Work Text:
25 de enero de 2022
---------------------------------------------------------------------------
Una semana pasó y muchas cosas cambiaron.
Primero, y por primera vez en mi vida, no tenía que preocuparme si tenía plata en la tarjeta cuando salía apurada para ir trabajar o hacer algún trámite.
“Pasame tus datos en esta dirección para transferirlo a mi cuenta y así tenes disponible la tarjeta.”
“Bueno, ¿y cuál sería el cupo?”
“¿Cupo?”
“Si, el límite, así sé cuánto puedo gastar.”
Y con esa sonrisa de atorrante que lo definía, cortó la distancia que nos separaba para decirme
“No hay cupo ni límites, saca la plata que necesites y dudo que puedas gastarme toda la guita.”
“Ah ¿Es un desafío entonces? No te hagas el vivo conmigo tampoco por-”
No me dejó terminar porque me acercó a su cuerpo desnudo tapado sólo por una toalla para poder callarme con un beso.
Segundo, la tranquilidad que sentía porque no me tenía que preocupar en cómo hacer para llegar a fin de mes y pagar el alquiler. “Entonces así se siente ser mantenido”, pensaba.
Y tercero, pero menos importante, tenía al mismo Lionel Scaloni al lado. Bueno, casi.
La última vez que nos vimos fue justo esa misma noche que pasamos juntos y la mañana siguiente. Me dijo que tenía que volver a España para arreglar unas cosas que quedaban para la custodia de los hijos para después volver y trabajar en las próximas fechas que jugaba la selección. Que nos costó separarnos es decir poco.
Besos apasionados nos dábamos mientras el ascensor de a poco bajaba hasta el vestíbulo. Mis manos estaban en su pelo mientras las suyas hacían un viaje desde mi espalda hasta mi cola para apretarme más cerca suyo. Pero teníamos que parar porque por un solo sonido nos avisaron que llegábamos a destino."
“Bueno, Cami, acordate de mandarme lo que te pedí ¿sí? - me decía mientras con una mano en mi espalda salimos del ascensor. Yo solo asentí porque seguía borracha de esa sesión de besos que pasamos.”
“Y si necesitas otra cosa avisame"
"Mmhh"
"¿Necesitas otra cosa? No, que pelotudo, no te pregunte cómo volvés ¿Queres que te deje en casa?"
"No, está bien, tengo para pagarme un uber."
"Si queres te lo pido yo - Ya estaba empezando a buscar en el saco el celular pero lo paré."
"No, deja Lio, hiciste ya más de lo que esperaba. Está bien, gracias.”
"Bueno, pero ¿No queres que te acompañe? Así no vas sola.”
"No, no, está bien, me sé cuidar sola, soy una chica grande, acordate.”
"Bien claro lo demostraste me parece - dijo con esa sonrisa que sabía cómo me provocaba porque ya sentía mi cara roja."
"Bueno ehh… Nos vemos - lo saludé con un beso rápido y ya cuando me estaba alejando, agarró mi mano."
"Cami para, yo…"
"¿Si?"
"No, yo eehh… te quería dar mi saco"
"¿Por qué?"
"Bueno porque, debe estar fresco si lo que estás usando es muy corto - me decía mientras me ayudaba a ponermelo."
"¿Solo es por eso? ¿O te pone celoso?"
"Si un poco, la verdad no me va a gustar que otros te miren."
"Mmm lo voy a tener en cuenta"
"Espero que no para provocarme"
"No, jamás pensaría hacer eso"
Nos quedamos frente a frente, sonriéndonos a los ojos hasta que con un beso, esta vez tierno, me despedí para ir hacia la salida con el saco puesto que tapaba casi todo el vestido."
Solo en eso pensaba mientras limpiaba una de las mesas de la confitería, para poder pasar el calor que estaba haciendo ese día desde que amaneció, y el hambre que estaba sintiendo en el estómago.
-Cami, en la mochila está sonando tu celular -Me dijo Milagros con un guiño cuando estaba volviendo con las bandejas llenas de las tazas vacías que dejaron unos clientes. Claramente entendía a quién se refería porque solo una persona que nosotras conocíamos me podía estar llamando.
-Deja, yo lavo esto. Andá a fijarte capaz que sea importante.
