que estaba echado sobre él, con la cabeza en su hombro, un brazo rodeando su torso, y una pierna cruzada sobre las de Lisandro.

El ambiente era silencioso, tranquilo. Cristian dibujaba garabatos sin sentido en el pecho de Lisandro con sus dedos. Lisandro llamó su atención acariciándole la mejilla. Cristian lo miró y Licha lo besó tiernamente, sin profundizar mucho. Cuando se separaron, Lisandro habló.

—Sos un atrevido —Le dijo, riéndose. Cristian lo imitó, contento.

—Bueno, pero te gustó, ¿no?

—Obvio —Respondió, tímido—. No sé qué me hacés, me volvés loco.

—Vos también boludo, no sabés lo hermoso que sos cuando te ponés así. Siempre, en realidad —Dejó un beso suave en su pecho, todavía sonrojado por las marcas que le había hecho, y volvió a recostar su cabeza sobre él. Lisandro lo apretujó entre sus brazos y Cristian sonrió.

—Eu, Licha —Cristian llamó su atención hablándole bajito.

—¿Mhm…?

—¿Viste que al final sí son cómodas para dormir de a dos estas camas? —Le dijo, mirándolo triunfante. Lisandro solo se rio y lo mandó a dormir mientras se acomodaba y lo abrazaba con ambos brazos.

Notes:

Inicialmente Cuti iba a hacerle un pete a Licha, pero bueno pasaron cosas. Una vez más espero que lo hayan disfrutado y comenten si les gustó, que me encanta leer sus reacciones ❤️

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