-Gracias. Vero, ya vengo -le avisé a la encargada mientras iba al fondo chico que queda en el local. Observé que ninguna de las chicas estaba cerca para poder sacar con emoción el celular.
Dos llamadas perdidas de “Lionel”. Y yo como una tonta sonreía a la pantalla del celular hasta que me apareció que me estaba llamando de vuelta. Traté de controlarme un poco y después de un suspiro, atendí.
-¿Hola?
-Al fin que atendes nena, tanto te gusta hacerme esperar - sé que no estaba enojado porque con ese tono de voz sabía que estaba sonriendo y solo quería joderme.
-Bueno buen dia para vos también, un poco de modales no estaría mal no.
-Te burlas encima, no me provoques.
-¿Es una amenaza?
-Nunca, solo un aviso.
-Lo voy a tener en cuenta entonces -Después de ese ida y vuelta había un pequeño silencio hasta que nos empezamos a reír.
-La verdad te llamaba porque te quería hacer una pregunta.
-¿Cuál?
-¿Por qué no estás usando la tarjeta?
-Sí la estoy usando.
-No me parece.
-Si, pagué para comprar en el super anoche y después esta mañana saqué plata para cargar la sube para tener en toda la semana.
-Por eso te lo digo, no la usas.
-No entiendo.
-Cami, yo quiero que disfrutes y no veo que lo haces.
-Pero qué queres, que gaste en no sé, ¿en ir a comer al restaurante que está acá al frente o comprarme ropa?
-Eso mismo.
-¿Qué? - cada vez entendía menos.
-Cami, cuando te dije que quiero pagar tus gastos, no solo era sobre el alquiler, sino que también quiero pagar tus disfrutes, cualquiera que sea.
-Pero…, tampoco quiero ser una, no sé, una malagradecida -Dije en un murmullo a pesar de que estaba sola. Y ya estaba nerviosa porque solo escuchaba silencio del otro lado hasta que habló de nuevo.
-Cami, no lo sos, no sos nada de lo que pensas. Cuando te digo que quiero que disfrutes es porque te lo mereces, y me gustaría también que te acostumbres a usarla en lo que quieras. No me molesta para nada.
Ya no sabia que decir después de eso. Porque era la primera vez en años que alguien me decía algo que no me hiriera.
-¿Cami? -Me preguntó porque parecería que me quedé bastante segundos callada.
-Sí, acá estoy, perdón. Me colgué pensando.
-¿Te molestó algo de lo que dije?
-No, pasa que no sé, hace bastante nadie me dice una cosa así.
-¿Qué cosa?
-Que disfrute.
-Porque lo mereces.
Estaba sonriendo como una tonta a esta altura y para cortar un poco esa seriedad dije
-Bueno, pero no sigas insistiendo creo, porque soy capaz de patinarme toda la plata en una noche.
-Mmm no sé, dudo que puedas gastar toda mi plata.
-Ah, me seguís retando entonces.
Había risas cómplices entre ambos, divirtiéndonos de ese coqueteo tonto, pero se cortó todo cuando vi que Mili desde la puerta me pedía que volviera.
-Lío me tengo que ir ¿Hablamos después?
-Dale, yo también tengo que terminar unas cosas que me quedan aca.
-Bueno, chau.
-Chau linda -Y con eso colgó sabiendo que me dejó de vuelta sonriendo como una boluda.
-Que bueno que terminaste amiga porque tenemos un quilombo -Me dijo Milagros mientras volvíamos al local, y era verdad, había un quilombo.
A pesar del calor que estaba haciendo al medio día, la gente igual se amontonaba para salir a tomar café. El local a pesar de no ser tan grande, estaba repleto de clientes, desde jubilados que venían a leer el diario, gente que salía de trabajar y pasaban para comer algo rápido y lo peor, padres que salían con sus hijos que parecía que competían por quién hacía más barullo. Y todavía eran las 13.
Venía aguantando todo cómo podía, balanceando las bandejas que llevaba en las manos mientras memorizaba el último pedido hasta que una señora me llamó
-Chiquita -Dijo llamando mientras me apuntaba con el dedo. Con mi mejor cara fui a su mesa.
-¿Pasa algo señora?
-Si, te pedí que me traigas el café con la leche aparte.
-Disculpe, ya se lo cambio.
-No, no hace falta solo te quería decir dos cosas que me traigas la cuenta y en la proxima hace bien tu trabajo ¿Podes? -Me dijo mientras volvía su vista al celular esperando que me fuera. En silencio agarraba la taza sin tomar, mientras me daba vuelta y ahí me di cuenta.
Tantos años que pase siempre haciendo lo que tenía que hacer sin chistar, como un castigo que recibía por mis equivocaciones, que me decía a mi misma “es lo que me merezco”, pero una persona me demostró que no tenía que ser así.
“Yo quiero que disfrutes”
Con esas palabras en mente, volví a la señora que seguía como si nada mirando su celular. Aclaré mi garganta para que me mirara.
-¿Pasa algo?
-Si, le quería decir dos cosas: que sea más respetuosa la próxima vez que salga a tomar algo y que largue un poco con el café porque le puede agarrar una cagadera.
Y con mi mejor sonrisa me fui mientras la escuchaba decir “¿Perdón?” a mis espaldas mientras me seguían con la mirada la gente que me llegó a escuchar. A eso vuelvo adentro del local para decir a las chicas que estaban con una cara de sorpresa.
-Vero, renuncio, gracias por todo -Le dije mientras me sacaba el delantal para devolverlo y agarraba mi mochila. A lo que veo Milagros empezando a hacer lo mismo que dijo.
-Yo también, yo no agradezco nada porque odiaba este trabajo.
Y así las dos nos fuimos caminando sin rumbo abajo de ese sol que molestaba pero también sentía que me estaba acompañando en este nuevo camino.
-Amiga pará, ¿qué pasó recién?
Así que le conté todo, desde la conversación que tuve con Lionel esa mañana hasta la rubia cocker que mandé a cagar. Y pese a todo eso tenía hambre aún.
-Para ¿vos me estás diciendo que tu flaco te pidió que gastes su plata?
-Si ¿Qué hago?
-¿Qué haces? ¡Andá a gastar!
-Dios ¿Venís conmigo?
- Pero claro que voy, me lo debes porque renuncié para irme con vos.
-¿Qué hacemos? -Le dije mientras nos reíamos de la locura que estábamos pasando.
-¿Vamos a comer? Porque me cago de hambre.
-Dale ¿Y en que vamos?
-¡Ah! Tomemos un taxi como en las películas.
Y de esa forma terminamos almorzando en un restaurante de Cabildo que paramos solo porque se llamaba igual a una película de Audrey Hepburn, “Breakfast at Tiffany’s”. Después de comer dos platos carísimos, mientras pedíamos unas copas de helado que parecían tener buena pinta por la imagen, estabamos viendo donde vamos a seguir gastando.
-Obvio tenemos que ir por ropa Cami.
-Uff hace banda que no me compro nada nuevo, no se ni por dónde empezar.
-Empezamos por lo básico y después terminamos con lo más importante: lencería.
-No, eso sí lo necesito.
-±Te compras unos que te queden bien sexy asi volves loco a tu macho!
-¡Callate! -Le dije pidiendo mientras ocultaba mi cara roja en mis manos y nos reímos histéricamente.
Después de comer y dejar una buena propina, nos fuimos a recorrer todos los locales de ropa que había. Y cuando digo que recorrimos todo, es porque fue así. Nos probamos desde vestidos, pantalones de vestir, zapatos, sandalias y un largo etc. Con las manos ocupadas de tantas bolsas entramos al último local después de pasar casi toda la tarde, al sonido de “It 's raining men” de Geri Halliwell que sonaba de fondo.
-Che, Mili -Le dije mientras mirábamos los diferentes tipos de lencería cara que había.
-¿Mmm?
-Ni te pregunte si estás bien con la renuncia.
-Ay, no me digas que sentis culpa.
-Y sí, ciega hice esa locura y vos me acompañaste igual.
-Tampoco te agrandes que sabes que no aguantaba un día más con el olor a café que había - riéndonos de esa boludez siguió para decirme - Vos sabes que te voy acompañar siempre, y me alegra que por fin reaccionaste ante la cheta esa que sabemos que hay en todos lados.
-Dios todavía no puedo creer que hice eso.
-Y te banco, después de todo lo que pasaste Cami -Me lo dijo tan sincera que antes que me emocionara siguió diciendo -Además creo que puedo decir que gracias a UNA persona es que hiciste eso -De vuelta nos reíamos sabiendo bien de quién estaba hablando.
-Mmm puede ser.
-¿Cuando lo volves a ver?
-La verdad que no sé, tiene un quilombo con el tema de los hijos y después juega Argentina de vuelta me parece.
-Bueno, hay que prepararse para que le des una muy buena bienvenida como se merece.
Asi terminé en el probador, viendo cada conjunto que elegimos y si tuviese que seguir pecando de frívola, me gustaba como me quedaban. En especial uno, que era color rojo que marcaba bien mi cuerpo. En medio de mi observación, escuché que estaba sonando el celular. Era un mensaje, y ya estaba sonriendo porque era justo de la persona que estuve pensando todo el día.
“Todo bien?”
“Si, solo estaba comprando ropa.”
“Me parece bien”
Y en ese momento se me ocurrió una maldad. Será por el coraje que saque ese día que dije “y ¿por qué no?”. Entonces me arrodillé en el suelo, con las piernas separadas y una mano apoyada en una rodilla, haciendo lo que podía para sacar lo que tenía de pecho, me acomodé el pelo y escondiendo un poco mi cara con el celular apunté hacia el espejo y saqué la foto. Para sorpresa mía, me gustó como quedó y antes de acobardarme, la mandé con el mensaje “Tengo algunas opciones más para probar pero ¿te gusta este?”. Antes de que me arrepintiera, decidí cambiarme y salir de ahí porque no quería seguir viendo el reflejo de mi cara enrojecida.
Pero mientras esperaba a Milagros que saliera también, me llegó una llamada. Sabía muy bien de quién era, tomé un respiro para tranquilizarme y con mi mejor voz contesté
-¿Hola?
-¿A vos te parece bien provocarme de esta forma?
-Pero solo te pregunte si te gustaba -Decía mientras intentaba no reírme y seguir con mi facha de inocente.
-No te hagas la tonta.
-¿Por qué?
-Porque te voy a tener que demostrar que pasa si haces cosas así - No sé cómo seguí después de escuchar eso porque se podía sentir la gravedad de su voz.
-Bueno, vas a tener que esperar si estas afuera y hasta que llegues seguro te olvidas -Solo escuchaba un silencio del otro lado, pero no se si tenía intención de decirme otra cosa porque la vi a mi amiga salir del probador -Lio te voy a tener que dejar pero hablamos despues, chau.
Más silencio hubo del otro lado hasta que con un simple “chau” colgó al fin.
Con Mili, viendo la hora que era, decidimos parar e irnos a mi casa. Era un cuarto que alquilaba hacía bastante que tenía un baño, pero la cama la tenía nomás al lado donde estaba la cocina. Costó, pero le pude dar un poco de personalidad a esas paredes blancas con humedad. Cansadas y hambrientas pedimos una pizza con empanadas y como si fuera una pijamada estuvimos a los gritos cantando cualquier canción que pasaba en la radio que me traje desde Salta.
-CADA MOMENTO VOY TROPEZANDO EN EL SALÓN
-Y ES QUE NO QUEDA NADA ENTRE TÚ Y YOO
Así seguimos en ese karaoke improvisado por un rato más hasta que viendo que ya eran más de las 22 cortamos todo porque Milagros tenía que volver a casa.
-¿Segura que no queres llevarte tus cosas? -Estábamos bajando las escaleras que había en el edificio hasta la entrada para que tomara el uber que pedí.
-No, deja, si le explico a mi vieja que me compré ropa nueva con la plata del dt de la selección va a pensar que lo robé y me manda al borda.
-Bueno, te hago una llave asi venis tranquila a cambiarte.
-Dale.
-Y avisame cuando llegues, no te olvides.
-Sí, mamá.
-Dale, te digo en serio boluda.
-Ya se, pero vos no te olvides contarme cuando te vuelva a ver, necesito la continuación.
-Quedate tranquila esperando porque hasta que lo vea de vuelta…
-Pero acordate. Gracias por todo amiga, chau -Y con un beso nos despedimos mientras veía cómo se iba en el auto.
A cuesta volví después de caminar como dos veces esas escaleras que a pesar que no tenía tantos escalones cansaban. Estaba envolviendo lo que quedaba de comida para guardarlo cuando escuché que sonó el portero. “Seguro es Milagros que vuelve porque se olvidó algo,” pensé.
-Mili ¿Que te olvidaste? -Dije en medio de un bostezo.
-No soy Mili.
Decir que me quede tiesa es poco.
Miré el auricular del teléfono buscando si escuché bien y no fuera algo que me inventé por el sueño.
-¿Lío?
-¿Sí?
-¿Qué haces acá? No entiendo ¿No estabas en España? ¿Cuándo volviste? Pero pará ¿Sabes dónde vivo?
-Cami, si me dejas pasar te puedo explicar porque no sé si da para que te conteste desde la calle.
Ahí caí también de la ridiculez que estaba haciendo matándolo a preguntas y no dejándolo subir.
-Si, perdón -Nerviosa colgué y apreté el timbre para que pudiera entrar. Apurada me puse a ordenar el quilombo que habia en ese lugar, guardando las prendas que compré como fuera en los pocos cajones que tenía en un mueble en la esquina del cuarto y ya cuando me aseguré de que no había más nada que guardar, escuché que tocaban la puerta.
Despacio iba hacia ésta mientras me arreglaba la ropa o el pelo porque no sabía qué hacer para poder calmarme y después de tomar un respiro profundo, mi mano fue hacia la manija y abrí la puerta.
Y ahí lo tenía. Adelante mio. A pesar de que estaba vestido con una simple remera negra y acompañado con un jean gastado, aún conseguía dejarme sin aire, pero desperté como pude de mi asombro para invitarlo a pasar.
-Hola -dije en un murmuro mientras me hacía un lado para que pasara. Tampoco sabía cómo saludarlo, pero no hacían falta las dudas porque mientras me respondía con un “hola” me dio un suave beso en una mejilla.
Otra cosa que no esperaba ver era al director técnico de la selección en mi departamento de un solo ambiente, pero cómo es la vida a veces de rara. Para cortar el silencio le pregunté si quería tomar algo.
-Tengo agua o jugo, alcohol me parece que…
-No, está bien Cami, gracias.
Una pequeña sonrisa le di porque no sabía que hacer, pero mi mente me hizo recordar una pregunta.
-¿Lío?
-¿Mmm?
-¿Sabes dónde vivo?
Él pareció divertirse con eso porque con una risa burlona dijo
-Cami, pago el alquiler de este lugar, y para eso tengo que tener tus datos y eso incluye la dirección.
Me sentí una tonta por no darme cuenta de eso, por eso solo pude abrir mi boca para decir un “aah” con la cabeza agachada tratando de desviar mi mirada de la suya. Pero también me hizo darme cuenta de otra cosa
-¿Te puedo hacer otra pregunta?
-Si.
-¿Qué haces acá?
Y con eso todo el ambiente cambió, me di cuenta porque su mirada se posó solo en la mía, como si fuéramos las únicas personas de este mundo y comenzó a acercarse para dejarme arrinconada en la puerta. Estaba tan cerca mío que tenía que elevar la cabeza para poder mirarlo. Un poco me gustaba la manera que podía hacerme pequeña a su lado.
-¿Qué hago acá? ¿Te lo tengo que recordar? -Me dijo mientras suavemente tomaba un mechón de pelo y lo acomodaba detrás de mi oreja derecha -Porque creo que dejé en claro que no me gusta que me provoques.
Nos seguíamos mirando mientras con la misma mano que usó para acomodar mi pelo estaba tocando desde mi cara hasta mi cuello expuesto por la musculosa blanca que usaba ese día. No sé cuánto tiempo porque siempre terminábamos igual, embobados, estudiándonos como si fuera la primera vez que nos veíamos en esa fiesta de diciembre, pero solo recuerdo una cosa que me dijo con esa voz que lograba desarmarme en mil pedazos
-¿Que voy hacer contigo?
Y yo solo pude dar una respuesta tan honesta, que salió desde el fondo de mis pensamientos
-Lo que quieras.
Así terminó la distancia, presionando sus labios en los míos, parecía que no nos veíamos hacía años porque me besaba con desesperación, mientras sentía cómo su cuerpo no dejaba espacio entre nosotros y presionaba su rodilla entre mis piernas para poder abrirlas. En medio de esos besos acalorados empezó a tironear mi remera para sacarla y sus manos agarraban con tanta fuerza mis caderas que era un dolor que me hacía rogar que dejara marcas en mi piel, mientras como podía me sostenía envolviendo mis brazos alrededor de sus hombros.
No sabía cómo respirar en medio del calor que estaba sintiendo, tenía los ojos cerrados mientras sentía como su boca pasó a morder la piel de mi cuello. De repente me levantó, rodeándolo con mis piernas para volver a mi boca y empujarme en la madera de la puerta. Una mano agarró mi cuello, no lo suficiente fuerte para cortar mi respiración pero sí para que sintiera su presencia, mientras sus caderas empezaron a moverse contras las mías, y su otra mano agarraba con fuerza mi cola. Recuerdo también decir “Lío, por favor” pidiendo que dejara de joder conmigo porque no creía que iba a poder aguantar más como restregaba sus caderas por encima de la ropa y su boca no abandonaba la mía. Parece que me escuchó porque me arrancó de la puerta para llevarme hacia la cama, y ya cuando me dejó sobre ésta, agarró mis manos para dejarlas arriba de mi cabeza. Me dio un breve beso hasta que retrocedió para poder sacarse al fin la remera, podía ver su pecho agitado mientras subía encima mío y volvía a besarme. Sentí que desprendía mi corpiño, y ya cuando mi pecho estaba descubierto su boca fue hacia abajo para llevarse uno y chuparlo duro y con una mano masajeaba el otro. Mi mirada estaba en el techo, sintiendo la humedad que se estaba formando a través de mi bombacha, y cuando sus dientes rozaron un pezón largué el suspiro que estaba conteniendo desde antes
-Lío… por favor.
Volvió a subir, tomando de vuelta mis muñecas con una mano y la otra volvía a mi garganta y desde el fondo de su pecho, gruñó al oído
-Pedilo.
Con lo poco que tenía de cordura en un momento así murmuré
-Por favor
En un momento soltó mis manos y lo escuche desabrocharse los pantalones para llevarselo puesto con el boxer y las zapatillas, después volvió para poder hacer lo mismo con la ropa que aún tenía puesta para dejarme completamente desnuda. Apenas podía respirar, pero él regresó con una mano en mi cuello y la otra en medio de mis piernas, provocándome. Los dedos apenas se deslizaban dentro de la humedad que sentía. Mi espalda se arqueó y sentí que mis ojos se ponían en blanco cuando sus dedos empezaron a empujar más para poder abrirme y destrozar mi cuerpo con placer.
Estaba jadeando con la boca abierta sin parar, hasta que sentí que retiraba sus dedos para ser reemplazados por la dureza entre sus piernas y refregarse encima. Me tensé cuando sentí que la punta estaba frotando justo donde más quería sentirlo. Deseaba sentirlo dentro mío. Yo sólo podía pasar mis dedos por su pelo despeinado y lo miré bien a los ojos para pedirle
-Solo cogeme.
La mano que estaba en mi garganta la retiró para tomar mi cara y darme un beso desesperado, presionando su frente en la mía y se notaba que estaba tan impaciente como yo porque sólo pudo contestar
-La puta madre, me vas a matar.
Continuaba frotándose contra mi, ya su cuerpo estaba temblando como si no podía negarlo más tiempo, sus brazos fuertes comenzaron a deslizarse por mi cuerpo para poder abrazarme cerca suyo y yo solo me sonroje cuando él..
Empujó dentro mío, llenándome.
Mordí mi labio, jadeando mientras hundía mi rostro en su hombro, y él me acercaba como en un abrazo pero uno severo, uno que no se alivió en ningún momento y sus caderas se movieron hacia atrás y adelante, en un solo movimiento repetido. Mis gemidos empezaron a ser gritos enterrados en su hombro mientras esos movimientos solo enviaban terremotos por mi columna, y rodeaba mis piernas alrededor de su cuerpo. El sólo gruñía en mi pelo, casi salvaje eran los sonidos que salían de su boca.
De repente escuchaba como la cama empezó a chocar contra la pared acompañando los movimientos que hacían nuestras caderas para encontrarse, que empezaron a acelerarse.
Su respiración iba más fuerte, junto con mis sonidos y mis ojos estaban cerrados, tratando de no desmoronarme por completo tan rápido mientras él entraba y salía de mí. Sintiendo también que él me deseaba tanto como yo a él. El placer recorría mi cuerpo, y por el calor que sentíamos mi espalda se arqueaba una y otra vez. Me aferré como pude hasta que sentí sus brazos tirarme para arriba para poder sentarme encima suyo para poder levantarme y bajar repetidas veces sobre él. Mis brazos envolvieron sus hombros y pude ver bien su rostro, tratando de concentrarme en sus ojos entrecerrados, su boca entreabierta y su pelo totalmente despeinado, y me incliné para poder besarlo mientras él continuaba llenándome.
Su mano envolvió mi pelo y tiró, inclinando mi cabeza hacia atrás para exponer mi cuello y deslizar su lengua a lo largo de este, antes de empezar a morder y chupar.
Balanceaba mis propias caderas, a pesar de que sus brazos marcaban el ritmo que él quería. Volvió a besarme, antes de que él acercó su boca a mi pecho para chuparlo nuevamente y yo sólo jadeaba encima de él.
Había sólo silencio entre nosotros además de los sonidos de placer que sacabamos del otro, buscando una manera de poder devorarnos el uno al otro, como si fuera una adicción que no podía ser controlada. Me apoyé en mis rodillas para poder moverme sobre él mejor, obligandolo a que redujera el ritmo y él tomó mi rostro, hablandome en la boca
-¿Te gusta cómo se siente?
No podía responder, y con mis ojos cerrados solo pude asentir, pero él tomó de vuelta mi pelo para tirarlo
-Quiero que lo digas.
Abrí como pude mis ojos, y será porque estaba en el placer más grande que sentí en mi vida porque agarrándolo de repente en la nuca y mirándolo fijo, le hablé lo más claro que pude para que pudiera escuchar bien
-Sí… papi
Pude ver como su rostro cambió, porque ahora mirándome la cara y sin parar sus movimientos me preguntó
-¿Qué dijiste?
-Papi
Tomó mi rostro con una mano, mientras la otra frotaba su pulgar donde estaba golpeando con fuerza entre mis piernas
-Decilo de vuelta
-Papi
Mi boca se abría más por sus movimientos soltando no solo jadeos sino gritos
-De vuelta
-¡PAPI!
Y luego de eso me tiró con fuerza hacia él, para enterrarse profundamente haciendo que yo gritara en éxtasis, sosteniéndome como pudiera con mis brazos, y sentía que él pasaba sus manos, clavaba sus uñas y enterraba su cara en mi cuello, corriendose adentro mío.
Sentí que el calor me llenaba, temblando encima de él y jadeando silenciosamente me deposito de vuelta en la cama y su cuerpo encima mío, bombeando dentro unas cuantas veces más mientras alcanzaba su máximo nivel. Lo escuché jadear mi nombre bajo desde el fondo de su garganta, mientras terminaba y salía. Estábamos sudando, sentía que mi pelo estaba pegado a mi frente y yo lo miré a la cara, buscando sus ojos.
No teníamos fuerza para hablar, entonces él sólo besó un lado de mi boca, tan dulcemente que apenas recuerdo que estaba cerrando los ojos hasta que me quedé dormida.
Desperté al otro día, sintiendo un poco de calor pero no por el sol que está asomando a través de las cortinas de la ventana, sino por alguien más. Al darme vuelta vi que estaba durmiendo boca abajo tan pacíficamente el responsable que tomó hasta mi último aliento. Se lo notaba relajado, hasta más joven me atrevo a decir. La última vez que pasé la noche con él no pude disfrutar despertar junto a él, entonces me acerqué de a poco para poder inspeccionar mejor. Hasta empecé a tocarlo despacio con un dedo para acariciarlo, desde su pelo a la nuca, a su espalda y esos brazos que me volvían loca de cómo, a pesar de ser flaco, tenía tanta fuerza. Debe ser que me sintió porque abrió de a poco los ojos para mirarme.
-Hola, perdón si te desperté -Tímidamente murmuré mientras retiraba la mano de su brazo, pero antes de alejarme la tomó para darle un beso.
-No pasa nada, me gusta que toques igual - Dijo para darse vuelta y acercarme con un brazo hacia él
-Ah, me alegro que seas tan presumido -En broma le dije mientras me daba unos besos tan tiernos que me hacían derretir, pero no por el sol de febrero.
-Mmm la verdad, no sé cómo sigo vivo después de lo de ayer -Me dijo mirando con orgullo como me ponía colorada recordando lo que pasó.
-Y…¿Te gustó?
-¿Si me gustó? Cami fue una de las mejores noches de mi vida.
-Andá, mirá si te voy a creer.
-En serio te digo, qué bueno que vine porque sino -No dijo más porque volvió a besarme, esta vez con más fuerza. Pero ahí me di cuenta de algo.
-Pará…
-¿Qué pasó? -Ni que le hablara impidió que fuera hacia mi cuello para dejar besos esparcidos por mi piel.
-¿Por qué viniste ayer? -No sé si me escuchó porque seguía entretenido en recorrer mi cuello.
-¿De verdad te molestó la foto?
-Mmm ¿Qué foto?
-¡La que te mande ayer! -Dije ya agarrándolo de la cabeza para que me mirara.
-Ah! Vos decis la de la lencería.
-Si esa ¿Te molestó? -Creo que sentía que de verdad era una pregunta que quería que respondiera porque me observó bien mientras acariciaba mi brazo.
-Mira, si tu pregunta es sobre si me molesta que gastes la plata en eso la respuesta es no porque ya te dije quiero que gastes en lo que vos quieras, pero si preguntas si me molestó que me provocaras y ya es otro tema.
-¿Por qué? -Ahí empezó a sonreír porque con el brazo que me estaba acariciando rodeo mi cuerpo para acercarme al suyo.
-Porque Camila, haces cosas así y solo pienso en que tengo que recordarte una cosa: que yo soy el único que te puede ver así.
-Mmm ¿No te gusta compartir entonces?
-No, nunca.
-Uf qué posesivo resultaste -Nos empezamos de vuelta a besar ya sin apuro y disfrutando de esos labios tan dulces que me tenían loca - Igual te quiero decir que lo compré pensando en vos.
-¿Ah sí?
-Mmm.
-Eso me gusta ¿Solo eso compraste?
-Ah…Me olvide… -Me alejé. recordando lo que había hecho el día anterior, pero no sólo en la noche sino en esa misma tarde.
-¿Qué pasó?
-Me olvidé contarte… dos cosas.
-¿Qué?
-Bueno, la primera es que renuncié a mi trabajo.
-¿Sí?
-Sí, fue un día caótico porque una cheta me maltrató básicamente.
-No, Camí qué cagada.
-Nah, no pasa nada. La mande a freir churros y la verdad ya no tenía ganas de seguir atendiendo mesas como desde hace años.
-Bueno, me alegro entonces si así te sentís mejor.
-Y vaya que lo estoy, porque con mi amiga Mili, que también renunció, fuimos… a gastar.
-¿A usar la tarjeta?
-Sí.
-¿Y qué gastaron?
-Bueno en ropa y salimos a comer… y quería saber si te molestaba eso también.
-Cami, ya te dije no me molesta nada que uses la tarjeta en lo que vos quieras hacer.
-¿Posta? ¿No te molesta si salgo con mi amiga y gasto la plata?
-No, si eso es lo queres hacer me encanta, y ojalá no sea la última vez que la uses.
-No, no creo porque ahora que no tengo laburo no encuentro que otra cosa hacer.
-Me alegra no solo por eso sino por otra cosa.
-¿Qué?
-Que ahora que no tenes nada que te quite el tiempo, te puedo tener solo para mí -Y ya cerró toda distancia para poder besarme y tocar mi cuerpo como pedía por dentro.
-Mmm y ¿Tenes tiempo para otro?
-Hoy sí, mañana no creo porque tengo reuniones en el predio ¿Vos queres…?
-Mira, yo te mato si te vas y me dejas así.
Riendo entre dientes empezó a pasar su mano por mi espalda hasta llegar a mi cola para poder apretar duro
-Como diga la señorita.
